Chapter Text
Neighthan tenía un tiempo de haberse unido al grupo de las monstruo amigas + 1, por lo que estaba desarrollando la costumbre de sentarse con ellos durante el receso. Los cinco chicos se sentaban cerca de la extraña máquina expendedora que se hallaba en el fondo de la cafetería, prácticamente olvidada y usada por un único estudiante.
Originalmente, las monstruo amigas merodeaban la cafetería sin tener un lugar en donde sentarse, hasta que llegó un cierto chico y con el, una máquina expendedora para normies como un extraño premio de consolación. Desde aquella primera vez que las monstruo amigas y Jackson se toparon y de manera incómoda tuvieron que sentarse juntos, aquello se había vuelto tradición.
Y ahora, era Neighthan el que de manera incómoda se sentaba en la mesa del fondo junto a la máquina expendedora. Su incomodidad venía menos de la interacción con los otros monstruos y más de la falta de su grupo de confort. Sirena, Bonita y Avea habían comenzado a hacer nuevas amistades en Monster High, pero aun así, seguían siendo el pequeño grupo que solían ser: cerrado, secreto y en la opinión de Neighthan, rayando la ideología de culto. Si el chico híbrido quería hacer amigos y conocer gente nueva, desgraciadamente tendría que decirle adiós a la mothership, y salir a explorar.
Entonces ahí se encontraba, sentado entre Rochelle y Robecca, escuchando a Venus hablar sobre su invernadero y todas las cosas increíbles que ahí crecían. Las dos chicas estaban atentas e incluso un poco perdidas en todas las explicaciones y datos extraños que daba Venus. Neighthan no tenía mucho tiempo de sentarse con este grupo pero ya podía leer considerablemente a las chicas: Rochelle movía sus alas suave pero rápidamente cuando estaba concentrada, haciendo un extraño susurro con las mismas, mientras que Robecca fruncía el ceño gradualmente hasta hacer una mueca, señal de que los engranajes detrás de su bronce rostro giraban más rápido de lo común.
Neighthan por otro lado, solo podía dedicar parte de su poder neuronal a Venus, puesto que gran parte de energía estaba dedicada en evitar al normie frente a él. La tensión entre los dos era evidente, sin importar los intentos de los chicos para disimular su familiaridad. De hecho, Rochelle, Robecca y Venus solo actuaban tan animadas y concentradas en la cantidad de dientes que posee una planta carnívora promedio para ahogar un poco la tensión en el aire. Todos se sentían aplastados por esta, pero nadie decía nada al respecto.
El timbre sonó en el fondo, rompiendo el glacial encanto que se había posado sobre la mesa, lo que liberó a los 5 monstruos sentados en esta. Rochelle, como siempre se aventó de sorpresa hacia Robecca y dejó que su peso recayese enteramente en ella, poco después de gritar "¡Atrapa!". Robecca, como siempre, cargo a la gárgola y la sostuvo sin problema alguno, lo que generó risitas por parte de Rochelle.
Neighthan había visto aquel extraño ritual un par de veces, y le parecía extraño y encantador, aunque ese día, vería lo que seguía, pues la gárgola, la chica steampunk y el, tenían lenguas muertas juntos. Para el chico híbrido, este ritual se había vuelto algo de todos los días, pero poco sabia el, que había tomado meses para que Rochelle accediese a tal acto. Si bien la chica de piedra se veía dulce y alegre, la realidad era más rígida y fría, como la piedra que la constituía. La Rochelle que hoy jugaba con Robecca era increíblemente lejana a la que había llegado un 3 de agosto un año atrás Monster High. Venus y Jackson se despidieron de ellos a la salida de la cafetería, y se fueron por caminos diferentes. Ya que el chico normie estaba fuera de alcance, Neighthan soltó un suspiro, y sintió como sus pulmones eran liberados. Ahora solo tenía que preocuparse por Lenguas Muertas.
***
La primera clase después del receso fue particularmente divertida al principio, pues se había topado con Sirena, así que a pesar de que el señor Rotter trajese a la clase la energía decadente de siempre, Rochelle con dificultad podía evitar reírse, tan extraño como esto sonase. A decir verdad, Rochelle no tenía mucho contacto con Sirena, o con alguno de los híbridos que no fuese Neighthan, pero eso no la detenía cuando había la oportunidad de pasarla bien con la criatura fantasmal. Era tal su encanto e imaginación que Rochelle no podía evitar sentir cierta fascinación por ella. Principalmente sentía angustia, pues no había una sola cosa segura que Sirena tuvieses en la cabeza, y en su instinto de gárgola, Rochelle sentía la aplastante necesidad de recordárselo, pero decidía no hacerlo.
Llevaba alrededor de dos meses haciendo lo que Robecca llamó "desintoxicación". Rochelle disfrutaba de seguir las reglas, de crearlas y de asegurarse que todos las siguiesen, pero al parecer, al resto de los monstruos no les gusta tener un libro de reglas parlante que los siga con insistencia. Rochelle, sabiendo su error, se tomó el mayor tiempo procesando la realidad: ya no estaba en un mundo de gárgolas.
Así, se encontraba luchando contra el impulso de advertir y reprender a Sirena, quien ahora probaba la velocidad de su reflejo para convertir su escamosa y brillante piel intangible, con ayuda de un lapicero. Debido a su naturaleza, había algo extraño y retorcido que la atraía a Sirena. Una persona rígida y estricta como ella, perdiéndole en interés con quien era el equivalente de un Gremlin fuera de control. Además de que, si Rochelle se permitía un momento de sinceridad culposa, Sirena le parecía increíblemente bella y llena de gracia.
Los pensamientos de la gárgola fueron interrumpidos por un alarido del señor Rotter. Seguido del regaño, Deuce se levantó con aire pedante y cambio de asiento con Scarah. Al parecer Cleo y Deuce perdían toda capacidad de aprendizaje cuando estaban en un radio de 2 metros el uno del otro. Rochelle vio aquella situación con un sentimiento que no podía identificar con totalidad: ¿Estaba celosa? ¿Estaba triste? Realmente no podía decidir, solo sabía que ver a Cleo y a Deuce tener que ser físicamente separados por la conexión tan fuerte que tenían la hacía sentir algo, algo definitivamente no agradable. Y esta no era la primera vez que lo sentía. Ver a Invisi Billy hacerle jugarretas a Scarah también la dejaba irritable, o ver a Iris enajenada con Manny, o incluso a Holt cuando esté hacia su rutina de galán con algún monstruo.
