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Era un bello día donde todos iban a trabajar, amontonados en el metro, apegados en las pasarelas y fatigados por las carreras para llegar temprano al trabajo.
En esa ciudad trabajadora uno tenía mucho que hacer, todo estaba repleto de personas dirigiéndose a los edificios, y muchos embotellamientos se veían en las calles en un día lunes. No muchos se quejaban, era algo que sucedía tan diariamente como el hecho de respirar para seguir viendo sin problemas, cada empleo por más pequeño que fuera era importante para tener la mejor economía del continente y salir adelante contra la cesantía.
Pero esta historia no se va a concentrar en aquellos humildes trabajos de lustrar zapatos o ser un vendedor ambulante, porque igualmente el objetivo de estas formas eran negativas, para conseguir dinero y gastar en alcohol.
No.
Las calles del norte eran menos arrasadas de personas tanto humanas como monstruos, con atuendos lujosos, vestidos de terciopelo y trajes limpios y planchados, con una sonrisa arisca y quisquillosa en el rostro. Caminaban sin temor de ser robados, otros dirigiéndose a sus autos más lujosos del país y última moda, para llegar a sus destinos, para ser algo en la vida.
Ellos también eran estúpidos, siempre pensaba eso cada vez que se asomaba por la ventana para revisar como estaba el clima, cada mañana era lo mismo, todos salían, todos se hacían pasar por personas importantes cuando sus cerebros eran más pequeños que una nuez.
Su madre siempre le pedía ser menos pesimista con el futuro del país, pero no podía evitarlo, toda esa ciudad criaba y enseñaban valores que no debieran existir, arrogancia, hipocresía, narcisismo y egoísmo, la sobre confianza, todo estaba mal, y él no quería ser como ellos, tampoco sus hermanos, ellos merecían algo mejor.
Mas no podía elegir a su padres, él tuvo el "maldito" privilegio de nacer con la familia Crayon, una de las familias más adineradas y más exitosas con su empresa, siempre era perseguido cada vez que salía, buscando muchas posibilidades de ser alguien en la vida; contratos, invitaciones a fiestas, a reuniones, universidades, citas con hijas pobres o también adineradas pero sin el poder que él y sus padres tenían, para unir empresas, unir familias, ser poderosos.
Estaba harto de encontrar lo mismo por cada lugar que visitaba por asuntos de estudio, negocio o entrenamiento, parecía que fuera una de las mayores estrellas del cine o modelo cuando ni siquiera era tan guapo.
Con ese estrés tuvo que proclamarse públicamente como un asexual.
Aunque tampoco funcionaba.
"Solamente es una etapa" Decían los demás. Hasta tuvo una entrada en el periódico diciendo cosas que ni siquiera recordaba haber dicho, solo quería fugarse o matarse en algún lado. Desaparecer, o por lo menos ser olvidado e iniciar su vida desde cero en otro país, otro continente, a América.
Su mayor sueño era irse a vivir allá, siendo un nómada visitando cada país, desde los desiertos de Chile con sus grandes observatorios, la Patagonia en Argentina, Machu Pichu en Perú, la selva amazónica en Brazil, los carnavales de Oruro en Bolivia, Los Templos aztecas y pirámides Mayas, como los más importantes; Tehotihuacan y chichenitza. Estados Unidos con la casa blanca, Ecuador, tantos países habían ricos de historia.
Le fascinaba la historia, pero sentía muy falsa la perspectiva de los europeos, quería oír y ver lo que decían los indígenas, ver sus tierras. Sin embargo solo era un sueño, su futuro trabajo no constaba en salir fuera del continente, para ello habían representantes, tenía que estar siempre allí para tomar la responsabilidad, con política, números, informes y cosas aburridas.
