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Starman

Summary:

"Hay un hombre estrella esperando en el cielo, le gustaría venir a conocernos. Pero tiene miedo de asustarnos."
Escrito para la Jotakak 2020.

Notes:

Día 4: Admirando las estrellas.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Noriaki Kakyoin podía describir su vida en una sola palabra: aburrida. Su rutina se reducía a ir al colegio, regresar y encerrarse en su habitación. No tenía amigos y procuraba tener el menor intercambio de palabras con sus padres, no los odiaba, simplemente no se sentía cómodo con ellos y su entrometida forma de ser.

Sabía que querían lo mejor para él y lo apreciaba, pero no podía corresponder a ese asfixiante cariño. Su pasatiempo favorito era mirar las estrellas, con sus ahorros de toda la vida había comprado un telescopio profesional, que le permitía mirar las hermosas  constelaciones noche tras noche.

Vivía en el ático de su hogar, donde por la pequeña ventana su telescopio apuntaba al cielo, enfocando a Sagitario. La radio transmitía alguna canción de rock que él cantaba en voz baja mientras admiraba el firmamento.

Las estrellas, resplandecientes y hermosas le llevaban a crear teorías más allá de las que la ciencia decía. ¿Y sí eran las almas de las personas que habían muerto? También imaginaba los relatos de Ptolomeo y la mitología griega.

Hoy era una de las noches más hermosas que Kakyoin había contemplado, las estrellas brillaban más que nunca y el cielo estaba completamente despejado. La estrella de Júpiter era visible esta noche y él le enfocaba.

En lo alto, él pudo ver la silueta de un hombre sentado en una estrella. ¿Estaba alucinando?

El hombre en la estrella movía sus pies suavemente, se encontraba mirando hacia abajo sus cabellos negros se balanceaban lentamente y una leve sonrisa adornaba su pálido rostro.

Kakyoin, aún demasiado sorprendido, dejó el telescopio en su lugar y se fue a dormir tal vez todo estaba en su imaginación, mañana descubriría si ese hombre seguía ahí.

Al día siguiente, Kakyoin puntualmente esperaba el anochecer. Las estrellas comenzaban a mostrarse en el cielo, la luna en cuarto menguante le sonreía desde arriba.

Buscando entre las nubes, mirando constelaciones y haciendo anotaciones de nuevos detalles que descubría pasó alrededor de dos horas mirando la noche. David Bowie sonaba a un volumen bajo en su habitación, tarareando levemente la letra miró por su ventana. Su casa se encontraba en una región alejada de la ciudad, cercana al bosque por esa razón le era tan sencillo contemplar las estrellas correctamente, mirando a los árboles notó como algo pareció resplandecer entre ellos.

Prestando atención a aquello que parecía esconderse entre los árboles el pelirrojo observó aquel resplandor hasta que pudo diferenciar qué era.

Era el mismo chico que estaba sentado en la estrella. Pero, ¿Cómo era posible?

Mirando a aquel que parecía desubicado, decidió salir a conocerle tenía curiosidad sobre quién era y no podía perder la oportunidad. Salió de su casa, cuidando no hacer ruido, y corriendo hacia el bosque se encontró con el hombre estrella.

Era alto, sus ojos eran celestes pero le miraban con sospecha, su piel era pálida como quien nunca recibe la luz solar, sus rasgos faciales bien definidos. Una gorra escondía los rizos oscuros que él había visto la noche anterior.

—Hola, soy Kakyoin.— Decidió presentarse, pues no quería asustarle.

—Soy Jotaro, espero no haberte asustado.— Saludo con voz trémula.

—¿Cómo llegaste aquí?— Preguntó el pelirrojo, la leve luz blanquecina que rodeaba el pelinegro iluminaba a su alrededor.

—Caí con el polvo de estrellas. Una vez al año puedo bajar para ver el mundo.— Explicó.

—¿Por qué viniste conmigo?— Hizo esa pregunta arriesgándose a quedar en ridículo, nada le garantizaba que el pelinegro estuviera ahí por él.

—He notado que todas las noches miras al cielo, me pareció interesante y quería preguntar el motivo.— El pelirrojo estaba confundido.

