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Demon Child

Summary:

Después de invadir la Fortaleza Infinita, Giyuu es secuestrado por la tercera luna superior a pedido de Muzan, quien tiene planes especiales para uno de los pilares de agua y su luna más leal.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: First Night

Chapter Text

Intentó abrir los ojos, despertar de la bruma que inundaba sus recuerdos, luchar contra el agudo dolor de cabeza que le molestaba y no le dejaba orientarse correctamente.

Negro.

La habitación estaba sumida en una profunda oscuridad que no había diferencia entre mantener los ojos abiertos y cerrados.

Dio en cuenta que estaba acostado en lo que podía sentir era una cama de tatami y cubierto de las mullidas y frescas sábanas de un futón, las cuales fueron hechas a un lado.

La realidad llegó cuando intentó ponerse de pie para salir de donde sea que estaba y un dolor intenso en su costado se lo impidió, le hizo caer, jadeante por el sobre esfuerzo.

Mientras estaba recostado tratando de recuperarse, poco a poco los recuerdos volvieron a él, como se internó junto a Kamado en la fortaleza en busca de Muzan, la pelea junto a la tercera luna superior y su cuerpo, como sí no pesara nada, siendo lanzado contra los escombros de la habitación destrozada.

Probablemente tendría un gran corte, considerando la manera y la forma en que le dolía la zona de su cuerpo.

Lo importante ahora era dónde estaba.

Con todo el coraje que pudo reunir, intentó de nueva cuenta levantarse, sí los cazadores aún estaban ahí afuera peleando, no podía seguir perdiendo el tiempo, tenía que ayudarlos, sólo se detendría cuando definitivamente sus manos no pudieran blandir su katana.

Dentro de la penumbra, resonó una suave risa, misma que le hizo entrar en estado de alarma, qué más necesitaba que saber que alguien lo estuvo observando en secreto todo este tiempo y ni siquiera lo había notado.

— No te apresures tanto, Giyuu, arruinaras el vendaje.

Apenas pudo vislumbrar la silueta de una persona, el como esta se iluminaba conforme iba abriendo la puerta corrediza, permitiendo que entrara la luz de la luna llena.

Bajó la mirada, no sólo se encontró con su abdomen y parte del tórax cubiertos de una venda firme, también que su haori junto con su uniforme habían sido sustituidos por una fina yukata.

Al volver al frente, sus ojos se abrieron de par en par por la sorpresa, ante su mirada, la misma luna que el joven cazador y él intentaron derrotar, completamente intacto, gozando de la noche mientras caminaba hacía la orilla y se sentaba en la madera, dándole la espalda.

Sí ponía atención, podía observar que la enorme habitación en la que estaba era del mismo estilo, no era del todo exuberante, pero a juzgar por la estructura y la escasa decoración, era todo menos austera, ahí vivía alguien de buena posición económica.

Se golpeó mentalmente por estar juzgando una estúpida casa en lugar de preocuparse por su enemigo, quizás Shinobu tenía razón en preocuparse tanto por él.

Sus ojos se pasearon rápidamente por todo el lugar buscando su katana de nichirinto, pero era obvio que sería lo primero que le quitarían sí es que los demonios le secuestraban.

— Estás pensando muy alto, Giyuu — Rió divertido, volviendo su cabeza para mostrarle una sonrisa llena de colmillos — Es Giyuu ¿Verdad? Fue lo que gritó el niño de los aretes cuando caíste inconsciente al piso ¿Recuerdas que no quisiste decirme tu nombre?

— ¡¿Qué fue lo que pasó con Tanjiro?! — La mención del chico le hizo impacientarse nuevamente ¿Qué había hecho el demonio con este? ¿Lo había matado? ¿Qué pasó con los otros pilares? ¿No lograron derrotar a Muzan?
Tuvo que llevarse una mano a su costado derecho, como si eso aminorara el punzante dolor debido a su exaltación.

— No lo sé, la primera aparte de mi misión terminó cuando te traje aquí — Despreocupadamente se encogió de hombros — Por cierto, ¿Tienes hambre? Tengo que vigilar que comas correctamente para que te recuperes, Giyuu, o sino ese hombre se enfadará — Aplaudió un par de veces y en seguida, ante la mirada atónita de su invitado, la puerta del lado contrario fue desplazada para dejar pasar a una comitiva completa de demonios, todos ellos iban vestidos con túnicas negras y llevaban sus rostros cubiertos con máscaras de igual color, recordando a los ayudantes de la finca de Shinobu.

Un par de ellos venían cargando una fina mesa de madera que fue acomodada junto a su cama y los siguientes se dedicaron a depositar platillos de apariencia y aroma exquisito sobre esta. Arroz, sopa de miso, udon, yakisoba, tempura, platillos que ni siquiera pudo reconocer y al final uno de ellos le sirvió una humeante taza de té, dejando la tetera frente a él con el resto del contenido.

En completo silencio, realizaron una venia hacía el dueño de la propiedad y se retiraron tan rápido como llegaron.

— ¿Qué significa esto? — Murmuró un incrédulo Giyuu, tratando de adivinar las intenciones del demonio.

— Ah, cierto, Giyuu — Su imborrable sonrisa sólo reflejaba lo complacido que estaba por como sonaba el nombre del contrario en su lengua - Sé que podría sonar como una locura para ti, pero tienes que aprender a confiar en mi, siéntete libre de pedir lo que quieras... excepto marcharte, claro.

A diferencia de Akaza, a Giyuu no le causaron nada de gracia sus palabras.

Aún no sabía qué pintaba en una residencia llena de demonios que se tomaban tantas molestias por él, al punto de ofrecerle comida y cuidar de sus heridas... a no ser que...

— Deja todos estos trucos, sí pretendes comerme sólo hazlo y ya, no son necesarias todas estas estupideces — Dejó que las manos en su regazo se hicieran puños y su cuerpo se tensara por la ira, no tenían porque fingir, era obvio que lo único que quería un demonio de un humano era su carne y su sangre, volverse más fuerte a costa de una vida.

Un silencio, después una sonora risotada.

El demonio de cabellos rojizos tuvo que llevar la mano a su propia boca, tratando de contener su propia risa.

Apenas era el primer día que gozaba de su compañía y no podía creer lo feliz que lo estaba haciendo, ese pilar no sólo era fuerte y poseía un estilo de esgrima sublime, también era bastante agradable a la vista y su personalidad era entretenida, la lista de atributos iba creciendo a cada momento que pasaban juntos.

Akaza suspiró, recuperándose de su ataque de risa, sin importarle las dagas azules que le eran dirigidas, disfrutaba hasta de esa cara enfurruñada.

— No te hagas ideas tontas. Come ahora, más tarde cambiaré tu vendaje — Se puso de pie y se acercó hasta la cama, sentándose a la orilla de esta — Seguramente necesitas ayuda ¿Verdad?

