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Dos reinos se enfrentarían, y la princesa no podía estar más triste de lo que ocurría ese día, estaba completamente segura de que si no hacía algo para evitar toda esa guerra se arrepentiría de por vida, pero ¿cómo evitar todo eso? ¿cómo evitar ir al campo de batalla a enfrentarlo? No había escapatoria.
Su primer general, y el estratega del reino y consejero tocaron la puerta de la oficina de real, Ochako estaba sentada a un lado de la ventana contemplando la puesta de sol.
—Uraraka… Debes ir a cenar algo y luego descansar, mañana es un-
—Sí, ya sé que es un día importante, Deku, gracias por recordarlo—La castaña se levantó un poco de malas y se les quedó viendo a sus dos amigos—¿No puedo tener un poco de paz antes de ir a matar cientos de gente inocente?
—Sabes que no se trata de eso, princesa, sino de lo que es mejor para el reino. Ellos traicionaron nuestra confianza ¿le parece poco? —Uraraka frunció el ceño y volteo la mirada a otro lado, no iba a tener esa conversación de nuevo.
—Uraraka, te pido por favor que vayas a comer, no te has parado en el comedor en todo el día. Te lo pido como tu amigo, no como tu consejero — El pecoso la miró con las cejas bajas y una sonrisa apenada, Iida estaba a su lado con un gesto molesto, la princesa solo tomó sus guantes y salió de la habitación, el más alto la siguió, seguramente para reclamarle algo.
Izuku sabía muy bien porque había tanto drama alrededor de la declaración de guerra de su reino al otro. Sabía que Iida estaba enojado con ella porque era bastante obvio que “matar almas inocentes” no era la razón principal por la cual Uraraka estaba en contra. También sabía muy bien que su amiga tenía un amorío con el rey del otro reino y que esa era la razón por la cual ella no quería atacar a nadie. Como consejero del reino su tarea era sugerir lo que él creía era mejor para la nación, pero si sus dos amigos -que no solo eran sus amigos, sino el primer general y la heredera al trono- estaban así, era imposible planear algo que los tuviera contentos a todos ahí, y no le podía decir a Iida que Ochako estaba enamorada del rey Bakugou o las cosas se pondrían peor -aunque una idea de que lo sabía rondaba por su cabeza-; especialmente porque estaba completamente enterado de lo que su amigo sentía por la princesa. Suspiró pesado dejando lo último que le quedaba de alma y salió de la habitación para intentar calmar a sus amigos.
A la mañana siguiente Katsuki se encontraba gritándole a cualquier persona que se encontrara en su camino. Estaba de malas desde la declaración de guerra, se sentía tan enojado, molesto, pero sobre todo traicionado. No podía creer que su “cara de ángel” le hubiera declarado la guerra, no después de todo lo que habían vivido. Kirishima insistió en que debía haber sido un error, que Ochako no era el tipo de mujer que traicionaba, pero Bakugou no escuchaba razones desde esa declaración, y ese día estaba de un evidente mal humor. El pelirrojo no sabía que más hacer para tranquilizarlo, ya le había sugerido rendirse, o hablar con la princesa para aclarar las cosas, pero no funcionó nada. Lo peor es que estaba seguro de que toda esa situación era un malentendido gigante.
Toda la pesadilla había empezado un mes atrás cuando Bakugou se estaba preparando para ir a ver a Uraraka en su escapada habitual, Kirishima insistió desde que le había llegado la carta a su amigo que algo raro había en todo eso.
—Te aconsejo no vayas, Bakugou, no me da buena espina esta carta.
—¿Ahora vas a decir que no confías en Ochako cuando tú mismo insististe en que la conociera?
—No es eso, es algo distinto—El rubio estaba ya subido en su caballo, pero se quedó a oír lo último que tenía que decir su amigo—Por favor no vayas. Si me equivoco y Uraraka está ahí, sé que va a entender que no hayas ido.
Luego de que Bakugou se fue no pudo hacer otra cosa además de dar vueltas como loco en la oficina esperando haberse equivocado en sus presentimientos, pero algo en su corazón le decía que esa cita iba a ser como abrir la caja de pandora. Dicho y hecho, cuando Eijirou vio la figura de Bakugou cabalgando despacio hacía el castillo supo de manera inmediata que algo malo había ocurrido. El rey de su nación había sido atacado por un arquero, y aunque quisiera defender a la princesa con todo su corazón, la flecha grabada con el sello de su reino lo dejaba de manos atadas.
A eso le siguieron días terribles para Bakugou ya que, a pesar de no querer ir a combatir, todo apuntaba que el reino vecino les había tendido una trampa y con eso, declarado la guerra. Sero y Ashido armaron un plan para atacar y dejar que el rey se recuperara de la herida en su hombro. Entre ese día y la fecha planeada para atacar había poco más de un mes, y Kirishima considero pertinente ocupar ese tiempo en intentar convencer a su amigo de no hacer lo que estaba a punto de hacer, jurándole que se iba a arrepentir de continuar con la guerra.
