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Cuando a Rengoku Kyojuro se le pidió ir a la oficina de su jefe, pensó que sería enviado a resolver el problema en el extranjero con la mafia de Lunas superiores, quien era rival de ellos desde hace tanto tiempo que nadie podía decir porqué exactamente inició todo.
Al entrar al conocido salón, los ojos se posaron directamente en la única persona allí, sentado en uno de los muebles, este se dirigió a él enseguida con una sonrisa.
—Rengoku —pronunció el hombre conocido como el jefe, el líder de toda la Yakuza, de cabello burdeo, ojos rojos y una cicatriz en la frente descubierta—. Gracias por haber venido en cuanto te llame, sé que es repentino.
—¡No hay problema! —exclamó el rubio con su habitual sonrisa servicial—. Estaba esperando que me llamara, cualquier cosa que necesite, estoy a la orden.
El hombre con aretes, llamado Kamado Tanjirou, sonrió ampliamente, casi como si esperara esa respuesta de parte de este. No había nadie más confiable para Tanjirou que Kyojuro, todos sabían que de todos era el más admirado y la mano derecha.
—Bien, porque tengo un trabajo para ti, uno que es sumamente importante, algo que no le pediría a cualquiera y tú eres excelente para esto.
La expresión de Rengoku se hizo más seria, mientras luchaba por guardar su sorpresa, ante la explicación de Tanjirou de lo que estaba por hacer las próximas semanas.
Lo primero que vio cuando las puertas se abrieron por los guardias, fue la figura de un hombre de cabellera rubia larga, sentado con una gracia tan elegante en una de las mesas que decoraba el patio de la mansión Kamado.
La vista era hermosa, pero no fue por el maravilloso jardín que ese fugaz pensamiento vino a su mente.
Zenitsu es el nombre de su trabajo por estas semanas, debía proteger y cuidar de esta persona con su vida. Conocía a esta persona, pero en todos estos años jamás se relacionaron más allá de unos saludos y algunas palabras. No era correcto, eso pensaba él, tener una relación más cercana, de todas las personas, con el esposo de su jefe.
Kyojuro siempre creyó que era como el oro, desde el momento en que Zenitsu fue presentado en la fiesta de compromiso de Tanjirou.
—¿Hola? —una voz interrumpió sus pensamientos.
—¡Lo lamento! —se disculpó con una reverencia—. Estoy aquí por órdenes de Kamado, seré quien se encargue de su seguridad por las próximas semanas, mi nombre es Rengoku Kyojuro.
El rubio de cabello largo parpadeó, se veía un tanto incómodo, se removió en la silla un poco y los finos labios forzaron una sonrisa.
—Te conozco, eres en quien más confía Tanjirou, lo sé —Zenitsu se acomodó detrás de la oreja un cabello suelto, un detalle que Kyojuro no pasó de largo—. Pero, ¿Está bien esto? Le dije a Tanjirou que no era- No sé si esta bien que use a sus hombres como niñeras, aunque si quiero tener a alguien que me proteja.
—No soy una niñera —contestó el hombre más alto con otra sonrisa—. Seré su protector, y él me ha dado este trabajo por la razón que ha dicho, soy en quien más confía. Prometí que daría todo de mi para mantenerte a salvo y cumpliré, es mi deber —las cejas se fruncieron en una expresión más dura.
Por como los ojos color miel se agrandaron, Zenitsu se veía sorprendido por las palabras de Rengoku. Por un momento, parecía que el joven seguía sin estar convencido, pero su expresión cambió a una de resignación.
Había pasado un tiempo desde que no lo apreciaba de tan cerca, muchas cosas que pasó por alto, como la forma en que los labios del rubio más bajo se fruncían cuando algo no le gustaba del todo, o cuando pensaba demasiado en algo, incluso los bajos gruñidos que por poco no lograba captar por su sordera parcial.
Estaba empezando a sentirse nervioso, y esa reacción es demasiado extraña en él.
—Está bien, creo que esta bien —Zenitsu agitó la mano sin darle más vueltas al asunto—. Dime, ¿Me conoces? ¿Tanjirou te dijo algo de mí?
Los ojos del hombre más joven eran de un color caramelo mezclado con chocolate, se veían dulces y brillantes, con las rubias pestañas gruesas haciendo destacar aún más la mirada impaciente que tenía. Kyojuro podría perderse en el movimiento de cada parpadeo que el rubio hacía.
Se estaba distrayendo.
—Él dijo que si bajaba la guardia podría cortarme la garganta en un instante, claro, si quisieras hacerlo —Kyojuro mantuvo una sonrisa al hablar, el ceño se relajó y continuó—. Es una persona fuerte, pero no ve su propia fuerza, son las palabras de Kamado.
Zenitsu miró a Rengoku como si a este le hubiera salido otra cabeza, abrió la boca, quizás queriendo contradecir las palabras del hombre con el cabello similar al fuego, o más bien lo que Tanjirou había dicho de su persona, pero cerró la boca un segundo después. El rubio más joven apartó la mirada del otro, desviando los ojos hacia el paisaje, Kyojuro pudo ver el ceño fruncido, y estaba murmurando algo que no alcanzaba a oír.
La conversación paró allí, no hubo ningún intercambio de palabras por minutos, Kyojuro podía decir que fueron alrededor de treinta minutos, donde sólo observaba a Zenitsu mirar hacia las flores, lo escuchaba suspirar de vez en cuando y lo veía revisar el celular que se encontraba en la mesa.
