Chapter Text
Josuke Higashikata tenía dos problemas, tres, si las tortugas contaban. El primero era que estaba convencido de que se había enamorado, perdida e irrevocablemente, de Okuyasu, su mejor amigo. La realización no había supuesto ningún cambio o reacción en Josuke, había sido en una tarde cualquiera, estaban en el restaurante de Tonio, para variar, y Okuyasu parecía resplandecer al probar el nuevo postre del chef. Josuke había pensado en lo mucho que le gustaba ver a su amigo feliz y, simplemente, lo supo, aquello no podía ser platónico . Conocía a Okuyasu desde hacía ya un tiempo y le resultaba relativamente sencillo leer a su colega; era evidente que se moría de ganas de que alguna chica le hiciese caso, Josuke dudaba mucho que se hubiese planteado otras opciones, aunque no lo descartaba por completo. Quizás solo necesitaba un poco de tiempo. Por el momento a Josuke le valía con pasar tiempo con él, como hasta ahora, lo demás podía esperar.
Y ahí es donde el segundo, el verdadero problema, empezaba: Teóricamente la derrota de Kira debería traer la paz a Morioh, y así había sido, al menos parcialmente, ya que Okuyasu, Dios le bendiga , había decidido quedarse con Stray Cat, un gato usuario de stand con bastante mala leche, todo sea dicho de paso. El acto había sido tierno, compasivo y natural en su amigo, jamás podría culparle por ello, pero aquel bicho odiaba con ferviente pasión a Josuke. Entrar a casa de los Nijimura suponía una Odisea y Okuyasu siempre se sentía culpable. Así que su idea de estar pegado a su mejor amigo se había visto truncada por una criatura que no levantaba dos palmos del suelo.
—¿Un gato? —inquiere Tomoko con la boca llena; está lo suficientemente sorprendida como para levantar la mirada y observar a su hijo con expresión de incredulidad:— ¿Desde cuándo quieres uno? Ni siquiera sabía que te gustaban.
—No, no, no, no. —y por si su reacción no hubiese sido suficiente, vuelve a negar. Lo que le faltaba.— Quiero llevarme bien con los gatos, en general, no adoptar uno.
Su madre se toma la decencia de considerar sus palabras, si bien puede entrever una media sonrisa detrás del bollito que se estaba zampando.— ¿Y la verdad es…?
" Bruja ", piensa. No es que Josuke hubiese creído por un momento que la conversación fuera a ser fácil, le conocía como a la palma de su mano y su relación siempre había sido estrecha, pero esperaba algo de tacto.— A ver, que el Okuyasu ha adoptado uno y me da la sensación de que me odia —su tono es inseguro y evita mirar a su madre a los ojos, está seguro de que la palabra victoria estaría escrita por toda su cara.
—Okuyasu, eh —comenta la bruja— Y te da miedo que deje de lado por el animalito, ¿no?
—¿Qué? ¡Claro que no! —las cosas se podrían poner feas, pero en su lista de terribles desenlaces esa no era una posibilidad. Era Okuyasu al fin y al cabo.— Solo quiero ser un buen amigo y llevarme bien con su nueva mascota. Y ahorrarme los arañazos, a ser posible —ojalá fuesen arañazos.
La mirada penetrante de Tomoko no abandona a Josuke, le pone nervioso pero sabe que al final, tras un poco de tortura, acabará por ayudarle. Joder, es su madre.— Quizá el concepto no te suene pero, ¿has probado en usar el don de la comunicación? Habla con él, sé sincero y arregladlo.
—¿Cómo le voy a decir eso? Seguro que se siente culpable y se lleva un disgusto —niega con la cabeza repetidas veces, su objetivo no era hacerle llorar— además, seguro que se pone muy contento si de la noche a la mañana nos hemos hecho uña y carne —curva los labios hacia arriba, como si ya pudiese imaginar la reacción de su colega. Sabe que la sonrisa le delata pero no le importa, le extrañaría que su madre no se hubiese dado cuenta incluso antes que él.
Tomoko se levanta para dejar la taza de té que había estado bebiendo en el fregadero. No dice nada durante unos instantes, probablemente para ella su consejo sería más factible y menos engorroso, pero Josuke tiene derecho a hacerlo a su manera.— No lo sé, prueba a darle de comer. Prueba con otros gatos del barrio y averigua si el problema es tuyo o no —aunque por su tono de voz puede suponer que así es.
Tras darle un beso en la mejilla, Josuke comienza a trazar su plan.
*
A la mañana siguiente Josuke había decidido contactar con Jotaro, el nieto de su padre. Era un hombre muy inteligente, curtido y que había dedicado parte de su vida a estudiar sobre los animales, Josuke le admiraba y estaba seguro de que con su ayuda todo iría como la seda.
Estaba tan entusiasmado y ansioso por que su plan saliese bien que no había tenido en cuenta la diferencia horaria y quien había respondido el teléfono era un Jotaro mucho más malhumorado de lo habitual. El eco al otro lado de la línea le distrae de vez en cuando, pero decide no darle mayor importancia al cabo de un rato. Tras asegurarse de que ningún stand enemigo iba tras Morioh de nuevo, Jotaro se relaja y con claro cansancio deja que el muchacho se explique. Hubo un tenso silencio y Josuke temía que se hubiese quedado dormido, pero tras un rato le hace una pequeña lista.
