Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2020-05-05
Words:
1,266
Chapters:
1/1
Comments:
3
Kudos:
19
Hits:
201

Campos de Fresas Para Siempre

Summary:

diego y johnny se besan enviar tweet

Notes:

El español no es mi idioma nativa, y nadie corrigió esto. Podria ser un desastre :/

Diego y Johnny tienen 18/19 años en esto.

Work Text:

La brisa temprana del verano era fresca y cálida. El césped era verde amarillento, se extendía sin fin. Las colinas y los árboles decoraban el horizonte. Había un río pequeño entre las colinas cubierto de piedras y flores a lo largo de su orilla. Dos caballos sorbían agua fresca mientras sus jinetes se ponían cómodos debajo de la sombra de un roble alto.

─Joekid, ¿qué crees que estás haciendo?

El Joestar gira su cabeza para responder. ―Trepando este árbol, duh ―antes de mirar hacia el tronco y estirar un mano hacía una rama. Se levantó del suelo, su brazos lo sostenían de una rama mientras sus piernas se movían buscando hacer pie.

─Te vas a romper el cuello haciendo eso ─Diego se levantó del suelo para ver las payasadas de Johnny sin demostrar ninguna expresión.

─Pshh. ¿Desde cuándo te importa, Dio?

Los piernas de Johnny encontraron un lugar donde pararse y lo usó para brincar del suelo y subirse encima de la rama que estaba agarrando. Se sentó en la rama y miró hacia abajo a su rival.

―¿Eres una gallina? ¿Nunca has trepado un árbol en tu vida?

―He trepado muchos árboles en el pasado, para tu información. Me gustaría pensar en mí como un experto de la actividad ─su voz se suavizó en la primera oración. Recordó que cuando era más joven, su mamá siempre le regañaba… no obstante, se recuperó rápidamente . No hay necesidad de revelarle esa parte de su vida a Joestar.

Johnny estaba parado encima de la rama, imitando la postura de Diego. ―¿Ah, sí? Quien llegue a la cima primero gana todo.

―¡Adelante, Joekid!

Empezaron a trepar el árbol con una entusiasta determinación para vencer el uno al otro . Diego era veloz y ágil, casi saltando derama a rama. Los movimientos de Johnny no eran tan elegantes pero tiene un cuerpo fuerte capaz de trepar más fácilmente. Al fin, Johnny alcanzó la rama más alta y estable antes que Diego. Se sentó en ella orgullosamente con una sonrisa de victoria en su rostro.

―Gano todo ―El pelirrojo sacó la lengua.

El rubio jadeó. Su cara enrojeció debido al esfuerzo e irritación. ―Ridículo. Empezaste más cerca a esa rama. ¡Exijo una revancha! —Se acercó a la rama donde Johnny estaba sentado.

—¿En serio?
—No, cretino. Ahora mueve tu trasero. Quiero sentarme.

Johnny se movió a un lado. Todavía tenía una molesta sonrisa cariñosa en su rostro. Asumió un acento británico elegante y exagerado. —Perdóname, Vuestra Majestad. Moveré mi trasero inmediatamente.

El británico se sentó junto a él y le dio una palmadita en broma. —Ay, cállate. No hagas eso otra vez. Pareces un idiota.

—Ah, ¿entonces te gusta más mi acento estadounidense?

—Más que tu mal acento británico. El cual es el acento superior, por cierto.

—Absolutamente no. Ustedes parecen como cabrones pretenciosos.

El británico rubio rodó los ojos.

Se sentaron en la rama con un silencio un tanto cómodo. Ambos miraba la extensa pradera . Su rivalidad no importaba tanto durante tiempos como estos. Todavía trataban de ser mejor que el otro, pero esta vez era diferente. No había nadie aquí para juzgarlos. Nadie para hacer preguntas insistentes sobre su rivalidad. Nadie para decepcionar. Era como un soplo de aire fresco.

Diego miraba sus caballos desde arriba parpadeando distraídamente, intentando ignorar los ojos del otro en él. Podía ligeramente sentir la respiración pesada de Johnny ya que estaba tan cerca de él. Sus rodillas se chocaban suavemente y se volvía difícil ignorar la tensión entre los dos.

