Chapter Text
Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ
El cielo continuaba oscuro y las luces en la acera seguían encendidas, la luna era ligeramente visible detrás de las nubes que poco a poco se acumulaban típico de una mañana de febrero en invierno.
Una casa en particular destacaba entre las otras en la calle ya sea por la peculiar arquitectura estilo occidental o el hecho de que ya había movimiento en la misma, acompañada de las diversas luces encendidas de las habitaciones, y de ellas una en especial perteneciente a un cierto pelinegro.
Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ
Miró con fastidio el calendario pegado a su puerta, ojos perezosos y adormilados por la hora temprana del día, al mismo tiempo no pudo evitar sentir como su humor matutino descendía al ver la fecha marcada previamente por defecto en el cuadernillo de papel así como otros eventos importantes.
Y esa era parte de las razones por las que no le gustaba del todo febrero, y no no odiaba el día de los corazones, sólo era jodidamente irritante tener que lidiar con los problemas y el alboroto que solían rodar por esta fecha.
Dos toques a la puerta junto con el sonido de pasos continuando por el pasillo desviaron por un memento su atención.
-¡Ray baja para el desayuno, no queremos que se haga tarde!- la voz familiar y suave de su madre surgió un poco amortiguada por detrás de la puerta, continuando con los pasos apresurados del pasillo hasta escaleras abajo, frunció el ceño al confirmar la hora en el reloj digital de su cómoda.
Murmurando un poco sobre ello tomo rápidamente un libro de su escritorio antes de meterlo a su maletín, su vista dudo un poco al ver cierto objeto en su escritorio y al final tomando la pequeño estuche protector y cruzando la correa sobre su uniforme, saliendo por fin de su habitación.
-¡Estoy en ello!- fue la respuesta consecuente mientras bajaba las escaleras y sus pensamientos volvían a alinearse con su ruta anterior, reforzado por las grandes bolsas de tela junto a la entrada obviamente llena de materiales de manualidades y delatados por las cartulinas rojas y blancas en ellas eran para festividad entrante y para el salón de jardín de niños donde su madre era maestra.
Ignorando su posible actitud de Grinch de febrero -de paso atrasado- soltó un suspiro.
Aún así, el día de San Valentín se acercaba.
Dulces, estrés, llantos y dramas escolares, así como las consecuencias que venían un mes después en el día blanco; arrugo un poco la nariz al pensar eso.
Conectado a ello otro pensamiento asalto su mente cambiando ligeramente su humor y causándole gracia, imaginando al pobre de Norman evitando -su amigo nunca admitiría de buena gana ese termino- a sus compañeras femeninas fuera de su circulo de amigos, casi como jugando al escondite, dado el ridículo numero de chicas que parecían tener un enamoramiento platónico unilateral con su amigo de ojos azules, y que claro no faltarían quienes quisieran hacer un "declaración" ese día y Norman era demasiado amable para rechazar a alguien públicamente después de que le entregaran un Honmei-choco casero, casi sintió pena por esas niñas, la clave esta en 'casi'.
La sonrisa burlona que se pega a su cara mientras su mente viaja a los posibles escenarios divertidos que pueden ocurrir en esas semanas y salvarlo del mal humor; desde los tontos balbuceos de Don al recibir algo de Gilda o los sonrojos de diferentes amigos siendo capturados en una fotografía de la cual tal vez se convertiría en un chantaje en el futuro; esta imagen sigue presente mientras entra al comedor haciendo que alguien desvié sus ojos del documento en sus manos y lo mire con una sonrisa.
— Buenos días, parece que te diviertes esta mañana Ray. — No se sorprende al ver a la otra persona sentada en la mesa de la cocina con una taza de café en su mano.
— ¿Divagando otra vez? —
— Buenos días.— Saludo saliendo un poco de su ensoñación, tarareando algo en forma afirmativa.
— Algo así.— Responde a pasando a su lado manteniendo el paso sobre la entrada de la cocina.
Leslie un hombre no muy alto solo un poco más que su madre, delgado de cabello lila y lentes ocasionales sobre las pecas de su cara, amable pero asustadizo y un poco asocial, así como tal era un maestro de música (apasionado) en el sector medio de la ciudad escolar 'Grace Field'.
Oh, también era el prometido de Isabela.
Aunque Ray nunca conoció ni recordaba a quien quiera que fuese su padre biológico, recordaba claramente aquella canción de cuna que su madre le cantaba de bebé en un tono nostálgico balanceándose entre el amor y la tristeza, del mismo modo dicha canción los llevo a los tres a una situación casi vergonzosa, un reencuentro entre los adultos que no podía olvidar y hace que casi maldita su falta de amnesia infantil.
Era otra historia y poco tiempo para contarla.
De cualquier modo, desde que conoció a Leslie no ha sido más que una figura paterna para su yo pequeño de 5 años, aunque no lo admitiera abiertamente.
—Buenos días, mama. De igual forma el saludo a su madre, el pulcro mandil blanco destacaba sobre su camisa de maestra y la falda negra lisa, su cabello negro igual al de su hijo recogido en una trenza con mechones largos rosando sus mejillas.
La mas alta se volvió hacia su hijo con una sonrisa parsimoniosa, aunque las ojeras bajo sus ojos fueran casi invisibles seguían presentes, haciendo un pequeño entrecejo en la cara del menor, preguntándose internamente cuanto tiempo su madre había pasado despierta con el trabajo en su oficina de la casa.
No obstante esto no detuvo a la madre dar un ligero beso en la frente de su pequeño de 14 años, haciendo que Ray se sobresaltara en medida sujetándose la frente con la mano en forma de vergüenza.
—¡O-oi!— Su entrecejo seguía en su rostro pero ahora no por la misma razón — Ya estoy grande para eso....— se excuso ante la mirada divertida de su madre.
—Puedes seguir diciendo eso hasta que te crea y aun si lo hago sigues siendo mi niño— fue la respuesta simple de Isabella mientras colocaba un par de platos con el desayuno en la barra, con la clara indirecta de dar una mano.
— Ugh..... — Para el no sabia si esas palabras fueron o no mas reconfortantes.
Una vez mas los ojos cafés claro se separaron de las partituras y plan de estudios sobre parte de la mesa y sus manos, y una sonrisa cariñosa mirando la escena.
Después de un tiempo y todo listo, faltaron unos cuantos minutos para su partida, y una mirada rápida a la puerta y los anillos de plata sobre las manos de sus padres bastaron para sacarle un pequeño suspiro y una mueca entre divertida e irritada pues el pensamiento seguía en su mente.
El día de san Valentín se acerca y la cuenta regresiva acaba de comenzar:
7 días para San Valentín
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Solo tenia que sobrevivir hasta después de eso, como cualquier año ¿Cuan difícil podría ser?
Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ
