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Todo rumor siempre tiene algo de verdad

Summary:

Chifuyu aprendió a la fuerza que las oportunidades hay que tomarlas en el momento.

 

O Chifuyu, Kazutora, la boda de Pah-chin, y todo lo que supuestamente sus amigos (no) saben.

Notes:

Antes que nada, esto tiene spoilers al 193 aprox. del manga, con apenas una pequeña divergencia de Negación al canon, porque aquí estamos para la Felicidad kazufuyu y el resto es irrelevante (a mi defensa, escribí esto antes de que saliera el 194 siquiera). El resto más o menos sigue el canon.

Segundo que nada, esta ship me agarró los tobillos, me arrastró por varios universos, y por aquí es por donde finalmente empezamos, porque TMR va por ahí demostrando que nunca tengo control. De verdad espero que este no sea mi último fic de ellos, aunque sigo paseándome por todas las ships de tmr como si quisiera probarme todo el menú ;;;

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Aunque hayan pasado más de diez años desde sus épocas de pandilleros, cuando se creían rudos y todopoderosos, Chifuyu está seguro que hay cosas que nunca cambian. En el fondo siguen siendo los mismos chiquillos que eran entonces: irreverentes e inseparables. Un grupo de amigos del que Baji estaría orgulloso.

Por ello no se sorprende cuando, durante el karaoke en la boda de Pah-chin, sus risas sobrepasan el murmullo de las conversaciones del resto de los invitados. Chifuyu no está muy seguro de si aquel es un comportamiento adecuado para una boda, pero a ellos eso siempre les ha importado poco. Mientras su felicidad no lastime a nadie, no tienen por qué disculparse. Mucho menos un día como hoy.

Cuando Takemichi regresa a la mesa, luego de una hilarante demostración de falta de talento al micrófono, Chifuyu le coloca una mano en el hombro. La mirada que le dirige Takemichi, al mismo tiempo brillante y traicionada, le roba otra carcajada. A Chifuyu le duele la barriga de tanto reír. La felicidad que comparten es tan contagiosa que incluso la queja indignada de Takemichi cuando Mikey llega a su lado para continuar burlándose de él, está adornada con una sonrisa.

En la mesa de al lado, Mitsuya y Yuzuha confabulan para arrastrar a Hakkai hacia el micrófono y el vitoreo resuena por el salón como si fueran cien y no sólo dos mesas entre todos los invitados. Chifuyu escucha a Mikey decirle a Takemichi que quizás tenga suerte y Hakkai lo haga peor que él y ve de reojo a Hina dándole un pequeño golpe en el brazo para defender a su novio. Draken, en cambio, ríe y le pide a Mikey, sin mucho esmero, que se apiade de él.

Chifuyu sonríe. A veces se pregunta si puede decirlo, cuánto vive Baji en todos ellos. No como un recuerdo, sino como algo vivo y presente. La primera vez que Chifuyu pensó algo semejante se sintió tonto, como si aún fuera el adolescente que no sabía cómo seguiría su vida con una ausencia tan grande. Ahora, busca con la mirada a Kazutora, el único que quizás entienda lo que Chifuyu es incapaz de poner en palabras.

La sonrisa se le cae de los labios cuando no lo encuentra sentado al otro lado de la mesa. Le sorprende darse cuenta que no sabe hace cuánto se puso de pie y no está allí. Aunque quizás sea más preocupante admitir que ha estado pendiente de él durante gran parte de la celebración.

Chifuyu escucha la voz temblorosa de Hakkai intentar seguir el tono de su hermana, mientras Mitsuya atina apenas a intercalar una o dos palabras en cada línea, pero Chifuyu no les presta realmente atención. Aunque intenta no ser evidente, no puede evitar buscar a Kazutora por el largo y ancho del salón. Agradece que sus amigos sí continúen concentrados en el espectáculo de los hermanos Shiba, pues así Chifuyu puede permitirse este pequeño momento de debilidad.

Cuando, dos años atrás, Chifuyu había ofrecido la habitación vacía de su apartamento a Kazutora tras su salida de la cárcel, en lo único en que pensaba era en darle la oportunidad que Baji le habría brindado. Sin preguntas, sin dudas y sin rencor. Desde entonces ya han pasado dos años. Entre ellos, todo ha cambiado.

