Chapter Text
Cuando la Muerte viene a Sam por primera vez, Sam no está en condiciones de sentir mucho de nada. No está asustado o ansioso e incluso, para ser honesto, ligeramente preocupado por su propio bienestar. En lugar de ello, mira a la figura y piensa, aturdido: así que esto es lo que logra que la gente le siga a la oscuridad, a la luz o lo que sea.
La forma masculina está exquisitamente elaborada y obviamente diseñada para atraer y embelesar; para capturar. Alguien en alguna parte le dio ojos verdes que resplandecen con un brillo sobrenatural y facciones tan perfectas que el primer adjetivo que viene a la mente de Sam es: generado por computadora. La sombra de barba incipiente en esa firme quijada emparejada con labios de lujo y una fuerte nariz le hace un estudio en contradicciones; el tipo de belleza que ruega por la pregunta de quién lo junto, porque – para todos sus milagros – la naturaleza no podría concebir tan imposible persona por si misma.
-“¿Samuel Winchester?”- preguntó, en una pantomima de cortesía.
Ambos saben que eso sabe quién es él y el segundo exacto cuando su corazón no resistió.
Sam mira a la Muerte por un largo momento, notando el traje negro de corte perfecto que lleva sobre los anchos hombros y comienza a ser vagamente consciente de que sus propias ropas están medio desgarradas y todavía humeando. Hay algo rojo que gotea por sus dedos también, pero no siente ningún dolor. Se siente como una copia de su cuerpo que solamente es idéntica en el exterior; una cascara sin vasos sanguíneos, nervios o vísceras.
-“Necesitas venir conmigo, Sam”
Su primer pensamiento es ‘si’. Si para que pueda ver a Jessica de nuevo. Si así él puede egoístamente rogar por el perdón, suplicar a sus pies, arrastrarse y disculparse por lo que, ahora sabe, es lo peor que ha hecho en su vida.
Pero un momento de consideración es suficiente para darse cuenta que, por supuesto, Sam no llegará a ninguna parte cerca de Jess. Si esto es realmente el más allá sus almas estarán tan lejos la una de la otra como sea posible: la de ella arriba y pura, la suya encerrada entre los criminales y deshonestos.
-“¿Sam? Vamos, hombre”
Sam se da la vuelta y corre.
Impulsado por la dolorosa y amarga desilusión de que la muerte no es el final del camino, después de todo, Sam corre determinado a volver al mundo. Sí él no encontrará el dulce alivio del vacío aquí, sí él no puede tener algún tipo de tabula-rasa, él quiere respuestas y una vez que las encuentre, quiere despedazar al culpable con sus propias manos. Sí su absolución será en forma de venganza, que así sea.
Tiene que volver al mundo de los vivos.
-“¡Hey— whoa!”
La muerte está esperando por él cuando rodea un corredor e, incorpóreos como ambos son, Sam patina frenéticamente para evitar una colisión. Su torpe agitación ganándose una ceja levantada.
-“Disminuye la velocidad, chico. ¿No has oído que no puedes escapar de—?”- Sam se está alejando antes que la muerte pueda terminar su oración.
Esta vez, Precioso y Ojiverde, le da caza alegremente, pareciendo disfrutar la persecución simulada.
-“¿No crees en serio que puedes escapar de mi, cierto?”
Sam cierra sus ojos y se mueve a ciegas hacia adelante, consciente de que debe estar pasando a través de paredes, personas, camas y mesas.
-“¿A dónde exactamente piensas que vas a ir para que no pueda encontrarte?”
Finalmente Sam abre sus ojos para encontrar que la aparición se le había adelantado y ahora está corriendo hacia atrás, de frente a él.
Hay algo parecido a una sonrisa en su rostro.
-“Esto es divertido”- dice la muerte en el cuerpo de un super modelo retocado digitalmente.
La vida de Sam es rara y si está fuera otra circunstancia podría haber reído.
Está a punto de responder cuando la Dra. Lana McCullogh ordena cargar las paletas a 200 y el corazón de Sam comienza a latir de nuevo.
