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Snowman

Summary:

I want you to know that I'm never leaving
'Cause I'm Mrs. Snow, 'til death we'll be freezing
Yeah, you are my home, my home for all seasons

Work Text:

Se acercaba el invierno, los vientos cambiaban y la temperatura bajaba. La gente en las calles comenzaba a abrigarse aun mas para salir. El quedarse en casa al lado de la estufa era un privilegio y levantarse de la cama cada vez costaba más.

 

Itadori nunca fue un fan del invierno, siempre prefirió el calor y los colores brillantes del verano antes que la soledad y la tristeza que acarreaba el invierno. Tampoco ayudaba de que su casa siempre pareciera fría desde que su abuelo había sido internado en el hospital y que a cada des mejoría de este el corazón de Yuuji se achique y se estruje. Fue en parte un alivio el momento de su muerte, su abuelo había dejado de sufrir pasando a mejor vida, sin embargo, acrecentó el vacío en el corazón del joven. Suspiró con desgano mirando hacia la ventana.

 

Apenas tenía dieciséis y nunca se había sentido feliz, reflexionó. Si podía reír y bromear con los demás, sin embargo, algo en su interior le impedía disfrutar del todo, dejándole una dolorosa sensación en el pecho de insuficiencia y soledad. Un par de veces lo había consultado con otros ancianos que habitaban en el hospital y siempre recibía la misma respuesta. ‘Quédate tranquilo, solo es la edad’ ¿lo era? ¿Este sentimiento de nunca encajar, aunque lo intentase? Desde niño recordaba haberse sentido así sin saber su real significado.

 

A Yuuji le gusta pensar que eso cambió cuando se comió el dedo de Sukuna para salvar a sus compañeros de escuela, porque a pesar de haberles hablado solo por el club de ocultismo, consideraba que eran los más cercanos a unos ‘amigos’ de lo que había tenido hasta ese entonces. Ese día recuerda que conoció a Fushiguro, un chico que se preocupó por él aun sin conocerlo. Una leve calidez recorrió su pecho al recordar los ojos preocupados del chico tratando de salvarlo. Luego de ese incidente, entró a Jujutsu con un destino inevitable: Morir. Aunque todos en algún momento morirían, el ser tan consciente de ello le dejaba un sabor amargo en la boca aun sabiendo de que estaría salvando a millones de personas solo por comer un par de dedos.

 

No obstante, tratando de ignorar la muerte violenta que le esperaría, intentó de pensar en las buenas personas que había conocido gracias a eso: Fushiguro, Nobara, Nanami, los senpais. Junpei, pensó con una leve melancolía. Y cómo olvidar a su sensei, Gojo Satoru, quién lo acuñó durante meses en su casa, tratándolo como uno más y dándole la confianza suficiente que ante cualquier situación él podría manejar la fuerza de Sukuna. El recuerdo de su excéntrico maestro y de su sarcástica sonrisa, provocó que inconscientemente elevara las comisuras de sus labios junto una linda sensación en su pecho.

 

Un escalofrío recorrió su espalda cuando su cuarto se volvió más helado debido a que la calefacción nuevamente fallaba. Lo peor de todo es que ni siquiera podía sentir una estufa eléctrica ya que la excesiva nieve que caía en la ciudad había provocado un corte de luz y la escuela de Jujutsu lamentablemente también había sido afectada. Temblando se dirigió hasta el armario para ponerse encima otra frazada para abrigarse.

 

‘Odio el invierno’ Susurraba como mantra mientras su cuerpo, envuelto en la cobija, se movía de adelante hacia atrás para conseguir un poco de calor. No estaba funcionando, pero aún seguía intentando. Estaba a punto de rendirse cuando la puerta de su cuarto fue abierta completamente obligándolo a levantar la mirada, encontrándose con un Gojo exaltado envuelto en una bufanda.

 

‘‘¡Yuuji-kun!’’ Exclamó antes de correr hacia él y abrazarlo con sus fuerzas.

 

Típico de Gojo, pensó Itadori con las mejillas sonrosadas. Los excesivos toques a veces lo ponían nervioso, pero nunca le disgustaba. Le gustaba sentir el calor de otro cuerpo rodearlo y más si era el de su maestro preferido. A veces creía que el único en el cual podría llenar todo el vacío de su corazón sería nada más que Gojo y sus bromas tontas. Sin embargo, entendía que bien podía ser solo otro tonto amor fugaz de esos que se tiene en la adolescencia y que no debería hacerse muchas ilusiones ya que entre ambos existía una diferencia de edad muy importante.

 

‘’Estás helado, déjame ayudarte’’ Dijo su maestro mientras se metía en la frazada junto Itadori y los rodeaba a ambos con la misma, haciendo que sus cuerpos queden pegados por el costado ‘’Qué molesta época del año, me muero de frío’’ Expresó exagerando un temblor ante la temperatura. Yuuji río ante el teatro del otro.

 

Hoy los ojos de su maestro estaban libres de vendas y lentes, por lo que sus llamativos ojos estaban desnudos mirando de cerca hacia el rostro del adolescente. ¿Sería tonto decir que a pesar del celeste tan frío que habitaban entre esos orbes, aun podía sentir calidez? Y la cercanía de sus cuerpos solo acrecentaba la sensación. Seguridad, comodidad, calidez, amor. Todo de lo que Yuuji había carecido toda su vida lo encontró Gojo, en su excéntrico Gojo.

 

‘’ ¿Por qué me miras así?’’ Preguntó el peliblanco. ¿Mirarlo cómo? El chico no tenía la más pálida idea de la cara que estaba poniendo ahora mismo, alguna ridícula seguramente.
Sin darle demasiada importancia ignoró la pregunta totalmente y depositó con los ojos cerrados un costado de su cabeza en el hombro del ser más preciado que poseía ahora.

‘’Gojo sensei…’’ Lo llamó con suavidad.

 

‘’ ¿Sí?’’

 

‘’Sólo quedémonos así un rato más’’ Murmuró bajito con una sonrisa.

 

Itadori al tener los ojos cerrados no apreció la sonrisa amorosa que partió la cara en dos de su maestro. Satoru apoyó sus labios suavemente en la coronilla de la cabeza de su alumno preferido.

 

‘’Lo que pidas, Yuuji’’ Respondió con todo el cariño que su corazón sentía por el pequeño chico.

 

Y así fue como en ambos cuerpos el frío los abandono, dando lugar a la calidez de hogar que latían en sus corazones.