—Es incómodo —dijo el rubio de larga cabellera, girando para verlo con una expresión molesta—, que te quedes allí parado sólo observando es muy incómodo, ¿No puedes sentarte a mi lado? Me pones la piel de gallina —hizo un gesto exagerado de estar temblando, abrazándose de sí mismo y rechinando los dientes.
Rengoku se desconcertó por un instante, aunque seguía teniendo una sonrisa en los labios, y después de un minuto de estar mirándose a los ojos, entendió y caminó para sentarse con los brazos cruzados al pecho en una de las sillas vacías de la mesa.
Tenía que mejorar en esto, porque estaba siendo extremadamente ridículo.
—Serán unas semanas bastante largas —Zenitsu suspiró apoyando el codo en la mesa para poner el peso de la cabeza en la palma de su mano.
Oh, si que lo serían, Kyojuro pudo coincidir en esta.
La reunión acabó en tensión ese día, la ausencia de Tanjirou era bastante pesada entre las cabezas de la organización, aunque Zenitsu se encargaba cuando este no se encontraba presente —lo cual no solía ocurrir con frecuencia, vale decir— no era lo mismo. El rubio se estresaba y lloraba por ratos prolongados diciendo que dirigir no era lo suyo.
Aunque, si se lo preguntaran, Kyojuro diría, al igual que todos, que Zenitsu daba tanto miedo como Tanjirou si le hacían perder la paciencia.
Era asombroso.
—Necesito una píldora, lo antes posible, estos cabeza dura me dan migraña, nunca entiendo como Tanjirou puede salir tan fresco —Zenitsu se quejó cuando todos los hombres dejaron se marcharon de la sala.
En aquella habitación, sólo estaban los dos. Uno de ellos sentado en la gran mesa todavía, recostando la cabeza y murmurando maldiciones a cada uno de los que estaban antes presentes.
—¡Lo has hecho bastante bien! —felicitó enseguida, durante todo la reunión estuvo parado a un lado del rubio menor—. Estoy seguro de que Kamado estaría orgulloso, fue muy valiente cuando calló a todos, ellos le obedecieron sin rodeos.
Zenitsu llevó una hasta su boca, tratando de reprimir una sonrisa, pero fue inevitable que una risilla escapara y, por fortuna, Kyojuro pudo oírla perfectamente.
No lo había escuchado reír ni una sola vez, era la primera vez.
Wow, era incluso mejor de lo que imagino.
—¿Eso crees? ¿Me vi genial haciendo eso? ¡No puedo creerlo! —sacudió las manos, las llevó hasta sus mejillas manchadas por un sonrojo de vergüenza—. No te pienso creer en nada si dices cosas así, en serio —Zenitsu volvió a recostar la cabeza en la mesa, observando al otro con una suave sonrisa y sobre sus pestañas rubias, el largo cabello cayó por la mesa.
Es demasiado.
Rengoku no apartó la mirada de la figura del menor, no se mostró afectado o se movió, pero la sonrisa en sus labios empezaba a tambalear y el corazón le delataría en cualquier momento.
El sonido de una llamada interrumpió el silencio.
Zenitsu saltó de su asiento enseguida, buscando el celular y deslizando la pantalla para responder enseguida a la llamada que estaba recibiendo. Era obvio de quién se trataba.
—¡Tanjirouuu! —canturreo el joven en cuanto atendió el celular—. ¡No tienes idea de todo lo que he tenido que pasar! ¡Tienes que volver enseguida! ¡Será mejor que vuelvas ahora Tanjirou, o te haré pagar, gran frente!
La conversación se hizo larga, con los chillidos de Zenitsu de fondo, no podía oír lo que decía su jefe del otro lado, pero podía imaginar que podía estar diciendo para que las expresiones de enojo e irritación del rubio cambiarán a ojos brillantes, sonrisas grandes y unas mejillas pintadas de un bonito color rosa.
Después de todo, ellos realmente se amaban.
Él sólo asiente a Zenitsu cuando este le hace una señal de que deberían marcharse.
—La familia de Rengoku-san está ligada a la Yakuza desde hace muchos años, ¿No esa así?
La pregunta toma desprevenido a Kyojuro, pero debió ser por el largo silencio que se instaló cuando la llamada de Zenitsu había acabado y se encontraban en el auto devuelta a la mansión Kamado.
—¡Si, desde hace muchas generaciones! —respondió con un asentimiento y una sonrisa, los brazos se cruzaron en su pecho en su característica postura —. Mi padre fue alguna vez la mano derecha de Kamado Tanjurou, y mi bisabuelo del bisabuelo de Kamado. Hay una gran historia de todos los Rengoku que fueron parte de la Yakuza.
Zenitsu hizo un gesto de asombro e interés, Kyojuro no se perdió ni un segundo.
—¿Alguna vez quisiste ser algo más que un Yakuza? —el de ojos miel desvió la mirada hacia la ventana, perdido en el camino y el paisaje en el que se adentraba.
Oh.
Ahora que lo piensa, nunca se hizo esa pregunta, ¿Alguna vez alguien se la había hecho? Realmente no pensaba en nada más que en su trabajo, en su deber y su familia. Las palabras que alguna vez su madre le dijo antes de que falleciera, el querer proteger a su hermano menor, Senjuro, y quizás, tal vez alguna vez, enorgullecer a su padre.
—No, creo que nunca he querido ser nada más —contestó seriamente, el mayor movió la cabeza y miró al otro a los ojos—. Esto es lo que siempre hemos sido los Rengoku, y es lo que siempre he querido hacer, está en mí —sonrió con las cejas ligeramente fruncidas.
