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Limerencia

Summary:

Cuando tres hermanos conocieron a un mismo muchacho en su pequeño pueblo, todo se salió de control.
Cada uno lo encontró interesante a su manera; como alguien a quien dar amabilidad; alguien que brinda protección; y alguien que merece ser feliz.
Pero lo importante no era este joven o sus intenciones, sino lo que pudo hacerle ver a Yuichiro Amane en el momento más crítico de su vida; que al final, no está solo, con o sin sus hermanos.

Notes:

¡Hola! Esta ha sido una historia reescrita y mejorada así que espero les guste más esta versión que la anterior. Algo que debo aclarar es que hay muchas diferencias entre ambas versiones; los sucesos ocurren de una manera diferente, además, toca temas que podrían ser muy sensibles para ciertas personas como lo son la religión, la depresión, autolesiones o problemas familiares, así que, si algo de esto te pudiera ofender o afectar, te sugiero que no leas este contenido. Sin más qué decir, te dejo con la lectura ;)

Chapter 1: Lágrimas doradas y mirada de oro

Chapter Text

Ya las campanas clamaban el inicio de la sagrada misa como cada sábado en el que el padre más amado por el pueblo, predicaba la palabra de un Dios al que seguían con mucho más ímpetu, y no era para menos. En ese ínfimo pueblo, todos creían en la famosa frase “la fe mueve montañas”, porque era el único poder que tenían en sus manos los pueblerinos, y aun así, la gente era seducida por esa labia sugestiva que poseía el sacerdote Hiragi.

No se hablaba de él como si fuese una vida más en el pueblo; después de todo, la familia Hiragi era de las más prestigiosas, considerada culta y con clase por los demás pueblerinos. A todos los integrantes se les tenía un cariño de espejismo, porque presumían ser los mejores creyentes y predicadores. Pero era de espejismo por la ilusión que generaba, ya que esa familia amada y benevolente que a las personas les gustaba observar, no eran más que venas sanguíneas en donde les corría el odio por todo el cuerpo, llegando a desear la muerte a su prójimo pecaminosamente.

Quien estuviera del lado del jefe, es decir, de Tenri Hiragi, tendría más beneficios y oportunidades. Tal fue el caso de Yuma Amane, uno de los hijos adoptivos de Tenri.

Todo surgió de una catástrofe familiar, donde un hombre fue enterrado vivo metafóricamente para los Hiragi, ante el sacrilegio que cometió antaño. Ese buen hombre adoptó a unos niños trillizos, quienes debido a su figurativa muerte, quedaron bajo el cuidado del líder de la familia; uno de ellos era Yuma, un chico silencioso, de pocas palabras pero que eran muy precisas. Mostró cercanía hacia los dogmas y la religión misma, sellando así su destino de convertirse en sacerdote a futuro para continuar con el legado familiar. Tras esta misión, Yuma se convirtió en monaguillo, deseando alcanzar el nivel de experiencia y conocimiento suficiente que lo podrían preparar para cumplir el sueño de ser como su padre.

Mientras tanto, durante aquel servicio religioso, Yuma supervisaba que sus compañeros realizaran las tareas que a cada uno le correspondía, a la par en que admiraba una vez más a su padre tras el altar, dando los sermones finales de la misa. Una vez culminada la homilía, el sacerdote despidió a sus fieles, dándoles seguridad de que el Señor estaría con ellos en su despedida. Los pueblerinos se levantaron; algunos se despidieron personalmente del sacerdote y otros permanecieron aún rezando en solitario como cierto joven que incluso seguía de rodillas, con las manos firmemente entrelazadas y mirando suplicante a la cruz.

No pudo pasar desapercibido para Yuma ni para algunos de sus compañeros acólitos; de hecho, aquel muchacho parecía aferrarse más a Dios últimamente, pues se hacía constante su presencia en la iglesia.

Parece que vino más emotivo menciona uno de ellos a espaldas de Yuma , hasta se puso a llorar.

¡Qué irrespetuoso eres! Guarda silencio demandó otro que era más experimentado.

Además, es normal. Ha perdido a su madre; en unos días tendremos la misa para su familia.

