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A veces los conejos son muy ingenuos

Summary:

Todomatsu no quiere recordar algo que pasó.

Notes:

Algo que tuve por mucho tiempo en word. Espero que les guste.

Work Text:

Y abrió los ojos.

Se levantó a causa de la alarma, sobándose el rostro de manera pesada en un intento de despertarse por completo. Y aunque la cabeza le dolía a mil demonios, era lunes, lo que significaba que debía de ir a trabajar a la guardería. Se estiró un poco saliendo del futón individual. Sabía que era temprano, pero no por ello podía darse el lujo de relajarse mucho. Se adentró al baño para poder matar todo rastro de sueño que aún poseía con las tibias gotas de la regadera encendida, borrando su rostro cansado y pesado. Debía de comenzar la semana con unos buenos ánimos para así animar a los niños.

— Vamos, Todomatsu, vamos.

Se alentó en frente de su espejo mientras pasaba su peine por su cabello, dándose una suave sonrisa al final. Tan perfecto como el mismo. Se cambió con sus respectivas ropas y agarrando lo necesario para el día de trabajo salió de su departamento. Tomó el tren y llegó al lugar en poco tiempo. 

Desde afuera se podía escuchar con claridad las risas de los infantes, haciéndole sonreír inconscientemente.

— Eh, chicos, tengan cuidado. —su dulce voz resonó en los pasillos— No corran, se pueden caer. —los pequeños al escucharlo solo asintieron y se fueron caminando. Era muy lindo ver como los niños le hacían caso, eran las únicas personas que le hacían caso en realidad. 

Negando ante tal fugaz pensamiento, se adentró a su respectivo salón. Escuchando los gritos alegres de quienes venía a cuidar.

— ¡Totty! ¡Totty! —era tierno como le habían apodado— ¡Llegué temprano! ¡Llegué temprano! ¿Me puedes dar una galleta? —preguntó el niño sonriéndole.

— ¿Ah? Pero si aún es muy temprano para comer dulces —le reprochó haciendo que el niño soltará una risita— Espera a que lleguen los demás y así todos podrán comer galletas.

— ¡Yeih! —el pequeño se fue corriendo dejándolo en paz.

Trabajar cuidado a sus niños no lo estresaba del todo, ya que era un ambiente muy alegre y animado. Le hacía recordar a sus hermanos y esos viejos tiempos en que los seis vivían juntos. Viejos recuerdos de cuando aún pasaba tiempo con ellos. El liderazgo de Osomatsu, la amabilidad de Karamatsu, la irritación que causaba Choromatsu, la realidad de Ichimatsu y la alegría de Jyushimatsu. Eran pequeñas cosas que llevaba consigo a pesar de que cuando los veía actuaba indiferente a lo que en realidad sentía o pensaba con ellos.

No era que no les importase, más bien solía ir a verlos muy a menudo a donde trabajan, pero claro, era siempre una ''casualidad'', no podía dejar que vieran que aun los quería. Tal vez era por su orgullo, tal vez era porque ya era un adulto y no podía ser tan... así. Tal vez porque no los soportaba, tal vez porque no quería que pensaran mal de él. Eran muchas cosas en verdad que ni siquiera él sabía cuál de todas esas excusas era la respuesta original.

Un mensaje a su celular lo sacó de sus pensamientos.

Este domingo en el departamento de Ichimatsu!!

Eran unas cuantas palabras enviadas por su hermano mayor, el amante del rojo, seguidas de unas caritas felices. Siendo el dueño del departamento en donde se haría la reunión el que respondió a ello con un simple ''Ugh''. 

Mientras que, por su lado, Todomatsu solo sonreía. Desde que empezaron a trabajar todos por su cuenta era muy raro como el tiempo que antes les sobraba para convivir se había esfumado. Ya no habían más tardes en el pachinko ni tiempo para ir a comer oden donde Chibita. Ahora solo eran Osomatsu en la librería, Karamatsu en la florería, Choromatsu en la peluquería, Ichimatsu en una cafetería dibujando nuevos mangas shoujo, Jyushimatsu en el zoológico cuidando de los animales y él en la guardería. Por lo que de vez en cuando se reunían en la casa de alguno. Contándoles a los demás sobre lo que pasó en su semana, acompañados de unas buenas cervezas. Y esta vez era el turno del dibujante, pobre de él.