Zenitsu le devolvió la sonrisa, una más suave, y los ojos grandes tuvieron un destello triste. No sabía que era, pero a Kyojuro no le gustaba.
—Debe ser asombroso, hacer lo que siempre quisiste hacer —murmuró el hombre más bajo, por poco las palabras no son alcanzadas por Rengoku debido al tono tan bajo con el que habló—. En serio eres increíble ¿No?
—¿Qué es lo que querías hacer? —el de cabello como el fuego se atrevió a preguntar esta vez, se sintió con el derecho por la pregunta del menor.
El rubio de cabello más largo apartó la cabeza de la ventana, se giró para verlo con los ojos en grande, tampoco esperaba que se le preguntara algo, mucho menos eso. Hizo un gesto pensativo, tal vez decidiendo sin contestar o no, o buscando qué podía decir a la pregunta.
—No esto, eso es seguro —soltó Zenitsu con una sonrisa exasperada—. Alguna vez, cuando era un niño huérfano, quise ser un hombre con un trabajo normal, una familia normal, quería algo ordinario y tranquilo, casarme con una mujer hermosa y amorosa, cosas así —un brillo nostálgico se formó en los ojos miel del joven.
Una vida normal, eh, eso no estaba mal en absoluto. Pero la vida de Zenitsu no era para nada como antes quería que fuera.
—No se cumplió ese tonto sueño, pero no me importa, estoy bien ahora, mucho mejor de lo que pude imaginar alguna vez, tengo una familia y alguien que me ama, tengo todo esto, y creo que no lo cambiaría por nada —finalizó con un suspiro el menor—. ¿Tú pedirías algo más?
La conversación había acabado justo a tiempo, el auto se encontraba a nada de estacionarse en la casa Kamado. Rengoku salió del carro para abrir la puerta del rubio más joven, escuchando quejas de lo innecesario que era hacer eso y que era ridículamente caballeroso, como Tanjirou.
La mano de Zenitsu era pequeña a comparación con la suya, la piel era tersa, como ninguna otra que hubiera tomado, aunque eran las manos de una persona lo suficientemente fuerte como para noquearte de un solo golpe.
—No, creo que no pediría nada más —dijo el mayor con una sonrisa después de soltar la mano del otro.
Zenitsu no pudo prestarle atención, no cuando de la mansión salía Nezuko junto con Kie para recibirlos, a Kyojuro no le molestó. Estaba bien así.
Nunca había tenido tiempo para enamorarse, tampoco había encontrado a alguien de quien enamorarse. Para ser sincero, Kyojuro no pensaba en muchas cosas además de poner todo su corazón en el deber y en su familia.
Su madre Ruka le dijo, hace tantos años, que nació fuerte para defender a los débiles; siempre creyó firmemente en que era su propósito en este mundo. Cosas como el amor sobre el deber no estaban en los planes de Kyojuro. Quizás casarse y tener una familia para mantener el linaje era algo que le deparaba el futuro, tal como a todos sus antecesores.
Incluso después de la pérdida de su madre, de cómo su padre Shinjuro se perdió en el camino, Kyojuro mantuvo una fuerte voluntad de seguir lo que su corazón pensaba debía ser, eliminar cada obstáculo, deshacerse de cada distracción, ir siempre hacia adelante.
Tal vez es un tropiezo, de esos inevitables, como los baches en un camino, eso pensó.
La fiesta de compromiso de su jefe no era enorme o ostentosa, no como la mayoría creía que podía ser, los invitados eran pocos, una gran parte de la Yakuza estaba allí, amigos cercanos y la familia, eso incluía a Kyojuro, no sólo como invitado sino como encargado de la seguridad del lugar.
Tenía conocimiento de la familia del prometido de Tanjirou, Jigoro Kuwajima fue alguna vez parte de la Yakuza, aunque se había retirado hace tiempo después de una lesión, pero este seguía yendo a reuniones importantes si era invitado personalmente por los Kamado.
Zenitsu estaba allí, el nieto adoptivo de Kuwajima —prometido de Tanjirou, el próximo jefe de la organización—, y también se encontraba su otro nieto Kaigaku —encargado de los negocios de la Yakuza—. Conocía la historia de los dos, por supuesto, probablemente no existía nada que Kyojuro no supiera de las personas presentes en la sala de fiesta, era su deber después de todo. Pero, no conocía al rubio ni siquiera de lejos.
Ahí estaba, similar al oro, o incluso mejor que el mismo, fue lo que pensó Kyojuro cuando Zenitsu se le fue presentado por Tanjirou.
—Zenitsu ha sido mi amigo desde la preparatoria —comentó el burdeo con los ojos puestos sólo en la figura de su lado, tan enternecidos y llenos de amor por el rubio de cabello más largo.
—Tanjirou, tienes que parar de contar esto a todos los que me presentas, es vergonzoso —había sonado molesto, pero la sonrisa en los labios de Zenitsu y el sonrojo en las mejillas no delataban que estuviera de verdad enojado sino abochornado.
—Ya veo, ¡Mis felicitaciones para los dos! ¡Espero tengan una larga vida juntos! —exclamó el mayor con una gran sonrisa, le dio algunas palmadas a Tanjirou en el hombro que le devolvió el gesto agradecido por los buenos deseos.
La espalda de la pareja alejándose fue lo último que vio Kyojuro en la fiesta, el resto de la noche se fue en una copa de vino y dirigir a los hombres que vigilaban el área.
No es para él, eso dijo con firmeza su corazón sobre Zenitsu y, por supuesto, Kyojuro lo creyó.