—Kirishima, ya me estoy arrepintiendo desde ahora ¿pero qué clase de rey mostraré ser si cuando me atacan no hago algo?
—Tú sabes que esto no es culpa de Uraraka, debe ser un malentendido. —Bakugou lo miraba serio y triste, con un dejo de resignación al destino. —No lo hagas, Bakugou…
Conversaciones así sucedieron más de una vez en la privacidad de la oficina o la habitación de alguno de los dos. No querían involucrar al resto de la corte real en los problemas amorosos secretos del rey, pero sabían que mientras ellos no explicaran ese detalle, el plan iba a seguir su curso. Entonces habían llegado al escenario triste donde Bakugou tenía que vestirse para atacar a la caballería de su novia.
Ochako odiaba cada momento de ese día. Generalmente se ponía contenta cuando podía usar su armadura porque tenía un color coral muy bonito, y le gustaba mucho como acentuaba su figura, también tenía muchas ganas de mostrarse así con Katsuki, pero definitivamente no había imaginado ese momento como estaba sucediendo. Izuku ya la había consolado, le confeso que sabía todo el asunto de ella y Kacchan, que no le iba a decir a nadie pero que por favor hablara sinceramente con Iida, porque él no podía quedarse con la verdad a medias y que merecía saber porque se oponía, y quizá así, cambiaría su decisión. La princesa ya no quería seguir hablando de ese tema, no había podido convencerlo hace un mes ¿qué le garantizaba que a unos cuantos metros del campo de batalla iba a ceder? Lo que más le frustraba era que no podía hacer nada para impedirlo, como Iida había quedado a cargo del reino en lo que Ochako ascendía al trono luego de la desaparición de sus padres en el mar, las palabras de su amigo valían más que las suyas.
—Ochako ¿quieres un té antes de que se vayan? —Tsuyu había estado con ella en todo el proceso que estaba viviendo, y como su dama de compañía y mejor amiga, sabía exactamente como se sentía. Entre ambas intentaron adelantar la coronación para evitar que toda esa locura siguiera en pie, pero como el que tenía que aceptar aquello era el padre de la capilla del castillo, todo se les vino abajo cuando se negó rotundamente, excusándose en que la princesa era egoísta por priorizar su coronación a una guerra.
—Lo que quiero es morirme, Tsuyu—Su amiga se acercó a apapacharla en el momento justo que Iida entró a la cocina.
—Nos vamos, princesa.
—Iida… déjala que se quede.
—¡No! Nos vamos—El general la tomó del brazo, teniendo que pelearse con Ochako quien prácticamente se estaba arrastrando para evitar que la llevaran—¡Deja de hacer berrinche, Uraraka! Eres la heredera al trono, compórtate como tal.
—Sabes que esto se puede arreglar de una mejor manera, lo sabes y no me quieres hacer caso porque estas obsesionado con esta tonta rivalidad que tienes hacía el Rey Katsuki. Esta bien que seas el líder interino del reino en lo que yo tengo mi coronación, pero eso no te da derecho a hacer con mi reino y mi gente lo que te plazca ¿entiendes? Ahora mismo vas a parar todas las preparaciones y vamos a solucionar esto de la manera pacífica, porque bien sabes que todo esto es porque Katsuki no te cae bien.
—Nos declararon la guerra, Uraraka.
—No es cierto.
—¡Él te mandó a matar! ¿Qué más pruebas quieres para decir que nos declararon la guerra? ¿Eh? ¿Quieres que entren por las puertas de la ciudad y lleguen hasta acá para darte cuenta de que Katsuki solo se acercó a ti para lograr apoderarse de estas tierras?
—Eso es mentira.
—Te usó.
—¡Claro que no! ¡Él no es así, Iida! ¡Tú no lo conoces como yo lo conozco!
—Deja de defenderlo. La marca en tu abdomen no es un chiste, Uraraka—Deku se acercó a ver todo el alboroto que estaban armando, él no iba a ir, pero de todas formas estaba al pendiente de los preparativos de la cruzada, así que cuando no vio a ninguno de los dos en sus puestos supo que nada bueno podría estar pasando. —¿Crees que el hecho de que un tipo con una espada de su reino haya venido a atacarte a la mitad de la noche es una broma?
—¡TÚ NO TIENES PRUEBAS DE QUE ÉL HAYA MANDADO A ESA PERSONA! ¡SOLO DICES TODO ESO PORQUE ESTAS CELOSO DE QUE BAKUGOU ME GUSTA Y TÚ NO!
—¡Chicos! —El joven de cabello verde se les quedó viendo desconcertado, como regañándolos, sorprendido que estuvieran teniendo esa clase de pelea —Preferiría que dejaran sus conflictos personales para otro día que no sea hoy, por favor.
