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Chico con Amor

Summary:

A Hoseok le habian dicho que el amor era como el mar.

Hoseok no sabía nadar.

Notes:

El cielo nos libre de ahogarnos en el amor, Akire.

Porque yo tampoco sé nadar.

Work Text:

 

      Esta es la cosa: a Hoseok le gustaba una chica. Pero no cualquier chica. Esta única chica es la razón por la que baila, canta y respira. Si no supiera mejor, diría también que el sol brilla porque así ella lo quiere.

      Era la chica del café a dos cuadras, la que siempre le sonreía al entregarle su orden. Hoseok creía que en esa sonrisa se escondía alguna información vital. Era su deber, se decía, descubrir qué era.

      Una vez alguien le dijo que el amor era como el mar. Amplio y grande. Profundo y poderoso. Hermoso. Pero tan violento como una tormenta. Uno podía ahogarse en el amor. Hoseok era el peor de todos en las clases de natación. El agua le aplastaba el pecho; destruyéndole, a pura fuerza de presionar, el aire que guardaba allí. A Hoseok le dijeron que el amor era como el mar.

      Pero...

      —Creo que la amo —le susurro a Namjoon, su compañero de habitación.

      —¿Cómo vas a amarla si no la conoces?

      —¡Claro que la conozco!

      Namjoon se frotó la frente, luciendo cansado.

      —No la conoces. Has hablado con ella como dos veces. La primera para pedirle la hora y la segunda para preguntar si no te dejaba el café en descuento.

      Hoseok torció el gesto, frunciendo los labios en capullo.

      —Entonces, no necesito conocerla para amarla.

      —De hecho, sí. Sí tienes que hacerlo. Ese es el punto, ¿sabes?

      No. No lo sabía y ¿siendo sincero? Tampoco le interesaba mucho.

      A Hoseok le habían dicho que el amor era como el mar. Y como él no sabía nadar, se compró un salvavidas en forma de flor y caminó hasta su trabajo.

      —Buenos días, ¿en qué puedo servir? —Sonrió. Derramando chocolate y tal vez granos de café.

      Hoseok apretó la flor en sus manos. Se suponía que iba a decir algo... Pero no se acordaba.

      ¿Qué iba a decir?

      —¿Sí...? —Lo animó, al ver qué no conseguía su voz.

      Palabras. Palabras. ¿Cómo es que uno las usaba?

      En lo que pudo ser la movida más vergonzosa de sus veintiún años de vida, Hoseok le extendió la flor. Mallugada, porque la había estado apretando sin querer.

      Farfullando preguntas que estaba seguro, ella ni había entendido.

      Lo miró por un segundo. Con la expresión incrédula. Evaluando sí echarlo o creerle, ¿o tal vez reírse? A lo mejor las tres.

      A Hoseok le habían dicho que el amor era como el mar. Pero él pensaba que era más bien como el cielo. Como el aire. Intocable. Ligero y pesado al mismo tiempo. Un salto de fe al vacío. Azul bebé. Gris lluvia y blanco nube. Negro y vasto como la noche.

      Como el asombro impreso en sus facciones.

      —¿Que tú qué?

      —Quiero conocerte —respondió Hoseok.

      —¿Por qué? —Frunció el ceño, aceptando la flor.

      Ay, cómo era de bonita.

      Hoseok se encogió de hombros.

      —La gente se conoce todos los días, ¿por qué tú y yo no?

      Ella ladeó la cabeza, ponderando sus palabras.

      —¿Y si yo no quiero?

      —Entonces seguiremos siendo extraños.

      —¿Eres de esas personas que creen en el amor a primera vista o algo así?

      —No —dijo de inmediato—. Pero yo creo que el amor no tiene por qué categorizarse. A primera vista, después de diez años, mañana, ayer, tú, yo, cómo, cuándo, quién. Realmente no importa, ¿sabes?

       Ella apoyó el mentón en la barbilla. El café, muy bullicioso la mayoría del tiempo, había caído en el letargo de la hora muerta.

      —¿Y qué importa entonces?
Hoseok sonrió.

      —Que yo pienso que conocerte debe ser maravilloso.

      —¿Y si no lo es? ¿Y si quién crees que soy, no es lo que soy realmente?

      —Pues tendré que estar muy pendiente. ¿Qué tanto se conoce del océano?

      —Dicen que menos del veinte por ciento.

      —A mí me dijo alguien un día que el amor era como el mar. ¿Tú sabes nadar?

      Ella soltó una risita, ocultándola con la palma de la mano.

      —Para nada.

      Sentía las mejillas encalambradas. Sonreír tanto no es fácil.

      —Yo creo que le tengo pánico al agua. Por eso digo que el amor es como el cielo. Igual de grande. Igual de peligroso. ¿A cuanta altura están las nubes?

      —Demasiado alto sí piensas en lanzarte... —Con dedos como arañas, ella empezó a jugar con uno de los tirantes del delantal—. Muy bonito todo eso que dices, pero no cambia el hecho de que tal vez te guste más la idea de mí, que yo misma.

      —Entonces déjame conocerte —La miró con toda la sinceridad que consiguió reunir.

      Namjoon se estaría burlando de él, diciéndole que estaba siendo ingenuo. Hoseok tal vez no la amara todavía, pero algo le decía que podía hacerlo. Algo dentro de él, allí escondido entre costillas y pulmones. Tal vez lo que se hubiese comprado mejor era un paracaídas.

      —Seamos amigos, mi nombre es Hoseok.

      —¿Seguro no crees en el amor a primera vista? —preguntó, sonriendo mientras le estrechaba la mano.

      —Ni un poco.

      —Es una lástima...

      Ella soltó su mano y de su delantal sacó una libretita de notas y un bolígrafo.

      —¿Y eso por qué?

      Alzó la vista de lo que escribía. En sus ojos bailaba la diversión. Al enderezarse, puso el trozo de papel delante de él.

      —Pues porque yo sí.

      Cuando Hoseok llegó a casa, lo hizo como caminando en una nube. Con un número garabateado en tinta azul.

      La chica que le gustaba, gustaba también de él.

      Le habían dicho que el amor era como el mar. A Hoseok le daba miedo el agua. Pero el mar es desconocido y a lo desconocido él no le tenía miedo. Para amar no hay que conocer.

      Lo que pasa es que al conocer, se aprende a amar.

 

 

Fin.