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Diez mil quinientos

Summary:

Zhao Yunlan y Shen Wei habían hecho una última promesa quinientos años atrás. Con la ayuda de un Gato y una Serpiente, la cumplen.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

DIEZ MIL QUINIENTOS

 

When my time comes to leave
I really do truly believe
The goodbyes may be hard, but then
We only part to meet again

Trina Graves

 


 

Historias de tiempos antiguos encontraban nuevos oídos todos los días. La Segunda Restauración de la Paz, acontecida quinientos años atrás, se había convertido en uno de los relatos más apreciados entre pequeños yashous y dixingianos por igual. Así lo dejaban ver sus caritas resplandecientes cuando se llegaba a la parte épica en la que el gran Hei Pao Shi había dado fin a la amenaza del temible Ye Zun desde el interior del estómago de éste, y ni qué decir de sus alientos contenidos ante la narración de aquella en la que el valeroso Lord Guardian Zhao Yunlan había encendido la flama de la Lámpara del Guardián, convirtiéndose así en el salvador del mundo. Ahora todo se sentía tan lejano y distante, como si se tratase de puros cuentos y leyendas, pero quienes de sus bocas dejaban volar las palabras sabían que no contenían más que verdad e historia, aunque era cierto que no siempre resultaba tan sencillo distinguir lo uno de lo otro.

A sus seis años, Zhu Yáng llegó a ser uno de esos nuevos oídos. Recordaba a su abuela contándole aquellos sucesos por primera vez y, aun con más claridad, la emoción que sintió con cada oración. Pero sin duda lo que más colmó de destellos a sus ojos fue saber que una de sus ancestros había tomado parte directa en ellos. Era bien sabido que Zhu Hong, quien fuera una de las jefas más respetadas en la historia de la Tribu Yashou, había formado parte del SID, donde terminó forjando una estrecha amistad con el mismísimo Zhao Yunlan. A la pequeña e impresionable Zhu Yáng le fascinó conocer este hecho, y en ese entonces se preguntaba si su vida llegaría a ser tan increíble como la de la honorable Zhu Hong. Incluso ahora, con sus diecisiete primaveras recién cumplidas, no dejaba de preguntárselo, si bien hacía tiempo que había perdido el interés por la grandeza heroica a la que su espíritu infantil alguna vez había anhelado, y actualmente lo único que preocupaba a su joven mente era lograr salir viva del colegio.

O así había sido hasta hace exactamente cinco días, cuando Ya Li le dio la noticia.

Ya Li, su compañera de juegos en la infancia. Ya Li, su gran confidente y cómplice de cuestionables hazañas. Ya Li, cuya mano fue incapaz de soltar durante la noche en la que se lo contó.

Ya Li, cuya ausencia se negaba a concebir siquiera en el pensamiento.

Debía haber una forma. Sabía que la líder de la Tribu Cuervo deseaba salvar a su hija tanto como ella, pero en su rostro visiblemente atacado por el desvelo se leía que las alternativas se le habían agotado, y el tiempo corría.

Zhu Yáng se rehusaba a aceptarlo. Tenía que haber una forma y ella la encontraría.

Por esa razón era que aquel día lluvioso se hallaba frente a las puertas del SID. Se trataba de un comprimido común y corriente. La gente transitaba por la calle sin siquiera mirarlo. A Zhu Yáng le costaba creer que había existido un tiempo en el que los humanos tuvieron conocimiento de la existencia de los Dixing, las Tribus Yashou y los sucesos sobrenaturales en general. Pero eso era también parte de las historias.

Tras muchos años seguía sin haber una explicación concreta. Tan solo se sabe que, poco después del Cierre con Dixing, un fenómeno misterioso ocasionó que de la superficie de Haixing, y de la memoria de los humanos que en ella habitan, toda noción de las dos razas con las que coexisten fuera borrada, quedando apenas un rastro vago que con el tiempo daría vida a una serie de mitos y relatos fantasiosos. Tras mucho discutirlo, los tres líderes de las Tribus Yashou acordaron que así era mejor, y desde entonces sus descendientes se muestran excesivamente cuidadosos de no revelar su naturaleza a los humanos, dejándoles creer que el planeta sólo les pertenece a ellos.

 

—¿Zhu Yáng? —la saludó el individuo que apareció en la entrada— ¿Qué te trae por aquí?

