Chapter Text
Lo recuerda como si hubiera sido ayer, como si hubiera sido hace un momento y no hace tanto tiempo, tiempo del que perdió la cuenta sin darse cuenta. Aunque no estaba seguro de si era correcto ponerle un tiempo a esto.
Su primera vida no fue fácil, nació en una familia sin muchos recursos, aunque numerosa y pobre, su familia era amorosa y amable como ninguna, al menos él los recuerda como su más grande tesoro, tesoro al que no pudo proteger a pesar de que era su propósito en esta vida —o creía que era su propósito, tal vez siempre debió ser así—. De nombre Tanjirou, a una edad temprana tuvo que ser el pilar de su familia, después de la muerte de su padre quien fue una persona delicada de salud, maduró demasiado rápido para que su madre no tuviera que hacerlo toda sola, y para que sus hermanos no les faltara de comer y no se perdieran de su niñez.
A la edad de doce años, Tanjirou era muy capaz por sí solo, se ocupaba de vender el carbón en el pueblo cercano y así traía comida a la mesa, también ayudaba a su madre con sus hermanos, junto con Nezuko, su preciada hermana menor.
No tenían todo, de hecho les faltaba mucho, pero estaban juntos y eso fue suficiente. Tanjirou sólo quiso darles todo lo que podía a su familia, incluso si tenía que trabajar desde el amanecer hasta el anochecer.
Pero el destino es cruel, eso aprendió con el tiempo, y una noche perdió todo lo que más atesoraba por un demonio, perdió todo menos a su hermana menor, a la única que pudo salvar debido a que se había vuelto un demonio también.
Tanjirou alguna vez oyó de los demonios, pero pensó que sólo eran mitos y cuentos para asustar a los niños, nunca creyó que fueran reales, y de no ser por el viejo Sabura quizás él también hubiera muerto, ni siquiera su hermana Nezuko se hubiera salvado y sería un demonio como otros con el cruel destino de acabar sin cabeza mientras que el viento se llevaba las cenizas de lo que alguna vez fue.
La vida lo llevó a ser un cazador de demonios, buscando como podía salvar a Nezuko sin detenerse un momento para llorar su pérdida, incapaz de faltar a su propia palabra de curar a su hermana y volverla humana, de cuidar a la única familia que le quedaba.
Para Tanjirou este era su nuevo propósito en la vida, y así sería incluso si debía morir en el proceso de proteger a Nezuko. Tantas cosas dejaron de tener sentido o nunca formaron parte de su cabeza cuando inició el camino como cazador.
Baja la montaña, entrena hasta romperte los huesos, corta la roca, sobrevive a la selección final, conviértete en un cazador de demonios, mata demonios y salva a Nezuko.
Venga a tu familia.
Y, un día, conoció a Zenitsu, en un camino de tierra de la forma más penosa posible.
Si le hubieran dicho quién sería esta persona por el resto de su vida, y de todas sus vidas en adelante, Tanjirou hubiera hecho la misma cara de incredulidad que hacía cuando le contaban sobre los demonios. Él ni siquiera lo recordaba, a pesar de que, en efecto, se debieron haber conocido tiempo antes en la selección final —se sintió un poco culpable, aunque no hubo mucho tiempo para presentaciones, estaba herido hasta el alma y apenas pudo elegir un material para su espada—.
Un chico, que aparentemente tenía la misma edad que él —más tarde descubre que es un año mayor—, llorando y rogando mientras se aferraba a las piernas de una pobre chica que le pedía la dejara ir. Fue lamentable, vergonzoso y un tanto irritante. Entonces el gorrión le pidió ayuda, y Tanjirou no dudó en ayudar.
—¡Arruinaste mi matrimonio! ¡Hazte responsable por arruinar mi matrimonio! —le gritó el otro cazador de demonios, arrastrado en el suelo con lágrimas en los ojos y los mocos en la nariz.
Tanjirou sintió pena por el rubio, pero también estaba aturdido por los gritos, y desconcertado como nunca, ¿No era este chico un cazador de demonios también? ¿Por qué decía ser débil y pedía que lo protegiera? Olía el miedo mezclado con el pánico, le hubiera gustado prometerle que lo cuidaría, pero en su estado con una pierna rota prometer algo así era imposible.
Por lo que Zenitsu contaba, no quería ser un cazador sino que fue obligado por una deuda que pagó su maestro de aliento, y de nuevo Tanjirou sintió pena por este chico de ojos tristes a quien lo abandonaron cruelmente sin dinero y una enorme deuda.
El rubio se quejó de tener hambre, Tanjirou no lo pensó demasiado para sacar su última bola de arroz para dársela, y fue una sorpresa cuando Zenitsu rompió el onigiri para compartirle la mitad. Fue un gesto amable, simple pero tierno, incluso aunque en primer lugar esa bola de arroz fuera suya.
Un olor dulce lo distrajo en ese momento, pero no pensó mucho en eso al escuchar al cuervo en sus cabezas.
Tenían una misión a la que ir juntos, y ellos fueron, aunque Zenitsu no estuviera de acuerdo con esto.
—Tanjirou, ¿Estás seguro de que quieres que vaya contigo? Tengo mucho miedo, no creo ser de utilidad —detrás de Tanjirou, el rubio temblaba casi abrazándose a sí mismo mientras andaban por el bosque hacia la montaña.
Zenitsu no era como otros cazadores, no ocultaba el miedo que sentía y no paraba de decir que no servía o era muy débil para hacer algo. Tanjirou podía oler algo diferente, olía algo en Zenitsu que este no veía en sí mismo, era alguien amable, una buena persona, e increíblemente fuerte.
Entonces supo que el olor dulce —del cual no se había percatado en un inicio— que había captado luego de haber compartido esa bola de arroz venía de Zenitsu.
El aroma llenó sus pulmones, y enseguida reconoció el olor a melocotones, flores y ozono, también una pequeña pizca de algo amargo.
—Vamos, Zenitsu, no puedo hacer esto solo, tenemos que ser los dos —extendió la mano hacia el otro cazador.
Las manos de Zenitsu fueron suaves contra las suyas más ásperas, aunque las manos de este también tenía callos no fueron tantos como los suyos, y eran más pequeñas o hasta más delicadas. No pudo evitar pensar en ello cuando subían la montaña tomados de la mano, charlando de cualquier cosa para distraer al rubio del inmenso miedo que lo comía.
De esta forma acabaría todo, no tenía oportunidad de ganar esta, llegó tan lejos para ser vencido al final. Tanjirou estaba perdiendo la pelea contra este demonio con la habilidad de cambiar su entorno con esos tambores en el cuerpo.
Está cansado emocional, física y mentalmente, herido desde los huesos hasta el espíritu. Incluso si pudiera ponerse de pie ¿Qué posibilidad tenía de ganar esta pelea? Moriría y dejaría a Nezuko sola sin poder convertirla en un humano que pudiera envejecer, había llegado tan lejos por nada, seguía siendo demasiado débil.
¡¿Un Tanjirou quebrado?! ¡De verdad que no puedes estar así!
La voz chillona de Zenitsu resonó en su cabeza, la imagen del rubio lloriqueando a moco suelto le provocó una sensación irritante —no quiere verlo llorar, y quisiera consolarlo pero necesitaba que hiciera silencio o no se concentraría, fue molesto—, y esto logró que decidiera que esto no acabaría aquí. Tenía razón , incluso si su alma estaba rota junto a sus huesos él debía hacer algo.
—¡MUY BIEN! ¡LO TENGO! ¿PUEDES MANTENERTE CALLADO POR FAVOR? —gritó el burdeo a la imagen mental de Zenitsu en su cabeza, blandió la espada en su mano y se puso de pie.
Cortar la cabeza del demonio que solía ser una luna menguante, conseguir su sangre para Tomoyo para poder salvar a Nezuko.
Tanjirou tomó aire, como dolía todo su cuerpo que hasta respirar le causaba punzadas en los costados, pero aún tenía trabajo que hacer, debía buscar a los niños y necesitaba encontrar a Zenitsu, verificar que estuviera bien y salir de aquí.
La luz en la distancia fue esperanza, pero el olor persistente de la sangre lo estaba molestando, alguien estaba herido afuera, ¿De quién era la sangre? ¿Nezuko? Imposible, no era Nezuko.
El olor a melocotones mezclado con el hierro le revolvió el estómago.
Zenitsu-
Tanjirou abrió los ojos enorme con la escena frente a él.
Ahí estaba el chico, o la cosa, con cabeza de jabalí, gritando sin parar mientras pateaba con crudeza el pequeño cuerpo del rubio, Zenitsu protegía la caja con su propio cuerpo, aferrado a esta como si su vida dependiera de mantener a salvo la caja de Nezuko, recibiendo cada cruel golpe sin moverse ni un centímetro.
—Tanjirou… La he estado protegiendo… —Zenitsu habló en cuanto chocaron miradas—, porque dijiste que esto era más importante… Que tu propia vida… —las palabras se ahogaron y fueron entrecortadas pero entendibles.
El cuerpo de Tanjirou se congeló, su respiración se detuvo, la sangre hirvió en sus venas, fue como el recuerdo de su preciada hermana protegiendo el pequeño cuerpo de Rokuta.
—¡Te crees muy genial ahora mismo! ¡Pero yo acabaré con esto si no te piensas mover! —el chico jabalí alzó sus dos espadas en el aire, listo para atravesar a Zenitsu con ellas para llegar hasta la caja.
—¡BASTA, DÉJALO!