Chifuyu siente la garganta seca y bebe un sorbo de agua antes de ponerse en pie para ir en su búsqueda. Cree que Inupi lo mira con curiosidad, pero el resto de sus amigos ríen con tanta soltura, haciendo enrojecer a Hakkai hasta niveles preocupantes, que Chifuyu está seguro no notarán si se ausenta por sólo un momento.

 

 

+

 

 

—Qué dicen si sacamos la foto de las dos mesas todos juntos.

Hanayome se balancea del brazo de su nuevo esposo y les sonríe, el cortejo de fotógrafos siguiéndolos a ella y Pah-chin un par de pasos detrás. Mientras, otros invitados toman control del karaoke.

—¡Excelente idea! ¡Vamos, acérquense!

Inupi carraspea, interrumpiendo a Draken y atrayendo la atención de todos.

—Faltan Chifuyu y Kazutora…

El silencio los recorre como una ola, uno a uno, mientras miran alrededor y notan que Inupi tiene razón y que no hay rastros de Kazutora ni Chifuyu en ningún rincón del salón.

Un —Oh —colectivo se despliega de sus labios, tan preciso que a oídos externos parece calculado como las manecillas de un reloj.

Takemichi es el único que pestañea confundido, incapaz de comprender qué está pasando.

—Ohoho —Mikey ríe, como si tuviera cinco años, el brillo de sus ojos lleno de travesura—. Deben estar besándose por ahí…

—¡¿Lo qué?!

—¡Es la boda de Pah-chin! —Peyan interviene, elevando sin necesidad la voz por sobre la de Takemichi—. ¡Sólo ellos pueden besarse hoy!

La risa colectiva resuena por todo el salón y continúa cuando Mitsuya le guiña un ojo a su novio.

—¿Escuchaste, Hakkai? Nada de besos para nosotros hoy.

 

 

+

 

 

—Así que aquí te metiste.

Chifuyu se recuesta con la espalda contra el marco de la puerta del baño y mira a Kazutora a través del reflejo del espejo. Sonríe, incapaz de contenerse, un gesto cálido que acompaña la sorpresa en ojos de Kazutora. A veces, cuando están solos, Kazutora luce como un animal enjaulado, como si aún arrastrara consigo las cadenas de diez años de penar sus errores. Ahora, por un segundo, luce atrapado en falta y luego frunce el ceño, cerrando el grifo.

—Lo dices como si no tuviera permitido venir al baño. —Cuando Kazutora se gira hacia él, hay cierta curiosidad en su mirada. Cierto brillo que a Chifuyu le seca la garganta y le recuerda que aquí están solos, mientras el eco de las risas de sus amigos llega a ellos mullido por la distancia. Kazutora mira hacia el interior del baño y luego vuelve a mirarlo—. Espera… ¿hace mucho que estás ahí?

El silencio se expande entre ellos por un segundo hasta que Chifuyu comprende qué está preguntando Kazutora y el sonrojo se le expande por todo el rostro como una olla en ebullición.

—¡No! Yo no… yo acabo de llegar, por favor, Kazutora, cómo crees… —Chifuyu se desvive en excusas, incapaz de mirarlo a la cara, pero es el sonido de la risa de Kazutora la que finalmente logra callarlo. Kazutora sonríe con todos los dientes, un gesto que le ilumina el rostro y que a Chifuyu le hace doler la barriga de una manera muy diferente a la risa que compartió hasta hace unos momentos con sus amigos.

Este remolino de emociones es algo que no está muy seguro cuando comenzó. A diferencia de Baji, quien se había metido bajo su piel desde el primer día, Kazutora tomó el camino lento a su corazón. Los primeros días de Kazutora en su apartamento habían sido incómodos y torpes, habían tenido que aprender a compartir tanto el espacio como los recuerdos, convertirse de desconocidos a amigos, de amigos a esto.

—¿Por qué me buscabas?