Los días eran largos, las noches se iban volando, la primera semana acabó, y ya era un sábado por la noche.
Es el desafío más difícil que le han dado en la vida, a pesar de que no fue como trabajos anteriores, donde tenía que pelear cuerpo a cuerpo la mayoría de las veces, o mantenerse al margen en una situación de vida o muerte. De hecho, fue bastante tranquilo, alguna amenaza a un idiota que buscaba pasarse de listo o un idiota queriendo cruzar el espacio personal de Zenitsu para cortejarlo.
No era el trabajo, es tener que estar con el rubio de ojos caramelos, pero no le molestaban las quejas, los chillidos, el malhumor o los lloriqueos, mucho menos el mal carácter, no había nada que le molestara realmente. Tal vez estaba demasiado apegado a esto, y le gustaba. Y estaba muy mal.
La noche es acompañada por una melodía tocada por Zenitsu, después de una cena con la familia, ahora sólo están ellos dos en el salón; el rubio más joven piensa que es buen momento para tocar algo en el piano y relajar el ambiente. La ansiedad suele invadir al menor cuando Tanjirou no está, y no hay nada mejor que la música en situaciones así.
—Lo lamento, suelo sólo hacerlo para Tanjirou, realmente no soy tan bueno —Zenitsu parece verdaderamente apenado cuando habla, sin siquiera girarse a verlo a los ojos a pesar de que Kyojuro se encuentra parado a un lado.
En estos días, el hombre de cabello como el fuego pudo saber varias cosas del joven, una de ellas era lo mucho que el otro menosprecia cada cosa que hacía.
No le gusta.
Por un instante, sus cejas se fruncieron.
Kyojuro negó con la cabeza enseguida—. ¡Es asombroso! ¡Había escuchado que sabía tocar muchos instrumentos y que sonaba perfecto, ahora puedo escucharlo por mi mismo y es increíble, tal como me dijeron! —dijo el hombre mayor, el semblante se relajó para mostrar una suave mirada, los labios se curvaron en una sonrisa—. Lamento no poder apreciarlo apropiadamente, debido a mi sordera, pero lo que puedo oír es dulce en mis oídos.
El cuerpo del joven más bajo se quedó quieto, la música paró de sonar, y la cabeza de este se volteó para verlo.
No se sorprendió de encontrarse con unas gruesas cejas fruncidas, pero la sonrisa se hizo más amplia, sin darse cuenta, por lo enrojecida de las mejillas pálidas de Zenitsu.
—No consigues nada halagando como toco, ¡Pero si piensas eso! ¡Puedo tocarte otra pieza! —con una voz chillona, luciendo contento, el rubio acomoda el cabello que se encuentra suelto en su hombro para enderezarse y seguir tocando, esta vez con más fuerza, como si quisiera que las notas llegaran al otro.
Rengoku rió entre dientes, dejó que sus párpados se cerraran y disfrutó de la noche, con el deseo egoísta en su corazón de que este momento durara para siempre.
No existía comida más deliciosa que la de su hermano menor, Senjuro, eso pensaba Kyojuro cada vez que comía algún plato hecho por las manos de Senjuro, todo era tan delicioso, perfecto y hecho con sumo amor.
Ni siquiera la comida del restaurante más caro, o la más humilde.
Entonces, prueba la comida de Zenitsu, por primera vez, y tiene que disculparse mentalmente con su hermano menor, porque parece que alguien rivaliza con el arte culinario de este. Tal vez es un problema del corazón, no sabía si eran sus sentimientos los que le hacían perder el buen juicio sobre la comida, pero no importaba.
—¡Muy delicioso! ¡Está delicioso! —elogió en voz alta el hombre mayor, no se dio cuenta del volumen de su voz hasta que vio el gesto de sorpresa en el rostro del rubio más joven. Por primera vez, sintió vergüenza—. Lo lamento, está realmente- Cocina muy bien.
Zenitsu parpadeó, se acomodó en la silla para tomar los palillos—. Gracias, supongo, es extraño cocinarle a otra persona que no sea Tanjirou o sus hermanos —rascó su mejilla tímidamente.
—¡Ahora puedo entender mejor porque el jefe prefiere comer en casa que en los restaurantes! —exclamó el más alto, tomó otra buena porción de arroz con carne y se lo llevó a la boca, lo disgusto como nunca y sonrió satisfecho, reprimiendo el deseo de gritar lo bueno que estaba.
—No, no, no, estás equivocado, no es así —el rostro del rubio se encendió en rojo, sacudió las manos y la cabeza—. ¡No cocino todo el tiempo! ¡Y no lo hago solo! —apoyó un codo en la mesa para recostar la cabeza—. Solemos hacer la comida juntos, la mayoría de las veces, es eso, ¡Y lo mejor lo hace él! —Zenitsu llevó ambas manos a sus mejillas, soltando risitas y moviéndose como un adolescente enamorado.
Oh, por supuesto.
No es para ti.
Kyojuro soltó los palillos, no faltaba mucho por acabar la comida, pero su apetito desapareció y, por mucho que quisiera, ya no podía comer.
—Creo que debo prepararme, hoy nos toca hacer vigilancia, también tiene una cita en la tarde, no se olvide —se levantó para tomar los platos—. ¡Muchas gracias por la comida! —hizo una ligera reverencia antes de retirarse.
—Ah, claro, entiendo —respondió el rubio, se veía desconcertado por su actitud, pero no le dijo nada al respecto.