—¿Por qué? Podrías ir a cualquier lugar en vez de estar aquí conmigo.— El pelirrojo realmente no comprendía lo que estaba pasando.

—Sabía que no te asustarías al verme, por eso vine contigo. Todos los humanos con los que he intentado interactuar se asustan y corren despavoridos.— Kakyoin reconoció que Jotaro tenía un punto. Dejando su sorpresa de lado, decidió que quería conocer al pelinegro.

—Creo que entiendo lo de ser considerado raro. Pero bueno, ¿Quieres pasear un rato?— Kakyoin estaba completamente seguro de comprender lo que se sentía ser tratado como un bicho raro, lo menos que podía hacer era que Jotaro no se sintiera así.

—Uh... Claro, pero hay algo que quiero preguntar primero.—

—¿Qué sucede?— Por un segundo, Noriaki temió haber dicho algo fuera de lugar.

—¿En qué año estamos?— El pelinegro parecía genuinamente confundido sobre la época.

—Es 1988, y estamos en Japón.— Contestó, sabía que lo último no lo había preguntado, pero previó que lo haría. El pelinegro asintió y comenzó a caminar.

—Espera, ¿A dónde vas?— Le alcanzó trotando.

—Dijiste que diéramos un paseo.— Ah, era cierto.

Comenzaron a caminar entre los árboles, el pelinegro tocaba suavemente los troncos de estos, probando la textura entre sus manos. Miraba con asombro las hojas tiradas y jugueteaba con ellas entre sus manos.

Kakyoin decidió que era tierno.

—Entonces, ¿Al amanecer tendrás que irte?—

—Así es, si se me permite bajar es porque mi madre es buena. Pero yo no debería estar aquí.— El pelirrojo se sentó en la hierba, le hizo una seña al pelinegro para que se sentara junto a él.

Tomando asiento, ambos miraron hacia el cielo. Había nubosidad, pero aún así las estrellas eran perceptibles.

—¿Por qué no deberías estar aquí?— Kakyoin sentía que estaba siendo demasiado entrometido, pero no podía evitar preguntar.

—Los humanos son muy fáciles de asustar, sus cabezas "explotan" cuando me ven o cuando ven a alguien de mi familia. Los Joestar tenemos esa maldición, podemos observar pero no convivir.—

—Pero ahora tú y yo estamos conviviendo, y no me he asustado. No todos los humanos somos iguales. Mi cabeza no va a "explotar" puedes venir conmigo cada vez que puedas bajar, te contaré todo lo que suceda en el mundo.— Jotaro sonrió, su mano tomó repentinamente la suya, Kakyoin sintió su respiración cortarse.

—He visto que algunos humanos hacen esto para expresar agradecimiento, nunca lo había hecho ¿Está bien así?— Kakyoin sonrió, la ingenuidad del pelinegro era genuina y él se enterneció. Tal vez había malinterpretado el hecho de tomarse las manos, pero él no iba a alejarse.

—Sí, así está bien.—

El toque en su mano era suave, cálido y sentía como en su interior pequeñas chispas explotaban en su estómago enviándole una alegría inexplicable. Permanecieron observando las estrellas, la noción del tiempo había dejado de importar, aunque sólo fuera por una noche, Kakyoin sintió la felicidad que creía olvidada.

—¿Por qué miras al cielo todas las noches?— El pelinegro rompió el silencio.

—Las estrellas me parecen la cosa más hermosa del universo, esconden tantos secretos y misterios que tomaría cientos de años descubrir. Huyo de mi aburrida vida al imaginar tales historias, es todo.—Explicó, Jotaro asintió levemente.

—Esa de allá, es la estrella de mi madre, Holy. Ustedes la conocen como Pólux.— Kakyoin escuchó con atención las palabras del pelinegro, era una oportunidad única y además su voz era hipnotizante. Le cautivó por completo.

—¿Y esa de allá?— Señaló a Próxima Centauri.

—Ese es Josuke, se podría decir que es mi tío. Es una historia extraña.— Noriaki rió por la situación. Jotaro volteó a verle.

—Eres un hombre que bajó de una estrella, no creo que haya visto algo más bizarro que eso.— Resoplando una risa el pelinegro asintió.