Chifuyu tiene muy clara la razón por la que está aquí: extraña a Kazutora de una manera que no puede poner en palabras. No como si llevarán días sin verse, pues viven juntos, trabajan juntos, y hasta fueron juntos a la boda, pero el nudo que siente en la garganta cada vez que debe contenerse de mirarlo, o hablarle mucho, o acercarse demasiado y así evitar que alguno de sus amigos lo note, lo desespera. Chifuyu hoy se siente feliz y quiere compartir aquel burbujeo de felicidad con él también.

Kazutora continúa sonriendo y los mechones de cabellos le enmarcan la sonrisa. Chifuyu nota que lleva la corbata algo torcida y se acerca a él. Kazutora contiene el aire cuando Chifuyu coloca los dedos sobre el nudo de la corbata. Chifuyu sabe que de quererlo podría besarlo, y él, realmente, quiere besarlo, pero se contiene, pues no sabe si es algo que Kazutora esté dispuesto a arriesgar aquí, en un sitio donde cualquiera podría entrar de un momento a otro. Aún tienen mucho por hablar. A Chifuyu le gustaría a veces saber lo que está haciendo.

—Listo —dice, alejándose ligeramente de Kazutora luego de acomodar la corbata, pero sin retirar completamente la mano de la tela.

Chifuyu realmente quiere besarlo. Culpa al maldito ambiente romántico.

—Chifuyu…

—Vine a buscarte porque quería escucharte cantar… —Chifuyu da un paso hacia atrás, encogiéndose de hombros y devolviéndole a Kazutora su espacio personal con una sonrisa en los labios.

Kazutora vuelve a reír. Chifuyu puede notar la manera nerviosa en que sacude la cabeza, como si intentara procesar todo lo que Chifuyu no ha dicho en voz alta, como si Kazutora no quisiera, probablemente, al menos eso espera Chifuyu, besarlo tanto como él.

—Canto muy mal… —los ojos de Kazutora lucen particularmente aterrados ante la perspectiva de ser forzado por Chifuyu a plantarse frente al micrófono. Tiene las mejillas sonrosadas, como si le avergonzara aquel hecho, y Chifuyu tiene que obligarse a mantener la distancia entre ambos.

—Qué diría Baji-san si te viera siendo tan cobarde… —cuando Chifuyu se mete con él ni siquiera lo está pensando. Hay una familiaridad entre ellos que hace más de un año que dejó de cuestionar. Chifuyu se ríe y Kazutora le da un golpe en el brazo con el puño.

—No lograrás que cante, Chifuyu.

—¿Ni si prometo no reírme de ti? —A Chifuyu la risa de Kazutora le retumba en el pecho, opacando el ruido de la puerta cuando alguien entra al baño, lanzándoles una mirada de curiosidad antes de seguir hacia uno de los cubículos. La mirada que le lanza Kazutora, mitad aterrada, mitad incapaz de contener la risa, logra calmar las emociones de Chifuyu—. Está bien, está bien. No te obligaré… pero si seguimos demorando no podremos reírnos de los demás.

Chifuyu le extiende una mano. Es un gesto egoísta e infantil, pero cuando Kazutora toma sus dedos un momento y deja que lo guíe fuera del baño, Chifuyu se siente triunfal.

 

 

+

 

 

—¿De verdad creen que hay algo entre ellos?

Takemichi mira hacia todos lados para asegurarse de que Chifuyu, o Kazutora, quien probablemente sería capaz de golpearle, no vuelvan a acercarse a la mesa antes de hablar.

—Se creen muy buenos ocultándolo, pero no engañan a nadie —Mikey sonríe, recostándose en su silla, y meciéndose sobre las patas traseras de la misma, hasta que Draken pone una mano en su respaldo, obligándolo a quedarse quieto.

—Salvo a ellos mismos…

—Honestamente… no estoy muy seguro que ellos se hayan enterado… —Mitsuya, siempre correcto, considera la posibilidad con atención, mientras Hakkai lo mira con las mejillas encendidas en vergüenza, como si aún fueran un par de adolescentes.

—Seguro se han besado… quiero decir, ¿ustedes vieron cómo se miran? —dice, y escanea la mesa recibiendo un asentimiento que confirma que todos se han fijado en ello.

—Y luego dicen que las mujeres somos quienes cotilleamos…

—Bueno, la verdad es que yo también lo he pensado… —Yuzuha se encoge de hombros, sonriendo —. ¿De verdad no lo has notado, Takemichi?

