Work Text:
Zenitsu estaba acostumbrado a hacer poco contacto visual con Inosuke. No era como si supiera cuándo lo estaba mirando de vuelta, gracias a esa jodida cabeza de jabalí, pero prefería no arriesgarse a llamar su atención. Prefería no tener que confrontarlo ni siquiera por accidente.
Cada vez que veía a Tanjirou hablarle, o corregirle conductas incorrectas, lo admiraba, porque no tenía miedo en enfrentarlo. De hecho, pese a su voluntad y actitud calma, siempre parecía preparado para la peor respuesta.
Pero Inosuke cada vez parecía menos dispuesto a pelear con Tanjirou. En cambio, parecía que su nueva meta era buscarle pelea a él, manteniéndolo al borde de un colapso nervioso.
—¡Oye! —el grito lejano de Inosuke lo alertó, pero no alcanzó a escapar, cuando lo vio correr en su dirección y empujarlo con un cabezazo que fácil le pudo romper la espalda.
Se alejó riendo mientras Zenitsu gritaba y pedía ayuda.
Además de perseguirlo para levantarlo de los pies, o levantarlo completo y correr con él encima de los hombros, buscaba llamar su atención. Todo el día.
—¡Mira esto! —gritaba, y cuando estaba seguro de que Zenitsu lo estaba mirando, se paraba de manos, o se contorsionaba. O rompía cosas. Troncos, jarrones.
Zenitsu tenía la motricidad fina de una piedra. Si estaba subiendo la manga de su ropa, soltaba sin querer la tela y se daba un golpe en la cara. O cerraba los ojos cuando le lanzaban algo directo a la cara.
Y si, creía que Inosuke era impresionante. Todo lo que hacía era llamativo, en especial porque todo lo ejecutaba de manera perfecta.
No se lo decía, obviamente. Tenía el orgullo suficiente para tragarse cualquier halago que le quedara en la punta de la lengua al verlo. O era suicida, porque Inosuke lo atacaba si no recibía la atención esperaba. Suicida a tal punto de fingir, en ocasiones, que no lo estaba viendo, y también lo suficientemente cobarde para luego correr por su vida.
Ahora estaba escondido en la cocina mientras acompañaba a Tanjirou, que acababa de levantarse directo a comer.
Zenitsu robaba comida, también.
Pero principalmente acompañaba a su amigo.
—¿Te escondes de Inosuke? —preguntó Tanjirou de pronto, con una sonrisa honesta.
Bueno, también eso.
Zenitsu dejó de mirar hacia la puerta de la cocina para mirar a su amigo, fingiendo despreocupación.
—¿Por qué lo dices? —preguntó, ganándose una risa como respuesta. —No me deja tranquilo, Tanjirou. Anoche me sacó de la cama sólo para decirme que logró cazar sin usar las espadas.
—¿Cazar qué?
—No quise preguntar.
Volvió a reír.
—Me parece un poco lindo. —soltó, y trató de explicarse cuando vio su cara de espanto. —No creo que te esté atormentando a propósito, sino que trata de llamar tu atención.
—Lo noto, créeme. —bufó. —¿Por qué tiene que hacerlo de una forma tan…?
—¿Animal? —Tanjirou parecía estar pensando en la lógica detrás de lo que acababa de decir. —Tú tampoco estás siendo honesto. No puedes pedirle que sea directo.
—¡¿Qué?!
—Sabes lo que quiero decir.
Obviamente se refería a sus fingidos “ah, no, no estaba viendo".
—Voy a morir. —exageró. —Al menos voy a descansar de él cuando salga.
—¿Tienes un trabajo? —preguntó Tanjirou.
—Si. —lo pensó un poco mejor, y se dejó caer sobre la mesa, ocultando su rostro entre sus brazos. —Voy a morir si salgo sólo. Voy a morir de cualquier forma.
—Lo siento. Si estuviéramos mejor podríamos acompañarte.
No podía aceptar su disculpa, porque no tenía por qué disculparse. No era su culpa.
Había despertado al día siguiente de la pelea, y le dieron un resumen bastante crudo acerca de la condición del resto.
Nezuko estaba profundamente dormida, en buenas condiciones. Uzui estaba mutilado, pero consciente, y recuperándose. Tanjirou estaba inconsciente, bastante grave.
Y quien estaba peor era Inosuke. Cuando Zenitsu despertó, aún no sabían si lograría sobrevivir.
