Work Text:
Jimin estaba ansioso. No dejaba de echarse el cabello castaño hacia atrás como parte de un gesto nervioso suyo, que poco lo evidenciaba y a su vez lo ayudaba a fingir la calma.
Su nuevo supervisor lo estaba guiando por los pasillos del edificio. Ya le había enseñado cómo usar la tarjeta de entrada, así como también le había mostrado el área de descanso y la oficina de recursos humanos de la empresa. Pronto lo fue guiando a donde, según Namjoon le había explicado, sería su «propio escritorio».
A Jimin aquella idea no le dejaba de resultar ajena a su propia realidad. Un escritorio propio. De hecho, cargaba en su mano una laptop que le habían dado para trabajar. Le habían indicado que no había problema en que la llevara a su casa si un día lo necesitaba, lo cual lo había hecho sentir bastante abrumado en un primer momento.
Era demasiada suerte para alguien que había trabajado sus últimos cuatro años en el mismo restaurante infernal como camarero. Jimin había tenido que soportar tantos abusos, tanta hipocresía por parte de sus compañeros y empleadores, que de pronto hallarse en una empresa aseguradora, en un sitio donde en su primer primer semana ya le habían otorgado tantos beneficios, le hacía sentir cierta desconfianza.
Jimin quería ser precavido. No sé ilusionaria. Después de todo, necesitaba pasar el periodo de prueba para asegurarse de que el trabajo era suyo.
Cuando llegaron a su escritorio, el supervisor Namjoon lo presentó a él y a un muchachito de su edad que se encontraba sentado a su lado: Kim Taehyung.
Y de un momento a otro, Kim Namjoon se despidió, y solo quedaron Taehyung, él, sus laptops... y el resto de las personas con cubículo en aquel piso.
Taehyung llevaba cerca de dos años en la empresa, le contó tras un saludo alegre y amistoso. Le había explicado las distintas áreas de la empresa, y luego más detalladamente el trabajo que ellos junto a otros compañeros deberían realizar, que era encargarse de la ayuda al cliente en los seguros automovilísticos.
Y aunque Jimin estaba prestando atención a todo lo que el muchacho explicaba —como por ejemplo dónde tenían archivado el listado de clientes, las reglas y contratos que debían respetar (y que él debería estudiar cuando tuviera tiempo)—, una parte de su cabeza no dejaba de pensar en cómo era posible que hubiera terminado parado allí, en un empleo totalmente distinto al suyo.
(Bueno, más bien, sentado, siendo que ahora trabajaba en una oficina con los asientos más cómodos que había sentido).
Claro que aquello no habría ocurrido jamás en su vida de no haber sido por Hoseok, quien lo había recomendado al trabajo y había trabajado en el perfil laboral de Jimin para dejarlo bien pulido a la hora de la entrevista donde tendría que sacar a relucir su experiencia en ventas y autos. (La cual era precisamente escasa: Jimin solamente podía presumir que los clientes del restaurante siempre optaron por lo que él les recomendaba, y en cómo había ayudado de niño a reparar autos en el taller de su padre). Había sido una especie de milagro, pero los empleadores habían quedado encantados con Jimin a pesar de lo mencionado previamente.
Aquel primer día, Taehyung fue especialmente amable con él. Jimin, quien creía que la gente tenía distintas energías, había quedado aliviado al percibir que su nuevo compañero era alguien en verdad confiable y agradable. También se sorprendió al descubrir que el chico estaba a punto de graduarse en administración de empresas, y que tenía planeado a futuro crear algún emprendimiento con su pareja.
Jimin, en cambio, quien estaba estudiando para ser profesor de danza en un futuro, había notado lo lejos que en realidad su perfil se hallaba del que hubiera correspondido para un empleado de aquel sitio. Y mientras los días de la primer semana fueron avanzando, y a la vez Jimin fue conociendo al resto de sus compañeros de piso, el chico no hizo más que reafirmar su primera impresión: Todo el mundo estaba metido en carreras de economía y leyes.
Y aunque no se arrepentía de haber optado por aquel trabajo, se preguntó si podría sentirse cercano a alguno de ellos en algún momento.
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Jimin trabajaba por la mañana: Desde las ocho hasta las cuatro de la tarde. No hubiera sido un mal horario si no fuera porque tras ello tenía que ir hasta sus clases de profesorado, donde tenía tanto clases prácticas como teóricas que lo dejaban agotado. Su universidad estaba a hora y media del trabajo, pero para volver a su casa tardaba alrededor de dos horas. Jimin no se hubiera tomado tantas molestias de no ser porque se trataba de una de las universidad más prestigiosas en Seúl, y había conseguido una media beca allí gracias a la academia a la cual había asistido durante toda su juventud.
El muchacho aún vivía con sus padres, a quienes no parecía molestarles tener a su hijo de veinticuatro años aún conviviendo con ellos. Más bien parecían complacidos con él, siendo a la vez que eran capaces de controlarlo aunque aquello ya no fuera necesario.
El padre de Jimin aún trabajaba en el taller del cual era dueño, y su madre era empleada de limpieza en un edificio empresarial. Desde joven Jimin había entendido que, si quería alcanzar sus metas, primero que nada debía conseguir un trabajo que lo ayudara a colaborar con los gastos en su hogar, a la vez que le permitieran pagarse sus propios estudios. Así que fue lo que hizo desde un primer momento. Desde antes de terminar el instituto, el chico ayudaba en el taller de su padre con cosas básicas en un principio, a la vez que su padre pacientemente le explicaba labores más detallados. Y aunque el hombre le insistió en seguir trabajando con él, Jimin decidió buscar un trabajo nuevo que le diera otro tipo de remuneración, para realmente poder ayudar a su familia. Fue así como empezó en locales de comida rápida, tanto en atención al cliente como luego en ayudante de cocina y puestos similares. Su antiguo empleo de camarero le había durado cerca de cuatro años, pero al ver que los aumentos eran realmente pobres y que sus jefes no tenían ninguna intención de ascender a nadie a menos que fuera estrictamente necesario, el muchacho decidió ponerse en búsqueda de algo nuevo, algo que en aquella ocasión de verdad le permitiera avanzar.
Pasado casi un mes de ser empleado de la aseguradora, Jimin no dejaba de expresarle a Hoseok sus agradecimientos ya sea por mensaje o verbalmente cuando tenían la ocasión de verse y pasar algo de su tiempo juntos.
—Y eso que aún no te han depositado el sueldo.
Y Hobi había tenido razón al decir aquello, porque cuando vio el monto en su tarjeta el día de cobro, sintió que las piernas se le aflojaban, y que de haber estado de pie, se habría dado tremendo golpe contra el piso. (Pero no había sido así, porque estaba sentado en su bella silla de escritorio. De su propio escritorio, con su propia laptop).
Rara vez veía a Hobi en el trabajo. El chico tenía el turno noche, siendo que en la mañana iba a la universidad: El chico ya se había graduado en administración de empresas, la misma carrera que aún cursaba Taehyung. Sin embargo, Hoseok estaba yendo aún a clases por su maestría. Solo eran dos años más, le había explicado a Jimin, y el chico se había puesto muy alegre al verlo tan entusiasmado con sus estudios.
Cada vez que Hoseok llegaba —siempre unos quince minutos antes—, se quedaba charlando con él y Taehyung. Ambos parecían llevarse bastante bien, a decir verdad. Siempre se hacían reír el uno al otro, y no dudaban en unir a Jimin a sus payasadas, a quien lo llenaba una sensación cálida de pertenencia y compañerismo.
Luego el mayor debía ir a su asiento, que estaba a un par de filas de distancia de ellos, y los tres volvían al trabajo habitual, sin distracciones de por medio, exceptuando alguna que otra broma entre los dos más jóvenes.
Jimin ya se había acostumbrado a la rutina laboral. La había abrazado con afecto en su día a día, y a cada momento no dejaba de repetirse que en cuanto reuniera el dinero suficiente, compraría un regalo para Hoseok en agradecimiento.
Jimin solía llegar unos minutos antes a la oficina, guardaba su comida del almuerzo en la heladera que todos compartían, se preparaba un café, y se sentaba en su cubículo para comenzar el día. Hablaba un rato con Taehyung de lo que había sido su práctica en el profesorado, le contaba qué músculo le dolía aquella mañana, y le decía cuál serie hubiera deseado haber empezado a ver en aquella ocasión de haber tenido el tiempo suficiente.
Algún que otro compañero se acercaba hasta ellos al llegar, los saludaba, y aunque aún Jimin tenía problemas para recordar el nombre de todos, siempre se mostraba amable con cada uno.
Y aunque quisiera negarlo, de toda aquella gente que ocupaba un espacio en su mismo piso, había alguien quien despertaba su curiosidad por alguna extraña razón que tampoco se había detenido a pensar.
Un muchacho de cabello azabache, ojos del mismo tono oscuro, y una piel pálida en contraste con aquellos detalles, al igual que contra su tipo de vestimenta habitual.
Min Yoongi. Jimin había prestado especial atención las primeras veces que había oído a la gente llamarlo por su nombre. Llevaba algunos años en la empresa según lo que había entendido, y hacía básicamente el mismo trabajo estadístico y de atención que Jimin, solo que en el área de seguros inmobiliarios.
Se sentaba en el cubículo que se hallaba justo frente al suyo, separados por un pequeño panel que le imposibilitaba verlo cada vez que alguno de los dos tomaba asiento. Siempre llegaba en el horario justo para el turno noche, hacía un saludo general para todo el piso, tomaba asiento en su silla a la par que encendía la máquina y comenzaba a trabajar.
No hablaba con casi nadie, a menos que fuera por algún motivo laboral. La mayoría de su grupo de compañeros se acercaban hasta él con al intención de solventar sus dudas respecto a algún caso en particular, pero Jimin podía notar la duda en los ojos de cada persona que se acercaba hasta él, inseguros respecto a cómo sería el chico capaz de recibirlos.
