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Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Language:
Español
Stats:
Published:
2021-01-13
Completed:
2021-05-17
Words:
2,002
Chapters:
3/3
Comments:
5
Kudos:
13
Hits:
166

La vuelta

Summary:

Sonny Carisi y Rafael Barba se enfrentan en la sala de juicios, pero ya se habían reencontrado antes.

Notes:

el fandom de ley y orden en español es muy pequeño o prácticamente inexistente... así que escribid cosas !!!!! yo os leeré encantada <3

Chapter 1: Tanto tiempo

Chapter Text

Era por el trabajo. Siempre era por eso. Si merecía la pena o no ya no lo sabía: llegaba a casa solo con su traje, con su maletín, con sus papeles. Solo. Todo él era soledad y vacío, un poco de miedo, quizá una mezcla de confusión y angustia. Dejaba la burocracia sobre su escritorio, madera de cerezo, una pata levemente astillada por los mordiscos de su gato siamés y manchas redondas de café, redondas como una luna apagada, como la luna de Nueva York que nunca salía. Aquella noche hacía frío y tampoco veía nada excepto nubes, una cúpula negra y plateada que parecía que bajaba y le aplastaba, pero le aplastaba sólo a él, sólo a Sonny Carisi, un hombre, un ser humano, a veces, un fiscal hueco como un cofre de cobre. Todo lo que caía en él sonaba como a perlas contra metal. Era la única persona sin compañía en Nueva York.

(...)

Al lado de los juzgados había un bar decente, caro, de espejos en las paredes y luces de neón verdes, techos altos llenos de flores rosas, azul de oriente y naranjas. Olía a grano de café cubano y lo sabía porque él se lo dijo un día. Abrió la boca y solamente: huele a grano de café cubano, y se le iluminaron los ojos un momento, una estrella cruzó la pupila negra, bailó alrededor de lo verde, llegó a sus labios finos como dos ramitas de trigo. Sonrió con melancolía, una melancolía absoluta, violenta, dañina. Sonny tuvo ganas de llorar. Sintió compasión por él. La estrella desapareció tan rápido como había llegado, y Rafael también se fue poco después, hacía ya varios años.
Pero el bar seguía oliendo a grano de café cubano.

(...)

El veintinueve de diciembre apareció en el Palacio de Justicia. Barba iba a presenciar la vista de cargos de un colega, un colega que no era él, por supuesto. Rafael era un referente para todos, un ídolo de oro. Tenía socios hasta debajo de las piedras y vestía con trajes a medida, generalmente negros, y caminaba dando grandes zancadas, como si quisiera abarcar con sus pies todo el suelo y conquistarlo, es mío. Emanaba una seguridad molesta. Sonreía poco. En el pasillo, cuando se cruzaron, sonrió.


—Carisi.


—Rafael.


Carraspeó. Se veían a menudo, en realidad, quizá por eso seguía utilizando su nombre de pila, como si siguiera trabajando con ellos, como si los años no hubieran pasado. Hablaban de nimiedades, nunca demasiado tiempo porque el tiempo de Rafael era extremadamente valioso. El eco de sus voces se perdió entre los techos.


—Feliz año.


—Todavía no hemos…


—Lo sé. He oído que has ganado el juicio, Carisi.


—Ah. —Cambió su peso a la pierna derecha. Se balanceó un poco, como un tiovivo—. Sí.


—Felicidades.


Sonny también sonrió, pero no estaba contento. El primer juicio que ganaba. Sólo uno en meses. No le hacía feliz. Le recordaba la larga hilera de víctimas desprotegidas que había dejado atrás, voces de purgatorio que le mordían las orejas. Le recordaba que podrían pasar meses hasta ganar otro. Que era demasiada responsabilidad. Que cuando ponía un pie en la sala de juicios le sudaban las palmas de las manos y el cuello de la camisa le asfixiaba, la mascarilla se le resbalaba por el puente de la nariz, parecía un tobogán, tenía miedo.


Rafael Barba frunció el ceño y sus ojos verdes se camuflaron un poco entre la carne de los párpados. Era bajo. Medía poco, mucho menos que él, pero Carisi seguía sintiendo la presencia de algo exageradamente inmenso. Las paredes del Palacio de Justicia se hacían pequeñas; las luces más frías, como estalactitas colgando, amenazándole desde el techo. Vete antes de que te quedes demasiado tiempo, huye, corre, vuela.


—¿Qué tal te va?


—Bien, bien. —Otro carraspeo. El peso a la izquierda. Rafael le sobreanalizaba—. He ganado, quiero decir. Aunque Brown es un abogado demasiado sencillo y predecible.


—No te hagas eso.


—Ya —respondió mecánicamente, quizá una rabia contenida en dos letras. Ya. Qué bonito. Qué bonito desde la distancia—. Nos vemos pronto.


Y se esfumó. Rafael también se había esfumado, hacía tanto tiempo. Él lo había sentido más que nadie.