Tampoco le contó a nadie todo lo que lloró al ser el único despierto. Entraba al cuarto de cualquiera de los dos por unos minutos y lloraba horas al salir.
Tuvo que lidiar sólo con el pánico que le provocaba pensar en perderlos.
Y cuando Tanjirou despertó, pero siguió en cama descansando, Zenitsu pasó noches completas junto a Inosuke. Hasta que su estado fue estable. Sólo entonces fue capaz de descansar.
Por lo mismo, no lograba entender sus interminables intentos por volver a ponerse en peligro. Si bien ya no corría riesgo de muerte, no debería estar peleando, ni haciendo fuerza, como había estado haciendo desde que salió de la cama.
Ahora, Zenitsu debía salir sólo a pelear con un demonio, que según Shinobu, era débil.
Y por más que quisiera confiar en ella, estaba aterrado. Ni siquiera sabía cómo había logrado salir con vida tantas veces antes.
Cuando Tanjirou terminó de comer, volvió con él a los cuartos para preparar todo lo que debía llevar, recoger su espada y salir.
Y en su viaje pasaron días. Una semana. Dos. Aún no era capaz de encontrar al demonio, y las personas no tenían confianza en él, así que no lo ayudaban. Creían que delatarlo sólo los pondría en su lista de próximos a matar, obviando que Zenitsu no sería capaz de cazarlo primero.
No podía culparlos. Sabía que no transmitía ese tipo de confianza. Ni de ningún tipo.
Por una carta se enteró que Tanjirou ya había salido otra vez, pero no a luchar, sino a recuperar su espada, que nunca fue enviada de vuelta.
Sólo Tanjirou. Zenitsu asumió que Inosuke aun no estaba en condiciones. Deben haberlo amarrado para que no lo siguiera.
Sonrió con nostalgia. Ni siquiera llevaba un mes fuera y ya los extrañaba.
También llevaba horas caminando en círculos sin encontrar nada. ¿Acaso se veía como un cazador? No llevaba el uniforme. Ni siquiera llevaba a simple vista la espada.
Hablando con unos niños del pueblo la tarde anterior, le repitieron cosas que le habían escuchado a sus padres, y llegó a la conclusión de que el demonio había estado en el pueblo, pero nadie que no interactuara con él se daba cuenta hasta que se iba. Porque casi siempre se llevaba a alguien.
Un hombre decía haberlo visto, pero no quiso recibir a Zenitsu. Los mismos niños le advirtieron que era un viejo loco y que corrían más peligro con él que con un demonio.
Ya no sabía qué pensar. Si el demonio era tan débil como para recurrir al engaño, asumió que no era demasiado fuerte. Pero la astucia no debía tomarse a la ligera. Fuera cual fuera el truco, sólo significaba que debía estar mucho más alerta. No sólo a un ataque, sino también a una trampa.
Se rascó la cabeza desesperado. Quería tirarse en el suelo y recuperar sus horas de sueño. Quería terminar ese trabajo rápido, pero no tenía idea de qué más hacer para que el demonio se acercara a él. Ya resignado a que no daría con él por las suyas.
Entonces bostezó, y el eco se distorsionó en el bosque. Algo imperceptible para cualquier otra persona, pero Zenitsu supo que algo trataba de pasar desapercibido, camuflado en los sonidos que el mismo emitía al quejarse y caminar. Y luchó por no demostrar que estaba muerto de miedo. Quería mirar atrás, cerciorarse de que nadie lo seguía, sacar la espada de todos modos, aferrarse a ella y correr por si acaso.
Pero se controló. Inhaló hondo, sacudió la cabeza y se frotó los ojos con el dorso de la mano. De alguna forma, supo que lo había logrado. Había atraído al demonio hacia él.
—Zenitsu.
La voz de su abuelo lo llamó a sus espaldas, y su cuerpo se paralizó.
Y todo fue demasiado rápido como para procesarlo: supo enseguida que no era posible que su abuelo estuviera ahí, y era mucho menos probable que el demonio conociera su voz. Todo estaba en su cabeza.
¿Lo atacaría? No sabía que sospechaba de él. Tal vez esperaba que se acercara. No debería hacerlo. Pero tampoco podía darle la espalda. No sabría a lo que se enfrentaba hasta que lo viera.
Todo eso cruzó su mente en menos de un segundo, mientras sacaba su espada y volteaba.
La viva imagen de su abuelo de pie frente a él. Cambió su postura, levantó su espada y lo rebanó sin siquiera dudarlo.
La imagen pareció desvanecerse, y pudo respirar otra vez.