Cuando el salón recobró la compostura desde del cambio de mesas y la distracción, las bromas y ocurrencias de Sirena se vieron opacadas por algo que ahora se alojaba en el pecho de Rochelle, y que trepaba por su garganta. La gárgola respiró hondo y volvió la vista hacia la pizarra frente a ella, sin darse cuenta que Neighthan, sentado a unos cuantos asientos de ella, se había percatado del cambio en su humor.
El chico híbrido no tenía mucho tiempo de conocerla, pero sentía la pesadez de Rochelle, como si de telepatía se tratara, y le dejó un asomo de duda que esta situación parecía repetirse. Su vocación relució entonces, pues como objetivo de ahora en adelante, tenía ayudar a Rochelle, ¿que clase de amigo sería si no lo hiciese? Pasarían varios años antes de que Neighthan pudiese ayudar a los monstruos como el quería, así que por el momento, sentado en un salón de Monster High tomando Lenguas Muertas con el señor Rotter, lo que más se acercaba a su profesión deseada de psicólogo era dar consejos de mediana calidad a sus amigos y a cualquier monstruo que estuviese dispuesto a escucharlo.
Seguido a esta realización, espero pacientemente a que el timbre tocara dando por finalizada la clase del señor Rotter, y cuando llegó la hora, intento salir disparado hacia donde Rochelle para interceptarla antes de que se perdiera en el mar de estudiantes que ahora navegaban los pasillos. La palabra clave en esto es intento ya que después del segundo paso su ascendencia zombie se mostró en toda su gloria. Neighthan tropezó y cayó sobre su brazo derecho y su rodilla izquierda, las cuales comenzaron a dolerle inmediatamente, pulsando cada vez con más fuerza. Para su buena suerte, Rochelle seguía cerca, así que al escuchar la caída, se volvió hacia el y le ayudó a levantarse. Robecca y Sirena siguieron su camino, sin darse cuenta en realidad que Rochelle ya no seguía con ellas.
-Oh Neighthan, ¿estás bien? ¿Te has lastimado?- Rochelle, que aun no se había acostumbrado a la gran habilidad de recuperación del chico híbrido lo bombardeó con preguntas mientras intentaba ayudarlo de la manera más gentil posible, buscando la manera de no hacerlo jirones al levantarlo.
Neighthan le sonrió algo sonrojado e hizo la moción de quitarse polvo de la ropa, mientras soltaba una pequeña risita.
-Estoy bien, realmente. No te preocupes- otra pequeña risita salió de su boca, esta vez algo nerviosa.-Mira.
Torpemente señaló el cuerno que sobresalía de la parte superior de su cabeza, el cual emitió un pequeño brillo purpurino en forma de un halo humeante. Al mismo tiempo que el humo brotaba del aire alrededor del cuerno y caía dando la impresión de moverse en cámara lenta, los ahora morados moretones en el cuerpo de Neighthan se desvanecieron. De la misma manera, pequeños rasguños y raspones en la grisácea piedra que conformaba las manos de Rochelle se borraron, y la piedra parecía nunca haber sido dañada.
Rochelle usualmente mostraba un temperamento serio, incluso cortante, pero cuando el humo purpurino se desvaneció, y con el sus heridas, sus ojos se ensancharon como platos, dejando ver sus bellos irises rosa pastel. La gárgola arrojó sus manos hacia las de Neighthan y las sujetó con firmeza, mientras lo bañaba en comentarios dulces. Esta interacción se sentía poco natural para ella, y ahora que sujetaba sus manos, se sentía tan preocupada, por lo que sus halagos solo se intensificaron. ¿Por que los monstruos adolescentes actuaban tan extraño? Rochelle quería volver a sus tradiciones y conductas de gárgola, pero se insistió en que el cambio era algo bueno, aunque no se sintiese así gran parte del tiempo.
El chico híbrido no pudo contener una sonrisa viendo la admiración de Rochelle, pero de él emanó un gemido ahogado, pues en su emoción, Rochelle parecía haber olvidado su fuerza y su peso. Estaba acostumbrado a que los monstruos alabaran su poder y su ascendencia, pero esto nunca lo preparaba para cuando sucedía.
-¿Sabes?, 'Chelle, de hecho quería hablar contigo- dijo mientras la señalaba al pasillo, rumbo a la siguiente clase. Sus manos ahora con moretones y lo que Neighthan sospechaba era una fisura en su dedo meñique.
-Hablar conmigo, esta bien- respondió pensativa- ¿Que es lo que quieres decirme?
Rochelle podía estar probando el cambio, pero de todas maneras, tomaba pasos pequeños. Cambiar su cadencia y tono intenso estaba muy lejos de ser un paso pequeño.
-¿Alguna vez te he hablado de mi pasión por la psicología?- preguntó el chico híbrido, como quien no quiere la cosa.
-Ha decir verdad, no recuerdo que lo hayas hecho.
-Entiendo, la verdad no te culpo, a veces me hago más invisible de lo que debería- Neighthan hizo una pausa mientras tomaba el valor para continuar- Me interesa mucho la psicología, el hecho de poder ayudar a otros es algo que me parece muy noble.
-Y lo es- acotó Rochelle.
-Si. Como has podido ver- hizo un ademán mientras señalaba al salón de que lentamente se alejaban- cómo médico general me iría estupendo, creo que no hay mejor opción para mi.
-Pero eso no es lo que tú buscas.
-No, las heridas físicas son demasiado fáciles. Neighthan se detuvo y tambaleó un poco. Se volvió para ver a Rochelle de frente. No sabía como acercarse sutilmente al tema que le concernía, así que decidió confrontar a la gárgola sin más preámbulo.
-Siendo totalmente sincero, creo que puedo ayudarte.
Rochelle lo vio y su mirada se tornó fría, como la piedra que la constituía. La chica podía ser muy dulce, pero en el fondo, era una persona seria y estricta, por lo que el comentario del chico híbrido no había sido procesado completamente. ¿Acaso bromeaba?
