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Fandom:
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Characters:
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Language:
Español
Stats:
Published:
2020-11-07
Completed:
2020-12-05
Words:
30,726
Chapters:
5/5
Comments:
25
Kudos:
28
Bookmarks:
2
Hits:
292

[1] Nuevo Mensaje

Summary:

Momentos desesperados requieren medidas desesperadas.
Luego de un sueño extraño, Kageyama recurre a sus allegados en búsqueda de explicaciones que refuten o confirmen su teoría; ¿se estaba enamorando?
Porque hasta el Rey de la cancha podía admitir su ineptitud en los asuntos del corazón y pedir ayuda.

Notes:

¡Hola! I'm nervous jndkndkn es mi primer fanfic en muchos años y sólo quería dedicarle mi alma a mi ship favorita en este momento
Tal vez el building sea un poquitín lento pero el camino hasta ahí va a estar lleno de escenas incómodas y adorables, con hormonas adolescentes por doquier.
Perdón si mi escritura apesta y gracias por leer!

Chapter 1: Capítulo 1

Chapter Text

Honestamente, estaba comenzando a cansarse de tan sólo observar los movimientos repetitivos de sus dedos, dando vueltas en un círculo infernal del cual no podía escapar. Kageyama Tobio nunca había sido la persona más paciente, excepto para las cosas que realmente le importaban, excepto para aquello que consideraba irrefutablemente digno de su tiempo y concentración; y este asunto no lo era. No había forma de que lo fuese. En ese preciso instante, existían un millón de formas más valiosas en las cuales depositar su energía. En primer lugar, podría levantarse y salir a correr, como acostumbraba hacer en las mañanas, o podría cocinar un desayuno rico en proteínas que le ayudaría a prepararse para quemar energía con el idiota de Hinata dentro de unas cuantas horas. Podría ducharse, podría acomodar su cajón de calcetines como había prometido a su madre que iba a hacer tres veces dentro de la misma semana, podría simplemente salir de la cama y atacar cualquiera de las infinitas posibilidades que le empujarían a devorar la jornada que tenía por delante.


…entonces, ¿por qué no podía dejar de mirar la pantalla de su móvil?


Sus dedos oprimían el mismo botón una y otra vez, trasladándose dentro de su directorio de contactos hasta llegar al mismo nombre, para luego abrir una conversación nueva y…arrepentirse antes de escribir, cerrando la ventana en blanco casi de inmediato. Como un cobarde.
Apenas despierto, envuelto en ese tibio velo de vigilia y sueño, con los ojos ardiendo ligeramente y el cabello desalineado sobre su frente, decidió enfrentar a sus miedos de lleno. Después de todo, esa estrategia funcionaba en los partidos, ¿por qué no lo haría aquí?


[enviado: 07:30 a.m] oikawa-san, necesito ayuda con una situación inesperada
[enviado: 07:30 a.m]… por favor.

Sin pensar, sin cavilar, arrojando imprudentemente al viento todas las posibles respuestas que había visualizado en su cabeza al tan solo considerar escribirle a su antiguo superior, decidió dejar el dispositivo en paz para concentrar sus energías en algo más productivo, como alistarse para la escuela. No obstante, apenas y tuvo tiempo de empujar las sábanas fuera de su cuerpo antes de que el característico tono de mensaje reemplazara el silencio reinante en la habitación.
Un par de cejas negras se alzaron con incredulidad, definitivamente no le creía capaz de responder tan rápido. De hecho, lo más probable y realista en su mente hubiese sido que Oikawa simplemente le ignorase, leyendo el mensaje y decidiéndose a maldecirlo con el silencio y, por lo tanto, la negativa a su pedido de sabiduría a sus mayores. Suena a algo que él haría, al menos.

[recibido: 07:32 a.m] EW NO! POR QUÉ RAYOS TE AYUDARÍA?! TONTO TOBIO, RUÉGAME MÁS SI QUIERES QUE TE ESCUCHE

Seguido a eso, había una línea de símbolos que asumió que serían emojis pero el teléfono de Kageyama tenía tapa y botones, por lo que fueron traducidos a su mensajería como una hilera de rectángulos vacíos. Con un fuerte resoplido de su nariz se consideró satisfecho, suficiente humillación para comenzar el día, definitivamente no insistiría en el tema. Allí estaba, a punto de cerrar su móvil y levantarse, cuando un nuevo e inesperado ding captó su atención; acto seguido, un mensaje sin leer se había manifestado en la ventana de chat.

[recibido: 7:35 a.m] kageyama, soy iwaizumi

[enviado: 7:35 a.m] iwaizumi-san?