—No te perdonaré por eso.
Kaigaku.
Volteó, en guardia, pero no lo suficiente rápido, y un golpe de puño le hizo voltear y caer de boca contra el suelo. Todo el aire en sus pulmones volvió a irse cuando su estómago chocó contra un tronco.
Las cosas dieron un vuelco un poco desalentador, lo admitía.
Pero ahora sabía hacia donde mirar, y decidió no perderlo de vista.
Al ponerse de pie, la risa de su hermano le hizo querer hacerse un ovillo en el suelo. Pero por más que la persona frente a él luciera igual a Kaigaku, sabía que no lo era, al igual que Zenitsu no era la misma persona que se dejaba atormentar por él.
—Prueba otra vez. —lo retó, cayendo en su juego sin darse cuenta.
Pero aquella no era una pelea familiar. Y lo comprobó cuando la ilusión parpadeó, y una mano que definitivamente no pertenecía a un ser humano se asomó por su costado derecho.
La cortó, en un pestañeo, y otra mano apareció encima de él, y al ver sus garras tuvo que ahogar un grito.
Lo siguiente que sintió fue un impacto bruto que lo hizo caer dos metros lejos del demonio, y al tratar de levantarse para pelear, el peso de un cuerpo sobre él se lo impidió.
Fue capaz de darle un vistazo antes de que se levantara, y reconoció la horrenda máscara de Inosuke mientras se alejaba, y estaba seguro de que nunca estuvo más feliz de ver a alguien.
—¡Inosuke! —gritó. Porque era todo lo que tenía en mente.
—No te atrevas a dormirte ahora. Mírame. —ordenó.
Quiso llorar. Asintió con la cabeza, sabiendo que Inosuke no miraba en su dirección sino al demonio, y se arrastró para rodearlo.
Cuando el demonio dejó de verlo y en cambio fijó su vista en Inosuke, Zenitsu pudo verlo en realidad. El color rojo oscuro en su piel, el mismo que vio en sus manos segundos antes, cubría todo su cuerpo. Sus brazos parecían alargarse y acortarse en todo momento, al igual que su rostro no mantenía las mismas facciones por más que segundos.
Zenitsu quebró una rama bajo su peso, y el demonio volteó a verlo. Y Zenitsu vio por ese instante el rostro de Kaigaku otra vez.
Su vista volvió a Inosuke, que parecía paralizado también, y ni siquiera levantaba sus espadas.
Se preguntó su sería buena idea gritarle que no era real. No tenía idea de lo que estaba viendo, pero estaba seguro de que Inosuke no se lo estaba creyendo. En ese sentido, sus instintos eran bastante confiables.
¿Por qué lucía tan confundido, entonces?
Quería disculparse desde ya por ocupar su distracción para quitarle el momento de gloria, pero no esperaría a saber qué más podía hacer el demonio para meterse en sus mentes.
—¡Agáchate! —gritó, e Inosuke leyó sus intenciones antes de hacerle caso.
Zenitsu hizo girar su espada a la velocidad que cae una guillotina, y vio su cabeza caer frente a sus pies antes de que su cuerpo cayera de rodillas.
Ni siquiera sintió que había dado pelea al dar el último golpe por la espalda, pero sólo quería terminar con eso y volver. No era el momento para ser honrados, y menos en contra de algo que peleaba de forma tan sucia.
Inosuke se incorporó, le dio la espalda y se fue caminando a paso rápido en dirección al pueblo.
¡¿Estaba molesto?! No tenía ánimo de correr detrás de él, pero ahí estaba, tratando de alcanzarlo de todos modos.
Maldición, estaba tan feliz de verlo…
Su visión se hizo borrosa, y sus pies comenzaron a arrastrar en lugar de dar los pasos de manera correcta. El dolor abdominal que sentía se incrementó, y llevó su mano a su estómago de manera inconsciente.
Cuando bajó la vista y miró su palma cubierta de sangre cayó en cuenta de lo que había pasado.
Mierda.
—Inosuke. —llamó en apenas un susurro. Su intención era avisarle, pero su cuerpo se desvaneció, y lo último que alcanzó a ver fue a Inosuke lanzándose frente a él para sostenerlo.
Sus recuerdos de sus últimos momentos consciente se mezclaron y estaba tan confundido al despertar que dudó incluso del lugar en el que estaba. ¿Acababa de ver a Inosuke, Kaigaku y su abuelo? Eso o se había vuelto completamente loco.
