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Español
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Published:
2020-09-05
Words:
3,963
Chapters:
1/1
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36
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31
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265

Monstruos

Summary:

Andrew decide pasar sus vacaciones en un pequeño pueblo de Kyoto buscando un poco de tranquilidad, sin embargo, lo que menos hace durante sus primeros días es descansar.

Notes:

mi simpismo atacó. De nuevo gracias nEtEase por la comida, Oni Luca es 😋😋😋😘😍🥴🥴🥴

Pero Oni Victor se llevó corazón como siempre :+

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Andrew inspiró, expiró, mojó su cara con agua y observó su reflejo en el pequeño espejo que la casa donde se encontraba hospedándose actualmente le ofrecía.

El rostro de un hombre cansado, desarreglado y ojeroso le devolvió la mirada, y, con cierta pesadez, el albino bajó la mirada hacia sus manos llenas de cortaduras.

Jamás en su vida volvería a tomar un té en una taza de porcelana sin, al menos, haber dormido cinco horas.

Secándose la cara con una pequeña toalla que él había traído desde su propia casa, el hombre suspiró, observando la hora en el reloj de mano que tenía en su muñeca.

Las doce.

Dos dias antes posiblemente él ya estaría levantándose para comenzar su turno, hoy, lunes, comienzo de sus vacaciones, él iba a tomarse la molestia de descansar.

El pequeño y pacífico pueblo escondido de Kyoto le había abierto sus brazos, la gente era ridículamente gentil y amable, y, pese a que Andrew realmente no sabía japonés, alguno que otro se había ofrecido, incluso, a hablar un poco de inglés que si bien era un tanto obsoleto debido a la falta de práctica, para el albino era totalmente entendible.

Es así como había conseguido poder alquilar un pequeño hogar compartido, bastante tradicional y con lo justo y lo necesario como para sobrevivir las dos semanas que pensaba pasar en el pueblo.

Afuera de su habitación se escuchaban pasos, rápidos, apurados y respiraciones agitadas, por lo que, dejando a un lado el pensamiento de dormir unas horas, el conductor abrió la puerta corrediza lentamente, y enfocó sus ojos en la escena frente a él.

Mujeres corrían de un lado a otro cargando cestos con, Andrew intuía, verduras, y hombres se movían de un lado a otro cargando cestos de igual o mayor tamaño y mantas de colores que variaban entre rojo, blanco y negro.

Una de las mujeres, la señora mayor que anteriormente se comunicó con él y era, gracias a Dios, quien le había alquilado la casa a mitad de precio debido a que era extranjero y el dinero con el que había llegado no era muy común en el pueblo, se acercó a él con una sonrisa gentil, sus manos repletas de mantas rojas.

—Kreiss-San, —Saludó la mujer, y algo nervioso, el albino intentó recordar qué significaba -San.

Kun era para referirse a hombres, jóvenes, ¿No es así?, Chan mujeres...San era...

—H-hola, Shushima-sama, —Devolvió con una sonrisa leve, la mujer soltó una risita divertida y murmuró unas palabras en japonés que Andrew no pudo entender, el albino se sonrojó avergonzado, posiblemente la mujer estaría burlándose de él.

—Shushima está bien, joven, —Sonrió la mujer —¿Te ha despertado todo este ruido?

"No" pensó, "Ni siquiera he dormido".

—Oh no, —Respondió rápidamente, — estaba tomando un...té.

Shushima asintió pensativa, sus ojos de un café oscuro cuestionándole, entonces, cuál era el motivo por el cual se había quedado observando pasar a las personas como un bobo.

Tal vez no con aquellas palabras pero...

—Espero que no suene muy intrusivo...—Musitó observando las mantas en las manos de la mujer. —Pero si necesita mi ayuda yo podría-

—Oh, no,no —Negó la señora rápidamente con una expresión horrorizada. — eres nuestro inquilino, tú concentrate en disfrutar la estadía, puedes ir por el pueblo si quieres, a estas horas suele estar muy tranquilo, —Propuso ella, cambiando las mantas de un brazo a otro. Aquello no pasó desapercibido por el albino.

—No es molestia alguna, señora Shushima, yo podría-

Con un bufido, la mujer le cedió las mantas, una sonrisa adornando su rostro en agradecimiento.

—Eres muy amable, Kreiss-san, —Halagó ella, continuando el camino que iba a seguir previamente y haciendo una señal con la mano para que el conductor la siga.