Lo siguiente pasó demasiado rápido, una respiración y el puño de Tanjirou logró romper las costillas del otro cazador con un golpe directo en el abdomen, con toda la fuerza de su ira. Respirando agitadamente, ignoró el dolor en sus huesos y apretó los puños con fuerza tratando de calmar la ira que sentía.
No espero ser atacado de vuelta, tampoco acabar en una pelea con un chico con una mascara de jabalí, pero con un cabezazo fue suficiente para tenerlo aturdido y controlado. Tanjirou sintió culpa, pero no tenía tiempo de enredarse en peleas innecesarias, lo cual estaba prohibido hacer con otros cazadores.
Los niños estaban impresionados con su cabeza dura, aunque no era la gran cosa para él.
—Eres terrible, en serio que él cayó y tú ni siquiera tienes un rasguño en la frente —murmuró el rubio aun abrazado a la caja
—¡Ah! ¡Zenitsu! —jadeó el burdeo, corrió hacia Zenitsu para ayudarlo a levantarse del suelo y verificar el grado de sus heridas—. Lo siento tanto, si no me hubiera tardado tú-
—Basta, no te esfuerces tanto, también tienes los huesos rotos —dijo el mayor interrumpiendo al contrario. La sangre de la nariz había sido limpiada, pero el ojo estaba morado e hinchado todavía—. Necesito un médico, este tipo me dio una paliza
—… Gracias Zenitsu, por proteger la caja… Muchas gracias —envolvió las manos pálidas del otro cazador con las suyas—. Cómo puedo agradecerte por-
—¡Está bien, está bien! ¡No necesitas hacer esto así que para! —Zenitsu se soltó sacudiendo las manos, agachando la cabeza hacia la caja, apenas dejando ver a Tanjirou sus orejas rojas—. Ya está bien.
Tanjirou sonrió, y deseó que Zenitsu pudiera escuchar los latidos de su agradecido corazón.
Al caer la noche, los tres cazadores llegaron a la casa de glicinas a la que los había guiado el cuervo de Tanjirou.
Tanjirou pudo sentir el peso de Zenitsu en su espalda casi todo el camino, luego de haber noqueado al rubio para que soltara al pobre Soiichi, y tuvo una conversación con Inosuke donde pudo conocerlo mejor. Mientras pensaba que el jabalí era agradable, ignorando lo mal que pronunciaba su nombre y los constantes ataques para desafiarlo en otra pelea, también se daba cuenta de lo poco pesado que era el cazador en su espalda.
¿Zenitsu no comía lo suficiente? Tal vez no fue alimentado lo suficiente.
Los pensamientos de preocupación cayeron a alguna parte de su mente cuando Zenitsu tuvo que bajarse de su espalda, y se adentraron a la casa de las glicinas junto a la anciana anfitriona —no sin antes tener que mantener a raya a sus dos compañeros, quienes podían ser bastante irrespetuosos—.
Tanjirou pensó que estar acompañado por estos dos cazadores, Zenitsu e Inosuke, no fue tan malo, incluso si Inosuke buscaba provocarlo cada segundo, y Zenitsu se aferraba a su haori temblando de miedo por creer que la mujer mayor era una clase de monstruo.
En la habitación que compartían, Inosuke ya se hallaba aparentemente dormido con su máscara puesta, luego de ignorar las protestas de Tanjirou y Zenitsu sobre pedir disculpas.
—Tanjirou… Ya que nadie te lo ha preguntado, supongo que tendré que hacerlo yo —Zenitsu se levantó del futón, su mirada fija en la caja escondida en la esquina del cuarto—. ¿Por qué llevas a un demonio contigo?
¿Qué?
Tanjirou, que igual se había sentado en el futon, abrió los ojos sorprendido, sus ojos en grande miraron a Zenitsu que le devolvió la mirada con las cejas arqueadas, esperando por una respuesta. Entonces, todo este tiempo Zenitsu supo que tenía un demonio con él, pero sólo sabía que era un demonio al parecer, no parecía saber nada más, pero incluso así, esto fue más que suficiente para sorprenderlo y conmoverlo.
Aun sabiendo que en la caja se encontraba un demonio, Zenitsu fue capaz de proteger la caja sólo porque Tanjirou dijo que era importante para él.
Zenitsu era realmente… Increíble.
—Zenitsu… Así que lo supusiste todo este tiempo —soltó el burdeo aun asombrado. Una sonrisa suave se formó en sus labios—. Eres una buena persona, Zenitsu… Gracias.
Lo sabía desde que se conocieron, desde que se encontraron hace unas horas esa mañana, pero esto era mucho más de lo que esperaba. Tanjirou sintió el cosquilleo en su estómago, no supo relacionarlo con nada, quizás sólo estaba feliz por conocer a alguien como Zenitsu.
—¡Tú! —el rostro de Zenitsu enrojeció desde las mejillas hasta las orejas, su cara estaba tan roja como una cereza, y de repente estaba abrazando su almohada mientras chillaba—. ¡No estás ganando nada con halagos así sabes! —la risilla avergonzada del rubio calentó las orejas de Tanjirou, por suerte estaba tan distraído para fijarse en eso.
—¡Lo digo en verdad! —continuó el menor, sintiendo calidez en el pecho por la mirada que le envió el rubio.
No tuvo tiempo de fijarse antes, pero los ojos de Zenitsu lucían como caramelos, de un color miel y chocolate, tan bonitos . La poca luz en la habitación los hizo brillar.
—Lo supe desde un principio, porque tengo un buen olfato, Zenitsu es una buena persona y también muy fuerte —dijo el burdeo con una sonrisa más amplia.
—¿De qué estás hablando? No estés bromeando, soy débil, y aun no te he perdonado por dejar que Soiichi se fuera —de repente, los chillidos se detuvieron y Tanjirou obtuvo una fría mirada de Zenitsu.
Un cambio brusco de semblante.
La caja empezó a moverse, sonaba a que Nezuko deseaba salir, probablemente se había despertado con lo ruidosos que eran los tres no hace mucho. Zenitsu inmediatamente se puso nervioso, corriendo de un lado a otro para protegerse del demonio que ocultaba Tanjirou.
—¡Ah! ¡Buenas noches, Nezuko! —Tanjirou sonrió feliz al ver a su hermana menor salir de la caja aun en su forma pequeña.
Nezuko no tardó en ponerse de pie, su forma cambió hasta volver a su tamaño normal, sonriendo hacía su hermano mayor a través del bambú. Ella parecía estar bien, totalmente intacta, y de no ser por Zenitsu, Tanjirou no sabría que podría haberle pasado a Nezuko.
—¡TÚ! ¡CÓMO TE ATREVES! —a espaldas de Tanjirou, la voz de Zenitsu salió en un grito.
—Zenitsu, no debes gritar aquí- ¡¿EH?! —el burdeo sudo de nervios en cuanto vio la espada de Zenitsu alzada.
—LLEVANDO CONTIGO UNA NOVIA TAN BONITA, ¡USANDO TU RANGO DE CAZADOR! ¡IMPERDONABLE! ¡Será mejor que no subestimes a los cazadores de demonios!
—ESPERA ZENITSU, ¡NO ES LO QUE CREES! ¡ESPE-
Tanjirou no supo reaccionar cuando sintió un golpe similar a un rayo, y Nezuko observó desconcertada como su hermano mayor era arrastrado por una mota rubia.
Tanjirou se dedicó a mirar, fue un buen pasatiempo mientras se recuperaba de sus huesos rotos en la casa de las glicinas, y él observaba con dedicación a Zenitsu. En ocasiones estaba siendo pillado con vergüenza, aunque supo mantener la compostura cuando el rubio lo atrapaba, y para su suerte a este no parecía importarle mucho ser mirado.
—Mi cabello amarillo atrae las miradas, seguro es extraño para ti ¿No? Por si te preguntas, no soy extranjero —dijo Zenitsu una vez, tocando unos mechones de su propio pelo recortado—. Es natural, aunque no nací rubio.
No, no pensó en ningún momento que el cabello de Zenitsu fuera extraño, era fascinante, de alguna forma que no comprendía, no sabía de dónde venía esta fascinación, pero lo era. Zenitsu brillaba cuando el sol lo golpeaba, iluminado como el oro, y en las noches todavía podía brillar, casi como si hubiera nacido para ser luz.
—¿No naciste con el cabello rubio? —el burdeo inclinó la cabeza, sintió curiosidad, fue casi infantil.
—Es toda una historia —respondió el mayor girando los ojos.
Tanjirou le sonrió a Zenitsu, queriendo decir que escucharía hasta el final, y con un suspiro el rubio contó la razón del cambio en su cabello.
Las semanas de reposo no fueron tan largas como pensó Tanjirou, que siempre se desesperaba al recuperarse porque se sentía estancado, y que perdía tiempo valioso donde podría buscar una cura para Nezuko, no con la compañía de Zenitsu —aunque el apego del rubio por su hermana menor fue preocupante—, de quien aprendió varias cosas en esos días, hasta pelear con Inosuke fue un tanto divertido.
El día de irse de la casa había acabado, ya recuperados y listos para marchar a otra misión, esta vez a la montaña Natagumo.
Zenitsu lloriqueó, no quería irse, y Tanjirou trató de animarlo, quiso abrazarlo para transmitirle seguridad, pero sólo se limitó a palmear el hombro del mayor y regalarle una sonrisa.
El sonido de un rayo a la distancia le hizo pensar en Zenitsu.
Tanjirou miró hacia todos lados, observó el cielo oscuro y despejado, la luna brillaba en lo más alto, ni una tormenta estaba cerca, no olía a lluvia, tierra húmeda o el rastro de ozono que dejaban los relámpagos, tampoco escuchaba algún trueno entre las pocas nubes claras.
Quizá fue su imaginación, o no, sea lo que sea, no dejaba de pensar en el hecho de que habían dejado a Zenitsu atrás.
—Ese sonido de hace un momento… —el burdeo paró de caminar—, ¿Fue un rayo golpeando?
—¡¿Y a mi eso qué me importa?! —respondió el chico con máscara pateando en cada paso.
Ese olor, un olor persistente en el aire, no era de lluvia, pero era inquietante. Y seguía pensando en Zenitsu, ¿Estará bien? ¿Se habrá adentrado al bosque?
—No puedo oler la tormenta, pero hay otro olor… —murmuró el mayor y miró hacia el cielo, luego volvió hacia su compañero—. ¡Inosuke!
—¡¿EEEH?! —el menor no paró de caminar, ni siquiera volteó a mirarlo.
—Creo que iré al otro lado, necesito ir hacia allá.
—¡Haz lo que quieras!
Antes de que Tanjirou pudiera convencer a Inosuke de bajar la montaña mientras él verifica que había sido ese sonido, uno de los demonios se tropezó con los dos.
El entrenamiento de recuperación fue duro, por supuesto que no se comparaba al entrenamiento con Urokodaki, pero tal vez se había confiado mucho en sus habilidades e ingenuamente creyó que podría pasar esto con facilidad. Tonto de él, para la próxima lo pensará más de una vez antes de que caer en esa arrogancia.
Tanjirou caminó abatido a la habitación, apenas pudo responder a los gritos de Inosuke sobre tener hambre, y no tuvo la fuerza de detenerlo de correr a la cocina. Se disculpara con las chicas más tarde, luego de una siesta y recuperar sus fuerzas, al igual que su espíritu.
El olor a melocotones y flores llenó los pulmones de Tanjirou enseguida cruzó por el pasillo hacia su habitación. Por alguna razón, decidió asomarse y no entrar. No fue sorpresa encontrarse con Zenitsu sobre la caja de Nezuko, el rubio tenía cierto apego a su hermana menor, no le molestó realmente —sólo si este se insinuaba a Nezuko, pero fue tierno en sus intentos, y, aunque le dio un pinchazo en el corazón, Tanjirou no lo detuvo.
—Tanjirou siempre me anima, tienes un gran hermano mayor, Nezuko-chan —tarareo Zenitsu apoyado a la caja, en respuesta Nezuko rasguño la caja y este soltó una risilla con las mejillas enrojecidas.
Que dulce, pensó Tanjirou olfateando el perfume en la habitación, sus mejillas se sintieron calientes y los latidos en su corazón sonaron fuerte en su pecho.
El burdeo se quedó un rato allí, sonriendo como tonto, escuchando a escondidas lo que hablaba Zenitsu —hablaba de lo increíble que era Tanjirou, lo molesto que podía ser Inosuke, y que llevaría a Nezuko a ver las flores—, hasta que pensó que podría ser descubierto por los oídos de Zenitsu, levantándose para irse por donde vino.
Si su corazón le pidió que se quedará, lo ignoró.
La pelea en el tren infinito abrió los ojos de Tanjirou y le hizo entender muchas cosas.
No era fuerte, no lo suficiente, y lo frágil que podía ser la vida. En un segundo estás vivo, sonriendo y disfrutando de imaginar el futuro, y al instante dar tu último respiro. Pensó que podía superarlo, pero hasta ese día no había logrado superar a su familia, ¿Cómo pensó que lo lograría?
Tanjirou jamás se había sentido tan impotente e inútil.
Rengoku estaría vivo, ellos podrían haber ganado, si tan sólo él fuera más fuerte.
—Tanjirou —la voz de Zenitsu irrumpió los pensamientos del mencionado.
El burdeo se giró para ver al mayor, fue un poco difícil moverse por la herida en su estómago, la cual empeoró al tratar de buscar respuestas a sus preguntas en la casa Rengoku —no se arrepentía, pero como dolía—. Y miró en la oscuridad a Zenitsu. No podía ver mucho, la luz de afuera no ayudaba mucho, pero el ligero brillo amarillo definitivamente eran los ojos del rubio.
La mirada caramelo de Zenitsu se veía triste. No quería eso, su mano se levantó pero se detuvo a medio camino.
—No intentes consolarme, eres tú quien lo necesita —el culpable de que su mano se detuviera, Zenitsu, sujetó la mano callosa y entrelazo los dedos.
Tanjirou abrió la boca para hablar, pero Zenitsu se levantó de la cama y se acostó a su lado, arrojó la sabana a los dos y mantuvo la cabeza en el techo. El burdeo no dejó de observar el rostro del mayor. Las manos de ambos siguieron juntas, lo disfrutó, fue un buen consuelo.
—Tampoco podías dormir —habló Tanjirou, rompiendo el silencio.
—No, porque alguien no para de pensar, y no es fácil dormir cuando tu compañero no para de pensar —contestó el rubio sin voltear a mirarlo.
Tanjirou apretó los labios, se sintió culpable por ser el responsable de la falta de descanso de su amigo, pero antes de poder disculparse, un apretón de mano lo distrajo.
—Es mejor hablarlo que pensarlo ¿Sabes? Si lo dejas para ti ahí dentro tuyo, nunca lograrás sentirte mejor. Y con lo terco que eres, definitivamente no lo soltaras.
Los ojos rubí de Tanjirou se abrieron en grande, las lágrimas no tardaron en brotar mientras apretaba los dientes. Es inutil contenerse ¿No es así? Tampoco tenía que hacerlo, no cuando tenía a Zenitsu para escucharlo, y él no sería juzgado por ser vulnerable, sólo un poco, por esta vez.
Lloró el resto de la noche abrazado a Zenitsu, escuchando susurros y disfrutando de caricias a su desordenado cabello. Su corazón debió sentirse vacío, pero realmente lo sintió lleno.
Las misiones en solitario fueron duras al principio, Tanjirou se había acostumbrado a la compañía de Inosuke y Zenitsu, los gritos de ambos, la risa de Zenitsu y lo suave de sus manos cuando podía cogerla en las suyas, pero el deber llamaba, y no podía depender de sus compañeros todo el tiempo, de esa forma no se haría fuerte.
No estaba solo realmente, Tanjirou contaba con su hermana menor, y Nezuko fue una buena compañía. Y aun podía ver a sus amigos ocasionalmente, disfrutaba de cada momento con ellos, incluso si Zenitsu lloraba por tener que despedirse, o se quejaba de los entrenamientos, mientras Inosuke buscaba pelea en cada oportunidad. Tanjirou por ese instante fue, un poco, feliz.
La última pelea con el demonio no lo dejó con ningún hueso roto, para su suerte, pero estaba cansado y deseaba dormir hasta recuperarse. Si pudiera ver a Zenitsu antes de caer en coma, y tal vez caer en coma los dos en una cómoda cama, sería maravilloso.
El ruido de gritos llamó la atención del burdeo, mirando en dirección a la entrada de la finca. Eran los gritos de las niñas, estaba seguro.
Tanjirou corrió con la fuerza que le quedaba.
—¡¿QUE LE HACES A LAS CHICAS?! ¡APARTA TUS MANOS DE ELLAS!
. . .
De nuevo, Tanjirou junto a sus amigos se encontraban envueltos en una misión con un pilar. Fue su culpa, y se disculpa con Zenitsu e Inosuke, pero ellos no le dan importancia, mejor ellos que las chicas.
Y luego el asunto de ser disfrazados para infiltrarse, no era lo que esperaba Tanjirou, pero ahora tenía sentido el deseo de Uzui de llevarse a las niñas. No le importó vestirse de niña, o ser maquillado, él se concentró en la misión, y le pidió tanto a Inosuke como a Zenitsu que se cuidaran en cuanto tuvieron que separarse. Estaba bien, de todos modos los vería cada día para un reporte.
Es diferente a otras veces en las que han ido juntos a misiones, están en el mismo lugar pero separados, y es un poco difícil buscar información sin atraer sospechas.
Tanjirou usa su olfato para rastrear peligro, sangre y demonios, pero no hay mucho que lo ayude. Y sólo hace quehaceres, debido a la gran cicatriz en su frente no quieren que nadie lo vea. Bien, eso le permite concentrarse más en la misión.
En la habitación que se le ha otorgado, Tanjirou deja abrir la pequeña ventana y deja pasar a un pequeño gorrión que picotea el vidrio.
—Hola, Ukogi ¿Tienes algo para mi? —el burdeo posó la mano para que el pajarillo aterrizara allí. Se fijó en la nota que estaba atada a la pata del ave y enseguida la cogió—. Muchas gracias por tu trabajo, ten esto como recompensa —depositó la carta en una mesita y arrojó algunas semillas para el gorrión.
El pequeño gorrión comió de las semillas,Tanjirou sonrió y se concentró en la nota.
Era un pequeño juego, la primera noche se lo sugirió a Zenitsu como un consuelo, si el rubio se sentía demasiado nervioso o asustado podían mandarse notas usando a Ukogi. Y ahora usaban esto para saber el estado del otro y no tener que esperar a la próxima reunión.
Tanjirou sonrió leyendo la nota, tenía el olor de Zenitsu impregnado en ella, no había nada relevante en la hoja, pero eso no importó. Si la nota llegó, Zenitsu estaba bien. Se tomó el tiempo de escribir una respuesta, el burdeo miró hacia la noche deseando que todo saliera bien, y que las notas nunca faltaran.
Y una noche, las notas faltaron.
Tanjirou fue el primero en llegar a la reunión, preocupado por no ver a Zenitsu por ningún lado, el rubio solía ser el segundo en llegar y esperaban a Inosuke hasta que de la nada aparecía Uzui. Inosuke llegó un rato después, y este parecía igual de desconcertado que él por la ausencia del rubio.
—Tal vez se le hizo tarde, ya vendrá, seguro llegará llorando —dijo el jabalí, se oía fastidiado e indiferente, pero el de aretes podía oler la preocupación en el aire.
—Ya ha pasado mucho tiempo, Zenitsu llega siempre después de mi —Tanjirou olfateo el aire, no había rastro del aroma del mayor por ningún lado.
Uzui llegó un momento después, diciendo que Zenitsu no aparecería, y pidiéndoles que se retiren de la misión de inmediato.
El estómago de Tanjirou se revolvió con las palabras del pilar, negándose a aceptar la simple consideración de que Zenitsu estaba muerto, él sabía que no podía ser así. Podía estar desaparecido, pero Zenitsu estaba por ahí en algún lado, y él lo encontraría. No importa si tuviera que olfatear cada rincón del distrito, él buscaría y vería a Zenitsu de nuevo.
Y Zenitsu es fuerte, podía cuidarse bastante bien solo, por mucho que llorara de miedo y repitiera sin cesar que era un débil cobarde. Tanjirou sabía que el rubio era un cazador hábil.
Con la esperanza intacta, Inosuke y él se sonríen con la promesa de cumplir esta misión, ayudar a Uzui con sus esposas y rescatar a Zenitsu.
El destello amarillo de un rayo llamó la atención de Tanjirou en medio de la batalla, él levantó la cabeza y su corazón latió con alivio, no sólo estaba Inosuke allí, Zenitsu también había vuelto. El rubio se encontraba inconsciente, aun usando el kimono, pero luchaba junto al jabalí.
Tanjirou sonrió en grande, ellos sobrevivirán a esta pelea, y definitivamente ganarían. Tomó con fuerza la empuñadura de su katana y dio un paso al frente contra la luna superior.
Cuando derrotan a la luna superior, ellos celebran que están todos vivos y han ganado, Tanjirou probablemente tiene varias fracturas, un derrame interno y ha perdido tanta sangre que está al borde del colapso, pero aún tiene aliento para un último victoreo junto a sus amigos igual de golpeados. Inosuke es quien está más grave, moribundo en sus brazos, y por suerte Zenitsu sólo se encuentra con las piernas fracturadas, entre algunos rasguños, pero estarán bien, de eso está seguro.
Los cuatro lloran de felicidad, todos abrazados y desbordando sus sentimientos, Zenitsu llora más fuerte que todos, abrazado a Nezuko, cargado por ella porque no puede estar de pie con sus piernas rotas, Tanjirou desea alcanzarlo pero él no puede moverse demasiado.
Todo se vuelve oscuro cuando los Kakushi llegan para llevarlos, y lo último que ve es a Zenitsu quejándose de dolor en la espalda de uno de ellos. Tanjirou sonríe cerrando sus ojos, con la imagen borrosa del rubio en la mente.
Ha estado un tiempo en coma, Tanjirou se pone al día lentamente, ha despertado algunas veces, aun estaba muy cansado y sus ojos se cerraban enseguida daba señales de vida, pero ahora se encuentra lo suficientemente estable para mantenerse despierto, e incluso puede caminar, aunque necesita ayuda para levantarse y su cuerpo resiente si se mueve demasiado.
Los sueños que ha tenido son extraños, de una vida pasada tal vez, o de la vida de un antepasado, él piensa mucho en eso, entre otras cosas. Hay demasiadas cosas en su cabeza, y tiene mucho tiempo libre para pensar.
Zenitsu no está cuando despierta la primera vez, tampoco la segunda o la tercera, porque se encuentra en misiones, es un poco triste, pero pudo encontrarse con Inosuke en varias ocasiones, eso alegra el corazón de Tanjirou, el jabalí es una buena compañía y lo anima bastante, aunque grita que esa no es su intención.
—No te preocupes, él llegará pronto, ¡Y se pondrá a llorar seguro! —dice el chico azulado con una sonrisa, se ha quitado la máscara para comer.
Tanjirou asiente con la cabeza, su compañero siempre dice eso. Y se da cuenta de que piensa demasiado en Zenitsu, pero él sólo está preocupado por su amigo, no lo ha visto desde la batalla con la luna superior 6, y de eso ha pasado mucho tiempo.
Le alivia saber que Zenitsu está bien, que se recuperó pronto y continuó trabajando, pero le inquieta no verlo. Decir que lo extraño es poco, el aroma de Zenitsu sigue por allí, pero es muy vago para respirarlo. Si tan sólo pudiera oírlo una vez, porque las cartas no han sido suficientes. Aún no entiende porque tiene una necesidad tan grande por tener al rubio cerca, pero lo ha atribuido a su lado de hermano mayor sobreprotector.
Tal vez son una clase de manada, no se preocupa por Inosuke porque él está aquí, y lo ha visto muchas veces desde que despertó, ni hablar de Nezuko, la cual se encuentra durmiendo junto a él ahora, pero no ha podido ver a Zenitsu ni una vez, y él necesita asegurarse que todos los suyos se encuentren en perfecto estado.
Inosuke se va después de reposar y una siesta, hablando de querer entrenar antes de ir a otra misión, el burdeo le desea suerte y se ríe cuando este grita que no la necesita. Él puede oler la felicidad del azulado aun así.
Tanjirou respira profundo, echa la cabeza hacia atrás hasta recostarse en la cama, Nezuko se mueve para abrazarlo y trata de concentrarse en la respiración de su hermana. No pasa mucho para que sienta el peso en sus párpados y se quede profundamente dormido.
El aroma a melocotón y flores de primavera despiertan a Tanjirou de su sueño, huele a pino con cerezos también, esos olores los reconoce muy bien, lo hacen abrir los ojos de inmediato y mover la cabeza en la dirección del olor.
—Oh, ya despertaste, parecías tener un buen sueño así que no quise-
—¡Zenitsu! —el burdeo brinca de la cama, lanzándose a abrazar a Zenitsu. Es rápido, pero se asegura de respirar hondo para llenar sus pulmones de la fragancia única del rubio.
—¡UAH! ¡TANJIROU VE CON CALMA! —chilla el mayor tratando de mantener el equilibrio en la silla junto a la cama de su compañero—. ¡Harás que me caiga! ¡Y también podría morir de un susto si saltas así de repente!
Tanjirou puede oler la vergüenza, eso quiere decir que el rubio está sonrojado. Él quiere ver eso, y se aleja un momento para que se vean a los ojos. Verifica primero que todo esté en su lugar, no hay ni un rasguño o hematoma a la vista, eso es un alivio—. Zenitsu… Ha pasado mucho tiempo, cuando desperté me dijeron que fuiste a una misión.
Nezuko, que estaba jugando con Zenitsu antes de que su hermano mayor despertara, los mira a ambos con curiosidad.
—Lo sé, leí la noticia de que despertaste.. ¡Justo días después de que me fui! ¿Acaso lo hiciste a propósito? —el rubio se oía molesto, pero no olía molesto, eso hizo sonreír al menor.
—No, nunca haría eso, en serio quería verte, me alegra que estés bien, y que hayas vuelto —Tanjirou vuelve a atraerlo en un abrazo, ignorando las protestas de Zenitsu sobre que eran demasiados abrazos.
Nunca serían suficientes abrazos.
—Si, si, si, también me alegra verte de nuevo —Zenitsu resopla, le da unas palmadas en la espalda, pero en vez de deshacer el abrazo se envuelve aún más, la cabeza de este se apoya en el hombro del burdeo—. Hiciste que me preocupara mucho por ti frente tonta, estuve mucho tiempo aquí recuperándome y no despertaste ni una vez.
La fragancia dulce de Zenitsu se vuelve más amarga, y eso no le agrada a Tanjirou.
—Lo siento, no quise preocuparte, a nadie, lamento-
—Disculparse por eso no tiene sentido, ¿Eres idiota? —le interrumpe Zenitsu suspirando.
El burdeo se ríe—. Siempre lo dices, pensé que era obvio.
Los dos mantienen el abrazo un rato más, en silencio, y luego se separan riendo.
Tanjirou sintió que el peso en su corazón desapareció en un instante con sólo inhalar el perfume natural de Zenitsu, con sólo escucharlo reír de nuevo. Las nubes de preocupación en su cabeza se despejaron y el sol brilló un poco más, pero bien ese sol podía ser Zenitsu. No apartó sus manos de las manos del mayor, y a este no le importó o lo ignoró.
—No vuelvas a caer en coma por tanto tiempo, ¿De acuerdo? ¿Qué pasa si te mueres? ¿Quién va a protegerme? ¡Y si nadie me protege no podré proteger a mi futura esposa! ¡No podré casarme! —se quejó Zenitsu desplomándose en la orilla de la cama.
Nezuko ya no estaba a la vista, había corrido a jugar con las niñas en ese momento.
—¿Futura esposa? —la sonrisa del burdeo desapareció por un segundo, sin pensar que esto sólo era el habitual Zenitsu. Y el sentimiento molesto se instaló en su pecho una vez más, el que siempre picaba cuando el rubio se acercaba mucho a Nezuko—. Pensé que Zenitsu había pasado de eso.
—¡Si, mi futura esposa Nezuko-chan! —exclamó el mayor sentándose recto en la silla—. ¡Nunca he pasado de eso! ¡Es lo que más deseo! Por eso no puedes morir, prometiste que me protegerías hasta mi matrimonio, ¡Sé fiel a tu palabra, Kamado! —Zenitsu lo señaló con un dedo acusador.
Tanjirou frunció los labios, no quiso pensar mucho en cosas que no entendía, y suspiró—. Sólo si Nezuko quiere casarse contigo, y ella no creo que piense en eso ahora.
La conversación entre los dos fue vaga, y el sentimiento en el pecho de Tanjirou se hizo más grande con cada palabra de Zenitsu. Él mantuvo una sonrisa para el rubio, pensando que sólo estaba teniendo un episodio de hermano mayor.
Tanjirou sólo pudo ver unas dos veces a Zenitsu después de ese día, los cazadores de demonios se encontraban más ocupados después de que Uzui se retirara. Y ahora él tenía un problema más grave que preocuparse por malos sentimientos y el rubio de ojos caramelo que lo atraía de una forma inexplicable.
Necesitaba una espada, sin una espada no podía hacer su trabajo, pero parece que su herrero lo odiaba tanto como para atenderlo de nuevo. No lo culpaba, Tanjirou fue muy irresponsable con sus espadas, culpaba a su falta de fuerza y habilidad.
Pero tiene tiempo de mandarle cartas al rubio antes de aventurarse a la aldea de los herreros, le escribe que espera verlo pronto y que se mantenga a salvo. Desea poder decir más que eso, pero él no halla las palabras que tanto quiere decir, por lo que la carta es simple, corta y con espacios en blancos.
No se queda el tiempo suficiente para una respuesta, pero Tanjirou tiene esperanzas de que se verán pronto, él sólo tiene que ir por una espada y volver. ¿Qué podría pasar?
A veces Tanjirou se olvida de que es un optimista de primera, pero no es el más afortunado. Quizás está sonando como Zenitsu, pero el rubio tiene razón cuando dice que es un atrae problemas con demonios, y no demonios cualquiera.
El burdeo incluso puede oír a Zenitsu decirle que es por ser un idiota de frente grande, mientras lo regaña por no tener sentido de auto conservación.
El viaje a la aldea de los herreros lo ha dejado en un arduo entrenamiento, más cruel que los de Urokodaki y el de recuperación de las mariposas, pero eso es bueno, un fuerte entrenamiento hace guerreros fuertes ¿No? Y han sido atacados por más lunas superiores, las cuales fueron derrotadas con la ayuda de dos pilares extraordinariamente fuertes, e incluso tuvo ayuda de Genya, quien por un segundo creyó que no lograría acercarse. Resultó ser un buen chico después de todo.
Por poco pierde a Nezuko, aún es un dolor en su corazón recordar que por unos segundos creyó haber perdido por lo que ha luchado hasta ahora, pero ella está bien, su hermana menor ahora baila bajo el sol sin ser dañada, ella sonríe contenta y puede decir algunas palabras. Trae un poco de paz a su corazón.
Y claro, él volvió a estar un tiempo en cama. Es otro mal hábito, tal vez.
¿Cómo es que siempre te enfrentas a demonios ridículamente fuertes y acabas atado a la cama?
Tanjirou se ríe dolorosamente con la voz de Zenitsu en su cabeza, aunque eso lo leyó en una carta. Espera por el rubio, en la última carta este ha dicho que estaba por llegar pronto a la finca, y realmente deseaba verlo. No es que pudiera ir a ningún lado de todos modos, sus heridas se encontraban recuperadas casi por completo, pero seguía teniendo una pierna rota.
Cuando el olor dulce de Zenitsu llega hasta la nariz de Tanjirou, olfatea feliz de saber que este se encuentra bastante cerca. Y cuando el rubio cruza por la puerta de su habitación, los dos sonríen en grande.
Todo se ilumina alrededor de Zenitsu, y Tanjirou piensa distraidamente que se ha hecho más brillante.
—¡Tanjirooouuu! —lloriqueó el rubio corriendo hacia la cama del chico con aretes, el cual levantó los brazos para recibirlo con gusto.
El abrazo fue largo, al igual que el llanto de Zenitsu, junto a sus balbuceos sin sentido que Tanjirou podía decir seguro que eran quejas sobre lo mucho que se hería de gravedad, cuanto lo dejaba solo y que odiaba ir a pelear contra demonios. El burdeo acarició la espalda del mayor, disfrutó de como este acariciaba su cabello, un hábito de hace tiempo atrás, y no perdió el tiempo en respirar el dulce aroma, un poco salado por las lágrimas.
—Tienes que dejar de hacer eso, es en serio —hipeó el rubio alejándose del abrazo y limpiándose el rostro con las mangas del haori amarillo.
—Lo siento mucho, pero ya lo has dicho, atraigo problemas —Tanjirou se ríe, recibiendo un un puchero del mayor a cambio, decide ocuparse él mismo del rostro sucio de este y limpia cada lágrima con sus manos callosas—. Todo está bien, yo estoy aquí.
Tanjirou no se pierde ni un segundo de las mejillas rojas de Zenitsu, y, aun con las lágrimas, tiene el pasajero pensamiento de que se ve muy hermoso. No piensa demasiado, no cuando Zenitsu vuelve a abrazarlo y tiene que envolverlo en sus brazos otra vez, el burdeo sonríe y lo deja ser, está bien, ellos pueden abrazarse todo el tiempo que Zenitsu lo deseé.
El corazón de Tanjirou vuelve a sentirse tan lleno que imagina podría explotarle justo ahora.
Los demonios se han escondido desde que Nezuko domina el sol, no se ha avistado uno desde hace tiempo, por supuesto que es sospechoso y todos entienden que algo están planeando, pero no hay mejor oportunidad para que los cazadores se fortalezcan y contratar con más fuerzas.
La reunión de los pilares junto al cabeza de la organización ha dado el aviso sobre un entrenamiento intensivo —también una forma de hacer que las marcas aparezcan, el máximo nivel de poder—, y Zenitsu está en la habitación de Tanjirou quejándose sobre eso sin parar —explicando el entrenamiento—, mientras Tanjirou lo mira con ojos de asombro y emoción.
—¡OH, YA VEO! ¡Es asombroso! —exclamó con estrellas en los ojos el burdeo.
Zenitsu en su silla iba a saltar de furia—. No, no es así. Es horrible. Es como el infierno mismo —rechilló los dientes—. ¿A quién se le ocurrió esa grandiosa idea? Sea quien sea, ojalá se muera —las venas en la frente del rubio sobresalieron, y estaba rojo de ira.
—¡Zenitsu!
No importaba si Tanjirou trataba de animar a Zenitsu, o convencerlo, de que el entrenamiento era sin duda algo bueno, el rubio jamás había sido un gran fan de hacer cualquier sobre esfuerzo, o esfuerzo en sí, por lo que sólo acabó siendo insultado y con una gran mordida en la frente. Podía oler la molestia, el dulce aroma a durazno opacado con algo extremadamente picante, irritaba sus fosas nasales.
Oh, eso es.
—¡OH, ZENITSU! —Tanjirou gritó antes de que el mayor se terminara de marchar—. Casi lo olvido-
El rubio se giró para verlo, frunciendo las gruesas cejas y con una mueca en los labios—. No me vengas con estupideces-
—No, no es nada de eso, sólo espera un poco —negó con la cabeza, mantuvo la sonrisa en grande ahora con la atención de Zenitsu—. Verás, durante mi pelea con la luna superior cuatro, no pude usar una de mis piernas… Pero pude arreglármelas y cortar su cabeza, todo gracias a la habilidad de velocidad que me enseñaste.
Zenitsu no apartó la mirada de Tanjirou, ni siquiera parpadeó.
—Lo que digo es, no fui tan rápido como tú, claro está, pero gracias —la sonrisa del burdeo se hizo más suave—. Es por eso que tener contacto con otras personas en verdad ayuda. Estoy seguro que todo lo que aprenderás en este entrenamiento para ser pilar te será de ayuda para alcanzar un mejor futuro.
Hubo un silencio de parte del rubio, el chico de la cicatriz no sabía si había tocado bien a este, su agradecimiento fue honesto, de no ser por lo que Zenitsu le dijo, no hubiera logrado vencer y todo hubiera sido en vano. Él sólo quería animar a su amigo, y hacerlo ver.
Zenitsu giró la cabeza a un lado, parecía estar temblando, y Tanjirou pensó que algo había hecho mal, pero la risilla que este soltó lo detuvo de disculparse.
—¡OOOOOOOWWWW, TONTITO! ¡¿En serio creías que algo como eso me haría sentir mejor?! —soltó el mayor con un chillido y una enorme sonrisa, sus mejillas cubiertas de rosa hasta las orejas.
Tanjirou respiro con alivio desde el interior, sonriendo como un idiota. Oh, parece que lo hice sentir mejor, pensó inclinando la cabeza a un lado. El olor picante y amargo desapareció dando paso al dulce aroma de melocotones mezclado con flores, al fin pudo respirar mejor.
No pudo disfrutar lo suficiente del momento, cuando su cuervo apareció picando su fuerte mientras Zenitsu se iba de su habitación dando saltos y murmurando cosas que ya no podía oír para su mala suerte.
—¡UUUAH! ¿ESTOY SANGRANDO? —se sobó la frente el de aretes.
—¿Qué crees que haces, tontito? —se burló el cuervo aterrizando en la cama de Tanjirou y le dejó una carta en el regazo.