Se incorporó, haciendo una mueca de dolor al sentir la presión que las vendas hacían contra su abdomen.
Inosuke sujetó una de sus espadas con fuerza cuando Zenitsu se movió, y la dejó al notar que estaba despierto.
—Lo siento. —fue lo primero que dijo, y recordó que Inosuke estaba molesto antes de que perdiera la conciencia. —¿Te enviaron por mi?
Inosuke ni siquiera se quitaba la máscara al dormir, y fue sorpresivo para Zenitsu verlo quitársela ahora. En especial por la expresión vulnerable en su cara.
—No. —respondió, sujetando su máscara con ambas manos y fijando su vista en ella.
O sea escapó sin estar recuperado por completo. Era imposible adivinar si estaba sintiendo dolor o no en ese momento. No estaba acostumbrado a ninguna de sus expresiones, y le estaba resultado extremadamente difícil leerlo.
—¿Estás molesto? —preguntó. Nada perdía descartándolo.
—¡Vine a salvarte y me terminaste salvando a mi! —se quejó.
—Si me salvaste. —cedió Zenitsu, sonriendo, pero su rostro seguía sin lucir molesto, y en cambio su expresión seguía siendo algo triste. —¿Qué viste?
Los ojos de Inosuke se encontraron por primera vez con los suyos, y Zenitsu distinguió algo de miedo. Jamás lo había visto poner una expresión como esa antes.
—Una mujer. —fue todo lo que dijo.
—¿Conocida? —preguntó. Él había visto a su familia, pero no tenía idea de si Inosuke alguna vez tuvo algo como eso.
—No. —respondió, con el ceño fruncido. Estaba confundido, pero no mentía. Zenitsu sí estaba seguro de eso.
Vio una mujer, desconocida, que no fue capaz de cortar. Y Zenitsu no dudó ni un segundo en cortar a su propio abuelo.
Tenía tantas preguntas que quería hacerle y tan poco tacto para hablar de temas delicados, que simplemente asumió que si Inosuke quisiera hablarlo lo soltaría y ya.
Quiso alivianar el ambiente. Animarlo. Recuperar su actitud infantil y competitiva. Que le diera un cabezazo, cualquier cosa.
—¿Estás bien como para regresar? —preguntó. Por la cantidad de veces que recorrió ese bosque sabía que estaban cerca del pueblo, y que Inosuke lo cargó hasta ahí—¿Por qué no llegaste al pueblo?
—¡¿Qué pregunta es esa?! ¡Me siento excelente! —gritó indignado.
Eso era más o menos el Inosuke que él conocía.
—Yo podría llevarte, si quieres. —ofreció, más bromeando que en serio, provocando que Inosuke se enojara todavía más.
—No eres capaz de llevarte tu mismo. —lo regañó, y sin previo aviso puso su mano sobre las vendas en su estómago, provocando que Zenitsu se contrajera como reflejo. —Creí que el demonio lo había hecho.
Oh, por eso no lo llevó hasta el pueblo.
Su sangre pareció dejar de fluir por su cuerpo, y entendió su movimiento con la espada cuando lo sintió despertar.
—¿Ibas a matarme? —preguntó. Para nada sacándoselo en cara. Era un tema más que conversado y los tres accedieron a terminar con la vida del que se convirtiera dispuesto a comer humanos.
—No. —dijo, sin dudarlo.
No mentía.
—¡¿Cómo no?!
—¡No! —gritó Inosuke de vuelta. —No te habría matado.
—¿Entonces qué? ¿Dejarías que te convierta o te coma?
—Entonces Tanjirou tendrá que matarnos a ambos. —decidió, encogiéndose de hombros.
—O amarrarnos un bambú en la boca. —bromeó Zenitsu.
—No caemos los tres en la caja. —dijo Inosuke, sonriendo, siguiéndole el juego.
Era una sonrisa tan diferente a la que tenía cuando trataba de hacerlos enojar que Zenitsu no le podía quitar la mirada de encima.
—Dime si te sientes mal. —pidió.
—No lo estoy.
—Nos podemos quedar otro rato.
Inosuke se acercó lo suficiente como para hacerlo sentir avergonzado. Siempre lo hacía, pero había una diferencia abismal entre la máscara y su rostro.
—De acuerdo. Pero sólo porque tú no te sientes bien.
Zenitsu quiso golpearlo.
—¡No tienes que ocultar lo que sientes! Al menos yo admito que no estoy en condiciones de caminar de vuelta.