Notando la pausa que hizo Rochelle, Neighthan se apresuró a explicarlo todo, por lo que la explicación dejó sus labios enmarañada. Se sintió como un tonto por pretender conocerla lo suficiente como para ayudarla, o saber sus problemas. La gárgola bajo la guarda al ver al chico explicarse y disculparse alrededor de tres veces por oración. No estaba bromeando.
Mientras se daba cuenta de esto, vio de reojo el gran reloj que se encontraba en el pasillo. Iban tarde a clase, probablemente no llegarían a tiempo, pero eso no le importaba. Neighthan ofrecía ayuda para lo que sentía, aun cuando ella no supiese que era, y eso era lo que importaba. Al diablo con los pasos pequeños, se convenció a sí misma.
-Esta bien, aceptaré tu ayuda.
***
Rochelle era líder de los monitores de pasillo, pero ese día, era ella la que rompía las reglas. Ella y Neighthan habían logrado escabullirse después de Lenguas Muertas y ahora se encontraban donde la piscina interior. Rochelle, siendo una gárgola, y especialmente, siendo ella, se jactaba de su firmeza y de su trabajo para los estudiantes de Monster High como monitor de pasillo, por lo que estar rompiendo mas de tres reglas del código que ella misma había escrito era una experiencia tanto emocionante como tortuosa.
Habían escogido aquel lugar por su locación remota y por que en su apuro, no habían reparado que las catacumbas eran una opción mucho menos húmeda. Al principio, la humedad era la menor de las incomodidades, pues Neighthan se había puesto tan nervioso después de la luz verde dada por Rochelle, que ahora no solo eran sus piernas las que se tropezaban, sino sus pensamientos y palabras. Había intentado tener un acercamiento de terapia para saber la causa de aquello que molestaba a Rochelle, pero no había funcionado para ninguno de los dos.
Y ahora estaban sentados uno al lado del otro, viendo las misteriosas aguas de la piscina, sin saber que decir. Neighthan estaba friendo sus neuronas buscando la manera de conectar con la gárgola, mientras que Rochelle estaba buscando las palabras para conectar con el chico híbrido.
-Me dijiste que has podido percibir cuando tengo un cambio drástico de humor- empezó Rochelle, aun viendo la piscina.
-Si, algo en ti cambio en la clase. No se que, pero algo lo hizo.
-No se que me sucede- continuó la gárgola, buscando las palabras que se escondían en su garganta, como piedras sin vida- pero hay esta sensación dentro de mi, algo que no puedo controlar.
Sintiendo su mirada fija en el agua, Neighthan hizo el esfuerzo de no voltear hacia Rochelle. Se sentía como en una de aquellas cajas de madera donde uno se confesa. No que el supiese mucho de eso, claro.
-Y esto solo me hace sentir peor- suspiró ampliamente- pues he notado que sucede cuando veo algo como el incidente sucedido hoy en clase.
"Algo como hoy en clase" pensó el chico, "acaso se refería a Sirena, ¿podría ser que lo hubiese notado?"
-Es tan... Tan...
-¿Extraño?
Rochelle se volvió hacia el rápidamente, confrontando no solo a Neighthan, sino a lo que estaba sintiendo.
-Es tan frustrante- escupió de golpe- Es tan frustrante verlos tan felices, siendo tan perfectos.
El chico había interpretado erróneamente la situación, y ahora estaba en el proceso de recalibrarse. "¿Tan felices?"
-Yo... Yo quiero... -la fuerza con la que había empezado a hablar se había perdido, y ahora volvía a mirar la piscina.
Neighthan estaba dándose por vencido, listo para decirle a la gárgola que podía tomarse su tiempo, cuando Rochelle encontró el coraje para terminar su oración.
-Creo que quiero algo así. Quiero estar con alguien, como ellos lo están.
Neighthan jamás podría comprender lo que aquello significaba para Rochelle. Al decir esas palabras, la gárgola no estaba admitiendo que desde tiempo su corazón quería intercambiar con el de alguien especial, o al menos eso no era lo único. Rochelle no solo veía una relación feliz y amorosa, veía esa conexión de cuando dos seres se conocen y se aceptan. Solo podía sentir tristeza, recelo y disgusto ante tal pensamiento.
Neighthan aspiró con la intención de contestar ante la confesión de Rochelle, pero las palabras que estaban a punto de salir de su boca se desvanecieron. ¿Podía ser que Rochelle simplemente era una niña enojada por la falta de novio? La chica era bastante dulce y muy leal, con un Aura que irradiaba un aire dulce y aveces frió, pero aun considerando esto, Neighthan no estaba totalmente de acuerdo a que aquello que molestaba a Rochelle era de esa naturaleza.
-Esto parece no haber sido una idea efectiva- concluyó la gárgola mientras se ponía de pie- Aprecio tu atención y tiempo, pero las gárgolas no somos criaturas de cambio.
Fingía alisar las arrugas de su falda y volver a colocar los tirantes a rayas en su posición original para ocultar que en sus mejillas se había acumulado rubor, volviendo la piedra un tono rojo quemado. Citar menos el código de seguridad de las gárgolas era una cosa, pero abrir completamente sus emociones y tomar decisiones tontas y sin premeditación era algo completamente diferente. Por mucho que Rochelle estuviese esforzándose para ser más como la juventud monstruosa, había cosas que no podía cambiar, al menos no de manera tan sencilla.
El abrupto alto que Rochelle había puesto a la extraña sesión de terapia dejó a Neighthan más desconcertado que antes, y no pudo hacer más que responder cabizbajo una clase de adiós y disculpa mientras veía a Rochelle alejarse, dando sonoros zapatazos, aun cuando su figura se movía con gracia hasta el umbral de la puerta.
El chico híbrido era torpe, tímido y evitaba la confrontación, pero en ese momento, sentado en las gradas de la piscina interior iluminado únicamente por las lámparas de la piscina y su trémula luz, sintió una urgencia por insistir.
No era únicamente insistir en ayudar a Rochelle, sino en hacer algo, en ser pro activo. Podía quedarse sentado, aceptando la derrota, y diciéndose que la oportunidad llegaría, que solo tenía que esperar, pero ya estaba cansado de esperar.
No dejaría a otros sin ayuda, el debía ser su ancla. No dejaría a otros sufrir sin un hombro en el cual llorar, como le sucedió a él.