Al muchacho en cuestión lo rodeaba un aura extraña, según Jimin. No parecía el tipo de persona problemática, y aún así, había cierta frialdad en sus ojos que hacían al resto tenerle cierto grado de respeto. Jimin no podía negar que se sentía ciertamente intimidado por él. Cada vez que lo veía llegar, se encontraba con su paso perezoso, un suspiro escapando de sus labios, la mirada evitando la del resto a la vez que se enfocaba en sus cosas y parecía de pronto olvidarse de los demás.
La única persona capaz de romper con aquel muro invisible que Yoongi interponía entre él y los demás, era el mismísimo Jung Hoseok.
Jimin no tenía ni idea de cómo lo había hecho, o desde cuándo se habían hecho amigos. Sin embargo, el único momento en que oía la voz de Yoongi de corrido por más de un minuto —charlando sobre algo que nada tenía que ver con lo laboral—, era con Hobi. Él y nadie más que él.
Jimin no podía ver su rostro en aquellos momentos, porque se suponía que estaba concentrado en su trabajo, pero aún así, terminaba imaginando el semblante de Yoongi cambiando a la vez que hablaba con su compañero. Su rostro debía suavizarse, su expresión fría seguramente terminaba por desaparecer de alguna forma. La voz de Yoongi era baja, hasta parecía un poco tímida. Aún así, a Jimin le agradaba oír que el chico no era tan severo como parecían interpretar los demás.
Y sus días seguían corriendo con normalidad. Jimin llegaba junto a Taehyung a trabajar, siendo las primeras horas las de más intensidad. Cuando menos se daban cuenta, aparecía Hobi a conversar con ellos, y cuando este estaba por sentarse, Yoongi hacía acto de presencia, pasando desapercibido para la mayoría, pero no para los ojos del chico nuevo de cabello castaño, quien esperaba por el momento en que se colocara delante suyo para tomar asiento.
Cada vez que Jimin se ponía de pie para ir al baño o prepararse algo para tomar, no lo hacía sin antes mirar de soslayo al sujeto de cabello azabache. En ocasiones quería evitarlo para no volver su interés en algo tan evidente, pero no podía frenarse: Como si una fuerza de atracción gobernara sobre su vista, siempre terminaba dirigiendo la mirada hacia él.
Aún así, por más curiosidad que tuviera, nunca se animaba a hablarle directamente. No cuando siquiera veía a Taehyung acercándose al mayor, o teniendo el tipo de charlas casuales que veía que compartía con Hoseok. Era una especie de ley impuesta por sí mismo: Siempre observar, jamás romper las distancias.
Jimin se preguntaba a sí mismo qué tipo de conversación acabaría teniendo con Yoongi si en algún momento de su vida aquello se terminaba dando. Le aterraba pensar en caer en algo similar al clima y el tránsito del cual todo el mundo siempre se quejaba en aquella zona de la ciudad. Si aquel era el caso, prefería sencillamente mantenerse en silencio, en vez de exponerse a sí mismo como un sujeto soso y sin nada interesante para decir.
Pasó el tiempo. Jimin estaba a una quincena de cumplir tres meses en la empresa, y la idea lo volvía aún más ansioso de lo que había estado jamás. Sentía que había aprendido demasiado junto a Taehyung y el resto de sus compañeros a los cuales se acercaba a hacerles preguntas específicas cuando su compañero se encontraba demasiado ocupado con un caso o una llamada. Todos se mostraban simpáticos con él, y ninguno parecía tener problema de tener que explicarle cómo funcionaba el asunto.
Era un alivio. No recordaba haber trabajado con gente tan dispuesta a la enseñanza como aquel grupo.
Fue un viernes a la noche que Taehyung le preguntó si quería ir a un bar con todo el grupo de trabajo. Aparentemente, la salida la habían organizado Namjoon junto a otro de los supervisores con los cuales Jimin había tenido poca chance de charlar: Kim Seokjin. Era un sujeto con demasiados años en la empresa, experto en todas las áreas, alguiena a quien Jimin sabía que podía recurrir si tenía alguna duda muy complicada, lo cual nunca había hecho en realidad, aún a pesar de que el mismo muchacho se había ofrecido a ayudarlo si así era necesario.
El bar era cerca del trabajo. Tae le había explicado que el grupo de trabajo solía ir allí con bastante frecuencia, aunque él los había acompañado una única vez. Según sus palabras, era un sitio ciertamente agradable, mucho mejor que los antros que solía frecuentar para su desgracia. Jimin no había estado muy seguro respecto a si debía asistir o no, siendo que no podía aún llamar «amigo» a alguno de sus compañeros, y no estaba seguro si realmente se sentiría parte o no de ellos. Si encajaría al fin y al cabo. Se sentía como una especie de prueba final.
—Hobi irá —insistió Tae, poniendo ojos de ternero.
Jimin rodó los ojos sin querer hacerlo realmente. Pero es que pensar en su amigo yendo a dicho bar no le causaba el mayor de los consuelos: Hobi era una persona social, capaz de adaptarse a cualquier tipo de ámbito. Dudaba que fuera a pasar toda la noche pegado al chico de cabello castaño.
Y hablando de Roma, Jimin se percató de que su amigo no estaba llegando a la hora habitual. Fue en ese preciso momento en el cual dirigió sus ojos hacia la puerta de entrada de la oficina donde descubrió no solo a una, sino dos personas haciendo su ingreso por la misma: Hobi, con una sonrisa divertida que se extendía por todo su rostro, y su brazo rodeando los hombros de Yoongi, quien tenía una expresión un tanto huraña en aquel momento. Aún así, a Jimin le sorprendía ver que Yoongi no se apartara de él o tuviera intenciones de quitarse su brazo de encima. Más bien parecía extrañamente acostumbrado a la cercanía de muchacho.
Jimin sintió una punzada en el pecho, y aunque trató de ignorarla, le resultó imposible de pronto, así como tampoco podía apartar sus ojos del par que se iba acercando al puesto de Yoongi.
—Vamos hyung, ¿cuándo fue la última vez que te pedí que me acompañes a algún sitio?
—¿Casi todos los fines de semana? —respondió Yoongi de modo retórico.
El más joven de ambos no dejó de sonreír, de pronto divertido por su modo de mostrarse.
—¿Y cuándo fue la última vez que dijiste que sí?
Yoongi abrió la boca para replicar, sin embargo, se detuvo antes de que cualquier sonido pudiera ser emitido. Parecía que de pronto Hoseok lo había acorralado en un callejón sin salida, y Yoongi no podía ver más que los muros rodeándolo, con Hobi bloqueando la única escapatoria.
No tenía más opción que ceder ante él, comprendió Jimin.
—Sabes que las fiestas no son lo mío.
—Es solamente ir a un bar por un par de horas. No tienes que quedarte toda la noche, ¿sí? —explicó el menor, tratando de animar a su compañero—. Además, sé que amas la cerveza de aquel sitio.
Los labios de Yoongi hicieron una mueca. Parecía de pronto estar considerando su opción.
Jimin oyó a Yoongi suspirando a la vez que tomaba asiento en su cubículo, desapareciendo de pronto de su campo de visión. Aunque Jimin aún podía ver a Hoseok parado a su lado, con los brazos apoyados sobre el panel del costado, y su propio mentón descansando en el dorso de sus manos. El chico de cabello castaño observó a su amigo tratando de adivinar su expresión: Podía ver en sus ojos el afecto que sentía por Yoongi, el modo cariñoso en que su mirada se posaba sobre él. Había algo en todo ello que, realmente, Jimin deseaba ser capaz de ignorar.
De pronto Jimin oyó la voz ronca de Yoongi desde el otro lado del panel, hablando bajo, pero de forma clara para sus oídos, los cuales se habían estado entrenando esos últimos meses para ser capaces de entender cada una de sus palabras:
—Es verdad que hace tiempo no salimos a beber.
El rostro de Hoseok se iluminó. Jimin vio cómo entonces el muchacho se lanzaba hacia Yoongi, y pudo adivinar que lo estaba abrazando en ese momento, siendo que a su vez podía oír al mayor quejándose.
El corazón de Jimin se había acelerado al oír su respuesta. Volvió sus ojos hacia Taehyung, quien al ver a Jimin tan pensativo en su decisión, había decidido seguir con su trabajo y esperar por la respuesta del chico, sin demasiadas presiones.
El chico de cabello castaño decidió que no daría su respuesta en aquel momento, para no hacer evidente el motivo de su decisión. Pero al menos tenía decisión tomada, y de pronto se encontró a sí mismo ansioso porque llegara la noche.
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Jimin había tenido tiempo de pasarse por su casa tras ir al profesorado. Se dio la ducha más rápida de su vida, le avisó a sus padres que saldría y que seguramente volvería en la madrugada, a lo cual su madre le pidió preocupada que por favor tuviera cuidado. Jimin se despidió de ella dejando un beso en su frente, y luego besó a su padre en la mejilla. Salió de la casa vistiendo una camisa blanca con un patrón de flores oscuras, un pantalón negro ajustado, y sus pendientes favoritos plateados.
Cuando llegó al bar en cuestión, gran parte de sus compañeros ya estaban allí. Por supuesto, la mayoría había aprovechado a ir juntos luego del trabajo, y Jimin se había demorado bastante entre el viaje de la universidad hasta su casa, y luego desde la misma hasta el trabajo. Aunque era una suerte que el bus hubiera hecho rápido en su ruta, siendo que casi nadie se subía a él, y el chofer parecía no tener ganas de perder el tiempo en llegar a la terminal.
Todos sus compañeros ya tenían un vaso de bebida en sus manos, y a Jimin no le sorprendió ver a un par de ellos hablando con un tono de voz por encima del habitual, y los rostros rojizos por el alcohol. Buscó a Taehyung mientras saludaba al grupo que lo habían recibido de forma cálida y amistosa, como si Jimin realmente ya fuera parte de ellos.