Inosuke decidió ignorarlo, y en cambio de dejó caer entre sus piernas, recostándose de espalda y ocupando su muslo de almohada. Zenitsu suspiró, como si ya no hubiera nada que hacer.
—No quiero volver aún. —confesó Inosuke, luego de mirar por un rato los árboles que los cubrían. —No me siento bien.
Zenitsu podía asumir que su cuerpo seguía molido, pero por su expresión, sabía que no hablaba sólo de eso.
Quería consolarlo. Por alguna razón, no quería verlo de esa manera, pero tampoco sabía cómo animarlo.
Lo único que cruzó su mente en ese momento, fue pasar sus dedos entre su cabello, para quitárselo de la cara y acariciar su cabeza mientras lo hacía.
Inosuke frunció el ceño enseguida, y Zenitsu, sin siquiera pensarlo, hizo arrullos, sin quitar sus manos de su cabeza, pero ahora sin moverlas.
Esperaba cualquier tipo de reacción violenta, pero todo lo que hizo fue aceptarlo y suspirar. En serio no era la misma persona a la que Zenitsu estaba acostumbrado, pero no podía decir que le disgustaba tenerlo acurrucado encima de esa manera.
—¿Por qué no llevas el uniforme? —preguntó de pronto, rompiendo el silencio.
—¿Por qué no lo llevas tú? —respondió.
—Mi piel es diferente a la tuya. Yo no tendría esa herida. —apuntó a su estómago.
—¡¿Por qué sería diferente?! —reclamó de vuelta.
Inosuke buscó una de sus manos y lo obligó a ponerla sobre sus abdominales. Zenitsu se sonrojó. También había una diferencia enorme entre darle puñetazos mientras entrenaban y pasar su mano de esa manera.
Puso ambas manos, sólo para confirmar.
—¿Lo es? —preguntó Inosuke con orgullo.
Entonces Zenitsu se dio cuenta de lo que hacía, y quitó sus manos.
—Si, es diferente. —cedió. Sus dedos aún cosquilleaban por el excesivo calor que transmitía su piel.
—¿Admites que soy fuerte?
—¡¿Cuándo he dicho que no-?! —vino a su mente cada jodido ataque de Inosuke los últimos meses. —Oh. ¿Eso era lo que querías?
—¿Qué?
—¿Por eso me molestabas? ¿Para que dijera que si eres fuerte? ¡¿Me habría ahorrado todo eso si hubiera admitido que lo eras?! ¡Ahora me siento estúpido por fingir que te ignoraba!
—¡¿Eso era a propósito?!
—¡Si!
—¡Te golpearía si no tuvieras eso! —gritó Inosuke, esta vez incorporándose para quejarse frente a frente.
Zenitsu lo aceptó, asintiendo. Era como un niño. Ambos lo eran. Todo era tan absurdo que no podía dejar de sonreír, haciendo enojar aún más a Inosuke, que decidió ignorarlo y se recostó a pasos de él, dándole la espalda.
Zenitsu hizo lo posible por no pasar a llevar su estómago al levantarse, y gateó hasta donde Inosuke.
—¿Puedo usarte como almohada? —pidió.
—No.
—Pero tengo una herida, mira. Cuídame.
—No es mi problema.
Zenitsu rodó los ojos. Pudo volver a donde estaba, pero llevaba tantos días durmiendo poco que en serio necesitaba saber que Inosuke estaba a su lado para poder descansar, sólo un poco, lo suficiente para volver.
—De acuerdo, entonces me recostaré aquí. —dijo, acomodándose junto a Inosuke, dándole la espalda también. —Aunque sea incómodo. Y frío. —seguía sin inmutarse. —Voy a llorar.
—Que raro.
No pudo evitar reír, y acabó dándose vuelta, envolviendo su cintura en un abrazo apretado, poniendo su mano fría sobre su abdomen otra vez.
—¡Perdí sangre! ¡Inosuke, estoy muriendo! —volvió a intentar.
Inosuke volteó, y su rostro estaba completamente rojo. Le devolvió el abrazo, y Zenitsu sonrió triunfal, acomodándose aún más cerca.
—Gracias. —dijo al fin.
—Cállate. —gruñó Inosuke, mientras lo apretaba con más fuerza.
Zenitsu pudo seguir discutiendo, pero era tan cómodo sentirse tan protegido que no duró mucho más despierto.
Inosuke comprobó que lo estuviera antes de apoyar su mentón contra su cabello, y trató de ignorar su respiración calmada para no caer dormido con él.
