Chapter Text
Encontrar un refugio en aquellas circunstancias parecía un espejismo. Un edificio abandonado desde el comienzo del apocalipsis, con muebles cubiertos de polvo y vidrios opacos, no era un lujo. Sin embargo, Yuichiro se había abrazado a las sábanas blancas de la cama matrimonial con tanta necesidad que sus ojos se cerraron del gusto.
Mikaela se sentó a su lado con calma, haciendo rechinar la madera vieja y robándole una risita tonta a Yuu que mantenía su mejilla apretada contra la tela. Sus ojos le miraron dulces, con ese brillo tan característico de él; esa inocencia que se conservaba aún y a pesar de tanta tragedia vista.
Ojos esmeraldas en un mundo carmesí. Demasiado bueno para ser real.
Mika no podía dejar de pensar, de pensar en cómo escapar, de planear todas las formas posibles de salir ilesos. Sentarse allí y mirarlo parecía una hermosa distracción. No podían quedarse allí, por más que...
— Desde aquí te escucho pensar —dijo Yuu divertido y estiró el brazo para poder alcanzar su muñeca pálida.
Mikaela suspiró con agobio, cerrando los ojos por un instante para retomar la calma.
Yuichiro era un niño en un cuerpo de adolescente. No había otra explicación para el rubio que luchaba por entender sus razones, por qué Yuu insistía tanto en confiar en Guren, aferrándose a ese hombre con una confianza devota y sin sentido, tal y como un fanático religioso.
A pesar de sus incongruencias, sus ojos tiernos le miraron insistentes, inclinando la cabeza con maña y curiosidad, buscando los del rubio a toda costa. Hasta que, por fin, Mika unió sus miradas, rindiéndose como siempre ante él.
Yuu lo tenía comiendo de la palma de su mano y algo en su interior le decía que saldría intoxicado de allí.
¿Qué podía hacer? Qué más podía hacer si el menor, al fin y al cabo, era eso: un niño lastimado en el cuerpo de un adolescente.
Y él también lo era.
Sentía su mano, allí, tomándole. Ese calor del cual él carecía como una sensación divina. Mikaela moría por él, por tener esas manos cálidas sobre su piel congelada.
Sólo una caricia, un agarre sin mayor intención, podrían hacerle estremecer, podrían hacerle sentir más humano y no ese monstruo sin emociones el cual estaba a punto de ser.
"Solo acuéstate conmigo un rato, Mika", escuchó, y sin quitarse las botas ni aquella capa, lo hizo; tieso como un roble, temeroso como un gatito, mirando con intriga a su amigo que suspiró contento, pero con muchísimo cansancio.
— Duerme un poco... —susurró entonces, cerrando los ojos y hundiendo la cara en la almohada, sin soltar su muñeca.
...
— No necesito dormir, Yuu-chan —dijo Mika, y el morocho abrió los ojos como dos bolas.
— ¡Es verdad! —respondió el otro, soltando una carcajada boba que hizo que Mika, de inmediato, rodara los ojos con una sonrisa apretada.
— Eres un tonto... —musitó divertido el rubio, ganándose un pequeño empujón de Yuichiro que no dejaba de reír.
De reír con él, así como quizás nunca lo habían hecho por más que se tratara de algo tan simple. Quién podría saber si, alguna vez, volverían a reír juntos. Cuando se detuvieron, Yuu se disculpó por lo bajo, dejándole un toque gentil sobre el brazo.
Inspirando profundo y suspirando, Yuichiro asintió luego de que Mika le dijera que no había problema con que él durmiera. Al menos por un rato, porque luego deberían planear qué hacer con todo ese desastre sucediendo afuera. Así que cerró los ojos de nuevo, apretando el agarre en su muñeca como si el muchacho se fuera a escapar si no lo hiciera.
Mika tragó saliva, y mirando la mano de Yuu tan cerca de la suya, suspiró también. Corrió la vista hacia el techo, mas volvió a bajarla hacia su rostro casi dormido luego de unos segundos. Sus ojos yendo y viniendo en silencio; la luz que traspasaba las cortinas naranjas de la habitación, reflejándose sobre ellos; el viento de invierno golpeando tras las ventanas.
