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Language:
English
Stats:
Published:
2020-11-05
Words:
1,513
Chapters:
1/1
Comments:
2
Kudos:
12
Hits:
144

END OF A DAY

Summary:

Su parte favorita del día es el final.

Notes:

¡Disfruten!

Work Text:

Su parte favorita del día es el final.

Actualmente cada día era más duro y complicado que el anterior, las prácticas eran aún más intensas debido a las competencias que se acercaban, su cuerpo resentía el no haber desayunado correctamente en la mañana, todo por querer llegar a tiempo a la conferencia de prensa, todo por querer quedarse un rato más en cama. Necesitaba un descanso.

Pasó por una conferencia de prensa donde se sintió horriblemente abrumado por flashes, preguntas innecesarias y además de eso juzgado por las respuestas que daba, pese a que eran las que cualquier persona esperaría oír.  Era realmente estresante.

Después de tan pesada conferencia hubo un receso para almorzar y después iniciar la práctica de la tarde. Su mal humor se hacía presente al sentir molestias y dolores en el cuerpo, sin embargo se mantuvo callado debido a la presión del torneo que vendría. Las cosas se pondrían feas, tendrían los ojos de todos puestos en el equipo y debían darlo todo.

Durante la práctica de bateo Kōshū comenzó a sentir el deseo de retirarse de allí y regresar a casa. Por alguna razón sentía su cuerpo aún más pesado que antes, se sentía terrible. ¿Todo por un mal desayuno? Quizás no sea por eso, ya había pasado mucho tiempo. ¿El estrés? Lo dudaba, él estaba acostumbrado a lidiar con ello. ¿Mal descanso? Para nada.

Un golpe y un dolor intenso en su brazo rompieron su burbuja de pensamientos. El pitcher había lanzado, pero él no se había movido, no reaccionó a tiempo y terminó recibiendo la bola de lleno. El dolor rápidamente desapareció, al menos el más intenso, ahora solo quedaba el tipo de dolor permanente, ese que venía con una marca. Sus compañeros se acercaron a revisar su estado, él solo los alejó como si fuese un perro agresivo, solo con una mirada. No quería que se acercara nadie, no quería la compasión de nadie.

Fue con el entrenador a explicarle lo sucedido, después se dirigió a la enfermería del complejo por una revisión. El doctor solo le hizo un par de chequeos quizás demasiado rutinarios junto a unas preguntas extrañas, le dejó unas medicinas y después salió del lugar, para hablar con el entrenador. Tras unos minutos de soledad, vio llegar al doctor nuevamente.

— Hablé con su entrenador, Okumura-san. —Inició el hombre de mediana edad mientras revisaba una hoja en el sujetapapeles.— Necesita descansar así que la pedí al entrenador tres días libres para ello. —Ante la mirada sorprendida del rubio, continuó.— su estado aletargado y la fiebre de hoy no han aparecido de la nada, son consecuencias del estrés. Como si fuese una olla a presión usted ha explotado, por decirlo de ese modo. —Hubo una pausa.— Entiendo que el capitán tiene que tomar las riendas a veces, pero como tal también tiene que dar el ejemplo y cuidar de usted mismo. —

— I-imposible… ¿Qué hay de las clasificatorias? —

El hombre solo sonrió.

— Se incorporará días antes del primer juego, todos aquí queremos verlo en plena forma. —El canoso habló con voz calmada y suave, para evitar que Kōshū se alterara de más.— Lo mejor que puede hacer ahora es descansar, comer correctamente y pensar en lo que acabo de decirle. —

— Pero… —

— Nada, Okumura-san. El entrenador fue a dar el comunicado. Puede irse. —

Esas fueron las últimas palabras que escuchó, después el silencio reinó en la enfermería, lo que el rubio interpretó como un «vete ya, niño» silencioso. Se levantó de su asiento y, al sentirse un poco mejor, solo abandonó el lugar sin decir nada.

Pasó a los vestidores y tomó su bolso deportivo para irse, sin siquiera parar a cambiarse el uniforme. Quería regresar a casa.

Al salir del complejo se fue por las calles menos transitadas para no llamar la atención con el uniforme, comenzó a caminar por varias calles siendo atacado agresivamente por el sol y su luz, por las aves y su canto, por los niños y sus voces, por los autos y sus ruidos. En ese momento se arrepintió de haber elegido el seguir sus sueños como jugador profesional. El camino a casa era horrendo y, aunque tenía auto, prefería no usarlo al vivir relativamente cerca del complejo deportivo. Se arrepentía de todo.

Okumura odiaba todo.
Okumura estaba cansado.
Okumura quería llegar a casa.

Se dio cuenta de que estaba atardeciendo al llegar al vecindario donde vivía, solo porque varias mujeres estaban llamando a sus hijos para que regresaran a sus casas antes de que el frío les trajera un resfriado. El vecindario repentinamente se puso demasiado silencioso, él era el único allí, ni un auto pasaba tampoco. Parecía como si todo el mundo le estuviese evitando por su estado.

Suspiró al encontrarse frente a su casa, sus luces encendidas mostraban que alguien estaba dentro, podía verse una silueta desde su lugar. Antes de entrar a la casa pasó por el buzón de correo que presumía el apellido «Okumura» en brillantes letras doradas. Tomó la correspondencia y abrió la puerta de su hogar.

Al hacerlo un delicioso aroma a curry llegó a su nariz, una sensación de calidez le llenó el pecho, la felicidad le recorrió completo. Se quitó los zapatos y dejó el bolso deportivo a un lado de la puerta. Una persona estaba frente a él, sonriendo como un ángel y le miraba con esos ojos que brillaban como un par de joyas. Era la bienvenida más hermosa del mundo.

— ¡Bienvenido a casa, Kōshū! —

Apenas dio un pie fuera del recibidor, un par de brazos le rodearon por los hombros con naturalidad y rebosante cariño. El susodicho respondió, tirando la correspondencia al suelo sin que le importe demasiado, solo quería abrazar ese cuerpo que era su hogar desde la preparatoria.

— Estoy en casa, Eijun… —

Se anunció en voz baja antes de inhalar profundamente para llenarse del aroma de ese hermoso hombre que tenía en sus brazos. Éste se quedó quieto unos minutos, permitiéndole recargarse todo lo que quisiera, pero luego llegaría el momento de las preguntas, ambos lo sabían.

Había algo que aclarar: el rubio amaba a esa escandalosa persona con todo el corazón.

Eijun fue su primer y único amor en la vida. Le conoció en preparatoria y, aunque no pudieron convertirse en jugadores profesionales juntos, se impusieron una meta mucho más complicada pero satisfactoria; armar una vida juntos. Eijun actualmente trabajaba como profesor de literatura e historia en una preparatoria cercana. Totalmente diferente a la profesión de Kōshū.

Podía decirse que ambos vivían en mundos diferentes, con rutinas diferentes y problemas diferentes, pero ambos terminaban el día juntos, abrazados, sin querer separarse por ningún motivo.

Esos brazos que le rodeaban sin dejar espacios ahora le han soltado, solo para tomar distancia y mirarle al rostro con un mohín en los labios. Okumura sabe que puede descifrar lo que le sucede con solo mirarle a los ojos y era inútil resistirse. La expresión ajena cambió a una más suave, esos ojos dorados expresaban un cariño inmenso. En la adultez el castaño había aprendido en qué momentos ser el escandaloso de siempre y en cuales solo usar las palabras correctas, realmente había alcanzado la madurez. Ahora, eligió usar las palabras correctas.

— Has hecho un buen trabajo hoy. —Susurró antes de darle un corto beso en los labios. El rubio buscó refugio en el cuello ajeno, luego recibió un par de caricias en la espalda.— Realmente trabajaste duro. —

Esas palabras eran como un bálsamo para su alma, el peso de sus hombros por los malos días desaparecía. Todo desaparecía, menos él. Kōshū suspiró, mostrando una suave sonrisa, aún estando oculto.

— Cuando llego a casa después de un largo día de errores incómodos tú… tú eres mi premio. Me esforzaré por escuchar esas palabras venir de ti. —

Siempre era así para ambos. Siempre que uno tenía un día difícil, el otro estaba ahí para reconfortarlo; ambos eran el apoyo del otro. Era una relación hermosa para ellos. El de ojos verdes agradecía todas las noches al destino por ponerle a un hombre tan maravilloso en su camino.

Y aunque no lo demostraba demasiado en público —por respetar su intimidad—, amaba a Eijun con su vida.

El catcher se apartó para tomar las manos ajenas, después solo acercó la izquierda a su rostro para besarla, justo donde un anillo de oro brillaba. Después pudo notar manchas de tinta en la piel acanelada del otro. Suspiró, eso le demostraba que había llevado el trabajo a casa.

— Tú también has hecho un buen trabajo. —

El corazón de Okumura se llenaba de dicha cuando tenía a su persona amada cerca suya, mostraba sus verdaderos colores dentro de esa casa que ahora era su hogar; se mostraba cariñoso y apegado al castaño. Amaba regresar a casa, no quería irse jamás. Incluso amaba llegar y no encontrarlo, porque de ese modo podía recibir a su esposo de la misma manera que él lo hacía: con una deliciosa cena y un abrazo que le llenaba el alma.

En realidad, Okumura Eijun le llenaba el alma.
Y por eso su parte favorita del día era el final.