¡Guarden silencio! espetó en voz baja Yuma, retomando el control de su equipo . Debemos apurarnos a guardar todo y mantener la compostura.

No bastaron más de dos pasos al frente para que el pobre muchacho cayera al suelo por un desequilibrio al pisar accidentalmente su propia sotana. Era cierto que estaba problemáticamente más larga de lo adecuado y debía hacer algo al respecto, sin embargo, en ese instante de torpeza se sintió bastante avergonzado consigo mismo, pues aunque la gente había sido disipada, todavía quedaban algunos fieles que pudieron ver el fatídico suceso y siendo él maestro de ceremonias y un líder ecuánime para sus compañeros, la culpa era mayor.

Apiadándose de su figura, dos de sus compañeros lo ayudaron a reincorporarse. Para pasar la vergüenza, con un rostro enrojecido mandó a cada uno de ellos a acomodar todo lo ya ocupado en el servicio, de acuerdo a lo que a cada quien le correspondía. En un momento a solas, pudo darse cuenta de que el muchacho de antes se mantenía observándolo, ya con un rostro más limpio y cabello ordenado. Sin saber por qué, dio un saludo con una sonrisa abochornada.

¿Estás bien? inquirió el joven.

Por supuesto, no se preocupe. Lamento que tuviese que ver algo tan penoso.

Él le respondió con una risilla, decidiendo mirar hacia el suelo, pensante por su manera de hablar.

Hasta un monaguillo puede caer algunas veces, pero lo importante es levantarse de nuevo.

Coincido contestó Yuma, acercándose de a poco.

Aún lamentaba esa aura que desprendía llena de tristeza y soledad. No estaba enterado hasta hacía unos momentos sobre la misa funeraria que se llevaría a cabo pronto y una fuerza divina le exigía que debía acompañar a ese chico en su dolor pues la empatía debía ser característica elemental de cualquier sirviente de Dios.

Con el preciso cuidado, miró hacia sus lados a que no estuviese cerca su padre, pues seguramente al verlo sentado junto a un visitante de la iglesia, le recordaría que sus deberes son prioridad. Solo por unos instantes, tomó asiento junto a ese muchacho que probablemente tenía su misma edad; de hecho, pudo jurar que no solo se habían encontrado en misa, sino también en el mismo colegio. Era un pueblo pequeño después de todo.

Con el debido respeto, quiso ahondar un poco más en su pérdida familiar; hacerle saber que podía hablar con él respecto a ese tema, o de no confiar en un simple monaguillo, acercarse al sacerdote para pedir consejo o consuelo en sus palabras. E incluso, algo más preciso, acercarse a Dios.

Entendía que se trataba de un deber moral que sentía, sin embargo, para el joven de nombre Mikaela, era lacerante hablar sobre sus emociones que recién fueron expuestas. Hacía poco menos de 24 horas que su madre lo miró a los ojos y luego, esos ojos ya no estaban ni estarían jamás.

Ni bien Yuma preguntó cómo se sentía, él se echó a llorar, asiéndose aun más a sus nudillos blancos y palmas rojas. El nudo en su garganta no le permitió expresarse debidamente, pero Yuma lo comprendió incluso así. Mantuvo un silencio respetuoso, posó su mano en la espalda de Mikaela y le permitió desahogarse a los pies de Dios.

En un segundo tuvo tiempo de mirar por el rabillo de su ojo que no solo sus compañeros ya estaban retirándose de la iglesia, habiendo terminado de guardar sus uniformes con pulcritud, sino además que su padre estaba en camino hacia él, seguramente para recordarle que su servicio había terminado y como lo dictan sus obligaciones, debía volver a casa para terminar con sus asuntos escolares pendientes.

Entendiendo el punto, tuvo que indicarle con algunas palmaditas en la espalda al muchacho que por lo menos él ya debía retirarse, situación parecida a la de Mikaela, debido a que su padre debía estar esperándolo en casa, junto con toda su familia.

Seguramente nos veremos después, en la misa funeraria supone Yuma, acompañando por el pasillo a Mika, hacia la salida.

En realidad, hoy será la vigilia de mi madre. Y admito que tu compañía es muy agradable; me gustaría que pudieras asistir, si no es demasiado pedir de mi parte..