Así, había ido raudo al supermercado más cercano a su casa para llenar una bolsa de jamón, atún, latas y pienso para gatos.
*
Los primeros intentos habían sido… poco efectivos; los gatos del vecindario no eran mucho más agradables que Stray Cat y habían decidido que las manos de Josuke eran tan buenas como los premios que traían consigo.
Estaba lleno de mordeduras, arañazos y hasta podía asegurar que empezaba a desarrollar una pequeña alergia a su pelaje, pero cuando ya van cuatro gatos seguidos que se dejan tocar sin poner demasiadas pegas, Josuke sabe que está preparado para la batalla final.
¿Era normal tenerle más miedo que a Killer Queen?
*
—Hey, Josuke —saluda Okuyasu con una sonrisa de oreja a oreja cuando abre la puerta de su casa. No se demora en dejarle pasar mientras comienza a contarle su última victoria en la consola. En circunstancias normales le prestaría toda su atención y participaría en la conversación, pero está nervioso y solo puede mirarle como un tonto.
—Genial, tío —dice, mordiéndose el labio inferior mientras trata de ubicar a Stray Cat en la habitación.
—Eh, ¿quieres algo de papeo? No hay mucho en casa pero creo que puedo apañarnos algo. No va a estar tan rico como lo que hace Tonio, es imposible que algo esté tan rico como eso, pero bueno —Josuke no le corta en ningún momento, le gusta cómo alarga las frases, bailando con las palabras hasta que consigue llegar a lo que quiere decir.
—No te rayes, cualquier cosa que hagas estará buena —y lo dice en serio, podría ganarse la vida con la cocina si se pusiera a ello.
—Qué va, exageras tío. —Okuyasu desaparece, tímido pero sonriente y casi puede ver cómo sus mejillas adquieren un bonito tono rosado. Después Josuke se pone en marcha. Empieza a llamar al animal como había estado practicando aquellos días, buscando la maceta que guardaba a la bestia.
Lo encuentra al cabo de un rato, cubierto con una mantita junto a uno de los sofás del salón. Lo destapa con cautela y el felino abre un ojo. Si las miradas matasen…— Buenos días —musita, dubitativo. Podía hacer esto, iba a hacer esto. Saca un trozo de fiambre del bolsillo y se lo acerca a la cara. Contrario a lo que esperaba, Stray no solo no lo huele, sino que se intenta apartar. ¿Funcionaba distinto si era un usuario de stand? Mierda, eso no lo había tenido en cuenta.
Intenta acariciarle la cabeza esta vez, si no quería comida es que estaría satisfecho y un par de mimos serían bien recibidos. —¿Josuke? —la voz de su amigo comienza a acercarse, es ahora o nunca. —Josuke, no creo que —pero no llega a terminar la frase. Los platos con los que carga terminan en el suelo, The Hand aparta de mala manera a Josuke del lugar y Stray Cat comienza a destruir los objetos que tiene a tiro. —¡Josuke! ¿Estás bien? —todo ha pasado demasiado rápido para él y no entiende el caos que se ha originado en tan poco tiempo. —Oh, Josuke —la voz horrorizada de Okuyasu le hace girarse hacia él. No le está mirando, tiene la mirada clavada en un punto alrededor de su tupé. Espera, ¿qué?
Se lleva la mano al pelo como un rayo, todo parece normal hasta que dos de sus dedos pueden colarse por un agujero que Stray Cat le ha hecho.
Su primer instinto es lanzarse a por el enemigo, tiembla incluso ante la posibilidad de una pelea, pero la pequeña, la ínfima parte de su cerebro que sigue en sus cabales le intenta decir que, aunque Crazy Diamond cure al animal después, es una pésima idea.
Tarda alrededor de diez minutos y muchas profundas y largas respiraciones para que Josuke consiga calmarse, pero lo hace, y quizá es la primera vez que ocurre ese milagro. Okuyasu había vuelto a tapar a Stray Cat y se encontraba cerca de su amigo disculpándose y tratando de contener las lágrimas.
—Josuke, tío, tu peinado, lo siento mucho. ¡Que no estás feo ni nada, tú nunca lo estarías! Pero sé cuánto te gusta y es culpa mía, lo siento mucho, por favor Josuke perdóname. ¡Me puedo cortar el pelo yo también y vamos iguales!
—¿Qué dices? Anda no digas burradas, ha sido cosa mía. ¡De hecho sin ti estaría ahora sin cabeza! Solo es pelo —y ahí la ha cagado, porque los dos saben que Josuke jamás diría que "solo es pelo", va más allá de su estilo, de su seña de identidad: Es un antes y un después, un recordatorio y un homenaje. No es pelo.— Quiero decir, es una putada pero volverá a crecer y será como si no hubiese pasado nada —recoge las rebeldes lágrimas que han escapado de los ojos de su colega con los dedos, tratando de sonreírle y reconfortarle en el proceso.
No hablan mucho más después de eso. Josuke arregla el estropicio con Crazy Diamond y, gracias a este, consiguen comer lo que Okuyasu había preparado, si bien es en un incómodo silencio que nunca antes había existido en su relación.
Se marcha poco después, la despedida es rara, no hay abrazo ni choque de puños y Josuke se quiere morir. Intenta hacerse una coleta con la goma que le presta y vuelve a casa deseando no haber salido nunca de esta.
