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Semana 1: Afecto – AU moderno
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Xie Lian goza de una suerte terrible.
Ha pensado en reiteradas veces que tal vez hizo algo realmente malo en el pasado que hizo enojar a los cielos y, por lo tanto, lo castigaron despojándolo de su suerte… A veces no sabe si reír o llorar ante esa suposición alocada a la que él solito llegó.
Sin embargo, con el paso del tiempo ha aprendido a lidiar con todo tipo de experiencias difíciles y poco a poco fue tomando con más calma su día a día. Se ha vuelto más ágil, ajustándose a cada momento y necesidad, y aunque las cosas se vean grises él siempre buscará la manera de solventarlo con serenidad.
A decir verdad, no todo es tan malo.
Esa tarde en particular, cuando Xie Lian baja del autobús y el aguacero le cae encima, como su estuviera esperándolo para burlarse de él, piensa fugazmente en el castigo divino que se le fue impuesto. Y se mueve rápido, pues de nada le sirve quedarse para lamentar su escasa fortuna.
Va por las calles con solo una chaqueta, aunque la capucha es un poco corta y no cubre su cabeza por completo, y le toca aguardar para cruzar ya que ningún auto le cede el paso ¡Los muy desvergonzados ni atención les prestan a los semáforos! Es lamentable lo bajo que ha llegado el respeto de la gente.
Le toma medio minuto lograr llegar al otro lado de la calle, poniéndose en marcha a su propio riesgo al no visualizar ningún auto, y rápidamente asciende por la colinita donde vive. El agua se desliza como corriente de río, fuerte e imparable, llegándole casi a la altura de las rodillas. Camina con cuidado, sin prisa pues ya está completamente empapado, saltando aquí y allá evitando alguna desgracia.
Para otros puede ser muy extraño que una lluvia tan intensa se haya desatado de la nada, pero con la suerte de Xie Lian este ni siquiera se lo cuestiona ¡Son cosas normales de su rutina! Solo le queda enfrentar el problema.
Diez minutos más tarde Xie Lian finalmente está en casa. Corre al baño, dejando todo un desastre de agua en el camino, y se despoja de sus ropas mojadas y pesadas entrando a la ducha. Y cuando el agua caliente lo toca, ese calentador ha sido una de sus mejores inversiones, finalmente puede suspirar de alivio…
Pero no, no puede tomársela tan a la ligera ya que está contra reloj. Toma un baño rápido, más para sacudirse frío y cualquier mal que la lluvia traiga que otra cosa, no dándose el tiempo de pensar en lo que se avecita… Y apenas coloca un pie fuera de la ducha, ni siquiera ha alcanzado la toalla, todo se oscurece a su alrededor. Bueno, esperaba que la electricidad fallara.
Se deja caer en la tapa del inodoro, una vez se cubrió con la toalla, permitiéndose tomar un breve descanso después del todo el ajetreo que en tan poco tiempo atravesó. Hay una sonrisita en sus labios, ese gesto resignado que tan a menudo muestra, y luego de un par de minutos de silencio, pensando en nada, alcanza una toalla más pequeña y comienza a secar sus cabellos ¡Lo menos que quiere ahora es cachar un resfriado!
Su departamento es pequeño, con apenas lo necesario, y lo conoce lo suficiente como para andar por ahí sin un solo bombillo encendido. Aún puede escuchar la lluvia afuera y, con ayuda de algunos rastros de luz del nublado día, Xie Lian se viste cómodo y calientito: pantalones holgados, suéter de lana y calcetines gruesos.
El verano está llegando a su fin y, sumando el chaparrón que le cayó encima, siente algo de frío. La verdad es que está tan agotadísimo (por el trabajo, por la situación, por tantas cosas) que solo quiere envolverse en su cobija y quedarse ahí. Y lo hace, pero apenas echado en la cama comienza a escuchar algunos golpeteos. Al principio piensa que es debido a la lluvia, intentando obviarlos, pero luego los identifica como el de su propia puerta…
¿Será ese otro golpe de su mala suerte?
No puede ignorarlos por mucho tiempo, si de verdad hay alguien afuera es incapaz de dejarlo ahí, y sale de la cama hacia la entrada. La cobija continúa alrededor de sus hombros, no muy deseoso de desprenderse de ese calor cómodo, y la recoge un poco para evitar que se arrastre por el suelo que ha olvidado secar. Abre la puerta, ni se le ocurre preguntar antes de, y la silueta con la que se encuentra de verdad no le sorprende… ¿Quién más sino él?
El paraguas de un rojo vivo, las ropas oscuras en contraste con el cabello azabache, la sonrisa cariñosa que pareciera solo para él…
-San Lang…-
-Gege, ¿Cómo estás?-
“Feliz de verte” vibra en su corazón.