[recibido: 7:36 a.m] sí, sabía que algo no andaba bien cuando oikawa comenzó a reírse como un desquiciado mientras abríamos el gimnasio. así que le quité el teléfono

[recibido: 7:36 a.m] entonces, necesitas ayuda con algo? es sobre volleyball?

[enviado: 7:37 a.m] no.

Sin darse cuenta, tomó una profunda bocanada de aire por la nariz, un acto reflejo que se había acostumbrado a realizar para concentrarse. Ya había llegado más lejos de lo que creía, le había escrito a un superior en un momento de somnolienta impulsividad, estaba siendo escuchado por alguien mucho más comprensivo que su receptor inicial y ahora, sólo le restaba enfrentar el problema de lleno, la única forma en que sabía hacer las cosas.

[enviado: 7:40 a.m] tuve un sueño extraño

[enviado: 7:41 a.m] estaba con alguien, íbamos al centro de la ciudad a mi tienda deportiva favorita y comprábamos un par de rodilleras Mizuno. Luego caminábamos y hablábamos y se sentía agradable

Esta vez, la próxima respuesta tardó un tanto más en llegar.

[recibido: 7:50 a.m] …eso suena como un sueño bastante normal, kageyama-kun.

[enviado: 7:50 a.m] no, no lo entiendes. Nunca sueño con personas que conozco

[recibido: 7:51 a.m] nunca? Ni una vez?

[enviado: 7:51 a.m] una vez con Shiho Yoshimura, aunque en realidad no la conozco

[recibido: 7:51 a.m] y con qué sueñas normalmente?

[enviado: 7:52 a.m] no lo sé, con la última película que vi en televisión antes de ir a la cama. Con partidos viejos que he visto mil veces, con desaprobar exámenes

[enviado: 7:52 a.m] aunque casi nunca recuerdo lo que sueño una vez que desperté. Por eso esto es raro, no sólo lo recuerdo perfectamente pero me dejó esta sensación...agradable?

[recibido: 7:53 a.m] entonces conoces a la persona que te acompañó en el sueño, verdad? Le ves muy seguido?

Los hombros del colocador se sintieron repentinamente tensos y pesados, mas aun así respondió con su acostumbrada honestidad;

[enviado: 7:55 a.m] sí, recientemente hemos pasado más tiempo juntos.

[recibido: 7:55 a.m] entonces, tal vez te has enamorado?

No podía admitir que la idea no había pasado por su cabeza a la hora de intentar comunicarse con Oikawa-san. Él, quien durante su transcurso tanto en Kitagawa Daiichi como Aoba Johsai había creado una reputación de casanova comprobable por la lista creciente de jóvenes que le perseguían a cada oportunidad posible. Con un historial de relaciones extenso en su prontuario, creyó que alguien tan experimentado como él sería la persona indicada para identificar si un sueño tan inusual como aquél era una prueba de que, efectivamente, se encontraba atraído hacia alguien. Kageyama solía imitar o tomar como inspiración a las personas más diestras de su campo y aquella no era la excepción.

[enviado: 7:57 a.m] no lo sé. Esperaba que Oikawa-san pudiera reconocer si lo estoy o no

[recibido: 7:57 a.m] le das demasiado crédito a ese idiota. Sí lo sabes, verdad?

[recibido: 7:58 a.m] escucha, kageyama. No tengo suficiente contexto sobre tu situación como para decirte si estás enamorado o no

[recibido: 7:58 a.m]a mi parecer, suena como un sueño perfectamente normal, mi consejo sería no darle un significado más grande del que realmente tiene

[recibido: 7:59 a.m] aunque lo que deberías hacer es hablar de esto con tus amigos. Ellos podrán entender la situación mejor que yo

Amigos. Con sólo pensarlo, sus labios se fruncieron profundamente, contorsionándose en una mueca de fastidio y frustración. Tan sólo imaginar lo que Hinata podría llegar a interpretar sobre su dilema ya comenzaba a provocarle un dolor punzante en las sienes. Aunque Iwaizumi-san, alguien mayor, más sensato y calmo, consideraba que era lo mejor. Con un gruñido de resignación, sopesó en la posibilidad de hablar con la bola de energía anaranjada tan sólo de ser estrictamente necesario. Y así se dispuso a finalizar la improvisada conversación.

[enviado: 8:02 a.m] gracias, iwaizumi-san.

Con ello, consideró que el asunto ya estaba zanjado. Finalmente podría levantarse y dedicar la hora libre que le quedaba antes del horario escolar para prepararse y…

Ding.


[recibido: 8:05 a.m] tobio-chaaaan ~ será mejor para ti no estar enamorado de tu manager que usa lentes. Porque si ella llega a hacerte caso antes que a mí, me encargaré de asesinarte con mis propias manos, querido kouhai

Una vez más, el mensaje finalizaba con un anónimo rectángulo vacío, representando algún emoji indescifrable. Kageyama se limitó a leerlo con atención, fruncir el ceño y, finalmente, arrojar su celular con fuerza contra su almohada. Suficiente por hoy.