Solo pensar en ello lo ponía de un extraño buen humor. Extrañaba a sus hermanos, pero aquí entre nosotros, querido lector, extrañaba mucho más a Ichimatsu. ¿Por qué? Porque su hermano mayor era genial, a pesar de tener una actitud muy apática y antisocial. Porque era alguien muy sensible en el fondo de esa carcasa sin sentimientos y porque era alguien muy especial para él. Pero, ¿Cómo sabía aquello? Bueno... hace un tiempo atrás muchas cosas pasaron, entre ellos.

Cuando tomaban de más era cuando más dejan salir sus verdaderos pensamientos y sentimientos, diciendo al aire que se amaban unos a los otros sin temor a que los mirasen mal o que los rechazaran. Era cuando menos pensaban y... Oh, Dios, como lo recordaba. Una vez Osomatsu intento besar a Choromatsu diciendo que jamás encontraría a una mujer con quien casarse y por eso se quería casar con él. O cuando Jyushimatsu empezó a gritar a todo pulmón el nombre de su segundo hermano mayor, despertando a toda persona que dormía mientras caminaban por las calles. Pero de otra cosa que también recuerda era de cuando Ichimatsu le había confesado algo... muy privado.

— Me gustas...

Dos palabras que formaban una oración tan fuerte e impactante. Dos palabras que nunca borrará de su mente ni de su corazón.

— ¿Eh..? Ichimatsu-niisan...

— Me gustas... —volvió hablar entre balbuceos intentando no sucumbir al sueño, pero fallaba estrepitosamente—  Mucho... —quedándose dormido a su lado dejándolo totalmente confundido y algo agitado.   

Nunca dijo un nombre, o el suyo, pero le dijo eso. Le dijo que le gustaba, ¿Quién más podría ser? Si se lo dijo a la cara. No había necesidad de nombrar a alguien si se lo decía de frente a esa persona ¿verdad? No había necesidad de aclarar esa duda si estabas dispuesto a vivir en una falsa realidad. Dejando que tu corazón latiera como un loco, desatando pensamientos que jamás hubieras pensado, cambiando totalmente de noche a la mañana por unas simples dos palabras. ¡Qué locura!  

Todomatsu simplemente suspiró con una sonrisa ignorando a su cerebro y a aquellos recuerdos de su pasado. Ahora debía de concentrarse en su trabajo y en sus niños, era día de marionetas así que estaban totalmente emocionados.

— Muy bien, muy bien. —ni siquiera se había percatado de cuando ya estaban todos los siete niños que cuidaba. Ese día estaba muy distraído— Vengan todos juntos. —los llamó al centro de la habitación— ¿Saben que historia contaré hoy? —preguntó, siendo las voces de los menores en un coro respondiendo que no. Deseando por saber— Hoy les contaré sobre el gato y el conejo.

Sacó los muñequitos de una caja que el mismo había traído, comenzando a contar el cuento. El un gato morado y un pequeño conejo rosado.

— Erase una vez, un gato muy triste, solo y amargado que se la pasaba molesto y llorando. —los 'ow' de su público no se hicieron de esperar, en especial de las niñas— Era muy tímido y callado, por lo que nadie se le acercaba, ni siquiera para decir un hola.

— ¿El gato es malo? —preguntó uno de los siete a su cuidado.

 No, no lo es —respondió intentando aclara su duda— Este gato había sufrido mucho, porque la gente al verlo le echaba agua o lo botaban de sus casas cuando entraba.

— ¿Por eso siempre lloraba? —la voz de una niña cuestiono.

— Si, porque nadie le daba una oportunidad de dejarlo ser. De poder demostrar que no era un mal gato. —movía el títere viéndolo por unos segundos sonriendo sutilmente— Hasta que el gato encontró a un pequeño conejo, un pequeño conejo que también estaba solo. 

— ¿Por qué es de color rosa el conejo?

— Porque no encontré un conejo blanco —ante eso los demás niños rieron— Como iba diciendo. El gato encontró a un pequeño conejo herido, acostado en el pasto con una pata mala.

— ¿El gato se lo va a comer?

— Para eso me deberían dejar de interrumpir, porque sino no sabrán lo que pasó ni con el gato ni con el conejo —su voz sonó a regaño y a molestia, pero no lo estaba. Sabía cómo sus pequeños siempre preguntaban por todo y ama eso, porque significaba que le estaban poniendo atención— ¿Me van a dejar contar la historia?