Con un leve sonrojo en sus mejillas, Andrew la siguió.

—Te preguntarás qué es todo este alboroto, —Habló la señora luego de unos minutos en silencio, los pasillos de la casa que por fuera parecía pequeña eran increíblemente largos. — se trata del festival anual Setsubun.

—¿Festival anual Setsubun? —Vociferó sus pensamientos el albino, con cierto tono curioso.

—Así es, qué bueno que llegaste en estas fechas, porque es uno de los festivales más bonitos en mi opinión, —Continuó, doblando en una esquina y moviendo una puerta corrediza. La habitación ya poseía algunos cestos en el suelo, las mantas delicadamente dobladas y acomodadas una al lado de la otra, un par de estatuas de lo que parecían ser monos estaban presentes también.

—En el festival Setsubun, —La mujer extendió su mano para que Andrew le cediese las mantas, y, arrodillándose, procedió a doblarlas. — la gente generalmente sale de sus casas a lanzar semillas de soja y les gusta pensar que están protegidas al estar cubiertas en una manta, — señaló las que estaba doblando — y tener una estatua saru con ellas, —Señaló con un movimiento de cabeza las estatuas de monos a un costado, levantándose del suelo y sacudiendo sus pantalones grises.

"Habla de protegerse, de sentir protección mediante la presencia de objetos...¿Será algo relacionado a una creencia?, ¿A un Dios que ellos alaban?"pensó con el ceño fruncido.

—No.

—¿Huh? —Musitó confundido, observando a la mujer con una ceja alzada, esta soltó una risita.

—En el festival Setsubun, —Comenzó de nuevo esta, en un tono que Andrew notó había perdido el 40% de la amabilidad que tenía hace un rato. — la gente realiza este tipo de actividades para mantener a los Oni lejos.

—¿O-Oni? —Inquirió él, teniendo un mal presentimiento.

—Yōkai, —Respondió la mujer, sin borrar su sonrisa, —Demonios, apariciones, criaturas sedientas de sangre que sólo traerán perdición.

Súbitamente, la poca comida que ingirió en el viaje hacia Kyoto subió por su garganta. Y antes de que Andrew pudiese despedirse, salió corriendo de la habitación, escuchando como la mujer gritaba su nombre confundida.

 

 

Por supuesto a él tenía que pasarle esto.

Un pueblo tranquilo, con pocas personas, ¡Por supuesto tenían que haber demonios!

El albino se sentó en una de las piedras más anchas que encontró durante su caminata por el, bastante iluminado, bosque. No estaba muy lejos de la casa dónde yacía hospedándose, no era estúpido y no quería perderse en su primer día, quién sabe si lo buscarían. Nadie querría buscar a un monstruo después de todo.

Estas personas eran amables con él porque no lo conocían.

La sensación de querer vomitar se había ido en el mismo momento en el que puso un pie fuera de la casa y respiró el aire fresco que la noche le ofrecía, el poco viento presente moviendo sus cabellos y dejándolos incómodamente sobre su rostro.

Desde aquí él podía observar las luces del pueblo, la gente moviéndose de un lado a otro cargando cestos y estatuas de...¿sura se llamaban?, Andrew no lo recordaba, niños corriendo de un lado a otro y vendedores jactándose de su éxito hoy debido a la cantidad de gente que parecía estar interesada en las semillas de Soja.

Entre cerrando sus ojos, el albino intentó observar más allá, suspirando derrotado al perder nuevamente una batalla contra su borrosa visión. Al menos podía ver cierta parte del pueblo, ya mañana podría investigar el resto.

—Maravilloso, ¿No es así? —Se unió una voz a su lado, y, asustado, el conductor se paró de su lugar, encontrándose con la figura de un joven vestido en ropas negras con detalles en rojo, vendas, cabello castaño...y un parche en el ojo izquierdo.

"¿En qué momento...?" pensó intentando calmar su respiración y sintiéndose un idiota al reaccionar así. El castaño sonrió de lado, mostrando un pequeño colmillo que se asemejaba al de un lobo.

—Um, sí...—Respondió inseguro, volviendo a sentarse sobre la piedra un poco más alejado del recién llegado.

—Tranquilo, no muerdo, —Bromeó este, cruzándose de piernas e inclinándose en una posición bastante incómoda para poder acomodar su mentón sobre su palma cubierta en, también, vendajes. — a menos que así lo desees.