Giyuu tragó saliva al tener al demonio tan cerca, aparentemente se veía relajado y no podía creer toda la hospitalidad que tenía con su persona, pero no podía olvidar que se trataba de una luna superior, alguien que tuvo que haber devorado a una cantidad descomunal de humanos como él para tener ese puesto, por no mencionar lo letal y resistente que era, le cortaron la cabeza, miembros y se regeneraba a una velocidad que nunca vio antes.

Al menos sabía que en ese preciso momento, sería un suicidio tratar de huir.

Desde su lugar, contempló en silencio a la luna, los llamativos tatuajes que cubrían todos los confines de su cuerpo bien construido y sus ligeras ropas dejaban a la vista, sus curiosos ojos con kanjis, el como inclusive sus largas y pobladas pestañas coincidían con el color de sus cabellos.

— Que mirada tan intensa, Giyuu ¿Te has enamorado tan rápido de mi? — Dijo con un toque de burla mientras alcanzaba el cuenco con sopa de miso y lo acercaba hasta los labios del pelinegro.

Giyuu de inmediato desvío su rostro, ante la expresión confusa de Akaza.

— ¡¿Qué estás haciendo?! — Gritó sin querer, rompiendo por un segundo su semblante callado, estaba enojado y avergonzado a partes iguales por el comportamiento y lo dicho por el demonio.

— Pensé que era bastante obvio. Sí te mueves en este momento, tu herida comenzará a sangrar y ya perdiste una buena cantidad. Come — Por segunda vez, hizo el intento de acercar el cuenco al chico, pero este lo alejó con un manotazo, provocando que derramara algo de su contenido en el futón.

Contrario a lo que el pilar pensó, el demonio jamás perdió su sonrisa pese a su insolencia.

— Giyuu, debiste decirme que no te gustaba la sopa, aquí también hay...

— ¡Deja de burlarte y alejate de mi! ¿Crees que no sé que está envenada? — Sí no lo querían engorda y comerlo, probablemente lo harían sufrir y morir lentamente a causa de algún veneno, la maldad de Muzan y sus secuaces era infinita, podía esperar cualquier cosa de estos.

La luna iba a reír por su renuencia, pero inexplicablemente no lo encontró gracioso, al contrario, dentro suyo pareció brotar una furia silenciosa que inició quemándole las entrañas, sus ojoz se llenaron de irá, apretó su mandíbula, todo su cuerpo se tensó y prefirió dejar el cuenco sobre la mesa cuando sus manos comenzaron a temblar con la necesidad de destroza no sólo el objeto, sino toda la habitación, todo a su paso.

Giyuu se quedó petrificado cuando el demonio se le acercó y lo encaró, a pocos centímetros podía incluso percibir su respiración descompensada y el como trataba de controlarse.

— Yo jamás sería un hijo de puta tan cobarde y tan débil que tenga que envenenar a alguien para vencerlo. Yo siempre voy de frente y usando mis propias manos, siempre, siempre, Giyuu, no olvides eso...

El cazador trató inútilmente de mantener la mirada a pesar del escalofrío que le recorrió la columna, percibió tanto odio en la criatura que tenía, que por un momento fue insoportable pero pensó que sí lo empujaba fuera de su espacio personal perdería sus manos, en el mejor de los casos.

Después de lo que pareció ser una eternidad, Akaza se alejó del chico y sin más, salió por la puerta al patio, cerrándola tras de si, dejando todo a oscuras otra vez.

Sólo cuando se fue, Giyuu al fin pudo respirar, no era consciente de lo fuerte que su corazón golpeaba contra su caja torácica, desde hace demasiado tiempo que un demonio le había provocado temor.

Estaba exhausto, la interacción con la luna sólo agotó su mente y su cuerpo que ya se encontraba al límite.

Sus parpados se sentían pesados, luchó para no caer dormido, al menos se mantendría despierto hasta que el sol saliera en el horizonte.

¿Lo estarían buscando los demás cazadores? ¿Ya lo daban por muerto?

Tenía que buscar la manera de reponerse un poco y escapar, se negaba esperar a que los demonios cumplieran los planes que tenían para él, no se los pondría tan fácil.

Chapter 2: Not my friend.

Summary:

Según el Hanakotoba (lenguaje de las flores), el Crisantemo significa poder, longevidad, balance y felicidad. La forma en que sus pétalos se despliegan desde el centro recuerda a los fuegos artificiales del Tanabata.

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Aún con bastante dolor, Giyuu consiguió sentarse sobre el futón, sí seguía acostado estaba seguro que acabaría durmiendo y no se podía permitir bajar la guardia, ahora menos al estimar la cantidad de demonios que habitaba esa extraña casa.

Una idea cruzó su mente, a tan solo una puerta de distancia había un jardín, sí conseguía llegar hasta ahí y esperar al amanecer, podía dormir a salvo bajo los rayos del sol y conseguir descansar un poco.

Con esperanzas renovadas y a través de las molestias, esta vez si logró erigirse, colocando una de sus palmas sobre la herida y avanzando a pasos lentos y pesados. Al acercarse a la puerta corrediza, se percató que el papel que las cubría era obscuro en lugar del habitual blanco, tenía sentido, quizás estaba adaptada para ser habitada por demonios.

Deslizó aquella puerta con el temor de encontrar a alguien custodiando y le atacara, pero nada, pensó que al seguir permaneciendo dentro de los confines de la casa, no era considerado como escapar.

Al salir al extenso pasillo y echar un vistazo, pensó que, a pesar de su situación, tenía algo de suerte. El jardín era increíblemente extenso, cubierto hasta el final de sus confines por verde césped, bonsais, árboles de niwaki y crisantemos en su amplia gama de colores. Justo en el centro, en medio del lago artificial, estaba una casa de té que le permitiría refugiarse.

Tuvo cuidado de no tropezar en todo el camino de piedra, aún más en el angosto puente de madera y cuando al fin estuvo bajo el pequeño techo, se apoyó en contra de uno de los pilares de madera, dejando que su cuerpo se deslizara hasta sentarse en el piso, jadeando por el esfuerzo.

Cerró los ojos por un momento mientras agudizaba su respiración de enfoque completo, concentrándose lo suficiente para detener el sangrado de la herida que cruzaba su vientre, siendo la más urgente de atender en comparación de algunos pocos rasguños que ardían por todo su cuerpo. El frescor de la noche enfrió sus mejillas y el sudor que se agolpaba contra la piel de su rostro, relajándose lo suficiente como para traer algo de paz a su mente.

Antes de seguir pensando en su propio estado, se preguntó en cómo estaban los demás,? el grupo que entró a la fortaleza. Se sentía ligeramente culpable de estar aliviado de que Sabito no estuviera entre esos cazadores.

Sabito.

A pesar de todo, seguía preocupándose por él.

Después de la muerte de Rengoku, su mejor amigo se había dedicado a aceptar misiones en sitios lejanos, esporádicamente enviaba uno que otro mensaje con su cuervo y al menos le informaba que seguía vivo, pero nada más. Realmente tardó bastante tiempo en entender qué era más o menos lo que sucedía.