Luego de una ducha rápida, una muda de ropa y una banana que había sido devorada en dos mordiscos para no perder tiempo desayunando, el joven tomó asiento en el escalón de su entrada para colocarse sus zapatillas deportivas con una mente ausente, apenas respondiendo al saludo de buenos días por parte de su madre, quien le advirtió que llegaría tarde a clases si tardaba demasiado en su recorrido matutino. Salir a correr era sencillo, tan natural como respirar e incluso necesario para despejar sus pensamientos arremolinados. Su trayectoria nunca cambiaba, perdiéndose en la familiaridad de calles conocidas y tiendas que había visto un millón de veces; el murmullo fugaz de conversaciones ajenas mientras avanzaba por la acera era casi arrullador antes de desvanecerse con premura en el aire a medida que apretaba el paso, cada vez más veloz, su respiración pesada reemplazando cualquier otro sonido. Paulatinamente, sin notarlo, con la seguridad de su recorrido habitual y el calor creciente que se generaba en su cuerpo por el esfuerzo, su mente se desconcentró por completo, hallando un cómodo sitio en un recuerdo que había acontecido semanas atrás.

– ¡¿Quién te necesita de todas formas?! ¡Tonto, Bakashima! – la voz de Hinata sonó tan fuerte para los pasillos de la escuela que no hubiese sido sorprendente que los vidrios temblaran allí mismo. Por un segundo, el impulso de propinarle un golpe en su costado para advertirle que bajara la voz se instaló en su cabeza, antes de notar que el muchacho ya estaba a punto de emprender la marcha en dirección contraria a donde Kageyama se encontraba – Iré con Yachi-san. – decidió repentinamente, antes de comenzar a correr en sentido contrario. El colocador no pudo detener la forma en que sus cejas se alzaron al verlo, aun al haber jugado un buen puñado de partidos junto al torpe enano, había momentos en que su velocidad para desplazarse (tanto de idea en idea, de plan en plan o de sitio en sitio) todavía le tomaba por sorpresa.

La situación era tan habitual en su rutina escolar que casi resultaba aburrida; Hinata y Kageyama se encontraron pidiéndole ayuda a Tsukishima con sus estudios, porque el torneo de primavera se acercaba a pasos agigantados y realmente no necesitaban volver a vivir el susto que pasaron durante las preliminares, donde su futuro en la cancha pendía de un hilo extremadamente frágil; su desempeño académico. Como ocurría cada dos o tres días, el antipático de lentes había decidido que no les daría más tutorías, alegando ser una pérdida de energía y de tiempo innecesarias. Y Hinata había perdido la compostura, como siempre.
Instintivamente, su tronco se giró hacia la dirección del pequeño bloqueador para seguirlo. Después de todo, su idea no era mala. Hitoka-san era una gran elección (la mejor elección, de hecho) ya que no sólo era inteligente y diestra en prácticamente todas las asignaturas escolares, sino que era gentil y lo suficientemente paciente como para explicar el mismo concepto una docena de veces, desde una variedad de ángulos diferentes. Ella no era el problema, sino…

Hinata.


Frunció el ceño profundamente al si quiera considerar lo que le esperaba si lo seguía. Serían horas intentando concentrarse mientras esa mandarina parlante se paseaba por todo el salón, incapaz de mantenerse quieto, interrumpiendo la lectura con preguntas y desviando el tema a jugadas de voleyball (esa última parte no le molestaba tanto pero, hey, Hitoka-san creía que debían esforzarse por concentrarse). Aun asumiendo que Kageyama no era particularmente rápido para entender conceptos, estaba convencido de que Hinata sólo aletargaba más el proceso con su personalidad abrumadora.

Por eso, decidió escoger la segunda mejor opción.

– Yamaguchi. – llamó en voz alta, logrando que el muchacho se volteé bruscamente por la sorpresa. Con aire nervioso, dirigió una mirada de soslayo a la esquina en donde la anormalmente alta figura de Tsukishima había desaparecido hace unos instantes.

–Um… ¿si, Kageyama? – Yamaguchi era inteligente. Debía serlo, al asistir a clases preparatorias para universidad. Y, aunque no hubiesen intercambiado muchas interacciones desde su mutua llegada al equipo de volleyball de Karasuno, estaba seguro de que sería un mejor tutor que el rubio desagradable.