—Me manda mi madre —mintió—. Verás, tengo que crear una historieta con criaturas fantásticas y ella sugirió que tal vez podrías dejarme hurgar un poco en la biblioteca. Me urge encontrar inspiración y qué mejor lugar para buscarla que este, ¿no te parece?

El hombre, quien resultaba ser el líder actual del Equipo, dudó por un instante, pero finalmente la dejó pasar. Al fin le había sido útil la buena relación que éste mantenía con su madre, pensaba Zhu Yáng satisfecha mientras cruzaba el umbral.

No importaba cuántas veces hubiera estado antes dentro del SID, siempre tenía la sensación de que algo nuevo despertaba en ella cada vez que deambulaba por su interior. Después de todo, era el lugar al que deseaba pertenecer una vez que terminara la escuela.

El Departamento, cuya existencia era conocida tan solo por un puñado de humanos en el poder, seguía operando como siempre; porque si bien en los últimos tiempos los crímenes y casos inusuales habían disminuido notablemente en Dragon City, nunca faltaba la aparición de uno que se saliera de los límites de lo que los humanos consideraban normal. Después de tantos años, para eso seguía estando el reservado y sigiloso SID.

La muchacha permaneció toda la tarde sepultada entre libros, y al día siguiente regresó e hizo lo mismo. Buscó incesante entre los que narraban las viejas historias y los que recogían información sobre habilidades sanatorias, pero los que más le interesaban eran los que versaban acerca de las Cuatro Reliquias, aquellas antiguas herramientas sagradas que habían sido creadas con el propósito de preservar la paz entre las tres razas. Dentro de los miembros de las Tribus Yashou era de conocimiento público que habían estado desaparecidas desde hacía siglos, y sabía que era poco probable que justo ahora ella pudiera encontrarlas por su cuenta, pero su mente continuaba aferrándose a la idea. Hasta ahora era su única esperanza, ¿cómo iba a renunciar a ella?

Tras mucho hojear y leer sin dar con una pista real, el tercer día salió del lugar con una ruidosa tormenta azotándole el pensamiento. De pronto sintió cómo la fuerza en sus piernas disminuía con cada paso que daba y se dejó caer sobre la orilla de la acera a unos metros más allá del comprimido. «No, no va a pasar, aún tengo tiempo», trataba de convencerse con cada respiro. «Si tan solo pudiera transportarme a Dixing, tal vez ahí haya alguien que pueda ayudarme», pensaba mientras se secaba las lágrimas que en vano había luchado por mantener dentro.

La dura verdad era que nadie de la superficie había bajado a Dixing en al menos una centuria, ¿qué le hacía pensar que encontraría la manera? ¿Qué le hacía pensar que lo haría antes de que fuera demasiado tarde?

Escondió la cabeza entre sus brazos y así permaneció por varios minutos, hasta que un repentino sonido agudo captó su atención. Una débil sonrisa se abrió paso por sus labios al ver que se trataba de un gato negruzco que se le había acercado de manera silenciosa, y que ahora emitía animados maullidos mientras se frotaba contra sus zapatos.

—¿Qué quieres, gato tonto? —preguntó mientras le pasaba los dedos por detrás de las orejas—. ¿Tienes dueño? Estás muy mono como para no tener dueño.

Lo tomó entre sus brazos, vaya que era pesado. Siempre había querido tener una mascota, pero la alergia de su madre nunca se lo había permitido. Una verdadera lástima.

—Bueno —dijo regresándolo al suelo—, supongo que tengo que irme. Un gusto conocerte.

Pero ignorando la despedida, el gato comenzó a andar detrás de ella.

—Oh no. Ni lo pienses. No puedo llevarte conmigo. Además, ¿a quién pretendes engañar? Sé que sí tienes dueño por lo que llevas en el cuello, regresa con él, ¿quieres?

Pero el animal no daba sus patitas a torcer.

Entonces, sin pensarlo dos veces, Zhu Yáng fijó la mirada en los ojos del insistente felino y, empleando una voz suave pero firme, le indicó:

Vas a dejar de seguirme. Vas a regresar con tu…

Pero antes de que pudiera completar la orden, algo increíble sucedió: en el lugar en donde un segundo atrás estaba el gato, ahora se encontraba una figura humana.