Habiendo tomado en sus manos el deber de ayudar, ahora sin engañarse o decirse que el momento ideal estaba por llegar, Neightan se levantó con un salto y bajo las gradas con determinación, tropezando solo dos veces al hacerlo. Salió del cuarto donde la piscina interior sin más contratiempos y siguió por los pasillos desolados, por los cuales navegó hacia su casa provicional.
Neighthan se encontraba ya cruzando el patio en dirección a las residencias y los accidentes en su trayecto se estaban manteniendo al mínimo. Había visto uno de los enormes relojes de estilo gótico antes de dejar el edificio principal por lo que sabía que ese día tenía ya dos faltas. El se consideraba un estudiante responsable, pero estaba seguro que hasta a Ghoulia le animaba la idea de perder las clases de Inglés Avanzado y de Historia de Relaciones Humano-Monstruo, por lo que sus faltas no le pesaban en la conciencia.
Empujó la gran puerta metálica de las residencias, dejando escuchar el ya familiar chirrido y saludo espectral. De no tener tanta prisa, habría podido apreciar la arquitectura del lugar, en vez de saludar apresuradamente a los tres entes de ectoplasma que se encargaban de monitorear las residencias y los alumnos que las habitaban y seguir de largo.
Llegado a la zona común paso de frente por la cocina, que tenía un diseño muy similar al de los laboratorios donde tomaban Ciencia Loca y Química no Humana, y se dirigió a la escalera de la izquierda, rodeando la fuente de agua tanto dulce como salada. Durante el camino a lo que en su estadía en Monster High era su casa, había realizado un plan, o al menos los inicios de uno. De alguna u otra forma ayudaría a Rochelle, y se sentía optimista al respecto a eso.
***
Después de dejar donde la piscina interior, Rochelle siguió por los mismos desolados pasillos que Neighthan tomaría uno minutos después, con la excepción de que en vez de girar hacia la derecha en la bifurcación, Rochelle siguió recto. Con seguridad podría decir que se había perdido la clase de Inglés Avanzado, pero si apuraba el paso, podría llegar con un mínimo margen a la siguiente clase. Rochelle alzo la vista hacia el arco más cercano frente a ella y vio en el bello reloj negro con herrería elegante que el tiempo que tenía para dejar el ala oeste, cruzar el vestíbulo que lo conectaba todo, y encontrar el salón correspondiente era de menos de diez minutos.
Con los ánimos aun más bajos, Rochelle adoptó un paso que se acercaba a correr, pero no llegaba a serlo enteramente, pues los pisos pulidos de la escuela no soportarían el impacto de su peso sin ceder. Mientras andaba por los pasillos, tomando bifurcaciones a diestra y siniestra para evitar a algún monitor de pasillo la gárgola pensaba constantemente en Neighthan y su ayuda. Si bien tenía fe en el chico híbrido, pues desde que sucedió un cierto incidente de fusión Neighthan se había ganado cierta reputación por lograr que Cleo y Toralei pudiesen soportarse sin altercados físicos, Rochelle sabía que para que la ayuda que el chico podía ofrecer surtiese algún efecto ella tendría que contar algunas cosas, y realmente no estaba dispuesta. Para su consideración, había cosas que debían quedarse como secretos.
Llegó al vestíbulo con cinco minutos antes del inicio de clase, y se disponía a tomar las escaleras de la izquierda para buscar el salón en el que debía estar cuando de su bolsillo salió una melodía que conocía muy bien, a la par de la canción especial de una alarma urgente. Al haber visto el reloj, había considerado la clase, pero se había olvidado por completo de la horda de medicamentos que debía tomar cada tercer día después de la segunda clase después del receso. Rochelle modificó entonces el plan: casillero primero, clase después. Navego un poco por los pasillos conscientemente antes de perderse en sus pensamientos de nuevo, después de todo, se había perdido suficientes veces en Monster High para conocer cada pasillo de memoria. "Dos pastillas rosas, para la piel. Una roja, para no crecer. La pastilla azul, para detener lo no deseado. Una blanca, para fraguar y un caramelo, por el sabor amargo." Esta cantaleta se repetía constante en su cabeza; tenía ya tres años tomando las mismas cinco pastillas cada tercer día, pero de todas formas, Rochelle seguía su pequeño mantra cada vez que llegaba la hora de buscarlas. Era una manera de recordarse que las estaba tomando, que eran reales, y que estaba teniendo progreso, era una manera de darse paz.
Este ritual de seguridad tuvo una abrupta interrupción del mundo real cuando Rochelle dio una vuelta en una bifurcación y se topó de golpe con una mancha en su visión. Para Rochelle el choque no había sido más que una llamada de atención al mundo real, pero para la mancha, que soltó un alarido y un grito ahogado al caer al piso, fue como ser tacleado por la línea defensiva del equipo de football. Twyla estaba acostumbrada a observar desde una distancia sana, por lo que usualmente, ella era la que repartía sustos y sorpresas, pero esta vez, la sorprendida fue ella. Los brazos y pecho, que era lo que se había llevado el privilegio de tener contacto directo en la colisión le dolían horrores. En su piel ceniza ya se podían observar los indicios de moretones que cubrirían desde el hombro hasta el codo. Twyla se volvió para ver la condición de su cuerpo, solo para darse cuenta que todo era tan grave, o incluso peor de como lo sentía. Rochelle, por el otro lado, solo sufría de las heridas emocionales de ver como algo que para otros solo habría requerido un pequeño "lo siento", para ella requería una visita a la enfermera, o incluso a un médico noctámbulo.
-Lo siento terriblemente, este evento a sido culpa mía. Se debe poner atención al transitar por lugares con tráfico regular...- Gracias al shock, Rochelle y su actitud habían tenido un reset, regresando al estatus de libro de reglas caminante. Twyla subió la mirada, solo para ver los enormes ojos de la gárgola pelirrosa que la observaban ensanchados mientras recitaban algo sobre la seguridad de los peatones.
-No te preocupes, esto me sucede todo el tiempo. Todos aseguran que me aparezco de la nada, así que ya me he acostumbrado.
La menor decía esto con sinceridad, pero de todas formas, como ambas bien sabían, chocar con Rochelle estaba en una liga completamente diferente de chocar con cualquier otra criatura en la escuela.
-Entiendo, pero creo que es lo correcto mencionar que tú no sales de la nada, no es posible aparecer de esa manera- con voz estricta le hablo de como la materia no puede crearse de la nada, mientras le ofrecía ayuda para levantarse y recobrar el equilibrio.