—Tienes un punto, lo admito.— Noriaki sonrió orgulloso.

—Esa estrella de allá es Joseph mi abuelo y a su lado está Caesar, su amado. Aquí les conocen como Sirio.— Notando la peculiaridad de que uno de ellos no tenía un nombre que empezara por "Jo" habló nuevamente.

—¿Por qué Caesar no tiene un nombre con "Jo"?— Preguntó realmente curioso por la respuesta.

—Es un caso especial, mi abuelo se enamoró tan perdidamente del humano Caesar que cuando fue el tiempo para que esté muriese le rogó a Hades para que su alma permaneciera junto a él por la eternidad.—

—Eso es... Realmente romántico. Nunca imaginé que el firmamento escondiera tantos secretos. Gracias por compartirlos conmigo, lo apreció.— Dijo, y sentía genuinamente el cariño por el pelinegro quién en una noche le había cautivado por completo.

—No es nada, es agradable hablar contigo, Kakyoin.—

—Noriaki, mi nombre es Noriaki. Kakyoin es mi apellido.— Asimilando el hecho el pelinegro habló nuevamente.

—Eres agradable, Noriaki.— Los fuegos artificiales en su estómago se hicieron más intensos. Sonrió ampliamente mientras miraba a Jotaro. Sus manos no se habían soltado en ningún momento, sus mejillas cobraron un suave sonrojo.

—Noriaki, ¿Qué se siente besar a alguien?— La voz del pelinegro no tenía malicia, ni siquiera un deje de insinuación. Pero aún asi Kakyoin sintió su garganta seca.

—Uh... No sabría decirlo, jamás he besado a alguien.— Y era cierto, él ni siquiera estaba seguro de que le gustaran las chicas, por lo tanto nunca había intentado nada.

—¿Podríamos besarnos para comprobarlo?— Dijo, cuando miró, Kakyoin pudo apreciar un sonrojo en las mejillas del pelinegro. Pero estaba seguro de que las suyas estaban igual.

—Sí. Házlo.—

Y así el pelinegro había unido tímidamente sus labios tan suavemente que apenas podía sentirlo, Kakyoin tomando la iniciativa, profundizó más el beso llegando a saborear la menta en su boca. Sus movimientos eran torpes pero lo compensaban con el entusiasmo que ambos pusieron en ello.

Cuando se separaron, un hilo de saliva quedó colgando entre ellos.

—Se sintió... Bien. Hay que hacerlo de nuevo.— Jotaro dijo, y antes de procesarlo sus labios se encontraban juntos nuevamente.

Noriaki no podía decir con exactitud cuánto tiempo pasaron besándose, lo único que sabía era lo bien que se sentía y que no quería dejar de besar a Jotaro nunca.

Embelesados, ninguno de los dos notó cuando los primeros rayos de sol se asomaban en el horizonte. Cuando la luz blanca que Jotaro emitía comenzó a ser más brillante el pelinegro se veía triste.

—No quiero regresar, Jonathan es injusto, siempre sale antes de la hora que debería hacerlo.— Un suspiro salió de sus labios.

—Nos veremos aquí el año que viene, todas las noches te observaré, lo prometo.— Kakyoin habló, él tampoco deseaba separarse del pelinegro.

—Toma, es una promesa de mi parte.— Entregándole un colgante de estrella plateada.

Se besaron nuevamente, se besaron hasta que sintió el toque desaparecer de sus labios. Cuando abrió los ojos solo se encontraba un poco de polvo morado brillante.

Con lágrimas en los ojos miró al cielo, donde pudo ver a Júpiter brillar en la lejanía, apretando el collar sonrió al cielo.

—Es una promesa.— Y así, regresó a su casa donde esperaría pacientemente para volver a verle.

 

Notes:

Pólux: Es la estrella más brillante de la constelación de Géminis y la decimoséptima más brillante del cielo nocturno.

Sirio: Es una estrella binaria compuesta de dos estrellas blancas, es la más brillante de todo el cielo nocturno.

Sol: Es la estrella que se encuentra en el centro del sistema solar y constituye la mayor fuente de luz de este sistema planetario.

Proxima Centauri: Es la estrella mas cercana al sol, es una estrella enana roja la cual emite fulguraciones.

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