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Language:
Español
Stats:
Published:
2020-07-22
Completed:
2020-07-25
Words:
20,944
Chapters:
3/3
Comments:
7
Kudos:
26
Hits:
515

Valiente

Summary:

En la sociedad existen los alfas, y bajo de ellos están los betas.
Dicen que existen los omegas, sin embargo, ¿cuánta atención les ponen en realidad? Al dolor que sienten día a día, a la represión que sufren al final de la arrogancia de los betas o peor aun, de la autoridad de los alfas.
Entre omegas intentan apoyarse, pero entre Yuuichirou y Mikaela, eso se logrará cuando encuentren el amor en ese omega vacío pero valiente que ambos representan.

Chapter 1: Si me dices que me quieres

Chapter Text

En medio de su camino rumbo a la biblioteca, Mikaela siente que su celular da aviso de un próximo evento con un mensaje; su celo está cerca y debe comprar supresores.

Una maldición dicha en un susurro le hace regresar a casa, que no está muy lejos de su ubicación. Le pide a su madre dinero para comprar el medicamento. No quiere causarle más problemas, sin embargo, sería mayor la preocupación si su celo invitara a algún maldito alfa a tomarlo sexualmente y peor aún, preñarlo de esa manera.

Una auténtica violación. Esa es la motivación que tienen su madre y su padre para conseguir el dinero suficiente para esos preservativos y supresores que su hijo necesita.

Afortunadamente su familia conformada por un alfa y una omega entendían que los valores y la moral en la sociedad eran una mierda, y que ellos debían marcar una mínima diferencia con su amor correspondido, el lazo consentido y un hijo deseado por ambos, sin ninguna presión o prejuicio.

Esperan que esos valores sean transmitidos a su hijo omega, Mikaela Shindo. Y que a pesar de su condición, nadie más lo humille ni lo haga menos.

—Compra lo que necesites —dice su madre entregándole el dinero destinado a los supresores.

—Gracias, mamá.

Antes de dirigirse nuevamente a la biblioteca de la ciudad, Mikaela busca una farmacia por su camino.

El precio de esas pastillas no varía demasiado entre farmacia y farmacia. Decide comprarlo ahí mismo, donde le atiende una señorita que desprende una identidad obvia de beta. Y no importa si se trata de una mujer o de un hombre; mientras se fuera omega, el trato sería el mismo.

Por otro lado, no se puede negar que el aspecto físico de Mika suele jugar a su favor a veces, ya que heredó rasgos semejantes a los de su padre alfa, incluso siendo omega. La gente se sorprendía cuando identificaban su «olor sumiso», o cuando él aclaraba que no es un alfa.

La señorita de la farmacia no es la excepción.

Con la curiosidad presente, comienza a buscar el pedido de Mikaela para vendérselo. Y en ese lapso de espera, otro cliente llega a la misma farmacia.

Parece que comienza a helar ligeramente afuera, ya que aquel muchacho se ve abrigado en una sudadera grande y negra con gorro gris, sin sacar las manos de los bolsillos.

En una brevedad se miran a los ojos, y ambos clientes se reconocen al instante; el muchacho es Yuuichirou Amane, un compañero que estudia en la misma universidad que Mikaela.

No son de conversar con entusiasmo entre ellos. Son más bien conocidos; Yuuichirou es amigo de Chess Horn y a veces se relaciona con Krul Tepes, dos compañeras de aula de Mika. Por ello es que se reconocen físicamente. Además, a veces Shindo compartía palabras con Yoichi o Shinoa, igualmente amigos de Yuu.

—No esperaba encontrarte aquí —expresa jovial Yuuichirou al mirarlo.

—Ni yo —confiesa con cierta vergüenza Mika.

Al cuidar muy bien el consumo de los supresores en su día a día, Mikaela es capaz de esconder casi perfectamente su olor de omega. Y con la apariencia impasible con la que nació, pocos son los que se cuestionan sobre su rango en la sociedad, entre ellos, Yuuichirou.