—¿Qué? —Inquirió confundido, observando como el castaño, a quién ahora que podía observar mejor su único ojo visible era gris y poseía una...cadena adherida a su cuello, ajustaba la cinta anaranjada situada en su cintura.

"Bastante peculiar la forma de vestir de esta gente..." pensó con cierto disgusto.

—Es una broma, ¿A ustedes les gustan las bromas también, no es así? —Cuestionó el castaño, su único ojo visible entre cerrandose de forma juguetona. — Pero por supuesto que a ustedes les gustan las bromas.

—Después de todo, —El recién llegado relamio sus labios, —este festival es una completa burla.Una de muy mala categoría. —Musitó con una sonrisa que podría helar hasta un volcán en erupción.

Tal vez en Andrew tuvo el efecto contrario, si es que sus mejillas sonrojadas eran algo.

—¿Una burla? —Cuestionó ignorando el calor en sus mejillas.

—Así es, —Respondió el castaño, su único ojo visible centrándose en Andrew como si este fuese alguna nueva adquisición. Su iris extrañamente le recordó al de un gato, pero tal vez aquello era su visión jugándole una mala broma. — tú no pareces de por aquí, o al menos, no he visto a alguien como tú por aquí.

"Alguien cómo tú" pensó el albino entre dientes, frunciendo el ceño molesto, su sonrojo siendo opacado por la irritación que lo inundo en aquellos momentos.

—Alguien como yo, —Repitió él, inexpresivo. El castaño abrió su único ojo con sorpresa.

—¡Oh!, pero no lo decía en malas, —Una mano vendada se acercó para acariciar delicadamente su mejilla, la misma estaba ridículamente helada, provocándole un escalofrío que hizo reír al castaño. — me refería a que alguien tan único destaca entre todos estos simplones.

Andrew se odió. O mejor dicho, odió a sus traicioneros sonrojos que literalmente aparecían cuándo él menos quería.

El castaño sonrió mostrando aquél afilado colmillo de nuevo, su mano retractándose y sus piernas balanceándose como un niño. O tal vez un perro emocionado.

—¿Cuál es tu nombre, ángel? —Cuestionó luego de unos segundos, su cabello castaño suelto moviéndose ante la brisa que los sacudió a ambos.

Andrew mordió su lengua, intentando evitar huir de la situación en la que se encontraba.

—Andrew...—Musitó acomodando algunos cabellos que querían ponerse sobre su único ojo visible. —sólo Andrew.

El castaño soltó una risa divertida, juguetona.

—Okay, Sólo Andrew, un verdadero placer conocerte, — ¿Por qué debía decir placer de esa manera? — haré una excepción por ti hoy, —Guiñó su único ojo, su sonrisa ensanchándose como si aquél fuese un chiste que él mismo entendía, y posiblemente lo era, porque el albino no le vio la gracia. — puedes llamarme Luca, si gustas.

"¿Puedes llamarme?, ¿Aquel no era...su verdadero nombre?"

—Un g-gusto, Luca-san, —Y aquello, al parecer, fue como lanzar veneno en la copa de alguien.

El rostro del castaño, de Luca se distorsionó de tal manera que pareciese que en lugar de haber estado intercambiando formalidades, Andrew le hubiese golpeado con una piedra en el estómago. Su sonrisa borrándose y sus pupilas dilatándose, incluso tuvo el descaro de sacar la lengua como un perro a punto de vomitar.

—Ew, —Rezongó el de orbes grises, frunciendo su nariz como si le hubiesen dicho que hoy iba a comer ensalada de brócoli. Andrew se sonrojó violentamente, pensando que se equivocó y probablemente debía referirse al joven con "kun".

—D-dioses, —Balbuceó estúpidamente, sus ojos abriéndose desorbitadamente y una de sus manos apretando su oscura chaqueta de forma nerviosa. — l-lo siento, todavía no logro comprender-

Sus balbuceos fueron interrumpidos ante la carcajada que brotó de la garganta de su acompañante, y Andrew supo en ese momento que había tocado el límite.

Gruñendo, el albino se levantó, escuchando como el castaño detrás suyo intentaba calmar sus risas.

—¡H-hey!, —Gritó el otro, llamándolo, —¡P-perdona pero la expresión en tu rostro fue-

Andrew no escuchó más, abriéndose paso hacia donde estaba el lugar donde se hospedaba.