Así, con el recuerdo de la última vez que vio a Sabito y la luminosa franja del amanecer haciéndose presente en el horizonte, entró al mundo de la inconsciencia, arrullado por el sonido del canto de las cigarras.

 

Akaza llevó el obscuro índice de su mano derecha a la frente de Giyuu, sí presionaba un poco más estaba seguro que podría atravesar el débil cráneo y dejar de tomarse tantas molestias, sí había algo que le impedía asesinar al pilar en ese preciso momento era que desde luego jamás mataría a alguien dormido y el deseo de recuperar su orgullo aplastado debido a tantos fallos ante Muzan.

Cuando la luna regresó antes del amanecer a su finca para cumplir con su deber de mantener con vida su invitado, fue recibido con el pequeño intento de supervivencia del cazador y enfurecido, tuvo que esperar hasta que la noche callese, sólo así pudo arrastrar ese inútil cuerpo por el jardín de regreso al futón.

— Bastardo... — Murmuró, desistiendo de su intento de arrebatarle la vida al joven tendido y con poco cuidado, abrió a tirones la yukata con la que le había vestido la noche anterior. Al deshacerse de las vendas y retirar el apósito de la herida, notó como se veía mucho mejor que antes, los bordes de esta aún mostraban la carne viva, pero la sangre había parado de fluir y no había señales de putrefacción.

El demonio tomó el paño que estaba dentro del cuenco de agua caliente a su lado, disponiéndose a lavar el corte, más antes de que pudiese hacerlo, su muñeca fue detenida por un agarre tembloroso que intentaba ser firme.

Akaza resopló con burla al ver el acto.

— ¿Cómo los humanos siendo tan frágiles se pueden permitir tener orgullo? Me vuelven loco... — Antes estaba complacido de reducir inmediatamente a pilares después de que se negaran a convertirse en demonios, pero ahora, mientras más los conocía, más se daba cuenta de las patrañas en las que creían — Puedes dejar que tu carne se pudra y negarte a comer pensando que puedes salir de aquí al morir, pero desde ahora no tienes derecho sobre tu vida, servirás a ese hombre vivo o no muerto, así que elige.

Giyuu pasó saliva. Tomó la opción que le seguía permitiendo conservar su mortalidad.

— Lo haré yo — Le arrebató el paño y apoyándose sobre uno de sus codos, se inclinó hacía adelante para comenzar a pasar la tela por su vientre con ligeros toques, evitando provocar la ruptura de algún vaso.

— Que lástima, Giyuu, sí te convirtieras en un demonio podríamos jugar noche tras noche y jamás tendrías que preocuparte por esas patéticas heridas — Destapó la caja de madera que descansaba a un lado de la cama, extrayendo una pequeña vasija que contenía una pasta fragante a base de pétalos de equinácea, eucalipto, setas shiitake y té verde.

— ¿Qué es eso? — Inmediatamente cuestionó el pelinegro al adivinar sus intenciones, mirándolo desconfiado.

— Te curarás más rápido — Fue todo lo que la luna contestó antes de hundir sus dedos índice y anular en la mezcla, para posteriormente esparcirla sobre los bordes irregulares de la lesión, repitiendo la acción cuidadosamente algunas veces más.

Giyuu miró al demonio, quien estaba inusualmente callado y concentrado en lo que hacía, preguntándose cómo, y especialmente alguien que aborrecía tanto los daños físicos a los que se exponían los humanos, sabía atenderlos de una manera tan precisa. Quizás Akaza había sido un médico o un curandero cuando todavía era un mortal, al igual que Tamayo, tenía sentido entre más lo pensaba.

— ¿Cómo sabes que me curaré?

— Creí que no te gustaba hablar, Giyuu, pero me estás haciendo muchas preguntas hoy y eso me ha puesto feliz — La hostilidad con la que el demonio había tratado al cazador pareció esfumarse, dejándole con una de sus habituales sonrisas en los labios — Solamente lo sé — Le restó importancia, colocando el apósito limpio.

Cambió su posición, en lugar de estar sentado al borde de la cama, se arrodilló a un lado de esta y acercó la venda para cubrir todo su trabajo, sin embargo, al hundir una de sus manos bajo la cadera del pilar para levantarle y colocar la venda debajo, este se alejó abruptamente de su toque, sobresaltado.

— ¿Y ahora qué? — Preguntó la luna con desconcierto, estaba comenzando a frustrarse por el comportamiento extraño de Giyuu — Todo fue más fácil mientras estabas inconsciente ¿Debería ponerte a dormir cada vez que haga esto?

Giyuu le observó desde su lugar con enormes ojos sorprendidos, intentando ocultar su nerviosismo, apretando los labios en una línea recta al no saber qué responder exactamente. Maldijo al demonio por su falta de sentido común, él tampoco tenía uno muy bueno, sin embargo, al menos sabía que no debía tocar el cuerpo de otra persona con tanta libertad.

— Está bien, puedo acomodarla — Rápidamente, puso manos a la obra antes de que la luna interviniera. Al terminar, sólo ató fuertemente los extremos del vendaje para que no se desatase y se cubrió con la yukata. Realmente estaba acostumbrado a tratar sus propias heridas por el mismo, le incomodaba en cierta medida que alguien invadiera su espacio personal y le tocase.

- Ordenaré que te traigan toallas y agua para que te limpies, después comida. Asegúrate de comer esta vez - Advirtió Akaza, mientras se llevaba la caja de madera y las vendas sucias a desechar.

- Quiero lavarme...

- Sí dejo que entres a los baños, terminarás desmayándote en medio del vapor... a menos que quieras que te sostenga para que no te pase nada - Pronunció fingiendo preocupación sin esforzarse demasiado, pues su socarrona sonrisa lo terminaba delatando.

- ¡No! - Giyuu se odió por parecer tan aterrado justo cuando resonó la sonora carcajada de Akaza, al menos uno de los dos se estaba divirtiendo.

- ¿Lo ves, Giyuu? No deseabas lavarte de verdad, los humanos nunca saben lo que quieren - Corrió la puerta de papel y salió por esta aún riendo, sin molestarse en cerrarla.

El pelinegro suspiró cansadamente, prefería que lo intentasen asesinar a que se mofararan de el todo el tiempo, la luna era exasperante, tenía claro que si llegaba a sobrevivir de esto no querría ver a un demonio por un buen tiempo.

Fue hasta irónico cuando escuchó ligeras pisadas andar por el pasillo y ver de nueva cuenta a los demonios de antes, esta vez dos con una gran tina de madera y otro sosteniendo una pila de toallas, donde arriba de esta pudo apreciar que había una yukata limpia, dejado esto junto a su cama, se fueron sin rechistar.