La señorita vuelve al mostrador a entregarle a Mika su pedido; una caja de supresores. Le cobra y el pago está hecho.

El muchacho lo mira también sorprendido; se ha dado cuenta que es un omega. Y aunque la señorita de la farmacia, asumiendo que es un alfa, piensa que puede tratarse de la compra de supresores para una pareja imaginaria, Yuuichirou solo cree que debe tratarse de un omega, después de todo, él también lo es.

Ante ese descubrimiento, Shindo se va apurado, no sin antes ser capaz de escuchar el pedido, esta vez de Amane, mientras se retira.

—Deme también supresores, por favor.

A diferencia de él, que se avergüenza cada vez que menciona la palabra «supresor», Yuuichirou lo dice abiertamente, o al menos parece estar más acostumbrado que él. Es increíble.

En sí, para muchos no es difícil percibir las feromonas de ese omega; él no las esconde completamente, pero según lo que presencia Mika, tampoco es que desee ser devorado por cualquier alfa. Nadie querría.

Shindo decide seguir caminando, sin mirar atrás.

 

 

En la biblioteca escoge una gran cantidad de libros para realizar un importante proyecto para su universidad. Adelantaría el trabajo esa tarde de sábado, sin embargo, piensa que una tarde no será suficiente, así que, es probable que tenga que pedir prestados todos esos libros para continuar en su casa.

En fin, prioriza el adelanto de su investigación.

Al menos para Mikaela, leer es un disfrute. Significa un nuevo aprendizaje en cada línea narrativa, descriptiva o informativa. Y si bien, en ocasiones pierde el hilo de la descripción por culpa de distractores contextuales o mentales, se toma la paciencia para leer una y otra vez la misma oración hasta que cree entenderlo perfectamente.

Un distractor específico obstaculiza su concentración y parece hacerle leer más de cien veces el mismo dictado. Hay una minoría de muchachos en una mesa próxima por unos cuantos metros que lo miran inquisitivo y con malicia. Sabe identificar ese tipo de miradas, para su mala suerte.

Entra un poco en la preocupación; busca con la mirada por los alrededores si las personas disponibles podrían ser de ayuda, porque también sabe distinguir a un cobarde de un valiente en estas circunstancias.

Esas personas no voltean ni a mirarlo; seguro saben quiénes son esos muchachos, debido al alejamiento de todos ellos con respecto a ese grupo.

Despiden un inconfundible aroma de alfa, todos; son tres en total.

Si bien Mikaela controla mejor que otros omegas su olor, sabe perfectamente que, para alfas de alto dominio o fuerza, los supresores no son suficientes para protegerlo, y francamente su físico dejaba de ser un aliado en esos casos.

Encontró en ellos un peligro del que tal vez podría escapar.

No obstante, a Mikaela ya no le gusta huir. No quiere hacerlo solo porque se ve privado por los demás o por la situación, mucho menos si es injustamente, después de todo, no tiene la culpa de ser un omega, ni de las perversiones de los demás.

Cierra el libro del cual ha olvidado mucha de su información. Suspira y siente que no hay mucho más por hacer.

—¿Cuándo me acostumbré a esto? —se pregunta antes de sacar su celular.

Le manda un mensaje a su querida madre, diciéndole que llegará un poco tarde a casa, pues se decidió visitar a un amigo para pedir consejos con respecto a su proyecto.

Una blanca mentira.

 

 

Han pasado unos minutos desde que ese mensaje fue enviado.

Antes que nada, Mika se asegura de hacer lo necesario para poder llevarse rápido los libros que necesita.

Como supuso, estando tan solo en la entrada del recinto, uno de los muchachos que lo atosigó con la mirada le da una «mentira agradable» para invitarlo a una nueva perdición.

—Se te ha olvidado este libro —asevera a punto de entregar dicho objeto.