—Oh, Kreiss-san, lamento si he dicho algo malo hoy, —Lo atendió la mujer, su rostro arrogándose más de lo normal ante su entristecida expresión.

—Oh, no, no fue por usted, Shushima-san, —La tranquilizó él, suspirando e intentando calmarse, — quería visitar el pueblo en su mejor momento...lamento si huí de esa manera.

Shushima abrió su boca formando una perfecta "o".

—¡Espléndido! —Aplaudió la mujer, genuinamente feliz, —¿Y qué te ha parecido?

Unos ojos grises y una sonrisa juguetona se vinieron a la cabeza del albino, su boca formando una mueca que intentó no fuese vista por la mujer frente a él.

—Me gustaría ver más, —Musitó entre dientes. No sabiendo realmente si se refería al pueblo o a algo más.

 

El festival Setsubun fue una experiencia...extraña. Dejó un sabor ligeramente amargo en la boca del albino.

Sus vecinos yacían cubiertos en mantas, abrazados a las estatuas que Andrew todavía no lograba memorizar sus nombres, rodeados de semillas de Soja y una sonrisa contenta en sus rostros.

Shushima le había ofrecido una manta y un puñado de semillas a él también.

"Para que puedas combatir a los Oni's que te rodeen," había explicado la mujer con una sonrisa, pero extrañamente él habia rechazado, doblando la manta, colocando las semillas sobre ella y dejándola olvidada en la soledad su habitación.

Ahora mismo, a la misma hora de ayer pero con aún más luminosidad de fondo, Andrew se encontraba sentado en la roca ancha, su expresión suavizándose al observar como a lo lejos los pueblerinos festejaban y bailaban entre ellos, rodeados en semillas de Soja. Qué peculiar era todo.

Contrario al día anterior, el conductor sí sintió la presencia de quién sea que haya decidido acercarse a él en estos momentos.

Quien resultó ser, maldita sea su suerte, el castaño burlón de ayer.

Ninguno de los dos dijo nada, Luca estaba extrañamente en silencio pese a que el día anterior se mostró charlatán.

—Qué quieres, —Gruñó volteando hacia el otro, quien tuvo el descaro de mostrarse sorprendido y ligeramente dolido ante su brusquedad.

—¿Disculparme? —Respondió el otro, sonriendo tímidamente y jugando con las mangas ridículamente largas de la prenda que llevaba puesta sobre el mismo atuendo que poseía ayer, similar a una enorme chaqueta o incluso, si tenía más imaginación, a una enorme capa que poseía pelaje suave en la zona del cuello.

Andrew suspiró, recordando cómo Ann solía sermonearlo alegando que él debía ser gentil con todo el mundo y no guardar rencores, porque las personas pueden cambiar. Ann decía que todos eran hijos de Dios, y que si Dios los había creado así-

—No tuve el mejor comportamiento y sé que te hice sentir mal, —Siguió el castaño al no obtener respuesta, —por eso pido disculpas.

Tal vez...

—Pero hey, —Súbitamente, el único ojo bueno de Luca se iluminó como si le hubiesen dicho que ganó la lotería. —pude acercarme a ti, por lo tanto, ¿intuyo que querías que nos volviésemos a ver...?—Inquirió con una ligera pizca de esperanza en su voz, sus ojos fijos en el albino en busca de una confirmación.

Ignorando la última pregunta, Andrew fruncio el ceño.

—¿Por qué no podrías acercarte a mí...?—Cuestionó confundido, y Luca, igual de confundido, fruncio el ceño también.

—¿Qué acaso no los ves? —Inquirió el otro, sorprendido, su mano vendada jugando con unos mechones de su cabello en lo que parecía ser un tic nervioso.

Un mal presentimiento se posó sobre el albino.

—¿Ver...qué?

—Los...los cuernos, —Musitó el castaño petrificado, y Andrew lo miró de igual manera.

—¿Cuernos...?

Luca bajó la mirada hacia dónde yacían sus manos, su rostro inexpresivo por unos minutos, Andrew juraba que las manos del joven estaban temblando.

—Soy un Oni, —Admitió lentamente, como un profesor explicándole al niño malo de la clase cuál era el resultado de 2+2, los ojos grises del castaño buscaron los rubíes de Andrew en busca de alguna emoción.