En absoluto contesta Tenri en su lugar, a espaldas de Yuma . Tu madre fue una mujer muy preciada para todos; con una fe inalcanzable para muchos de los que hoy vinieron. Será un placer acompañar a tu familia en estos dolorosos momentos.

Con una vista perdida, Mikaela asiente al comentario del sacerdote; hace una pequeña reverencia y se retira del recinto religioso. Y mientras Yuma permanecía mirando inconscientemente la despedida a su figura, saludando todavía a la distancia, Tenri carraspea lo suficientemente audible para que pudiera entender que seguía revestido con el roquete y que tenía mayor importancia que se apresurara a almacenarlo así como hicieron los demás niños para que pudiera devolverse a casa.

Hoy una gran acción fue realizada por tu generosidad y eso es loable en ti, Yuma, pero antes de servir a los feligreses-

Hay que servir primero a Dios. Lo sé, padre. Terminó la frase mientras se apresuraba a guardar con orgullo sus prendas para poder retirarse.




En su habitación, Yuma estaba terminando de arreglar toda arruga que pudiera verse en su vestimenta oscura. En unos minutos, Tenri lo llamaría para ir a casa de los Shindo y sabía de antemano que respecto a la puntualidad, su padre podía ser muy riguroso.

Mientras se miraba todavía en el espejo, escuchó unos pasos detrás de él, sonando sobre la alfombra café que tenía en su habitación. Era su hermano, Yuichi, quien ya lo estaba despreciando con su sola mirada y los brazos cruzados. Yuma suspiró porque tenía el presentimiento de que el origen de su disgusto era precisamente su salida al velorio.

No me mires así, solo me invitaron a mi y a padre. Además, hasta donde sé, te desagradan este tipo de formalidades.

¿Pero sabes por qué son ustedes los invitados? inquiere con sarcasmo su hermano . Porque eres el hijo perfecto del abuelo perfecto para este pueblo perfecto. ¡Perfectamente una mierda!, eso es lo que son.

En un exceso de lasitud hacia los constantes choques entre él y Yuichi por su inexplicable furia, prefirió simplemente ignorarlo; callar como siempre hacía ante una queja o demanda y atender sus prendas, así una vez que se dio cuenta de que estaba listo, salió de su propia habitación, pidiéndole a Yuichi que saliera también para poder cerrarla con llave y alcanzar a su padre en el salón de la casa.

Ya te crees intocable solo porque el viejo te tiene como su favorito ¿no? seguía espetando Yuichi tras los pasos de su hermano . Ya se está haciendo costumbre que siempre huyas de lo que te digo, eres un cobarde.

¡Yuichi! ¿¡Es que solo sirves para causar disgustos?! preguntó furibundo Tenri Hiragi ni bien escuchó todos los comentarios malsonantes que dijo . Es el colmo contigo. Por estas cosas es que no puedes triunfar de igual manera como tu hermano.

Con tosquedad, empujó a Yuma por su espalda, llevándoselo afuera de la casa emitiendo un último portazo, abandonando a Yuichi con ese veneno inyectado. Sus ojos rojos solo descargaban ira y odio hacia ese anciano al que nunca en la vida podría llamar padre, como hacía su hermano.

Vertiginoso ascendió los escalones para llegar a su propia habitación, encerrarse con llave también y comenzar a golpear el saco de boxeo que tenía colgado, con una furia que solo podía desahogar a través de golpes y alaridos. En esa casa se estaba acostumbrado a los ataques de ira de Yuichi, sin embargo, cada que una discusión surgía, Yuichiro se colocaba sus auriculares, una almohada sobre su cabeza y trataba de dormir, esperando que lo primero que pudiera oír al despertar fuera el silencio.

Lo último que escuchó fue el motor del auto de Tenri encenderse; emprendieron rápidamente el camino para llegar al hogar de los Shindo y como era de esperarse de su puntualidad, solo estaban presentes tres personas, conocidas, por supuesto, por el sacerdote del pueblo y su hijo. Ellos tenían la consigna de aprenderse todos los rostros y nombres de los pueblerinos y sus buenas memorias cumplían efectivamente esta labor.