—¡Santo cielo! —exclamó la chica, y antes de decir algo más echó un vistazo rápido a su alrededor, asegurándose de que nadie más había presenciado aquello. Ni una sola alma a la redonda. Estaban de suerte—. ¿Acaso eres…? Pero pensé…

Mientras, el chico en el que se había transformado el gato lucía seriamente confundido.

—¿Qué…—comenzó él, pero fue bruscamente interrumpido por Zhu Yáng, quien tomándolo del brazo lo arrastró hacia un rincón de la calle en donde ningún transeúnte curioso pudiera escucharlos.

—¡Pensé que los tuyos estaban completamente extintos! —exclamó todavía sin poder creer que estaba frente a un yashou de la legendaria Tribu Gato—. ¿Cómo te llamas?

—Yo… Wow —dijo el extraño mirándose pies y manos como si fuera la primera vez que los notaba—. Pensé que nunca volvería a esto. —Después, como si apenas hubiera advertido la presencia de su interlocutora, añadió: —¿Quién eres tú?

—¡Ah! Cierto, lo siento. Me llamo Zhu Yáng, soy de la Tribu Yashou de las Serpientes.

—Oh. Yo soy Da Qing, y creo que he permanecido en mi forma de gato por demasiado tiempo. Incluso creo que había olvidado cómo… ¿Tú lo hiciste? ¿Exactamente qué me hiciste?

—¿Yo? —preguntó ella sin captar a qué se refería, hasta que lo entendió—. ¡Oh! Tal vez... haya tratado de hipnotizarte, pero no lo hice con mala intención, te lo juro, solo quería... 

—Eso debió haberme traído de regreso —la cortó sin dejarla terminar. Si debía reclamarle o darle las gracias aún no lo tenía del todo claro—. No puedes hipnotizar a un gato, ¿que no sabes que estamos arriba en la cadena alimenticia?

Zhu Yáng se disculpó una vez más antes de seguir.

—Vaya, en serio creí que la Tribu Gato llevaba mucho tiempo extinta. Todos lo piensan.

—Y es verdad.

—¿Quieres decir que...? Oh. Entonces... ¿Eres el único?

Él asintió. Luego, dirigiéndose más a sí mismo que a ella, agregó:

—Me llamó Da Qing, y tengo más de diez mil años y mi amo… mi único amo ha sido el Jefe Zhao. Zhao Yunlan.

 —¿Zhao Yunlan? ¿Como el Zhao Yunlan?

—No como. El Zhao Yunlan

Zhu Yáng estaba anonanada. ¡Zhao Yunlan! Estaba frente a alguien que había conocido a Zhao Yunlan. Era lo más inverosímil que le había sucedido en la vida. De no ser por el peso que llevaba días oprimiéndole el pecho, se habría puesto a dar de brincos ahí mismo.

De inmediato el pensamiento se adueñó de su mente:

—Estoy segura de que tienes muchas cosas impresionantes que contar, pero tengo que hacerte esta pregunta. —Su corazón latía a mil por hora—. ¿Sabes algo sobre las Reliquias? ¿A dónde fueron a parar, quizá?

—¿Las Reliquias? —preguntó él mientras se pasaba una mano por detrás de la oreja—. Lo último que supe es que desaparecieron de nuevo. ¿Por qué quieres saberlo?

—Simple curiosidad —respondió ella en un tono poco convincente—. Tampoco sabrás cómo llegar a Dixing, ¿no?

—No a menos que las entradas hayan vuelto a abrirse.

Al escuchar tales palabras desalentadoras, Zhu Yáng apoyó su cuerpo contra la pared más cercana mientras dejaba escapar un pesado suspiro. La pequeña y fugaz esperanza se había desvanecido.

Da Qing la observó con curiosidad, y no pudo evitar que una ola de nostalgia lo arrastrara al notar que guardaba cierto parecido con Zhu Hong. Cómo extrañaba a su vieja amiga. Cómo los extrañaba a todos.

—No puedo perderla —masculló de pronto la muchacha.

—¿A quién?

—Ya Li. Ella es la hija de la líder de la Tribu Cuervo, ella... ella es mucho más que eso... Y se está muriendo. —Era la primera vez que dejaba salir la palabra, y sintió que la devoraba desde dentro.

De pronto Da Qing comprendió.

—El Dial de Longevidad. Es eso lo que buscas, ¿no es así?