No quería tampoco traspasar su herencia a sus hermanos, ellos no merecían tener su mismo futuro, quería que fueran libres y no tener ese mismo problema que tenia él, porque solo a él lo buscaban por ser próximo en heredar el poder, era interés, sus dos hermanos menores por unos años no tenían su mala suerte /o buena para los ignorantes/ y no se los iba a arruinar por sus caprichos, él se iba a sacrificar por ellos.
— ¡Geno, brah! —El susodicho se sobresaltó al oír a su hermano, estaba distraído como cada día en sus sueños frustrados mirando a la ventana, a veces su enojo era inconsciente y provocaba desastres sin darse cuenta, como ahora tomando con fuerza la cortina casi sacándolas de sus ganchos.— Woah, eso nunca ha sido fresco hermanote.
Fresh, su hermano más menor entre los tres era el más libre, salía a fiestas y sus estudios no era menores, claramente era importante para sus padres pero mientras aún sigan los mayores en pie él podía hacer lo que quisiera.
Geno, suspiró palmeando la tela como en un acto de pedir perdón a la cortina, arreglando su pijama.
— Hola, hermano. —Saludó más tranquilo, puede que fuera un enojon con la vida, con todos sus alrededores pero con sus hermanos hacia la excepción.— ¿Ya está listo el desayuno?
— Sup, y está muy delicioso. —El inglés podía dominarlo y muchas veces mezclarlos con distintos modismos de distintos habla inglesa, pero se controlaba cuando estaba con Geno o demás importantes, pues, a algunos no les gustaba su extrema relajación.— ¿Otra vez odiando los lunes, verdad?
— Ya es una costumbre. —Sonrió ante esa expresión, yendo hacia su closet para sacar la ropa.— Puedes decirles a los encargados que ya iré a desayunar, tengo que tristemente arreglarme para ir a una reunión con nuestro padre y otros tipos.
— Nada fresco. Pero guay, se los diré. Buena suerte hermanote.
Hizo una seña con sus manos de afirmar sus pedidos para irse por la puerta, dejando a Geno solo con la gran habitación que tenía.
Todos esos lugares eran privilegios que no aceptaba, aquella mansión fueron por gusto de su padre, mientras cada lugar de allí tenía los deseos de sus hijos y esposa, pero aceptaba solo cosas lujosas, no como pedía Geno hasta el cansancio, una habitación simple donde pudiera estudiar tranquilo.
Pero no, él no quería eso, en contra su hijo mayor modificó su habitación para que pareciera un salón de reyes, una cama matrimonial con techo y velo incluido, con las maderas más finas del mundo y los muebles lujosos, una biblioteca en una pared y hasta un balcón desde su habitación, un escritorio con diversos cajones y libros hasta los topes.
Le gustaba leer aunque justo las lecturas que tenía que aprender no eran de su agrado, ni tenía tanto tiempo de descanso, y sus estudios eran combinados con el empleo que tenía junto a su padre para comprender lo que hacían en la empresa, la oficinas, mantener todo ordenado y en categorías, esa costumbre tristemente se le quedó contagiado, y ahora no podía ver algo desordenado, amaba tristemente la limpieza, aunque no hostigante, no quería tampoco ser tan quisquilloso, si sus sirvientes no lo hacían bien él lo hacía por ellos. No quería depender de ello, quería preparar su propio desayuno, planchar sus ropas, ordenar como se le antojaba, pasar en vela haciendo lo que quería cuando quisiera.
Pero como siempre se devuelve al principio, no podía contra el sistema.
Él estudiaba en casa por las razones mencionadas al principio, no le gustaba hablar con gente interesada, ni que los grupos se amontonen en él pidiendo acompañarlo, a la cafetería al patio, al baño, la chicas hacían toqueteos demás hasta los hombres de vez en cuando, pedían dinero, sus profesores lo temían y le regalaban las notas con el pensamiento que por ser buen docente iban a ganar privilegios. Cosa que traumó a Geno desde su niñez, instituciones y universidades aunque sean pobres o lujosas, todo era igual.