Johnny miró fijamente a su rival (¿amigo? ¿amante? No, ninguno) por un momento más. Admiró el contraste de el piel bronceado, el pelo rubio oscuro, y los ojos verde azulado de Diego. Había pecas ligeras que cubrían su cara. Apenas eran visible, incluso de cerca, pero suaviza los rasgos agudos de Diego. Parece muy dócil con las pecas el sol realzaba y los ojos que miraban abajo. Pestañas pálidas abanicaban sus mejillas. Mechones del cerquillo de Diego caían en su cara, y Johnny resistió el impulso de meterlo detrás del oreja.

Finalmente, el Joestar dijó algo.

—¿Alguna vez has tenido una novia, Dio?

Dio giró para mirar a él, su cara era cálido de quedar mirándole.

—Muchas. ¿Por qué preguntas?

Johnny cabeceó, el mejillas enrojecían. —No, ah- eso no quería decir, perdóname —acabó de decir tontería porque era tan cerca de Diego. ¿Qué pasa consigo?

—Lo que quería decir era, alguna vez has amado una chica?

Diego arrugó las cejas y evitó su mirada. ¿Alguna vez ha amado una chica? Todos de sus romances previos empezaban porque la chica estaba interesada en él primero. Pestañarían, abanicarían ellas mismas, se comporatrían torpemente alrededor de él. Pensaba que sus intentos para obtener su atención eran lindos. Un poco patéticos, pero lindos. Apenas sentía nada por ellas. Sí, eran chicas simpáticas, pero nunca era locamente enamorado con alguna de ellas.

Miró a Johnny. —¿Por quė?

Johnny arrugó las cejas. —No contestaste a mi pregunta.

—¿Por qué quieres saber?

—Todavía estás evitando la pregunta.

Diego suspiró y evitó su miraba una vez más. —No, nunca he sentido sentimientos tan ridículo por ninguna de esas chicas. Ellas solo me distraerían.

—Distraer, eh?

—Sí —Diego atrevió mirar de nuevo a Johnny. El pelirrojo acercó, su expresión ilegible. Diego retrocedió pero el tronco del árbol le para.

—¿Quieres saber lo que me distrae?

El británico miró fijamente al Joestar. Su cara era ligeramente más pálida, sus pecas más visible de sus propios. Cubrían la totalidad de su cara. Su pelo pelirrojo caía del sombrero y contoneaba sus ojos azules y brillantes. Diego no podía apartar la mirada.

—Podría tener una idea —contestó, su voz apenas más que un susurro.

Ambos se inclinaron y cerraron la brecha entre los dos, sus labios se chocaron con poca delicadeza. Cambiaron la posición unas veces. Ladearon sus cabezas por aquí y por ahí para encontrar una posición buena. Finalmente sus labios apretaron juntos. Las curvas de sus cara parecen quedar con esas del otro un tanto perfecto. Era suave, una ligera presión que los dejó sin respiración

Se besaron una y otra vez. No pudieron recibir suficiente de la sensación. Diego ha besado muchas chicas en el pasado. Siempre sabían de flores y perlas, pero Johnny era diferente. Johnny sabía de fresas y césped recién cortado mojado del rocío. Era dulce pero también tenía una brusquedad a él. El ligero olor de caballos de su camisa, las manos callosas que acariciaron su cara, la nariz del otro que espiró aire caluroso contra su mejilla. Cosas nunca podrían recibir de ninguna chica linda.

Quedaron cerca por un rato, se besaron y acariciaron. (Johnny tocó el pelo de Diego como siempre había querido. Era suave, como Johnny esperaba. Decidió que le gusta el sonido del jadeo de Diego cuando lo jaló. Diego besó cada peca en la cara y cuello del otro. Nunca ha notado que Johnny también tenía unas pecas en sus párpados. Las besó también.) Sea lo que sea esto, no iba a durar para siempre, y ambos sabían eso. Sabían que no podrían hacer esto en cualquier otro lugar. Sabían que algún día tendrían que separarse. Pueden decir, por los latidos de sus corazones, que en el futuro uno de ellos caería en desgracia y dejaría un gusto amargo. Pero por ahora era dulce. Por ahora, eran rivales (ni amigos, ni amantes) pero ambos tenían algo que el otro quería, y no podrían encontrarlo en cualquier otro lugar. Querían saborearlo mientras dure.

Por eso, quedaron, el sabor de fresa dulce en sus labios, y ninguno de ellos quería ver el futuro donde eso terminaría.