—Eh… no. Creo… creo que no.

 

 

+

 

 

Chifuyu se arrepiente de haber ido a buscar a Kazutora en el momento que vuelve a tomar asiento a la mesa, pues es incapaz de desviar la mirada por demasiado tiempo, como si temiera que fuera a volver a desaparecer. En lo que piensa es en el roce de los dedos de Kazutora antes de que lo soltara al salir del baño, en la sonrisa que viste en los labios como si fuera parte de aquel traje tan formal, y en el roce caliente de su respiración cuando Chifuyu se acercó a arreglarle la corbata.

Mientras la celebración continúa, Chifuyu no hace otra cosa que buscarlo con la mirada, una y otra vez, sintiendo la presión de verse descubierto por el resto de sus amigos. Porque, como si no fuera suficiente saber que él es incapaz de contenerse, puede sentir cómo la mirada de Kazutora también lo está buscando. Este es un baile que llevan practicando el último tiempo.

Al principio, cuando no conocían nada del otro, salvo lo que alguna vez Baji les había contado, Baji era, justamente, todo lo que tenían en común. Chifuyu se había sorprendido hablando de Baji de una manera que no había logrado hablar con nadie más desde su muerte y Kazutora le había abierto sus miedos y sus arrepentimientos como quien quita los pétalos a una flor, uno a uno y de a poco. En algún momento el nombre de Baji dejó de ser un puente para ser una compañía más, tan común y simple como compartir la hora de la cena o encontrar que Kazutora le preparó el desayuno antes de ir a trabajar.

La primera vez que se habían besado, una noche en la que ninguno podía dormir compartiendo unas cervezas en el balcón, Kazutora le había preguntado si esto, si ellos, le parecía raro. Chifuyu se había encogido de hombros y le había regalado una sonrisa. Una tan amplia como la que intenta ocultar de sus amigos cuando él y Kazutora cruzan miradas, o se mueven por el salón siguiéndose los pasos uno al otro. En los meses que han pasado desde entonces, a Chifuyu ha dejado de importarle si los demás aprueban lo que sea que haya entre ellos. Pero conoce suficientemente a sus amigos para saber que, una vez que se enteren, no los dejarán en paz. A veces, Chifuyu cree que sospechan, que tienen que notar la manera en que él y Kazutora se han buscado toda la noche como adolescentes enamorados.

Chifuyu siente el calor recorrerle todo el cuerpo y agradece no haber tomado más que un sorbo de alcohol para brindar con sus amigos, pues se siente embriagado de felicidad. No sabe por qué esta noche siente tanta seguridad por sus sentimientos hacia Kazutora. Quizás sí sea el ambiente de la boda, la manera en que todos parecen un poco más suaves, o la felicidad que derrocha Pah-chin a pesar de su nerviosismo. Takemichi no ha parado de llorar durante toda la celebración.

Chifuyu se pregunta si la vida que tienen es lo que Takemichi imaginó y pasa un brazo por los hombros de su amigo.

—Gracias por todo, Takemichi.

Sonríe. Del otro lado de la mesa, Kazutora le devuelve la sonrisa, amplia y brillante, de esas que Chifuyu sólo creyó era capaz de regalarle Baji y se pregunta si en el otro futuro del que una vez le habló Takemichi, Kazutora sería capaz de sonreír así.

 

 

+

 

 

—¿Ustedes creen que Chifuyu-kun tiene un… tipo?

Takemichi es, para sorpresa de todos, quien no parece querer dejar el tema morir. Entre quienes aún están en la mesa se miran confundidos. Sobre la mesa de los novios, Peyan, Kazutora y Chifuyu alientan a Pah-chin a cortar el pastel de bodas.

—¿Qué quieres decir, Takemicchi? —Draken luce confundido, pero sigue la mirada de Takemichi hacia el centro del salón.

—¿Ya saben… con el pelo así y eso… Kazutora se parece un poquito a Baji-kun? —Takemichi ya lo confundió en una oportunidad, sabe de lo que habla. La exclamación de sorpresa que ahoga el resto es evidencia de que ninguno de ellos lo ha pensado.

