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Language:
Español
Stats:
Published:
2021-01-17
Words:
1,355
Chapters:
1/1
Comments:
25
Kudos:
299
Bookmarks:
14
Hits:
1,876

El único futuro que importa

Summary:

En un futuro donde todos viven, Naoto es el único que realmente recuerda todo.

Notes:

Cuando sueñas con una ship de tu compañera de aventuras, al despertar no tienes más remedio que lanzarte en picada a la hazaña y esperar llegar a destino. Así que ahora aquí estamos. Así de mal me ha pegado este manga, que me lo baje en una semana y no me ha soltado desde que acabé.

Como siempre, gracias a la beta por siempre estar pendiente <3

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Naoto recuerda todas sus vidas. Todas menos la primera. Porque sus vidas, las que importan, empiezan con Hanagaki Takemichi y acaban, irremediablemente también, con él.

Aun en sus treinta, Naoto es incapaz de olvidar a aquel chico extraño que, a sus trece años, lo salvó, no sólo de unos matones de pacotilla que querían meterse con él, sino del único futuro del que Takemichi nunca fue parte.

Aquella noche, Takemichi había tomado la mano de Naoto por primera vez para no soltarla. Naoto recuerda el roce de su piel, la manera en que el Takemichi de veintiséis años, el que había llorado la muerte de su hermana y le había rogado a Naoto que cuidara de ella, se había esfumado de su tacto, hasta que el Takemichi de catorce había quedado atrás, pestañando como una cáscara vacía, sin entender dónde estaba parado.

Ahora, cuando Takemichi abre los ojos, lo hace con el sueño pegado a las pestañas. Por un momento parece preguntarse dónde se encuentra, como si el tiempo continuara girando bajo sus pies, hacia atrás y hacia adelante, en un continuo vaivén de posibilidades, sin estar muy seguro de en cuál acabó esta vez. Tiene el cabello desparramado por la almohada y un bostezo en los labios que a Naoto le saca una sonrisa. Desde que se despertó, hace ya diez minutos, Naoto sólo ha logrado colocarse las medias y las mangas de la camisa. La tentación de volver a meterse en la cama es tan fuerte que se permite inclinarse hacia él y robarse el bostezo de Takemichi con un beso.

A veces, en las mañanas, Naoto piensa que aquellos besos saben a promesas. En esta última vida que tiene, Naoto es el único que realmente recuerda. De todas las líneas en las que vivió, e incluso de aquellas en las que murió, ésta es la única en la que sobrevive su hermana. En la que sobreviven todos. En las que nadie sabe todo lo que hizo Takemichi por ellos. Nadie, salvo Naoto. Naoto no se permitirá olvidar.

Takemichi le coloca las manos sobre los hombros, lo atrae hacia él y lo besa como si fuera la primera vez que lo hace. Naoto cierra los ojos, se deja embriagar por la pereza de sus movimientos y sonríe contra él antes de intentar alejarse. A veces le parece ridículo, que sea este, de todos los futuros posibles, el que le tocó vivir. Éste, que es único e incambiable, porque los días de saltar al pasado de Takemichi han quedado atrás, el objetivo conseguido, el deber cumplido.

Cuando Takemichi le sonríe ahora, Naoto ve todas las sonrisas de todas las vidas que han compartido y también todas sus lágrimas. Todas las vidas que han vivido, superpuestas una sobre las otras, hasta terminar en ésta.

Si Naoto fuera admitirlo en voz alta, diría que supo lo que sentía el día que murieron juntos, cuando sus manos se buscaron una a la otra por otra oportunidad. Ese momento en el que Naoto no pensaba en la posibilidad de que Takemichi volviera al pasado para salvarlos. Naoto, en su último suspiro, únicamente quería que Takemichi no creyera que estaba solo.

Pero la realidad, esa que ni admitirá para sí, es que se enamoró mucho antes, cuando apenas podía entender qué estaba sucediendo, cuando Takemichi era una aventura al futuro, un ser inentendible que le sonreía y lo lloraba cuando Naoto apenas y podía llevar al día su tarea de matemática.

Ahora, Takemichi roza sus narices, le sonríe adormilado, y Naoto no sabe qué ha merecido para recordarlo todo. No cambiaría nada, pues teme que, como el resto, no sabría el tesoro que tiene entre las manos.