— ¡Si, Totty! —como si todos fueran uno solo respondieron con alegría.

— Muy bien entonces... —miró a los niños antes de seguir y esta vez acabaría la historia— El gato al ver que el conejo estaba mal se le acercó para poder ayudarlo. Cosa que al principio lo asustó y mucho, porque gatos y conejos no se llevan muy bien, pero este gato no era igual que a los demás. A pesar de que siempre estaba serio y de no tenía amigos, era alguien muy amable y frágil, tan frágil como el conejo.

Ambos eran muy diferentes, pero a la vez iguales. Ambos habían sido maltratados por los humanos, habían sido juzgados y habían sido heridos. Ambos estuvieron solos hasta que se encontraron aquel día. El señor gato cuidó muy bien del conejo, dándole de comer lo que podía e intentando protegerlo de cualquiera que se le acercará. Pasando los días hasta que se recuperara y pudiese volver a saltar. Pasando por muchas cosas entre ese tiempo.

— ¿Cómo cuáles?

— Bueno, se contaron historias mutuamente. —respondió la duda— Miraron las estrellas ellos dos juntos. —dejándose llevar por sus recuerdos— Abrazándose al dormir y...

— ¿Y qué pasó cuando se recuperó? ¿Dejó al gato? —siendo interrumpido por otro de sus niños. Volviendo a la realidad.

Abre los ojos, Todomatsu.

— No, porque el conejo se había dado cuenta de la gran persona que era el gato —movió ambos títeres de aquellos animales como si se abrazaran— A pesar de que el gato aún mantenía su cara molesta y el pelaje desarreglado, ahora tenía a su lado un amigo conejo con el que podía contar para lo que sea.

— ¿Se hicieron amigos al final?

— Si, así ninguno estaría solo de nuevo. —los demás solo respondieron con euforia ante el final del cuento, haciéndolo sentir contento por unos momentos.

''Ninguno estaría solo de nuevo'' ¿Eh? Claro...

Haciendo que el día de trabajo fuera más ameno hasta que llegó la hora de irse a su casa. Dejó a cada niño con su padre para luego poder recoger sus cosas y alistarse para salir del lugar. Se despidió de sus compañeras que estaban en otros salones y salió a la calle. No era tan tarde así que decidió dar una visita rápida a la librería en donde su hermano mayor trabajaba, tal vez podría encontrar a Ichimatsu en ella, dibujando de costumbre.

— Todo está bien, Todomatsu. No pienses mucho en cosas que no son.

Murmuró para sí mismo mientras sus pies se movían. Su mente era algo terca y masoquista al querer mantener presente al cuarto hermano. Y era que en todos lados lo veía, cualquier cosa le recordaba a él. El gato de la esquina, el color morado del cielo, los arbustos punteados y desarreglados. No pudo evitar reír ante ello. Su hermano mayor se parecía a los arbustos... y a esas flores...

Flores.

Luego de caminar por unos largos diez minutos paró en frente de un gran ventanal, mirando hacia dentro, intentando visualizar a su hermano dibujante, pero no lo encontró.

— Tal vez se quedó en su casa...

Se respondió su propia duda volviendo a caminar a su casa, esta vez un sentimiento pesado atacó su pecho. ¿Tanto se había decepcionado al no encontrar al morado? Si, definitivamente debía dejar mucho.

Al llegar a su hogar, dejó las llaves a un lado y sus cosas a otro. Se fue directamente al cuarto y se tiró en el futón. Tal vez solo debía dejar que la semana pasará sin ir a ver a algún otro idiota hermano suyo. Tal vez solo debía de-- su celular sonó.

''Recuerden llevar cerveza!''

''No problem, cuenten conmigo.''

''A mí ya me pagaron! Ya me pagaron!''

''Ugh... no vayan a vomitar ni a quedarse dormidos en algún lugar''

''No cuentes con eso, Ichi-chan~''

''Te ayudaré a limpiar si pasa algo''

Ver los mensajes solo le traía más cansancio, cosa que era muy raro. ¿Cuándo se comenzó a hartarse de todo esto? De su propia rutina, de su propio comportamiento. Tal vez era porque estaba muy solo. Tal vez era porque no había nada nuevo. Tal vez tenía algo mucho más profundo que un simple 'estoy cansado' o que un 'es nostalgia'.

— No, tú estás bien Todomatsu. —sus palabras resonaron en las cuatro paredes— Estas contento con tu vida, tienes un trabajo muy bueno en donde te pagan bien y haces feliz a los niños —se quería convencer— Te alimentas bien y de vez en cuando sales con tus hermanos —de que todo estaba bien— Tú eres muy feliz. ¡Eres adorable y tierno! ¡El mejor de los sextillizos!

El silenció lo invadió por unos breves segundos para luego asentir inseguro.

— Si... lo tengo todo.

Él era el mejor de los seis hermanos, pero su vida y lo que hacía en ella no era suficiente si estabas completamente solo. ¿Quién era si ya no estaba con el grupo?

— Ugh…

Se levantó para cambiarse de ropa, comer algo y prender la televisión. Mañana era día de parque así debería de tener suficiente fuerza y ánimos como para controlar a siente pequeños diablos. Se quedó un par de horas enfrente de la pantalla viendo un par de películas de comedia, a veces eso lo hacía reír, para luego lavarse los dientes e irse a dormir. 

Y abrió los ojos.

Mañana de nuevo. El despertador volvió a sonar despertando lo de sus dulces sueños. Dio un bostezo cansado sobándose el rostro. Se levantó como el día de ayer e hizo las mismas cosas que el día de ayer. Tan monótono se había convertido que no había sentido en narrar sus acciones.

Bañarse, cambiarse, comer un poco e ir a la guardería. Las horas pasaban. Llevar a los niños al parque, responder preguntas, sentirse bien por ser el que resolviera sus dudas. Llegó la tarde. Dejar a los niños con sus padres, ordenar sus cosas e irse a su casa, pasar de casualidad por la cafetería intentando ver a... Llegar a su casa, dejar sus cosas a los lados, cambiarse de ropa y prender la tele para distraerse. Dormir.

No valía la pena contar los siguientes días tampoco, no hasta el domingo. Día que se despertó en la tarde a causa de trasnocharse la noche pasada pensando en qué hacer con su vida. ¿Por qué todo se había vuelto tan deprimente si él no era Ichimatsu? ¿Y cuando esté se había vuelto más alegre? Era tan irónico y no tenía sentido alguno, o tal vez sí y no quería ver la razón de ello.

''A las 8 los espero. No lleguen tarde, pedazos de mierda''

Un gran mensaje para comenzar la mitad del día. ¿Por qué no tenía fuerzas ni siquiera para contestar? Había esperado tanto para ese día. ¡Debía de alegrarse!

— A la cuenta de diez, nos levantaremos y seremos Todomatsu Matsuno. El menor de los sextillizos, el más adorable y lindo. El más genial y el que siempre obtiene todo lo que quiere.

Cerró los ojos mientras contaba.

— Diez... nueve... ocho —y cuando lleguemos a uno seremos aquel chico de rosa que ama salir con sus amigos— siete... seis... cinco —aquel que sonríe por todo y le teme a la oscuridad— cuatro... —aquella persona que no tiene un corazón y se muestra tan indiferente ante sus hermanos— tres... —aquella persona que...— Tsk.

Se levantó dirigiéndose al baño mientras fruncía el ceño. ¿Acaso estaba molesto consigo mismo? ¿Por qué? ¿Qué había hecho el mismo para enojarse con si mismo? 

Se quitó la ropa de mala gana entrando a la bañera, dejando que el agua se llevara su mente por el desagüe y dejando que sus lágrimas se combinaran con las gotas que surcaban su cara. ¿Por qué estaba tan mal? ¿Cuándo había cambiado todo? ¿Cuándo comenzó a sentirse tan solo? y ¿por qué?

Pasó una media hora o cuarenta minutos sentado en la nada, divagando más y más buscando una respuesta en todo su ser, pero no la hallaba. ¡No había un motivo para estar triste ni deprimido! No lo había.

Abre los ojos. Vamos hazlo, Todomatsu.

— Que absurdo —se dignó a decir, terminándose de bañar para salir de ahí. 

Se vistió con sus típicas ropas y salió de su departamento. Ni siquiera se había detenido a secarse el pelo, pero ¿Qué le pasaba? Aunque si se detuvo en la tienda más cercana para comprar un par de cosas, entre ellas unas cuantas latas de cerveza y unas frituras. Podría ser solo necesitará tomar con sus hermanos para callar a las voces internas.

Perdió algo de su tiempo en su celular, porque no había otra gran manera de hacer correr las horas que, viendo sus redes sociales, apreciando las vidas ajenas y lo mejor que estaban ellos. Notando que había ganado un par de seguidores nuevos, cosa que lo hizo sonreír de momento. Distrayéndose con las tendencias en Twitter y con el cielo azul oscuro, curiosamente esa noche no hacía tanto frio. Con suerte no se enfermaría. 

Tú ya estas enfermo, Todomatsu.

''¿Ya están en camino?''

Su celular vibro mostrando aquel mensaje en la pantalla.

''Yo sí, ya llegó''

Escribió, siendo seguido de sus otros hermanos con respuestas cortas.

Suspiró agarrando la bolsa con las latas aun en ella, bueno... ahora había un par menos, dirigiéndose a donde vivía el dibujante. ¿Cuánto se había tardado? Posiblemente unos veinte minutos en llegar y unos quince en dudar si tocar la puerta o no. ¿Por qué estaba tan nervioso si no era la primera vez que entraba a su hogar? ¿Por qué tanto miedo?

— ¡Oh, Totty! —alguien salió— ¡C'mon, c'mon, pasa, te vas a resfriar si te quedas afuera! —solo era Karamatsu, quien lo tomo del brazo jalándolo hacia dentro. ¿Qué hacía el ahí?

¿Recuerdas?

— ¿E-eh? Si, si —se dejó llevar entrando al lugar— ¿Los demás?

— Todavía no llegan, pero don't worry no se tardarán en llegar —siempre tan amable y cautivador.

— Claro... —se fue a sentar a un sillón. Su cabeza lo comenzó a marear un poco. ¿Era por la cerveza?

Recuerdas, ¿verdad?

— ¿Recordar qué...? —murmuró para sí mismo siendo interrumpido por otra voz.

— Oh... llegaste —¿desde cuándo la voz de Ichimatsu era tan profunda y ronca?— ¿No tenías nada que hacer o porque tan temprano? —preguntó con sarcasmo y burla.

— ¿Acaso debía de tardar como los demás? —respondió con una sonrisa de gato.

— Tch. —soltó una risa mientras se acomodaba la ropa— Bien.

Él no te eligió a ti

— ¿Vamos a la cocina o quieres quedarte en la sala para siempre? —le volvió a hablar, esta vez en su tono de voz neutral.

— Voy.

Todomatsu se levantó pasando por alto lo antes pensado, llevando su bolsa a donde los demás se dirigían. ¿Cuánto tiempo podía pasar para que los demás llegaran? Sentía como el ambiente se ponía pesado y curiosamente no tenía un tema para hablar. Suspiró. Agarrando su celular, su única luz en su oscuridad.

Bajó por las mil y una publicaciones de sus 'amigos' y seguidores perdiéndose en su propio mundo por unos segundos. Hasta que el sonido del timbre lo sacó llamó su atención. 

Él gato prefiere las flores, que los títeres.

— ¡Karamatsu-niisan! ¡¿Cómo estás?! —la voz del quinto hermano resonó por el lugar— ¡Ichimatsu-niisan! ¡¿Cuánto tiempo que no nos vemos?! —llenándolo con una extra energía tan alegre.

— Tch... Jyushimatsu, nos vimos la semana pasada... —lo escuchó quejarse.

— Oh, my little Jyushimatsu~ —mientras el otro correspondía.

Tú perdiste contra él, recuerdas ¿verdad?

— Ugh... —abrió una lata de cerveza intentando ver si así se le pasaba lo raro.

— ¡Totty! —o eso quiso hasta que sintió como el de amarillo lo abrazaba por los hombros— ¡¿Cómo estás Totty?! —riendo mientras se removía, parecía un cachorro hiperactivo como siempre.

— ¡Jyushimatsu-niisan! Me estas aplastando —se quejó escuchando como el timbre volvía a sonar.

— Osomatsu, Choromatsu que coincidencia que vengan juntos, ¿no? —sugiero algo el dibujante— ¿Acaso habrán estado haciendo algo antes?