Mikaela lo agradece, pero mira con detalle el título. No es uno de los que él registró en la lista cuando pidió el préstamo.

Aquel muchacho lo abraza por los hombros con un brazo, y con otra mano, libre para apuntarlo por la espalda con una navaja, lo conduce con pecaminosa parsimonia, como si ambos fuesen amigos de toda la vida, hasta llegar a los baños de la biblioteca.

Quizá hay dos o tres personas en ese lugar, pero ninguna existe cuando se trata de salvar a un omega.

Los otros dos chicos estaban esperando ese secuestro tan mal disfrazado. La puerta se cierra, y nunca existen llantos o pedidos de auxilio cuando se trata de un omega.

Ni siquiera existen los omegas tal cual cuando salen del baño con algunas prendas rasgadas, golpes y arañazos en partes de su cuerpo, y el cabello despreciado por el maltrato de un alfa, quien si existe y goza de un respeto a sus derechos tan inimaginablemente.

No es como que a Mika no le guste pelear por su orgullo y respeto. Es lo que más quiere después de tantos años de agresión, discriminación y abuso hacia él, sin embargo, hay una brecha tan delgada entre la valentía y… el vacío; no el miedo. No le tiene miedo a quien pueda pisotearlo, pero se siente vacío cuando logran acabar con todo lo que él es.

 

 

Desde hace media hora su madre le envió un mensaje de aceptación. «Está bien, solo ten cuidado siempre y vuelve con bien», dice el texto en su celular.

Mikaela transita un pequeño parque; mira en el gran reloj que son casi las cinco de la tarde, y las nubes creen que es tiempo de esconder parcialmente la luz de la ciudad.

Tiene frío incluso con la sudadera que lo abriga. Tiembla por la falta de calor, o tal vez por la excesiva ira que calienta todo menos a su piel. Sus ojos parecen privarse de cualquier lágrima, pues en el pasado ha llorado a mares, y nadie se atrevió a contarlas o si quiera a detenerlas.

Quizá tenga un temor ahora, y ese nada más es el horror de ver a su madre frente a él; que ella sea capaz de percibir el aroma de un alfa en su cuerpo, y detecte con sus hermosos ojos castaños las pistas que su desaliñado cuerpo ha guardado.

Piensa buscar un lugar en el parque para tomar asiento e imaginar las posibles mentiras que le diría a esa bella mujer y a su padre ni bien regrese del trabajo; seguro ninguna creerán.

Entonces logra ver a unos metros de distancia a un dúo; una muchacha conocida que hacía acto de presencia tan solo con sus tacones púrpura. Es Chess Belle, una de sus compañeras de aula de la universidad. Junto a ella, aquel que ha descubierto su identidad como omega, Yuuichirou Amane.

Cuanta casualidad, piensa para sí Mika. Pero resulta inconveniente encontrarlo después de lo que le ha pasado.

Para un beta, el olor de un omega, o incluso de algunos alfas, es imperceptible, pero no resulta así cuando se trata de otro omega.

Estaba convencido de que Yuu podría rastrear el olor de alfa impregnado en su cuerpo. Se daría cuenta del abuso del que fue víctima. De esa violación de la que sus padres pretendían protegerlo nuevamente.

Ahora un extraño se enteraría primero de esta tragedia.

—¡Mikaela! ¿Cómo estás? —pregunta Chess siendo ignorante de su estado—. Es inusual encontrarte fuera a estas horas.

—Fui a la biblioteca.

La joven beta lo analiza con más meticulosidad.

Para esconder los harapos en su ropa, Shindo usa sus brazos alrededor de su abdomen, enrollando las prendas bajo su sudadera, la que hace un gran trabajo en mantenerlas invisibles. Sin embargo, no tiene manera de ocultar algunos golpes en su boca o las apenas notorias marcas en el cuello que le han dejado, mismos que están a punto de ser descubiertas por su compañera.