– ¡Por favor, enséñame! – Hinata y él habían hecho ese mismo pedido un millón de veces; a Takeda sensei, al entrenador Ukai, a Suga-san, Yachi-san, Bakashima…Kageyama ya estaba acostumbrado a la mecánica del asunto, se inclinó exageradamente en una reverencia formal a la espera de la respuesta de su compañero.

– Yo…esto…– comenzó, llevando instintivamente su mano derecha a su nuca, despeinándose con incomodidad la parte trasera del cabello, era evidente que no se esperaba el pedido y que buscaba un salvavidas para salir de la situación ileso –Es que, verás, Tsukki ya ha dicho que…

–Lo sé. No le pregunté a él. – declaró, irguiéndose nuevamente, pronunciando sus palabras de forma algo más mordaz de lo que deseaba sonar. Tobio lo observaba, lo analizaba; no era muy diferente a prestar atención en la cancha, a los movimientos de cada bloqueador y rematador para asegurar la colocación perfecta, debía prestar atención para obtener resultados óptimos. Aquí ocurría lo mismo. Tenía que observar la forma en que Yamaguchi esquivaba su mirada como si se jugara su vida en ello; cómo, de vez en cuando, regresaba su vista hacia atrás para comprobar que su amigo no había regresado a buscarle y salvarlo de la conversación. Cómo sus palabras dejaban en claro que se veía a sí mismo como una especie de bloque con Tsukishima y que el remarcarle su individualidad le había descolocado. Observándolo notó que, para disipar su inseguridad, debía ofrecerle algo – Te ayudaré con tus saques.

Su convicción pareció sacudir al joven una vez más, parpadeando un par de veces antes de regalarle, finalmente, una sonrisa cordial.

–Te lo agradezco, Kageyama, pero ya tengo a alguien con quien practicar…

– ¡Te ayudaré a recibir! – insistió, negándose rotundamente a darse por vencido – Y a rematar. Mis colocaciones son buenas, puedes mejorar mucho con ellas. – la seguridad en su tono era palpable, debía ofrecer algo tanto atractivo como realista a cambio de su tutoría. Con los ojos café abiertos con incredulidad, Yamaguchi pareció, finalmente, quedarse sin argumentos. Sus labios se entreabrieron un par de veces, soltando una breve cantidad de aire, como si estuviese a punto de comenzar una oración, sólo para detenerse instantes después. Luego de un momento que se sintió tortuosamente largo (más que cualquier sesión de estudio con Hinata) su compañero finalmente le sonrió, con un breve asentimiento de su cabeza.

– Claro, ¿Por qué no? Podemos intentarlo.

Así fue como comenzó a pasar mucho más tiempo de lo esperado con Yamaguchi. Estudiaban juntos en el horario del almuerzo, con una caja de leche y un bentō cuidadosamente preparado esperándolos al costado de una pila de cuadernos y hojas arrugadas y garabateadas. Y practicaban volleyball cuando podían; temprano, cuando los de tercero abrían el gimnasio, en pequeñas pausas entre sus clases cuando el espacio no era utilizado por el equipo de basketball o ya entrada la noche, cuando la practica oficial con su equipo de cuervos había finalizado. En esos días llegaba más tarde a casa pero ya estaba acostumbrado a esa rutina gracias a Hinata y su insaciable apetito por entrenar.

Para cumplir su palabra sobre sacarle provecho a sus colocaciones y ayudarle a mejorar, debía observarlo, analizarlo para detectar sus debilidades; separa demasiado las piernas y eso le impide impulsarse hacia delante para alcanzar el balón, remata demasiado lejos de la red, se toca el cabello o el cuello cuando está nervioso, abre los pulgares cuando recibe y eso le lastima los dedos, aunque sólo cuando está cansado. Grita cuando acierta para liberar tensiones, bromea para alivianar el ambiente cuando Kageyama lleva callado mucho tiempo, sonríe con la boca y con la mirada…

Espera, ¿qué?


¿En qué momento su lista estratégica de debilidades en volleyball se había convertido en una lista de…detalles sobre Yamaguchi?
Sus pasos se detuvieron de repente, jadeando en busca del aire que no sabía que le faltaba. Observó la calle en que se encontraba con el ceño fruncido y ojos desconfiados, estaba cerca de un espacio verde con niños jugando estruendosamente y madres sentadas en el césped. Él no vivía cerca de ningún parque. Se había distraído tanto mientras corría que se había desviado completamente de su ruta habitual tan acogedoramente familiar.
Jamás hubiera caído en cuenta de todos esos pequeños y sutiles gestos de su compañero de no haber sido por ese sueño. Ese estúpido sueño que le hacía sentir extraño. Y agradable a la vez.

…tal vez debería hablar con Hinata antes de lo planeado.

– Maldita sea… –masculló entre dientes, retomando el trote de regreso a su hogar, sin duda llegaría tarde a la escuela.