De pronto, esa mano le apretó. Un ruidito escuchó salir de la boca de su amigo y, al posar los ojos de vuelta sobre Yuu, lo vio increíblemente cerca.
Su boca se abrió en sorpresa, sus ojos se agrandaron y sintió el aire atascarse en medio de su garganta.
Mika sabía que, si su corazón aún latiera, ahora mismo estaría desbocado por él. Se sentía idiota reaccionando de esa infantil manera.
¿Qué podía hacer? ¿Qué más podía hacer...?
Reaccionaba así, reconociendo el amor dentro suyo cada vez que lo veía. Tan cerca y tan irreal. Años de sufrimiento, lejos en la oscuridad como un viejo recuerdo, un mal sueño.
Yuichiro apretó su muñeca una vez más y él cerró los ojos rápido para que no le atrapara mirándole. No obstante, el menor se rió entre dientes, y él reabrió los ojos encontrándose con esas orbes esmeraldas observando profundo en su interior.
— Realmente estás aquí, Mika... —pronunció su nombre en un suspiro y con un dejo de nostalgia en su voz—. Pensé que te había perdido para siempre ese día.
Miradas como estrellas en la penumbra de aquella habitación. Mika sonrió con timidez, mirándole lleno de intriga cuando éste le soltó y llevó la mano hacia su mejilla de manera tan natural y espontánea. Sin pensarlo, tal y como casi todo lo que el morocho hacía, le acarició. Impulsado por los sentimientos, por las emociones del momento, por la necesidad de sentir su carita entre las manos una vez más.
Su mejilla y su mentón, esos mechones de cabello dorado que apartó de sus ojos. Tocándolo de manera tan descarada, pero tan él como si no hubiera nada extraño, como si estuviera bien mirarse y acariciarse de esa forma, como si Yuu sintiera lo mismo por él.
Mika se dejó mimar, buscando inconsciente más de su tacto al inclinarse contra él, pero sintiendo un nudo en la garganta porque era hermoso cual sueño y él no quería despertar por más que nada de eso fuera real.
Sintió la cama moverse, a Yuichiro acercándose peligrosamente a él hasta que sus piernas se rozaron con recato y sus frentes se unieron lentamente.
"Mika", le escuchó decir. La respiración tan cerca que podía sentirla justo sobre sus labios. Sin embargo, pretendió estar tranquilo como si tanto contacto repentino no le fuera extraño. Le miró, preguntándose por qué Yuu le observaba de esa manera y si siempre lo había hecho con tanta adoración.
Sus caricias se habían detenido momentos atrás, ahora tan sólo tomaba su rostro, mirándole sin más. En segundos que parecieron eternos y tan difíciles de llevar. Le vio cerrar los ojos, abatido, pero sin moverse del lugar, y pensó en si debía decir algo o seguir callado para no arruinarlo.
Aunque no era necesario para Mika. Él no quería hablar, sólo quería mirar su rostro tan cerca por mil años más o hasta que el planeta se acabara por culpa de todos ellos.
Para cuando Yuu le volvió a enfrentar, cualquiera podría haber notado la necesidad concentrada en sus miradas; parecían estar pidiendo por piedad, rogándose entre ellas hacer algo al respecto.
Y Yuichiro lo hizo.
Lo besó, y lo hizo sin pensarlo más.
Lo hizo como si fuera su necesidad vital, como si aguantarlo le pudiera matar. Le besó sin entender que esa era su primera vez; tan preocupado en hacerle saber todo el amor que sentía por él que ningún otro detalle le importó.
Aferrados de sus cuerpos en un abrazo estrecho, las piernas entrecruzadas. Seres malditos como lo eran ellos jamás habían estado tan cerca de tocar el cielo.
Mika cerró los párpados tratando de sentirlo, de hundirse en aquél sentimiento hasta que no pudiera pensar en algo diferente a Yuu, a sus labios, a la forma en que éste rodeaba y se aferraba a su cintura, apretando la tela de su capa con el deseo corriendo por sus venas.