—A veces tienes unas ideas Takemicchi-kun… —Mitsuya es quien ríe primero, restándole importancia. Hakkai, con una mano en su hombro, asiente ligeramente.

Mikey, en cambio, luce pensativo. Fija sus ojos en Kazutora y Chifuyu a la distancia, entrecerrándolos e imaginando a Baji en el lugar de Kazutora. En otra época aquello le habría resultado difícil, le habría ahogado en dolor, pero ahora simplemente se concentra en la tarea, liviano como una pluma. Divertido ante la perspectiva.

—No, no, creo que Takemichi tiene razón…

—Aun así, no es nuestro lugar hablar de ello. —Mitsuya, siempre correcto Mitsuya, es quien vuelve a interrumpir.

—Gracias, Mitsuya-kun.

—Aunque…  

 

 

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Cuando la fiesta acaba, tardan en irse. Son los únicos que se quedan hasta el último suspiro además de las familias más directas de los novios. Se quedan sentados a las escaleras de la recepción, conversando, como si hiciera años que no se ven, como si no fueran a verse pronto, como si no se chatearan todos los días por cualquier bobería. Bromean sobre la luna de miel de Pah-chin, quien partió al finalizar la celebración con su nueva esposa. Coordinan planes para las próximas semanas. Ocupan espacio, como si aún tuvieran quince años y estuvieran sentados a los pies del Santuario.

Kazutora se sienta un par de escalones debajo de Chifuyu y se apoya casual sobre sus piernas, como lo hace Mikey sobre las piernas de Takemichi o como se recuesta Draken sobre la pierna de Mitsuya. No es nada diferente a como actúa el resto, pero Chifuyu se siente observado, como si aquel simple roce fuera un acto criminal. Kazutora no parece notarlo, cuando ríe lo hace sacudiendo todo el pecho y echando el rostro para atrás hasta casi apoyarle la cabeza en las rodillas.

Chifuyu siente el cuerpo electrificado, apoya las manos en los escalones y se inclina hacia atrás para evitar hacer alguna tontería. Como rozarle el tatuaje en el cuello o quitarle un mechón de cabello de frente a los ojos. O, peor, besarlo. Se pregunta si algún día llegarán a eso. A robarse roces sin medir las distancias o las consecuencias. Por ahora, se limita a comportarse como un adulto en el total uso de sus capacidades y no como el adolescente hormonado que le late en el pecho.

Para Chifuyu todo se siente nuevo. Es al mismo tiempo similar y tan diferente a la última vez que se sintió así. Entonces, cuando no hacia otra cosa más que mirar a Baji con ojos brillosos y despertarse avergonzado por el contenido de sus sueños, no estaba muy seguro de qué estaba pasando. Ahora ya no es el mismo chiquillo, pero esto que siente ahora por Kazutora no es algo que haya estado buscando durante los últimos diez años. Nunca le faltó nada, pero ahora que lo tiene allí, al alcance de la mano, no quiere ignorarlo. Chifuyu aprendió a la fuerza que las oportunidades hay que tomarlas en el momento.

Solamente que el momento no es frente a todos sus amigos.

La risa de Kazutora le enciende los sentidos y cuando éste le dirige la mirada con el rostro apoyado en sus rodillas, Chifuyu cree que en este momento lo que quiere hacer es odiarlo. No está muy seguro de cuánto bebió Kazutora pero la mano que le apoya sobre el tobillo es todo lo contrario a mantener las distancias y la sonrisa que comparte con él un arma de doble filo. Chifuyu recuerda con pesar las primeras semanas de Kazutora fuera de la cárcel, el gesto nervioso y guardado, la desconfianza en el brillo de sus ojos y la confusión de no entender por qué Chifuyu le había hecho un lugar en su casa. Verlo reír así es todo lo que Baji habría querido. Chifuyu espera que esté feliz con lo lejos que ambos han llegado.

Chifuyu le da un pequeño golpe en la frente a Kazutora cuando Inupi se despide, cinco minutos después que se marche Peyan.

—Nosotros también deberíamos irnos —Chifuyu siente cómo se le enrojecen las mejillas cuando habla. No tiene realmente una excusa que ofrecer más que aprovechar la oportunidad de no ser los primeros en marcharse y no puede evitar rascarse el rostro avergonzado—. Tengo que acabar unas cosas para mañana… salvo que alguno te lleve.