Es mucho más que un bache en el camino, mucho más que un tropiezo. Es mucho más que cualquier cosa.
El alcalde de la ciudad había hecho una fiesta, conmemorando algo que no tenía el tiempo para recordar, no era nada sumamente importante, pero al cuidar la imagen no habían dudado en asistir. Kyojuro se encontraba a un lado de Zenitsu, como su guardaespaldas, ambos apartados del resto y sonriendo a cada persona que se acercaba para saludar.
Zenitsu se acomoda el cuello de la camisa, gruñe entre dientes y sostiene la copa en su otra mano. Por el rostro que tiene, sabe que el otro desea estar en cualquier otra parte muy lejos de la fiesta en la que estaban.
—Parece que hoy viene sin la compañía de su esposo, Kamado-san —el hombre conocido como el alcalde, el anfitrión de la fiesta, se había acercado a conversar. Era un anciano egocéntrico, con un tono de voz suave fingido y con un fuerte olor a perfume de marca.
La forma en la que miraba a Zenitsu, no le gustaba a Kyojuro, pero este sólo se limitó a sonreír y hacer una reverencia.
—Mis disculpas por su ausencia, Kinoshita-san, mi esposo ha tenido que irse al extranjero a resolver unos asuntos personalmente, pero estoy seguro de que para la próxima reunión él estará aquí sin falta —contestó el rubio con una cortés sonrisa, pero sin dejar de verse apenado.
Es la viva imagen de la elegancia, pensó asombrado el rubio mayor, pero no se mostró en su cara.
—Por supuesto, espero de verdad que así sea —asintió con la cabeza Kinoshita, sonriendo hasta mostrar sus perfectos dientes—. No me malinterprete, Kamado-san, su presencia aquí es más que apreciada y agradable, pero su esposo es importante también, me hubiera gustado tenerlos a ambos.
—No se preocupe, lo entiendo, mentiría si dijera que no extraño a mi esposo, me gustaría que estuviera aquí conmigo en esta fiesta tan agradable.
Después de una larga charla sobre lo bueno de la comida, la bebida y la música, algunas presentaciones, el alcalde se inclina ante Zenitsu.
—Los dejo solos, tengo que atender a otras personas, por favor, disfrute tanto como quiera de la fiesta —les dio una última sonrisa para marcharse a otro grupo de personas más alejado de ellos.
Cuando el hombre estuvo lo suficientemente lejos, el joven más bajo soltó un largo suspiro y le dio un gran trago a la copa que estuvo descansando en su mano todo ese tiempo. Se veía irritado, molesto y cansado.
—No puedo, hacer todo esto sin Tanjirou es imposible, por poco pierdo la paciencia con sus comentarios fuera de lugar. Necesito beber, urgentemente —levantó la mirada para alcanzar a una de las chicas que llevaban más bebidas a los invitados—. ¿Puedo tomar dos?
La chica asintió con la cabeza y una sonrisa, Zenitsu no perdió el tiempo para tomar las dos copas y agradecerle dulcemente a la joven.
Kyojuro pestañeó cuando una copa obstaculizó su vista.
—¡Lo lamento, pero no debería beber cuando estoy trabajando! —negó con una mano el mayor, sonriendo un poco nervioso. De todos modos, no era un amante del alcohol.
—Por favor, necesito beber con alguien ¿Piensas dejarme solo también en esta? —dijo el rubio de cabello largo, usando un tono de súplica y frunciendo las cejas—. Será sólo esta, no le diré a nadie~ —tarareo con una mirada cómplice.
Reprimiendo un suspiro, Rengoku tomó la copa y asintió con la cabeza ligeramente—. De acuerdo, lo acompañare en esta —tomó un sorbo al mismo tiempo que el otro—. Lo lamento, no quise dejarlo solo en la conversación con Kinoshita-san, pensé que lo estaba manejando muy perfectamente como para entrometerme.
—Bien jugado, te perdonaré —Zenitsu le señaló con un dedo, sonriendo divertido y volvió la cabeza hacia la fiesta.
—Lo he dicho en serio, Kamado-san lo hace muy bien, todo está en perfecto orden gracias a usted —felicitó el de cabellos similar al fuego.
—Zenitsu —soltó el otro girando para verlo.
—¿Cómo? —Kyojuro arqueó las cejas confundido.
—Llámame Zenitsu, si dices Kamado-san es muy extraño, incluso si soy tu jefe, no soy él, los que no son cercanos a mi me llaman por mi apellido, pero no somos extraños ya ¿O si? —corrigió el más bajo volviendo a tomar de la copa—. Esto ya está vacío —arrugó el ceño viendo el vaso sin nada.
El semblante de desconcierto de Kyojuro cambió por una sonrisa, prefirió no comentar nada, tampoco bebió más por esa noche.
Zenitsu huele a alcohol mezclado con el olor del perfume, sudor y algo más que no atiende Kyojuro, pero es delicioso y lo mareó ligeramente. El cuerpo del más joven tambalea mientras se aferra al cuello del hombre mayor, está tan cerca que en más de una ocasión los labios de este han rozado la piel expuesta en el cuello del rubio con larga cabellera.
Está bien, como un Rengoku tiene una fuerte voluntad, y no tartamudea ni un poco mientras tiene el cuerpo más pequeño en sus brazos.
—Creo que estoy muy ebrio, no logro ver bien mis propios dedos —Zenitsu se ríe embobado, juega con sus dedos, aun abrazado al cuello de su guardaespaldas.
Cualquiera diría qué, como esposo del líder de la Yakuza, segundo a cargo, Zenitsu sería tolerante al alcohol, era toda una idea errónea.