¿Quizás se había estado haciendo la cabeza solo?
A Jimin le extrañó tampoco ver a Hobi a su alrededor, pero se dijo a sí mismo de mantener la calma y fingir que todo estaba en orden. Es decir, que las dos personas con las cuales sentía que podía ser él mismo sin preocupaciones de pronto no se hallaran en dicho bar, donde a su vez a los quienes conocía lo hacía a medias, podía ser razón suficiente para ponerlo incómodo, sin embargo, debía ser un adulto en esa situación, ¿verdad?
Optó por comprarse una bebida.
Jimin se quedó un rato pegado a la barra, cerca de su grupo de compañeros, observando cómo ellos charlaban animadamente entre sí y hacían bromas o contaban anécdotas las cuales Jimin no había presenciado. Estaban llenos de chistes internos que él no lograba entender, y algún que otro muchacho se tomaba la molestia de explicarle a qué se referían o por qué situación había derivado cierta alusión.
Deseó que sus amigos aparecieran pronto, y entonces pensó en lo divertido de la situación: Antes, no se habría atrevido a llamar a Tae como «su amigo», sin embargo, allí estaba, dándose cuenta de que en realidad había comenzado a considerarlo como tal de forma inconsciente.
Jimin llevaba digerido la mitad de su trago cuando de pronto sintió que alguien se acercaba a su espalda.
—Hey —dijo una voz, haciéndolo sobresaltar, y agradeciendo que no tenía el vaso hasta el tope, porque habría terminado volcando la parte superior de lo más seguro.
Aunque volteó, Jimin ya sabía quién se encontraba de pronto detrás suyo.
Era Min Yoongi.
Min Yoongi. Y le estaba hablando a él.
Jimin sintió el vaso a punto de resbalarse de sus manos.
—Hey —respondió, con timidez.
No era un carácter propio que aún pudiera controlar del todo. Jimin podía ser excelente para las charlas casuales, pero no frente a un sujeto en particular de cabello azabache, mirada intimidante, quien aunque vestía su misma ropa de oficina, se viera tan increíblemente atractivo para su gusto.
El chico se mordió los labios, tratando de fingir calma.
—Hobi te estaba buscando —explicó el mayor, observando entonces el grupo que había quedado a espaldas de Jimin—. Me estaba haciendo compañía en la terraza —agregó, y luego volvió sus ojos negros hacia él, con un brillo curioso oculto en ellos—. ¿Quieres venir?
Jimin notó que Yoongi de pronto evitaba su mirada, no siendo capaz de sostenerla por mucho. Se preguntó si acaso el muchacho en realidad sería tímido a su mismo nivel, o si tan solo estaba tratando de no resultar tan intimidante como siempre le parecía.
Jimin se dio cuenta de que su cabeza asentía antes de haber dado su respuesta:
—Claro.
Yoongi le hizo una seña con la cabeza, indicando la dirección, y siguiendo los pasos del mayor, Jimin se dispuso a caminar detrás suyo, entre el tumulto de gente, sin molestarse en decirle al resto del grupo de compañeros que estaría con ellos en la terraza.
Lo primero que vio Jimin tras subir las escaleras de metal y encontrarse en el exterior, fue la cantidad de luces y verde que los rodeaba. El sitio estaba decorado por distintas ligustrinas crecidas en cercos de madera, de los cuales a su vez colgaban guirnaldas de luces doradas. Las hileras de luces cruzaban de un extremo de la terraza al otro, unidas todas entre sí en el centro por un poste de metal. Había muchísima menos gente en aquella parte del bar, y Jimin comprendió entonces que se trataba del sector de fumadores, pero aún así, debía ser la zona más bonita del lugar en sí.
A Jimin no le resultó difícil encontrar a Hoseok. Estaba apoyado contra el vallado del borde la terraza, y tenía a Taehyung a su lado, con su hombro pegado al suyo, más cerca de lo que Jimin consideraba lo usual. Entonces vio el modo en que Hobi le hablaba a Tae, no solo con cariño sino con suavidad, su rostro a escasos centímetros del menor, y este no dejaba de relamerse los labios, ya sea de forma consciente o no, y tenía la cabeza apoyada contra la cerca, pero no dejaba de mirar con cierta intimidad hacia el amigo de Jimin, como si quisiera transmitirle un mensaje lo suficientemente claro.
Jimin se detuvo en su lugar al observarlos. Recordó todas las veces en que se habían saludado delante suyo en la oficina, de forma amistosa, y recordó a Hobi charlando con total calma junto a ellos, apoyándose contra el panel del costado del lado de Tae, o como se apoyaba de espaldas contra el escritorio del menor, siempre haciendo bromas con ellos, ganándose algún que otro golpe por parte del chico. Y recordó haberlos visto sonriéndose el uno al otro con confianza, como amigos que se conocieran de toda la vida. O algo más.
Jimin miró una vez más hacia Hoseok. Y luego hacia Yoongi, quien parecía entender la sorpresa del muchacho al ver a su par de amigos de aquella forma, y dejándole su espacio para procesarlo. Jimin prestó especial atención en el desinterés que Yoongi reflejaba al tener a aquel par delante suyo, como si fuera cosa de todos los días. El chico de cabello castaño pensó entonces en Hoseok siempre mencionando un novio, pero nunca dando algún nombre o una descripción detallada de la persona en cuestión.
Y el chico volvió a mirar hacia Taehyung. Y nuevamente a Yoongi.
Comprendió que había sido un idiota.
—¡Hey, Jimin! —le llamó Hobi, aún desde su sitio, haciendo señas con su mano para que se les acercara—, te has tardado una eternidad en llegar.
Jimin reparó en el detalle de la mano de ambos jugueteando entre sí. Los dedos de Hobi tratando de cubrir los de Tae, y este queriendo picarlo en la palma, divertido.
A Jimin le dio cierta calidez ver aquel juego entre ambos, al mismo tiempo que una sensación de anhelo lo invadía.
Realmente se notaba que algo muy bonito estaba sucediendo entre ellos dos.
Las dos personas solteras se acercaron hasta ellos. Yoongi no tardó en sacar un cigarrillo y encenderlo, tomando por sorpresa a Jimin, quien no se esperaba aquel detalle por parte del muchacho.
El mayor notó la mirada del chico sobre él, y entonces apartó el pucho de sus labios, observando con preocupación al joven.
—Oh, lo siento, no te he preguntado antes —se disculpó—, ¿te molesta el humo?
Jimin notó que a su alrededor, gran parte de las personas estaban con un cigarrillo encendido, ya sea pendiendo de sus labios o sujetado entre un par de dedos. Tomó la consideración de Yoongi como un detalle tierno.
—Oh, no, para nada —dijo el chico, riéndose de la situación, y agitando las manos delante suyo—, está bien por mí.
Yoongi asintió, y procedió a darle una calada al cigarrillo, procurando de soltar el humo en dirección contraria al chico.
—Jimin, ¿han estado preguntando por nosotros? —inquirió Tae, quien dejó que su cabeza descansara de una vez sobre el hombro de Hobi.
El mayor de la pareja pasó su brazo por detrás de la nuca del chico, rodeando sus hombros, y acercándolo aún más a él, protegiéndolo con su cuerpo de la brisa fresca que soplaba aquella noche.
—Los oí mencionar que los habían perdido de vista, pero nada más —confesó Jimin, echando una mirada hacia atrás, donde se hallaban las escaleras por las cuales había subido.
—Mejor —dijo el menor entonces, separándose momentáneamente de Hobi para tomar una de las tantas bebidas apoyadas en un banco de madera junto a ellos, del cual Jimin no había reparado hasta entonces—, así podemos estar tranquilos.
Jimin le dirigió una mirada significativa a Hoseok. El muchacho fijó sus ojos también sobre él en respuesta, pero sin ser capaz de disimular una mueca en sus labios. Jimin estaba reclamándole silenciosamente cómo era posible que no se hubiera enterado de la situación hasta entonces, sin embargo, tras las palabras de Tae, Jimin podía hacerse una idea de por qué habían decidido mantener su relación en secreto.
Y Hoseok más tarde se lo explicaría. Que no solo estaba mal visto las relaciones entre empleados, sino que la oficina además no era precisamente el tipo de lugar gay-friendly que ellos habrían deseado. Aquella confirmación por parte de Hobi logró desmotivar un poco a Jimin, pero, ¿acaso no se había acostumbrado a todo aquello a lo largo de su vida? Sin embargo, no dejaba de desilusionarle el haber encontrado finalmente un defecto tan importante a su trabajo.
Yoongi dejó su cigarrilo sobre un cenicero, y tomó un vaso de cerveza que debía ser suyo. Le dio un trago largo, y Jimin observó cómo parecía disfrutar de la bebida. Entonces Yoongi dirigió sus ojos hacia él, y al notar la mirada curiosa de Jimin, acercó su vaso hacia el muchacho, estirando su brazo en su dirección.
—¿Quieres probar?
—Eh... —dudó Jimin, quien ya tenía un trago en su mano. Era un daiquiri de ananá, especialmente dulce y frío, y no estaba seguro si sería buena idea probar de la cerveza negra en la mano de Yoongi.
—Es su cerveza favorita —lo animó Hobi, quien tenía una botella de Makgeolli en la mano.
Claro, pensó Jimin, observando la botella de bebida dulce del muchacho. Él porque no tenía que probarlo.
Sin embargo, no fue capaz de rechazar a Yoongi, y terminó dando un sorbo a su bebida, con los ojos cerrados, temiendo que el sabor fuera demasiado amargo para él. Y si bien había un contraste entre su daiquiri y la cerveza negra de Yoongi, se sorprendió al ver que era extrañamente suave, distinta a cualquier otra que hubiera probado.
Jimin observó a Yoongi con los ojos abiertos en sorpresa. El mayor soltó una risita al ver su expresión, y recuperó su vaso antes de que Jimin siguiera tomando.