Chifuyu le habla a Kazutora, aunque sabe que todos pueden escucharle y escucharse a sí mismo bajo la mirada del resto le hace sentirse evidente. Nunca hasta hoy ha estado tan claro, tan consciente de que él y Kazutora ya no son los mismos.

Kazutora no opone resistencia, se levanta en un único movimiento y saluda a todos con un gesto demasiado rápido, que obliga a Chifuyu a despedirse a las corridas y salir tras él hacia el estacionamiento.

—¿A dónde crees que vas? —le pregunta cuando lo ve acercarse hacia la puerta del conductor—. Yo manejo.

—Pero tú siempre manejas —el gesto infantil en labios de Kazutora le roba el aire a Chifuyu. Kazutora no tiene ningún derecho a hacerle sentir así. No tiene ningún derecho a mirarlo con aquellos ojos brillantes y grandes y llenos de travesura, como tampoco tenía derecho a dejarse crecer el pelo tan largo.

—Tú bebiste. Yo manejo.

Cuando Chifuyu le quita las llaves del coche de las manos, piensa en que quizás poner a Kazutora en su camino es la manera que tiene Baji para compensarle todo lo que se llevó consigo.

 

 

+

 

 

—Ustedes vieron eso, ¿verdad? —Mikey es el primero en hablar cuando Chifuyu y Kazutora desaparecen detrás del edificio hacia el estacionamiento.

Es Yuzuha quien toma la palabra, asintiendo. No sonríe, pero a ojos de todos, es evidente la emoción en su mirada.

—Le tomó el tobillo…

—Estaban pegados.

—Chifuyu no dejaba de mirarlo.

Ninguno tiene ninguna duda. Hina tiene las mejillas sonrojadas, pero no encuentra palabras para oponerse a pruebas semejantes.

—Bueno, Hina, ¿qué dices? ¿Estamos exagerando? —Mikey se inclina hacia ella, apoyándole la cabeza en las piernas para mirarla.

—Hmm… supongo que no. ¡Pero… no es nuestro lugar! ¿Verdad, Mitsuya-kun?

—Definitivamente algo está pasando. —Mitsuya entrelaza las manos con Hakkai, ignorando cualquier tipo de imparcialidad en el tema, pues parece igual de interesado en comprobar si la teoría de sus amigos realmente es cierta.

Es Smiley quien sonríe de oreja a oreja, con una inocencia que ninguno de ellos es capaz de creerse.

—¡Claro que sí! Lo que está pasando es que Pah-chin no será el único con noche de bodas.

—En eso tienes toda la razón, niisan.

Yuzuha sacude la cabeza, Hina se sonroja y las risas de todos suben por el aire hasta retumbar contra las campanas, felices y livianas como los trozos de papeles de colores al viento.

 

 

+

 

 

En el apartamento, Kazutora hace una línea hacia el sofá donde se desploma como peso muerto, como si en vez de haber estado sentados por algunas horas, comiendo y riendo con sus amigos, hubieran corrido alguna especie de maratón. Chifuyu no puede realmente culparlo, siente un peso en el pecho que le hace sentir cansado. Deja los zapatos a la entrada y se pasa una mano por el rostro. Demasiadas emociones para un solo día. Ahora que están solos, Chifuyu no sabe cómo actuar más que seguir pretendiendo que todo es normal.

Era verdad que tiene que actualizar algunas fichas para la tienda, pero no tiene ninguna intención de sentarse a hacerlo. Camina hasta el sofá y le da un par de palmadas a las piernas de Kazutora para que se siente correctamente y le deje un lugar.

—Si vas a dormir deberías cambiarte.

Kazutora le deja un espacio a su lado y se lleva una mano a la cabeza.

—¿Recuérdame de quién fue la brillante idea de peinarme así? —dice, quitándose algunos de los broches que mantienen su cabello firmemente atado contra su cuero cabelludo.

—Eras tú el que quería lucir presentable para la boda de uno de sus mejores amigos. —Chifuyu se encoge de hombros. Siente la sonrisa tirarle de los labios y la valentía se le atraviesa en la voz por un momento—. Puedo ayudarte… a quitarlos, si quieres. 