Ella asintió. ¿Qué caso tenía mentir?

—De acuerdo. Ven conmigo.

 

***

 

Da Qing sí que conocía el paradero de las Reliquias. Él había sido encomendado con la crucial misión de resguardarlas hacía quinientos años, cuando el SID había logrado recuperarlas. Entonces el Gato se dio a la tarea de buscar el lugar perfecto para esconderlas, finalmente hallándolo en unas montañas a las afueras de la ciudad. Sólo él conocía la ubicación exacta dentro de una antigua caverna que una vez perteneció a sus ancestros. Para protegerlas aun más de pensamientos ambiciosos y malas intenciones, la versión oficial había sido que desaparecieron de forma repentina.

Guiar a una desconocida hacia ellas quizá no fuera la decisión más inteligente, pero como todo buen gato y tras una larga vida desarrollando la habilidad, Da Qing podía leer a las personas con facilidad. Sabía que las intenciones de Zhu Yáng eran puras. Tan extraño como pudiera parecer dado que no llevaban ni un día de conocerse, confiaba en ella. Y, por alguna razón todavía más extraña, sentía que debía hacer esto, como si de su propia misión personal se tratase.  

Además, era una vida la que estaba en juego. Y si algo había aprendido de su añorado humano era que siempre que estuviera en sus manos (o garras) ayudar, no le daría la espalda a nadie.

Y así, después de tomar prestado el transportador de su madre y sin más tiempo que perder, Zhu Yáng y Da Qing se pusieron en marcha.

 

***

 

La oscuridad de la noche estaba ya bien instalada cuando se internaron en la cueva.

Al llegar al punto exacto, Da Qing comenzó a escarbar mientras su compañera lo iluminaba con una vieja linterna que por poco olvidaba traer consigo. Después de lo que pareció una eternidad, la vieron. Ahí estaba la caja. El Gato la abrió con cuidado y, tan pronto como divisaron su contenido, Zhu Yáng se acercó a las Reliquias.

—¡Espera! No creo que debas…—intentó advertirle Da Qing.

Pero fue demasiado tarde. Ella ya estaba tocando el Dial de Longevidad, y un segundo después, una fuerza los lanzó a ambos con brusquedad hacia el suelo. Da Qing fue a dar contra una de las rocosas paredes y el golpe le hizo perder el conocimiento.

Luego, una cegadora luz blanca lo invadió todo.

Cuando por fin se hubo disipado, tres figuras aparecieron en el sitio. Gracias a la tenue iluminación que aún ofrecía la linterna que había ido a parar un par de metros lejos de ella, a la adolorida Zhu Yáng le pareció ver que se trataba de tres hombres.

Uno de ellos se puso de pie de inmediato, la visible confusión invadiendo cada milímetro de su semblante.

—¿Qué…? —Su mirada recayó en Zhu Yáng— ¿Qué ha pasado? Yo estaba… ¿Quién... quién eres tú?

Ella estaba tan aturdida como él, y de su boca sólo salieron palabras atropelladas:

—Yo… ¡Me llamo Zhu Yáng! Pertenezco a la Tribu Yashou Serpiente y tan sólo estábamos intentando... 

«Zh- Zhao Yunlan», llamó una voz por detrás del primer hombre, y al escucharla este sintió una sacudida por todo el cuerpo.

Zhao Yunlan, ese era él. Y esa voz… Esa voz provenía de...

Volteó en su dirección.

«No es posible», pensaba mientras sus apresuradas piernas lo llevaban a su lado. «No es posible», pensaba mientras a su mente neblinosa acudía la última imagen de su suave rostro ensangrentado.

Se dejó caer junto a su cuerpo, y al ver que aún no estaba del todo consciente, con toda la delicadeza que sus temblorosas manos fueron capaces de reunir apoyó la cabeza sobre su regazo. Y no despegó la vista de él. Porque realmente era él. ¿Cómo diablos podía ser él?

—Shen Wei —susurró mientras sus ojos se humedecían. Shen Wei abrió los suyos por completo, y sintió que estaba soñando. ¿Acaso lo estaban?, se preguntaban ambos. ¿Acaso los muertos soñaban? —. Shen Wei —repitió.