Twyla le sonrió con notas de sarcasmos y aceptó la ayuda. Las manos de Rochelle, aunque pesadas y con diversos bordes afilados, ahora tenían un aire tierno y delicado mientras re acomodaban el fleco de la menor. En esos momentos en que estuvieron de frente, Twyla pudo ver a travez de las sonrisas de Rochelle los prominentes caninos de la mandíbula, que asomaban ligeramente sobre sus labios. La pequeña de piel ceniza podía verse simple y perderse en la multitud, pero sabía más de lo que parecía, después de todo su padre era el amo de la transformación, el ser con todos los rostros. Por esto, sabía que Rochelle no debía tener colmillos como esos.
-Así está mejor. Lamento profundamente haberte lastimado y sorprendido, espero puedas perdonarme.
-En serio, no es para tanto- tanta atención comenzaba a ponerla incómoda, ademas, sospechaba que Rochelle tenía razones bastante importantes para recorrer los pasillos como gacela en estampida- No te preocupes, ibas apurada y yo estaba en medio del camino. A todo esto, ¿no llegarás tarde a... ?
Rochelle dejó salir un grito ahogado y fue hasta entonces que sintió sus colmillos que ahora presionaban contra su labio superior. Llevando su mano izquierda hacia la su boca, rodeó a Twyla y dio un par de pasos que sirvieron de propulsión. Segundos después, estaba volando por los pasillos de Monster High, esquivando los diversos estandartes, pancartas y telas de araña que adornaban los altos arcos. Así como ella, su mente estaba al mil por hora. Diversas preguntas se formaban pero se evaporaban rápidamente, no quería preocuparse con escenarios "¿Que tal si...?", pues eso solo lo haría peor. Sus alas, que llevaban tiempo sin estrecharse en su totalidad, dejaban salir uno que otro llanto al ser llevadas al límite.
Tardo solo cinco bifurcaciones en encontrarse por fin frente a su locker, donde con la mayor sutileza pero la mayor velocidad aterrizó e intentó utilizar la combinación para abrir el pequeño candado aperlado. Debido a su desesperación y sus garras que ahora medían el doble de lo usual, el candado se negaba a ceder. Un intento, dos intentos, tres intentos, ¡crack!
Con el candado hecho añicos en el suelo, Rochelle abrió la gran puerta en forma de ataúd y empezó a buscar los diversos frascos que necesitaba. El locker de la gárgola era en muchos aspectos como el de cualquier otra adolescente: había libros del curso actual y del pasado, fotografías de sus amigas tapizaban la puerta junto con un espejo de mediano tamaño, que era lo mínimo suficiente para afinar los últimos detalles en las mañanas, tenía una modesta cantidad de maquillaje y finalmente, un florero con rosas negras que debían haber sido cambiadas hace un par de días. Lo que diferenciaba a Rochelle de las otras tantas chicas que tenían lockers en Monster High eran las limas de bajo número, las herramientas de escultura, los suplementos alimenticios, el olor a mármol y cemento y finalmente, las pastillas que buscaba en frenesí.
Derribando el florero que una vez se había encontrado en su dormitorio, encontró los frascos que se escondían bajo una de sus licras para danza. Los abrió, y entonces reinó la paz.
Cuando Rochelle se hubo tranquilizado y sus manos, ahora con garras de tamaño apropiado, dejaron de temblar pudo alzar la vista hacia el pasillo donde se encontraba parada. En su desesperación se quedo cegada a sus alrededores, por lo que no oyó la campana que marcaba el final de la clase, o a todos los alumnos que salieron como el vapor de una olla de sus respectivos salones. No oyó los susurros preocupados de la multitud que la veía mientras destrozaba su locker en búsqueda de sus pastillas. Todo esto lo supo después de haber tomado los medicamentos y haber mantenido la transformación controlada. De la multitud reacia emergieron varias figuras conocidas: Venus, Jackson y Sirena la veían con dos sentimientos diferentes, ambos que la lastimaban.
Viendo que Rochelle estaba petrificada y con conocimiento de causa Venus tomó la iniciativa, seguida de Jackson. Ambos se acercaron con cuidado, pues ya sabían lo que las famosas pastillas implicaban y lo que hacían. El chico a pesar de tener un historial más corto con Rochelle de lo que Venus y Robecca, había logrado entablar con la gárgola una amistad cercana que le hacia rival a las otras dos. Probablemente era una conexión inherente entre aquellos que salían de la norma, cosa que Robecca y Venus aun siendo monstruos no podían entender.
Sirena los veía aun desde el frente de la multitud, llena de curiosidad y renovado interés por Rochelle, ¿Quién diría que era tan fuerte? ¿Todas las gárgolas se transformaban así? Su mente comenzó a dispersarse llena de preguntas que llevaban a otras y a otras. Fue cuando la gárgola dejó salir un respingo seguido de llanto ahogado que regresó al mundo real, donde estaba flotando junto a un grupo de monstruos que observaban con morbo a alguien por sobresalir más de lo común. De ella se apoderó un sentimiento que desde que había logrado el intercambio a Monster High junto con sus amigos no se había presentado, y fue el de injusticia. Floto unos cuantos centímetros lejos de piso y se volvió a la multitud con los brazos abiertos, actuando como una barrera entre los espectadores y el espectáculo.
-Vamos, sigan su camino, anden que aquí no hay nada que ver. ¡Como van!
Gritando cada frase más alto que la anterior, logró dispersar a la multitud en poco tiempo, quienes se sintieron expuestos por su conducta, o ya habían visto lo suficiente. Seguido de esto, levitó suavemente hacia donde Jackson abrazaba y calmaba a Rochelle, pero al ver a la gárgola tan dolida y la manera en la que la estaba sosteniendo el chico normie, decidió desplazarse en la dirección contraria. Al parecer no había mucho que ella pudiese hacer, pues lo estaban haciendo por ella. Sirena no sabía que había causado tal reacción en Rochelle, pero sentía qué tal vez en el fondo, no eran tan diferentes.
Rochelle no vio el acto heroico de Sirena, ni como su intento de conectar fue reemplazado por lejanía. Lo único que podía ver era a Jackson, que se hallaba frente a ella, indicándole la cadencia de su respiración: aspira... dos, tres, suelta... dos, tres, cuatro y repite. Estos ejercicios le resultaban bastante efectivos y probablemente era por que Jackson los conocía demasiado bien.