Además de ellos, también estaba el féretro en medio del recinto, siendo velado por los familiares que vivían en ese momento el dolor de una pérdida. 

Ni bien Yuma encontró a Mikaela, tuvo la imponente energía de acercarse para darle el pésame a él y a su padre, mientras su abuelo mantenía su conversación con los otros asistentes. Al sentirlo cerca, Mika le sonrió y le permitió un abrazo de consuelo, muy necesario para la ocasión; sin embargo, él sintió a su padre resoplando a sus espaldas, y de inmediato soltó a Yuma, seguido de la emisión de una presentación al hombre que recientemente había enviudado.

El señor tenía un rostro deplorable, con una barba sin afeitar, probablemente, por un largo tiempo. Su silueta encorvada le daba un aspecto achacoso y poco formal, sin embargo, Yuma no dudó en extender su mano hacia el pobre hombre, externándole sus condolencias por la pérdida de su esposa.

Lamento mucho el fallecimiento de la señora Shindo. Sé por mi padre que acostumbraba a ir a la iglesia y era muy querida por muchos creyentes, así que sin duda ella será siempre recordada en nuestras misas.

Aunque las palabras de Yuma parecieron conmover a Mikaela, el semblante de su padre no parecía tomarle importancia. El señor Shindo tenía un tic en la pierna y esquivaba la mirada hacia los ojos de la persona con quien estuviese hablando. Parecía más concentrado en el ataúd cerrado, y tal vez se debía a un shock emocional por el que estaba atravesando el señor Shindo, por lo que no hubo necesidad de algún reclamo.

En la mayor brevedad posible, Tenri Hiragi se desocupó con los demás invitados para alcanzar a su hijo y dar el pésame también tanto al padre como al hijo. Incluso tratándose del sacerdote del pueblo, el señor Shindo se mantuvo distante e inquieto.

Disculpen a mi padre, no ha estado bien últimamente justificó Mikaela . En su nombre quiero agradecerles por haber venido.

No hay cuidado; entendemos el duelo por el que debe estar atravesando tu padre. Ten calma, porque la familia Hiragi te ayudará con cualquier cosa que necesites.

En poco tiempo, mostró presencia la familia materna de Mikaela; una mujer delgada y elegante acompañada de un hombre alto con cabello largo y oscuro. También estuvieron recibiendo las condolencias de los demás visitantes; eran los tíos de Mika, la familia Tepes que había viajado desde la capital hasta ese pueblo, para estar presentes en todo el proceso funerario de su recién fallecida hermana. Por supuesto, Tenri y Yuma no se abstuvieron de saludarlos y ofrecerles palabras de apoyo. En poco tiempo, Tenri descubrió que la familia Tepes gozaba igualmente de un gran prestigio y fortuna, ya que eran dueños de una reconocida marca de vinos y licores. No obstante, las curiosidades e intrigas se hicieron ver durante esa larga semana de vigilia en el que algunos pueblerinos que acompañaban tanto a la familia Shindo como a la familia Tepes, se preguntaban, ¿cómo una mujer proveniente de un linaje autónomo y de prestigio, terminó en un pueblo pequeño sin ser bien reconocida? Las teorías tampoco faltaron durante cada noche, sumado a las suposiciones sobre la muerte de la señora Shindo que logró escuchar Yuma después de cada rezo; al parecer, la versión oficial que se dio, fue sobre una muerte natural provocada por un paro cardíaco, sin embargo, las malas lenguas cuchicheaban que probablemente algo tuvo que ver el señor Shindo, pues hubo noches en los que el viudo no apareció, y la familia Tepes siempre se vio mucho más comprometida con toda la organización.

Por otro lado, a Yuma no le importaba la causa; si se dictaminó que fue una muerte natural, entonces lo fue. Además, esa señora ya estaría descansando, por lo que quienes deberían de angustiar más son sus seres queridos que aún seguían vivos, en especial Mikaela, pues con 16 años ya había perdido a su madre y en esa edad podía convertirse en un golpe emocional muy fuerte para su corazón. Y sin embargo, desde la perspectiva de Yuma, Mikaela parecía comprender perfectamente lo que ocurriría a partir de la muerte de la señora Shindo y comportándose especialmente maduro para el caso, estuvo siempre presente junto al féretro, acompañando los restos de quien, con amor, lo trajo a la vida.