—Zhao Yunlan... —lo llamó Shen Wei saboreando el inmenso júbilo que le producía el simple hecho de poder pronunciar ese nombre de nuevo. Rápidamente se incorporó para quedar a su altura y, mirándolo directamente a los ojos, preguntó—: ¿En serio eres tú?

—Soy yo. Y tú… tú eres tú —logró articular el Lord Guardian antes de romper en una sonora carcajada.

Shen Wei sonrió encantado ante el familiar sonido, y tras un momento más de compartida incredulidad, los dos lograron levantarse. El uno apoyándose sobre el otro. Como había sido quinientos y diez mil quinientos años atrás. Como había sido siempre.

Una vez estando de pie, continuaron sonriéndose y clavándose la mirada durante varios segundos más. Era una locura. La más confortante, placentera y milagrosa de las locuras.

Y entonces, sintiendo que el corazón estaba por salírsele del pecho, Shen Wei sorprendió a Zhao Yunlan elevando sus manos hasta posarlas con gentileza sobre sus mejillas y, atrayéndolo hacia sí, le plantó un impaciente beso en la boca que el otro no dudó en corresponder. Y les supo a gloria y a inmensidad y a promesas milenarias y a muchas otras cosas más.

Toda sospecha había quedado enterrada. La prueba definitiva se hallaba en la dicha que recorría sus cuerpos como incesante electricidad. Estaban aquí. Estaban vivos. Se habían vuelto a encontrar.

—Lo sabía —los interrumpió de pronto una voz.

Detrás de ellos, medio oculto entre las sombras, el tercer hombre había hablado.

Shen Wei y Zhao Yunlan se separaron. Al advertir la presencia de Zhu Yáng, el primero no pudo evitar que la cara se le pusiera como tomate, el pobre no se había percatado de que tenían compañía. Pero bien sabía que de ella no había venido la voz. Se giró hacia la otra dirección y lo vio.

Ye Zun.

Shen Wei sintió cómo el cuerpo de Zhao Yunlan se tensaba a sus espaldas.

—Está bien. Por favor, no te preocupes por él —intentó calmarlo sobre el hombro.

—¿Que no me preocupe por él? ¡Él es la razón por la que todo pasó! ¿O ya olvidaste que el imbécil te tragó vivo? A ti y a Wang Zheng y a Sang Zan y a muchos más. Es la causa de tu muerte. —Hizo una pausa—. Tu muerte…. Mi muerte. ¿Cómo es que los tres estamos aquí?

—Eh, creo que esa es mi culpa —concluyó Zhu Yáng —. Aunque realmente no hice nada nada más que tocarlo —se apresuró a agregar mientras señalaba el Dial—. Luego las cuatro reliquias reaccionaron y ustedes aparecieron sin más.

—Te lo dije, hermano —habló Ye Zun de nuevo—. Los Dioses se rehúsan a dejar de vernos pelear.

Pero la frágil sonrisa con la que acompañó el irónico comentario le indicó a Shen Wei que su hermano deseaba todo menos seguir peleando.

—Creí que al realizar el sacrificio de la Lámpara del Guardián ardería por la eternidad —señaló el antiguo Jefe Zhao—. Eternidad… ¿Cuánto tiempo habrá…?

—Al menos quinientos años —respondió Zhu Yáng.

Zhao Yunlan quedó estupefacto mientras los hermanos parecían tomar aquello como la cosa más normal del mundo. Por supuesto, no era la primera vez que el par se ausentaba por tan largo período.

—Debe ser que de alguna manera nuestras almas también quedaron atrapadas dentro de las Reliquias —aventuró Shen Wei—. Y ahora… nos han liberado.

Zhu Yáng no podía creer lo que estaba presenciando, vaya día el que estaba teniendo. ¿Zhao Yunlan? ¿Shen Wei? ¿Ye Zun? ¿Cómo había terminado entre leyendas vivas? ¿Acaso el impacto le había dañado la cabeza? ¿O es que había muerto sin darse cuenta? Ya Li iba a enloquecer cuando le contara.

Ya Li.

—Por favor —se dirigió a ellos, la desesperación apoderándose de su voz—, estoy aquí porque necesito usar el Dial de Longevidad para salvar a alguien. Es la única forma.

—Estoy seguro de que en lo único que puedes pensar es en salvar la vida de esa persona —declaró Shen Wei en un tono calmo y firme —, ¿pero eres consciente de las consecuencias que eso puede traer?