— ¿En qué cosas piensas Ichimatsu? —respondió el de verde con un aire ofendido— No somos como tú y Karamatsu —rodando los ojos.

¿Él y Karamatsu?

— Ow~ Choro-chan~ No digas eso que hieres mis sentimientos —se lanzó haciendo drama el hermano mayor de todos.

¿Qué era lo que pasaba?

— Well, well, well. Ya que estamos todos juntos ¿por qué comenzamos a beber un poco?

— ¡Si! —gritaron en un unisonó el quinto y el primero.

El tiempo estaba pasando muy rápido para Todomatsu que no podía asimilarlo. ¿Por qué Ichimatsu había dicho eso? ¿A qué se refería Choromatsu? Su cabeza estaba en otro tiempo y su cuerpo en el presente sonriendo y riendo ante lo que decían los demás. ¿Cuándo había ido a la sala de nuevo? ¿Cuándo había abierto su tercera lata de cerveza? Todo era muy confuso. ¿A qué se refería con perder? ¿Qué había perdido?

— Pero, en fin, Karamatsu, deja de querer venderme ese girasol. ¡Es muy horrible! —se quejó Osomatsu-niisan.

— Pero, si es unique en su especie, brother. Atraería a más gente a la librería. —le contesto. Siendo seguido de las risas de Ichimatsu. ¿Por qué estaba sentado a su lado si lo odiaba? Aun lo odiaba, ¿no? Lo irritaba hasta el punto de querer golpearlo en la cara siempre, ¿no?

— Aja, si es tan ''unique'' como dices ¿por qué mejor no se lo regalas a Ichimatsu? —se burló— Al final de cuentas es tu pareja —era burla ¿verdad? Era... eso era una broma, ¿no?

— Tch, no me metas en eso... —parecía molesto, estaba seguro que era molestia como siempre— Karamatsu sabe que no me gustan esas flores. —Ichimatsu odiaba a Karamatsu. Él lo odiaba mucho...

Ellos no estaban saliendo, ni se amaban. No, no, no. Ellos se odiaban mutuamente, ¿verdad?

— So true, my flower~ 

Si se odiaban, ¿por qué estaban tan cerca? Si se odiaban ¿por qué se abrazaban de la cintura? Si se odiaban ¿por qué ya no lo demostraban? Porque ahora se tomaban de las manos, entrelazando sus dedos, juntando miradas. Susurrando palabras que no entendía, sonriendo tan... enamorados.

¿Ahora recuerdas?

Pasó una mano por su cabello suspirando de dolor, ¿Cómo pudo olvidar lo?

''Me gustas...''

Sus hermanos habían estado saliendo desde hace mucho en realidad...

''Mucho...''

Si lo recuerda.

''Karamatsu''

Pero ¿eso fue justo cuando empezó o después de que empezó a sentirse miserable? 

Negó con la cabeza, solo quería calmarse. ¿Cómo pudo...? Esa vez que tomaron de más, esa vez de aquellas dos palabras... ¿Cómo pudo olvidar que Karamatsu estaba ahí también? Abrazando a Ichimatsu por la espalda, apegados debajo del futón grupal. Por eso era que el cuarto lo estaba mirado a él, le estuvo hablando a él. 

Me gustas...

Pero esa confesión no era para él, nunca fueron palabras dirigidas a él. Ichimatsu jamás sintió algo por él.

— ¿Eh? ¿Totty? ¿Estás bien? —le preguntó el amarillo.

— Yo... sí, si —asintió con la cabeza para dar otra sonrisa, limpiando suavemente sus ojos— Solo es un mareo, creó que debería parar de tomar ya. —riendo para no llorar— Mañana tengo que ir a trabajar. —se sentía enfermo en ese lugar— Creo que... creo que mejor tengo que ir.

Se sentía débil y mal.

— ¿Enserio? ¿Puedes ir solo? —esa pregunta solo lo hizo sentir peor. ¿Qué quería decir con ello?

— ¿Crees que no puedo cuidarme solo? ¿Eso es lo que crees? —y el estar con alcohol en su sangre no ayudaba— ¿Piensas que soy un niño? ¡¿Eh?! ¡¿Jyushimatsu-niisan?! 

— N-no... —haciendo que su sonrisa se borrara por su comportamiento— Es solo que ya no pasan trenes... lo decía por eso. Lo siento si dije algo malo, Totty —disculpándose en voz baja.