—Es extranjera —comenzó a explicar, mirando el líquido negro y la espuma casi desaparecida en la superficie—. A este tipo de cerveza negra se la llama stout, y en otros sitios que la he probado suele tener un gusto más amargo. Si bien me gustan las cervezas de ese tipo, esta que es más bien dulce... es especial —sentenció, dedicando una sonrisa tímida al joven.
Luego escondió su rostro detrás del vaso al darle un trago largo a su bebida, como queriendo ocultarse de la mirada de los otros tres.
A Jimin aún le había quedado el regusto de la malta en la garganta, pero no era desagradable.
—Sí, lo es —concordó Jimin finalmente.
Y al igual que Yoongi, decidió darle otro sorbo a su daiquiri, mientras se daba la vuelta y fingía observar el decorado de la terraza.
Hobi le contó a Jimin que no habían ido demasiadas veces a aquel bar con Yoongi, sin embargo, a ambos les encantaba. En el caso de Taehyung, era tan solo la segunda vez que iba, y había mencionado que le parecía más bonito en ese preciso momento que la primera vez que había ido. Los chicos siguieron hablando de bares, bebidas, para luego pasar al típico asunto del poco tiempo del que todos disponían, del estudio y demás responsabilidades.
Fue entonces que Hobi hizo el comentario que más llamaría la atención de Jimin en toda la noche.
—Oh, Yoongi estudia en tu misma universidad, Jimin —le informó el muchacho, cuando ya le quedaba menos de un par de tragos para acabar su botella.
Y Jimin, quien no podía creer lo que acababa de oír, se giró hacia Yoongi, esperando algún tipo de confirmación por su parte.
El mayor miró a Hobi de mala gana, como si acabara de mencionar un tema que no quería tocar realmente.
—Bueno, sí —dijo Yoongi, tratando de suavizar su gesto para Jimin—, estoy estudiando composición.
—Vaya —dijo Jimin, maravillado por la respuesta del mayor. Nunca en su vida se habría imaginado que Yoongi tenía interés por las artes musicales. Mucho menos que iban a la misma universidad, a decir verdad—. Yo estoy haciendo el profesorado para danzas.
Yoongi asintió, mirando su vaso casi vacío.
—Lo sé —dijo, y al ver la expresión que puso Yoongi un segundo más tarde, Jimin adivinó que quizás no era algo que planeaba decir—. Es decir, Hobi lo mencionó.
—¿Lo hice? —preguntó Hobi, llevándose su mano libre al mentón, tratando de recordar específicamente cuándo lo había hecho.
Tae se apoyó aún más contra Hobi, distrayendo al mayor.
—Jiminie debería bailar para nosotros en algún momento —comentó Tae, mirando divertido al muchacho—, u organizarnos una coreo.
Hobi comenzó a estallar en risas, fascinado por la idea de su novio.
—¿Te imaginas? —dijo entonces, sujetándose el estómago—, yo creo que si consigue que Yoongi-hyung baile alguna vez, tendrían que darle el título universitario inmediatamente y graduarlo.
—Ja, ja —dijo Yoongi, soltando una risa sarcástica, a la vez que Hobi y Tae se apoyaban entre sí al perder el equilibrio por la carcajada que de pronto estaban librando—. Claro, hagan burla de sus mayores, ingratos.
Tae miró a Yoongi mostrándose un tanto engreído.
—Yoongi-hyung, suenas como un anciano.
El mayor chistó, y Jimin pudo apreciar como una especie de discusión se desataba entre los tres. Excepto que no era una como tal realmente, por lo cual no tuvo de qué preocuparse. Aún así, en lo único que verdaderamente podía pensar Jimin en aquel momento, era en la idea de Yoongi yendo a estudiar a la misma universidad que él. Seguramente en el turno mañana, teniendo en cuenta su horario laboral nocturno. Y Jimin por un lado quiso quejarse con el destino, porque irónicamente, ambos se hallaban siempre en sitios opuestos en lo que respectaba a la rutina diaria de cada uno. Jimin tenía chance de verlo solo un par de horas al día, hasta que llegaba su hora de irse y, sin poder acercarse a saludarlo, debía marcharse en silencio de su cubículo, mayormente acompañado por Tae.
Sin embargo, había algo que Jimin no podía dejar de agradecer. Y era el hecho de que, finalmente, entre todo el grupo enorme de compañeros que tenía, había encontrado a alguien que estudiaba algo que no fuera finanzas o leyes. Y es que Jimin no podía culpar al resto por elegir carreras que, siendo de su propio agrado o no, prometían una mejor salida laboral. Sino que Jimin sintió que hallaba finalmente un aliado. Alguien que, seguramente, al igual que él, había recibido demasiadas miradas de reprobación al contar cuál era su carrera, qué era lo que verdaderamente anhelaba, o que sencillamente había vivido demasiadas situaciones similares a las que él había tenido que pasar.
Jimin de pronto quería retomar el tema de la composición con Yoongi y llenarlo de preguntas. Desde cuándo había descubierto que aquella era su vocación, si acaso le había resultado difícil dignarse a estudiar su carrera favorita, o si antes había considerado alguna que otra alternativa. Quiso saber cómo lo estaba llevando, y qué tipo de música oía y componía.
El interés que Jimin tenía por Yoongi había crecido inmensamente de un momento a otro, de modo tal que Jimin se preocupó por sí mismo, y se dijo que si no detenía el hilo de sus pensamientos en aquel instante, estos sencillamente crecerían en un vacío que lo llevaría a la nada misma. O tan solo a una insoportable desilusión.
Sin embargo, dentro suyo, Jimin supo que era ciertamente tarde.
Así que se permitió ver a Yoongi arrugando el ceño mientras se quejaba con sus dos amigos, les hacía la contra en cada cosa que decían, y finalmente, terminaba haciendo caras hacia ellos para sencillamente burlarse y hacerlos molestar.
Y una vez que Jimin comenzó a reírse, no pudo parar por más que hubiera querido controlarse.
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Hablar con Yoongi se había vuelto algo más habitual con el paso del tiempo. La primera vez que se volvieron a ver en la oficina tras aquella noche en el bar con sus compañeros de trabajo, Jimin estuvo a punto de caer de su silla al notar que Yoongi se detenía al lado suyo para saludarlo amablemente a pesar de su rostro de sueño.
El corazón de Jimin había latido desbocado en aquel momento, sin embargo, había hallado el modo de mantener la calma, y ser capaz de darle una respuesta igual de civilizada. Por suerte, Yoongi volvió a hacer lo mismo al día siguiente y al otro, y Jimin había tenido chance de practicar con cada saludo.
En esas dos horas que compartían el mismo espacio físico, Jimin no tenía realmente oportunidad de hablar con él. Apenas llegaba, Yoongi lo saludaba tanto a él como a Taehyung, y hacía un gesto hacia Hoseok quien mayormente se encontraba charlando con ellos hasta su hora de inicio.
Yoongi parecía agotado cada vez que llegaba, y Jimin se preguntaba qué tan dura debía ser la carrera de composición como para dejar a un chico tan cansado. Eso, y el hecho de que Yoongi y Hoseok trabajaban hasta las diez de la noche. Jimin se preguntaba si Yoongi acaso tenía tiempo para sí alguna vez, y qué haría en esos momentos.
Hubo un día en particular en el cual Yoongi llegó demolido. Los saludó como siempre, y Jimin notó pronto la mirada de preocupación de Hobi sobre él al ver el rostro que traía. Hoseok se acercó hasta él para preguntarle qué había ocurrido para que luciera de ese modo, y Yoongi contestó sencillamente que había estado trabajando en una canción hasta tarde, y algo de que había dormido solo un par de horas.
Jimin oyó que entonces tenía una especia de discusión con Hoseok entre susurros, pero pronto el más joven tuvo que alejarse e ir hacia su puesto de trabajo, aunque parecía un tanto irritado de no poder hablar apropiadamente con él.
Jimin se puso de pie. Observó disimuladamente a Yoongi, quien estaba encendiendo la computadora y cargando sus datos para poder usar las aplicaciones confidenciales de la empresa. El chico se veía más pálido de lo usual, y Jimin se preguntó si acaso habría comido apropiadamente, o si solía hacerlo alguna vez en su vida.
Tratando de ser precavido, Jimin se inclinó hacia el lado del cubículo de Yoongi, por encima de su propio escritorio. y le llamó suavemente por su nombre, tratando de no alterarlo.
Yoongi alzó sus ojos negros hacia él, y desde aquel ángulo, Jimin pudo notar las manchas oscuras bajo sus orbes, su rostro más delgado a lo que era cuando Jimin apenas había ingresado.
Jimin carraspeó antes de volver a dirigirse hacia él.
—Voy a prepararme café —anunció, captando aún más la atención del muchacho—, ¿quieres que traiga uno para ti también?
Yoongi se quedó unos segundos observando al chico. Jimin sintió que estaba siendo analizado en ese momento, pero no le molestó realmente. Más bien, lo hizo sentirse valiente, queriendo enfrentar la mirada de Yoongi a toda costa. No porque sintiera una especie de desafío en ellos, ya que en realidad los ojos de Yoongi expresaban gratitud. Sin embargo, era lo que los ojos del mayor provocaban en él lo que Jimin quería vencer, o mejor dicho, hacerle frente.
Yoongi asintió sigilosamente, y mantuvo sus orbes en Jimin con cierta adoración.
—Por favor —pidió educadamente.
Jimin se mordió los labios para ocultar una sonrisa. Dijo que pronto volvería, y fue hacia el comedor del piso, donde se hallaban las cafeteras. Tomó las tazas guardadas en la encimera, sabiendo ya de antemano cuál pertenecía a Yoongi, y preparó café negro para su compañero, y uno más suave con leche en polvo para él.
Volvió con las dos tazas, y cuando dejó la de Yoongi en su escritorio, el chico le dio las gracias con una honestidad que dejó a Jimin un tanto abrumado.
