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Kirishima miró su reflejo en el baño de su pequeño piso, frotando el gel en sus manos para realizar las típicas puntas de su cabello rojizo. Había adoptado ese nuevo peinado luego de graduarse de Yuuei, una escuela preparatorio común y corriente de su país natal; Japón. No quería ser reconocido como el viejo él, quien tenía miedo y no podía actuar bajo la presión. Una de las primeras cosas que hizo al llegar a Corea fue teñirse el cabello y cambiarse el peinado, tanto así que sus amigos no lo reconocían en las fotos.
—Hoy es el día... ¡No falles, Eijirou! —se dio ánimos frente al espejo, levantando sus hombros para mejorar su postura.
Jamás habría creído, hace algunos años, que se encontraría por ir a la universidad de sus sueños para seguir su vocación al arte. Él ni nadie, estaba seguro de que los pensamientos de su madre eran parecidos a los que él mismo tenía sobre ello. "Es una locura", "Volverá en poco tiempo". No podía negar que una parte de él no creía en sí mismo, era algo bastante común y que tenía bien asumido. Su autoestima no era el mejor, desde pequeño había desconfiado de sus habilidades en todos los aspectos posibles.
Pero por primera vez Kirishima estaba seguro de que podría lograrse lo que se propusiera. Lo sintió cuando toco el suelo de Seúl por primera vez, luego de unas horas de viaje en avión. Sintió en la punta de sus dedos la adrenalina de crecer, pasar de ser niño a un adulto hecho y derecho. Claramente no había sido fácil conseguirse un lugar en una ciudad tan cara; había vendido casi todas sus cosas, trabajo duro en el verano y aún le faltaba conseguir un trabajo de medio tiempo estable. Gracias a su profesor, Toshinori, quien tenía un amigo en la ciudad asiática, había conseguido un trabajo como mesero y lavaplatos en un pequeño local de fideos caseros. No era lo mejor, y la paga apenas la alcanzaba, pero era mejor que vivir en la calle o de préstamos.
Abrió la puerta y vio el cielo, totalmente nublado. El frío le calaba los huesos, haciéndolo temblar. Aún quedaban vestigios del verano, pero a esas horas de la mañana no esperaba otro clima que uno de ese calibre. Probablemente hiciesen unos buenos 15 grados, pero el no soportaba las bajas temperaturas. Se acomodó la sudadera mientras caminaba por la calle bastante vacía, debido a la zona donde se encontraba. Había tenido que alquilar lejos del centro, lo que le daba una hora de viaje extra a la escuela en tren. No era una molestia para Eijirou, ya que le gustaba andar en transporte público, escuchando música o preparando alguna coreografía mental.
Porque si, el sueño de Kirishima Eijirou era ser un bailarín profesional, puntualmente de danza contemporánea. No había mejor escuela para ello que la Universidad de Artes de Seúl, donde en apenas 40 minutos tendría su primera clase, no recordaba bien cual ni en qué salón. Sacó el celular para buscar entre sus notas, pero no encontró nada. La galería, lo mismo, nada. Bufó decepcionado de sí mismo, dándose cuenta que ya estaba comenzando a tener error tras error. No podía evitar tener un bajón emocional, el cual evitó al instante; tenía que mantenerse firme, o todo se derrumbaría.
Cuando el anunciante del tren mencionó su distrito, se bajó rápidamente para buscar un mapa que tuviese indicaciones en inglés. Entendía el coreano a un nivel medio, pero el hangul era difícil de leer por su costumbre a los kanjis. Luego de unos minutos logró ubicarse y dirigirse a la gran universidad, la cual ocupaba una manzana o incluso más espacio. Sus ojos se quedaron como platos al ver a todas esas personas entrar y salir, con estilos y ropajes tan diferentes. ¡No podía cerrar la boca del asombro! Tragó saliva y dio un paso adelante, y sucesivamente terminó en la recepción.
