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Desde que Yu y Mika son niños, no han tenido una vida normal. ¿Cómo tenerla en medio de un mundo post-apocalíptico, gobernado por vampiros que tratan a los humanos como su ganado?
Y una vez esto finalizado, ¿cómo recuperar esos años perdidos?
Ambos pudieron aprender tantas cosas buenas, así como cosas malas a raíz de este contexto; su principal filosofía de vida que habla sobre proteger a la familia, ha sido un principal motor para ambos que les ha dado la fuerza inconmensurable para soportar lo que otros mortales sencillos no podrían.
El aceptar que la pérdida puede darte una razón para vivir, aun cuando es dolorosa la vida, fue y sigue siendo una lección inaceptable pero a la vez necesaria, sobretodo para Yuuichirou.
Sin embargo, han podido entender que el mundo no es un cielo luminoso sobre un campo abundante en donde todos podrían escapar del mal con tal solo un mapa en manos. El simple hecho de escapar es imposible en todos los aspectos, aunque sea difícil de aceptar para Mika.
Saben acerca del poder y de lo que este puede hacer, por ejemplo, esclavizar, como en el caso de la supremacía de los vampiros en su reino. Que esto trae consigo una guerra incluso entre los que se supone son aliados; y eso es otra cosa, ya que en un mundo así, ¿cómo confiar siquiera entre los mismos esclavos? Cuando dos humanos se debaten la vida solo por obtener algo de comida o una satisfacción sexual.
Nunca tuvieron un buen desarrollo en su identidad sexual o en la sexualidad misma. No había tiempo de hacerlo, puesto que, como los niños más grandes del orfanato, el rol que les tocó interpretar fue el de, prácticamente, los padres de los más pequeños; Akane, Yu y Mika se dedicaban únicamente en la protección y cuidado de los menores, por ello es que se vieron obligados a crecer de inmediato en pensamiento para que ellos no tuviesen de qué preocuparse.
Mientras los tres pequeños cuidaban de su familia, ¿quién los cuidaba a ellos? Nadie más que sí mismos; Mika cuidaba de Yu y Akane desde la sombra de un pecado imperdonable. Una vez un niño grande de 16 años se lo dijo; él era un traidor al prestar su cuerpo para obtener protección.
Incluso con el nombre de traidor, Mika siempre hizo todo lo posible para evitar dos cosas; poner en peligro a su familia y que ese vampiro noble le pusiera una mano encima a Yu. Con esto traería la sonrisa que tanto ama de este niño.
Después de todo, el placer que recorre todo el cuerpo desde el cuello es inyectado por los colmillos virulentos de esos seres inmortales, y sin embargo, es una excitación pecaminosa y vulgar. No te hace sentir protegido o amado, sino todo lo contrario; hace de ti una escoria que puede ser usada y humillada por la voluntad de un tercero. Y si esto acabó con la felicidad de Mikaela, él iba a encargarse de que no lo hiciera con Yu.
Por lo tanto, lo peor que le podría pasar a Mika, es llegar a ser culpable de esta humillación y traición a la única familia que le queda. Y aun cargando con esa angustia ahí está, bebiendo la sangre de Yu desde su brazo, sintiendo la fragilidad de la humanidad en sus manos. Porque, por supuesto, ya no es un humano.
Los sorbos cautelosos son escuchados y percibidos en la fina piel morocha de Yuichirō, y aunque este se mira estoico por el acto, en sus pensamientos rondan partes del pasado que siente son necesarias esclarecer cuanto antes, porque otra de las más grandes lecciones que la vida le enseñó, fue que nunca hay tiempo suficiente para los humanos y que es mejor decir todo lo necesario en el aquí y ahora. Justo como Mikaela hizo al comprender la magnitud del tiempo humano e incluso del tiempo inmortal de la muerte.
«Yu-chan. Te amo».
Recordarlo mientras siente un ligero cosquilleo en su brazo durante el acto personal de la lengua de Mikaela, le hace sentir extraño. Desde que tiene memoria sabe que ha habido una sensación tortuosa que le dio un propósito de rebelión; la extracción de su sangre para complacencia de los vampiros. No hacían más que verlo como ganado animal que los mantenía con vida y goce.
Sin embargo, Mikaela nunca lo vería como un animal de ganadería al que se podía utilizar. Ciertamente, como dijo Asuramaru hace dos años, lo ama. Y mientras recuerda esas palabras platónicas de su única familia, un sonrojo inmediato mancha sus mejillas al también mirar con atención a Mika.
Alguien en este cruel y devastado mundo lo ama y lo necesita. Eso es suficiente.
Ni bien se sirve el vampiro con la sangre de Yu, limpia cuidadosamente los puntos marcados por aquellos colmillos con un pañuelo. Lamer de más su piel sería vergonzoso, a pesar de que todo el acto ya lo es para él.
La guerra terminó. Ni humanos ni vampiros ganaron, solo aquellos que tenían el mismo fin, el de restaurar el mundo; devolverle el equilibrio. No obstante, a pesar de que muchos compañeros vampiros obtuvieron su más grande deseo, este vampiro sigue en el mundo terrenal esperando el suyo, porque mientras los otros codiciaban el descanso eterno, Mikaela quería una vida junto a Yuichirō como humano para morir en una misma línea de tiempo, sin extrañarse o decirse adiós para siempre.
Yuichirō ya tiene 18 años y el tiempo se está encargando de apresurarlos con ansias.
Por lo pronto, están viviendo en esa misma costa playera en la que estuvieron anteriormente en un intento de refugiarse y esconderse del JIDA. El mar volvió a su estado natural, los animales paulatinamente regresan a su hogar y Yu permanece en la búsqueda de la humanidad de Mika.
Pueden decir sin remordimiento alguno que esa es la mejor etapa de su vida, pues al fin están en paz y juntos. El escuadrón Shinoa los visita regularmente desde la ciudad vecina, y por fin pueden tener el papel que desde un principio debían interpretar; jóvenes ansiosos por vivir la vida. Con estas ansias por devorar el mundo, Yu se dice a sí mismo que tiene muchas cosas por hacer junto a Mika, como abrir un orfanato para cuidar de muchos niños sin hogar, comer juntos curry, aprender a nadar en el mar, y quizá la más importante; aprender amarse.
Yuichirō observa con parsimonia a Mikaela mientras busca un pedacito de algodón para humedecerlo con alcohol y ponerlo en la herida del muchacho. Ni bien hace presión en su brazo para parar el sangrado, Mika decide refugiarse en la acción de la cocina. Si bien todavía no pueden gozar de una comida compartida, lo cierto es que es regocijante para Mika cocinarle a Yu, mientras que él no tiene manera de decir que lo hace mal.
Gracias a que el joven vampiro y el ex-soldado obsequian protección al pequeño pueblo, son beneficiados con donaciones de víveres y alimentos que al día de hoy le permiten a Mikaela hacer un curry sencillo, la comida favorita de Yu, por supuesto.
—En un momento estará lista la cena, Yu-chan. Debes estar cansado, ¿cierto?
Con un murmullo, Yu dice que está equivocado.
—Siempre que bebes mi sangre me siento un poco extraño, pero no es desagradable.
Al revolver el caldo que es visto desde la olla en su modesta estufa, Mikaela detiene la velocidad para cocinar con una quietud melancólica, pues solo demuestra con la mirada que los puntos rojos en la piel de Yu seguramente le causaron dolor, y seguirá siendo así hasta que deje de “usarlo”.
—Lo lamento, Yu-chan.
—Deja eso, estoy bien. No puedo regenerarme como antes, pero es lo que queríamos, ¿cierto? Ser humanos.
La voz que emana el ex-soldado suena tan suave, que hace pensar que algo más pone turbia su mente. Sigue observando su brazo y esa herida. Entonces recuerda a quienes culminaron su viaje en la vida.
—¿Extrañas a tus amigos?
Y decir que si es lo mínimo que puede hacer para honrarlos. Extraña a Asuramaru, a Guren y a su escuadrón. Podría decir que recuerda taciturno a Ferid y a Crowley, e incluso a la mismísima reina que cobijó a Mikaela. Hoy todo lo que tiene es el amor de Shinoa, Mitsuba, Yoichi, Kimizuki y Mikaela.
Este último regresa a su sencilla gastronomía, en cambio, Yuichirō da a nacer una nueva incógnita; el amor que siente Mika, ¿es igual al que su familia tiene por él? Es decir, sus antiguas palabras fueron sentidas con un dolor inimaginable, pero no es un tonto, en el pasado hubo niñas que le confesaron un amor diferente al que él conoce, un amor romántico. A pesar de que es el mismo sentimiento, está dirigido hacia otros aspectos de la vida de esa persona. No está seguro de cómo definirlo, lo único que sabe es que el amor que conoce es el que le han dado personas que están dispuestas a aceptarlo incluso si es débil, si es un monstruo, hijo del diablo, o la representación de una persona inútil. Para él, eso es el amor; entregar la vida. Estas chicas, sin embargo, esperan algo más de él al declarar este amor; lamentablemente no está muy seguro de qué. Nunca ha tenido novia y no ha mostrado una reacción particular con alguna mujer.