El menor tomó asiento en su cubículo, y una idea se cruzó por su casa. Simple, pero que debía ser llevada a cabo a toda costa. Buscó en el cajón de su escritorio hasta sacar un paquete de galletas que tenía guardado para cuando le diera antojo de algo que picotear. Alzó el paquete por encima del panel que lo separaba de Yoongi, y dejó que pendiera de su mano a la espera de que otras lo sujetaran.
—¿Compartimos? —inquirió Jimin, agradeciendo que el panel ocultara sus mejillas coloradas.
Jimin sintió cómo del otro lado alguien tomaba las galletas. y apartó su mano para posarla sobre el mouse de la computadora. Estaba a punto de volver con la operatoria normal, hasta que sintió a un Yoongi hablando desde el otro lado con, claramente, la boca atestada de galletas.
—Jimin, eres un ángel.
Y el aludido supo que oír eso de parte de alguien a quien no podía ver en ese momento y que hablaba con la boca llena no debería haber sido considerado tierno.
Sin embargo, el corazón de Jimin se derritió.
Sin poder evitarlo, apoyó su frente contra la mesa del escritorio, y cerró los ojos de forma involuntaria, obligándose a sí mismo a mantener la compostura y no chillar.
De verdad, Jimin cada vez iba perdiendo más y más sus esperanzas sobre sí mismo. Estaba cediendo, y lo sabía. Y temía en lo que podía llegar a resultar todo aquello.
—No es nada —respondió, aunque no estuvo seguro si Yoongi fue capaz de oírle.
Jimin giró el rostro hacia la derecha, chocando su mirada contra la de Taehyung.
El chico lo miró sin decir absolutamente nada. No parecía particularmente sorprendido, más bien, se mostraba bastante casual ante la situación.
Tae le dio un sorbo a lo último que quedaba de su propia taza, y la extendió vacía hacia Jimin, quien en un principio no supo interpretar qué quería decir con ello.
—A mí me gustaría un té, por favor —le indicó su compañero.
Jimin soltó un suspiro, volviendo a cerrar los ojos contra el escritorio. Se irguió pasados un par de segundos, tomó la taza de Tae, y volviendo a ponerse de pie, se dispuso a volver a la cocina como había hecho antes.
—Ya vuelvo —le indicó al chico, y Tae le agradeció mientras el de cabello castaño le daba la espalda y caminaba lentamente lejos de él.
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Jimin ya estaba bastante acostumbrado a la operatoria de la aseguradora. Incluso el trato con los clientes exigentes se había vuelto algo bastante natural. Había aprendido a analizar cuáles casos eran de beneficencia para la empresa, y a su vez, distinguir aquellos en los cuales se podía permitir ser humano y ayudar al cliente a pesar de la línea delgada que existía entre lo correcto sentenciado por el contrato que tenían con la empresa, y de aquello que se hallaba por fuera del mismo pero en zonas indefinidas.
Sin embargo, siendo que ya llevaba casi medio año en la empresa, era común para él aún encontrar casos que se escaparan de su capacidad de análisis y experiencia. Por lo cual, siempre solía recurrir a Taehyung, o incluso a Seokjin si tenía la suerte de encontrarlo en el piso. Sin embargo, aquella jornada Tae había pedido salir antes por un turno con el dentista, prometiendo recuperar al día siguiente el par de horas que necesitaba para llegar al consultorio.
Jimin creía que podría tener todo bajo control, sin embargo, cuando le quedaba cerca de una hora para irse, se presentó una tarea de análisis que normalmente solía hacerla junto a Taehyung debido al tiempo que llevaba. Aún así, con el asiento vacío a su lado, Jimin supo que debía esforzarse si es quería irse a horario.
Pero aún con ayuda de Taehyung, era una tarea medianamente complicada.
Jimin se había llenado de dudas a la mitad de su tarea, y quiso buscar a Seokjin para pedirle una opinión, sin embargo, no parecía estar presente en el piso en aquella ocasión. Era normal que Seokjin estuviera yendo de un piso a otro, después de todo, era requerido en distintas áreas de la empresa.
Se puso de pie, y sus ojos se dirigieron hacia Hoseok, quien estaba de espaldas a él, pero con la mano agarrando su frente, luciendo como quien está quemando su cerebro tratando de resolver una cuestión difícil.
Aún así, a Jimin no se le ocurría a quién más podía preguntarle.
Cuando estuvo a punto de separarse de su escritorio para ir hasta su amigo, fue que notó los ojos de Yoongi sobre él.
Normalmente, cada vez que Jimin se ponía en pie para ir hacia cualquier sitio, fijaba sus ojos en Yoongi, queriendo encontrarse con una mirada curiosa de su parte, un par de ojos siguiéndole, una voz que inquiriera a dónde iba o si ya le tocaba marcharse.
Rara vez Yoongi le miraba cuando aquello ocurría, pero sí habían aprendido a intercambiar un par de palabras entre sí a lo largo del par de horas que compartían.
Por lo cual, encontrarse con los ojos de Yoongi en aquella circunstancia lo dejó un tanto descolocado.
—¿Jimin? —preguntó Yoongi entonces, notando la expresión extraña que el chico traía en su rostro. Pensó que quizás se sentía descompuesto, o que algo grave había ocurrido.
Ambas ideas de Yoongi habrían tenido cierto grado de verdad bajo el punto de vista de Jimin de haber podido leer su mente.
El menor se llevó una mano a la nuca, y se rascó nervioso por donde nacía su cabellera castaña, sin estar del todo seguro en lo que estaba a punto de hacer.
—Yoongi-hyung —dijo el muchacho, rezando internamente por no estar haciendo el ridículo—, ¿podrías ayudarme con algo?
Yoongi inclinó la cabeza hacia un costado, aparentemente tomado por sorpresa. Jimin se dijo a sí mismo que su idea había sido ridícula, siendo que ambos se encontraban en áreas distintas, y aunque partes de la operatoria fueran similares, no podía sencillamente ir y pedirla a Yoongi que lo ayude en algo que quizás él no tenía idea.
Contra su propio pronóstico, Yoongi solamente dijo:
—Dame un segundo.
El chico tecleó velozmente sobre su laptop. Jimin lo vio llevando el mouse de un lado a otro, un tanto apurado, hasta que finalmente pudo darle fin a lo que fuera que lo había tenido ocupado hasta ese momento, y dejando la computadora en su escritorio, Yoongi se puso de pie y se dirigió junto a Jimin, robando la silla de escritorio que correspondía a Tae. Se acercó hasta Jimin, para tener una mejor visión de la pantalla de la computadora del chico, y Jimin se movió a su vez para hacerle espacio, y porque comenzaba a sentirse abrumado de tener a Yoongi tan cerca suyo.
—Bien, ¿en qué te ayudo?
Jimin le explicó al de cabello negro qué tipo de análisis estaba haciendo en ese momento, el listado que había armado, los puntos que había considerado importantes, y demás datos que tendría que enviar por mail antes de irse. Le enseñó a Yoongi de dónde había estado sacando la información, algo que Tae le había explicado anteriormente por fortuna, y Yoongi estuvo atento todo el rato que Jimin hablaba, haciendo alguna que otra pregunta si algo no le quedaba del todo claro.
Entonces Yoongi releyó lo que Jimin había anotado hasta el momento, y le marcó un par de errores que, según sus palabras, en realidad eran mínimos, pero que no estaba mal que tuviera en cuenta. Jimin le agradeció, complacido por su ayuda, y creyendo que eso había sido todo, Jimin se dispuso a continuar con la operación. Sin embargo, Yoongi se mantuvo a su lado hasta que Yoongi pudo acabar, diciendo que no estaba tan ocupado como Jimin había creído, y que no tenía problema en ayudarlo y corregir lo que hiciera falta.
Les llevó largos minutos terminar con el informe, pero aún así, Jimin sentía que había aprendido mucho más oyendo la opinión de una persona que llevaba tanto tiempo trabajando en la empresa, aún siendo que no estaba estudiando una carrera relacionada al tema.
Cuando Jimin por fin envió el mail, tras haberlo revisado un par de veces más junto a su compañero, el menor se echó hacia atrás en su silla, soltando un largo suspiro de alivio. El joven sentía su cerebro exprimido, pero aún así, sentía que había valido la pena todo aquello. Más aún pensó aquello en cuanto sintió una mano reposando en su coronilla, agitando luego sus cabellos en un gesto cariñoso.
Jimin abrió bien sus ojos para comprobar que, en efecto, había sido Min Yoongi quien acababa de tener aquel detalle de aprobación con él.
—Vaya Jiminie, en verdad has aprendido muchísimo todo este tiempo —lo felicitó el mayor con cierta sorna, cuyo motivo Jimin no fue capaz de distinguir en un principio.
¿Acaso Yoongi estaba...?
—Eh... yo, en realidad... —balbuceó, sin ser capaz de poner sus neuronas a trabajar.
Yoongi le sonrió entonces, con una calidez a la cual Jimin no estaba para nada acostumbrado de su parte.
—Estoy bromeando contigo —dijo Yoongi antes de ponerse de pie y volver a su lado del cubículo—. Estás haciendo un buen trabajo.
Jimin se llevó una mano a la cabeza en cuanto perdió la imagen de Yoongi detrás del panel. Se sujetó sus propios cabellos, los mismos que Yoongi había agitado tan descaradamente, como si Jimin fuera un niño o algo así.
Jimin había sentido las manos —¿frías, acaso?— de Yoongi contra él, contra su cuero cabelludo. Y se había sentido tan bien, tan correcto. Jimin creía fervientemente que las manos largas de Yoongi habrían sido capacitadas especialmente para revolver no solo los cabellos de Jimin, sino el mismo cerebro del muchacho.
Mierda, ¿qué debía hacer Jimin desde entonces para volver a ganarse ese gesto de aprobación por parte de Yoongi?