Pudo prestarles más atención que en el encuentro anterior y notar como podían incluso pasar por humanos normales sí ni tuvieran esas largas garras en lugar de dedos y esos ojos de pupilas alargadas que ni una sola vez le dieron una mirada, se preguntó porque se contenían y no lo atacaban, quizás tendrían órdenes de Akaza, después de todo este tampoco lo atacaba.

Al contrario, había tratado su herida con una extraña amabilidad que ni siquiera Kocho, la médico de la organización, poseía para con su persona.

Un demonio siendo amable... quiso ahogarse en la tina de agua por siquiera atreverse a pensarlo, pero sólo se limitó a levantarse con cuidado del futón, afortunadamente no sintió que se evisceraría con sólo caminar como en la noche anterior.

Alcanzó una de las toallas, hundiendola en la humeante agua y la exprimió un poco antes de pasarla por su rostro, frotando insistentemente, después por su cuello y pecho, sabiendo que no es suficiente, pero era lo único que podía tener.

Terminando su "ducha", miró avergonzado como había usado todas las toallas, al menos no había arruinado el vendaje, ni lastimado y ahora se sentía un poco más limpio.

Estaba atando las cintas de la yukata sobre su cadera cuando Akaza apareció nuevamente, abriendo la puerta que daba hacía el jardín sin ningún aviso, ganándose una mirada enojada del pilar.

- ¿Y ahora qué?

- Podría haber estado limpiandome - Se quejó Giyuu.

Teorizó que los demonios además de perder los recuerdos sobre su vida humana, también perdían sus modales, ya que jamás llamaban a la habitación.

- ¡Que descuido! Trataré de ser más educado con mi prisionero - Contestó Akaza lleno de sarcasmo, feliz de molestar al cazador aún cuando no se lo proponía - Andando - Dijo apartándose de la puerta, indicando que quería que saliera al pasillo.

Giyuu trató de serenarse y volver a su habitual rostro sin expresiones, no debía de dejar que alguien más supiera lo que sentía o pensaba, menos la luna. Aún así, lo siguió.

Al salir al jardín, fue recibido por la fresca brisa nocturna, pensó que en realidad era ya entrada la madrugada. Desde que vivía por la noche y dormía en el día, poco a poco estaba perdiendo la noción real del tiempo.

Cuando apartó la vista del hermoso jardín, encontró a Akaza sentado descuidadamente a un lado de la mesa, la misma que trajeron a el e igual de repleta de comida, mirando hacía la vegetación. Lentamente se acercó y tomo lugar, arrodillándose sobre un pequeño cojín que servía como asiento.

Apoyó sus manos sobre la madera lustrosa mientras pasaba saliva, no lograba evitar sentirse como si estuviese en una especie de prueba final, esta vez definitivamente no podría negarse a comer.

Tomó la tetera cercana del mango y se sirvió un poco de té en un vaso cercano, suspiró resignado y lo llevó a sus labios resecos para beber por completo el contenido, iba a tan solo tomar un sorbo, pero su monstruosa sed lo traicionó, el líquido pasando por su garganta necesitada había sido la gloria.

Todavía manteniéndose un tanto reacio a seguir alimentándose, alcanzó un onigiri, prometiendose que era lo único que comería.
Le dio una mordida, luego otra y otra más hasta terminar con la mejillas llenas de arroz ¿Hacía cuánto que no comía? ¿Tres días? ¿Cuatro? Su estómago le estaba reclamando por comida.

Giyuu levantó la mirada al sentir que alguien lo observaba y se encontró con Akaza atento, mirándolo comer, con uno de sus codos apoyados en la mesa y su rostro siendo sostenido por su oscura palma, con la expresión en blanco. Dejó de masticar, siempre había odiado que lo vieran comer... o llamar la atención de alguien en general.

Primero pensó en volverse y darle la espalda, luego recordó que jamás debía de dar la espalda y menos a alguien tan mortal como el chico de cabellos rojos.

¿Por qué no lo dejaba en paz? ¿Qué era lo que quería? Alternó su mirada de la mitad del onigiri que sostenía a Akaza. Akaza a onigiri. Onigiri a Akaza y sin más, finalmente extendió lo que quedaba de la bola de arroz hacía el demonio.

— ¿Eres tonto o algo así, Giyuu? ¿Por qué comería comida humana? — La luna rió burlonamente desde su lugar, extrañado del comportamiento del otro.

El pelinegro hizo el intento de levantarse y dejar la mesa, terriblemente ofendido y avergonzado a partes iguales por lo que acababa de hacer, pero una de las mangas de su yukata fue capturada por Akaza, deteniendolo en su lugar.

— Oi, pensé que querías que fuera un mejor anfitrión — Giyuu tiró de su manga, intentando liberarse del agarre — Bien, no te molestaré más, Giyuu, sólo termina — El demonio le soltó y el pilar a regañadientes volvió a acomodarse sobre la almohada, viendo perdida su oportunidad de marcharse.

De nueva cuenta, llevo lo que quedaba de la bola de arroz a su boca y siguió comiendo ¿Qué pensarían Sabito y Tanjiro sí supieran que estaba compartiendo la mesa con el asesino de Rengoku? Era un pensamiento recurrente y a veces lo empujaba lejos de su mente para que fuera más fácil convivir con Akaza y no hacer alguna tontería. Sintió náuseas y dejó de comer, posando una de sus manos sobre sus labios por el malestar.

— ¿Qué sucede? — Cuestionó Akaza al notar el suave semblante abatido del pilar y el cómo parecía que iba a vomitar en cualquier momento.

— Dijiste que no ibas a molestarme...

— Dije que sería educado con mi prisionero.

Giyuu le regaló la enésima mirada agria de la noche una vez que se deshizo un poco de la sensación.

Suspiró cansinamente y prefirió servirse un poco más de té, evitando cualquier alimento ahora.

— Tu...asesinaste a Rengoku... a Rengoku Kyoujuro ¿Verdad? — Cuando la frase, esa que se repetía en su cabeza una y otra vez, abandonó sus labios sin darse cuenta hasta él mismo se sorprendió, nunca fue bueno con las palabras, por eso prefería mantenerse indiferente o luego sería traicionado por su propia mente y falta de filtro.

Miró de inmediato al demonio, ya estaba preparándose para otra advertencia, sin embargo Akaza se mantuvo impasible, pero definitivamente logró capturar la atención de esos peculiares ojos.

— Puedo adivinar que no eres el más agradable de la mesa cuando todos los pilares se reúnen ¿Verdad? — Por supuesto, la luna tenía que decir algo al respecto por la forma que tenía Giyuu de desviar la atención de si mismo y sus temas de conversación — ¿Era tu amigo o algo así? ¿Piensas vengarte, Giyuu?

Giyuu tomó un pequeño sorbo de té, pensando un poco en su respuesta, ciertamente Rengoku era bastante amigable y trato de acercarse muchas veces, nunca dejó de intentar hablarle siempre que visitaba su finca, que era casi todo el tiempo debido a Sabito. Pero algo dentro suyo, de ese podrido interior le hacía quererlo lejos.

— No, no era mi amigo.