—Que mal te ves, ¿ha ocurrido algo?

—Una pequeña riña —miente apartando la vista—. No es grave.

—Me parece que necesitas un cambio —Se ha metido en el tema Yuuichirou. Mika lo mira perplejo—. Estamos cerca de mi casa, ¿quieres venir?

El camino de Yuu en un principio había sido la dirección a su hogar, por lo que no representa ningún inconveniente llevar a un invitado a casa. Ya es normal para los dos amigos despedirse en ese punto, y lo hacen cuando Mikaela dice que acepta dicha invitación, llevado por la desesperación prácticamente.

Durante el camino nadie habla y Shindo se encoje cada vez más. Aunque supone que, incluso siendo omega, Yuuichirou no percibió el olor intruso en él. Quizá este mismo ya había desaparecido de su esencia.

Confiando en ese pensamiento, llegan especialmente rápido a casa de los Amane; fue una sorpresa para Mika que, en efecto, su residencia estuviese atravesando un corto camino.

—Por favor, pasa.

La cordialidad de Yuu asusta un poco a su invitado, y es que, incluso si él no supiera nada, quien estuviese en su casa podría adivinar su estado, y no quiere traer problemas a quien le ha tendido gentilmente una mano.

Murmura, farfulla; es producto de los nervios que siente. Y Yuuichirou lo percibe.

—Tranquilo. En casa solo está mi madre; quizá mi padre llegue un poco más tarde. Además, los dos son betas, no pueden olerlo…

El cuidado que tuvo en lo que dijo dejó claro su conocimiento; efectivamente sabe lo que le ocurrió. Quiere preguntar, sin embargo, ya Yuuichirou pone un pie en su casa, y es cuestión de segundos para que ponga el otro y pasen.

Así, Yuu lo invita a pasar, y la primera persona que los recibe en su hogar es la señora Amane, la madre de Yuu; manteniendo su concentración parcialmente en sus deberes como el de preparar la cena.

El señor Amane no está en casa.

—Bienvenido —saluda al ver a su único hijo.

—Mamá, he traído a un amigo.

Con educación y respeto, Mikaela hace una ligera reverencia.

—Mucho gusto. Me llamo Mikaela Shindo.

—Tienes un buen porte, ¿será que eres alfa? —inquiere relativamente interesada la señora Amane.

—Mamá, no preguntes eso, por favor. Vamos a estar en mi cuarto.

Con una advertencia estoica hacia su privacidad, la señora Amane entiende que no quieren ser molestados por el momento.

Yuu toma por el brazo a Mika y lo conduce hacia unas escaleras, donde se encuentra su habitación y el baño principalmente, porque revisa su clóset y busca entre la ropa algún conjunto que le pueda quedar a Shindo para reemplazar los harapos que tiene por ropa.

—Entonces, ¿olfateaste mi olor?

—Es normal. Los dos somos omegas, así que, es difícil ocultarlo. Además, como dijo Chess, no te ves bien. —Al momento de encontrar ropa perfecta para Mika, murmura—. Al menos mi mamá no preguntó por ello. Lamento lo que dijo; parece que su pregunta favorita es esa.

—Descuida.

Mikaela se siente apenado por el esfuerzo que hace Yuu para protegerlo.

Le ha dicho que puede tomarse un baño si desea, y que, al término, él se ofrece a curar sus heridas. Él, quien es simplemente un conocido; sabiendo poco ha hecho mucho.

Una parte de sí se niega a ser el centro de tanta atención que no cree merecer, pero un pequeño lado racional acepta que lo necesita; es preferible esto a tener que llegar con una decepción otra vez a casa.

Mientras se ducha, siente una costumbre irracional que lamenta desde su espíritu; como pasó en la biblioteca, se pregunta en qué momento ha tenido el hábito de aceptar ese maldito vacío.

