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Jugando a Ganar

Summary:

Debería haber sabido que no podía ganar jugando con sus reglas.

 

ChaebolAU

Notes:

Para Akire. Quien siempre me escucha y tiene meñiques de hada.

Work Text:

 

 

      Namjoon aparentemente no sabía qué hacer de cara con mi destrucción. No pensaba ayudarlo en ningún futuro cercano. Desde la silla de la sala lo observé tranquilamente.

      —¿Qué está mal contigo? —preguntó.

      Contaba los segundos que le tomaría empezar a desmoronarse. Quería verlo ahogarse como tonto en este vaso de agua.

      Mi marido no era un tonto, pero conmigo andaban muchísimas cosas mal. Por supuesto que sí. Me gustaba pensar que era un desastre. Como el cuarto de un artista adolescente. Pintura en todas partes; estética rota en pensamientos de angustia, adicción a la aflicción autoimpuesta. No pretendía ser la mujer perfecta ni mucho menos el receptáculo de la pulcritud. Tenía mucho de huracán, un poquito de terremoto y espolvoreado como azúcar de panadería, una tendencia nata a dejarme llevar por la corriente. Nunca me gustó la vida acartonada de los negocios y las cifras, lo mío era el orden del caos.

      Namjoon no podía ser más diferente a mí. Caminando de un lado a otro en la sala, con el impecable cabello gris acero vuelto un nido de desesperación. El carísimo traje arrugado. Recuerdo haber pasado treinta minutos diciendole a la mujer de limpieza que se asegurara de no dejar ni una arruga mientras lo planchaba esa mañana. 

      Imaginé que recogía la chaqueta que había tirado al piso, y con el mechero de la cocina hacía que el fuego bailara sobre Hugo Boss. Casi me levanto para hacerlo, pero Namjoon dijo:

      —No puedo más. No puedo. —Se tiró al sillón. Luciendo cada minuto de sus años de vida pintados en el rostro. Yo habría puesto allí colores más amables, le habría dicho al reloj que se detuviera, pero eso lo habría hecho antes de saber lo que ahora sabía.

      —¿Con qué no puedes? —La voz se arrastró fuera de mi garganta como el siseo de una serpiente, empalagosamente dulce de veneno.

      —¿Y todavía lo preguntas? —Dejó escapar una risa ahogada. 

      Inestable. Maniática. Como él en tiempos de baja en la producción.

      —¿Es que acaso no te gusta como redecoré la sala, Joonie? Y pensar que me pasé en esto toda la tarde.

      Con los labios repitió mis palabras: «redecorar». Así es como había bautizado al pandemonio que solté en nuestra casa. No había un sólo adorno que no estuviese destrozado. Las fotos de nuestra boda habían hecho de un papelillo fenomenal. Los trocitos de imagen en donde se apreciaban las flores de mi ramo, lo pintaban todo de rojo fuego. Porque a mí las flores siempre me habían gustado así, violentas. 

      Quería explotar, pero en su lugar me arranqué el anillo del dedo y lo lancé junto con los restos de nuestro matrimonio. Años en los cuales lo amé. Años en los cuales Namjoon recogía las ganancias de lo que había invertido al casarse conmigo.

      —Sabes, cuando me dijeron que me ibas a pedir la mano, no lo creí. —Caminé al gabinete y saqué el vino que guardábamos para beber en año nuevo. Di un buen trago directo de la botella—. Me reí tanto que me caí de la silla. Me lastime el codo y me rompí un tacón. ¿Tú te imaginas? El heredero de Industrias Kim queriendo casarse conmigo. Ay..., que deliro. Namjoon, el que no me hablaba en las reuniones de sociedad cuando niño, quería casarse conmigo. Razón tenía para reírme hasta llorar.

      —¿De qué estás hablando? —preguntó, buscando con la mirada el anillo y a la valiosísima piedra adherida a este.

      Detestaba el anillo y lo detestaba a él.

      —Estoy hablando de que sé que planeas divorciarte de mí, cuando te sientes en la silla grande y yo aún no te haya dado un hijo. El hijo que en todos estos años he sido incapaz de darte. —Le di vueltas al vino en la botella, observando la tormenta roja allí adentro—. Qué decepción para tu padre. No se hace más joven y lo único que te pide es un nieto para la herencia… —Sonreí—. Dime, querido, ¿pensabas contármelo antes o después de que fueras nombrado presidente ejecutivo?

      Namjoon, genio joven, carismático, todo por el fin Namjoon, se quedó con la mandíbula tan desplegada que era probable que si empujaba un poco más hacia abajo, se le separara por completo del rostro.

      —Puedo explicarlo...

      —Ni te molestes —lo corté, moviendo la mano que no sostenía la botella en su dirección—. Yo te conozco. Sé que es cierto, así como sé que si te pregunto en este instante cuáles son mis flores favoritas, no podrías responderme...

      —Margaritas —dijo, con toda la confianza de un hombre que sabe que nunca se equivoca. 

      Ni por un segundo dudé de que estuviera hecho para mandar. Era su lugar estar arriba. 

      Pero mi lugar no estaba a su lado.

      —Tulipanes, Namjoon. Las que pongo en todas partes cada aniversario, cumpleaños, promoción o sólo porque me da la gana: tulipanes.

      El rostro de mi marido se encendió.

      Durante un momento, ambos nos quemamos en el vino.

      Luego suspiró, pasando una delicada mano por los ojos. 

       Quitándose la máscara que llevaba con tanta naturalidad, quedando desnudo frente a mi incapacidad de ganar en un juego con sus reglas.

      —Se suponía que nunca debías enterarte —dijo, tomando la botella y solo soltándola cuando quedaban dos dedos para vaciarse—. Se suponía que si no llegábamos a tener niños, serías tú quien pidiera el divorcio.

      —¿Y cuál sería la razón?

      Namjoon se encogió de hombros.

      —Ambos sabíamos que esto era conveniencia. Esperaba que te enamorases de alguien mientras a mí me ascendían.

      Solté una carcajada amarga.

      —Para que pudieras librarte de mí sin ser el malo del cuento.

      —No me hagas tu villano.

      —Yo no soy quien lleva planeando nuestra separación desde el día de la boda. Quiero saber una cosa, Namjoon. Los años que estuvimos juntos, ¿significaron algo para ti, o sólo fue trabajo fuera de la oficina? —Vacilé para decir lo siguiente, pero el alcohol ya había inhibido la mayoría de mis complejos—. ¿Acaso no llegaste a amarme ni un poco?

      Guardó silencio.

      Ah, claro.

      ¿Por qué pensé que sería diferente?

      Namjoon no hacía ninguna movida que no hubiese planeado tres jugadas atrás. No hacía amigos que no le generaran ganancia e intereses. Cuando mi madre me dijo que me casaría con el heredero de Industrias Kim, sabía que en la mesa estaba la estabilidad económica de nuestros negocios por lo que nos restara de vida. 

      Acepté, pensando que al igual que mis padres, encontraría el amor en la letra pequeña del contrato. Debí saber que a Namjoon, todo por el fin Namjoon, poco le importaría si lo amaba o no.

      Terminé de vaciar la botella y la estrellé contra la pared más cercana. Los trozos de cristal pintado volaron en una lluvia tóxica. Tintineando una canción de pesares. La letra pequeña sin leer de un contrato al que le faltaba una firma.

      —Deberías considerar invertir en un corazón. Porque la piedra que tienes en el pecho va a terminar siendo tu ruina.

 

 

 

 

 

 

Fin.