— Pensé que todos los pilares eran amigos, tu sabes, todos piensan la misma mierda.

El pelinegro casi podía escuchar a Kocho diciendo lo mucho que todos lo odiaban y él dándole la razón en el interior.

— ¿Eres amigo de todas las lunas? — De alguna manera, Giyuu quiso contraatacar, tener la misma lengua filosa para no quedar en ridiculo.

— No hay nada que odie más en este jodido mundo que a las otras lunas — Sonrió de tan solo imaginar a la primera y segunda luna siendo vencidos por él y consumidos bajo el sol del mediodía, justo cuando era más intenso.

Giyuu se limitó a mirar el cielo estrellado, el pilar más odiado por los otros pilares conversaba con el demonio más odiado por sus semejantes, pensó que la vida suele hacer bromas estupendas, pero nadie se ríe de ellas.

❁ ❁ ❁

La sensación de desconexión con el mundo exterior parecía que no acababa, veía todo pasar ante sus ojos y no encontraba la fuerza para estirar la mano e intervenir. Su pecho parecía estar rebosando nuevamente de dolor y tenía miedo de terminar desbordándose en el lugar menos indicado, lejos de su finca donde podría gritar y frustrarse sin que nadie lo mirase.

Desde que despertó ese día supo que algo iba a salir mal, después su cuervo surcó el cielo para traerle ese mensaje y se dirigió inmediatamente a la sede, a pesar de estar a un par de días de distancia no se detuvo, no comió, no durmió, casi no respiró.

Aguantó toda la reunión y todas las miradas en su persona después de la noticia de los dos pilares desaparecidos, ignoró el comentario cruel de Shinazugawa que se negaba a participar en su búsqueda cuando lo que pasó con sus compañeros fue obvio y lo consideraba una pérdida de tiempo, aunque sintiera un dolor desgarrador en las tripas y una ira que hizo que su mandíbula se tensara tanto que temió hacerse polvo los dientes.

Sólo necesitaba llegar a su finca y respirar, refugiarse ahí un día y luego partir para encontrar al demonio que lo jodió dos veces.

Dos veces.

Dos veces y él no pudo hacer nada.

Caminó por el camino polvoso, con la madrugada pesando sobre sus hombros cuando una presencia le impidió avanzar. A escasos dos metros estaba ese chico con el que Giyuu simpatizaba tanto, pero el odiaba. Podía adivinar qué era lo que llevaba en sus manos, envuelto en una vieja tela, por la mirada abatida en los ojos de Kamado y sus dedos apretados en el contorno de lo que sabía era una katana, pero se negaba a aceptar quien era el dueño.

— Sabito-san, yo... Lo siento mucho, estaba ahí y no pude hacer nada... — La voz apagada y resquebrajada de Tanjiro no hizo más que irritar al pilar, el cual sentía como la coraza que se puso encima estaba resquebrajándose.

El niño le extendió el arma en silencio, deseando entregar un último recuerdo y por un momento Sabito quiso arrebatarsela, quedarse con esa única posesión de Giyuu y no renunciar a ella como lo hizo no hace mucho con Kyoujuro, pero sería dar por muerto a su amigo, acceder a lo que pensaban todos aunque nadie vio su cuerpo sin vida ni herido de muerte.

— No, no lo sientes... — Se mofó. Ni Kamado, ni alguno de los pocos compañeros que lo miraban con pena sentirían lo que es tener el pecho abierto y goteando, era una ofensa.

— Deja de ser estúpido. Guarda eso y devuelvesela a Giyuu cuando lo traiga de vuelta — Con el frió de la noche enfriando su cuerpo, pasó sin más al lado del cazador más joven, ante la mirada atónita de este y siguió su camino.

Tanjiro estaba acostumbrado al comportamiento especialmente grosero que Sabito siempre mantuvo con él luego de enterarse que Giyuu no solo le había ocultado que dejó vivir a Nezuko, un demonio, sino que también había confiado en ellos y protegido a costa de su propia vida, jamás iba a terminar de agradecerle por eso.

Y por primera vez sus palabras hicieron nacer agua de sus brillantes ojos, cristalizados por lagrimas y esperanza.

— ¡SABITO-SAN! ¡Voy a buscarlo! ¡No me rendiré, yo sé que está ahí! — Gritó con la cara empapada, recobrando la fuerza, además de él había otra persona que se negaba a creer que Giyuu había sido asesinado y deseaba buscarlo, era suficiente para no perder la fe.

— ¡No necesito tu ayuda!

Ni siquiera el rechazo de Sabito lo desmotivó ni un poco, bajó su mirada hacía la katana que seguía sosteniendo con fervor y permitió que una suave sonrisa surcara sus labios, él tampoco se rendiría.

Notes:

La equinácea, el eucalipto, las setas shiitake y té verde eran usados como antibióticos naturales, uno de mis Headcannon favoritos es que Akaza realmente sabe mucho sobre herbolaria, cuidado de heridas y cómo mantener vivo a alguien en general, a pesar de su falta de recuerdos no pierde su habilidad.

¡Hola después de mucho tiempo! Esta alma absorbida por la Uni les ofrece su más sincera disculpa y tratará de actualizar más seguido.

Espero que el capitulo de hoy les guste y si, como sospechan, Kyoujuro y Sabito estaban juntos, podría decir que me encanta esa ship, pero en las historias siempre que ellos son felices el Giyuu sufre y AYYY, no puedo, pero los leo aunque me torture a mi misma ;;

Cuidense mucho hasta el proximo cap, gracias por sus comentarios son tan dhjvfdjkvnd, me hacen feliz y me dan unos 20 años de vida <3.

Chapter 3: Hurt.

Notes:

Poco importa
si sale el sol o la noche
seguimos vivos.

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Un par de semanas habían pasado rápido, para Giyuu fue la experiencia más surreal de su corta vida, jamás se imaginó estar rodeado de demonios la mayor parte del tiempo y que estos no le tocasen ni un cabello, incluso se había recuperado bastante rápido, ya no necesitaba usar vendajes y podía andar mucho mejor que antes, sin molestia alguna.

Su salud florecía de nueva cuenta.

 

Durante los primeros días, mantuvo la rutina de visitar la pequeña casa de té para dormir tranquilo y regresar al anochecer a "su habitación" para comer a pedido de la luna, después sólo iba para escapar de la palabrería sin parar del demonio.

Al no estar acostumbrado a convivir con alguien además de Sabito, era natural que lo agobiara fácilmente, por no mencionar otros cientos de razones por las que no se sentía del todo cómodo en su compañía.

 

Le gustaba ese lugar, en medio del lago, el frescor del agua, el canto de las cigarras y la vista al resto del inmenso jardín, le hacía sentir tranquilo y menos como un prisionero.

 

Por algunas horas se olvidaba de las cosas de las que debería estar haciéndose cargo y era extraño, porque desde que entró a la organización no conoció un día de paz, siempre asesinando demonios, luego curando sus heridas para salir y volver a combatirlos, era un ciclo sin fin del que pensaba que únicamente la muerte podría sacarlo en algún momento.