Su cuerpo duele aun con el roce imperceptible del agua cayendo sobre él. Y el hecho de tocarse a sí mismo es desagradable en ese momento, donde la parsimonia y quietud deberían sobresalir.

Con esas sensaciones en él, termina rápido de asearse y viste las prendas obsequiadas de Yuuichirou. Afortunadamente su ropa encaja con la complexión de Mika, quizá por ser omegas es que comparten una fisiología parecida. No sabe qué pensar.

Yuuichirou, como dijo, lo está esperando con un botiquín de primeros auxilios. No le ha dicho nada a su madre para tranquilizarlo, por lo que, con todavía incomodidad, Mika se vuelve a retirar por lo menos la sudadera, mostrando las partes más dañadas en su físico.

Hay un leve suspiro por Amane, ya que aprecia que las heridas no sean graves como para recurrir al hospital, pero de todos modos hace el comentario mientras se encarga de la herida que parte su labio inferior.

—¿Seguro que no quieres ir con un médico? A pesar de que no se vea tan mal aquí, en tu…

—Estoy seguro —responde tajante mientras vuelve a colocarse la camisa—. Si realmente sintiera que sería lo mejor, lo habría hecho ni bien terminaron conmigo.

Amane lo mira con mucha empatía, y deseos de poder ayudarlo en algo.

—Entonces, lo mejor sería llamar a la policía, o a tus padres, ¿quieres que lo haga por ti?

Mika ladea su rostro. En ningún momento consideró ambas propuestas como opciones.

Esto resulta alarmante para Yuu, después de todo, han agredido a Mikaela. Un acto así no puede quedar impune y está ansioso por llevarlo con sus padres para que puedan denunciar a quienes hicieron de lo más inhumano que existe.

Entonces, con una empatía que también comparte Mika, le habla francamente.

“¿Nunca has hablado de esto antes? Como ahora”, es lo que él pregunta.

“¿Me dices que ha pasado en más de una ocasión?”

“¿Por qué te guardas un suplicio así de esta manera?”

Se mantiene en un silencio delgado ni bien hizo esas tres preguntas.

Desde ese tormento, ha sido difícil para Mikaela describir sus sentires y compartir razones de ser. Pero quizá hacerlo con un omega que no fuese su madre, le llenaría con un poco más de calma.

—Hace mucho lo hice; la primera vez que un alfa me atacó. Estaba en la secundaria y un compañero alfa entró en celo inesperadamente. Me vio como un blanco fácil, pero por supuesto que no me quedé de brazos cruzados, así que, lo conversé con mucha frustración con mis padres. —Hace una corta pausa, pues ese vacío que siempre ha sentido comienza a llenarse de culpa y tristeza—. Mi padre a pesar de ser alfa, no tiene un trabajo totalmente favorable, y con esa base, enfrentó al padre de ese chico, que era un alfa muy poderoso en comparación.

En el mundo que se ve regido por los niveles socioeconómicos, ese es el tipo de poder que puede con las masas, por sobre los derechos de los demás y la justicia.

Para salvar la libertad de ese muchacho alfa, simplemente se alegó que al estar en celo, se es incapaz de mantener la cordura o raciocinio para reflexionar, impidiendo tomar una decisión lógica. Y para un juez, aunado al pretexto de que ambos eran menores de edad, eso fue suficiente.

¡Inadmisible!

Algo tuvo que agradecer Mikaela —porque no se puede sentir más que un injustificado alivio pese a lo desagradable que resulta—. Y es que, de haber quedado preñado de ese muchacho, se habría visto obligado «moralmente» a juntarse y hasta enlazarse con dicho alfa. Y tendría una cría a tan temprana edad.

—Solo pasamos una vergüenza aquella vez. Yo teniendo que decir todo con exactitud al declarar, y mis padres siendo vistos por una minoría como unos exagerados. Lo único que se hizo fue pagar una indemnización por daño moral y agresión sexual; una bastante mediocre en realidad. No importa cómo lo veas o qué cantidad puedan dar, ese dinero no borra ni compensa absolutamente nada.