La respuesta era la venganza. Un hombre como él, que había perdido todo, no tenía tiempo para nada más que la ansia de asesinar a quien asesinó ese amor que conoce.
Ya no hace falta la venganza como razón para vivir. Él lo dijo, ahora su razón para vivir es Mikaela; devolverle su humanidad. Entonces, ¿por qué no quiere un amor que sea diferente? Quizá esta vez la prioridad es Mika, y por ello no quiere desviar su atención, aunque no hay una como tal en esos temas.
Luego de agradecer la comida hecha por el vampiro culinario, Yu se devolvió a su trabajo habitual, el de resguardar el pueblo. Si bien ya no hay jinetes del apocalipsis que puedan cernirse sobre el ser humano o vampiros que den intentos de convertirlos en ganado, esta reconstrucción global trae consigo las viejas discrepancias en los mismos seres humanos. La envidia, avaricia y el poder continúan su papel antagónico en el mundo y se desatan cada día más actos ilícitos como el robo, extorsión, amenazas de muerte y demás. Incluso en un pueblo olvidado.
En su caminata, Yu puede observar todo lo contrario y eso produce una sonrisa sincera en él. Ve con agrado a los niños correr, a los adultos disfrutando sus alimentos y protegiendo a los pequeños. Han sobrevivido aquellos que pueden relatar los viejos tiempos de antes del apocalipsis y que dejarán semillas memorables en estas próximas generaciones. Una señora de casi 40 años saluda a Yuichirō y lo atrae con el llamado a su ventana.
—Buen día, señora Yoko —saluda el ex-soldado que se sabe de memoria los nombres de los habitantes.
—Buen día, joven Hyakuya. Hace mucho quería darte esto, pero he estado ocupada viajando constantemente a la ciudad.
—No se preocupe. Muchas gracias, señora Yoko.
Ni bien le pide que vaya a su puerta para darle directamente unas bolsas con verduras y frutas, Yu observa a su lado a unos metros a una pareja que camina junta, tomados de la mano y dándose besos ocasionales en los labios. Conoce a los dos jóvenes, y se sorprende al ver esa demostración ya que a pesar de todo, no estaba informado de su relación.
—Están en la mejor etapa del enamoramiento —comenta la señora Yoko al notar la atención de la escena—. Cuando sienten la inocencia en el amor y la fe que le tienen a la otra persona. Cuando se vuelve alguien importante en tus pensamientos todo el día y toda la noche; cuando no quieren estar con nadie más. Amar en los primeros pasos es realmente hermoso, ¿no lo crees?
Yu mira atento a la señora, conmovido por sus palabras y a su vez, viéndose alentado por haber tocado el tema que lo mantiene intranquilo. Así, con algo de pena le pide que lo deje entrar a su casa, pues tiene mucho qué hablar con ella. Es una mujer que conoce tantos mundos al haber estado antes, durante y después del apocalipsis; la supone una gema de sabiduría envidiable con sus experiencias.
—¿No sabes lo que es el amor? —inquiere ella a Yuichirō, estupefacta.
—Si lo sé, pero tengo mis dudas.
—¿Cuáles podrían ser?
A la señora Yoko le parece cada vez más tierno ese joven ex-soldado, pues al hablar e intentar explicar sus sentimientos, su voz y su semblante figuran tanta inocencia. De pronto siente pena por ese niño, pues la guerra lo privó de ser un chico normal, de ser amado y de amar como cualquier humano que tiene derecho a ello.
En sí, Yu quiere entender lo que siente por Mika, y los sentimientos de este último. Ha escuchado por las calles en sus paseos a las personas decirse te amo . Al principio fue extraño, pues era insólito encontrar esas palabras en el campo de batalla. Ahora ya es parte de la cultura sobreviviente. Es tan importante para todos decirlo teniendo en cuenta el misterio del tiempo; lo bueno y lo malo que ocurrirá.
Ese «Te amo, Yu-chan» sigue latente en la mente de Yuichirō.
—Debes saber que nadie puede hablar por ti, hijo. Solo tú tienes el control de tus emociones; de igual manera, aquel que te ama, sabe que es así.
—¿¡Pero cómo saberlo!? —dice empezando a desesperarse.
—Piensa por un momento en esa persona especial. ¿Eres capaz de verte en un futuro a su lado?
—Sí.
—Si esa persona sufre o está triste, ¿qué sientes?
—Qué también me duele. —Ella inquiere el motivo—. Porque quiero verlo feliz.
— ¿Cuánto tiempo podrías hablar con esa persona?
—Todo el tiempo. —Sonríe Yu.
Las respuestas le dan toda la información a la señora Yoko, no obstante, parece que Yu todavía no tiene plena conciencia de sus sentimientos.
—¿Confías en él?
—Si. Le confío mi vida.
—¿Y él confía en ti?
Yu deja ir una minúscula risa al sentir ahí una trampa.
—Bueno, usted dijo que solo uno mismo puede saber lo que siente.
—Tienes razón, eres un chico muy listo. —La señora deja su sitio en el viejo sofá para buscar algo en uno de sus estantes, mientras continúa la conversación—. Sin embargo, debes ser capaz de percibir lo que él siente también.
—Bueno, creo que si confía en mí.
—¿Por qué lo crees?
—Me lo ha dicho.
—Pero eso va más allá, hijo. —Después de encontrar una pequeña caja de madera, se regresa a acompañar a Yuichirō—. ¿Te ha demostrado que confía en ti?
Ante la cuestión, Yuichirō se mantiene pensativo; lo que recuerda es que, en efecto, ha tenido secretos que en su momento no quiso revelar, sin embargo, también es cierto que se ha sacrificado por él, pagando desde su vida hasta su propia existencia, con tal de mantener a salvo a Yu. Así como dijo que estaría dispuesto a dar su vida por Mikaela, sabe que él haría lo mismo, y lo ha hecho. Desde el primer momento lo acompañó en toda travesía, incluso si ésta suscitó un peligro o amenaza; nunca lo abandonó.
Le confió su felicidad, sus sueños y el futuro a Yu, eso está claro.
—Sí —dice el joven, aseverando su fe en él.
La señora Yoko vuelve a sonreír. Ahora encuentra en los ojos verdes de ese joven soldado un sentimiento mucho más claro; ya no es turbio como las ondas del agua en intranquilidad, ya hay quietud y serenidad. Adivina que sabe lo que siente.
—Tu duda inicial era saber qué siente ese joven por ti, y qué sientes tú por él. Dijiste no poder distinguir entre un amor familiar y uno romántico. Esta es mi opinión, hijo; en tus ojos veo lo que sentí yo alguna vez con la persona que más amé en mi vida. Tras la extinción de más de la mitad de la población humana, tuve suerte de tener a un buen hombre conmigo que me cuidó cuando fuimos ganado de los vampiros. —En el rostro de Yu hay asombro, pues sus vidas se perciben parecidas—. Ambos teníamos miedo de que le hicieran daño a uno de nosotros y aun con eso, nos dimos el valor para protegernos el uno al otro. Pude ser yo estando a su lado, porque él me aceptó así, y yo lo acepté a él. Muchas personas, amigos y familia nos ayudaron, pero él siempre fue especial para mi. —La señora Yoko observa la pequeña caja que no ha pensado soltar todavía—. Nos quisimos como familia, mas nos amamos como almas gemelas.
—¿Almas gemelas?
—Ay, hijo mío —exclama ella, encandilada—. Me pregunto si sabes acerca de la leyenda del hilo rojo del destino.
Al desconocer dicha leyenda, la señora Yoko le explica la ferviente creencia de que todos estamos unidos por un hilo de color rojo atado al meñique. El otro extremo de este hilo está atado a quién es tu alma gemela; un complemento, otra parte de ti. Gracias al destino serás capaz de encontrarla, pues aunque el hilo no se pueda ver, aun si está tenso o enredado, al final nunca podrá ser cortado.
—Si deseas pasar el resto de tu vida con esa persona y tener todas tus primeras veces con él, entonces significa que estás enamorado, querido Hyakuya.
El rostro de Yu se siente arder por asimilar ese sentimiento romántico, pues si antaño nunca vio venir que alguien lo amaría tal y como es, menos supuso amar a alguien en su vida con tal intensidad, por temor a este rechazo. Pero, en efecto, ya comprende mucho mejor la magnitud de sus emociones; se siente capaz de responder a las palabras de Mikaela.
Antes de dejar la casa de la señora Yoko, no deja de preguntarse por aquella caja que tiene en su agarre.
—¿Qué tiene ahí, señora Yoko?