 

Nunca se quejó, resistió en silencio, la sonrisa y la paz que traía a las aldeas que fueron atacadas era todo lo que necesitaba, era sobrellevable porque también tenía a Sabito, esforzándose con él, codo a codo.

 

Cuando tenía a Sabito...

 

Sacudió la cabeza, para deshacerse de pensamientos melancólicos que no necesitaba en ese instante y acomodó el libro sobre sus piernas.

 

Apenas hace unos días se animó a explorar la enorme residencia al sentirse un poco más en confianza con su entorno y para su sorpresa, encontró una habitación polvosa con un estante lleno de libros, los cuales estuvo algunas horas ojeando al no tener nada mejor que hacer, seleccionó los que llamaron más su atención y los llevó a su refugió junto con una lámpara de aceite que encontró en el mismo lugar, ya que la noche estaba a punto de caer.

 

Pasó las yemas de sus dedos por la portada, admirando los delicados grabados de la pasta del libro antes de abrirlo y recordó el tiempo cuando vivía con su hermana, ambos tenían algunos con los que aprendió a leer en su niñez, pero ninguno se parecía a los que había encontrado, podía tan solo imaginar el costo real de cada pieza que dejaron morir simplemente en un estante.

 

Pasó las páginas amarillentas, al parecer se trataba de una antología de haikus, lo reconocía porque a Tsutako le gustaba la poesía, era el único lujo que podía permitirse y a veces se aventuraba a escribir pequeños párrafos que luego leía a un Giyuu maravillado por su talento.

 

Pensó que los recuerdos dejaron de ser dolorosos desde hace mucho tiempo, pero se equivocó, todos los días la extrañaba igual que el anterior y había pequeños fragmentos que aparecían de la nada y tocaban esas fibras profundas dentro de su ser.

 

— ¿Qué se supone que haces, Giyuu? La mesa ya está servida.

 

El mencionando dio un respingo, saliendo de sus pensamientos abruptamente y encontrando al demonio de pie, justo frente a él. Se regañó mentalmente por espaciarse con tanta facilidad, olvidar dónde estaba y sobre todo con quién.

 

Sin embargo, admitía que ya podía mantener algunas conversaciones no tan forzadas, después de todo, sí pudiese matarlo ya lo habría echo.

 

Además Akaza era demasiado insistente, como nadie que conoció antes, en ocasiones odiaba ser el blanco de sus burlas, pero era mejor eso a estar en una celda siendo torturado y tratado como un prisionero real, cuando fue secuestrado imaginó todos los posibles escenarios, excepto como vivía actualmente.

 

— No tengo hambre... por el momento, pero iré después, es temprano... —Alcanzó a corregirse rápido, antes de que la luna comenzara a insistir, como siempre.

 

— ¿Y eso? — Uno de los oscuros dedos de Akaza señalaron al objeto en las piernas del pilar, tenía curiosidad pues en la habitación de este también encontró varias de esas cosas apiladas cerca de la cama.

 

— Es... un libro de poesías, es para que las personas lo lean — Supo que su explicación era bastante mala cuando Akaza seguía con el rostro graciosamente confundido.

 

Suspiró audiblemente ¿Realmente estaba a punto de explicarle aquello a un demonio?

 

SI.

 

¿Tenía otra opción?

 

NO.

 

Le bastó una semana para saber lo pesado que podía ser el pelirrojo cuando Giyuu le negaba algo.

 

— ¿Qué harás con eso? Estoy esperando, Giyuu.

 

E impaciente.

 

El pelinegro bajó la vista para echar una mirada rápida al libro, como sí este le fuese a dar respuestas, los mechones sueltos y sedosos se agolparon alrededor de su rostro, molestándolo por enésima vez.

 

— Son haikus... es poesía. Hablan de la naturaleza, de... lo que se siente cuando se está escribiendo... no sé explicarlo muy bien... — Admitió, preparándose para escuchar la molesta risa de Akaza por conseguir ponerlo en aprietos, pero no hubo una, ni siquiera una sonrisa, este se mantenía atento, extrañamente interesado, incluso observó como este tomaba lugar en el piso de madera cerca suyo y ya estaba moviendo una de sus rodillas, apurándolo.

 

— Sólo escucha ¿De acuerdo? — Finalmente se rindió, era mejor mostrar directamente que tratar de transmitirlo en palabras, especialmente cuando nunca fue buena en estas, así que seleccionó una página al azar, humedeció un poco sus labios y preparó su voz — El viento del otoño, la margarita, tristemente resiste.

 

— ¿Y? — Se encogió de hombros.

 

— ¿Y? — Repitió Giyuu sin entender. Quizás fueron analogías muy confusas para el demonio... o quizás no tenía la suficiente sensibilidad... ¿Realmente se estaba preguntando sí alguien que asesina seres humanos para poder sobrevivir era sensible? En pequeñísimas ocasiones olvidaba lo que era Akaza y esa era una de ellas.

 

— Este parece mejor... Un viejo estanque, se zambulle una rana, ruido de agua.

 

— Se lo que me quiere decir y porque lo compara, sólo me parece estúpido... ve a comer — La luna no encontró nada grandioso en tales líneas, lo único bueno era escuchar la voz calmada repasarlas, su boca envolviendo cada palabra y como levantaba la vista para poder ver su reacción justo después, era divertido, pero sí podía elegir, preferiría un millón de veces devolverle su katana y luchar con él, el humano no era el único ser aburrido en esa casa.

 

— No es estúpido, es muy difícil hacerlos, sólo... Sólo los genios lo hacen, no lo entiendes — No sabía sí realmente creía eso o sólo le había irritado porque lo asociaba al recuerdo de su hermana y creía que de alguna manera, el demonio la estaba ofendiendo.

 

Akaza estaba por levantarse de su lugar y dar por terminada la conversación de los libros, prefería que después de que el pilar comiera, le leyera y se ahorrara lo demás, la parte aburrida, pero su "no lo entenderías" le había calado ¿Le llamaba idiota?

 

Giyuu supo que había cometido un error cuando la mirada habitualmente desinteresada o burlona de Akaza se tornaba seria, tan afilada y puesta en su persona.

 

Con la misma agilidad de un gato montés, la luna cortó la distancia, arrodillándose cerca de su persona y aprisionándolo contra el pilar de la madera mientras apretaba el libro entre sus manos, evitando pasar saliva.

 

Entendía el juego de la intimidación, porque cuando Sabito lo molestaba se acercaba de igual manera y acababa dándole ligeros golpes.

 

Pero el pelirrojo era diferente, por supuesto, y lo odiaba por aprender rápidamente lo mucho que le incomodaba que alguien invadiera su espacio personal y no pudiera hacer nada más que mantener su faz impasible por miedo a parecer un idiota... o perder el juego silencioso.

