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Un encuentro poco ordinario

Summary:

En donde Dabi salva a un chico de blancos y largos cabellos.

[One Shot]

Notes:

No se me ocurrió un mejor título o resumen xD

En fin, este one shot también fue publicado hace un par de días en mi cuenta en wtp, por si se topan con él por allá ~

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

¿Por qué cuando te dicen que todo va a salir bien sientes que no va a salir bien?

 

Ese fue el sentimiento que Touya tenía cuando sus compañeros le aseguraron que el atraco saldría bien. Pero esto era más que un simple atraco, era un secuestro. Y no, no estaba saliendo para nada bien.

 

Para empezar, el tipo se les había tratado de escapar un par de veces. La primera porque uno de sus compañeros era demasiado blando para estas cosas y terminó aflojando las ataduras de su rehén, quien vio la oportunidad de tratar de huir. Y la segunda cuando el tipo utilizó una navaja que quién sabe de dónde sacó.

 

Eso no estaba en los planes.

 

Seguramente fue el mismo idiota de la primera vez quien se había distraído y no notó lo que el rehén intentaba hacer. Y eso a Touya le hizo rechinar los dientes. ¿Es que no podían apegarse al plan?

 

De haber salido perfecto a estas horas ya estarían recibiendo el dinero de la recompensa y listo, cada quien en su jet privado rumbo a su mansión en la playa. Claro que era una idea muy ostentosa, pero nunca sabría si habría podido llegar a tener esas riquezas.

 

Después de eso, otro sujeto se hizo cargo y al parecer se había propasado con las sogas. Incluso le había colocado una alrededor del cuello. ¿A quién rayos se le ocurría eso? Cuando Touya se dio cuenta, rápidamente le desató la soga de la garganta.

 

"¡Lo queremos vivo, maldita sea! ¡¿Qué clase de psicópatas son ustedes?!"

 

Ya habían hecho unos robos juntos, pero era la primera vez que hacían un secuestro. Si bien Touya ya tenía experiencia en esto, él no estaba al mando de la situación, lo cual lo dejaba molesto porque el supuestamente jefe era igual de loco que el par ya antes descrito.

 

Menos mal que él se había encargado de la parte de enviar mensajes y llamadas, porque de otro modo la policía ya los hubiera rastreado y encontrado desde el primer día. Sólo quedaban unas horas más antes de entregar el rehén y tomar el dinero. Touya tuvo que negociar el cambio de fecha de la entrega pues justo cuando faltaba una hora de la primera fecha ocurrió lo de la navaja y uno de sus compañeros había resultado herido de la mano.

 

─Vivo rodeado de gente estúpida.

 

Solía murmurar mientras los demás simplemente reían. Estaba seguro que nadie más había preparado sus mochilas por si ocurría alguna emergencia. Y de buenas que jamás les dio su nombre real y todos se llamaban por apodos, así no se demostraría ninguna conexión con él. 

 

Y la última gota que derramó el vaso fue que al final terminaran por matar al rehén. Y sí, fue el idiota del jefecito, como le llamaban sus demás compañeros por juego. Él y su manía por ahorcar a la gente con sus manos, como si en ellas tuviera todo el poder del mundo para destruirlos. Y bueno, sí lo tenía, pues llevaba en su lista un largo número de víctimas, pero en esta ocasión no estaba solo y tenía que pensar por el resto del 'equipo'.

 

─Sip. Esto se irá a la mierda.

 

Decidió hacer lo más lógico ante esa situación. Huyó.

 

Pero justo cuando estaba a escasos metros lejos del lugar que tenían como refugio, escuchó sirenas y autos acercándose a gran velocidad. Vaya, había sido demasiado rápido.

 

Al menos no quedaría en su consciencia. Bueno, no es que la tuviera y nunca hizo amistad con ninguno de los chicos, pero sí les había avisado lo que ocurriría si seguían actuando con impulsividad y sin la mente fría.

 

Quizá eran los días de sobriedad que tenía, pero a Touya le parecía que era el más sensato de ellos. En fin, no podría saberlo porque en este momento ya se hallaba corriendo lejos. Un policía había visto su silueta entre los árboles y fue tras su pista.

 

Ah, agradecía haber cargado su pistola antes de salir, siempre era bueno ser precavido en este negocio.

