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La noticia del comienzo estado de alarma y, con él, del confinamiento, hizo que a Koushi casi se le resbalara el plato que se encontraba fregando.
- Sawamura, súbele el volumen - le pidió saliendo de la cocina mientras se secaba las manos con un trapo.
Daichi, igual de pasmado que él, le hizo caso apuntando con el mando a distancia a la televisión donde el presidente estaba dando los detalles acerca de las actuaciones a seguir durante la cuarentena. Con el trapo todavía entre sus manos, el peliplateado se sentó a su lado en el sofá con la vista clavada en la pantalla y la boca abierta.
Hacía unos días que se habían detectado los primeros casos de Coronavirus en el país. Al principio, los medios lo trataron como un "simple resfriado", y casi inmediatamente después ya fue considerado un "resfriado más fuerte de lo normal", luego "una gripe también bastante fuerte", y ahora, con los primeros muertos y más de dos centenares de afectados, y subiendo, ya la consideraban como el verdadero peligro que en realidad era.
El gobierno también parecía haberlo considerado de primeras como ese inofensivo resfriado a pesar de las repercusiones que habían salido a la luz desde China y las advertencias sobre las mismas. Solo “había despertado” cuando, tras haber hecho oídos sordos y, entre otras cosas, permitir grandes y multitudinarias aglomeraciones de gente (manifestaciones, mítines, conciertos, partidos de fútbol y otros deportes...) en la capital y aún con las primeras noticias de casos entre sus fronteras, la situación empeoró de forma considerable y parecía que era ya imparable. Por supuesto, que estas concentraciones se hubieran llevado a cabo no era la única razón de la subida, pero sí que fue la más señalada como causa. Fuera como fuere, los enfermos por Coronavirus se multiplicaban a cada día que pasaba, atestando hospitales y demás centros médicos con personas que presentaban los primeros síntomas, algunos de verdad, otros vinculados a otras patologías respiratorias pero que, por alarma, relacionaron con el virus, y otros influidos por la histeria colectiva y generados psicológicamente.
A partir de aquí, además de compartirse algunas de las medidas básicas y lógicas como “lavarse las manos con jabón” o “mantener la distancia de seguridad (dos metros) unos de otros”, también se emitieron otras más generales, estrictas y que tenían la intención de prevenir más contagios, como fueron la suspensión - ahora sí - de grandes reuniones sociales, y entre ellas se encontraba la cancelación de las clases en colegios, institutos e universidades, así como otras instituciones educativas, y algún que otro lugar de trabajo.
Obviamente, era una medida necesaria y seria, pero no salió como se esperaba. El que se hubiera suprimido la rutina de estudio/laboral provocó que, en vez de quedarse en casa como se suponía que debería haber pasado, la gente saliera a festejar las inesperadas “vacaciones”. Esa celebración tuvo lugar tanto dentro de la ciudad en forma de fiesta como en oleadas de estudiantes que volvían a sus casas por estudiar fuera, personas que se iban a pasar unos días fuera aprovechando el no tener obligaciones, y/o personas que escapaban de la epidemia, que se extendió todavía más, y se culpó de nuevo al gobierno.
Sin embargo, eso último no era del todo culpa suya, como ya habían debatido él y Daichi los días anteriores, ya que cualquiera con dos dedos de frente habría sabido que esa medida fue establecida para eliminar cualquier impedimento para quedarse en casa. Vale que había sido un tanto tardía y mal enfocada, pero la gente había sido una irresponsable al tomárselo como unos días libres. De hecho, tanto a uno como a otro les habían suspendido las clases como a todos los demás, pero captaron la indirecta y permanecieron en casa como se esperaba de ellos; y vieron como todo estallaba ya no solo en la capital, sino y en todo el país.
Aun así, aunque era una actuación tan lógica como necesaria, no se esperaban que el gobierno instalara el estado de alarma y la cuarentena siguiendo el ejemplo de otros países que también eran focos. Por ello, ambos continuaron petrificados en el sitio aun cuando el informativo terminó y dio paso a los deportes, que casi duraron un solo parpadeo por haberse paralizado todo tipo de competiciones deportivas a lo largo del mundo, y después de eso a la información meteorológica.
Empezaba el verdadero encierro, y a los dos les costaba asimilarlo.