Una vez el desastre en el pasillo fue controlado, Venus se reencontró con Rochelle y Jackson quienes seguían con ejercicios de respiración, con la diferencia de que la urgencia disfrazada en la voz del chico se había perdido, y ahora la reemplazaba calma real.
Así como las garras y colmillos se habían retraído, también lo había hecho el pánico de Rochelle. La preocupación de no poder saber que conclusiones que iban a tener todos aquellos que la habían visto seguía rondando su mente, pero ahora gran parte de su energía se había ido con el ataque de adrenalina, el llanto y su cuerpo revirtiendo la transformación. Sintió sus rodillas ceder un poco, lo que le dejó saber que debía llegar a su dormitorio lo antes posible.
-Désolé, mais je dois y aller. Je dois aller dans la chambre. Je ne peux pas... -las figuras alrededor de la gárgola comenzaron a verse fluidas. Los colores se fusionaban, ya nada tenía sentido- Oh mon Dieu, si gentil avec moi. Je vous remercie profondément, beau. Que puis-je faire pour vous remercier?
Con este último delirio, Rochelle se volvió hacia Jackson y con torpes ademanes intento acariciar su mejilla.
Venus intervino en el momento adecuado para evitar que Rochelle siguiese expresando su gratitud, sosteniéndola con sus vainas. Estas se enrollaron firmemente en el cuerpo de la gárgola, impidiendo que pudiese mover sus garras. Un par de monstruos que transitaban el pasillo se detuvieron unos segundos para observar la escena, pero rápidamente fingieron demencia y siguieron su camino.
-Vamos primor, lo mejor es que te llevemos a tu cama. No seas peleonera.
Las vainas verde limón se ciñeron mas al cuerpo de la gárgola y detuvieron los forcejeos de esta. Caminando junto a Venus, Jackson pensaba en cómo era más poderosa de lo que parecía, aunque a decir verdad, pensaba lo mismo de Robecca y de Rochelle.
Fue en una clase de arte donde entendió el poder destructivo de Rochelle, y todo gracias a Toralei. La felina, como era costumbre, después de 15 minutos de clase comenzó a molestar a cualquiera ligeramente vulnerable. Jackson, que había desarrollado algo así como un radar para peligro de índole escolar, se dio cuenta instantáneamente y vio como la trayectoria del desastre atigrado inevitablemente llegaría a el.
El chico no estaba preocupado por ser molestado por Toralei. La felina malhumorada no podía importarle menos, pero ese día no era solamente el. Rochelle estaba sentada a su lado y trabajaba intensamente en el proyecto de ese mes. Jackson era una persona muy artística, pero en cuanto a la escultura se refería estaba perdido, por lo que cuando la gárgola se acercó a él para ser su compañera de equipo, la resistencia de su parte fue nula. El sabía que Rochelle tenía poco tiempo intentando la normalidad de los monstruos adolescentes, por lo que le tenía mucha paciencia y la apoyaba mucho, el problema era que Toralei no tenía planes de tener consideración alguna. Y así fue.
Toralei llegó a su mesa e hizo lo que mejor sabía hacer, lo que causó que Rochelle hiciese lo esperado. La gárgola tenía la mecha muy corta, por lo que terminó gritando a Toralei. Jackson que ahora veía la situación en retrospectiva, se daba cuenta que haber intentado defender a Rochelle al pararse literalmente en medio del conflicto era la peor decisión, pero eso no lo vio en el momento. Rochelle sin pensarlo dos veces, le empujó para quitarlo de en medio, haciendo que se golpeara con los ornados muebles de herrería que decoraban el salón.
El recuerdo del dolor punzante en la nuca lo devolvió al presente, caminando por los pasillos con piso semejante a tablero de ajedrez. Estaban por llegar a la última bifurcación antes de la "sala común extendida" de los estudiantes de intercambio lo que era un alivio. La especialidad de Venus era la resistencia, pero aun para ella, el cargar a Rochelle se había vuelto cansado. Pasaron arco tras arco mientras caminaban en silencio, que de repente, era interrumpido por suspiros o las suelas de sus zapatos al arrastrarse. No era que no se agradasen, pero sus maneras de procesar las cosas eran distintas.
Jackson estaba pensando en cómo ayudar a Rochelle y cómo deshacerse de cualquier chisme que pudiese surgir entre el alumnado. El chico tenía cierta aversión hacia la superficialidad adolescente, pero considerando que las relaciones monstruo-humanas no eran perfectas, y no todos tenían los privilegios que el y muchos de sus amigos, no se enfadaba en realidad con los monstruos con fanatismo por los chismes y el drama.
Por otro lado Venus, quien compartía algo de la aversión por los chismes, no estaba pensando en un plan, y realmente, no pensaba mucho en realidad. Venus caminaba en silencio, con los dientes rechinando y los cilios que sobresalían de sus labios estaban tensos, en búsqueda de una presa. Si algo compartían la chica de color clorofila y la gárgola, era el mal temperamento y la mecha corta. Esto le daba balance a su grupo, de una forma u otra, si todos fueran metódicos no sería nada divertido, pero si todos atacasen primero e hicieran preguntas después no tendrían mucho progreso. Por esto mismo, Venus confiaba en el juicio de Jackson y Robecca, y se obligaba a esperar sus planes. Ellos eran los generales, ella y Rochelle eran el ejército.
Finalmente salieron del edificio y siguieron los caminos adoquinados que llevaban a los dormitorios. Así como terminaba su travesía sonó la campana, anunciando el final de el día escolar. De haber estado dentro del edificio principal, el ruido de los alumnos saliendo de clase, las pláticas y el movimiento constante en los lockers habría sido apabullante, pero cruzando los jardines llenos de setos y árboles encantados, aquel ruido no era más que un murmullo en la lejanía. Jackson siempre considero extraño como en Monster High parecían suceder un sinfín de tragedias y desastres a los que el resto del mundo era ignorante. Cada semana era una historia nueva, tan grandiosa como la anterior y aun así, no duraba mucho en la memoria. Después de un tiempo sin embargo, se acostumbró y asumió que así como el murmullo de la vida diaria, todo era ahogado en los pasillos de altos techos y después de un par de semanas, era como si nada hubiese sucedido.
