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Príncipe Omega

Notes:

Participando en la xisangweek2020 con algo pequeñito!
Que viva el XiSang!!!

Work Text:

El reino de GusuLan se encontraba en el extremo de los territorios de las grandes sectas de cultivo. Sus dominios se extendían desde muchos li antes del poblado de Caiyi hasta las profundidades de las montañas donde muy pocos sabían lo que había en ese lugar tan apartado. El palacio principal constaba de una estructura sólida y clásica que había resistido el pasar del tiempo desde Lan An, el primero de los antiguos reyes que habían estado al servicio del emperador. GusuLan por sí mismo era bastante poderoso, su milicia era la envidia de todos cuanto le rodeaban y el pilar principal de la defensa del imperio, las riquezas que su reino escondía eran bastas e incontables sin manera de cuantificarlas.

El camino hacia YunShen era solitario, únicamente los soldados que acompañaban el cortejo nupcial podían verse avanzar hacia un sendero que se adentraba en la montaña, ni una sola alma más era percibida en las tierras a la redonda. El clima era bastante frío y a pesar de los talismanes de calor que el diván portaba en su interior, el omega que estaba cómodamente en su interior, tiritaba por el aire helado que alcanzaba a filtrarse entre las cortinas granate ribeteadas con hilo de oro. El segundo príncipe de QingHe hacía hasta lo imposible por mantener la compostura, frente a su hermano, quien ejercía funciones de rey, aunque aún fuese príncipe heredero, hizo como que no pasaba nada e incluso se dio el lujo de ni siquiera voltearlo a ver. Sabía que estaba siendo caprichoso además de irrespetuoso, no sólo por que era su hermano mayor, si no porque además era un alfa.

Suspiró cuando un nuevo ataque de nerviosismo se apoderó de su cuerpo, ya no podía negar que el miedo comenzaba a invadir su cuerpo. Estaba ahí para un matrimonio arreglado, a punto de ser entregado a un alfa para toda la eternidad, uno que se rumoreaba que estaba enamorado de un beta de otro reino, el flamante hermano del rey alfa de Lanling Jin. Jin GuangYao era una proeza, salido prácticamente de la nada, se hizo un nombre durante el reinado de Jin GuangShan y a pesar de no ser un alfa, era lo suficientemente inteligente para estar al frente del ejercito Jin siendo su primer general de estrategia. Se rumoreaba que, en la última gran batalla para liberarse del yugo del tirano Wen RuoHan, fue la triada venerada, Jin GuangYao, Lan XiChen y su propio hermano, Nie MingJue, quienes acabaron con el ejercito Wen y dieron por terminado el periodo de terror en el que había caído el imperio.

Las historias volaban cuando la gente no tenía otro tipo de diversión producto del hastío ante la recuperación de los estragos de una guerra. Nie HuaiSang, taciturno y callado, pensaba en lo que le esperaba en su futura vida. Siempre había sido criado de una manera suave y gentil a pesar del carácter bélico de su hermano mayor, su Da-ge fue condescendiente con él, si era motivado porque era un omega… realmente no había ningún otro motivo para que lo fuera. Era bien sabido que los omegas eran apreciados y cuidados... y utilizados como moneda de cambio cuando era necesario.

Después de todo, Nie MingJue no había dudado un solo instante en mandarlo a crear lazos más estrechos con el reino GusuLan en cuanto tuvo oportunidad. En la mente del más joven de los Nie existía un resentimiento contra su familia que no quería expresar conscientemente, se conformaba con recordarse a sí mismo que finalmente ese sería su destino. HuaiSang era el epítome de los omegas, pequeño y callado, algo nervioso y siempre tratando de pasar desapercibido, realmente prefería la paz y tranquilidad de una buena lectura mientras estaba sentado en un cómodo cojín o admirando un bello paisaje que era plasmado en uno de sus cientos de abanicos.

Un suspiro salió de sus labios al recordar todas las cajas de sus preciosos abanicos que habían sido dejados atrás. Si se hubiera casado con algún otro alfa no hubiera dudado un solo segundo en llevárselos a su nuevo hogar, pero se estaba casando con GusuLan y una de las tantas reglas en ese frío e inhóspito reino era el no tener objetos de decoración y mucho menos en exageración, nada que fuera superfluo era admitido dentro de YunShen y mucho menos del palacio de hielo. La resignación llegó a él al hacerse más consciente de lo que se esperaba de su persona; había sido demasiado libre en QingHe y ahora se sentía perdido, un nuevo lugar, nuevas personas y nuevas reglas… la lista era demasiado para asimilarla.
Finalmente, la comitiva detuvo sus pasos, Nie HuaiSang intentó asomarse por la delicada cortina bordada solo para echarse hacia los cojines en el momento que una fuerte voz de alfa llenó el aire a su alrededor.

- ¡Entren!

Esa voz daba miedo, tenía casi la misma fuerza de mando que su Da-ge, aunque a este último lo había conocido desde siempre y era, convenientemente, quien más lo mimaba. La persona que había hablado, gritado, mejor dicho, no debería ser otro que Lan QiRen, el gran maestro del Reino y tío de su futuro alfa.

Un tiempo más de recorrido aburrido y su trasporte fue puesto en el suelo. Con manos temblorosas, el omega bajó su velo carmín y espero a que alguien retirara las cortinas para poder descender. Lo único que alcanzaba a discernir del lugar era el profundo color verde del pasto que sus pies encontraban, unas grandes escaleras de madera aparecieron frente a él y una suave voz le indicó que entrara.

Fue conducido a un pequeño taburete donde aguardó pacientemente a ser llamado para realizar la ceremonia de matrimonio. Jugaba ansiosamente con sus dedos mientras intentaba matar el tiempo pensando en todas sus actividades favoritas y las nuevas pinturas que había dejado pendientes en casa; un rechinido de la puerta al deslizarse le hizo percatarse de que ya no se encontraba solo. Unos pequeños pies llegaron hasta el límite de su visión.

- Por favor, sígame.

La mujer beta que lo estaba guiando caminaba demasiado despacio, necesitaba terminar con la tortura lo antes posible, así que intentó rebasarla solo para ser detenido con una presión en su muñeca. Nie HuaiSang hizo una mueca ante la fuerza de la joven que, a pesar de su segundo género y el no mucho nivel de cultivo, estaba logrando que un ligero dolor se posara en el hueso de su mano. Instintivamente sacó su extremidad de las garras de quien lo sostenía con un siseo, la beta no hizo comentario alguno, únicamente espetó.

- No se corre en YunShen.

El omega negó levemente con la cabeza y continuo con el paso mortalmente lento que le marcaba su guía. Si ya previamente estaba insatisfecho con la elección en la que no había tenido ninguna oportunidad de rechazar, ahora, al divisar un poco de lo que le esperaba en su futuro, comenzó a sentirse reticente con el acto que estaba por realizar. Lógicamente nada de eso importaba cuando las grandes puertas de madera labrada fueron abiertas y pudo ver una importante cantidad de bultos deformes con cabezas que esperaban a que ingresara. La tensión se sentía pesada y eso no hacía nada por mejorar el estrés que ya sentía correr y picar por todo su cuerpo. Hubo un momento en que sus pies se negaron a dar un paso más y quedó momentáneamente estático, incluso su respiración se vio contenida y el aire a su alrededor se espesó dejando entrever su disgusto por la situación en la que se encontraba.

Prontamente llegó hasta su mano la sensación de unos suaves dedos que cepillaban su piel con suma delicadeza y hacían que su tensión disminuyera tan rápidamente como se había elevado. El aroma de la lluvia recién tocando la tierra y el pino fresco dejaron sus sentidos aturdidos, tanto, que no fue consciente del momento en que era trasladado hasta el altar y colocado cuidadosamente sobre un cojín de terciopelo rojo, bastante suave y mullido que evitaba cualquier tipo de incomodidad para las pequeñas rodillas del omega.

Uno…
Dos…
Tres arcos…

El omega parpadeó casi en el mismo instante que su cabeza se levantó y una mano grande, de dedos largos, oprimió la suya dejando entrever una seguridad que no había sentido desde que su madre falleciera varios años atrás. Fue en ese mismo instante que el segundo príncipe de QingHe tomó una decisión. Continuaría con ese matrimonio, finalmente, muy en su interior, siempre había gustado de Lan XiChen. Sonrió al tomar la determinación de que el tiempo sería su aliado para lograr que se enamorara de él y fuera su alfa, en toda la extensión de la palabra.