Uraraka se soltó agresivamente del agarre de Iida y se fue caminando enfurecida a donde estaban todas las tropas. El hecho de ser la princesa heredera al trono y no poder hacer nada por esa injusta situación solo porque tuvo la mala suerte que el líder interino que decidieron sus padres fuera un celoso resentido, visceral y poco dialogador, le hacía hervir la sangre.
Claro que se oponía porque no quería pelear contra Bakugou, lo amaba demasiado para si quiera blandir una espada en su dirección, pero también odiaba que tuvieran que morir tantas personas, no solo se su reino, sino también del otro, solamente porque alguien les había tendido una trampa. Estaba completamente segura de que la persona que había entrado a matarla no había sido mandada por Bakugou o alguien de ese reino, sino todo lo contrario. No sabía muy bien quién y porque, pero sabía que aquel hombre había sido contratado por alguien de su propio castillo. Le había explicado a Tsuyu cuando esta la tiró de a loca que la espada con la que había sido apuñalada era una espada que tenían en el salón de armas, arma que dos semanas antes del ataque, Deku había declarado como extraviada. Entonces le había resultado muy curioso que de pronto la espada que habían perdido apareciera en manos de alguien de otro reino. Era demasiada coincidencia. Le dijo a Iida y Deku de todo eso, pero ambos le dijeron que lo más probable era que fuera otra espada o que si era la misma, el asesino la hubiese comprado en las afueras de la ciudad luego de ser robada. Ochako no se tragó ni una sola palabra de esa solución, ya que era imposible que el sujeto haya entrado al castillo, robado la espada y luego volver a entrar, todo sin ser notado. Los guardias del castillo no eran tan incompetentes ¿y esperaban que se creyera toda esa ridícula escusa? Ahí había gato encerrado, y ella podía sentirlo.
Uraraka sintió que le escocían los ojos cuando vio el banderín con el escudo del reino de Katsuki y a Bakugou justo al lado del caballero que lo cargaba. Se había resignado a luchar contra él, pero verlo ahí de frente cambiaba completamente la situación.
—No puedo —Todoroki le preguntó que hacía cuando la vio sacarse el casco —No puedo hacer esto. Me entiendes, ¿no? Esta no soy yo Todoroki, lo sabes, Iida lo sabe. Yo no voy a empezar mi reinado con sangre inocente en mis manos. —Uraraka comenzó a avanzar despacio con las manos fuertemente agarradas a las riendas de su yegua. Cuando Bakugou notó lo que hacía volteó a ver a Kirishima, este también lo veía confundido pero esperanzado, eso le demostraba que todo eso era un error, un malentendido. Mina le dijo que aparentemente era un encuentro entre líderes para resolver el problema sin violencia, que fuera, pero con cuidado.
—¿Qué pretendes, mejillas? —Cuando ya estaba más cerca de ella, casi de frente, ella le sonrió y su pecho se lleno de calidez por ver esa sonrisa que, aunque no era la mejor, al menos podía verla de cerca una vez más —Ocha…
—¡Katsuki! —Uraraka se bajó velozmente de la yegua y sujetó el cuerpo del rubio para que no azotara en el suelo. Volteó a ver quien de sus hombres se había atrevido a dispararle a su amado, y al ver a Iida bajando el arco, sintió el más profundo rencor y odio hacia su amigo.
—Mejillas ¿tú me mandaste a matar?
—¿Qué? No, claro que no, yo…—Con esas palabras todo era más claro. No quería levantar falsos ni apresurarse a una conclusión, pero todo la dirigía a que Iida había planeado todo. Todo era un malentendido ¡Y ella lo sabía desde el principio! Acarició el rostro de su novio con amor y luego tomó su mano —Ay Katsuki, no, nos tendieron una trampa, todo para llegar a este momento —A lo lejos se oían los gritos de las tropas que corrían y cabalgaban, pronto los dos bandos colisionarían y ellos dos estaban justo en donde eso pasaría.
—Yo sabía que tú no podías traicionarme, cara redonda. Sabía que tu amor era sincero.
—Lo sigue siendo, siempre lo será, pero necesito que no te mueras ¿okay? Para seguirte amando necesito que no te mueras—No quiso mover la flecha de su lugar, al final no había dado en un lugar tan grave, pero seguía siendo una flecha que estaba en su abdomen. Si se le atendía pronto se salvaría. El rubio llevó la mano a sus labios para besarla con cariño. —Debo sacarnos de aquí o van a matarnos aquí en medio.
—Te ves malditamente bien con esa armadura, mejillas.
—Katsuki, no es momento.
—Siempre es momento para decirle a mi persona favorita cuando la amo — Uraraka se limpió una lágrima mientras reía desganada.
—Yo también te amo, Kacchan, pero ahora hay que salir de esta.