 

Tras unos breves minutos de enfrentamiento y de una especia de juego de las escondidas, Touya logró eliminar a su perseguidor y emprender la huida.

 

Le tomó un autobús y dos aventones para creer que estaba lo suficientemente lejos para poder asentarse e investigar si podría establecerse en ese pueblo. Se veía bien. Le gustaban los bosques frondosos y hermosos, y este no era la excepción, pues tenía un aspecto misterioso e impresionante. Se adentró allí y después de recorrer unos cien metros a pie entre tantos cedros, pinos, abedules, decidió escarbar en un montículo de tierra que había a los pies de un gran cedro.

 

Se aseguró que nadie estuviera alrededor, antes de sacar de su mochila una bolsa de plástico que tenía sus armas y unos documentos falsos. Con apuro, depositó en el hueco esas cosas y se quedó con un arma, una identificación y unos documentos. Cubrió la bolsa con tierra y se puso de pie, sacudiendo sus manos mientras se guardaba la otra arma entre sus ropas.

 


 

Eran pasadas las cuatro de la tarde cuando salió de su clase de esgrima. Se dirigía de regreso a su casa, sin atravesar el bosque por lo que lo rodeaba y eso le tomaba más tiempo. Se sentía una fría pero agradable corriente de aire que hizo que sus mejillas se tornaran sonrosadas y sus blancos cabellos se movieran con el viento.

 

Sólo era en esas ocasiones, en las que se encontraba solo y en paz, que se sentía cómodo y tranquilo.

 

Ser hijo del director de la planta de energía del pueblo no era fácil. No era algo que a él le gustara y más bien preferiría no serlo. Su padre prácticamente era dueño de todo el pueblo, pero eso no le traía ningún beneficio.

 

Sufría de acoso.

 

Por alguna razón dos personas la traían demasiado contra él. Nunca sabría por qué, pero desearía tener la voluntad y la fuerza para defenderse y mandarlos al diablo. ¿Tendría envidia por su posición económica y social? ¿Porque su familia era rica y manejaba la fuente que sustentaba a todo el pueblo?

 

Estaban muy equivocados si creían que el dinero y la posición social lo eran todo. Su padre siempre estaba ausente y lo tenía en completo abandono. Poco le importaba lo que sucedía con él, y bien podía verse de ejemplo que ni siquiera sabía que su propio hijo tenía ansiedad y ataques de pánico. Ni que decir de una baja autoestima.

 

Por un tiempo estuvo así, hasta que empezó a hacer amistad con un chico, pero tal parece que la miseria lo rodeaba porque su único amigo en el mundo desapareció hace meses y nunca nadie puedo tener pistas de él. A veces se preguntaba si él habría sido la causa de su desaparición, quizá nunca debió de haberse hecho su amigo. Quizá él era la causa de todos los males. Quizá el debió de haber desaparecido en su lugar...

 

Se quedó observando sus pies por un momento y después miró hacia el cielo. Suspiró y retomó su camino.

 

No. No debía seguir pensando así. Él no tenía nada malo. Si alguien debió de haberse ido era Bakugo Gogo, o quizá también Toga Himiko. Ellos sí que merecían que el karma hiciera su trabajo.

 

Así, siguió con su recorrido, extendiendo su brazo mientras sus dedos delineaban las varillas metálicas que servían de soporte para las especie de rústica barda que más bien parecía parcela, que delimitaba el paso de vehículos. Lo cual era curioso ya que casi nadie pasaba por allí, y mucho menos en auto.

 

Otra vez una fría brisa sopló sus cabellos, que de por sí estaban algo alborotados ya. Se acomodó la bufanda a su cuello de nuevo y volvió a jugar pasando sus dedos por los pequeños postes de madera.

 

Pero la tranquilidad de su caminata no duró mucho. Tan pronto como divisó a unos metros a la pareja que lo fastidiaba tanto, aseguró su agarre en la correa de su mochila. Si corría, lo perseguirían, y además seguía cansado por su reciente práctica, por lo que desechó esa opción. Sólo le quedaba continuar recto y aguantarse lo que sea que ellos planeaban hacerle.

 

Tragó grueso y caminó.

 

─Oh, pero miren a quién tenemos aquí. Yotsubashi Hitoko.

 

La voz de la rubia se hizo escuchar, con una media sonrisa afilada. Su novio siguió recostado en el barandal, observándola.