Aunque había terminado su jornada laboral aquel día, Jimin se sintió más motivado que nunca a seguir mejorando en su trabajo.
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—Seguro le gustas —había dicho Jungkook de forma tranquila, como si aquel conjunto de palabras no fueran capaces de causar estragos en su primo mayor que lo escuchaba—. Le gustabas a medio mundo en Busan, después de todo.
—Sí, pero esas eran mujeres, Kookie —había insistido Jimin, quien estaba totalmente frustrado por la poca ayuda que le estaba dando su pariente—. Además siquiera me conocían realmente. Solo nos veían jugando en la calle y de pronto se aparecían con cartas de amor para nosotros.
El recuerdo puso a Jimin un tanto nostálgico: La familia de Jimin había sido oriunda de Busan; sus abuelos habían nacido allí, al igual que sus padres y tíos. Solo que los padres de Jimin habían optado por irse a vivir a Seúl luego de su casamiento, y Kookie se había mudado de grande a la ciudad capital junto a un par de compañeros de instituto.
Desde su nacimiento, Jimin había pasado gran parte de sus vacaciones en casa de sus tíos o abuelos de su ciudad natal, a los cuales actualmente no veía con tanta frecuencia. Se había prometido a sí mismo organizarse de manera tal que, al siguiente verano, no tuviera impedimentos que le hicieran ver a su familia. Había mantenido el contacto con ellos vía teléfono y redes sociales. Aún así, no tenía comparación alguna.
Así que allí estaba Jimin, en el piso que Kookie compartía con sus amigos. El sitio estaba convertido en una pocilga cuando Jimin había llegado una hora atrás, y tuvo la intención de regañar a su primo por ello, sin embargo, Jungkook le explicó que en realidad el desorden era culpa de sus compañeros. Y aún así, decidió ponerse a limpiar el sitio a la vez que Jimin le contaba su situación con su compañero de trabajo y cubículo, ambos aprovechando que los compañeros de piso de Kookie estuvieran fuera, ocupados por sus respectivos trabajos.
Jimin le había dado todos los detalles que le fueron posible recordar. Jungkook le había lanzado un par de miradas reprobatorias al notar cómo Jimin describía alguna mirada particular que Yoongi le había dirigido, de moda exagerada o queriendo dar a entender algo que bajo el criterio de Kookie era «pensar demasiado las cosas».
—Además, siquiera estoy seguro de que sea gay.
—O bisexual —comentó Jungkook, a lo que Jimin asintió en acuerdo—. ¿Por qué no solo le preguntas? —sugirió.
Jimin, quien había estado todo el rato sentado en único sillón de la casa, agradeció estar sentado porque se echó involuntariamente hacia atrás, rechazando de forma física e inconsciente la idea.
—Kookie, ¿no oíste nada de lo que te dije? —le recriminó al menor, queriendo ponerse de pie para ir a golpearle—. Aún siquiera somos amigos realmente. No pude volver a hablar con él de temas que no fueran del trabajo desde aquella vez en el bar, y es lo que más me frustra.
Jimin echó la cabeza hacia atrás en el sillón, no solo molesto, sino también un tanto triste por no ser capaz de acercarse a la persona que más le interesaba en aquel momento. Culpaba a esas escasas dos horas de trabajo. A la causalidad del destino que había decidido que uno trabajara en la mañana y otro en el turno tarde-noche. Más aún, Jimin deseaba ser más extrovertido y capaz de iniciar conversaciones consistentes con el mayor.
Jungkook había terminado de distribuir la ropa que había estado tirada por el piso, haciéndola un bollo y dejando en el cesto de lavado que cada inquilino tenía, y doblando la suya que se encontraba limpia y teniendo cuidado de no confundirla con la del resto.
Jimin se preguntó cómo dentro de todo aquel trabajo su primo acabó llegando a la conclusión que a continuación expresaría:
—Deberías invitarlo a salir.
Jimin se negó rotundamente. Le dio varias razones es a Kook de por qué aquello era una mala idea, siendo que posiblemente Yoongi le rechazaría, que aquello haría que sus diminutas chances de conseguir un avance en la «relación» se extinguieran, y demás ideas que atravesaban la mente de Jimin en aquel momento.
Sin embargo, Kook no cambió de parecer.
—Solo digo que, si quieres tener la chance de que se conozcan mejor, pero no tienen tiempo dentro del trabajo, entonces deberías invitarlo a salir —explicó, mirando al mayor con seriedad—. No tiene que ser una cita precisamente, puede ser solo una salida como amigos —agregó a su vez, captando finalmente la atención de la mirada de Jimin—. Solamente hazlo.
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Jimin no podía creer que había tomado las palabras de su primo menor a él en serio. Tampoco el hecho de que había preparado todo un discurso previamente en su casa, encerrado en la habitación, con literalmente lápiz y papel, lo cual le hizo preguntarse si acaso realmente había madurado un poco en todos sus años de vida.
No podía mentirse a sí mismo: Estaba temblando. Se sentía más nervioso que en su entrevista de trabajo, o que en su primer día. Y es que, en cierta forma, no había comparación. Claro que conseguir el empleo era una necesidad casi vital para Jimin en aquel momento, pero había estado convencido de que era más bien posible que no le dieran el trabajo a alguien como él, y en tal caso, no sería su fin, sino que sencillamente tendría que seguir buscando en otro lugar.
Pero aquello, invitar a salir a Yoongi, era una cosa totalmente distinta. Porque si había algo de lo que Jimin estaba seguro, es que como él no encontraría a alguien igual. Y claro, Jimin podría aprender a interesarse en otras personas, a quererlas e incluso amarlas en un futuro. Pero si aquello con Yoongi moría en la pregunta que Jimin se había preparado para hacer, entonces el joven no sabría cómo haría para superar en un futuro el haber perdido una oportunidad tan sencillamente única.
Jimin no quería que aquello con Yoongi quedara en un «¿Y si...» ligado a él por toda su eternidad.
Aquel día, cuando Yoongi llegó al trabajo, Jimin trató de saludarlo de la forma más normal posible. Por supuesto que cada vez que alguien se proponía algo así, no resultaba tan natural como debería ser. Por lo que Yoongi miró un tanto extrañado a su compañero al recibir de pronto un saludo por demás efusivo. Pero sencillamente decidió ignorarlo y tomar asiento en su escritorio.
Era viernes. Jimin había planeado invitarlo para el día siguiente, sin embargo, temía que quizás Yoongi ya tuviera planes de antemano. De hecho, viéndolo de esa forma, Jimin siquiera sabía si su compañero tenía más amigos por fuera del trabajo, o quizás una pareja incluso.
Mierda, no tenía ni idea de en dónde se estaba metiendo, y aquello lo hacía sentir que estaba arriesgando demasiado.
Jimin esperó por el momento más oportuno para aprovechar y sugerirle de salir, sin embargo, siendo que ambos se hallaban en sus respectivos asientos, el momento ideal no se presentó por arte de magia, como el menor hubiera preferido. Así que, cuando llegó su hora de irse, Jimin se resignó y se vio obligado a actuar en ese momento.
Taehyung le preguntó si lo esperaba para marcharse siendo que Jimin parecía estar tardando más de lo normal. El chico le dijo que fuera tranquilo, ya que se tomaría unos minutos.
Sin nada más para decir, Tae se despidió de él con un abrazo, y fue a saludar a Hobi antes de marcharse. Jimin esperó a que el chico se fuera para entonces ponerse de pie, mirar de soslayo hacia Yoongi, y decidir de una vez acercarse hasta él, escondiendo su cuerpo en el panel del costado de su cubículo, con la cabeza asomando por encima del mismo.
Yoongi alzó sus ojos hacia donde él se hallaba, e hizo una mueca para ocultar una sonrisa.
—Yoongi —le llamó el menor, con voz tímida—, ¿también fue tu última semana de exámenes? —Inquirió, con total inocencia.
Claro que aquella no era una pregunta casual. Jimin había buscado hasta el cansancio el modo indicado de iniciar aquella conversación. Y aunque aún tenía sus dudas, no había hallado mejor manera que aquella.
Por supuesto, Yoongi entendería que aquella pregunta era algo común siendo que ambos iban a la misma universidad, y tenían un cronograma similar en lo referente a semanas de exámenes.
—Ah, sí, de hecho hoy entregué un trabajo importante —afirmó el chico de cabello negro.
De pronto Jimin comprendió que todo el cansancio visible en su rostro se debía a un esfuerzo sobrehumano por parte del mayor. Y volvió a preguntarse si acaso su propia idea había sido bien pensada.
—¿También eres hombre libre?
Jimin asintió, evitando sus ojos.
—Ayer tuve que dar un examen teórico. Fue lo último que me quedaba —dijo Jimin, y tras una breve pausa entre ambos, donde se hizo evidente que ninguno de los dos sabía qué decir para llenar el vacío, Jimin se obligó a sí mismo a lanzarse a la piscina—. ¿Tienes planes para mañana?
—Dormir —respondió el otro inmediatamente, con un rostro serio que convenció a Jimin de que aquel plan sería un hecho por determinación—. Me imagino que tú planeaba lo mismo, ¿cierto?
Y entonces el menor se asustó. Interpretó la situación a su modo, convencido de pronto de que Yoongi le estaba diciendo indirectamente que había captado la idea, y lo estaba rechazando. Y Jimin no solo se sintió decepcionado, sino que además se sintió terriblemente humillado, totalmente avergonzado de sí mismo y sus ridículas, tontas y estúpidas ideas.
Quiso salir corriendo por la entrada lo más rápido posible.
Aún así, no lo hizo.
—Oh, había pensado en que hiciéramos algo, hyung —confesó, porque al fin y al cabo, ¿para qué fingir a ese punto?—. Pero no te preocupes, entiendo que quieras descansar.
Jimin estuvo a punto de voltear y marcharse, sin embargo, con la mirada de Yoongi fija en él, más seria que antes, le fue imposible moverse. Como si le estuviera ordenando quedarse quieto, y esperar a que oyera lo que tuviera que decir para él.
