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I. Día 4 de la 2° Semana del Mes de los Crisantemos, Año 18 de la Era de Korra
Mi vida durante los últimos dos meses ha estado demasiado agitada. Nunca había sido así. ¿Cómo podría comenzar a escribir esta historia? me pregunto mientras escribo, esperando que las palabras salgan por si solas (y para rellenar espacio de página).
¡Ya sé! Primero voy a presentarme, aunque dudo que las personas no sepan ya de mí.
Soy el Príncipe Wu de la Dinastía Hou-Ting, sobrino-nieto de la Reina Tierra y heredero del Trono de Ba Sing Se. O bueno, ahora soy el Rey Tierra, o algo así. Más adelante explicaré eso.
Soy huérfano, pero no se sientan mal por mí. Nunca conocí a mis padres. Mi madre falleció al darme a luz, y mi padre murió víctima de una pandilla de bandidos una semana después de mi nacimiento. Como mi tía no tiene ni esposo, ni descendencia, ni otros hermanos, soy el siguiente en la línea de sucesión.
Ya que soy el único heredero, mi tía hizo todo lo posible para protegerme desde niño, por lo que durante toda mi vida habité en el Palacio Real de Ba Sing Se, protegido por las murallas del anillo interior de la ciudad y rodeado de sirvientes, lujos y muchas comodidades.
Todo cambió hace unos dos meses, cuando cumplí los 18 años de edad.
Mi tía me llamo a la Sala del Trono, cosa rara ya que nunca había solicitado mi presencia. No era un pariente muy cariñoso, por cierto.
“Wu, estás por volverte mayor y aún no sabes nada sobre el gobierno, el poder, ejércitos ni nada” Me dijo con su tono despectivo, como si yo fuera una molestia. ¿Tanto se necesitaba saber para gobernar? Creía que solo tenía que gritarle a la gente como ella lo hacía. No le dije eso, claro.
Para no hacer la historia larga, mi tía me envió lejos. A Omashu, específicamente. Ahí había una universidad en donde se supone que me enseñarían sobre la historia del Reino Tierra, su cultura y todos los deberes reales que yo, algún día, tendría que realizar.
La despedida no fue tan dura. Mi tía no se presentó el día que partí y solo los sirvientes me desearon un buen viaje. Lo único que extrañaría del palacio eran los jardines y la enorme sala de sauna que utilizaba cada tercer día.
Pero si algún día quería ser rey, tenía que hacer grandes sacrificios como ese.
Omashu no era Ba Sing Se, pero igual era una gran ciudad. Además, se me otorgó un dormitorio exclusivo en la Universidad con algunos sirvientes y una pequeña parte de mis comodidades.
No estaba nada mal.
La semana que estuve ahí fue buena. Estaba aprendiendo sobre el Periodo de Estados en Guerra que luego daría origen al Reino Tierra. También me estaban enseñando sobre el Tierra Control, solo en teoría, por si no lo saben, no soy Maestro. Ningún Rey Tierra que conozca lo ha sido, aunque es verdad que no conozco muchos.
El punto es, la paz que tenía en Omashu no duró mucho, como ya dije más arriba, solo duró una semana.
El día en que me avisaron de la muerte de mi tía fue uno especialmente curioso. Primero, estaba soleado y acababa de salir de mi lección diaria de historia. Me dirigía a mi dormitorio para prepararme para ir a mi sesión semanal en el spa de Omashu (que iba a ser, por cierto, mi primera visita) y cuando entré a mi habitación, ahí estaban. Dos agentes Dai-Li me esperaban de pie.
Nunca me agradaron los Dai Li (¿debería dejar esto escrito? He leído que los Dai Li son los mejores espías del mundo, ¿sabrán que estoy escribiendo esto sobre ellos?) siempre me habían dado miedo, parecían muñecos terroríficos. Tal vez por eso son los mejores soldados del mundo.
Solo dijeron “La Reina Tierra ha caído, el Reino igual, este no es un lugar seguro para Su Majestad”.
En aquél momento parecía broma, pero los Dai Li nunca bromeaban. Me llevaron del brazo hasta un carruaje donde ya estaban todas mis cosas, intenté preguntarles por todo lo que había pasado, pero ninguno de los dos soldados me decía lo que pasaba.
No opuse resistencia pues no tenía sentido resistirme, era sólo que todo seguía siendo muy increíble para mí.
Recuerdo haber sentido que el corazón me palpitaba con fuerza y comencé a tener dolor de estómago, ¿era cierto que el Reino Tierra había caído? Por suerte, en el carruaje me esperaba uno de los consejeros de mi tía y él me explicó toda la situación.
Un grupo de terroristas asesinaron a mi tía y derrocaron al gobierno, La Orden del Loto Rojo se llamaba. Un nombre muy adecuado para un grupo de villanos.
Sin la presencia de la Reina, los estados del Reino se desestabilizaron y estar en Omashu no era la mejor opción para el nuevo Monarca, así que me trajeron como refugiado a Ciudad República.
Estas páginas están siendo escritas durante el segundo día de mi estancia en la Ciudad. Ahora, podrán preguntarse, ¿por qué el príncipe está escribiendo un diario?
La respuesta es simple.
Este diario es el registro de mis aventuras y contará la historia de cómo yo, el Principe Wu del Reino Tierra fue desterrado y cayó en desgracia. Pero no solo eso, estoy convencido que mi caída solo será el inicio de una nueva historia, la historia de cómo logré sobrevivir, vencer a mis enemigos, recuperar el Trono y salvar al Reino de la desgracia.
Quién sabe, a lo mejor en un futuro mis hazañas sean contadas con el mismo fervor con el que se cuentan las hazañas de todos los Avatares.
O al menos eso espero, supongo que será fácil.
Firma: Wu I de la Dinastía Hou-Ting, El Príncipe Desterrado