Atravesaron la sala común de las residencias, pasaron junto a la cocina y tomaron la escalera a la derecha de la fuente. Las escaleras fueron un verdadero desafío, pero afortunadamente, solo tuvieron que subir un par de niveles. El peso de Rochelle tenía un par de beneficios, como lo era asegurarle un lugar en los primeros pisos de aquel edificio, aun cuando los tejados parecían más indicados para ella.
Las puertas de los dormitorios eran todas iguales, talladas de madera rojiza matte y con un arco en la parte superior. La gran diferencia se hallaba en la parte interior. En la habitación de las monstruo amigas habían tres camas, cada una salida de un catálogo muy diferente a las otras.
Después de un proceso que en realidad era muy sencillo, pero les había quitado toda la energía, pudieron posar a Rochelle en su cama para después arroparla y finalmente pasar la hoja.
***
Era el cuatro día en que en la mesa junto a la máquina expendedora solo se sentaban cuatro personas. Cada día cuando sonaba la campana que liberaba a los alumnos de las diversas clases, tanto Neighthan como Jackson esperaban ver a Rochelle acompañarlos por fin, cada uno con motivos totalmente diferentes. Neighthan seguía encaprichado con ayudar a Rochelle a como diera lugar, y Jackson solo quería volver a la normalidad.
Mientras comía su porción ensalada y queso "llorante", Neightan consideraba las probabilidades en su plan de escape. La mesa con Avea y las chicas siempre era una opción, pero desde el "incidente" Sirena se había puesto muy pesada y era mejor evitarla. La mesa de las "chiquis" como la llamaba Clawdeen era un buen contendiente pues Neighthan había entablado algo así como una relación con Twyla. Después de estas dos, el resto de las mesas no eran tan convincentes. La mesa monisima de Frankie y compañía era verdaderamente exhaustiva y en la mesa de Clawd, Deuce y el resto de los deportistas se sentía demasiado fuera de lugar. La mesa de Manny era un "no" definitivo.
Finalmente, después de mucho considerar y sopesar sus opciones, decidió que lo mejor era hacer nada y quedarse ahí, como el cobarde que era. Jackson tenía un hilo de pensamientos relativamente similares. Sus posibles "mesas de adopción" eran más amplias que las de Neightan e incluso las catacumbas se volvían una opción si el ritmo de su desesperación iba a 4/4, pero el no tenía planes de huir. El chico se encontraba en un extraño limbo en el que no sabía si lo correcto era confrontar la situación, o sacar la bandera blanca, y todo tenía que ver con viejos amigos de la infancia, aunque amigos no era una manera sutil de denominarlo y tampoco tenía tacto. Cómo era común, de tanto pensar en el problema, se quedaba atascado y al final, no hacia algo al respecto. Como un rio, la situación seguía su curso y el se quedaba en el fondo, viendo la corriente pasar.
Lo minutos se sintieron como horas, pero finalmente terminó el receso, y los integrantes de la mesa pudieron huir a sus respectivas clases. Para su buena o mala suerte, en el horario de ambos chicos seguía la misma clase: Química no Humana.
Ambos se levantaron sabiendo que tendrían que caminar por los mismos pasillos, al mismo salón y seguir con la tensión en el aire durante cincuenta minutos más. Neightan, siendo más rápido al tomar las decisiones se despidió apresuradamente de las chicas e intentó arrebatar sus charolas y platos para salir corriendo. Tenía que evitar todo este asunto con el normie y concentrarse en Rochelle, después de todo, su problema ya era cosa del pasado y definitivamente, no le importaba para nada.
Con varios tropezones pero cero caídas, llego a uno de los contenedores para charolas e indumentario no desechable y espero su turno. En la fila lo acompaño Invisi Billy quien comenzó a contarle un chiste o hacerle una jugarreta, no estaba seguro. Su atención estaba en otro lugar. Billy no tardó mucho en darse cuenta por lo que lo dejó en paz; conocía al híbrido de manera muy superficial pero de todas formas, su conducta le parecía extraña. Pensó lo más fuerte que pudo sus dudas sobre el chico parte zombie, para escuchar una voz familiar en su cabeza.
Neighthan por otro lado dejó sus cosas y se dirigió al laboratorio "V". Jackson, así como Neightan era malo para manejar la confrontación y aquello que conllevaba conflicto, pero al menos era mejor al disimularlo. Para su mala suerte, Neighthan había alertado a Billy, que consecuentemente había alertado a Scarah y una vez que Scarah estaba en el caso, poco había que se le podía esconder. Cuando Jackson paso por el contenedor para las charolas, hizo lo mejor para verse tranquilo, pero eso no quito que Scarah y Billy lo viesen sabiendo todo. La mirada de sorpresa era igual para los dos, ¿Quién lo hubiese dicho? Scarah estaba conmovida, pero Billy estaba estupefacto. Si tan solo pudiese hacérselo saber a los otros.
Este pensamiento le propinó un golpe en el hombro por parte de la banshee a su lado.
-Que no se te vuelva a ocurrir- retumbó en los rincones de la conciencia de Billy.
***
La habitación que le correspondía a Rochelle y a las otras dos chicas estaba muy iluminada, lo que ayudaba a Rochelle a levantarse con el primer rayo del sol. En realidad, la gárgola nunca había sido el tipo de persona que necesitaba alarmas o algún método similar, la verdad era que ella se proponía levantarse a una hora y lo hacia, ni más ni menos. Todo el rollo de levantarse gracias al sol había surgido de una discusión que había tenido con Robecca poco tiempo después de haberla conocido. La chica mecánica se había deprimido horrores después de saber de la puntualidad exacta de Rochelle, por lo que para calmarla, inventó aquello. Claro que no fue su idea, sino de Venus.
Hecha ovillo en su cama, recordando a sus compañeras de cuarto se sentía cada vez más pequeña, pero no más ligera. Jamás en sus 417 años de vida había faltado a alguna clase, cita o algo de índole similar y ahora en su historial, había cuatro faltas injustificadas que echaban todo por la borda. Los primeros tres días se había sentido enferma y asumía que la subida de adrenalina y estrés habían tenido efecto físicamente en la forma de un resfriado "resquebrajante". Pero el cuarto día el resfriado se había ido y la falta de energía seguía, y es que cuando estaba resfriada su cerebro carburaba muy poco como para pensar en otra cosa que no fuese cuidar las grietas que sus estornudos causaban.