Introducirse al entrenamiento para pilar fue un arduo trabajo, su cuerpo estaba lleno de energía y emoción por volverse más fuerte. Tanjirou pasó cada prueba con entusiasmo, y cuando se estancaba en algo pensaba en Nezuko, en el futuro, quienes lo han apoyado y, por supuesto, en Zenitsu. También en Inosuke, era su amigo después de todo, su compañero de entrenamiento preferido.
Tanjirou se dio cuenta de que le quedaba un camino duro por delante para poder alcanzar a sus amigos, pero él lo lograría.
—Zenitsu estaba preocupado por ti, me costó trabajo animarlo a continuar con el entrenamiento —Uzui le comentó el primer día.
El burdeo se sintió igual de preocupado por el chico de ojos caramelo, Zenitsu no era un fanatico del esfuerzo y Tanjirou siempre estuvo allí para darle una mano cada vez que este se sentaba obstinado en no querer continuar.
Tanjirou pasó por cada entrenamiento tan rápido como le fue posible, y él dio todo lo que tenía para mejorar, por ser más fuerte. Si eres fuerte, protegerás a quienes quieres, con la mente en Nezuko, en sus amigos, y en Zenitsu.
Se preguntó por las noches como estaría el rubio, no habían hablado en un tiempo, ni siquiera mediante notas o cartas, como solían hacer cuando se separaban por un periodo largo. ¿Zenitsu habrá pasado los otros entrenamientos? ¿Habrá desistido? No, él no creía algo así, incluso si Zenitsu se quejaba, lloraba y decía ser débil, él lo seguía intentando, porque el rubio siempre ha querido llegar a las expectativas de los demás, y enorgullecer a su maestro de aliento. Eso le digo alguna vez. El burdeo mentiría si dijera que no lo extrañaba, tanto como extrañaba a su hermana menor, y el extrañarlo lo empujó más para ser mejor.
Si logras pasar por esta prueba, pronto verás a Nezuko de nuevo, y podrás escuchar la risa de Zenitsu, ver sus ojos iluminarse, y jugar con Inosuke hasta cansarse. Serás fuerte, nadie morirá en tu guardia.
Tanjirou no dejó de sonreír, incluso si su piel era estirada hasta quemarle como el infierno cuando entraba con Mitsuri —aunque, tambaleó un poco cuando entrenó con Obanai, el pilar de la serpiente fue muy duro y aterrador—. Y con el cuerpo resentido por el esfuerzo, llegó hasta el pilar del viento.
—¡TANJIROOOOOOU, SÁCAME DE AQUÍ! —temblaba Zenitsu, sudaba pánico y estaba pálido de piez a cabeza.
El burdeo tuvo que cargar con Zenitsu en su espalda, estuvo bien, incluso si tenía que enfrentarse al temible pilar del viento Sanemi Shinazugawa, quien apuñaló a Nezuko, él sonreía de poder encontrarse con Zenitsu de nuevo.
Tal parece que Zenitsu estaba equivocado, Tanjirou no sólo atraía problemas con los demonios, él igual atraía problemas con sus superiores.
Los dos han sido enviados a completar la próxima fase de entrenamiento con el pilar de la roca, Gyomei Himejima, Tanjirou está apenado por meter también en problemas a Zenitsu, y se disculpa tantas veces que hace irritar al rubio. Ambos caminan deambulando por el bosque y buscando la zona de entrenamiento del pilar.
—No quería que esto acabara así. Y las marcas tampoco aparecen, quizás el entrenamiento no sirva de nada —el burdeo suspiró desanimado, tenía un dolor en el estómago.
—Ah, está bien. Vamos, lo golpeaste, eso ya es bastante genial ¿Sabes? —Zenitsu mantuvo la mirada al frente.
Tanjirou sonrió, tal vez el rubio quería hacerlo sentir mejor. Aunque Zenitsu olía fastidiado, sus palabras salieron con un olor dulce.
—Pero ahora lo importante es- ¡¿CÓMO SEGUIMOS CAMINANDO EN ESTA MONTAÑA?! ¿DÓNDE ESTÁ EL PILAR DE LA ROCA?
. . .
Hablando de entrenamientos infernales, Tanjirou ha pasado por muchos, pero este sin dudas se lleva el premio mayor. El pilar de la roca no se los ha dejado fácil, y ha perdido la cuenta de las veces que ha vomitado toda su comida con cada paso.
Pero de nuevo los tres están juntos, eso mantiene la sonrisa de Tanjirou y lo hace aún más optimista. No hay nada que no puedan hacer si están juntos.
Zenitsu se queja, el rubio llora deseando que todo acabe, pero continúa en la prueba cuando bien podría rendirse e irse como los demás. Inosuke no pierde el tiempo en burlarse, su salvaje energía reta a todos y también ayuda a mantener a todos enfocados. Tanjirou es bueno animando, siempre tiene algo bueno que decir.
Cuando la noche los alcanza, y pueden dejar de entrenar, Inosuke ronca con la máscara puesta, patea a algunos otros cazadores que duermen allí también, los poco que han quedado, Murata se queja de tener la mano del jabalí en la cara.
Tanjirou aún está despierto, al igual que Zenitsu, los dos recostados en el suelo observando el cielo estrellado. Ellos hablan, como cada noche, de trivialidades, del entrenamiento, de tonterías o el futuro, o sólo de Nezuko. Son los momentos que más disfruta Tanjirou, sólo estar con Zenitsu.
—Pensé que moriría hoy —dijo el rubio, trazando con sus dedos alguna forma que hacen las estrellas en el cielo.
El fuego sigue encendido, pero es cada vez más débil.
—Dices eso todos las noches —sonríe el menor con las manos detrás de su cabeza, siguiendo con los ojos las manos del otro—. ¿Qué forma es esa?
—No estoy seguro, quizás un conejo, es lo que intento hacer —suspira el cazador del rayo dejando caer los brazos en los lados—. ¿Sabes algo sobre las estrellas? ¿Alguna constelación?
—¿Constelación? —el de la cicatriz gira la cabeza junto al cuerpo para ver al contrario con ambas cejas arqueadas.
—Eres un bruto sin educación —se ríe el rubio sin moverse para verlo.
Tanjirou ignora el insulto, no se molesta en ofenderse, no es que sea mentira. Sonríe disfrutando de la risa del rubio.
—Mi padre me contaba historias sobre las estrellas, sólo eso sé. Como esa de allá, hay varias brillando en una línea ¿Lo ves? —Tanjirou usó su dedo para señalar una línea de estrellas que destacaban del resto menos luminosas—. Creo que tenían que ver con osos, y hay más de una, creo que es la más pequeña.
Zenitsu se ríe, tapa su carcajada con una mano para no despertar a los demás cazadores, y se gana una mirada desconcertada del burdeo—. ¿Hablas de la osa menor? ¡Es justo lo que estaba diciendo, tonto! —susurra quitando la mano de sus labios, pero sin dejar de reír entre dientes.
Tanjirou pestañeó, observó fijamente los ojos caramelo de Zenitsu, podía ver las estrellas reflejarse en ellos, similar al atardecer cayendo iluminado de estrellas. Si tuviera que elegir si ver el cielo para contemplar las estrellas o ver los ojos de Zenitsu, elegiría los ojos del rubio sin dudar. Giró todo el cuerpo, apoyó su cabeza en su mano, y sonriendo escuchó sin interrumpir las historias de Zenitsu sobre el cielo estrellado.
Si tan sólo esto durará un poco más.
Tanjirou tenía que avanzar, incluso cuando quería quedarse un poco más. Ha logrado mover la roca, la última prueba en el entrenamiento con el pilar de la roca, y debe marcharse para su próximo entrenamiento con otro pilar.
Pero hay problema, y ese problema es Zenitsu.
Algo estaba mal, muy mal, podía olerlo, podía verlo, lo sentía hasta en los huesos, como el comportamiento y la actitud de Zenitsu había cambiado drásticamente de un día para otro. Algo había ocurrido, y sea lo que sea que haya sido, es lo suficientemente serio para afectar al rubio más que nada.
Tanjirou está preocupado, se ha acercado para hablar con el rubio, le sonríe y busca su mirada, pero Zenitsu se niega a devolverle el gesto. Las charlas en las noches se detuvieron, sabe que Zenitsu se queda hasta tarde despierto entrenando, tratando de mover la roca, probablemente se reprocha lo inútil que es, y Tanjirou desea poder estar allí para animarlo y apoyarlo en lo que sea que está atravesando. Quiere consolarlo y decirle que todo irá bien, pero él ni siquiera sabe que está pasando, o que ha pasado.
Está bien, aún tiene un poco de tiempo para hablar, Tanjirou lo intenta antes de irse y Zenitsu lo esquiva hasta el final. No puede ver la expresión del rubio, pero huele a melocotón podrido, y es un olor repugnante que nunca creyó podría venir de alguien como Zenitsu, quien siempre olía tan dulce y floriado.
—Debo encargarme de esto por mi mismo, Tanjirou —es lo último que le contesta Zenitsu.
Tanjirou se retira, dejando solo a Zenitsu sobre esa roca, tiene un peso en el corazón, pero tiene la esperanza de poder hablar después, la próxima vez que ellos se encuentren. Él mira hacia las estrellas, la esperanza es algo a lo que puede aferrarse.
No hay una próxima vez, no cuando el plan está en marcha, todos saben que el día se acerca, la batalla final contra los demonios, contra Muzan, y lo darán todo por ganar. Un todo o nada por la victoria.