Ella le sonríe con tanta tristeza y a su vez, con tanto amor de por medio. Con cuidado abre la pequeña caja, demostrando casi un temor a romper su valioso contenido; las manos de la señora tiemblan mientras descubre un par de anillos de plata, totalmente preciosos para esa mujer.
—Tanto fue nuestro amor que nos prometimos una vida juntos. Lamentablemente, Daisuke murió hace unos años, poco antes de que la paz fuera devuelta al mundo, y nuestra promesa no se pudo cumplir. —Con las manos tiritando entre recuerdos, le pide a Yu su mano para entregarle la joyería—. Nada haría más feliz a esta mujer que ver al muchacho que nos ha protegido tanto, al lado de quien le corresponde del mismo modo, siendo feliz.
De esta manera, Yoko le obsequió a Yuichirō sus anillos con el propósito de ser un regalo para su persona especial; su alma gemela. Y aunque Yu ocupó ayuda de ella, en verdad sus preguntas fueron contestadas por él mismo.
Mientras Yuichiro es el encargado de vigilar el pueblo por la mañana, Mikaela aprovecha el insomnio vampírico para hacer vigilia y recorrer la zona en la nocturnidad.
Aunque deseara conciliar el sueño, es otro de los tantos efectos que tiene por ser un vampiro.
Antes de darse el paseo habitual, Mika queda prendado por el movimiento de las olas del mar que la cabaña deja mirar desde su sitio. Con el azul devuelto a esta maravilla natural, tiene un poco de esperanza que pueda tener algo en común con el mar, teniendo de vuelta sus ojos azules otra vez.
Se alivia con un suspiro que antecede el sonido de un grito de ayuda, de aparente tono femenino que suena sumamente aterrado mientras llora. Incluso con una distancia lejana, Mika es capaz de escuchar a esa mujer y entiende perfectamente el por qué pide socorro.
«¡No me hagas nada!» «¡Déjame ir!»
Eran algunas de las frases de esa joven. Con su agudo oído puede escuchar la voz de quien la tiene presa en el temor.
«¡Cállate!» «¡Vas a ser mía, hija de perra!»
Ni bien lo escucha siente náuseas inexplicables. El contexto lo sabe perfectamente, pues antaño fue testigo de sucesos similares; de alguna manera comprendió de pequeño a esas víctimas, ya que el beber sangre directamente de un ser humano, también es considerado como una violación. Empatizó con quienes sufrieron un arrebato de la inocencia propia y les despojaron el valor como ser humano.
Si bien como humano comprendió la magnitud de dichos actos, ahora no sabe si hacer algo al respecto o dejar la situación a un lado. Si es honesto, debido a su lado vampírico no siente mucha empatía por los habitantes de ese pueblo. De hecho, incluso cuando era niño, tampoco se sintió con capa de héroe como para acudir al llamado de auxilio de quienes fueron torturados o humillados. No era tan generoso como Yu, y ahora mucho menos.
Ni bien llama a ese joven a invadir sus recuerdos, puede ver una película en su mente sobre una escena en donde sin pensarlo, Yu fue un héroe al intentar salvar a una niña de la edad de Akane de haber sido violada por quienes eran los niños más grandes en ese entonces. Mikaela no hubiera querido involucrarse por pensar en los peligros que se suscitarían de ese arranque, sin embargo, eso no le importó a Yu, ya que él creía con vehemencia que todos los seres humanos debían ser aliados, no enemigos.
Está de alguna manera satisfecho de que el pensamiento de Yu haya cambiado a raíz del final de la guerra y sus consecuencias. Sin embargo, los gritos de esa chica no paran, por lo que teniendo a Yuichirō en su conciencia, no le cuesta ir con máxima velocidad al lugar de los hechos.
Aparece en cuestión de segundos tras la figura perversa que ha retirado las prendas íntimas de la joven. No obstante, sin saber la causa de su muerte, el vampiro en un siniestro movimiento le rompe el cuello a ese hombre, quien de inmediato cae al suelo como un cadáver sin valor.
La chica conmocionada observa a Mikaela, intentando recordarlo como el vampiro que acompaña al ex-soldado que protege la aldea. Eso la calma, aunque siente una completa deshonra por la vista que le obsequia al vampiro; ese hombre le quitó el pantalón y las bragas, mientras que destrozó su camisa, exponiendo así su blanquecino pecho.
No puede mirar a los ojos a su salvador y Mika lo comprende. Es más, no cree que deba haber un sentimiento de inferioridad por parte de ella, pues en definitiva no lo es. Teniendo en cuenta su situación, Mikaela se quita la capa para entregársela a la joven, así puede ir cuidándose del frío a su casa.
Sin decir una palabra, el vampiro se marcha del sitio, no esperando que la mujer se apresure a alcanzarlo y detenerlo con su llamado.
—Por favor, dime qué puedo hacer por ti para pagarte.
Mika ni siquiera piensa en una opción al respecto.
—Ve a tu casa rápido. No es necesario aclarar lo que pasó si no quieres.
Con las lágrimas aglomerándose en sus ojos, ella hace una total reverencia a su persona, agradeciendo con ímpetu su rescate entre que los pasos del vampiro se alejan paulatinamente. Aprovecha y realiza de una vez su paseo nocturno; en estos viajes ha podido presenciar tales actos desvergonzados que son propios de muchos seres humanos. No le sorprende que incluso a dos años del fin de la guerra entre humanos y vampiros, la avaricia y soberbia incida en las acciones de los hombres y mujeres.
Hay temporadas donde no hay qué comer, sobretodo en los límites y poblados rurales como esa aldea. La pobreza invita la delincuencia, robos, asesinatos y violaciones.
Aunque la luna lo sepa, son cosas que ni ella puede contar; no importa lo sonrientes que sean las personas del pueblo donde vive, por la noche no hay ojos que mirar para pedir auxilio. Al final, ¿quién es él para opinar? Así siempre ha sido y lo será.
Cuando termina de custodiar la zona, regresa a la orilla del mar frente a la cabaña a contemplarlo mientras puede. Si algún peligro ocurre, lo escuchará y lo detendrá con velocidad. Los vampiros pueden escuchar sonidos a grandes distancias, sin embargo, los gritos que hay en las pesadillas son inaudibles para ellos y para los demás. Solo el que sueña los sabe.
En la pesadilla de Yuichiro emerge un grito de dolor por perder a la persona que ama, lo cual hace que despierte alterado; está aferrado a la sábana, con algunas lágrimas en los ojos que se ven descender por sus mejillas. Busca con desespero a Mikaela y entonces recuerda que él siempre está en un mismo punto durante la noche, afuera en la playa.
Sale sin pensar o sentir el frío de la costa, el cual trae un temblor a su cuerpo aunque no sea consciente. Solo quiere acercarse a él y convencerse de que en esta realidad, Mika está presente.
Escuchando fácilmente los pasos que presionan cada grano de arena a sus espaldas, el vampiro ni se inmuta, solo espera la llegada de Yu, sabiendo por qué ese joven se ve con deseos de acompañarlo un rato en unas horas bastante matutinas para un humano.
—¿Otra pesadilla? —pregunta Mika mientras Yu se sienta a su lado.
—No.
—Ahora me mientes. Eso es muy cruel, Yu-chan.
Los dos no pueden evitar sonreír, uno por saber tener la razón, y el otro por verse descubierto.
—Bueno, perdón por eso.
—No voy a perdonar tan fácilmente a Yu-chan.
—Solo ha sido una pequeña mentira, no exageres.
Las olas del mar hacen una minúscula pausa que permite hablar con delicadeza, sin tener que verse afectado por altos sonidos.
—Dijimos que ahora que somos libres no habría más mentiras.
—De acuerdo, tienes razón. Entonces ¿me perdonas?
—Solo esta vez —dice jocoso el vampiro.
Ambos ríen por ese pequeño momento de diversión.
—Bien, ¿cómo ha estado la noche? —inquiere esta vez Yuichirō.
—Tranquila, como siempre.
A pesar de su respuesta, el muchacho observa las manos de Mikaela.
—Estás usando tus guantes.
Siempre que Mika acude a una pelea o al llamado de alguien, usa sus guantes. Parece que le aterra mancharse las manos directamente con sangre ajena y prefiere lavar los guantes antes que caer en la tentación del carmesí.
—Me atrapaste. Lo siento.
—No voy a perdonar a Mika tan fácilmente. —Intenta imitar Yuichirō el tono de voz de Mikaela, produciendo en él una sonrisa.
—¿Qué puedo hacer para que me perdones? —pide con diversión.
—Nada. Yo siempre te perdono.
Y es como cuando eran niños en realidad; las mismas palabras de Yu hacia Mika, porque en el pasado Mika siempre perdonaba a Yu y este a Mika. Era todo mutuo entre ellos, hasta las mentiras.