Kazutora lo observa un momento. Chifuyu se mantiene quieto, con el cuerpo aparentemente relajado, aunque tenga el corazón queriendo escaparse por su garganta. En los segundos que demora Kazutora en contestarle siente que suda el contenido de un par de baldes. Sabe que está siendo ridículo. Ya no es un chiquillo. Kazutora y él han pasado por demasiado, antes de conocerse y desde entonces. Hay una familiaridad que Chifuyu no comparte con nadie más, ni siquiera con Takemichi, quien desde hace años se ha mantenido como su amigo más cercano, y por quien ha esperado doce años.

Kazutora sonríe.

—Gracias, creo que lo dejaría así hasta mañana...

—Cobarde y vago, aún tengo mucho por aprender de ti.

Kazutora abre mucho los ojos y tuerce los labios indignado. Es un gesto exagerado. Chifuyu sabe que Kazutora no bebió lo suficiente para estar borracho, pero siente un ligero placer en verlo tan expresivo, tan abierto y divertido. Sus interacciones las últimas semanas han estado cargadas de una tensión con la que Chifuyu no sabe maniobrar. En el límite entre la inexperiencia y el arrepentimiento. Pero este aire ligero no se siente tan frágil como en ocasiones anteriores.

Kazutora le da la espalda y Chifuyu se acomoda con las rodillas sobre el sofá. Traga en seco cuando se acerca, pues la tentación de recorrerle el tatuaje con los dedos y besarle el cuello lo atropella con la fuerza de un camión. Chifuyu no se atreve a romper este delicado balance, no cuando ha estado sintiéndose fuera de control desde que vio a Kazutora salir de su habitación vestido con aquel traje que una vez fue suyo. Con dedos cuidadosos comienza a quitar lentamente los broches del cabello de Kazutora, dejando que éste caiga largo sobre sus hombros.

Kazutora se queda quieto como una estatua y Chifuyu se concentra en su tarea metódicamente y sin apuro, el silencio creciendo entre ellos como una marea a punto de arrasarlo todo. La realidad es que Chifuyu no quiere moverse de allí. El aroma de la colonia de Kazutora le pica en la nariz y lo abruma. Detiene los dedos entre los mechones de cabello de Kazutora y apoya la frente contra su hombro, haciendo que Kazutora se sobresalte.

—¿Chifuyu? ¿Estás bien? ¿Te sientes mal?

Chifuyu siente ganas de reír ante la preocupación de Kazutora, pero no siente valor suficiente para ello. Sacude la cabeza ligeramente sin separarse del hombro de Kazutora, y siente cómo éste tiembla cuando desliza los dedos desde su pelo hacia su cuello.

—No… no es nada… —dice, suave como una brisa y sintiendo el calor aumentarle en las mejillas. La confesión es apenas un suspiro, tan suave que Kazutora sólo puede escucharlo gracias al silencio profundo que los rodea—. Sólo… quise besarte todo el rato.

Chifuyu sabe que esto no debe ser una novedad para Kazutora, pero hay algo revelador en ponerlo en palabras. Hasta ahora las veces que se han besado ha sido casi por error, por impulso, llevados por la corriente del momento. Han hablado de Baji. Han hablado de si es raro. Han hablado de no saber cómo reaccionarían sus amigos si los vieran así. Nunca, hasta ahora, han hablado tan directamente antes de que pase algo. Chifuyu odia la sensación de no saber qué estar haciendo. Al único chico que besó antes de Kazutora fue a Baji, y entonces no era más que un niño.

Ahora puede sentir la manera en la que Kazutora se tensa. A Chifuyu, su voz le suena rasposa y seca.

—Aún quieres hacerlo… —No es exactamente una pregunta, pero tampoco una afirmación.

Chifuyu vuelve a sentir ganas de reír. Que espectáculo más lamentable deben hacer a ojos externos y cuánto agradece que no haya nadie allí para observarlos tantearse como adolescentes inexpertos. Esta vez, la risa se le cuela entre las cuerdas vocales con nerviosismo.

—Sí… Mucho. Todo el tiempo. No… no sólo hoy. Quiero hacer esto funcionar, Kazutora.