Un beso que se transformó en otro y que siguió en muchos más. Sin separarse más allá de sus bocas hambrientas, de esos rostros que al tomar distancia se miraban con amor desbordando por los ojos, relatando un hermoso romance pintado de tragedia.
Abrazados, hundidos en sus cuellos, respirándose mutuamente.
Mikaela podía sentir el calor bajo sus guantes; la respiración lenta, tan lenta sobre su cuello. Se erizaba, sintiendo el miedo de la incertidumbre sobre su pecho sin vida, esperando por que Yuu le dijera algo conciso de una vez por todas, pero no lo hizo.
Sus palabras nunca llegaron, y él abrió los ojos con la nariz sobre su hombro y la mirada puesta en esa espalda manchada de sangre y tierra por tantas caídas.
"Yuu-chan", pronunció con duda, y oyó al menor tragar saliva justo antes de responderle.
— Dime, Mika...
Las manos en su cintura, el rostro en su cuello, y su voz...; su voz infantil y estridente ahora era tan dulce que no podría haber error. No podría haber truco ni trampa. No podría ser un juego.
No podría porque la muerte los perseguía.
Y porque Yuu era su única familia. Yuu era la única persona en su vida, la única persona por la cual moriría una y mil veces hasta que no quedara nada más que simples cenizas de su infeliz existencia.
— Te amo.
Algo dentro de Yuichiro se detuvo. Fue como una cachetada de lleno en su cara que le hizo abrir los ojos y su corazón acelerarse; su pulso temblar.
Yuu se separó, sentándose en la cama con una confusión tan obvia en la cara que Mikaela sintió el mundo derrumbándose una vez más frente a él que apartó la mirada con vergüenza. Yuu no hizo nada más que quedarse sentado y mirar las sábanas, impactado de sus palabras.
Entonces, iluminado, alzó la vista y se inclinó sobre él con una ilusión en su mirar que desconcertó al vampiro aún más.
— Yuu-chan, olvídalo...
— Todo este tiempo ha sido así, ¿cierto?
Yuichiro soltó una risa aireada, negando con la cabeza justo antes de morderse el labio y fijar, de nuevo, su vista en él.
Él que le miraba perdido y con las mejillas sonrojadas; el cabello alborotado, la capa ya arrugada; la sangre en la ropa y fluyendo tras sus ojos. Él que nunca dejó de estar en su mente aún y cuando lo dio por muerto.
Mika; su razón de vivir.
La única razón que tuvo para levantarse en las mañanas, darse aliento, dejar de llorar y tomar su espada. El único motivo por el cual siguió respirando aún en épocas en las que sólo deseaba morir.
¿Por qué su cerebro estaba tan impactado si su corazón lo había sabido desde hacía tanto tiempo atrás? ¿Por qué temblaba si Yuu siempre había sentido eso por él?
Tan desinteresado y tan real. Tan puro como ese brillo en sus ojos.
Yuichiro jamás se interesó en el romance, jamás sintió la necesidad de tener pareja, de sentir los labios de otra persona contra los suyos, no de la manera en que lo estaba sintiendo ahora mismo; era intenso y le daba miedo. Esa fragilidad, esa vulnerabilidad recorriendo su pecho que, sin embargo, le hacía sentir tan fuerte. Tan poderoso, tan capaz de todo.
Tan capaz de salir y luchar por él en cuanto sintió las mejillas del rubio entre sus manos una vez más. Ese aliento helado rozando sus cálidos labios, esa mirada nerviosa e impaciente que tenía el mayor que se moría por hablar, pero no lo hacía.
Mika tembló debajo suyo y le miró con temor a entender mal en cuanto sus narices se rozaron. Yuu unió sus frentes, sonriéndole dulce y tan feliz que no podía hacer nada más que mirarlo porque era todo lo que él deseó, alguna vez, en su triste vida.
Y ahora estaba en sus manos.
Y era suyo.