—¿Recuerdas lo que dijiste antes? —dice Yu, inmerso en el mar—. Querías que escapáramos juntos, lejos de humanos y vampiros en el campo. Algo así como lo que queríamos cuando éramos niños.
—Lo recuerdo.
—Al final aquí estamos. Ese mapa nos trajo hasta acá. Juntos.
«Me pregunto hasta cuándo ». Piensa Mika con miedo, intentando evitar la ansiedad que le produce el profetizar el futuro.
Entonces en un momento parsimonioso, Yu tiene deseos del tacto de Mika. Deja reposar su cabeza con tranquilidad en el hombro contrario. Esto pone nervioso a Mika pero piensa más bien que algo malo le ocurre a Yu.
—¿Estás bien, Yu-chan?
Pese a que no lo está del todo, no sé ve capaz de decir lo contrario en una escena sublime con él acompañándolo. Dice estar bien, que le gusta estar así; ha aprendido muchos gestos de las personas en el pueblo, sobretodo los que demuestran cariño y amor, como los abrazos, los cuerpos juntos y recostados, el tacto entre las manos, los besos en la mejilla y los labios. Todo le llama la atención y lo hace más querer hacer todo eso con Mika.
No obstante, Yu todavía no ha hablado sobre ese sueño que cada noche le impide dormir.
—¿Cuál fue la pesadilla esta vez?
Hay noches en las que dice ver la muerte aún de sus pequeños hermanos y el abandono a Mikaela. Esos sueños no son tan recurrentes, quizá porque es consciente tanto despierto como dormido de que Mika ha regresado, incluso si sus pequeños hermanos no tuvieron la misma suerte, tiene a su familia consigo.
Otro sueño que describe es el de Mikaela recriminando que por su culpa, es un vampiro. Que si no hubiera huido, él seguiría siendo humano; estos sueños ponen de mal humor a Yu, porque toda esa frustración la guarda para sí mismo en un momento a solas donde se castiga mentalmente, porque todavía cree que es verdad.
Muy pocas veces ha soñado con sus padres llamándolo demonio. No recuerda sus rostros pero esas voces que intentan convencerlo de que sigue siendo un monstruo, lo dejan nostálgico.
Sus deseos de morir por estas razones difícilmente pueden ser tratados actualmente; el mundo todavía no regresa a la normalidad, ¿quién le daría prioridad al bienestar psicológico de un ex-soldado?
Al final, el verdadero demonio de Yu es su propia mente. Esta noche ha usado el arma perfecta para lastimar a este niño en cuerpo de hombre, para decirle que el tiempo ni es eterno, ni es efímero.
—Soñé que morías y me quedaba solo de nuevo.
Ese cuadro donde la existencia de Mika desaparece tras sus últimas palabras, lo tuvo en shock por tanto tiempo, inmerso en una desesperación genuina.
Quizá es algo que ya no pueda entender Mikaela, sin embargo, suelta un suspiro suave mientras abraza a Yu, intentando transmitir alivio.
—Eso no pasará, Yu-chan. Estamos juntos.
—Es cierto. Pero yo recuperé mi humanidad y tú…
—Me prometiste que me volverías un humano y confío en tu palabra. Tú nunca rompes tus promesas.
No importa cuánto finja Yuichirō no entender la situación actual, no consigue convencerse de que lograr eso es difícil y no tiene todo el tiempo del mundo para ello, pues cada día que pasa equivale a un día menos de su vida, pero un día más en el mundo para Mikaela.
La señora Yoko no cumplió su promesa por interrupción de la muerte. En otras palabras, no hay planes para evitar los obstáculos del fin de la vida.
—¿Y si esta vez lo hiciera? —supone y ambos muchachos toman seriedad—. Si no pudiese devolverte tu humanidad… Si yo ya no estuviera… ¿Qué harías?
Los gestos que produce Mikaela le revelan un sentimiento de amargura. Aparta su mirada, imaginando ese escenario que le resulta tortuoso y entonces para de imaginarlo.
—No quiero pensar en eso.
—Mika-
—Yu-chan, estuve más de cuatro años sin ti. No quiero saber del futuro ahora. Confío en ti.
Quiere hacerlo porque es su única manera de permanecer aferrado a la vida y a él.
Ignorando cualquier réplica, Mikaela se levanta dejando atrás el mar e invita a Yu a irse a dormir nuevamente, pues las horas siguen marcando que es muy tarde. Entonces, todavía un poco nervioso, Yu le pide que por lo menos duerma con él esta noche. Tal propuesta deja confundido e incrédulo a su compañero vampiro.
—Sé que los vampiros no duermen, pero tú me entiendes.
—¿Quién va a vigilar?
Insistiendo con la mirada más bonita y dulce del mundo, pero también la más temerosa y suplicante, como si fuese un pequeño niño asustado por su propia mente, logra convencer a Mika de dormir con él.
Ambos regresan a la cabaña y se recuestan en la cama individual, quedando curiosamente tan cercanos al cuerpo y calor del contrario. No obstante, Yu siente tristeza al notar que el espacio de Mika es gélido; su cuerpo sin vibración humana tiene que darle ánimo para salvarlo de la eternidad. Aun así, también puede decir que se siente feliz, genuinamente feliz.
—Sigue siendo algo increíble —dice en voz baja a Mika, como soñando despierto—. Es igual a cuando éramos niños.
—Lo era cuando tenías pesadillas y terminabas durmiendo junto a mi. Yu-chan era un miedoso.
—Si, tenía miedo —confiesa Yu, sorprendiendo un poco a Mika—. Desde ese momento yo ya te veía como mi familia aunque no lo dijera. Y estar cerca de ti me ayudaba a ser valiente… Sigue siendo así.
Tan solo les basta una mirada para saber que ha sido un aferro mutuo a sus propios recuerdos; después de todo, así como la imagen de todo Mikaela fue una fuerza y debilidad al mismo tiempo para Yuichiro, Mikaela tenía en él un propósito para no morir.
—Yo también —susurra el joven vampiro, girándose sobre la cama para ver de frente a Yu—. La única razón por la que no bebí sangre esos cuatro años fue por ti, Yu-chan.
Como fanales resplandeciendo una luz verde, los ojos embelesados de Yu miran el rostro de Mikaela. Ahora se arrepiente un poco de lo que dijo, porque no es igual a como cuando eran niños; ellos se amaban como familia, y aunque ahora se aman también, se siente de una manera exorbitante, y no es para menos. No es correcto decir que es imposible de explicar, porque gracias a la conversación que tuvo Yu con la señora Yoko, sabe perfectamente por qué es diferente.
—¿Porque me amas? —inquiere Yu, también bajito.
La manera en que hablan refleja el temor de los dos por quebrar esa quietud; si lo hacen, pueden perder el camino de nuevo y ese mapa que los condujo hasta esas instancias de nada habría servido. Así de grandes son sus miedos.
Mika no puede evitar notar el sonrojo que aparece en Yu, casi como si fuese permanente en él. Se sonroja de la misma forma porque tienen una cercanía sin igual en ese momento, que para el joven vampiro resulta sencillo escuchar el hermoso latir del corazón de Yuichirō.
—Si.
—¿En serio? —vuelve a preguntar con mucha ilusión.
Parece no creer en los sentimientos de Mika y eso lo ofende ligeramente.
—Es en serio, Yu-chan, ¿no me crees?
No obstante, no se trata en sí de la veracidad de sus emociones; ya es bastante sorprendente escuchar a un vampiro decir que ama a un humano, por lo que resulta inaudito para Yu escuchar que alguien lo ama, ya que nadie, humano o vampiro, había dicho anteriormente que ama a alguien como él, quien se trata a sí mismo como si fuera un monstruo o hijo del demonio.
Le es inevitable llorar y lo hace, quedito, como esas noches de insomnio cuando era niño e intentaba no despertar a sus hermanos con su llanto. Al final siempre estuvo Mika ahí para consolarlo y limpiar sus lágrimas, incluso en la afonía del momento.
Todavía es así, porque Mika lleva su mano a las mejillas de Yu para limpiarlas, sintiendo también dolor por ver a quien ama llorando.
—¿Qué sucede, Yu-chan?
Con pequeños gimoteos, logra encontrar un poco de calma para seguir hablando.
—Estoy feliz de ser amado.
De igual modo, la felicidad de Yu es la felicidad de Mikaela. Nace esporádicamente una sonrisa en su rostro, instándole a que retome el sueño, pues con su presencia es sencillo hacer algo al respecto con esas pesadillas.
Pero Yu no quiere dormir; está demasiado prendado al momento como para dejarlo ir; si no toma una gran iniciativa ahora y cierra los ojos, podría volver a encontrar las imágenes del pasado, donde Mika no está. Además, la noche es larga si ambos permanecen juntos.
—Mika, ¿puedo abrazarte?