Pero lamentablemente, el albino yacía levantándose, su boca abierta en sorpresa y sus ojos observando al otro como si estuviese viendo a otra persona completamente diferente.

Pese a que, extrañamente, la forma de Luca no habia cambiado. No habían cuernos, ni garras, ni sangre corriendo por su boca, no. Sólo el rostro de alguien a quien le acababan de decir lo peor.

—E-eres un Oni, —Musitó con horror, haciendo unos pasos atrás pese a que Luca no se movió de su lugar.

—Sí. —Respondió el otro, relamiendo sus labios. —¿Qué?, ¿Ya te dijeron de lo que, supuestamente, somos capaces? —Inquirió súbitamente el castaño, sus ojos adquiriendo un brillo peligroso.

—¿Qué parte te asustó más, ángel?, —Siguió desde su lugar, Andrew cerró sus ojos fuertemente. —¿La parte en la que nos comemos a los humanos, la parte en la que chupo tu sangre?, haha, ¿Cuál?

El albino esperó más ataques verbales por parte del otro, pero sorpresivamente Luca calló, y abriendo los ojos, Andrew se encontró con el rostro cansado del de orbes grises.

—Olvídalo, —Suspiró el Oni, levantándose de su lugar y alejándose en la dirección contraria a la que Andrew tomaba. — fue un gusto conocerlo, Andrew.

Y en un abrir y cerrar de ojos, la figura del joven monstruo desapareció sin dejar rastro.

 

Andrew esa misma noche soñó con ojos grises, sonrisas juguetonas, y unas disculpas que tal vez no merecía.

 

 

—¿Se han ido los Oni que lo atormentaban, Kreiss-san? —Inquirió la mujer, atando su grisáceo cabello en un moño y sirviéndole un plato de comida que Andrew pensaba era similar a una sopa, pero con muchísimas más verduras.

El albino mordió su labio inferior, asintiendo silenciosamente.

—Eso es bueno, —Festejó ella con una sonrisa gentil, tomando asiento junto a otras personas más a quienes Andrew realmente no estaba prestándoles atención. De igual forma, no entendía ni la mitad de lo que estaban conversando.

El Oni que lo atormentaba se habia ido, sí. Pero sin necesidad de la presencia de una estatua, una manta, o semillas de Soja.

 

 

Sus rubíes se posaron en la pequeña figura de una niña, quien, a lo lejos, al sentirse descubierta dejó de murmurar cosas en el oído de su madre y bajó el pequeño dedo que yacía apuntando en su dirección.

Andrew suspiró.

Al parecer, el pueblo poco a poco estaba dándose cuenta que él no era muy diferente a los Oni.

 

Esa misma noche, Andrew fue al lugar que estuvo visitando desde hace dos noches, sentándose en la misma piedra, observando al mismo pueblo, teniendo una iluminación menos abrumadora que el día anterior, la diferencia, sin embargo, era que esta vez no hubieron presencias inesperadas sentándose a su lado.

Esa misma noche, Andrew soñó con una figura delgada, castaña, con cuernos y una sonrisa sádica adornando sus labios carmines debido a la sangre que yacía en ellos.

 

Al día siguiente, Andrew desayunó una comida tradicional japonesa de la cual ni siquiera recordaba su nombre en esos momentos, almorzó otra, y cenó otra. No dio vueltas en el pueblo ni compró los dulces que había prometido el día anterior compraría a una amable vendedora.

Sin embargo, volvió a escaparse hacia el bosque, volvió a sentarse en el mismo sitio, y volvió a estar solo.

Esa noche Andrew soñó con Ann, la misma lo observaba juzgándolo mientras acariciaba el sedoso pelaje de su gato negro.

 

El día que le siguió fue igual de monótono, y el siguiente, y el siguiente, no fue hasta que llegó el sexto día, que Andrew se encontró una figura sentada en el sitio que él ocupaba siempre.

Sin embargo, no era Luca, y la pequeña nube que se instaló en su pecho se pinchó instantáneamente.

El nuevo visitor era rubio, de ojos color miel y sonrisa amigable, vestía un kimono de un rojo pastel y portaba unos guantes de tela oscuros.

—Hola, —Saludó el rubio amigable, mostrándole una sonrisa que bien podría iluminar el pueblo por un mes entero.

—Hola...—Devolvió él, inseguro de como proceder. El otro pareció notar su incomodidad, y palmo el espacio a su lado con su mano de forma eufórica.