 

─Toga, Bakugo....

 

Él tomó aire y trato de caminar hacia la derecha, pero Toga se puso enfrente suyo de nuevo. Trató de ir a la izquierda, y ocurrió lo mismo. Gogo se acercaba ahora, pero sin intervenir.

 

─Oí que andas de hablador con tu abuelo, "Destro".

 

Pronunció el apodo de su abuelo con sorna, se la veía molesta. Y otra vez, él no tenía idea de por qué.

 

─¿De qué hablas?

 

La chica negó con la cabeza mientras reía con burla. Ahí fue cuando pudo observar que Toga tenía un moretón en el ojo.

 

─No me vayas a decir que no fuiste tú quien puso una denuncia falsa en contra de Gogo. Sé que fuiste tú. Y sé que aún sigues resentido por lo que hicimos el verano pasado en el bosque... ─Toga había acercado su rostro demasiado, y ahora le picaba el pecho con su dedo, haciendo que diera pasos hacia atrás. ─Eres muy miedoso y débil, ¡no fue para tanto!

 

Él no entendía nada.

 

─No te hagas el tonto.

 

─Yo no-

 

Su respuesta fue interrumpida por el puño de la chica, quien le dio justo en el estómago. El golpe le hizo doblar sus rodillas y su mochila se deslizó por su hombro y cayó a suelo. Bakugo comprendió lo que su novia había dicho, y creyó también en su acusación hacia el chico de blanca cabellera.

 

─Por tu culpa pasé días en arresto.

 

Esta vez el rubio tomó acción y volteó el contenido de su mochila en el suelo, alrededor de él mientras Toga volvía a empujarle, logrando hacer que perdiera el equilibrio y cayera de sentón. Sus gafas estaban al borde de su nariz, a punto de caer al suelo también y un par de lágrimas asomaban su rostro.

 

─Y-Yo no hice ninguna denuncia falsa. ¿Por qué lo haría?

 

Ya había cerrado los ojos de nuevo en espera de otro golpe de la chica, o de Gogo. Pero se hizo escuchar un aclaramiento de garganta.

 

─Déjenlo en paz.

 

Dijo una tercera voz.

 


 

Touya había salido del bosque y seguía caminando al borde de este. Observó de nuevo el camino de tierra que había seguido para entrar y siguió caminando. Sin embargo; no esperaba ver personas por allí. Y la escena que vio frente a sus ojos lo sorprendió.

 

Apresuró el paso y justo cuando se encontraba aún par de metros cerca del par que estaba golpeando e insultado al pobre chico en el suelo, aclaró su garganta.

 

─Déjenlo en paz.

 

Espetó, y Bakugo giró para verle. Lo mismo hizo Toga. El rubio le miró de arriba abajo, no encontrado motivo alguno para sentirse amedrentado. Touya tenía el pelo negro, muchos piercings, pero sus enormes ojeras y su complexión delgada no lo hacían ver intimidante.

 

─¿Ah, sí? ¿Por qué debería hacerlo?

 

Touya sonrió de medio lado mientras sacaba su arma. Su pistola era lo que intimidaba.

 

Al verse en esa situación, Toga lo pensó bien y preguntó con otra de sus psicópatas sonrisitas:

 

─¿Cómo sabemos que es real?

 

Touya cargó su arma, esperando que con eso ambos chicos entendieran su posición.

 

─Discúlpense con él.

 

─¿Qué?

 

─Lo que oyeron. Quiero oír sus disculpas. Ahora.

 

La pareja se miró el uno al otro y entre enfurruñadas miradas y murmullos en contra de ellos, mascullaron un "Lo sentimos", sin si quiera molestarse en mencionar el nombre del chico. Y se alejaron, rojos del enojo y la humillación que recibieron.

 

Sólo entonces Touya observó mejor al chico. Tenía facciones delicadas y cabello largo y blanco. Su piel era casi igual de blanca y parecía ser un príncipe de la nieve. No sabía por qué, pero se alegró bastante por haberlo defendido. Sus azules ojos lo miraban con cierta adoración, pues había sido su héroe. Aunque nunca le gustó esa palabra. ¿Quizá debía usar vengador? Sí, sonaba mejor e iba acorde con él.