Por ello gustaba tener clases particulares con la gente adecuada, ahí le gustaba usar el uso del poder, para saber quién realmente seria fiel sin buscar premios como un perro, quien era el adecuado para aprender sin traumas. Repelía el contacto, le daba asco estar en público, optó por encerrarse y renunciar a su mayor sueño de ser libre.
Su traje negro era de por sí cómodo, negro y con una camisa roja a falta de usar su preciada bufanda, le disgustaba andar tan formal, prefería los buzos, andar en pantuflas.
Se vio en el espejo de su baño individual, lavándose el rostro con glitchs encima, era una enfermedad que también poseía su hermano menor, Error, y también su padre, solamente que a él le tapaba justo su cuenca deformada, algo que a nadie le importaba en la sociedad. Tenía también otra enfermedad que le provocaba hemorragias duramente controladas por medicinas costosas, de vez en cuando se ahogaba con la sangre que escupía y a veces sin los tratos vomitaba, pudieron arreglar las heridas exteriores, las otras no.
Mas eso no le importaba, mientras tuviera el dinero sus enfermedades eran solo estorbos soportables, era muy hipócrita odiar los lujos cuando él necesitaba de ellos para sobrevivir, pero era distinto ese caso ¿no?
Tomó sus tres pastillas y el jarabe, esperando unos minutos para saber que su cuerpo los aceptó, a veces llegaba a devolverlas con gran cantidad de sangre coagulada, y no era para nada delicioso ese sabor ni las nauseas, si sucedía tenía que llamar desde la campanilla de a un lado.
Todo estuvo bien esa mañana.
Salió de su habitación tomando los papeles que tuvo que leerse la noche anterior para juntarse con su hermano y comer juntos.
— Error. Error. —Decía tocando el pequeño timbre que había a un lado de la puerta, esas entradas solos los propietarios podían abrir, aunque Geno lo dejaba siempre abierta para sentirse como en una casa normal.— Es tarde, me tienes que acompañar a comer.
Error era su hermano más mimado por Geno, pues Fresh no era mucho de cosas familiares, al igual que el mayor, prefería lo más común, pero con la suerte que de verdad podía escapar de la realidad. Error era un esqueleto azabache con aires egoístas, se había criado ya con los gustos que a su padre le gustaba, y Geno siempre trató de evitarlo, cosa que lograba a veces, su lindo hermano era una mezcla entre las cosas que amaba y odiaba en el mundo.
— Vete con Fresh. —Exclamó desde su habitación, tenía la voz ronca por lo que tuvo que suponer que aún no despertaba del todo.
— Fresh se fue, Fresh no nos quiere, tú me quieres, ahora abre la puerta antes que la derribe y te vomite encima, me siento mareado.
Sonrió victorioso cuando la puerta estaba siendo abierta por el menor, aunque en sí era más alto por algunos centímetros, llevaba su pijama negativo aún y su rostro parecía ser un "no me molestes." "odio a todos" desde leguas.
Geno se quedó en su puesto, su hermano tenía una fobia al tacto por culpa de ser más débil cuando todos le hacían algo similar que a Geno cuando salía, apenas podía controlar ese pavor cuando el mayor le daba un pequeño abrazo de buenas noches, una costumbre.
— Yo no te quiero. —Decía al torcer sus labios tallando sus cuencas por el sueño.— Me acabas de despertar de un lindo sueño.
— ¿Soñabas con el ayudante de nuestro pintor?
Error pareció escupir el agua que no tomaba, bajó la mirada algo nervioso y ruborizado, parece que había acertado.
El ayudante del pintor se llamaba Ink, no era hijo de él pero trabajaba para tener un futuro como próximo Picasso, pues tenía dotes en habilidades de arte, aún así en la época donde vivían era más difícil tener oportunidades, lo único en donde podía trabajar era como un ayudante por su edad, su objetivo era mejorar hasta tener algún extraño permiso y salir adelante. Había conocido a Error cuando estaba descansado en aquel gran patio pintando ese precioso paisaje de otoño el año anterior, eran completamente opuestos y por ello Geno comenzaba ver algo entre ellos, era muy bueno acertando, como un sexto sentido.