Incluso cuando pregunta lo obvio, el joven vampiro le regala una sonrisa. Es claro que puede hacer lo que quiera con él y esto motiva a Yu a acercarse y tomarlo entre sus brazos. Aun sumergidos en la cama se nota que Yuichirō tiene mayor altura que Mikaela, dando en dos años unos últimos estirones a su estatura, por lo que le es muy fácil para él encontrar su cuello al descubierto.
El sentir los brazos de Mika que rodean su cintura le dan un estímulo peculiar, sobretodo uno que surge poco más abajo de su cadera. Le parece extraño sentir algo así, aunque cree saber de qué se trata, pues algo similar es lo que siente cuando Mika muerde su cuello y bebe su sangre; es una sensación malditamente embriagante, sin embargo, en este caso parece querer algo más, muy probablemente algo que solo Mika puede darle.
Para empezar tiene ciertas incomodidades, mismas que logra percibir Mika en los movimientos intranquilos de Yu, notándose con deseos de cambiar su posición o reacomodarase.
—¿Estás bien? —pregunta Mika, alejándose un poco.
—No lo sé… Me siento extraño.
Tan solo la gutural expresión de Yu le da conciencia a Mika sobre su estado, y esto empeora cuando comienza a sentir un bulto sobresalir de la entrepierna del muchacho; está coloradísimo y busca esconder con apuro su rostro en el cuello de Mika. Y aunque Yu no se da cuenta, solo sentir el calor que se crea en ese minúsculo espacio agrava más su estado.
—Ah… ¡Esto es vergonzoso!
Imaginando que debe sentirse terriblemente mal, Mikaela se levanta de la cama, frustrado por no saber qué hacer para ayudar a su amigo.
Trágicamente, los vampiros no pueden sentir placer de una forma humana, por lo que no entiende las emociones que recorren el cuerpo de Yu y por lo tanto, no puede corresponderlos adecuadamente.
—Perdóname, Yu-chan. No quería que te sintieras así.
—¡No! Yo… Yo lo siento, es que… —Se levanta de la cama intentando cubrir su parte íntima erecta—. Hoy hablé con la señora Yoko y creo que recordarlo me pone así.
—¿De qué pudiste hablar con ella para estar así?
Y Yu con la máxima expresión de vergüenza le confiesa sinceramente que hablaron sobre los sentimientos que tiene Yu por Mika.
—Me dijiste que me amas, y eso me confundió un poco —admite el joven muchacho con la mirada perdida—. Ahora todo está más claro para mí.
Esto significa tanto para Yuichirō y sin embargo, con los nervios erizando su piel, toma las manos de Mikaela; abre su corazón como nunca antes lo ha hecho y finalmente expone quien realmente es y lo que verdaderamente siente. Probablemente lo que ha sentido desde hace muchos años sin saberlo.
—También te amo, Mika.
Es un gran detonante para el vampiro. Debido a que ha perdido su humanidad, no parece inmutarse como lo habría hecho teniendo conciencia humana, sin embargo, no hace menos el apretón de manos que genera Yu por la angustia de su confesión o el sudor apenas perceptible en su rostro ante el calor de la vergüenza.
—Después de todo, somos familia —dice en nombre de Yuichirō, hablando por él en realidad.
Sabe lo inocente que puede ser su mejor amigo, y lo despistada que es su postura para lidiar con ese tipo de situaciones. Imagina que no tiene idea del verdadero significado de su anterior confesión, empero, con unas ansias enormes por demostrar lo contrario, Yuichirō niega rotundamente el dictamen de Mikaela.
—¿Sabes? Aunque amo a mi familia, sé que es totalmente diferente lo que siento. Amo a Shinoa, a Yoichi, Kimizuki y Mitsuba porque me aceptaron, al igual que tú. —Busca acercarse un poco más al rostro de Mika, mirándolo con ternura—. Pero aun así, lo que siento por ti es diferente.
—Y, ¿eso es malo? —pregunta, admitiendo internamente que ese tipo de cercanía lo pone nervioso si se trata de él.
Y para ser honesto, él tampoco está seguro de si es bueno o malo.
—No lo sé. Esto que siento me hace muy feliz, aunque… —Duda un momento y desvía la mirada—. No quisiera hacerte daño.
Casi suelta sus dos manos por un miedo crónico en él, sin embargo, Mika no lo deja ir, aferrándose a sabiendas de lo que quiere decir Yuichirō.
—Yu-chan. —Con ternura se acerca a su cuello para abrazarlo gentil—. No importa lo que pase; incluso si me haces daño, siempre seremos familia.
A ese joven confundido, entonces, le llega un espejismo memorable sobre la filosofía que aprendió de este vampiro y ya no se contiene por mucho tiempo.
Todos los humanos tienen deseos que los unen a la vida desesperadamente, por eso muchos son avariciosos. Por otro lado, los deseos más egoístas que ese joven ex-soldado puede tener, radican en pertenecerle a Mikaela por completo, servirle en plenitud y darle la mayor felicidad.
En estos momentos, sin embargo, dentro de su corazón, esa parte "insana" desea también hacer suyo a Mika, aunque sea totalmente egoísta. Es aquello que más le preocupa sobre su persona, ya que si el joven vampiro decide abandonarlo, lo único que podría esperarle sería la muerte.
Incluso con todo eso atormentando su cabeza, de él nace besar el cuello libre de Mika en su abrazo, como una imitación de lo que el vampiro hace con él, cuando busca satisfacer su propia sed.
Finalmente, es correcto asegurar que los dos son egoístas y posesivos el uno con el otro, no olvidándose, sin embargo, del amor que se tienen.
Así, el chu~ que se escucha salir de su blanquecina piel, sorprende a Mikaela.
—¿Yu-chan?
—Perdón.
No ve la razón de su disculpa, por lo que ladea su cabeza negativamente con una gentil sonrisa.
—Descuida. Continúa.
Los dos saben lo que sucederá a continuación. Pese a que Yuichirō no está seguro de qué hacer exactamente, han visto este tipo de actos antes y entienden la profundidad del evento, aunque desde una perspectiva morbosa. Fueron testigos sabiendo que puede ser un acto inhumano y cruel, como una manera de ejercer poder sobre otro ser humano. Ellos, al igual que la relación contradictoria que tienen siendo humano y vampiro, van más allá de esa avaricia, ya que no buscan poder, sino aceptación mutua en todos los sentidos que puedan encontrar.
Si un humano le permite a un vampiro beber de su sangre para mantenerlo con vida, Mikaela está dispuesto a entregarse para satisfacer la parte humana de Yu.
En una calidez inexplicable, Yuichirō recuerda las respuestas para su inquieto corazón, mientras sigue besando su blanquecino cuello, aferrándose en un desespero a la espalda de su compañero, siendo correspondido.
«Quiero un futuro con Mika».
«Me duele ver a Mika triste».
«Podría pasar todo el tiempo junto a Mika».
«Le confío mi vida a Mika».
Ahora lo sabe; ama a Mika al igual que él lo ama.
Se siente con un éxtasis muy diferente al que le da la mordida de Mikaela cuando chupa su sangre; el corazón se le acelera, su respiración es más audible y hay una sensación persistente y ansiosa en su entrepierna. Instintivamente quiere saciar esa estimulación con un movimiento de cadera próximo a realizar, no obstante, todavía piensa si es correcto o no hacerlo.
Mikaela mantiene sus ojos descansando con su inocente abrazo. Poniéndolo antes que a sí mismo, se pregunta ¿de qué manera puede complace también a Mika? Hay una; los vampiros se sienten bien cuando beben sangre, así que con eso en mente, Yu suelta brevemente a Mikaela, sorprendiéndole su reacción. Con una respiración descontrolada logra desabotonar su camisa blanca; las manos le tiemblan en sobremanera, por lo que se ve torpe en su acción.
Al dejar la piel morocha que posee al desnudo, vuelve al abrazo pasional con Mikaela, mientras susurra en su oído.
—Mika, puedes morderme.
—¿¡Yu-chan!? —llama intranquilo el joven vampiro. No cree que sea buena idea.
—Está bien. Quiero que te sientas bien. Se siente bien cuando pruebas mi sangre, ¿verdad?
—Se siente bien. Demasiado bien, tanto que me da miedo matarte por eso, Yu-chan.
—Yo moriría por ti, Mika… Te amo.
Recalca una y otra vez su honesto sentimiento. Ante esto, Mika no puede evitar llorar de una manera inedita; Yu entiende que está liberando tantas emociones en este momento, así que se siente feliz porque ahí permanece la humanidad en Mikaela.
Realmente la humanidad de Mikaela es Yuichirō.
—Te amo, Yu-chan.
—Te amo, Mika.
Con siguientes intenciones, Yuichirō abraza en plenitud a Mikaela, subiendo a sus muslos y sintiendo aun más esa presión en su zona sexual.