—Sí, lo estás, has bebido de más, por favor, mantente quieto un momento, intentó meterte en la cama, debes descansar —Kyojuro usa toda la fuerza que tiene para sujetarlo, a pesar de empezar a sudar demasiado.
Todo esto es demasiado.
—¡Kyojuro!
El grito lo sorprendió, haciéndolo retroceder un poco, por suerte sus reflejos son lo suficientemente rápidos para volver a coger la cintura de Zenitsu y atraerlo antes de que acabe golpeando el suelo.
Así sonaba su nombre en la voz de Zenitsu.
Wow.
El rubio más pequeño se ríe, aprovecha de rodear con sus brazos el cuerpo más grande del contrario, apoyando cómodamente la cabeza en el hombro del otro. La respiración de Kyojuro, normalmente calmada, empieza a agitarse.
—Lo siento, quise decirlo, sólo quería decir tu nombre, ¡Lo siento mucho! —se está disculpando, pero las carcajadas le decían que realmente no lo sentía.
Rengoku trata de respirar profundo.
—¡Está bien! ¡Pero no grites, podría pasar algo terrible! —sonrió un tanto divertido, no podía negar que toda la situación bochornosa le daba cierta gracia.
—Tu corazón está palpitando muy fuerte y muy rápido, puedo oírlo.
Los ojos anaranjados se abren en grande.
Necesitaba respirar.
—¡Te solté y por poco caes al suelo! —aclaró un tanto rígido, no era del todo mentira y se sintió más aliviado cuando el rubio más joven no dijo nada más al respecto.
El sonido de un sollozo detiene los pasos de Kyojuro hacia la cama, extrañado y preocupado, gira la cabeza tratando de ver sobre su hombro el rostro de Zenitsu, pero no logra nada más que ver como este se acurrucaba aún más y sollozaba con más fuerza.
—Eres cálido, como Tanji, lo extraño tanto... —murmuró entre lágrimas e hipo el chico ebrio en los brazos del mayor—. Ojalá estuviera aquí...
Oh.
Ahí estaba, aquello que le recordaba que no era para él.
Kyojuro respiro profundo, por esta vez dejó que sus impulsos le ganaran, abrazó el cuerpo del otro y dejó una mano en su cabeza para acariciar su largo cabello.
Era tan suave; sumamente agradable, y se sentía tan bien.
El abrazo duró unos minutos hasta que el más alto se dio cuenta de que el rubio estaba roncando, lo que quería decir que ya estaba dormido. No se permitió por más tiempo sujetar el cuerpo de Zenitsu, lo acomodó con cuidado en la cama, se encargó de quitarle los zapatos y lo cubrió con las sábanas.
Antes de irse, Rengoku apartó los mechones rubios que se iban a la boca de Zenitsu, apreciando por un poco más de tiempo el dócil rostro durmiente de este.
En los barrios bajos, escondido del resto de la ciudad, Kyojuro camina en un pasillo escondido en alguna casa abandonada, detrás de él se encuentran dos hombres a su cargo y liderando está Zenitsu.
El sonido de los pasos es lo único que se escucha, y no había ni una sola alma allí.
Al acabar el pasillo, tres mujeres pequeñas y un hombre más grande los está esperando frente a una puerta.
—Uzui —soltó el rubio más pequeño al llegar, no se veía contento de ver la cara del hombre extravagante y más grande—. ¿Lo has encontrado?
—Jefe —devolvió el saludo el de cabello de blanco, sonriendo como si se divirtiera en una clase de juego—. Está hecho, lo que ha pedido está del otro lado de la puerta.
Las tres mujeres se inclinan en la presencia de Zenitsu, este les saluda de vuelta con una sonrisa más suave y camina hacia la puerta agradeciendo a Uzui de mala gana.
—No está de humor —dice el hombre cubierto de joyas y lleno de músculos.
—¡Nunca lo está cuando te ve la cara!
Tengen no le da importancia a las palabras de Kyojuro, sólo le hace una señal a sus tres esposas para que se retiren del lugar, cuando las mujeres se despiden de él y se marchan, Uzui se toma un tiempo para verlo a los ojos.
—Ten cuidado, no te metas a la boca del lobo, no más —es lo último que dice para girarse e irse detrás de las otras tres mujeres.
Quizás Uzui lo había notado, pero no podía estar seguro.
Kyojuro le indicó a los otros dos hombres que se quedaran afuera mientras estaban dentro de la habitación, los dos obedecieron con un asentimiento y entró al cuarto.
No había nada ahí, nada además de unas pocas luces que no iluminaban todo por completo, una mesa, dos sillas y dos personas.
La primera persona estaba sentada, amarrada a una de las sillas y con la cabeza cubierta por una bolsa. Podían oírse gemidos, y por cómo se retorcía el cuerpo el hombre estaba despierto. La segunda persona, Zenitsu, tranquilamente se terminaba de colocar unos guantes negros.
—Quitale la bolsa de la cabeza, por favor —ordenó el rubio más joven.
—¡Enseguida! —respondió el mayor, caminó directo hacia el hombre en la silla y le quitó la bolsa, también el trapo que cubría la boca impidiéndole hablar.
Los ojos del hombre se agrandaron con horror al ver a Kyojuro, por supuesto que lo conocía.
—¡No! ¡Por favor! ¡Se lo suplico, Rengoku-san! —empezó a suplicarle desesperadamente, llorando y retorciéndose aún más.