Se había exaltado por nada, genial.

— Oe, Totty ¿Todo bien? —esta vez lo cuestionó el de rojo con cierta molestia en el rostro— Vamos hombre, no te tomes las cosas a pecho.

— Si, Todomatsu... Cálmate un poco. —le secundo Choromatsu. Ya se sentía lo suficientemente mal ¡¿podrían parar?!

— Maybe you are just stress, my little brother —Karamatsu abrió su boca.

— Tal vez si deberías de irte a tu departamento... —pero que Ichimatsu dijera algo fue la gota que demarró el vaso.

— ¡Si tanto quieren que me vaya, me iré! —se levantó de su sitio— De todas formas, quien quiere estar aquí con ustedes. ¡No son nada más que estúpidos e idiotas hablando de cosas sin sentido!

— Totty —intento intervenir el primer hermano.

— ¡No me llames así! —gritó molesto— Estúpido hermano mayor... —soltando odio en sus palabras mientras se dirigía a la puerta temblando y con el corazón en la garganta. 

— Todomatsu espera, ¿seguro que quiere--

— Si, me largo —contestó cortante— De todas formas, nos veremos la próxima semana así que adiós. 

Azotó la entrada saliendo del lugar. ¿Por qué se había comportado como todo un idiota? Si era él el que más los extrañaba. ¿Por qué sentía que solo podía demostrarles odio en vez de que en verdad quería demostrar? ¿Por qué?

— Maldita sea...

¿Era acaso que le molestaba ver más alegres a sus hermanos? ¿Qué el quinto fuera tan ruidoso? ¿Qué Choromatsu siempre secundara las ideas de Osomatsu? o ¿Era que no podía ver como se tomaban de las manos el segundo y el cuarto hermano? ¿Acaso odiaba su relación? Si entre todos los aceptaron celebrando. Si todos estaban felices con ello. ¿Por qué ahora sentía que los odiaba? 

Él es mejor que tú.

Tal vez por primera vez esa voz tenía razón. Era entendible que Karamatsu fuera mejor que él, era comprensible que cualquiera de sus hermanos fuera mejor que él. Lo era. Y tal vez era por eso mismo que no culpaba del todo a Ichimatsu cuando se enamoró de Karamatsu. ¿Quién no se enamoraría de él? Siempre era amable, siempre era atento y siempre estaba dispuesto a dar todo de sí por los demás. ¿Cómo él podría ganarle a eso? Si él solo era un niño llorón que aún le temía a la oscuridad y a quedarse solo, dos cosas que ya lo estaban consumiendo.

''Y se hicieron amigos, así ninguno estaría solo de nuevo... O así fue, hasta que el gato conoció a un tigre. Era un tigre muy raro, pero muy honorable. Casi de inmediato el gato se enamoró de sus palabras tan dolorosas y sus patas tan suaves de color rosa. Mientras que el conejo, él, bueno... A veces el mundo no está hecho para conejos, a veces ellos se quedan solos y pierden su brillo hermoso.''

¿De qué le servía vivir su vida como la vivía si se sentía como una escoria? Como un cero a la izquierda.

A veces los gatos y los tigres son más que perfectos.

Tomó sus llaves y abrió la puerta de su propio apartamento, siendo bienvenido por la voz de la soledad y abrazado por el frio del nuevo lugar. 

— Ugh...

Y a veces los conejos son tan ingenuos... 

Se quito los zapatos y dejó las pocas cosas que traía a un lado. Fue directo a su pequeña habitación encerrándose mientras se cambia de ropa. Esperaba olvidar todo para la mañana siguiente. Debía de volver a ser el Todomatsu sonriente para sus niños, debía ser el chico de rosa adorable que todo mundo ama.

— Si...

Se puso sus ropas para dormir metiéndose al futón después de apagar las luces de su cuarto. Sabía que mañana no recordaría nada, porque así era su rutina diaria. Su vida sin alguna emoción viva. Existiendo por existir. Viviendo por vivir entre los hermosos brillos de sus propias mentiras. Cerró los ojos dejándose caer en los brazos de Morfeo deseando dejar de pensar una vez más. Descansando hasta que la alarma lo despertó...

Y abrió los ojos.

Es lunes de nuevo.

 

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Orion

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