Así que el chico se quedó estático, abrumado por aquella sensación, sintiéndose como una víctima inocente a punto de ser liquidada.
—¿Mañana? —repitió Yoongi, a lo que Jimin tan solo movió la cabeza de forma afirmativa—. Park Jimin, ¿en serio crees que voy a dormir las veinticuatro horas del día de mañana?
Jimin se quedó con la boca abierta, incapaz de pensar en algo qué responder. Yoongi se rió ante su estado, y terminó por apoyar el codo sobre el escritorio, a su vez que recostaba su mentón sobre su propio puño.
—Aunque sí es verdad que no pienso levantarme hasta mañana en la tarde-noche —confesó, sin bromear—. Pero después de eso no veo por qué no podríamos, eh, no sé, ¿salir a comer?
Las mejillas del menor se enrojecieron. Volvió a tener el mismo pensamiento de salir huyendo de allí, sin embargo, en aquella ocasión fue por una razón completamente distinta a la anterior.
Jimin quería ocultar su rostro a toda costa de Yoongi, por lo que le pidió rápidamente su número de celular para coordinar mejor por allí, y tras un saludo veloz y breve, escapó de la oficina con sus cosas, deseando que el aire fresco lograra poner en orden sus emociones e ideas.
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Jimin estaba en la vereda frente al restaurante, mirando la fachada con ojos llorosos, queriendo golpearse a sí mismo contra el poste más cercano o lo que fuere.
Yoongi aún no había llegado, pero le había dicho que estaba tan solo a un par de cuadras.
Y Jimin no había pensado en un plan de respaldo. Por lo que al encontrar que, el mejor sitio que había hallado desde google maps estaba en remodelación, se había quedado con el cerebro en blanco, sus neuronas negándose a colaborar e idear un plan «b». Sencillamente había cedido al pánico, y en el momento en que Yoongi llegó, Jimin aún tenía la boca abierta, incrédulo de su propia mala suerte.
Yoongi observó sin pasmarse la fachada del restaurante, sin molestarse siquiera en expresar alguna queja o señal de disgusto.
—Oh —fue lo único que salió de la boca del mayor.
Y Jimin tuvo terror de pensar que, quizás, aquello fuera todo. Adiós cita, salida, lo que fuere. Adiós oportunidad de poder conocer más a Yoongi, de pasar tiempo con él como dos personas normales en su tiempo libre. Más aún, Jimin pensó en el adiós a la chance de descubrir qué era exactamente lo que sentía por él en aquel rato que hubieran pasado juntos, en el cual hubiera aclarado muchas de sus propias incógnitas.
La felicidad de Jimin había sido tan breve, efímera.
Jimin no estaba dispuesto a dejarlo ir todo tan fácilmente.
Tomó su teléfono del bolsillo, y empezó a buscar en el mapa el sitio más cercano y decente que pudiera encontrar.
—Ah, hyung, lo lamento. El lugar se veía tan lindo —confesó. Para su desgracia, ninguna de las opciones que aparecían eran de su agrado. Supuso que menos aún serían el de Yoongi—. Debe haber algún sitio aquí cerca, tiene que...
Yoongi carraspeó, atrapando la atención del menor. Dejó de mirar su celular para desviar sus ojos hasta él, quien lo evitaba con los ojos fijos hacia el final de la calle. No parecía estar viendo algo en específico, a decir verdad. Más bien parecía perdido en alguna vaga idea de su cabeza.
—Mi casa está a dos cuadras de aquí —dijo a continuación, metiendo las manos en los bolsillos de su campera de cuero—. Podría cocinar algo para los dos.
Jimin analizó la situación. Yoongi, quien siempre aparentaba ser un tipo distante, de pronto estaba invitando al más joven a su hogar, como si nada.
Una ola de viento frío hizo tiritar al chico. De pronto deseó hallarse refugiado en algún sitio, y si ese tenía que ser el lugar donde vivía Yoongi, ¿acaso iba a decir que no?
Yoongi volteó hacia él, y vio un rostro que jamás había presenciado. De pronto Yoongi lucía totalmente apenado, y hasta un tanto adolorido por la demora de respuesta. Y el corazón de Jimin se encogió; se contrajo en si mismo. No había otro modo de explicarlo.
—... Si quieres —agregó Yoongi, como quien lanza el dado en un juego de azar, apostando a todo o nada.
Y Jimin se permitió contemplar los ojos negros de Yoongi.
Dios, eran bellísimos.
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—¿Pollo está bien para ti? —consultó el mayor, mientras observaba el interior de su congelador.
El chico asintió, así que Yoongi sacó una bandeja donde tenía la carne blanca. La dejó en la mesada, sobre una tabla de madera, y con un cuchillo fue cortando en trozos grandes, luego agregando sal en una olla con agua ya hervida, y puso a hacer el pollo dentro. Con otro cuchillo limpio fue cortando las verduras que tenía, a las cuales luego le echaría salsa de soja para darle más sabor.
Jimin lo observaba desde la mesa diminuta que había en el centro del piso. Yoongi vivía en un monoambiente, pequeño, pero que no pedía mucho de alquiler y le permitía tener privacidad. Detrás de la mesa había una cama de plaza y media, una cajonera a un costado con una computadora de escritorio encima —sí, exactamente—, un canasto de ropa sucia, y la puerta del baño se hallaba pegada a la de entrada en el pasillo por el cual había ingresado.
Jimin había prestado especial atención a la computadora. Tenía un micrófono a un lado, del tipo profesional, y había una especie de teclado que Jimin luego reconoció como una mezcladora. Sutil, pero supuso que debía costar lo suyo. El mayor también tenía un parlante a cada lado, aunque parecían haber sido comprados usados. O quizás sencillamente los tenía desde hacía mucho tiempo.
Aún así, a Jimin lo maravilló encontrarse con todo aquello. Quizás no pareciera mucho, pero imaginó que, para Yoongi, aquellos materiales que componían su humilde estudio debían significar mucho en su vida, lo mismo que para él lo era la danza y la música.
Habían unos cuantos libros y cuadernos apilados a un lado de la mesa, los cuales supuso que debían ser de la universidad. En el suelo junto a una pata de otra silla, Yoongi había dejado una mochila la cual también se hallaba sobre la mesa cuando apenas habían llegado.
Jimin no pudo evitarlo. La pregunta se escapó de sus labios.
—¿Qué tipo de música compones, Yoongi-hyung?
El mayor le estaba dando la espalda. Ya había puesto las verduras a cocinar, y estaba limpiando los utensilios que habían quedado sucios. Se apoyó de espaldas a la encimera mientra se secaba las manos y respondía.
—Rap, mayormente —respondió inmediatamente—. Pero me gusta trabajar variado en los géneros.
—¿Has tenido que presentar alguna canción esta semana? —preguntó Jimin, con los ojos fijos en la mezcladora.
—Ah, sí —admitió el de cabello negro—. Fue una tortura.
Jimin dejó de observar los aparatos para volver hacia Yoongi, que caminaba hasta él perezosamente.
—¿De verdad?
Jimin de pronto se sintió terriblemente decepcionado. Creía que Yoongi era como él, que se trataba de una persona apasionada por lo que estudiaba, por el arte...
Pero tuvo que retractarse de aquel pensamiento inmediatamente:
—Suelo exigirme demasiado —explicó el mayor—. Por lo que cada vez que creía haberla terminado, al final le encontraba algún detalle o terminaba queriendo cambiar una gran parte de la canción y pues... Fue caótico.
Jimin sonrió hacia el chico. Lo observó tomar asiento frente a él, y aunque en ese momento se mostraba bastante tranquilo, no podía evitar compararlo al semblante que había llevado diariamente al trabajo en aquellas últimas semanas. Su cansancio denotaba por encima de cualquier rasgo. Pero allí, frente a él, Jimin podía asegurar que Yoongi había bajado bastante los decibeles del estrés.
—¿Siempre supiste que querías componer canciones, hyung?
Yoongi inclinó la cabeza mientras meditaba. Jimin observó cómo este de pronto rebuscaba en la mochila por algo, hasta que sacó de allí un encendedor y un paquete de cigarros. Encendió uno, y le dio una calada honda antes de responder.
—Sí —confesó—. Había considerado meterme en alguna agencia de música, ya sabes —mencionó, haciendo un gesto vago con la mano—, pero decidí al final estudiar por mi cuenta y tomar este camino.
Jimin asintió, comprendiendo.
—A mí también me dijeron que debería meterme en una agencia. Pero... siempre quise tener la oportunidad de enseñarle a otros —admitió, con sus mejillas ardiendo ligeramente.
—Te estás dedicando a lo que quieres. Eso es bueno —dijo Yoongi, dando un par de golpecitos a su cigarro por encima del cenicero, donde ceniza cayó y dejó un rastro de humo ascendente—. La mayoría cree que son carreras que equivalen a pérdida de tiempo, pero pienso que, si esta es nuestra única vida, ¿no estarían desperdiciando su tiempo aquellos que estudian algo sencillamente por las superficialidades?
Jimin se quedó pasmado. No recordaba haber oído a alguien hablar de aquella manera, sin embargo, no era algo que no hubiera cruzado antes por su mente.
—Bueno, aunque cada persona nace bajo distintas circunstancias que los rodean —comentó Yoongi, reflexivo—. No todo el mundo tiene las mismas oportunidades.
El pecho de Jimin ardía. No entendía la razón. Aún había algo que escapaba a su entendimiento. Pero su corazón latía dolorosamente contra su pecho, y Jimin no creía que fuera un síntoma o algo similar.
De pronto se oyó un ruido de fuego crepitando. Yoongi volteó velozmente, y al ver que el agua de la olla estaba cayendo por los costados, fue corriendo a destapar la olla y esperar que las burbujas de ebullición disminuyeran su altura. Yoongi estuvo un rato parado junto a la cocina revisando el pollo y las verduras, ya con el fuego apagado, por lo que Jimin decidió acercarse hasta la computadora y observar de cerca.