—¡No es a mí a quien tienes que rogarle! ¡No estoy a cargo! —negó con la cabeza Rengoku, sin quitar la sonrisa en los labios.
—Soy yo quien está a cargo —dijo Zenitsu desde el otro lado de la mesa, llamando la atención del hombre que temblaba por su vida—. Déjame presentarme, soy Kamado Zenitsu, mi esposo se encuentra afuera en este momento, he venido de su parte a hablar contigo, tal y como él haría vine personalmente.
El rubio mayor fue a buscar la otra silla de la habitación para acomodarla del otro lado de la mesa, Zenitsu le agradeció mientras se sentaba cruzando las piernas y dejando las manos en su regazo.
—Pero- Por favor, yo- Kamado-sama...
—No lo intentes, sólo perderías tu tiempo —interrumpió el más bajo negando con la cabeza, la sonrisa que adornaba el rostro de este desapareció y se reemplazó por una mueca—. No perdonaría a un hombre capaz de golpear a una mujer o una persona inocente, créeme, mi esposo tampoco lo haría.
Era una faceta diferente a todas las que había visto Kyojuro, en las dos semanas que pudo estar al lado de Zenitsu.
No era igual a la de Tanjirou, pero podía dar tanto miedo como este, tampoco era la misma que usaba para callar a los clanes cuando tenían una reunión importante. No, esto era mucho peor.
Zenitsu no estaba enojado, estaba furioso.
—No estoy para limpiar tus desastres, hermano, y Tanjirou tampoco, será mejor que pongas en orden todo antes de que vuelva.
—¿O si no qué? Se te ha subido el poder a la cabeza, creyendo que puedes hablarme así —escupió el azabache caminando hacia el rubio menor.
Zenitsu frunció el ceño, verdaderamente molesto.
—¡Puedo hablarte como se me venga en gana! ¡Eres tú quien me está fastidiando! ¡Y te recuerdo que estoy a cargo aquí!
Por la forma en que las venas sobresalen de la frente de ambos hombres, Kyojuro pensó que estaban por explotar de ira. A decir verdad, él también se estaba enojando, la sonrisa que solía adornar su rostro había desaparecido desde el momento en que Kaigaku se alzó a Zenitsu.
El azabache arrugó aún más el ceño, cada paso más cerca Zenitsu.
Pero cuando Kaigaku estaba a un metro de distancia, Kyojuro se interpuso entre los dos, colocándose con un solo paso frente a Zenitsu enseguida, cruzando los brazos en el pecho en su característica pose.
—¿Qué diablos estás haciendo? Apártate ahora —dijo el hombre de negro en un tono irritado.
—Por este periodo de tiempo soy el guardaespaldas personal de Zenitsu, Kamado me ha ordenado que ninguna persona se acerque a más de un metro de él —explicó el de cabello similar al fuego, sin moverse ni un milímetro de lugar.
Kaigaku resoplo molesto y con una sonrisa—. Soy su hermano mayor, no cualquiera, lo sabes, Rengoku, también el jefe de-
—Sin excepciones —irrumpió inmutado el rubio mayor.
La tensión se fue con Kaigaku después de unos minutos, el azabache no insistió más, aunque la forma en la que azotó la puerta al irse les dijo claramente que estaba más que furioso.
De no ser porque, en efecto, era una de las cabezas de la Yakuza, y hermano mayor de Zenitsu, Kyojuro no hubiera dudado ni un segundo. Probablemente Tanjirou le felicitaría al enterarse.
—Eso es mentira, Tanjirou no te pidió eso —llamó la atención el rubio más pequeño, cruzado de brazos y apoyado al escritorio de Tanjirou—. Bueno, al menos que alguien estuviera amenazando de alguna manera.
Kyojuro se giró un tanto sorprendido.
—Parece que sí puede escuchar las mentiras —dijo sin ocultar su asombro—. Mis disculpas, no suelo decir mentiras pero, pensé que era necesario.
Zenitsu llevó una mano hasta su boca, riendo genuinamente divertido.
—Está bien, debo admitir que fue divertido ver la reacción que puso en cuanto le dijiste eso —respiro profundo revolviendo su propio cabello—. Pero no lo hagas con otros ¿Si? Esta vez sólo porque se trata de mi hermano, y es un imbécil.
El cabello suelto es una nueva fascinación.
Zenitsu suele tenerlo atado en un cola de caballo bastante alta, a veces en un moño ligeramente suelto, pero nunca totalmente suelto, al menos él, no recordaba haberlo visto sin el cabello sujeto con algo.
El yukata que llevaba puesto esa tarde dejaba a la vista demasiada piel, y Kyojuro ha decidido que no puede ver en la dirección del rubio menor, sólo si este le llamaba volteaba un poco para verlo a la cara.
—Tres semanas, no puedo creer que hayan pasado tres semanas, largas y agotadoras semanas —Zenitsu usa un abanico para darse un poco de aire.
Los dos se encontraban en el patio trasero de la gran casa Kamado, sentados en la madera y disfrutando, después de muchas semanas, de una tarde totalmente libre.
—¡Ujump! ¡Es cierto! —exclamó Rengoku cruzado de brazos y con un asentimiento de la cabeza, estando de acuerdo con las quejas del menor.
—Según sé, Tanjirou debería estar de camino para acá... —el rubio encendió un cigarrillo para llevárselo a los labios, las ojeras debajo de sus ojos color miel se veían fatales—. Eso debe ser un alivio para ti ¿No es así?
Kyojuro se giró para verlo con las cejas arqueadas, sin dejar de sonreír, pero se notaba extrañado por lo que había dicho el otro.