Xie Lian goza de una suerte terrible, pero gracias a ello ha logrado coincidir maravillosamente con la gran fortuna que rodea a Hua Cheng. Ambos, con sus virtudes y defectos, son como dos piezas opuestas de rompecabezas que calzan a la perfección entre sí.
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Xie Lian despierta debido a cierto dolor en su cuello. Se reincorpora y abre los ojos, notando que la electricidad no ha regresado, y piensa en los últimos acontecimientos. Entonces, se gira hacia un lado y consigue a Hua Cheng dormido en una posición un poco incómoda…
Están sentados sobre la alfombra suave y esponjosa (otra buenísima inversión que Xie Lian ha hecho) y apoyados del único sofá del reducido estar, justo como lo hicieron rato atrás luego de la llegada de Hua Cheng. Este, luciendo despreocupado como de costumbre, justificó su visita diciendo que tenía deseos de compartir un té que preparó para la ocasión. Hierbas aromáticas, limón y miel… Una bebida cálida y muy ideal para alguien quien sufrió el azote de una lluvia intensa. Como siempre, Hua Cheng pensando en todo, pensando en él.
Las atenciones de Hua Cheng no son nada nuevas para Xie Lian y, por lo tanto, aceptó con sumo gusto las buenas intenciones hacia él. El té sabía exquisito, llevando el calor que su cuerpo tanto necesitaba, y la compañía de Hua Cheng lo hizo sentirme más ligero. Desde que se conocieron ha sido así, una comodidad única en presencia del otro, y a Xie Lian no le fue difícil caer ante el encanto y las disposiciones de ese quien solo él llama San Lang.
Se quedaron conversando de cualquier cosa, Xie Lian contando hasta con risas su más reciente odisea, y no se percató cuando cayó dormido (puede estar seguro de que lo hizo primero que el otro, la cobija bien colocada a su alrededor es la prueba). Ahora ha anochecido, la estancia permanece apenas iluminada gracias al resplandor de la luna misma, y cuando una ráfaga de luz destella de repente (probablemente de parte de un auto) Xie Lian se percata de un gran detalle… El parche que Hua Cheng siempre lleva, ocultando la cicatriz de su ojo perdido, se ha deslizado dejándole ver la piel arrugada.
Es la primera vez que Xie Lian visualiza más allá de lo que Hua Cheng muestra al resto, especialmente esa zona en el rostro que meticulosamente esconde, y se siente extraño. No sabe mucho, salvo que Hua Cheng perdió su ojo cuando era muy jovencito, y tampoco ha indagado en el asunto al darse cuenta de que es un tema delicado. No puede dejar de mirarlo, es curioso como el resplandor de la luna lo enmarca tan bien, y piensa distraídamente que es lindo.
Hua Cheng es muy guapo, alto y bien parecido, con un tono de voz profundo, sereno y cuidadoso. Xie Lian lo ha aceptado desde el primer momento, pero tener la oportunidad de apreciarlo con todo y sus defectos es todo un honor. Y su corazón enamorado salta tan fuerte, alocado por ese pequeño instante tan especial, que teme despertar a quien aún duerme.
Porque sí, Xie Lian se ha enamorado de su inseparable compañero ¿Y cómo no cuando este lo ha tratado tan bien, como ninguna otra persona, desde que sus caminos se cruzaron? Llevando luz y calor a su corazón abandonado.
Lo admira por un rato y, sumergido de lleno en sus sentimientos, extiende cuidadosamente una mano hacia el rostro ajeno. La mejilla es un poquito fría, pero le genera una calidez cosquilleante, y con el pulgar trazar de cerca la piel ahora descubierta. Sabe que está siendo imprudente, que abusa de la confianza de Hua Cheng, pero él realmente no tiene malas intenciones.
-San Lang, déjame cuidarte también…-
Las palabras solo fluyen en un susurro débil, pero cargado de sentimientos puros y dulces y un anhelo sincero. Hua Cheng no solo ha cuidado de él, convirtiéndose en su persona más preciada, sino que también le ha dedicado un cariño genuino con gestos, palabras y un montón de acciones que lo hacen sentir especial… Xie Lian es un poco lento con respecto a ciertas cuestiones, pero ha aprendido a identificar (apreciar, valorar, amar) cada uno de estos.
En el pasado Xie Lian estuvo rodeado de todo tipo de personas, pero era bastante solitario. Ahora, no hay muchos a su alrededor y a cambio la soledad fue desapareciendo al cruzarse con aquel muchacho jovial que acostumbra vestir de rojo. Y cuando ya no hubo más de esa amarga sensación, extinguiéndose casi por completo, una nueva nació… Afecto.
Es de noche, afuera aún cae una débil llovizna, pero el sol ha salido una vez más en el corazón de Xie Lian… Y todo debido a su San Lang, como siempre.
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