—¿Tienes que irte? —Cuando Takemichi arruga la nariz y se frota un ojo con la mano no luce el mismo tipo de mirada perdida con la cual Naoto se encontró la primera vez que lo rescató de las vías del tren. En los ojos de Takemichi hay el mismo brillo que en los suyos, demasiadas vidas acumuladas para contarlas—. Aún es temprano…

—No lo es —Naoto ríe. Durante mucho tiempo no estuvo muy seguro cómo hacerlo. Sentirse ligero, sin el peso de la vida de su hermana sobre los hombros, esperando aquel fatídico día por más de una vida. Hinata solía decirle que se había convertido en todo lo que a Naoto le enojaba de su padre y él se había mantenido firme. Todas las veces en que repitió su historia. Ahora, el sonido le escapa grácil, contenido en el espacio entre ellos, junto a los rayos del sol que dibuja halos sobre el rostro de Takemichi—. Haré el desayuno.

Cuando Takemichi vuelve a quejarse, dista mucho de aquella mirada vacía con la que despertaba las primeras semanas luego de su último salto. O los gritos que lo perseguían en pesadillas, reviviendo muertes una y otra vez, que en esta línea del tiempo nunca había sucedido. Los recuerdos de Takemichi de todas sus vidas son fragmentados, vienen a él en sueños, se materializan como dejà vú y solían dejarlo sin aire en las mañanas, cuando se escondía en el pequeño apartamento de Naoto sin saber muy bien cómo seguir su vida luego de todo aquello. Esos días Naoto solía envolverlo entre los brazos, dejarlo llorar y recordarle entre susurros que Takemichi había sido el héroe de todos ellos.

El Takemichi que descansa ahora en la cama, esa que ahora es de ambos y no un futon en el suelo del apartamento de Naoto, tiene las mejillas sonrosadas, le brillan los ojos y mueve las manos con tanta torpeza que, en vez de lograr quitarle la camisa a Naoto, acabará por romperla. Naoto nunca conoció realmente al chico torpe que salía con su hermana cuando estaba en la secundaria. El Takemichi que conoció Naoto, siempre fue el de mirada firme y decidida, de sueños imposibles, que luchaba incluso consigo mismo hasta en el más horrible de los escenarios que vivieron juntos. Por eso sacude la cabeza, pone las manos en las mejillas de Takemichi y vuelve a besarlo. 

Se olvida de que llegará tarde si no se levanta, que tendrá que usar otra camisa pues Takemichi arruga la que lleva puesta con las manos para poder besarle el cuello, que, en otra vida, él no era el Tachibana que Takemichi quería tener en su cama. De eso ya no hablan, lejos quedaron aquellos deseos infantiles, el Takemichi que le quita la camisa y desliza los labios por los hombros de Naoto, no es aquel joven que creía que nunca podría obtener nada. Ahora busca contra la piel de Naoto un objetivo claro y es él quien no tiene más que rendirse ante su tacto. Como si tuviera para ofrecerle otro juego de vidas si volviera a tomarle la mano.

Takemichi le roza la palma de la mano con un dedo, haciéndole cosquillas, pero nunca la toma entre las suyas, un cuidado que han tenido siempre, la promesa de querer mantenerse aquí, en esta línea de tiempo, y el miedo a que el simple contacto de sus palmas pueda acabar con ella. Naoto tiembla con el roce.

—Creo que el desayuno puede ser en la cama… —como si aún fuera un adolescente de quince años a punto de dar su primer beso, como si no acabara de asegurarse de desnudarlo, de que Naoto no tenga otro lugar para estar más que encima suyo, Takemichi se sonroja y oculta el rostro contra el pecho de Naoto. Es un gesto tan libre de pesos e historias como cualquier otro. Cotidiano. Como todas las mañanas que Naoto despierta para ir al trabajo y debe arrancar a Takemichi de la cama para que vaya al suyo. 

A Naoto, la risa lo recorre entero. Supone que puede por un día, uno que no va a volver a vivir, que no llenará sus memorias de situaciones contradictorias, ni los recuerdos de Takemichi de lágrimas, por un día… Naoto supone que puede darse el lujo de quedarse en casa.

Porque, si hay algo de lo que Naoto está seguro es que, de todas sus vidas, ésta es la mejor de todas.

Notes:

Muchas gracias por leer;; kudos & comentarios siempre alegran el alma. También me pueden encontrar llorando de tmr (entre otros) en tw @nythesequel!

Siempre da un poco de miedito y de emoción empezar en un fandom nuevo, pero estoy segura que no será la última vez que andaré por aquí (de por sí, este ni siquiera es el primer fic que escribí de tmr, así que apenas pase correcciones, vendrá uno de chifuyu;;;) <3