Chapter Text
Eran casi las 4 p.m. y a Nathalie cada vez le costaba más ver a través de la densa nieve mientras conducía por la autopista. La tormenta se hacía más fuerte y, a esta altura, el auto ya había derrapado varias veces. Siempre había disfrutado conducir largas distancias, lo encontraba algo relajante; hoy era todo lo contrario, estaba realmente estresada. Y no solo eso, sentía miedo.
La llamada de Gabriel Agreste con su distribuidor en Milán se cortó de repente.
- ¡Maldición! - gritó desde el asiento trasero.
Nathalie sintió que el coche volvía a derrapar.
-Señor, yo ... lo siento, sé que debe estar en París lo antes posible. Y estoy haciendo lo mejor que puedo, pero ¿podemos detenernos un momento? No veo nada, la nieve es muy densa, hay hielo en la carretera y nosotros ... no tenemos neumáticos para nieve. El GPS deja de funcionar por momentos. Me siento... insegura. Yo ... no quiero que le pase nada... nos... que nos pase nada... a nosotros- se corrigió en una fracción de segundo. "¡Nathalie! ¡Contrólate!" Pensó. El estrés estaba empezando a hacerla tartamudear. -Hay un hotel a unos tres kilómetros de aquí. Es un Holiday Inn, seguro que tienen Wi-Fi. Tal vez podamos comer algo, puede llamar al Sr. Ricci y esperar hasta que sea seguro conducir de nuevo.
Gabriel dejó escapar un suspiro. Tenía que entregar un diseño importante mañana por la noche y ni siquiera estaba cerca de terminarlo. Sin embargo, ella tenía razón, no iban a encontrar neumáticos para nieve pronto y era demasiado peligroso conducir bajo la tormenta, incluso para alguien tan experimentado como Nathalie.
- De acuerdo, detente en el hotel. Necesito darme una ducha.
Habían viajado a Lyon hacía 2 días para algunas negociaciones. Pero el viaje de regreso, un viaje de 5 horas, se había convertido en casi 7. Honestamente, estaba cansado, le dolía la espalda y tan pronto como ella mencionó comida, se dio cuenta de lo hambriento que estaba.
El rostro de Nathalie se iluminó tan pronto como vio el hotel, se sintió segura. Sólo cuando apagó el motor se dio cuenta de lo aferrada que estaba al volante; le dolieron los dedos al moverlos, lentamente vio como el color los recorría de nuevo.
Dejó escapar un profundo suspiro.
-Vamos, señor.
Salió del coche e inmediatamente sintió que el viento frío le atravesaba el cuerpo. Se estremeció.
El viento era tan fuerte que le costaba moverse. Gabriel ya estaba sacando las maletas del maletero y entregándoselas al botones. Le extendió una mano, misma que ella tomó de inmediato. La atrajo fuertemente hacia él y puso el brazo sobre su hombro. Este contacto se sintió como el paraíso para Nathalie, quien escondió una pequeña sonrisa. Gabriel la protegió del viento mientras caminaban hacia la entrada.