 

Y seguía siendo difícil a pesar de los años de práctica, especialmente cuando un demonio contemplaba su persona largamente.

 

— Los ojos azules, en ellos estoy reflejado, de noche brillan — Las comisuras de los labios mortalmente pálidos de Akaza se levantaron felizmente hasta descubrir sus colmillos aperlados, mostrándose complacido consigo mismo ante los ojos atónitos del pilar. Entender la estructura de esas cosas era simple para él, mensajes similares, golpes de lengua similares, comparaciones similares, perfeccionar su ataque más básico había sido mucho más difícil que eso.

 

— Ahora, Giyuu... ¡Dime que soy un genio! ¡Dímelo! — La luna se aprovechó del estado ensimismado del joven cazador para abalanzarse a capturar su rostro con las manos y apretujar sus mejillas una y otra vez, riendo a todo pulmón, a sabiendas de lo que enfurecía a su compañero.

 

— ¡SUÉLTAME! — Giyuu reaccionó e intentó quitarse las manos ajenas de encima. Movió la cabeza de un lado a otro, intentó patearlo, arrancarse esas garras que apresaban su rostro y todo esfuerzo parecía inútil, cada golpe era absorbido por la constitución de músculo magro del demonio, estaba desesperándose en demasía hasta que fue liberado abruptamente.

 

Se llevó sus propias manos hacía las mejillas lastimadas para intentar calmar el dolor, imaginando la apariencia estúpida que adquiriría su cara debido a la hinchazón y al enrojecimiento.

 

Levantó la mirada, preparado para reclamar y extrañado de que Akaza hubiera callado, cuando se percató que los ojos ámbar estaban clavados en un punto específico. Tuvo que volverse para poder seguirlos y justo en el engawa de la casa, vio a una chica.

 

Esa desconocida de vestimenta y largo cabello negro que inclusive le cubría parte de cara, estaba sentada sobre sus rodillas y sostenía un viejo biwa entre sus manos, preparada para tocarlo. Sin más, se puso de pie y entró por la puerta del patio hacía el interior de la pieza de Giyuu.

 

— Andando — Ordenó la luna, regresando a la residencia a rápidos pasos. La presencia de Nakime sólo indicaba una cosa y esa era una llamada directa del maestro, al cual no le gustaba esperar.

 

El pelinegro se levantó y pronto siguió al demonio con un mal presentimiento asentándose en la boca del estómago, empezando a corroerlo de a poco, quizás ya era tiempo de terminar con la farsa y al fin descubriría el motivo de su secuestro. Sus palmas empezaron a saludar y tuvo que limpiarlas disimuladamente sobre su yukata.

 

Se detuvo en el umbral de la puerta, su cuerpo negándose a moverse. Akaza esperándolo con los brazos cruzados sobre su pecho, claramente impaciente.

 

No tenía caso intentar correr y tratar de huir como un cobarde, aceptaría lo que tendría que pasar y sólo lucharía sí amenazaban con cambiarlo, prefería que acabaran con él. Dio un paso dentro de la habitación y la puerta corrediza se deslizó tras su espalda.

 

El sonido de las cuerdas del biwa siendo rasgadas, una luz tan cegadora que tuvo que cubrirse los ojos con el antebrazo y después la nada.

 

Al bajar su brazo e intentar orientarse, la repentina sensación de náusea le llevó a taparse los labios con la palma de su mano y encogerse un poco sobre su propio cuerpo, tratando de no vomitar y de respirar profundamente.

 

— ¡Ah, recuerdo que los viajes de Nakime también solían causarme tanto malestar!
Giyuu se percató de la sombra en el suelo justo frente a la suya, sus ojos se elevaron, recorriendo a esa figura lentamente, centimetro a centimetro sólo para enterarse de lo terriblemente alto que era aquel hombre. Sí no tuviese esos kanjis en sus peculiares pupilas iridiscentes, podría confundirlo con un sacerdote por su característica vestimenta.

 

— Eres el nuevo amigo de Akaza ¿Cierto? ¡Es un placer conocerte, llamame Douma! — El demonio posó una de sus manos sobre el hombro del pelinegro en un suave toque, dándole un apretón gentil — Los amigos de Akaza, también son mis amigos, por supuesto — Dijo el sujeto con una sonrisa encantadora.

 

Tal sonrisa y apariencia prístina estarían excelentemente logradas de no ser por la notoria marca profundamente purpurea que manchaba su reluciente tez, esta se extendía desde su boca, pintaba su mandíbula y se perdía en su cuello, sólo lo podía comparar con el aspecto de un cadáver en estado temprano de descomposición.

 

No siguió prestando atención a lo que sea que el demonio estuviese diciendo, estaba distraído en lo que leyó de sus ojos, sí era la luna superior dos ¿Significaba que era más poderoso que Akaza?

 

¿Dónde estaba Akaza?

 

Quería saber qué estaba pasando, en dónde estaba. Quería que lo dejaran en paz, que dejaran de actuar, que dejaran de tocarlo con tanta facilidad, se estaba empezando a abrumar, sus puños estaban fuertemente cerrados, temblando ligeramente, sus hombros experimentando una tensión tan horrible que le hacían encogerse, no quería hiperventilar.

 

Después, un estallido de sangre repentino que salpicó de rebeldes gotas su rostro, su yukata celeste y el piso de madera. De pronto el demonio pelirrojo estaba detrás de la segunda luna, perforando su pecho a base de un golpe rápido y limpio, haciéndose lugar en sus adentros. Cuando se retiró, largos ríos carmesí corrieron, arruinando su traje por completo.

 

Los ojos de Giyuu se ampliaron, amenzando con salirse de sus cuencas, la segunda luna apenas si se había molestado en volverse, su sonrisa impecable ni siquiera había flaqueado ni un momento, solamente le quitó la mano de encima para saludar al otro demonio y posteriormente la colocó sobre el hueco de su pecho.

 

— ¡Akaza, hey! Temo que hoy no podemos jugar como siempre, lo lamento mucho, creo que comí algo que no debía... pero tu no lo hiciste ¡Felicitaciones! — Douma le elogió animadamente, no hacían falta más palabras para hacerle entender a su compañero que era el único que consiguió hacerse de un humano y traerlo hacía su maestro, al parecer.

 

— Te ves asqueroso, cierra la boca y déjalo en paz — Escupió la tercera luna con odio, encarándolo y cubriendo al pilar con su cuerpo. Sabía que Douma era una basura malintencionada bajo toda esa asquerosa faz de fingida amabilidad y no le daría la oportunidad de arruinar lo que él si pudo lograr.

 

Giyuu pasó saliva aunque sintiera su boca como un desierto. Su cabeza había comenzado a girar y a tambalearse vertiginosamente mientras se olvidaba de cómo respirar.

 

El daño por el veneno que solía usar Shinobu contra los demonios era algo que ya había visto antes.

 

Todos fueron transportados a la fortaleza de Muzan.

 

Al igual que él, también debieron encontrarse con demonios.