Y lo que más cabrea a Mika, es aceptar que biológicamente, tenían razón. Un alfa en celo no razona ni piensa, y es el lado primitivo la excusa perfecta para ignorar y olvidar la violencia que un ser humano con o sin raciocinio puede hacer.

Así se atormenta todo el tiempo. Es decir, si declara que nuevamente fue violado, sus agresores podrían o bien corromper el sentido de justicia con ese maldito dinero que para la ley encubre cualquier mal, o como otra opción, jactar que se encontraron en pleno celo para que exista un amparo y los dejen en libertad.

En el pasado lo agredieron, lo hicieron menos y sufrió acoso como omega, sin embargo, esta es la segunda vez que alguien vuelve a menospreciar y a utilizar su cuerpo para una asquerosa satisfacción.

Y nadie habla sobre ello.

—Solo estoy cansado. En serio, quiero rebelarme de alguna manera, pero cada vez más me siento menos.

Vivencias por un omega de 20 años, resumidas en media hora con un tortuoso malestar.

Le es imposible a Yuuichirou permanecer lejos de ese muchacho, así que, se acerca con benevolencia, la más honesta que su ser ofrece, y se sienta junto a él, sin miedo o vergüenza por sentir el contacto de su hombro, de sus piernas o del calor que incrementa en la atmósfera.

Quizá es porque se trata de un omega, pero Mikaela siente mucho alivio con su cercanía.

—Afortunadamente no te has enlazado —lo dice casi para devolverse esa misma confesión, y no piensa en sus palabras—. Ah, no me malentiendas, no pretendo menospreciar tu dolor. Incluso mi empatía como omega tal vez no me permite entenderte por completo, mas sé que es difícil. Lo que quiero decir es que, los lazos son verdaderamente crueles. Quizá sean comparables a una violación, porque se trata de una atadura que difícilmente puedes deshacer tú, como omega.

—Lo que dices… —Reflexiona Shindo el sentir de su expresión—. Suena como si supieras de ello.

Amane sonríe, porque al igual que Mika, siente cierto vacío que está dispuesto a verter ahora.

—Lo sé. —Suspira amargamente mientras mantiene sus ojos cerrados—. Tengo mucho de qué quejarme también como omega. Sabes, mis padres son betas, pero económicamente son capaces de llamar la atención de alfas regulares. El caso es que, los dos están desesperados por conseguirme una pareja alfa.

Sabe que, aunque ríe bajito, el tema seguirá siendo difícil de hablar.

—¿Es por eso que hizo esa pregunta antes?

Yuuichirou asiente y continúa narrando.

—Cada vez que traigo un amigo a casa, le es habitual preguntar si se trata de un alfa. Todo porque mis padres no pudieron engendrar a un alfa y tuvieron a un omega como yo. Ah, pero no todo está perdido, porque ellos pueden enlazarme a un alfa y buscar la manera de tener un nieto alfa para destacar a esta familia.

—¿Por qué tienen esa desesperación?

—Son betas —responde tajante y con decepción—. Vengo de una larga familia de betas, y es la primera vez en mucho tiempo que nace un omega.

Incluso con esa etiqueta de «beta», tal vez parece que él inmiscuye una discriminación hacia sus propios padres. Uno pensaría que sería muy hipócrita de su parte, sin embargo, como algo frustrante, sus padres forman parte de esa gran cantidad de personas betas que necesitan aliarse de un alfa, para protección o fama.

En resumen, necesitan ser reconocidos por algo que es aparente y casi fingido.

Y es capaz de introducirlos en esa descripción de padres irresponsables y similares a esa porquería de sociedad, por las marcas que decide mostrarle a Mikaela, a base de un gran valor.