—Buenos días. ¿Puedo ayudarle con algo? —la secretaría debía tener la edad de su madre, usaba el cabello por los hombros y tenía una sonrisa amable. Se sintió cálida su pregunta.
—Mi nombre es Kirishima Eijirou, soy del departamento de Baile Contemporáneo, y no se donde es mi clase. Comienza en 5 minutos.
La mujer negó con la cabeza, buscando algo en el computador de escritorio. Tecleaba rápidamente, como si fuese experta en ayudar niños tontos como el. Se asustó cuando el fax y la impresora hicieron ruido al mismo tiempo, pero ella rápidamente acomodó los papeles en donde él suponía debían ir. Uno de ellos fue a su mano, mientras ella marcaba con rojo algunas palabras.
—Ese es tu horario, no lo pierda señor Kirishima. Piso 2, Sala Este, Aula 76. Tiene clase de Coreografía, apurese o no llegará a tiempo.
Rápidamente el más joven dedicó una reverencia en ángulo recto, corriendo por el pasillo para ir a su clase. Si solamente en el segundo piso ya habían más de 70 aulas, no sabía si llegaría a tiempo a esa clase. Puso su mano para detener el elevador, escuchando quejidos y risas de los que estaban dentro. Vio que alguien iba también al mismo piso que él, debido a que este estaba en rojo, así que se dedicó a tomar aire mientras esperaba. El elevador estuvo a punto de empezar su recorrido, pero otra mano lo detuvo.
—¡Bakugou, llegas tarde! Otra vez. —reconoció el japonés al instante, la voz masculina que lo portaba sonaba burlona.
—¡Cállate, pikachu de mierda!
Subió su mirada para encontrarse con quien, sino era el hombre más masculino que jamás había visto, entraba en el top 10. Tenía el cabello desaliñado, de un color cenizo, y una mirada penetrante de color rojo. Tragó saliva, haciendo espacio para que por fin el aparato comience a subir. El chico, al parecer llamado Bakugou, y Eijirou no cruzaron miradas, ya que el primero se dedicaba a discutir con quien parecía ser su amigo cercano. Algunas personas bajaron en el primer piso, pero ninguno de los 3 japoneses parecía tener destino allí. El ascensor volvió a cerrarse, esta vez para ir al segundo piso. Kirishima no volteó a ver a los dos chicos, ya que cuando llegaron al segundo piso, sus pies se movieron rápidamente hacia la derecha, buscando el aula 76.
Abrió la puerta a las 8 en punto, viendo como la figura de la profesora pasaba detrás de él. Había llegado a tiempo por apenas unos segundos, por lo que rápidamente buscó un asiento libre. Consiguió uno en el centro, un poco orientado hacia el lado izquierdo del salón. La mujer comenzó a preguntar por los apellidos, hasta que uno llamó la atención del pelirrojo.
—Bakugou. —bramó, pero no recibió respuesta.— ¿Katsuki Bakugou?
El mencionado abrió la puerta violentamente, y fue quien Eijirou supuso que era. Katsuki hizo una reverencia, disculpándose por su tardanza mientras ocupada uno de los primeros asientos. No fingió sorpresa, no esperaba con alguien con esa actitud fuese un estudiante de baile. ¿Haría hip-hop o algo por el estilo? Los piercing que decoraban sus orejas, y la vestimenta negra no le orientaban a otra suposición. Tenía varias dudas, decidió dejarlas de lado para mantener atención a la clase. La mujer se presentó como Seulgi, la que sería su maestra de primer año de Coreografía durante ese semestre. Les enseño algunas cosas básicas, y les dijo que era clave tomar notas y prestar atención.
—Por ahora, quiero ver a qué departamento pertenece cada uno. Lo veremos al azar, empezando por... —hizo un pausa, usando su bolígrafo para señalar a Kirishima.— Tú.
Sintió un escalofrío recorrerle la espalda, mientras se rascaba la nuca algo nervioso. Comenzó a sentir las miradas de sus compañeros, pero se recuperó de la ansiedad rápidamente y respondió con naturalidad.