Tanjirou piensa en Nezuko, ora por el bien de su hermana, que vuelva a ser humana antes del amanecer, y que Muzan no tenga oportunidad de hacerle daño, y hacer daño a nadie más nunca más. También piensa en Inosuke, ora por la vida de cada uno de sus compañeros, él quiere que todos sobrevivan, pero sabe que eso es imposible, Tomioka le había dicho que las pérdidas son inevitables pero necesarias en esta lucha.
La última vez que habló con Zenitsu fue mediante una carta, una promesa sobre volver a encontrarse y hablar.
Volveremos a ver el amanecer juntos, y tal vez contar de nuevo las estrellas.
Antes de poder sonreír por el pensamiento de esa línea en esa carta, una explosión a la distancia llamó la atención de todos. Las piernas del burdeo reaccionaron de inmediato, junto a la voz de Giyuu.
Dios, por favor, Tanjirou suplicó una última vez al oscuro cielo, con la imagen lejana de quienes amaba y ojos caramelos cubiertos de estrellas.
Si le dolía todo el cuerpo, si pensó que todo estaba perdido, si dolió hasta estrujarle el corazón la pérdida de un compañero, Tanjirou lo arrojó hasta el fondo de su mente, aunque las lágrimas fueron inevitables y su cuerpo se calentaba por el ardor en cada una de sus extremidades. Él había llegado hasta acá, peleando con Akaza, sobreviviendo y corriendo sin parar sin importar que sus pulmones dolieran en advertencia de que podían explotar si los forzaba un poco más.
Cuando Tanjirou tuvo a Muzan en frente no se detuvo, no importa si perdió un ojo, si se ahogó con su propia sangre mientras agonizaba de dolor por el veneno que poco a poco lo desfiguraba. Se perdió por un instante, entre memorias y el limbo, pero él sujetó su espada con fuerza y se puso de pie.
Por quienes perdió, por aquellos que se han sacrificado hasta este punto, por quienes quiere proteger, su hermana y sus amigos que también peleaban esta batalla. No importaba si moría aquí, él no pararía hasta que el sol saliera y no hubiera ni las cenizas de Muzan.
Tanjirou no para de luchar, ni siquiera cuando todo es oscuro, escucha voces y gritos. Por un momento algo quema, pero es momentáneo, tiene hambre y está sediento ¿Qué están diciendo esas voces? ¿Es la voz de su hermana? ¿Nezuko, Inosuke… Y Zenitsu?
Son súplicas, le están pidiendo que se detenga, ¿Por qué? Y él quiere parar, porque sabe que está haciendo algo mal, le arde la sangre en sus venas, no puede ordenar sus pensamientos.
Los ojos de Tanjirou se abren, encontrándose con todos a su alrededor, las lágrimas salen de sus ojos y él pide perdón, no para de disculparse, una y otra vez, lleno de arrepentimiento. Envuelto entre cálidos brazos, cubierto de lágrimas, de nuevo cae en la inconsciencia.
Tanjirou ha pasado tres meses en coma.
Eso es mucho, pero él está vivo aún, su cuerpo se ha recuperado en gran parte, sigue demasiado débil para levantarse por sí solo al despertar, pero está bien, está agradecido por poder ver a su hermana siendo una humana, su mayor deseo cumplido, y Nezuko brilla de felicidad con las lágrimas empapando sus mejillas al verlo consciente luego de tanto tiempo. Hay abrazos, gritos, besos, de todo un poco, son demasiados sentimientos desbordados.
Zenitsu está allí también, Tanjirou cree que recibirá otro regaño por volver a caer en cama —específicamente, en un largo coma—, pero el rubio está llorando junto con Nezuko, balbuceando su nombre con los mocos hasta la nariz y aferrado a él como si su vida dependiera de esa simple acción. El burdeo tiene los pulmones llenos del aroma del rubio, y tiene el corazón lleno otra vez.
De nuevo, el burdeo debe ponerse al día con las cosas que se perdió al estar inconsciente, Nezuko se encarga de eso, le cuenta sobre el estado de Giyuu, Sanemi y los demás, Tanjirou está aliviado de que haya pasado lo peor. Y lo mejor de todo, no hay demonios. No necesita que se lo digan, el aire se siente menos pesado, sin tensión.
El sol brilla mucho más.
Inosuke ha estado muy animado desde que despertó, saltando de un lado a otro, pero no es agresivamente salvaje, sólo muy enérgico. Ha sido regañado más de una vez por Zenitsu, pero el rubio es ignorado o siendo azotado con una almohada en la cara, Tanjirou intenta regañarlo sin evitar reír contagiado por el buen ambiente de sus compañeros.
Su familia está viva, están allí. Él está vivo.
Ha perdido la movilidad de un brazo, y también la visión en un ojo, pero podrá vivir con ello.
—Sabía que despertarías —comentó el rubio, invadiendo la cama del menor.
Tanjirou arquea una ceja con una sonrisa—. ¿Ah si?
La brisa mueve las cortinas de la ventana, el viento trae consigo algunos pétalos de los árboles de afuera, vuelan en el aire hasta caer en el suelo de la habitación, en la cama o enredarse en el cabello rubio de Zenitsu, ha crecido un poco, hasta ocultar sus orejas, pero no es demasiado. Es un pequeño descuido, un detalle que el de aretes no pasa por alto.
—Eres muy terco, los tipos como tú, obstinados e idiotas con frente grande, no mueren y ya —bufó Zenitsu soplando uno de los pétalos que cayó cerca de su rostro.
—Tienes razón —Tanjirou se encargó de quitar los pétalos en el cabello de Zenitsu, tarareando con una sonrisa.
Los dos se ríen un momento después, como nunca lo habían hecho antes, una risa sin sentido de fondo.
Volver a casa fue un final y un comienzo, es el final de aquella historia como cazador de demonios, pero es el principio de su vida sin demonios, en una donde puede estar el resto de su vida en paz con quienes ama y considera familia.
—¿Es esta la casa donde crecieron Tanjirou y Nezuko? ¡Es increíble! —soltó Zenitsu colocándose a un lado de Tanjirou.
Tanjirou giró para verlo con una sonrisa, se encontró con ojos miel, los mismos ojos caramelo que ha contemplado por mucho tiempo, brillando de asombro por la rústica casa de su familia. Nezuko soltó una risilla al ver a Inosuke saltando para entrar a la casa, deambulando alrededor como un animal en territorio nuevo y desconocido.
—Estamos en casa —murmuró el burdeo, cerrando los ojos por un momento, siente una mano tocar la suya y abre el único ojo sano para ver su mano entrelazada con la de Zenitsu.
La casa está en buenas condiciones, cortesía de las personas del pueblo que se encargaron de mantenerla —Tanjirou hace una nota mental para agradecerle más tarde—, Nezuko revisa si todo sigue en su lugar, hace el vago comentario de sentir que nada ha cambiado, todo sigue en su lugar. Zenitsu comenta positivamente sobre el lugar, e Inosuke sigue moviéndose en el lugar con curiosidad.
El resto de la tarde, los cuatro se encargan de limpiar la casa, está cómoda, pero algo polvorienta por el tiempo que no ha sido usada. Es un poco más difícil sin un brazo, pero el burdeo se las arregla con ayuda de los demás.
Cuando el atardecer cubre la montaña bañándola de naranja, han acabado de limpiar y se toman un descanso, Nezuko los deja para hacer un poco de té e Inosuke aún tiene mucha energía así que juega con Tanjirou a buscar una vara.
—La casa de Tanjirou y Nezuko es tan cálida como imaginé que sería, es muy pacifico aquí —habló el rubio sentado en la madera, observando a Tanjirou jugar con el jabalí.
—¿De verdad lo crees? Gracias, siempre me gustó vivir aquí, lo extrañé mucho —dijo el menor lanzando con fuerza la vara que Inosuke le trajó.
—Te creo, si tuviera que irme de un lugar así, siempre pensaría en volver —suspiro apoyando las manos en sus manos, los pies colgaron y los movió en el aire—. ¿Qué es lo que haces? ¿Acaso Inosuke es un perro? —soltó una risa siguiendo con la mirada al chico con máscara que se iba corriendo en cuatro a buscar la vara.
—¡Le estoy enseñando trucos! —levantó un dedo Tanjirou con una sonrisa y las cejas fruncidas.
Zenitsu volvió a reír, cerrando los ojos un momento y sintiendo la fresca brisa de la tarde.
—Gracias, por dejarme esparcir las cenizas del abuelo en la tumba de tu familia —la voz del mayor por poco es un susurro, como si estuviera avergonzado—. Sé que fue un atrevimiento de mi parte pedirtelo y-
—Ahora todos somos familia, Zenitsu, y tu abuelo nunca estará sola, están todos juntos —interrumpió el burdeo.
Los dos se miraron a los ojos, Zenitsu le sonrió a Tanjirou, dulzura y suavidad en los ojos caramelo y la sonrisa del burdeo. Antes de poder decir algo más, Inosuke llega sujetando la vara.
—¡Gonpachirou la has tirado muy cerca! ¡Necesito un reto así que tirala con fuerza! —grita el jabalí molesto, resoplando y brincando.
—Está bien, está bien, lo lamento, para la próxima lo haré mejor —se ríe el chico de la cicatriz cogiendo la vara en su única mano funcional, respirando profundo para volver a lanzarla pero con más precisión e impulso.
Nezuko vuelve un momento después, ella ve divertido el juego con Inosuke y se une para entretener al chico azulado un rato mientras Tanjirou se recuesta a descansar junto a Zenitsu.