Lo amaba tanto que no necesitó decirlo. Mika se lo preguntó sin palabras, sin necesitar más que esa mirada para lograr que Yuu asintiera, sonriendo y llorando como un tonto o como el niño herido que en realidad era y que se sintió en casa en cuanto sus labios se volvieron a unir. Abrazados, tan aferrados el uno del otro que no había comienzo ni final, sólo ellos dos, besándose como si el mundo no se estuviera cayendo a pedazos allí afuera, como si no hubiera nada más allá de aquella habitación.
Simplemente no lo había.
No lo había para ellos que se apretaron de sus ropas, de sus espaldas y cinturas, de sus cuellos y cabezas; suspirando y sollozando; riendo y gimiendo entre sus bocas que no hacían más que besarse como locos, girando en la cama y cambiando de posiciones, dejando a Yuu debajo y aferrado a Mikaela de su cuello. Mika que, entonces, besó sus labios con delicadeza y se movió hacia su mejilla, trazando un camino de suaves besos por todo su rostro hasta dar un beso tan sentido en su frente que Yuichiro le miró incrédulo por tanto amor.
Entonces se separó, alzándose apenas sobre él para mirarle, y se encontró con esa expresión... sumamente entregada del menor.
— Me asustaste tanto...
— ¿Por qué?
El rubio inclinó la cabeza y acercó la mano hasta su cabello para acariciarle con sus dedos con tanta delicadeza que su amado cerró los ojos.
— Pensé que no me corresponderías de ésta manera, Yuu-chan.
— Yo... siempre te amé, Mika... Es sólo que nunca pensé de qué manera.
Sin dejar pasar ni un segundo, Yuu soltó una risa.
— ¿Qué?
— Menos mal que me lo dijiste porque yo nunca me habría terminado de dar cuenta. O tal vez sí, cuando todo esto terminara.
— O sea, nunca —dijo Mika divertido, haciéndole reír de nuevo.
Mikaela miró el rostro del muchacho, pensativo. Observó las heridas provocadas anteriormente por sus colmillos. Eran recientes y le parecían de lo más cruel. Sin embargo, a Yuu no parecía importarle mucho o, al menos, no sabiendo que con su sangre podía mantenerlo vivo.
Al abrir los ojos, Yuichiro pudo atraparlo acercándose a su cuello, y sintió un beso que le hizo pensar que querría volver a beber, pero se sorprendió al sentir más de ellos esparciéndose con ternura sobre su piel.
Había oscurecido. La habitación hubiera quedado a oscuras a no ser por los delicados hilos de luz plateada que entraban por la ventana. No se oía nada más que los besos de Mikaela sobre su cuello; besos húmedos que pronto le hicieron suspirar y apretar sus brazos con manos temblorosas.
Jamás había sentido algo así, como desmoronándose en cada beso que le hacía mirar hacia el techo con el deseo brillando en sus pupilas.
Gemía suave y con vergüenza, pronunciando el nombre del vampiro con maña, pero éste no hacía más que seguir, concentrado en su labor, disfrutando de sentir su piel bajo la lengua, pero sin intenciones de llegar a más. De nada más que hacerle sentir amor, pero sin contar con el hecho de que, a diferencia suya, el humano podía sentir deseo sexual.
Fue cuando sintió su cabello siendo tomado que alzó la cabeza y lo vio ido en todas esas sensaciones que le estaba provocando.
Sonrojado y agitado, con el cuello enrojecido y mojado por la saliva de sus besos; Mika tragó duro de sólo verle así, y se separó definitivamente, logrando que el otro le mirara preguntándose por qué se había detenido.
— El deseo... no es bueno ahora, Yuu-chan.
— Pero...
— No puedo dejar que te consuma —le interrumpió enseguida—. Sabes que tu demonio se alimenta de él.
— ¿Y eso qué? —preguntó, sentándose con el mayor sobre sus piernas y, en silencio, le miró a los ojos con determinación—. Mika...
— Sabes que tengo razón, Yuu-chan.
— Y tú sabes que yo lo puedo controlar.
— Yuu...
— Mika —dijo de repente, ahora interrumpiéndolo a él.
