Chapter Text
Serotonina
por El GRiMES
Cada que lo recordaba, Cream se extrañaba más por los diálogos que su mente combinaba que por los eventos que habían sucedido aquella noche. Habían pasado cuatro años, ella era un poco pequeña todavía y además no sabía lo que, ahora en la actualidad, sabe de más.
Se remonta en el tiempo y de repente el tip-tap de los dedos sobre la madera la advirtió de la tensión que se hallaba en el lugar. Las cortinas de la ventana se movieron con desgano, como si el poco viento apenas y pudiera levantarlas. Cream veía el horizonte del oscuro bosque, ese que quedaba justo enfrente de su hogar, observando la llanura de los arbustos y los grandes árboles tapando más allá de la carretera; sus orejas se mantenían levantadas, escuchando los sonidos del lago más cercano, de las cigarras en el jardín, de las hojas golpeándose unas contra otras, de la tranquila respiración de Cheese estando dormido en uno de los cojines del sillón.
Las velas aromáticas invadían el recinto, iluminando cada uno de los detalles en la sala donde madre e hija reposaban por el proveniente clima de otoño, expandiendo un suave olor a pan caliente y miel. Vanilla seguía pegada al teléfono de la casa, oyendo con atención la conversación al otro lado de la línea entretanto acariciaba la cabeza del dormido Chao.
Era tarde, y Cream recién despertaba de las abrumadoras pesadillas que con frecuencia le ocurrían; necesitaba de la compañía de su madre para poder conversar sobre los aterradores sueños hasta que se relajase, pero la coneja mayor apenas y podía atenderla con tanto conflicto postrado a su alrededor. El teléfono había sonado varias veces, pero la noche no había estado tan silenciosa desde aquella ocasión en la que en el equinoccio de verano había ocurrido una tormentosa lluvia.
—¿Estás segura de eso, Amy? —la cansada voz de Vanilla la despertó del trance.
Pronto las miradas de ambas se encontraron, tensas, con los semblantes postrados en divina preocupación. Cream sabía —desde el primer momento en que había conocido a Sonic y compañía— que su madre, por inercia y sentido propio, tomaba un papel maternal con todos sus amigos: la señora arrojaba un aura llena de amabilidad, confianza y afecto genuino con el que muchos se sentían cómodos; servía como una buena consejera, amiga y por supuesto madre.
Cream en ocasiones se ponía celosa pero al mismo tiempo entristecía. Ella sabía que muchos de sus amigos no habían crecido con alguien que les mostrase una perspectiva diferente a la que estaban acostumbrados, y por ello era testigo de cómo en los peores momentos, Amy llegaba al Hogar Rabbit para buscar un confort y apoyo que no tuvo durante su infancia, tal como la mayoría de sus amigos.
Terminada la conversación, bastaron unos cuantos minutos para que Vanilla colgara, quedándose sentada en el sofá. Cream se acercó a ella, llena de impotencia y confusión, esperando poder romper el silencio en el que el hogar parecía torturarles.
—Qué complicada es la adolescencia —fue la madre quien se dignó a hablar primero, casi murmurando para sí misma de una forma exhaustiva. Antes de que Cream pudiese cuestionarle algo, la mujer prosiguió—. Me es un tanto extraño pensar que mi propia hija no me hace batallar tanto como estos niños... —bromeó con ella, haciendo a Cream tener más nervios de lo que ya.
—¿Ocurrió algo malo, madre? —se armó de valor para preguntar.
La coneja mayor hizo una mueca primero, pensativa ante sus palabras. Cream le miró el semblante: reflexivo, distante, como si de repente todo en el mundo se detuviese para dar pie a algún evento que no habría de gustarle.
Pero, de repente, Vanilla le mostró una sonrisa apenada.
—Eso depende de la perspectiva —dijo, acortando todo el tema. Cream, en cambio, se quedó en las mismas al no recibir una respuesta más explicativa; cuando su madre se percató de ello, optó por acariciarle las orejas para calmarla—. Todo está bien, Cream. A veces la gente sólo se siente... un poco triste —y luego, se concentró en el chao acostado a su lado—. No se debe minimizar el dolor de nadie, por más fuera de lugar que suene su razón de ser... Recuerda que a todos nos duelen las cosas y tenemos experiencias de distintas formas.
Ambas se irguieron lo suficiente para caminar hasta la cocina, dejando a Cheese dormir placenteramente en el mueble. Apagando algunas de las luces durante su trayecto, dejando el hogar entre la oscuridad de la noche, decidieron calentar leche con miel.
Con toda la conmoción, la coneja había olvidado la razón principal por la cual seguían despiertas a esas altas horas. Cream no podía evitar observar la puerta que daba al exterior del patio; esa justa, que se hallaba abierta desde hacía una hora. Su vista viajaba desde el piso hasta la salida, con los matorrales rodeando el hogar y donde estaba segura ella que alguien seguía esperando, en el jardín, a su madre.
La presencia de la persona solía llenarle de alegría, de emoción, de felicidad; en aquel instante, Cream sólo se cuestionaba cientos de cosas: ¿por qué seguía allí sentado? ¿Qué tanto tiempo pensaba quedarse? ¿Por qué habría llegado llorando? Y lo más importante, ¿por qué justo en el preciso momento en el que había tocado la puerta, Amy había llamado al teléfono de su hogar?
Quiso conectar todos los puntos. Últimamente, las cosas eran un poco estresantes desde que Sonic había tomado la costumbre de ir a su casa para hablar con su madre...
Cream no quería confirmar lo que su mente ya sabía . Si a ella le rompía el corazón, no quería imaginarse cómo estaba Amy.
—Estoy comenzando a acostumbrarme a este tipo de charlas, Cream —como si supiese lo que pensase, Vanilla volvió a sacarla del trance en el que su consciencia se hallaba para despreocuparla—. Todo está bien, sabrán arreglarlo por su cuenta. No podemos meternos en algo donde no tenemos papel, cielo —siguió después, y ella abrió sus ojos tanto como su rostro le permitió.
Cream, entonces, supo.
Tan pronto como terminaron de preparar las tazas de porcelana para la caliente bebida, Vanilla tomó dos de ellas y las postró en una pequeña bandeja de plata. Acariciando la espalda de Cream, quien sentada en el comedor decidió esperar a que su madre se desocupase, la coneja mayor salió al jardín a regar las plantas en compañía de los mártires de Sonic.
A media noche.
Y con el héroe sentado en el mismo y viejo tronco de árbol, limpiándose las silenciosas lágrimas.