Tanjirou no puede ignorar el resoplido que Zenitsu suelta al observar con el ceño fruncido a Inosuke jugar con Nezuko. Su mano pica por alcanzar la del rubio, pero nunca la alcanza.
En la paz, existe el amor.
Zenitsu es un chico dulce, es amable, protector y la persona más leal que existe en el mundo, Tanjirou sabe que es una buena persona, no hay nadie mejor para su hermana menor. Él sabe que Zenitsu se encargará de hacer feliz a Nezuko, Zenitsu daría su propia vida por la de Nezuko, es un hecho indudable. También sabe que Nezuko hará feliz a Zenitsu, y ella lo amará como nadie.
Los dos se ven a los ojos, sonríen y murmuran, las risas de Nezuko y su olor sólo dicen una cosa; está completamente enamorada, quizás, incluso si es superficial, es real. Y Zenitsu desborda felicidad al estar al lado de Nezuko, eso dice mucho, huele tan dulce que lo compara con aquellos postres de melocotón que tanto le gustan.
Tanjirou está bien con esto, sólo desea la felicidad de ambos, que las personas mas importantes en su vida sean felices. Él está bien, pero no se siente bien.
Cuando Nezuko se voltea a verlo, vestida con ese hermoso kimono, iluminada por el sol, bañada en dulzura, Tanjirou no lucha contra eso. Y no tiene idea de por qué debería luchar en primer lugar. Zenitsu sigue la mirada de su, ahora, esposa, y los ojos miel chocan con los carmesí suyos, el rubio le sonríe suavemente, sus ojos se ocultan tiernamente con las mejillas rosas.
Los olores se mezclan en el aire, pero por primera vez Tanjirou no quiere llenar sus pulmones con el melocotón, las flores de primavera y esa chispa de ozono.
—Estoy feliz por ellos —murmura el burdeo viendo al rubio alzar una mano para saludarlos, sonríe devolviendo el gesto a su amigo, ahora cuñado.
Kanao está allí, justo a su lado, ella asiente con la cabeza y una sonrisa amable—. Lo sé, también estoy feliz. Ellos hacen una linda pareja.
El corazón de Tanjirou no se siente lleno, no está desbordante hasta que siente que puede estallar, después de tanto tiempo, pero él hunde ese sentimiento hasta el fondo de su alma, sin siquiera saber porqué le duele tanto.
Kanao se mantiene a su lado en toda la ceremonia, en algún punto ellos han unido sus manos. Es cálido, pero no lo suficiente para apagar el frío en el corazón de Tanjirou.
—Deberías estar con tu esposa, no aquí aislado del resto ¿Sabes? —la voz de Zenitsu logra que Tanjirou aterrice.
Tanjirou se gira para ver a su amigo, no ha contestado a lo que Zenitsu le ha dicho, como si estuviera hipnotizado por la figura del rubio danzando frente a él. En su mente, piensa en cómo luce Zenitsu ahora, con el cabello más largo atado en una coleta alta, muy diferente a su boda de hace años con Nezuko, vestido en un kimono formal por la ocasión.
—Yo- Lo siento, estoy distraído —el burdeo sacude la cabeza, de nuevo ha tenido que bajar de las nubes—. Supongo que aun no puedo creerlo —sonríe honestamente apenado.
El rubio gira los ojos—. Cuando me case, tampoco podía creerlo ¡Era demasiado increíble para ser cierto! —chilló el mayor moviendo las manos en el aire—. Está bien, sólo debes procesarlo, ¡Y yo estoy muy aliviado!
Tanjirou arquea una ceja, sonríe divertido.
—¿Por qué aliviado? —pregunta inclinando la cabeza.
—¡Estaba preocupado por ti, por supuesto! ¡Y la pobre Kanao! —el rubio sacudió la cabeza cruzándose de brazos—. Al paso que iban, como tortugas, pensé que nunca darían un paso y estarían solteros siempre, ¡Me preocupo mucho por ti! ¡No quería que estuvieras solo! —golpeó con su dedo índice el pecho del más alto.
—¿Yo? No estaría solo, los tengo a ustedes dos, y a Inosuke —rió el menor tomando la muñeca del otro antes de que retirara la mano.
—¡Sabes a lo que me refiero! —chilló el más bajo cuando su mano fue atrapada—. De todos modos, tienes razón, nunca estarás solo con nosotros, pero ahora es diferente, tienes a alguien que te ama, y tú amas de vuelta ¿No?
Tanjirou soltó la muñeca de Zenitsu, asintió con la cabeza, sus labios curvados en una sonrisa, miró hacia la distancia, donde se encontraba Kanao hablando animadamente con Nezuko y Aoi.
—Es hermosa ¿No crees? Eres afortunado, Tanjirou —murmuró Zenitsu a su lado.
El burdeo giró la cabeza para ver a Zenitsu, sólo podía verlo con su ojo sano, y la belleza de este era triste, al igual que su aroma. Le recordó a ese día hace tiempo atrás en la boda de su hermana y su amigo, su corazón debió estar lleno, pero no lo estaba, tampoco lo estuvo hoy.
—Sí, lo soy.
Los días fueron pacíficos, algunos fueron malos, otros buenos, pero la mayoría de ellos estuvieron bien, fue feliz, o él cree que fue feliz.
El tiempo no es piadoso, Tanjirou lo ha vivido en carne propia, pero está bien con eso, envejecer era bueno, él tiene varios arrepentimientos para llevarse, pero ha vivido una buena vida, tan buena como cualquier otra persona normal, junto a las personas que ama, junto a la persona que ama. Bueno, no estaban precisamente juntos, pero estaba bien con sólo seguir a su lado.
Tanjirou alguna vez fue un chico pobre bajando de una montaña para vender carbón y traer la comida a la mesa para su familia, luego fue un cazador, luego fue un chico normal, un hermano mayor, un prometido, esposo y un padre. Lloro, grito, perdió todo, luego lo tuvo todo, pero a la vez no tuvo todo lo que quería.
Las risas de los niños al fondo lo hacen levantar la cabeza de su té, sus labios tienen una sonrisa arrugada al ver a los pequeños jugar, ellos bailan alrededor de otro niño. Respira el aire puro, huele a felicidad e inocencia.
Y huele a melocotón mezclado con flores de primavera, aunque están en verano.
—Oh Dios, pareces todo un viejo, con ojos nostálgicos incluso —comenta el hombre mayor que se encuentra sentado a su lado en la madera.
Zenitsu está allí, por supuesto que lo está, él ha venido a visitarlo y ha traído a sus nietos consigo, todos están ahí, incluso Nezuko puede oírse a la distancia, hablando con sus sobrinas, con Kanao y su hijo.
—Lo siento, no puedo evitar ser un viejo, soy uno después de todo —se burla sin perder el aire pacifico, deja la taza de té en el suelo.
El burdeo se permite contemplar a Zenitsu un momento, quien está ocupado dibujando algo en su viejo diario.
—Sólo mírate, tu rostro tiene arrugas y tu cabello es más gris que rojo, te ves horrible envejecido, Tan~ji~rou~ —se burló Zenitsu con una risa ronca, llevando una mano hasta su boca y soltando el diario.
El cabello de Zenitsu seguía siendo largo, no, es mucho más largo que antes, pero estaba atado en una coleta que caía por su hombro, había perdido el color dorado con el pasar del tiempo, ahora es totalmente blanco, tan puro como la nieve misma, pero seguía brillando cuando el sol lo golpeaba con sus rayos. E incluso envejecido, sus ojos de caramelos aún desaparecían con ternura cada vez que sonreía.
Tanjirou rió, ni un poco molesto por el comentario, no era la primera vez que Zenitsu bromeaba sobre lo viejo que estaba—. Y tú te ves tan hermoso como siempre, Zenitsu.
—¡Oh, tú! ¡Ya estoy muy viejo para tus cumplidos, Tanjirou! ¡No ganas nada con eso! —chilló con dulzura el hombre mayor, sonriendo con las mejillas rosas de vergüenza.
Tanjirou rió ante el comportamiento de Zenitsu, muchas cosas habían cambiado, pero tantas se quedaron igual, cosas que el tiempo no cambiaría y no podría deshacerse, como el vínculo que tenían.
En esta vida, Tanjirou aún tiene muchos arrepentimientos. Es cierto que su cabello ya no tiene tanto color como antes, tiene arrugas en los ojos y en las manos, no tiene la movilidad de antes, a veces olvida cosas, aunque no le guste admitirlo.
—Sé que es tarde, creo que tengo el mal hábito de llegar tarde —dijo el hombre con aretes agachando la cabeza—. Pero, Zenitsu, realmente te amo, te he amado siempre, siempre lo haré.
Tanjirou había llegado tarde muchas veces en su vida, cuando perdió a su familia, cuando quiso salvar otras vidas de los demonios, cuando quiso ayudar a sus compañeros, y ahora llegaba tarde para entender que ha vivido todo este tiempo amando a este hombre de ojos miel que lloraba por la cosa más pequeña y olía a dulzura. En esta vida, Tanjirou no lo logró muchas veces, eran esos arrepentimientos que se llevaría a la tumba.
Es tarde, pero él tiene que decirlo.
—Tienes que hacer algo con ese mal hábito, Tanjirou —Zenitsu le sonrió, con ojos tristes, como si fuera a romper a llorar.
En esta primera vida, ellos no lo lograron.
Los dos se sonríen con tristeza, sus manos no se alcanzan la una a la otra y sus corazones no están llenos.