Jimin no había visto nunca antes una mezcladora. Tampoco tenía idea de cómo se utilizaban realmente. Pasó la yema de sus dedos por encima del complemento musical, y admiró la extraña belleza que esta irradiaba.
El menor no lo notó, pero de pronto Yoongi estaba detrás suyo, con su pecho pegado casi al hombro de Jimin. El menor no se movió, menos aún cuando vio el brazo de Yoongi pasar por encima de su hombro. La mano se dirigió a la pantalla de la computadora, encendiéndola, y luego procedió a prender el CPU, el cual comenzó a imitar el sonido de un ronroneo.
Yoongi ya se había apartado de Jimin, aunque tampoco demasiado. Se encontraba a su lado, usando el mouse para buscar entre sus archivos un audio al cual había guardado como «Trabajo final final verdadero el real».
Jimin no pudo evitar reírse al ver el título, y Yoongi le dio un ligero empujón, diciendo que era un detalle sin importancia.
—Esto es lo que presenté en la semana —dijo, antes de volver a tomar asiento donde antes, a la par que la música comenzaba a inundar el monoambiente, primero con un murmullo casi ausente, y luego con una melodía de piano, agresiva, que había despertado todos los sentidos de Jimin de pronto.
Jimin se sintió atacado en cierta forma. El inicio instrumental era salvaje, algo que Jimin no había oído antes. No mostraba para nada el lado sereno de Yoongi. Todo lo contrario. Expresaban un instinto casi animal, aquel lado bruto y violento de las personas. Jimin percibió los sonidos editados por la mezcladora, los efectos añadidos. Y entonces, la voz de Yoongi se hizo presente en un hueco de sonido instrumental, exigiendo toda la atención en su entrada.
Hasta que la voz y el acompañamiento musical lo golpearon de repente al mismo tiempo, dejándolo abatido. Jimin se sujetó con firmeza al escritorio, vivenciando con cada rincón de su cuerpo la experiencia astral que era oír aquella canción, como ser transportado a un mundo de fantasía, o incluso mejor.
La canción duró cerca de tres minutos. Jimin se quedó un momento de espaldas a Yoongi, observando el título «Trabajo final final verdadero el real». El silencio se extendió. Yoongi se removió incómodo en la silla.
—Sé que no es del gusto de todo el mundo —se adelantó a mencionar—, pero el profesor había pedido algo original y que nos caracterizara, por lo que...
Dejó la frase inconclusa, a lo cual Jimin optó por sacarle ventaja:
—Yoongi-hyung —murmuró, con una mano por encima de sus labios. El aludido le observó cuando volteó para enfrentarlo—, eso fue... tan genial.
El mayor suspiró de alivio, y soltó una risa nerviosa para calmar su ansiedad, siendo que había creído que Jimin indicaría lo contrario a ello.
Pero Jimin no se detuvo ahí. Porque la canción había movido algo dentro suyo, uniendo las piezas restantes, dejando al chico no solo maravillado por la música, sino también por su autor.
—Yoongi, ¿puedo ser totalmente honesto contigo? —consultó—. Es que, conociéndote ahora, no puedo creer como todo el mundo parece tenerte miedo en el trabajo.
El aludido empezó a reírse sonoramente, cubriendo la mitad de su rostro con la mano.
—Sabes a lo que me refiero —cercioró—. Es como si todo el mundo tuviera esta imagen tuya de persona fría e inaccesible —comentó, peinando sus cabellos hacia atrás mientras meditaba lo que iba diciendo—. Creo que yo también la tenía en un principio. Sin embargo, y aunque te he ido conociendo poco a poco, me doy cuenta de que me estaba perdiendo de conocer una persona maravillosa por un prejuicio estúpido.
Yoongi de pronto dejó de reírse. Sus ojos se anclaron en Jimin, su expresión mostrando que había sido tomado por sorpresa.
—Es decir, eres tímido, ¿verdad? —dijo, aunque no hacía falta ninguna respuesta del mayor—. Creo que eres realmente considerado con otros. Siempre que alguien se te acerca a pedir tu ayuda, tú nunca los rechazas. Quizás tienes un aura intimidante, pero desde que te conozco no hubo una vez en que no sintiera que estabas siendo amable conmigo. Todo lo contrario, siempre te portas de maravilla con el resto, y en especial con Hobi y Tae. Y estoy seguro de que ellos lo saben, que en verdad los quieres.
Jimin de pronto se preguntó si no estaría cruzando alguna especie de límite con todo aquello. Es decir, Yoongi en ningún momento le había pedido una opinión suya respecto a su persona. Sin embargo, Jimin sentía la necesidad imperiosa de hacérselo saber. Porque alguien debía decírselo. Que era apreciado, que había alguien apoyándolo aún si no habían llegado a ser amigos aún.
—Me hizo tan feliz saber que había alguien más estudiando algo relacionado al arte en la oficina —mencionó, sin querer dejar pasar aquel detalle—. Me hizo sentir menos solo, de alguna forma, incluso si estudiamos ramas distintas. Y no tienes una idea de lo talentoso que creo que eres ahora que acabo de escuchar tu canción. Además, dioses, ¿siempre has sabido rapear así? Porque sin dudas...
—Jimin —le cortó Yoongi, quien había alzado una mano en su dirección, en señal de pedido de una pausa—, ¿me dejas preguntarte algo a ti?
El menor no se imaginaba qué podía preguntarle Min Yoongi. Sin embargo, asintió, curioso por naturaleza.
—¿Siempre eres así con todo el mundo?
Jimin entendió a qué se refería.
Una sonrisa tímida se dibujó en sus labios. Se rascó la mejilla, un tanto avergonzado.
—Ah, no realmente —dijo, entre risas para ocultar su nerviosismo—. Creo que es porque sencillamente te admiro, hyung.
Yoongi pensó un momento sus palabras. De un segundo al otro, se puso de pie, apoyándose a espaldas contra el borde de la mesa. Se cruzó de brazos, y desafió a Jimin con la mirada.
El menor se sintió un tanto cohibido de pronto.
—¿Jimin?
—¿Sí?
—¿Te gustan los hombres?
El chico de cabello castaño se echó hacia atrás, casi chocado con la cajonera. Volteó a ver que había movido ligeramente la mezcladora, pero no había tirado ni desconectado nada en su movimiento brusco.
Se giró hacia el mayor, con el corazón latiendo más fuerte que antes.
—Sí —dijo, su voz suave.
Yoongi se descruzó de brazos, y abrió y cerró las manos de forma inconsciente, queriendo calmar el adormecimiento de sus manos.
—Qué bien —dijo finalmente.
Y caminó sin duda hasta él, de pronto besándolo en los labios.
Jimin sintió el borde de la cajonera contra sus glúteos, y todo el cuerpo de Yoongi pegándose al suyo por delante. Las manos del mayor fueron hasta su nuca, obligando a Jimin a alzar el rostro y pegarse aún más a su boca.
Y Jimin sintió que de pronto perdía noción de toda su realidad, a excepción de la sensación de los labios de Yoongi sobre él, sus dedos acariciando la piel de su cuello, y su abdomen unido al suyo, luchando por vencer las leyes de la física y fundirse el uno en el otro, como seres destinados a quedarse ligados eternamente.
Jimin abrazó a Yoongi y le devolvió el beso con el mismo fulgor que lo estaba dejando sin aire. Subió sus manos hasta enredarlas con los cabellos negros de Yoongi, y se sujetó a ellos mientras este lo tomaba de la cintura y lo apartaba de la cajonera.
Jimin sintió las manos de Yoongi bajar hasta sus glúteos, y lejos de sobresaltarse, sintió un hormigueo recorrer su cuerpo, una calidez que hasta entonces había olvidado. Yoongi no paraba de mover sus labios sobre él, dando ligeros mordiscos a su boca, a sus mejillas, hasta pasar a su cuello donde Jimin terminó de perder el poco autocontrol que le quedaba.
De un momento a otro cayeron en la cama, el colchón golpeando la espalda del menor, y sintiendo la suavidad de las sábanas envolviéndolo. Sintió el peso del cuerpo contrario sobre él, los dedos finos y helados de Yoongi recorriendo su abdomen sobre la ropa que llevaba.
Y Jimin no hacía más que pegarse a él, subiendo su cintura sin siquiera darse cuenta, enredando sus piernas con el otro. Quería que explorara cada parte de su cuerpo si se le antojaba. Con él de pronto no sentía reserva alguna.
Sin embargo, el mayor se detuvo de un segundo para el otro. Se distanció un poco de Jimin para poder apreciar su rostro, y este sintió que se derretía en el momento en que Yoongi paseó su pulgar sobre la piel de la mejilla del menor. Sintió su pecho subir y bajar, y sus labios hormigueaban. Se preguntó acaso si se vería tan desastroso como se sentía.
—En realidad la comida está lista hace un rato largo —mencionó el mayor, sonriendo un tanto avergonzado.
Jimin miró en dirección a la cocina. La hornalla estaba apagada. Al menos no había riesgo de incendio.
Aún así, no quería terminar despreciando el esfuerzo de su anfitrión. Menos aún al sentir el aroma de la comida invadiendo el ambiente.
—De acuerdo —dijo Jimin, siguiendo a Yoongi que se ponía de pie—. Podemos tomarnos una pausa para comer.
Antes de que Jimin se levantara de una vez de la cama, Yoongi aprovechó el momento en que este quedó sentado para tomarlo suavemente del rostro y besarlo una vez más en los labios. Jimin sintió la suavidad de los mismos, la humedad de su propia saliva en él.
—Qué suerte que ese lugar estaba cerrado —mencionó.
Jimin no podía estar aún más de acuerdo.
—Qué suerte estar aquí.
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FIN.