 

"Creo que comí algo que no debía."

 

— Ya, ya, vamos, Akaza, de todos modos él ya está aquí.

 

El pelinegro no tuvo tiempo de buscar con la mirada a quien mencionaron, cuando el sonido del biwa volvió a resonar ya se encontraba en otra plataforma de madera suspendida en medio de cientos de habitaciones aglomeradas unas sobre otras sin lógica alguna ¿Estaba en la fortaleza de Muzan nuevamente?

 

Tragó saliva, se percató de que su respiración se estaba acelerando a medida que pasaban los segundos, como su piel se cubría de sudor, estar a la tortuosa expectativa de qué iba a suceder.

 

Cerró los ojos un momento y trato de tomar el control de la situación, estaba claro que no podría pelear, así que buscaría una "salida", haría lo que fuera para que no lo transformaran en demonio y convertirse en un problema para sus propios compañeros, tenía que hacerlo por ellos, por las personas que todos juraron proteger.

 

A pasos inseguros caminó al borde de la madera y observó hacía abajo, a las construcciones sin fin, estaba seguro que una caída desde la altura donde se encontraba acabaría con su vida y destrozaría su cuerpo lo suficiente para no caer en las garras de sus enemigos.

 

— ¿Acaso estás pensando en suicidarte después de que te permití conservar tu vida? ¿Cuando te he el elegido para que seas parte de algo mayor?

 

Una voz infantil cercana le impidió a Giyuu dar el paso que restaba, le descolocó ver a un niño de fácil diez años en la plataforma vecina, pequeño, vestido con ropas occidentales sencillas, sus irises rojizas y pupilas alargadas eran un fiel distintivo entre un demonio y un humano, junto a la perturbadora atmósfera de peligrosidad que lo envolvía.

 

En bastantes oportunidades vio y decapitó niños convertidos, pero era la primera vez que uno de estos le provocaba un sutil escalofrío al sentir esos ojos clavados en su persona.

 

¿Se podría tratar de...?

 

De ninguna manera, Tanjirou le contó cómo lucía Muzan a detalle luego de encontrarse con el demonio.

 

— ¡No seré parte de nada! — Casi no reconoció la voz quebrada que salió de su propia garganta. Sus puños dolorosamente cerrados a cada lado de su cuerpo temblaban, las uñas se encajaban en su carne, su corazón martillando dentro de su pecho y el aire negándose a llegar a sus pulmones. Su resolución brillaba tan claramente que casi podía tocarla con la punta de sus dedos y la aceptó con el orgullo que le quedaba.

 

Pensó en cada persona que conoció, en Sabito, en su maestro, en Tanjirou y su hermana, pensó en sí mismo... después de todo estaba ahí porque alguien más se sacrificó por él, ahora trataría de hacer lo correcto.

 

Sin más, saltó al oscuro vacío apretando los ojos, dejándose envolver por el viento, esperando el momento del impacto.

 

Lo único que llegó fueron una especie de látigos de carne que interrumpieron abruptamente su caída, apresándolo por una de sus muñecas y lastimando la misma al detenerle en el aire. Lanzó un grito ahogado, el dolor repentino le hizo abrir los ojos, trayéndole a la realidad, sólo para dar en cuenta que muchos más de esos asquerosos apéndices se envolvían fuertemente por todo su cuerpo, inmovilizándolo. Intentó luchar, pero cada vez que se batía, estos respondían afianzando el agarre asfixiante que le apresaba, amenazando por romper sus huesos y demostrarle lo frágiles que eran.

 

— Tu ya no puedes decidir sobre tu vida, ni tu cuerpo. Solo puedes callar y agradecerme en silencio.

 

El mismo niño apareció, esta vez dentro de la habitación vecina, completamente de cabeza. Una sonrisa maligna se deslizaba sobre sus labios como el veneno, deformando cada uno de los rasgos infantiles que poseía y dejando entrever su naturaleza diabólica.

 

Giyuu pensó que su final sería siendo reducido a pedazos sanguinolentos de carne antes de experimentar como una de esas monstruosidades le perforaba el vientre.

 

Creyó que conocía el suplicio físico, pero sentir como le reordenaban las vísceras y demás órganos desafió su umbral del dolor, casi podía rebosar lo corporal y gritó, sus alaridos destrozados llenaron el lugar, mientras el demonio le observaba complacido, esperando que sobreviviera.

 

— No te atrevas a desmayarte tan rápido, estás tan cerca. Los pilares son nada sin una katana, por lo que veo, tan ridículos — Se burló a la vez que el cuerpo frente a él se retorcía y de un momento a otro se quedaba colgando, totalmente inerte.

 

La criatura infernal que le sostenía, lo atrajo hasta los pies de Muzan, depositando al cazador en el suelo sin cuidado alguno y continuó trabajando fervientemente.

 

— Fuiste el único que logró traerme un pilar y conseguir curarle... pero no terminaste con tu misión aún — Se dirigió a su tercera luna y esta de inmediato se postró a su lado, inclinando la cabeza en señal de respeto — Sé que no aceptarás terminarla, así como en el pasado rechazaste volverte más fuerte, desperdiciando todo tu potencial... por eso lo hice venir.

 

Akaza no tu tuvo que pensar mucho para saber de quién hablaba y la ira hirvió desde lo profundo de su ser, quemando sus entrañas y apretando los dientes con dureza. Prácticamente le estaban desechando y eligiendo a Douma por encima de él.

 

— ¡Lo haré! — Exclamó, después se ordenó a si mismo controlarse, no olvidar al lado de quien estaba — Haré lo que sea, lo cumpliré.

 

Muzan dirigió su mirada al demonio pelirrojo, satisfecho de que este fuera tan fácil de manipular y sobretodo, seguir siendo útil.

Notes:

¡Hey! ¿Qué tal estás?

¿Qué pensaste, tentáculos + Giyuu= besto hentai? No jajaja, incluso evité esa palabra todo lo que pude porque tenía en mente a la "cosa" que asesinó a las lunas inferiores junto con Muzan.
La cuarentena trajo un capítulo más y en la semana santa vendrán varios más, a pesar del tremendo mental breakdown que me dio el manga de KNY ¿Quién no lloró? ¿A quién no le sorprendió?

Bien, nos vemos en el próximo cap, el cual estoy segura que estará listo pronto porque me sigo quedando en casa ¿?

¡Cuidense y hasta la próxima!

Notes:

¡Hey! ¿Qué tal?

Decidí venir a AO3 y dejar un pequeño granito de arena de esta hermosa couple.

Bloody_Twat, acajiex y frozenCinders: No compatimos el mismo idioma y no sé sí leerán esto, pero sepan que amo sus obras, me inspiran bastante y espero cada capítulo de sus historias, es genial cuando sientes que no eres la única a la que le gusta éste ship. YA, paro de ser fangirl xD

Espero traer nuevo capítulo pronto, mientras tanto gracias por leer y ¡Cuídense mucho!