—... Cada vez te odio más.
— Heh. —Suspiró risueño— Te espero en el comedor, en cualquier momento llegará nuestro padre y es mejor evitar sus quejas por ser tan lentos.
— No me importa, también tengo horas de sueño, ngh... Pide chocolate para mí, por favor.
— Vale.
El mayor salió más tranquilo hacia el infierno, las charlas con Error podían ser divertidas por el gusto de molestarle, podía escapar de su cruda realidad un pequeño rato. Cuando niños recordaba siempre decir que se escaparían para atravesar el mundo en menos de ochenta días, eran sueños tan infantiles...
El comedor consistía en una larga mesa con muchos adornos y muebles a los lados, habían candelabros a los cielos y la mesa tenía un fino mantel blanco, poco más y el techo estaría pintado los cuadros antiguos, pero a tiempo Geno había detenido de que iniciaran ese plan, no lo soportaría.
Los criados limpiaban y hacían los quehaceres, mientras algunas cocinaban, tal y como debía ser, Geno bufó por no gruñir, y se sentó esperando a que le sirvieran el desayuno, ya todos habían comido y él con Error siempre lo hacían después por su odio a estar en público excesivo.
A los pocos minutos su hermano ya estaba al frente de la gran mesa, y comieron en silencio, ambos con distintos pensamientos, pero con la misma finalidad. Qué los deparaba el destino en ese día.
El desayuno consistió en algo simple para Geno, por culpa de su enfermedad no podía comer cosas tan complejas, debían ser ligeras como pan de molde con tomate y un té suave sin azúcar, no era muy fanático de lo dulce. Error debía tomar leche de chocolate por su manía de ese manjar, desde menor era lo primero que pedía, y le traían de distintos países y sabores, no había lugar sin que él probara, y eso contaba desde el continente desconocido.
Estuvieron tranquilos hasta que el reloj sonó las nueve, y justo a esta hora las puertas de abrieron a la galería muy cerca del zaguán tapizado de azul, de ahí salió un hombre esqueleto con algunos glitches en el cuerpo, azabache con un traje lujoso, tras suyo habían guardaespaldas, ariscos y con lentes de negro, se fueron a la pared dejando solo al hombre de negocios, quien se acercó donde sus hijos con un semblante duro pero extrañamente común para sus hijos, ese rasgo heredaron ambos, en especial Error.
— Buen día, niños.
— Hola. —Dijeron al unísono, Geno no lo odiaba, pero detestaba cómo él se aprovechaba de sus lujos.
— La reunión comienza dentro de poco, tengan presente que esta reunión es mucho más importante que las demás que han estado, será con las otras empresas; competencias nuestras, no despeguen ni un ojo, tenemos que buscar todo defecto en sus palabras.
— El vacío legal... —Murmuró Geno rodando su cuenca, tenía memorizado muchas cosas de política solamente para jugar sucio. Detestaba ello, pero era su obligación.
— ¿Y por qué tengo que ir yo? Geno es quien va a dirigir la empresa, no yo, tengo que irme a las diez a otra reunión. Ahg.
Error también tenía un buen empleo en ingeniería, pero eran aquellos donde podía hacerlos desde casa, aun no ascendía a jefe pues seguía siendo menor y hace poco había comenzado con el empleo, mientras estudiaba también en casa un Magister para no tener que irse de un lugar a otro cuando hacía sus deberes.
— Es bueno que sepas sobre estas reuniones, puede que el campo laboral sea distinto pero sus discusiones suelen ser el mismo, así que. ¿Nos vamos? Una limusina nos espera.
Ambos por igual suspiraron rendidos, tomando el último sorbo de sus líquidos para partir con su padre.
Geno sentía un mal presentimiento.