—Puedes sentarte, si así lo deseas, —Habló, su voz era angelical, dulce, te transmitía una paz increíble y una gran sensación de protección.

Andrew se sentó a una distancia considerable, y esto al parecer no pasó desapercibido por el de orbes color miel, quién le sonrió de forma gentil.

—Soy Victor, —Se presentó, posando una de sus enguantadas manos sobre su pecho, Andrew se preguntaba si era un gesto tradicional japonés, por lo tanto, decidió imitarlo para no parecer un inculto total.

—Andrew. —Habló él en un tono bajo, Victor asintió reiteradas veces.

—Lo sé, —Rió el rubio, cruzándose de piernas y adoptando una postura más cómoda. — me han hablado de ti.

"¿Qué...?" pensó el albino, frunciendo el ceño. Y Victor, quien al parecer o habia leído sus pensamientos o él los habia vociferado inconscientemente, rápidamente alzó una mano en son de que esperase a que termine de hablar.

—No busco problemas, Andrew-san, —Contrario a Luca, Victor sí utilizaba los honoríficos. — vengo a hablar en el lugar de un aliado.

—O bien, —Los ojos color miel de su acompañante brillaron, — vengo a solucionar los problemas de ambos.

Ante esto, el albino abrió la boca a punto de cuestionar a qué se refería, pero nuevamente el rubio lo frenó.

—Hace unos días atrás, Luca llegó súbitamente agitado, —Continuó, — relatando que conoció a alguien extraordinario y que, debido a su estupidez, pensó que lo había perdido.

—El festival Setsubun fue hace poco, y creo que tú más que nadie está al tanto de aquello debido a que participaste en él, ¿Estoy en lo correcto?

—No, —Negó el albino, interrumpiéndolo, los orbes color miel de Victor lo observaron con curiosidad. —no he participado.

—¿Podría cuestionar el por qué, Andrew-san?

Andrew mordió su labio, porque sinceramente, en el momento en el que rechazó las mantas y las semillas, no fue por un acaramelado sentimiento hacia el Oni castaño, fue más por instinto. Una sensación de que algo estaba mal.

—Sólo lo hice, —Respondió él, observando sus manos como si estas le estuviesen diciendo qué hacer.

Y al parecer, aquella fue la respuesta correcta, puesto que Victor sonrió como si nada.

—Ya veo, —Musitó el rubio.

—Andrew-san, —Lo llamó, logrando que el susodicho dejase de observar sus manos y dirigiese sus rubíes hacia él. — yo podría pedirle a Luca que viniese si usted lo desea.—Propuso, colocando unos rebeldes mechones de cabello rubio detrás de su oreja.

Andrew mordió su labio inferior por casi quinta vez en el día, interiormente pensando que posiblemente luego estaría lastimado, y negó con unos suaves movimientos de cabeza.

—No, —Vociferó, logrando que Victor abriese los ojos en sorpresa, sus labios partiéndose ligeramente —la decisión no es mía, yo he lastimado a Luca, —Suspiró, jugando con un hilo que sobresalía de su remera. — y por más que quisiese...que quisiese disculparme con él, si él no quiere verme estoy más que bien con su decisión. Soy un monstruo, después de todo.

Victor, entonces, río. Una risotada que era un contraste total con su delicada apariencia, voz, y anterior comportamiento. Andrew lo observó perplejo.

Observó como el rubio comenzaba a distorsionarse, como sus hebras rubias se transformaban en unas castañas, como sus amigables ojos color miel se transformaban en unos grises, y como su voz cambiaba totalmente.

Luca, en un kimono rojo pastel y unos guantes de tela oscuros, lo saludó con un movimiento de mano eufórico.

—Estás loco si crees que no voy a correr a tus brazos luego de esas palabras, ángel, —Musitó el castaño, con una suave sonrisa en sus labios, su colmillo asomándose ligeramente y sus manos jugando con la tela de sus guantes en un gesto nervioso.

Y esta vez, en lugar de enojarse por la osadía del otro, Andrew simplemente sonrió con un sonrojo en sus mejillas, tomó las manos del sorprendido castaño entre las suyas y lo acercó hacia él, sellando sus, ahora partidos labios, con los fríos del otro.

Porque entre monstruos se entendían.

Notes:

Yo viendo como quedó el final: nooOoooooo

La realidad es que iba a hacer que se besaran en el primer encuentro 🤡