Levanta y retira su camisa negra de cuello de tortuga, y en el recorrido de su piel morocha, la vista de Mikaela encuentra en la parte superior de su torso, exactamente por la clavícula y el cuello, unas marcas que conllevan un significado aberrante.

Se trata de la rotura de tres lazos, totalmente palpables en su cuerpo. Esto hace que Mika esté totalmente sorprendido por la revelación.

—Puedo decirlo de esta forma por los lazos que mis padres me obligaron a realizar. Estuve en diferentes ocasiones con tres alfas, y al final, los tres también se decepcionaron de mi y cortaron los lazos.

Es impresionante decirlo, pero todavía es normal encontrar algunas familias, ya sean de betas, omegas y hasta de alfas que preparan y organizan lazos de esta manera, sin siquiera importarles las opiniones de los enlazados, como en el caso de Amane.

Confiesa que con los años se ha vuelto mucho más reacio, y continúa luchando hasta contra sus padres cada vez que le dicen que han contactado con un alfa para él. Sin embargo, durante esa oscura época, las fuerzas en Yuuichirou no dieron ni para objetar algo o darse a respetar.

Al igual que Mika, estuvo por un largo tiempo muy exhausto de luchar.

—No es como que sentí algo por alguno de ellos, pero los lazos implican la unión de cuerpo y alma, y cuando este se rompe, afecta en ambos puntos. Me sentí muy triste; me sentí abandonado, y no podía pensar en otra cosa más que en desaparecer.

Con la mirada esmeralda de Yuuichirou que evoca a simple vista una nostalgia profunda y palpable, Shindo se siente cada vez más atraído por ese chico. Quiere hacer cualquier cosa para cuidarlo.

Tal vez y la razón por la que siente un fervor de ese tamaño, es porque se ve reflejado totalmente en él.

Es posible que se deba a que ambos son omegas.

—Lo siento mucho… Yuu-chan.

La piedad que nace desde su interior hacia Amane le hace llamarlo de una manera tan cercana, que impresiona al chico que ahora lo ve con unos ojos indescriptiblemente hermosos. Parecen brillar por el cariño con el que dijo su nombre.

Las orejas de Mika y sus pómulos se sienten arder.

—P-perdón. Fui irrespetuoso.

—¡No! La verdad… me gusta.

Siguen apreciando las llamadas «ventanas del alma», y Yuuichirou reconoce que Mikaela tiene unos ojos preciosos, aunado al rubor tierno que se le nota en este momento; parece encandilar su corazón.

Mira un poco más abajo, hasta donde se encuentra su cuello, y ve unas marcas rojas en él. No son parecidas a las que deja un alfa con intención de reclamar a un omega, como las que él tiene. Son rojas y más pequeñas, pero son símbolo de una tortura difícil de explicar para él.

Y así como el sentir de Mikaela, a Yuuichirou le habría gustado en verdad protegerlo de aquellas malditas bestias.

—A veces me gustaría ser un alfa —confiesa sin pensarlo demasiado—. Si lo fuera, no decepcionaría a nadie. Podría elegir con quién tener un lazo y no romperlo irresponsablemente. Y te habría salvado antes.

Quizá en el pasado, Shindo quiso lo mismo para sí, no obstante, y a pesar de todas las crueldades que ambos han hablado en ese nuevo confort, todavía tiene mucho a lo qué aspirar, que está por sobre sus deseos egoístas.

Una igualdad.

—Te sorprendería saber que yo no. —Yuuichirou mira totalmente dubitativo a Mika por ello—. Lo dije, mis padres son alfa y omega. Y son el ejemplo perfecto para mi de que el amor todavía existe. Ellos no están unidos por un lazo, pero se casaron. Y me tienen a mí. Te puedo decir con seguridad que son lo más cercano a los padres perfectos. Y mi ambición es ser como ellos algún día, sin ser obstaculizado solo por mi estatus. Ser yo mismo sin vergüenza alguna.

