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Envidia

Summary:

Como odiaba y envidiaba a Inuzuka, lo envidiaba por tener algo que jamás él podría

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Desde que sabía la verdad las cosas no habían vuelto a ser como eran antes. Si, se llevaba bien con Julio, más bien, Persia, pero sabiendo su identidad el ambiente era diferente.

No habían vuelto a hablar como los “mejores amigos” que él hubiera deseado que fueran, pero tampoco podía interactuar con ella con la apariencia de Persia sin sentirse incómodo. Recordar que una vez ella lo venció en tan pocos movimientos.

Mierda.

¿Persia siempre fue así de fuerte? Y él que siempre pensó en ella como una debilucha charlatana que sería vencida por Inuzuka de una manera más simple que de lo que él fue vencido por el prefecto de los Perros negros... cuan equivocado estaba.

Ya casi era el día de la graduación, desde la excursión al Principado del Oeste era más usual encontrar a Persia y otros Gatos blancos por los dormitorios de los perros negros. Hace tiempo que ya no era un secreto para cualquier alma en la escuela que ella salía con Inuzuka Romio.

Inuzuka Romio, como odiaba a ese tipo.

Por ser más fuerte que él.

Por ser más alto.

Por ser más popular.

Y por sobre todo, tener el corazón de Persia.

Esperen... él no estaba enamorado de Persia.... ¿O si?

Debía admitir a su pesar que la admiraba, pero...

—Ah, Persia —la encontró allí, con su antiguo lazo en el brazo de prefecta, estaba dando vueltas por los dormitorios de los perros negros.

—Maru-kun, que bueno encontrarte ¿Has visto a Romio?

Él frunció el ceño, esto le hizo recordar a la vez que la ayudó a buscarlo cuando ella solía disfrazarse de Julio... rayos, lucía tan linda así. A veces deseaba nunca haber descubierto ese secreto y graduarse con la imagen de Julio en su cabeza, pero era una realidad que ella era Julieta Persia y nada cambiaría la situación, ni lo sentimientos de ella a Inuzuka.

—No y desde hace rato no lo veo, ha de estar dándole consejos de prefectos a su perra guardiana —se refería a Shuna, ella si que daba miedo con su tierna cara. Nunca llegas a pensar que las personas con las más tiernas apariencias pueden ser tan intimidantes y fuertes... como Persia.

—Si, es posible que esté con Shuna. También le he estado dando consejos a Ameria.

—¿La hija de la directora de los gatos blancos? Oí que ella es muy torpe.

—Debo admitir que en un principio me preocupé cuando la eligieron de prefecta, porque ella no es muy responsable, pero se toma su trabajo muy en serio.

Ahí estaba otra vez, la sonrisa y mirada confiable de Julio... no, Persia, ese no-sé-qué que lo hipnotizaba. Ahora que lo pensaba era la primera vez que tenían una charla seria y larga desde hace largo tiempo y eso le agradaba. Casi nunca podían estar solos, siempre Romio antes que él.

—¿Maru, te sientes bien?

—Eh, si ¿Por qué lo preguntas?

—De repente te quedaste en silencio y te veías como si...

—¿Cómo si qué?

—Como si algo te molestara. Perdón si te molesté, buscaré a Romio por mi cuenta.

—No, no me molesta ayudarte, lo molesto es ir por ese bastardo de Inuzuka.

Julieta frunció el ceño, no le gustaba hacerla enojar, pero era inevitable. A él le hervía la sangre ver que su sonrisa la mayor parte del tiempo era causada por Inuzuka.

—¿Por qué siempre estás con insultos? Pensé que Romio y tú se llevaban mejor.

—No es un mal tipo, pero no me agrada.

Julieta bajó la cabeza, y sus ojos se perdieron en la nada, como recordando algo.

—¿Es posible que la persona con la que perdías y culpabas a la diferencia de altura por ello, es Romio?

Maru se sacudió molesto.

—¿Por qué tienes que sacar eso a la luz ahora? ¿Y de dónde se te ocurrió algo tan estúpido? Digo, es cierto que entre Inuzuka y yo tenemos una significante diferencia de altura, pero no por eso me siento acomplejado.

—Cuando alguien explica todo muy detallado es porque está mintiendo —infirió la chica—. Además, yo jamas dije que te sintieras “acomplejado” por tu altura.

—Pues yo... —el joven apoyó su espalda contra la pared e inhaló—. En verdad que ese tema me molesta, pero son otras las razones por las que detesto a Inuzuka y no tiene que ver con la altura.

—¿Cuáles son? —Maru se encogió de hombros en silencio y desvió su vista, como si algo lo apenara. Ante su mutismo, Julieta continuó hablando—. Sabes, a mi me desagradaban los Perros negros y hasta otros Gatos blancos. No me caía muy bien Hasuki, aunque mi principal razón de por ello era porque ella era uno de los Perros negros, tampoco me agradaba de que dudara de mis sentimientos por Romio. Pero, a medida que la fui conociendo, ella me fue cayendo bien, teníamos más en común de lo que creíamos, dejando nuestras diferencias étnicas atrás, y hoy estoy orgullosa de decir que es mi amiga.

—Eso no es lo mismo. Conozco a Inuzuka bien, pero conocerlo mejor no hará que me agrade.

—De todas formas, no estoy aquí para discutir de Romio, voy a ir a buscarlo si me disculpas, Maru —en un suspiro resignado, Julieta se dio la vuelta para comenzar su búsqueda, hasta que la voz de su amigo la detuvo.

—Lo envidio —soltó sus palabras sin frenarse.

—¿Lo envidias?

—Él... es muy cercano a ti. Envidio lo afortunado que es por tenerte —listo, lo había dicho. La prefecta líder contempló largo rato el perfil de él, era como si Maru deseara esconder el significado detrás de esas palabras en sus ojos y que Julieta pudo entender con solo mirarlos. De pronto, el estudiante abandonó su tímida posición y avanzó adelante—. Bueno, ¿Qué esperas? Vamos —la llamó, ella por su parte no pudo entenderlo.

—¿A qué te refieres?

—¿No dije que no me molestaba ayudarte? Te ayudaré a encontrar a ese tonto.

Esta vez, Julieta sonrió, su sonrisa era amplia y brillante, fue esa una de las razones por las que quería ser más cercano a Julio, contemplar esa sonrisa más veces y para él.

—Gracias, Maru, siempre eres un amigo con quien siempre puedo contar.

El joven se encogió de hombros otra vez, un poco ruborizado. Parecía indiferente por fuera, pero por dentro explotaba de felicidad de ser el causante de su sonrisa esta vez.

No... él no amaba a Persia.

Sacudió su cabeza, Persia estaba al lado suyo, esperó que no haya notado lo tonto que se comportaba, vaya... ella huele muy bien hoy ¡No! concentrate Chizuru. Ella es un Gato blanco, bueno, eso no es el punto ahora, ella es novia del bastardo de Inuzuka.

Mientras Maru trataba de no pensar en todas esas raras sensaciones, no notó cuando Julieta giró su cabeza con intenciones de decirle algo.

—Sabes Maru, la chica que se enamore de ti también será afortunada.

—¡¿Quién habló de amor, Persia?! Yo nunca hablé de amor —respondió a gritos como buen tsundere sonrojado. Luego de unos segundos, un poco más calmado, volvió a hablar—. ¿En serio lo crees?

—Por supuesto —dijo con sus ojos brillosos.

¡Ay! Como envidiaba que las sonrisas, las miradas, los anhelos y el corazón de Julieta Persia pertenecieran a Inuzuka Romio.