—Cualquier cosa es mejor que perderla —afirmó la chica con vehemencia.

Shen Wei y Zhao Yunlan intercambiaron una mirada. Lo entendían. Quizá demasiado.

Era cierto que en el pasado el par había sido testigo de los efectos negativos que podía causar aquella reliquia, pero también de los positivos. ¿Y para qué estaban aquí, sino para ayudar a quien los había traído de vuelta? Al menos podían intentarlo.

—En ese caso, mejor nos apuramos —sentenció Zhao Yunlan contento de tener algo que hacer. Más tarde tendría que enfrentarse al desconcertante y terrible hecho de que su padre y sus amigos llevaban más de un siglo fallecidos, y vaya sorpresa que se llevaría al descubrir la serie de estatuas y monumentos que en Dixing habían erguido en honor a todos ellos. Pero ya habría oportunidad para lidiar con las huellas y cambios heredados por el imparable correr de los años, y lo que fuera que su nuevo presente le tuviera preparado. Después de todo, no tendría que enfrentarlo solo. Shen Wei estaba a su lado, aún se tenían el uno al otro, aún les esperaban muchas cosas.

Sí, ya habría tiempo suficiente para todo eso. Mientras, sus palabras devolvieron luz al rostro de Zhu Yáng.  

El Lord Guardian tomó entonces la linterna y comenzó a andar hacia el camino que suponía los llevaría a la salida mientras el Hei Pao Shi recolectaba las Reliquias.

—¡Esperen! —los detuvo lo muchacha— ¿Pueden ayudarme con él?

Los tres hombres repararon en Da Qing por primera vez.

—Gato maldito —se maravilló Zhao Yunlan al reconocerlo, sus labios formando una mueca burlona—, por supuesto que te volvería a ver. —Después de comprobar que seguía respirando, Shen Wei lo ayudó a colocárselo sobre la espalda.

Y todos juntos partieron. Incluso Ye Zun, con quien Zhao Yunlan no dejaba de mostrarse receloso. ¿Cómo podía verlo como algo más que el causante de tanto sufrimiento? Pero Shen Wei parecía convencido de que todo estaría bien, y en él confiaba. Ciegamente. (Si bien eso por ningún motivo significaba que su consanguíneo se libraría de sus miradas asesinas).

Con Da Qing a cuestas, Zhao Yunlan y Zhu Yáng iban a la cabeza del peculiar grupo, ésta última alumbrando sus pasos.

Siguiéndolos de cerca, los hermanos se miraban oscilantes. En sus mentes contemplaban la claridad de un recuerdo celestial, y en sus corazones vivos abrigaban la certeza de que las viejas heridas, si bien no habían cicatrizado del todo, sí habían empezado a sanar. Habían comenzado a caminar juntos incluso antes de que las herramientas sagradas los trajeran de vuelta, eso lo sabían. Les estaba siendo obsequiada una nueva oportunidad y no serían tan estúpidos como para rechazarla. Intentarían recuperar la hermandad que en otro tiempo y lugar les fuera arrebatada, encontrarían el camino de vuelta.

Y nuevas historias nacerían.

 

 

Notes:

1) Si bien en general acepto el final, sigo devastada por él y necesitaba mi final 100% feliz para vivir en paz, e hice lo que pude.

2) Si lo pensamos, creo que puede ser lógico que así como "quizás" las reliquias protegieron a Shen Wei hace 10,000 años, pudieron haber vuelto a hacerlo, aún más tomando en cuenta que Zhao Yunlan utiliza una de ellas para atacar a Ye Zun antes de que Shen Wei dé el golpe final desde dentro. Y en cuanto a Zhao Yunlan, tal vez había terminado con su tarea y la lámpara no necesitaba que siguiera ardiendo por más tiempo. O no lo sé, al menos esa fue mi lógica. Déjenme vivir en mi nube donde todo es color de rosa.

3) Me voy a marcar un JK Rowling y decir que Zhu Yáng y Ya Li (personajes originales) están casadísimas aunque no lo haya especificado en el texto (perdón, pero es que están chavas y aún no son del todo conscientes de que se quieren como más que amigas, claramente lo suyo es un slow burn).

4) I'm such a Ye Zun apologist no me escondo jajaja.

¡Mil gracias por leer!