La admiración por Mikaela se escucha como un crescendo en el alma de Yuuichirou.

Tiene razón, piensa inmediatamente. Para que el mundo cambie, uno mismo debe hacerlo primero y dar el ejemplo apropiadamente. Y aunque la meta que ambos esperan puede ser demasiado tardía como para incluso pensar que ese ideal no podrán verlo en vida, el primer paso para iniciarlo debe empezarlo alguien, como ellos.

Entonces se propuso a sí mismo una iniciativa. Pues bien, si un alfa y una omega son prueba apropiada para Shindo sobre la posibilidad de hacer las cosas mejor en lo que refiere a estereotipos e ideologías absurdas, entonces, ¿qué pasa con esas historias de amor entre dos alfas, entre un omega o alfa con un beta, o incluso entre dos omegas? Como ellos.

—¿Te gustaría crear un impacto como ese? —propone ligeramente temeroso Yuu.

Mira su mano blanca, normalmente colocada en su propio muslo. Ni bien la toma entre sus manos casi en el temblor del miedo por quizá hacer algo malo, continúa con su invitación, con el rostro sonrosado de Mikaela mirándolo expectante y atónito.

—S-solo digo que… Sería un acto valiente si entre dos omegas hay… Algo.

—¿Me estás proponiendo una relación amorosa contigo?

—¿Sí? —contesta con una cuestión, inseguro.

—No suenas muy convencido.

Abochornado, Yuuichirou se golpea los cachetes. Siente que arden más por la timidez de la idea que surgió tan espontáneamente en él. Arruga también la nariz y frente a Mikaela, hace una reverencia exagerada para demostrar que está convencido de lo que dice.

—¡Estoy diciendo que quiero salir contigo! ¡Por favor!

Shindo no se queda atrás con su rostro notablemente rojo.

Hasta hace unas horas, todo era gris y vacío; soledad. Y ahora, a su alrededor mira verde, rojo, azul y todo lo que representa a la alegría.

Yuuichirou es un muchacho al cual no conoce apropiadamente. No puede decir, por otra parte, que no le gusta. Es lindo, y muy amable, algo que aprecia en sobremanera. Y le ha confiado un pasado e historia que está seguro no entregaría a cualquiera, así como él le confesó inseguridades y anhelos que tal vez solo sus padres saben.

Los dos merecen una oportunidad, incluso si son omegas, el amor no se le prohíbe a nadie.

Sin razonarlo, acaricia los cabellos de Yuuichirou que están a su alcance, aún con esa reverencia. En un respingo inmediato, Amane es capaz de mirar la expresión compasiva de Mikaela, y presta atención a su respuesta.

—No voy a ser tu novio —una objeción se escucha exponencialmente en la habitación, hasta que Mikaela regresa el orden y el silencio—. Dije que no voy a ser tu novio, por ahora. Pero si acepto salir contigo y conocerte mejor. Sí esto se vuelve real y no es con la finalidad de probar algo a nadie, entonces será lo mejor que nos podrá pasar.

Amane Yuuichirou levantó por completo la cabeza.

Con toda la intención del mundo, Mikaela revolvió sus cabellos hace unos momentos, y al levantarse, su melena oscura ha hecho un gallo muy gracioso, que trajo la risa de Shindo al lugar. Y para no verse como el villano en esa broma, regresa sus cabellos a su orden original.

El tacto de los dedos fríos de Shindo con su cabello crean una quietud perfecta para Yuu, que siente todo el valor para cerrar los ojos y confiarle hasta sus sueños y angustias en ese momento.

Que rápido se enamoró de ese muchacho vacío. Ahora que sucedió, quiere probarle al mundo entero que, sin necesidad de ser un alfa, o de marcarlo con un lazo, haría que Mikaela Shindo se enamore de él; lo protegerá de cualquiera que intente hacerle daño otra vez, y lo hará feliz así tal como es, un omega.

Continuará…