En tal posición, Mikaela está dispuesto a morder a Yu y lo hace, sin embargo, todavía persiste el miedo a drenarlo por completo, por lo que solo estira con sus colmillos la tersa piel de Yu sin intención de romperla. Esto también estimula en demasía al muchacho, por lo que al siguiente jadeo que suelta, le pide inmediatamente un permiso para ser intruso en el cuerpo de Mika.
—Mika, ¿puedo moverme?
Inmerso en la emoción previa a la mordedura, Mika asiente un poco fuera de su razón.
—¿En serio? ¿Está bien si lo hago?
—Si, solo… —Mientras suelta brevemente la piel de Yu, empieza a dudar, por lo que detiene toda intención mientras lo escucha—. ¿No tienes miedo?
De alguna manera si, lo tiene. Pero es más bien una adrenalina por enfrentarse a algo nuevo, aun más si lo va hacer acompañado de la persona que ama. Tiene miedo de hacerle un mal a Mika o de no ser suficiente para él, pues aunque está dispuesto a ser usado, lo cierto es que no quiere ser abandonado, especialmente por él.
Definitivamente tiene miedo.
—Eso creo. Nunca he hecho esto y no quiero decepcionarte.
—Tú nunca me decepcionarás —asevera, recobrando la cordura mientras acaricia su cabello—. En realidad, ¿no te da miedo que se trate de mi?
Es vívida la imaginación de Mikaela, donde ve un rostro aterrado en Yu, por la idea de ser tomado en contra de su voluntad; una mirada que compartiría con aquella mujer que casi perdía el poder sobre ella misma o de aquellas niñas que en la ciudad de los vampiros fueron tomadas sin ser vistas por nadie.
Realmente tiene miedo.
—¿Por qué?
Inmerso en la culpa, se separa de Yuichirō, alejando cualquier pensamiento lujurioso y malsano que lo incite a acabar con su vida en un mordisco.
—Porque sigo siendo un monstruo…
Es difícil encontrar una cura para el desprecio propio, no obstante, en todo aquello que ha podido observar Yu en el pueblo, ha aprendido que en muchas ocasiones no es necesario hablarlo tanto. Un beso que viene de madre, de padre, de un hermano o de una pareja son pruebas físicas del amor.
El despertar de su lujuria le aconseja tomar su rostro cercano y besarlo con escasa experiencia. Todo lo que tiene es el instinto para mover su boca, como si buscara masajear la de Mikaela.
Algo en el interior de Mika despierta misteriosamente, mientras mira con asombro el rostro de Yu y la manera en que está siendo besado por él. Hay algo que le hace sentir un chispazo de emoción acabando con una similar hibernación.
Al sentir saciado el beso, Yuichirō lo mira fijamente, sin soltar sus mejillas enrojecidas.
—Mika, tu no eres un monstruo. Eres… Mi alma gemela.
—¿Eh?
Sin entender, los dos acabaron por un momento con la atmósfera que habían construido, aunque de alguna manera, Yu siente la necesidad de explicarle una leyenda tan preciosa como la que le contó la señora Yoko.
—No me digas que no sabes la historia del hilo rojo. En ese caso, deja que el gran Yuichirō se encargue de ti —dice con un tono infantil mientras toca la nariz de Mika como juego.
—¿Por qué siento que te estás burlando de mi?
—Un hilo rojo invisible une a dos personas que están destinadas a estar juntas —explica Yu sin hacer caso a lo anterior—. No importa si el hilo está tenso o enredado, nunca podrá ser cortado. Así somos nosotros; al final nada podrá separarnos.
Por esta vez, Mikaela se deja llevar por las tonterías de Yu y si bien tiene dudas con respecto a la veracidad de esa creencia, esta noche quiere creer que así será, que estará siempre con Yu.
El joven vampiro puede admitir en todo momento que la piel de Yuichirō, ahora fácilmente a su vista y alcance, tiene un olor embriagante. Cuando siente las manos cálidas de Yu sobre su fría piel tiene una esperanza inhumana, y ese beso que es significado del roce de sus labios, aunque fue diferente, también fue mucho mejor que todo.
—Yu-chan.
—Mmm.
Dispuesto a escucharlo antes que cualquier cosa, Yu le vuelve a insistir. Parece no querer contestar al mostrarse tan tímido.
—¿Mmm? —repite Yuichirō.
—Esto... Bueno... ¿P-puedes besarme otra vez?
Tan enternecido por su pedido, inmediatamente lo vuelve a besar. Mika prefiere mantener sus ojos abiertos, atento a todo lo que es Yuichirō en ese instante, frente a él.
La única presión que hay en sus labios le basta al joven humano para recobrar esa energía y nerviosismo que le trae hacer el amor por primera vez. Como apoyo repite en su cabeza todas la veces que puede el te amo que Mikaela ha dicho; es incapaz de pensar en alguien más que no sea él.
Queriendo una mayor cercanía al frío que rodea a su pareja, libera los guantes gastados de soldado para darle asomo a sus gélidas manos. Una vez las unen, se siente algo más poderoso que la magia, pues ese hilo rojo del que hablaron ya no es largo; no está enredado ni mucho menos tenso.
Teniendo la autorización previa de Mika, Yuichirō comienza la fricción entre sus miembros como un primerizo. No sabe si hacerlo rápido o lento; fuerte o despacio. Necesita saber si eso molesta a su pareja o si es posible que lo está disfrutando.
—¿Mika? —susurra su nombre, buscando su mirada.
Mientras Yu continúa con un lento movimiento de caderas, las emociones se intensifican en Mikaela sorpresivamente. No dice nada, no piensa en nada pero siente deseo y lujuria al mismo tiempo, como si fuera un humano aun siendo algo ilógico para teorizar, aunque estas sensaciones claman por un acto inmortal.
No puede razonarlo ahora, por lo que, como hizo Yu, marca su cuello y hombros con besos que amenazan con volverse mordidas. Nuevamente surge esta petición por parte de Yuichirō, sin embargo, Mika no planea contenerse demasiado como lo haría con todo raciocinio.
—Mika, muérdeme —pide Yu entre jadeos.
Es invitado el ardor que quema su piel, de donde fluye el carmesí que excita a Mikaela; el joven humano siente las piernas y los brazos adormecidos por ese afrodisíaco que llevan los vampiros en sus colmillos, no obstante, no puede detener el vaivén que complace a su miembro progresivamente.
Poco a poco se siente con mayor seguridad para elevar la rapidez de su movimiento y como cierta ayuda, Mikaela deja ir su cuello para estimularlo a través del oído con suaves palabras.
—Te amo, Yu-chan.
Se permite cerrar los ojos para aprisionar las lágrimas. Siente ganas de llorar por el primer placer que está recibiendo en su zona sexual, acompañado del vínculo tan poderoso que siente con Mikaela a través de sus palabras.
—Te quiero tanto… Te necesito —continúa diciéndole al oído en susurros.
Escuchando la respiración de Yu estar cada vez más intensa, Mika supone ir por buen camino. Aunque no es capaz de generar una erección como otro humano podría, el saborear la sangre manchada en su piel morocha ya lo satisface completamente, empatizando un poco con su pareja.
—Mika… —gime con algo de dolor.
La ropa que todavía porta ahoga la erección de Yu. Aunque puede aumentar el éxtasis, la elección de Mika es liberarlo un poco, así que retira el cinturón de su uniforme; baja el cierre mientras Yu continúa moviendo sus caderas sin pensarlo y con intentos monstruosos baja una parte de su pantalón y de la ropa interior, exponiendo el miembro de Yuichirō, envuelto naturalmente por una pequeña capa de líquido preseminal.
—Mika… Te amo — dice entre gemidos el muchacho, combatiendo así el temor.
—También te amo, Yu-chan.
La erección de Yu es estimulada todavía más por la fricción que hace con el uniforme de Mikaela. Es un sentimiento muy confuso lleno de dudas y emoción mas nunca de arrepentimiento.
Debido a la intensidad que demanda el borde del orgasmo, Yu simula dar saltos sobre los muslos de Mika. Cobrando un poco su egoísmo, Mikaela busca tomar la barbilla de Yu-chan y besarlo mientras se encarga de moverse. Este beso va más allá, ya que por instinto, Mika no mide la fuerza con la que muerde el labio inferior de Yu que se ocupa de saborear, siendo espectador de los jadeos imparables de Yu.
Los ojos escarlata que lo observan emocionan a Yuichirō, inexplicablemente.
—Ya casi… —avisa Yu con su labio atrapado por la boca de Mika.
Es perceptible a la vista un hilo rojo pero que surge del interior de la boca del joven humano hasta caer por su mentón. No siendo conscientes ambos del dolor de tal herida, Mikaela vuelve a su postura vampírica para morder con tosquedad a Yu. No puede figurar otra expresión más que una que no sabe cómo sobrellevar el placer que recorre todo su cuerpo.