Para el sexto día de vigilia, Mikaela estaba especialmente tranquilo. Yuma estuvo presente cada noche para apreciar el detalle en sus sentimientos y acciones. Por ejemplo, los primeros días fue muy servicial, recibiendo las condolencias con sincera estima y buscando que los asistentes estuviesen cómodos y tranquilos, ayudando tanto a su padre como a sus tíos. Pero los últimos cuatro días, Mikaela parecía más distante, quedándose solo con su madre; el señor Shindo había dejado de asistir y la familia Tepes mantuvo su papel servicial. 

Tras los últimos rezos de esa noche, Yuma se apresuró para acompañar al joven, de un modo en que él pudiera sentir su apoyo físico y sentimental.

一" Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación” citó en voz alta . Incluso si lo hacemos por dentro, las heridas sanarán con la palabra de nuestro señor.

La manera en que entró en acción a consolarlo, le dio tal ternura que Mikaela soltó una ligera risa, todavía mirando el ataúd cerrado.

No estoy llorando.

En la iglesia lo hiciste Recordó y Mika pareció avergonzarse . Está bien, pues como dije, recibirás consolación. No lo olvides.

Ahora solo estoy algo nervioso admitió . Mañana es el entierro pero siento que no estoy listo todavía.

A mi parecer, nadie nunca lo está.

Brindando apoyo espiritual, Yuma posó su mano sobre el hombro de Mikaela, y cuando este le sonrió en agradecimiento, supo que estaba haciendo una buena obra y que Dios estaría orgulloso de él.

Tuvo una gran certeza de que esto fue una prueba del creador para Mika, porque ciertamente pudo verlo tan firme y sereno, incluso después de hablar de esas ansias que nunca se manifestaron realmente. Si ayer lloró, hoy lucharía, y tal pensamiento evocaba una gran admiración hacia él; sentía que debía ser un guía en su vida para llevarlo hacia la palabra de Dios, en donde podría encontrar confort. Que esa era su ansiada misión, como fuerza del destino en el que creía.



El séptimo día llevó a Mikaela a finalmente despedirse de su querida madre. A fin de despedirla en conjunto, se realizó la misa funeraria a cargo del sacerdote Hiragi, recordando a la hermana que ahora descansaría en paz y sería guiada en su camino hacia el Señor. 

Por otra parte, Yuma no podía dejar su labor de monaguillo de lado, por lo que tuvo la obligación de asistir a su padre así como sus demás compañeros, pero nunca desvió por demasiado tiempo su mirada de la visión que proyectaba Mika, de pie mientras escuchaba la oración de Tenri, con su padre a un lado que dejaba mucho de qué hablar para los demás pueblerinos. 

Ni bien terminó la misa, todos los presentes se movilizaron y acompañaron la camioneta negra que llevaba al féretro, en una especie de peregrinación que daba apoyo físico y emocional a los Shindo y a los Tepes. 

El entierro se realizó de acuerdo a lo planeado. Al terminar, muchos de los presentes se retiraron, incluyendo a Tenri y a Yuma. 

Un abrazo no bastaría para reparar el corazón de Mikaela, solo el tiempo se encargaría de volver a pegar esas piezas rotas. Pero en ese último abrazo, Yuma intentó transmitirle toda su fe, esperanzado porque lo último que pudo ver en Mikaela, fue su sonrisa, fuerte y audaz. Como si le estuviera diciendo "estaré bien". Y sabía que así sería. 

Los últimos que se quedaron presentes fueron Mikaela, su padre y los Tepes. No obstante, tanto Krul como Ashera debían regresar a su ciudad ese mismo día, y aunque no hubo palabras entre ellos y el padre de Mika, siempre ofrecieron su gentileza y ayuda a su sobrino. Cada vez que miraban los ojos de Mikaela, veían en él a su difunta hermana y esa sensación se transformaba en amor hacia ese joven.

Unos días después, nadie de la familia Shindo manifestó su presencia en la iglesia. Pasaron hasta dos semanas y Yuma dejó de encontrarse con Mikaela y su andar dorado.