 

─Muchas g-

 

Ni tiempo le dio de escuchar el agradecimiento del chico, pues al instante se desplomó a sus pies. Se tocó el costado, detrás en su espalda, y vio que estaba sangrando.

 

Maldición.

 


 

Despertó en una cama. La habitación era amplia y tenía dos grandes ventanales cuyas cortinas estaban cerradas. Presentía que había un balcón frente a una de ellas. Y entonces recordó cómo había llegado allí.

 

El chico de facciones delicadas lo había llevado a su propia habitación. Donde atendió sus heridas. Después lo vendó y dejó que se acostara en su cama donde la pesadez de sus nulas horas de sueño por el día previo le cayó encima sumergiéndolo en un profundo sopor.

 

Sus ojos se agrandaron cuando recordó el arma. Y dirigió su vista hacia diferentes puntos del cuarto en búsqueda de su mochila. No la encontró. Pero su último recurso fue mirar debajo de la cama, donde afortunadamente sus pertenencias estaban allí.

 

Así que se dejó caer nuevamente en el colchón, la herida le había molestado un poco al doblarse pero ahora la punzada dejó de atormentarlo. Sí, debía reposar. Se lo había dicho el chico.

 

─Oh, ya estás despierto.

 

Parecía que lo había invocado con la mente. Asintió mientras veía que traía algo en sus manos, parecía ropa doblada cuidadosamente.

 

─Sí, acabo de despertar. ¿Cuánto dormí?

 

─Como tres horas. Pero creo que aún estás muy cansado. Con una herida así se tiene que guardar suficiente reposo ─explicó con voz parsimoniosa y suave. ─Te traje algo de ropa. Es mía, espero que te quede, son las que me quedan holgadas, así que creo que es de tu talla... ─sonrió levemente, y Touya creó que había cierto resplandor detrás del chico.

 

─G-Gracias, um...

 

Y ladeó la cabeza, queriendo conocer el nombre del chico para poder agradecerle debidamente. Sentía que era de fiar, así que quizá aceptaría su sugerencia de pasar la noche allí.

 

─Oh, es verdad. Perdona, no nos hemos presentado adecuadamente ─el chico dejó las ropas dobladas a un lado del regazo de Touya. ─Soy Yotsubashi Hitoko Joo, pero no me gusta mucho mi nombre ─extendió su mano y se presentó de una manera curiosa, pero sonreía débilmente. Quizá se sentía un poco cohibido.

 

Touya sonrió y ladeó la cabeza de nuevo. El chico se veía tranquilo y tierno.

 

─¿No te gusta tu nombre? ¿Y cómo te gusta que te llamen?

 

Las mejillas del otro se encendieron levemente, no solía mantener conversaciones donde se interesaran en él.

 

─Eh... yo... Geten. Me gusta que me llamen Geten ─respondió y miró hacia un lado─. Aunque nadie lo hace, realmente.

 

─Geten... ─Touya pronunció el nombre, le gustó. ─Suena genial ─tomó su mano y la estrechó. ─Pues, mucho gusto, Geten. Soy Todoroki Touya pero me gustaría que tú me dijeras Dabi.

 

Geten rio por lo bajo, haciendo que Touya frunciera el ceño.

 

─¿Qué?

 

─Es que Dabi suena gracioso.

 

Touya se sintió ofendido.

 

─Oye, que Geten no es tan cool como piensas.

 

A lo que el peliblanco formó un puchero.

 

─Pero dijiste que era genial...

 

─Sí, pero no pensé que te burlarías del mío ─y fingió estar molesto, sólo para jugar con él. Geten carcajeó de nuevo, y a Touya le pareció un sonido muy bello.

 

─Está bien, está bien ─el chico alzó sus manos, rindiéndose─. Lo siento, no me burlaré de tu nombre otra vez, Dabi.

 

Geten estaba contento, creyó que podrían ser amigos. Si bien las circunstancias en las que se conocieron no habían sido ordinarias, había algo en la mirada de Dabi que le parecía misteriosa y atrayente. Quería conocerlo más.

 

Notes:

Es mi primer fic de BNH, en realidad no lo tenía planeado pero cuando vi en una página de fb algo sobre DabiGeten, no sé, se me ocurrió esto. Una especie de Universo Alterno tipo Dark (dude, Regina y Alexander hacían una pareja hermosa T-T) y pues salió esto xD

Gracias por leer~