Chifuyu se aleja un poco, para poder observar a Kazutora cuando se gira a mirarlo a los ojos. En aquel brillo dorado de sus ojos hay una marea de sentimientos, pero Chifuyu reconoce el único que importa: la seguridad de que esto es algo que quieren ambos. Kazutora baja la mirada hacia sus labios y Chifuyu tiembla, los dedos deslizándose por el cuello de Kazutora cuando gira el cuerpo para finalmente poder besarlo.

Es un movimiento brusco y rápido que empuja a Chifuyu hacia atrás hasta que cae con la espalda en el sofá y la risa que le brota del pecho rompe el beso. Kazutora sabe a alcohol y al pastel de bodas, y antes de que pueda disculparse o alejarse o preocuparse por cómo se encuentra él, Chifuyu vuelve a atraerlo y saborea aquel extraño coctel de sabores con la lengua. Las manos de Kazutora le sostienen las mejillas, guiándolo y causándole un cosquilleo ansioso correrle por el cuerpo.

Chifuyu es repentinamente consciente del peso de Kazutora sobre él, de la manera en que uno de los almohadones se le clava en la espalda y de la rodilla de Kazutora entre las piernas. Siente el calor crecerle en todo el cuerpo, la vergüenza en las mejillas y la desesperación en los labios. Cuando se separan unos segundos para recuperar el aire, Chifuyu no pierde ni un momento y deja un rastro de besos hasta llegar al cuello de Kazutora.

—Chifuyu… —la voz de Kazutora le cosquillea en la oreja y Chifuyu tiembla, llevando las manos hacia los botones de su camisa—. Chifuyu.

Hay una firmeza en la voz de Kazutora que lo hace detenerse. A Kazutora le brillan los ojos cuando pega sus frentes y Chifuyu sabe que no necesita decir nada para que él pueda entenderlo. En ocasiones, se sorprende pensando que quizás entiende demasiado por qué Kazutora y Baji eran tan cercanos, como dos manzanas que cayeron del mismo árbol. Chifuyu no tiene que escucharlo para saber que Kazutora también quiere hacer funcionar esto entre ellos.

Chifuyu sabe que algunas cosas nunca cambian y otras están siempre en continuo movimiento. Si tuviera que guiarse por todos los futuros de los que una vez le habló Takemichi, quizás ni siquiera es la primera vez que él y Kazutora pasan por esto. Como puntos fijos e invariables de los que Baji se sentiría orgulloso.

Cuando vuelve a besar a Kazutora robándose las palabras de su boca, Chifuyu no está pensando en nada más que el roce de las manos de Kazutora en su cuello, en la presión que ejerce su rodilla contra la entrepierna de Chifuyu y en cuánto odia la almohada que se le clava contra la espalda. Las ganas de reír le sobrevienen otra vez y las dudas se acumulan en los ojos dorados de Kazutora.

Chifuyu tiene miedo de preguntarle en qué está pensando, o más bien, cómo puede estar pensando, pero cuando Kazutora habla nuevamente, Chifuyu no puede más que dejar la risa salir.

—¿Crees que dirán algo? ¿Qué es raro? —la preocupación en los ojos de Kazutora está tan fuera de lugar en la situación en la que se encuentran que a Chifuyu le sobreviene la tentación y por un momento cree que tendrán que detenerse. Lo que hace es besarlo. Besarle el cuello. Desatarle ese maldito nudo de la corbata y tirar de ésta hacia él.

—En estos momentos lo que piensen ellos no podría importarme menos —ríe, volviendo a besarlo con ferocidad. Cuando se separan, Chifuyu le sonríe, un gesto cálido y calmo que pretende tranquilizarlo—. Además, ya lo resolveremos cuando lleguemos a eso.

Notes:

Comentarios y kudos siempre me hacen muy feliz, y también pueden encontrarme en @nythesequel donde básicamente hace un mes que no hablo de otra cosa que no sea TMR hahaha

 

PD. creo que lo más gracioso de este fic fue descubrir que en las bodas japonesas no hay NADA de baile y yo no podía poner a Chifuyu diciéndole a Kazutora que quería bailar con él TODO MAL.