—¿Por qué estaría aliviado?
—Ya no tendrás que lidiar conmigo —Zenitsu soltó el humo al aire, alzando la cabeza y observando como la brisa movía los árboles de durazno, dejando caer algunas flores.
De nuevo, la vista se hizo demasiado hermosa, y los pétalos cayendo en el cabello largo de Zenitsu hicieron que Rengoku levantara una mano para poder quitarlos.
Eso fue un movimiento involuntario.
Los ojos de Zenitsu giraron a ver al más grande, los párpados se abrieron de par en par, convirtiendo el rostro de este en un poema de sorpresa por las acciones inesperadas del hombre con cabello como el fuego.
—... Es- ¡Me disculpo por eso! ¡Quisiera poder encontrar un hueco y meterme allí ahora mismo! —alzó la voz sonando avergonzado, el rostro enrojeció desde la nariz hasta las orejas.
El hombre más joven parpadeó, los labios temblaron hasta que salió un risa de ellos. Zenitsu se estaba riendo, aunque también se veía avergonzado.
Hubo silencio por un momento, apenas interrumpido por las voces de fondo ajenas a ellos.
—¿Por qué aceptaste el trabajo, Rengoku-san? Eres una de las cabeza del cuerpo, este tipo de trabajo como guardaespaldas personal no es algo que deberías hacer —agitó la mano en el aire sin darle importancia al asunto anterior.
Era una buena pregunta, una que no tenía respuesta, o si, pero no estaba bien responder.
La razón de porqué había aceptado quizás era su debilidad, una que no podía ser perdonada. Su corazón forjado en fuego es débil.
—Kamado es mi jefe —Kyojuro desvió los ojos hacia los árboles también, contempló el clima cálido pero fresco—, pero no lo hice por eso, pude haberme negado, tienes razón, Kamado es mi amigo, por eso lo hice, hemos sido buenos amigos por muchos años, me ha considerado su apoyo en los momentos más importantes y era mi deber aceptar esto —bajó la cabeza para ver directo a los ojos del otro.
Zenitsu le regaló una sonrisa, volvió a calar del cigarro y esperó un momento para soltarlo—. Una verdad a medias... Eso es mejor que una mentira.
—¡Kamado, mi chico!
Kyojuro estrechó la mano de su jefe, uno de sus mejores amigos, y Tanjirou le devolvió el saludo con una sonrisa, un abrazo y algunas agradables palmadas.
—¡Me alegra que hayas vuelto! ¡Han sido largos días sin ti por aquí!
Tanjirou se rió por las palabras del rubio, caminó hasta poder sentarse en la silla de su escritorio, por la forma en su nariz se arrugo, no en disgusto por la sonrisa que tenía en los labios, estaba olfateando el aroma de su esposo, quien había ocupado el lugar en su ausencia.
—Diría lo mismo, me alegra estar de vuelta. Me hubiera gustado venir acá y saludar a todos en cuanto llegue, pero me han tenido en casa Zenitsu y mi familia desde que pise Japón, y mentiría si dijera que estaba muy cómodo en casa.
—Ni hablar, lo primero siempre será la familia —asintió con la cabeza el mayor.
—Kyojuro, ¿Por qué me has dicho que necesitabas hablar conmigo enseguida que regresara? —como siempre, Tanjirou no tardaba mucho en ir directo al punto.
No había ninguna tensión en la habitación, Kamado no era ese tipo de jefe, a pesar de su reputación, era una persona amable y comprensiva, la cual prefería dialogar a usar la violencia. Nadie podría creer que alguien así es el jefe de la Yakuza.
—Es sobre el trabajo que hice estas semanas, no pienso volver a hacerlo —respondió el más bajo sin quitar la sonrisa de siempre.
El burdeo no se sorprende, apenas emite un sonido con la boca y junta las manos sobre la mesa.
—Ya veo, entiendo, lamento haberte bajado de tu cargo para ponerte de guardaespaldas personal, quizás fue humillante para ti-
—No, está equivocado —interrumpió—. Proteger a las personas es lo que hago, es mi deber, lo que enciende el fuego en mi corazón —por un segundo, Kyojuro agachó la cabeza—. A lo que me refiero, no es a ser un guardaespaldas o encargarme de la seguridad de alguien, es trabajar con Zenitsu.
El semblante dócil de Tanjirou cambió en cuanto el nombre de su esposo salió de la boca de su mano derecha, este se enderezó en la silla y lo miró con las cejas arqueadas.
Los ojos rojos e intensos del hombre con aretes chocó fuertemente con los ojos de fuego del hombre mayor.
—Pensé que trabajar como mano derecha de Zenitsu no fue un problema, aquí todo estuvo en perfecto orden —la voz gentil del joven con la cicatriz cambió por uno más serio, mucho más frío.
—Lo estuvo.
Rengoku lo sabía, sabía que Kamado podía oler sus intenciones.
—¿Debo preocuparme por ti? —el burdeo frunció el ceño, las manos juntas de este empezaron a apretar con fuerza y las venas salieron a relucir.
—No, no hay nada de lo que debas preocuparte —contestó sin borrar la sonrisa, luciendo increíblemente calmado.
Tanjirou respiro profundo, aunque no relajó la dura expresión.
—Bien, puedes retirarte y continuar con tu cargo, Rengoku.
No había nada de que preocuparse.
Kyojuro llevó una mano hasta su rostro, restregó con fuerza el punte de su nariz.
Al final, el chico de oro nunca fue para él.