—Kirishima Eijirou, soy del departamento de danza contemporánea.
Los susurros empezaron, pero rápidamente la maestra cerró su puño en el aire para pedir silencio y pasar al siguiente alumno. Llegó el turno de Bakugou, quien respondió por lo bajo. La mujer se acercó al pupitre, golpeando este con su mano.
—¿Podrías repetirme, joven Bakugou?
—¡Danza clásica!
Hubo un silencio sepulcral, hasta que todo el mundo comenzó a reír. El pelirrojo, si tuviera que admitirlo, tuvo que contener la risa al imaginarse al chico con esa apariencia masculina y actitud violenta bailando alguna pieza del Cascanueces o El Lago de los Cisnes, pero al ver su cara de fastidio intentó no ser muy obvio. La profesora se alejó, señalando a otro alumno para seguir con las presentaciones. Eran aproximadamente 20 alumnos, aunque ella decía que había algunos ausentes, y que la mitad no pasaría el curso ese año. Sin duda una mujer intensa, pensó Kirishima.
Quedaban unos 20 minutos, demasiado tiempo, y todos habían terminado sus presentaciones. La profesional comenzó a buscar en su mochila, encontrando lo que parecía ser un amplificador de sonido. Lo puso sobre la mesa y señaló a un alumno, Todoroki Shoto, si no se equivocaba.
—Todoroki, elige una canción y baila. Si tienes alguna coreografía sería perfecto, pero puede ser estilo libre.
El chico se levantó, aunque su nombre era japonés su coreano era perfecto, así que suponía que era casi nativo del último país. Comenzó a sonar el jazz, y los pies del chico se comenzaron a mover con gracia y precisión. Obviamente eso era una coreografía pre hecha, porque la decisión con la que sus pies daban cada paso era demasiada para una improvisación del momento. Su minuto terminó y él se encontraba con ambos brazos en el aire, recibiendo un aplauso de la mujer mientras llamaba otro alumno a mostrarse. Y así hizo con todos. El pelirrojo tuvo su turno, donde decidió poner una canción de uno de sus artistas favoritos, Crimson Riot, quien aunque tenía un nombre bastante potente, hacía música rnb.
Sus pies se movilizaron solos, y la soltura con la que movía su cuerpo era envidiable. Cada paso que daba era decidido, aunque un poco torpe debido a la improvisación. Sentía la mirada de todos en su espalda, pero decidió terminar en esa posición. Todos aplaudieron, dejando en él una sensación amable y reconfortante.
—Bakugou, espero no tener que pedirte dos veces que pases.
El chico se levantó, quitándose los zapatos mientras se ponía los de baile. Le dio algunas indicaciones a la mujer, la que se vio sorprendida, pero busco algo en su celular y dio al botón de comenzar. Le daba vergüenza admitir que no conocía la canción, pero se le erizo la piel de solo ver la mirada del chico frente a él. De alguna forma, sus movimientos eran suaves y delicados, como si estuviera acunando un bebé al ritmo de los instrumentos de fondo. Sus saltos eran pequeños debido al poco espacio, pero eran perfectos y coordinados. La mujer, que él suponía que era una profesional, estaba casi igual de embelesada que el propio pelirrojo. Cuando la pieza terminó, hubo otro silencio antes de que empezaran los aplausos.
Sin embargo, Kirishima no pudo aplaudir. Sentía que en esa habitación solo estaban él y el chico de cabello cenizo, Katsuki Bakugou.
Debía conocer a ese chico a como diese lugar.
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¡Buenas noches! :D soy yo, y pues,,, este es mi primer fanfiction publicado en esta cuenta, y este gran ship (kiribaku). Me gusta mucho la idea de Bakugou bailando danza clásica, como dejando de lado su masculinidad frágil. ¡Kirishima bailarín también me gusta mucho! En realidad, la idea está ligeramente basada en algunos AU de tumblr (aunque estos son de breakdance).
¡Espero que disfruten mucho! uvu