Ahora con la mente clara, la ansiedad la consumía. Estaba segura que si revisaba su teléfono, estaría inundada de notificaciones causadas por algún estrafalario artículo en aquel blog sin escrúpulos que a Spectra le fascinaba manejar. Lo más seguro es que hubiese hablado con Twyla y la chiquilla hubiera soltado todo lo que sabía. También debía haber contactado a Kiyomi para completar sus fuentes, quien podía verse seria y tímida pero su pasatiempo voyerista la dejaba solo un par de peldaños arriba de Spectra en cuanto a la escala de "monstruos respetables" que Rochelle aplicaba.
Un par de "¡pings!" salieron de su teléfono casi de manera cómica. Los muchos mensajes que había recibido no eran causados por algún chisme sin pies ni cabeza, sino por sus amigos. Tal vez si se hubiera animado a revisar las notificaciones se habría sentido mejor viendo las fotos del atardecer que le había enviado Robecca, o el "mixtape" que Holt le había hecho. Los apuntes de Frankie e Iris le habrían ayudado a mantenerse al día y no perderse cuando se reincorporase a clases y las "recetas médicas" y remedios que Jackson le prescribía le hubiesen sacado una carcajada.
Pero nada de eso sucedió. Estaba atrapada en las pesadas colchas de finos hilos metálicos y en las sábanas encantadas. En ellas encontraba seguridad. Se dejó ir y perderse en sueños hasta que su cuerpo no pudo dormir más y llegado a ese punto, recorrió las pesadas cortinas que colgaban del techo, ocultando su cama del resto de la habitación. El antiguo reloj en el centro de la habitación marcaba la 1:30 de la tarde, por lo que Venus y Robecca tardarían en llegar.
Como bandido huyendo de la vista, se deslizo por la habitación hasta llegar a la puerta. Envuelta en la colcha, recorrió el pasillo y bajo las escaleras para ir a los baños. Su reflejo no fue amable con ella, pero ignoró su pésimo estado dejando la colcha sobre el borde de la gran estructura rectangular que servía como múltiples lavabos y prosiguió al fondo de la habitación, donde los cubículos para las pertenencias de las alumnas se encontraba. A diferencia de los lockers, estos no tenían forma de ataúd, pero compartían los tonos morados y rosas de sus contrapartes. Los pequeños cubos de madera contrastaban con el estilo minimalista y pulcro del resto del baño excepto por la paleta de colores. La falta de puertas había preocupado a Rochelle en un inicio, pero se había acostumbrado a la seguridad que implicaba el baño de chicas, por lo que se le olvidó pronto. De su locker, el tercero de izquierda a derecha, y primero segundo de arriba hacia abajo, tomó sus reglamentarias pastillas, su crema de escamas de serpiente solar y un par de ligas reforzadas.
Volvió a donde el gran espejo sobre los lavabos; las lozas del piso casi tan frías como su propia piel reflejaban su figura con mínima distorsión. Mientras Rochelle seguía su rutina de cuidado de la piel se dedicó a observar su grieta favorita en la habitación. La había visto desde el primer día, pues se podía decir que tenía un ojo para esas cosas. Estaba cerca de la esquina del fondo y se ocultaba en la herrería con forma de telaraña que acompañaba los postes negros que daban estructura al cuarto, pero aun así, ella la veía. Las gárgolas tenían una relación extraña con las grietas, pues unas significaban el desgaste y decadencia mientras que otras podían ser consideradas bellas. Fuera de su cerrada comunidad, era difícil interpretar.
Esa grieta en particular le parecía extremadamente bella. Su belleza era sutil y no era apreciada por muchos, pero eso no le quitaba su brillo. Era, como la mayoría de las grietas, torcida y se extendía como raíces delgadas. Tener una grieta no significaba que el edificio estuviese en mal estado o que tenía que ser borrada. La grieta era una parte natural del edificio y dejaba ver un poco de la historia del mismo.
Si tan solo otros pudieran verla de esa manera. Pero la realidad era otra, una donde una grieta solo era una grieta y la reacción automática implicaba ocultarla y repararla. Eso había ocurrido con el resto de las grietas, pensó Rochelle, pero su favorita estaba oculta y segura fuera de los ojos del mundo. Mientras nadie la encontrara, mientras nadie la viera, seguiría allí.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando una figura irrumpió en el baño. La alta y exótica Amanita llenó el cuarto de perfume tan solo dio un paso en el interior. El tufo no tardo en golpear a Rochelle, quien al verse expuesta se petrificó como ciervo iluminado por las luces de un auto. Amanita tenía poco de haber llegado a Monster High, pero en ese poco tiempo, había tomado el manto que Nefera De Nile había dejado atrás al abandonar la escuela. La alta chica de melena oscura observó a Rochelle de pies a cabeza, analizando lo que tenía en frente. Su mirada de asombro y disgusto habría sido evitada de haberse quedado bajo la colcha, pensó Rochelle, pero era ya muy tarde.
Si tan solo estuviese usando otra pijama, si tuviese la colcha, si no hubiese salido de la habitación.
"¡Click!" Sonido fatídico. Rochelle corrió hacia la puerta, debía obtener ese teléfono a como diera lugar. Sintió sus alas desplegarse, oyó el sonido de las lozas romperse bajo su peso y se elevó, pero cuando salió de la habitación su vista se encontró con el gran grupo de estudiantes que regresaba de las clases, riéndose y cuchicheando, haciendo planes para el fin de semana.
¿Podía ser que había tardado tanto? No. No era eso, pues había planeado salir temprano para volver antes que todos, incluso había revisado el reloj. Mientras se hallaba congelada en pleno vuelo, la multitud lentamente comenzó a conectar los puntos. La amenaza que había hecho Amanita en su tweet y sus palabras laberínticas los habían confundido, pero ahora todo era claro. Lo que el día del incidente del locker eran miradas confusas ahora eran miradas extrañadas, algunas ligeramente disgustadas y la mayoría incomodas.
El mundo se detuvo para Rochelle cuando lo entendió. Era viernes, y todos salían temprano. Ahí suspendida en el aire, Rochelle dejó de estar encubierta por la herrería y los postes de madera del mundo y se volvió una grieta más a la vista de todos.