Mientras es absorbido el carmesí, a Yu le llega el orgasmo con sabor a hierro por la sangre que derraman sus labios. Segundos después, descubre que ha manchado el uniforme de Mika con el semen que ha sido liberado en su clímax. Si antes dijo que al ser mordido se sentía somnoliento, ahora cree que sería un buen momento para darse por vencido y dormir, pues la liberación sexual aunada a la succión de su sangre hacen que Yu se sienta increíblemente cansado.
Con la fuerza que queda, prefiere dejarse guiar por Mikaela, quién luchando por no matar a Yu, sostiene sus hombros y lo coloca abajo de él sobre la cama, ambos recostados y abrazados.
Ni siquiera tiene fuerza para apartar a Mika, por lo que se preocupa un poco al sentir los efectos de la pérdida de sangre como el mareo y falta de aire.
—Mika… —llama Yu, tratando de hacerlo volver.
Al no ver un logro, piensa que está bien con eso. Le confía la vida y sería capaz de morir por él. Se ha entregado en plenitud, así que solo quiere decir antes una cosa más, como todo lo que ha dicho esa noche.
—Te amo.
Y son esas palabras lo suficiente como para aumentar la fuerza de voluntad contra su parte inmortal. Aterrado por las consecuencias, libera a Yuichirō del agarre, teniendo la boca ensangrentada que limpia abruptamente gracias a la manga de su uniforme; con el raciocinio de vuelta, recuerda que no puede darse ningún lujo ya, después de todo, Yu ya no es capaz de regenerarse como antes, volviéndose así totalmente frágil para la muerte.
Viejos temores nacen en ese instante al notarlo pálido y débil.
—¡Perdóname, Yu-chan! —implora con la voz temblorosa.
Con debilidad, el joven le sonríe al sentir que ciertamente puede complacer hasta ese punto a Mika. Que puede ser suficiente para él, y aunque realmente eso no tiene importancia para Mikaela, se asegura de que Yu se encuentra bien, buscando en el kit de emergencia que tienen una gasa para parar el sangrado. Realmente ser un humano es mucho más difícil y delicado.
Con paciencia es que Mikaela hace presión con la gasa en la herida, viendo cómo absorbe un color carmín provocativo. Se resiste a su mismo deseo mientras muerde su propia boca, algo que alcanza a notar Yuichirō.
—Puedo hacerlo yo, Mika. Esta bien.
—No, estás débil —asevera con la voz temblándole.
Y se vuelve un tranquilizante eficiente la mano temblorosa de Yu sobre las manos desnudas de Mikaela. Solo en este punto cobra el recuerdo de haberse quitado los guantes para él y aunque piensa que lo mejor es volver a ponérselos, de nuevo topa con la mirada hipnotizante de su humano favorito que le dicen tranquilo y feliz que todo está bien.
Mirando profundamente la boca de Yuichirō manchada, prácticamente lo invita a darse un último beso para limpiar la sangre derramada. En el movimiento parsimonioso, Mikaela es quien suspira con satisfacción al saborear nuevamente la sangre de Yu, pero con un mejor control cuando nota que la sangre en el interior de su boca ha sido limpiada por su lengua.
Solo le resta seguir haciendo presión en la herida de Yu, mientras intenta con gran temblor en sus manos buscar la cinta que ayude con la presión.
Después de que llegara el amanecer, los dos jóvenes esperan a que llegue la hora para la visita del viejo escuadrón Shinoa; aunque el ejército de la Compañía del Demonio Lunar se disolvió, encaminándose a labores de un ejército previo al apocalipsis, como una manera de conservar esos recuerdos y experiencias, siguen llamándose como un escuadrón, principalmente Yu y Shinoa, que sienten una hermosa familia en ese equipo.
Antes que nada, también son conscientes de la familia que tienen, tanto Yu como Mika, pues si Mitsuba y Kimizuki descubren lo que estuvieron haciendo y la cercana muerte de Yu solo por una calentura entre hombres, la sangre que se derramaría nadie la podría saborear.
Mitsuba de alguna manera se había convertido en la mamá del escuadrón y aunque Kimizuki sigue afrontando una depresión por la muerte de su hermana menor, eso lo ha vuelto aun más unido a esta pequeña familia y por lo tanto, más protector al respecto.
Mientras Mikaela limpia su uniforme y las sábanas de anoche, Yuichirō es obligado a descansar precisamente por él antes de que le encuentren pálido y débil por esta anemia.
Hay una cuerda atada a dos varas largas de madera que forman un tendalero para estos casos, por lo que desde la distancia se observa al vampiro buscando tender ambas telas y prendas en la cuerda, aprovechando el viento de la costa y el sol que presta su luz plena.
No obstante, el escuadrón llega terriblemente temprano y todos notan que hay algo extraño en el lugar, aunado a la figura deplorable de Yu. Entonces sin poder evitarlo, Yuichirō es demasiado sincero como para recibir un puñetazo en la cabeza por Mitsuba, quien no duda también en golpear a Mikaela por la culpa compartida.
—¿¡Es que, por qué son tan irresponsables en nuestra ausencia!? —espeta furibunda Sangu—. Mikaela, ¡tienes que ser consciente de que las cosas han cambiado! ¡No puedes abusar así de Yu!
—Oye, Mitsuba, no lo regañes. Fue mi culpa en primer lugar —defiende Yu.
Sin embargo, eso no aminora la explosión de Mitsuba.
—¡Los dos son responsables, ahora deben hacerse cargo! ¡Shinoa! ¡Diles algo!
—¿Se divirtieron? —inquiete jocosa la joven.
Aunado al sublime sonrojo en Yuichiro, Mitsuba inicia otra discusión, esta vez, con su mejor amiga que solo sabe incomodar cualquier tipo de circunstancia.
Si bien la explicación no fue tan explícita como lo hubiera querido Shinoa, ya todo el escuadrón sabe de los sentimientos de ambos desde hace mucho e infieren con sencillez lo que pasó entre ambos durante la noche.
Escuchando un bullicio femenino sin prestar atención, Shiho se acerca a los dos muchachos blancos de la reprimenda.
—Pero es verdad lo que dice Mitsuba, Yu —afirma Kimizuki en ausencia de sus amigas—. Somos humanos, por lo que estamos expuestos a cualquier peligro. No queremos que muera nadie más. Lo entiendes, ¿verdad? —dice dirigiéndose esta vez a Mikaela.
Él con un rostro bajo, asiente. Lo comprende mejor que nadie y por ello es que está agradecido de que no haya pasado el límite.
Con la presencia del equipo Shinoa, el ambiente de esa cabaña se torna hogareño aun más, ya que Shiho invita a las chicas a preparar una comida, aprovechando el momento para aprender un poco sobre gastronomía que sería muy útil para ambas. Mientras tanto, Yoichi al ofrecerse como guardia esta vez del pueblo, es acompañado por un breve momento por Mikaela, teniendo el gusto de poder hablar con él después de algunos días que pasaron desde su última visita.
—Me da mucho gusto ver a Yu realmente feliz.
—¿Realmente feliz? —inquiere Mikaela confundido por ese énfasis.
—Nunca lo dijo en voz alta, pero me puse a pensar en que, durante este tiempo que lo conozco, sus sonrisas fueron todas fingidas —confiesa Yoichi con la calma del mar frente a él—. Es muy amable y gentil así que, supongo que lo hizo para que no nos preocupáramos por él. Pero ahora lo veo con muchos cambios.
Sin avisar, Yoichi desvía su mirada para encontrarse con un Yuichiro que se siente mucho mejor y permanece jugando con unos niños a unos metros de distancia, en el mar precisamente. Mikaela sigue la mirada de Yoichi para localizar esa misma vista y admite que lo dicho por él le preocupa, pues aunque sabe que Yu, en efecto, es demasiado amable con los demás, nunca imaginó los peores temores con los que ha cargado desde pequeño. Conoce su historia y gran parte del dolor lo han compartido, no obstante, el haberse transformado en vampiro le impide seguir experimentando heridas emocionales que son tortuosas para el ser humano, y la pérdida de las emociones no ayuda para nada.
Quiere ser un humano hoy más que nunca.
Entonces recuerda que anoche sucedió algo insólito; tuvo una sensación placentera en todo su ser al estar con Yu. Es posible que la razón sea el haber bebido de su sangre, sin embargo, el sentimiento surgió de una manera sensacional donde realmente pudo llorar, pudo amar y pudo encender esa lujuria impensada en él.
Mantiene los ojos puestos en Yuichirō rodeado por niños que buscan vencer las pequeñas olas en su compañía. Sabe de lo que es capaz, por lo que pensar en que se podría repetir este evento lo asusta un poco, empero, es consciente de que se hacen muchas locuras cuando al raciocinio lo vence el amor.
—Según lo que ves —comenta Mikaela, despabilando a Saotome—, ¿crees que Yu-chan es feliz?