Mikaela suspiró, siendo sujetado por ambos brazos y obteniendo esa mirada de la misma manera en que sucedió ese día, cuando le convenció de que tomara su sangre para sobrevivir. No sabía qué era, si sus ojos o su forma de hablar, pero él siempre caía como si con cada palabra que Yuichiro pronunciara, sellara un hechizo en él.
— Deja que me consuma el deseo...
Por primera vez en su vida, sintió besos y caricias sobre la ropa que le hicieron olvidar de su existencia misma. Entrelazando sus dedos con el cabello de Mika, de ese chico que se había hundido contra su cuello y que no movía las manos mucho más allá de lo correcto. Parecía que cualquier cosa que pudieran hacer pudiera estar mal o prohibida, pero no existían tales límites.
Así que se miraban para pedirse permiso, para desabotonarse los uniformes con los dedos temblando y besos torpes, desnudando sus pechos y quedando expuestos a ellos mismos. Ellos que no eran más que dos jóvenes inexpertos en el amor y en todo aquello que fuera hermoso. Ellos que no conocían una vida más allá del dolor, rompiendo de una vez por todas ese karma que les hacía llorar lágrimas de sangre cada día de sus vidas, preguntándose si en verdad podía llegar a existir la felicidad en un mundo tan destruido.
Yuu lo tocaba y le susurraba palabras de amor en el oído. Mikaela suspiraba con las mejillas sonrojadas. Podía sentir sus manos recorriendo su pecho y cada acción que el menor realizaba le provocaba un lío de emociones inexplicables para un ser como él que se suponía no debía sentir nada por nadie, pero que aún así tenía a un millón de mariposas volando en su interior.
— Tus manos son tan cálidas... —musitó contra su cabello y Yuu le besó en la mejilla, abrazándolo con cariño.
— Yo también quiero que me toques...
— Mis manos están heladas —dijo el rubio con una expresión triste.
Yuu rió bajito, tomando aquellas manos pálidas entre las suyas para acercarlas a su boca y calentarlas con su aliento, y así poder frotarlas entre sí con cuidado, derritiendo, sin querer, a Mika que no dejaba de mirarlo con el amor del mundo resplandeciendo en sus ojos.
Mika y Yuu no hicieron el amor esa noche. Quizás para ese momento faltarían días, semanas o meses también, pero hicieron todo eso que se sintió bien, todo eso que se sintió natural de hacer. Después de todo, era la primera vez y no tenían más que pocas horas de estadía en ese edificio, y porque debían correr.
Se tocaron sin cruzar los límites, pero caminando sobre ellos, explorándose con un deseo inocente y la curiosidad de saber qué se siente. Se besaron profundamente en la tranquilidad de la habitación, en ese silencio que interrumpían con sus sonidos de amor.
Fue cuando oyeron movimiento detrás de la puerta que se detuvieron, quedando abrazados vagamente y sin decir nada. Escucharon al squad caminar y hablar, a Kimizuki discutiendo con Shinoa acerca de qué podía hacer con su hermana ahora que la tenía devuelta, y a Yoichi tratando de mantener la calma en el ambiente.
Otra vez, todo volvía a la normalidad, y la burbuja de serenidad se había roto.
Yuu se mantuvo apoyado en el pecho de Mikaela con preocupación, mirando sin atención a la pared blanca frente a él.
"¡¿En quién podemos confiar!? Todos ellos nos están usando, ¡incluso Guren, maldita sea!"
Un golpe en la mesa y el doloroso silencio luego de éste.
— Ya debemos irnos, Yuu-chan... —susurró Mika, mirándolo desde su lugar con tristeza.
Con lentitud, Yuichiro se sentó. Miró hacia la puerta con el semblante totalmente cambiado. ¿Algún día cambiaría? ¿Algún día todo esto acabaría? Pero más importante aún, ¿seguirían vivos para verlo?
Esperaba que sí.
Esperaba que nada de eso fuera en vano.
Esperaba poder llegar al día en el cual pudiera estar tranquilo y feliz con Mika a su lado. ¿Pero cuánto más debía esperar?
¿Cuánto más la vida debía seguir doliendo?