—Por supuesto —responde sin dudarlo—. Desde que están juntos, los dos se ven muy felices.
No es capaz de percibirlo por su cuenta, pero persiste en su rostro un reducido sonrojo al pensar que ambos están juntos en todas las formas que se le pueden ocurrir; como amigos de la infancia, como compañeros, como aliados, como familia, y después de lo de anoche, como almas gemelas, haciendo una alusión a lo que dijo Yuichirō.
Ni bien Yoichi y Mikaela recorren el pueblo en su inspección, regresan a la cabaña para encontrar que de puro milagro no ha sido incendiada por las chicas, sino todo lo contrario, habían servido arroz blanco, caballa asada acompañada con una ensalada, tortilla de huevo y verduras hervidas. Siempre que el escuadrón Shinoa llega con alimentos de la ciudad, la cocina de Mikaela y Yuichiro se llena de mucha comida, después de todo entre ellos dos el único que come es Yu.
Por unas horas todos pueden ser humanos normales; por la vida que les espera pueden serlo sin el temor a perder a uno de los suyos durante la guerra. Sobrevivieron todos y eso es lo que importa; la cabaña resuena ante tanta algarabía y felicidad, que crean en Mikaela una ancha sonrisa. Si bien no puede comer absolutamente nada, es invitado a estar con ellos en la misma mesa, pues la familia siempre come estando juntos.
No sin antes haber ayudado con la ardua limpieza en la cocina, Yuichiro sale por unos instantes del recinto, recordando que todavía tiene algo importante que hacer después de todo y que no pudo hacer el día anterior; incluso recordar el por qué lo pone nervioso. Sin duda esta es una nueva faceta de él mismo que antes desconocía por completo, así que, para él será necesario descubrirse poco a poco para seguir manteniendo esas sonrisas auténticas en su vida. Puede que no sea fácil, pero tiene cómo lograrlo.
Piensa todo eso al mirar la anterior cajita de madera que le fue obsequiada, sin embargo, Shinoa al ser especialista en el sigilo, lo sorprende con esa introspección de modo que consigue asustarlo como para querer esconder esa caja en el bolsillo de su pantalón.
—Eh… Me pregunto qué es lo que esconde Yu como para ponerse nervioso, ¿será algo pervertido? Después de todo, parece que estás habituándote al mundo como todos —cuestiona ella de una manera traviesa.
—¿A qué te refieres?
—Bueno, es obvio que de un tiempo para acá, la gente piense que es necesario incrementar la población humana después de las pérdidas. Por lo tanto, la reproducción humana se hace presente con mayor intensidad; los jóvenes ceden a sus deseos carnales y los vírgenes disminuyen progresivamente. Me gustaría decir lo mismo de ti, pero… ¿será que ya lo hicieron?
Increíblemente la voz y el rostro de Shinoa se miran con una calma indescifrable; a pesar de todo lo que pasó entre ellos, Yu también se cuestionó por los sentimientos de su pequeña amiga, hablando de tal tema con ella. Fue más que suficiente el decir un lo siento y alejarse temporalmente para poder retomar una amistad que a ambos les trajo más bien que mal. Sabiendo esto, Yuichiro puede estar más tranquilo como para confiar en ella.
Con absoluta vergüenza, desea no arrepentirse de lo que está a punto de mostrarle a Shinoa, decidiendo confiar en su discreción al tratarse de algo importante para él. Devela de la misma caja antes vista dos anillos de plata en su interior, que consiguen sorprender a Hiragi quien no se esperó ver a Yu cargando con joyería.
—Quiero estar con Mika por el resto de mi vida —confiesa sincero mientras habla con Shinoa—. Esto solo es una representación de mi deseo, pero también necesito que él regrese a ser un humano así que, por favor, continúa ayudándome a salvar a mi familia.
Entiende la magnitud de los sentimientos de Yuichirō. Como testigo del reencuentro entre Mikaela y Yu, sabe de antemano que entre ellos siempre hubo algo más valioso que la familia en sí y que no podía ser llamado de esa manera. Además, de ambas partes siempre fue correspondido. Y si bien no puede negar que eso le ha dolido un poco, para ella es imprescindible ayudar a su familia, por lo que no fallará a su palabra con Yu.
—Por supuesto.
El alba surge para despedir al escuadrón Shinoa, quienes se alistan para volver a la ciudad. Ellos mantienen algo de paz en zonas urbanas, mientras que Yu y Mika se ocupan de las zonas rurales y eso les ha permitido conocer estos dos mundos.
En su despedida, Yuichiro piensa que va siendo tiempo de que ambos visiten un día de estos a sus amigos a la ciudad; siente emoción de pensar en cuánto ha avanzado la restauración en sus edificios, calles y hasta en las mismas personas.
Por otra parte, se da cuenta que sus amigos tienen una sorpresa para Mikaela, y es que después de comer, todo el grupo se organizó para poder depositar la sangre de cada uno en una botella que le entrega Shinoa a Mikaela, asegurándose así de que tendrá alimento para uno o dos días máximo, hasta que ellos puedan regresar nuevamente.
Debe admitir que desde un principio, ellos no han dudado en dar su sangre sin pedir algo a cambio y eso aunque no merma en su culpa, si logra reconocer como algo loable y honesto de los amigos de Yu. De sus amigos.
—¡Vendremos pronto a visitarlos! —despide Yoichi con las manos al aire.
Kimizuki hace lo mismo aunque con menor intensidad. Después de mucho se le vio feliz en la comida y en esta despedida, sonríe melancólicamente, deseando que todo mejore.
—¡No vuelvan a ser imprudentes, por favor! —grita Mitsuba mientras el grupo se aleja progresivamente.
—¡Si lo son, dígannos los detalles, por favor! —espeta inmediatamente después de Sangu.
—¡¿Por qué estás de acuerdo con eso, Shinoa?!
—Si pone de mal humor a Mit-chan, estoy de acuerdo.
Y continuando con la discusión aparentemente interminable por la distancia, el equipo se aleja para volver a la ciudad. Mikaela regresa su atención a la botella; el hecho de poder confiar en más personas, de tener aliados que harían cualquier cosa por ti, es un sentimiento nuevo para él que le trae cierta nostalgia.
—¿Estás bien? —inquiere Yu, echándole un vistazo a la mirada perdida de Mika.
—Muchas veces me dijiste que podía confiar en ellos, que son nuestra familia. —Recuerda en su dicho—. Pensé que eso iba a ser difícil; ahora estoy aliviado de haberme equivocado. Eres feliz, así que sé que puedo confiar en ellos para protegerte.
—Y aunque lo mismo pienso yo, quiero que también estés aquí con nosotros.
El atardecer que se asoma desde el mar le impide ver con claridad a Mika las acciones de Yu, estando en contraste con la luz desvaneciente del sol. No predice que Yuichirō saca la cajita de madera de su pantalón, ansioso por poder abrirla ante los ojos rubí de Mika. El calor del sol le ilumina todo el rostro, cosa que parece aumentar su belleza.
—Quiero que también estés conmigo —continúa Yu, tierno y suave—. Quiero un futuro contigo; quiero la felicidad contigo, quiero pasar el tiempo y la vida contigo, Mika. Así que… —Ni bien abre la caja, el brillo de los anillos eclipsa al del astro rey para el joven vampiro en su asombro—. ¿Quieres vivir conmigo?
Y aunque es cierto y verídico que los vampiros no tienen emociones humanas ni otro interés que el de beber sangre y vivir con ello, para este solitario vampiro la excepción es Yuichirō, quien además de ser su razón de vivir, se ha convertido en su mismísima humanidad, con la que pretende corresponder esos deseos fervientes de futuro, felicidad y vida.
No sabe cómo, pero consigue llorar. No es dolor lo que riega en la arena bajo sus pies, sino todo lo contrario. Un alivio descomunal por decir, lo logramos . Logramos llegar al final a salvo; hemos logrado estar juntos y por supuesto, no hay duda de la respuesta de Mikaela en ese abrazo que entrega felicidad y gratitud.
—¡Si quiero, Yu-chan! ¡Siempre he querido! —gimotea sobre el hombro del muchacho.
Recargando esa felicidad que le transmite, es capaz de tomarlo por la cintura y elevarlo en vueltas que parecen interminables; incluso sin la ayuda de su demonio, sigue siendo fuerte. Esto es una victoria para los dos, la cual están seguros de que perdurará para siempre en ambos.
—¡Te amo, Mika!
—¡También te amo, Yu-chan!
Es un cierre el mundo en reconstrucción para todos, no obstante, sólo han sido inicios y comienzos para estos dos chicos la confesión de ambos, la entrega absoluta en cuerpo y alma y los anillos en sus dedos que los conducen de vuelta a la cabaña, atravesando la playa junto al mar. Van a casa y van a seguir buscando la humanidad en ambos.
