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the rock band t-shirt and your warm hands.

Summary:

Los malos días no eran frecuentes, pero Wen Qing estaba a su lado en cada uno de ellos.

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Sollozos y lágrimas inundaban su rostro. Encerrada en un cubículo, no podía siquiera concentrarse en los ejercicios de respiración que había memorizado a lo largo de los años. Salió mal, repetía, no lo logré. Abrazando sus piernas dobladas sobre su pecho, sentía las finas paredes a su alrededor hacerse más pequeñas a cada segundo.

Probablemente no sería la última vez que algo así sucedería, pero definitivamente no quería volver a probar esta sensación de ahogo. Algunas veces imaginaba si, en otro momento, en otro contexto, incluso en otra vida, su reacción habría sido la misma. Sabía que no.

Intentó esconderse en el hueco entre sus rodillas, tomando grandes bocanadas de aire, en busca de una sensación menos agobiante. Sus manos dolían de igual manera que sus pantorrillas, se notó a sí misma ejerciendo tanta fuerza en su abrazo, que sus uñas dejaron claras medialunas por debajo del pantalón.

Solo era un proyecto, Yanli estaba consciente de eso. Representaba un gran peso en su espalda debido a los meses que tardó en perfeccionarlo, sí, pero siempre había algo más. Siempre estaba esa pequeña espina de la que no pudo librarse.

"W-Wen Qing" su voz temblaba, apenas saliendo en susurros. Sin sentirse en completo control de su cuerpo, alcanzó a sacar su teléfono del maletín olvidado en el suelo. Sus manos no se sentían suyas mientras buscaba el contacto y presionaba llamar, pero realmente no era importante.

"Oh, A-li, estaba a punto de llamar, ¿qué t—" la línea cayó en el silencio y su llanto fue evidente. "¿Dónde estás? Iré a recogerte."

¿Qué diría su madre? ¿Estaría decepcionada, o molesta? ¿La castigaría como a A-Xian, a los gritos y cercano a la violencia? También era consciente de que Yu Ziyuan era más suave con ella que con sus hermanos, o su padre, pero eso no significaba demasiado.

¿Y Jiang Fengmian? ¿La miraría como a A-Cheng, cuando él no lograba cumplir sus expectativas? ¿Se quedaría en silencio, como resignándose a que Wei Wuxian era el único competente de los tres?

"N-no he salido de la e-mpresa, yo... estaba esperando a que los paparazzis s-se fueran, y no pude—" un nuevo sollozo interrumpió su hablar y no pudo continuar. Tampoco se sentía capaz de hacerlo luego.

A-Cheng y A-Xian. Ellos podrían no ser como sus padres, pero no eran el consuelo ni la comprensión que ella buscaba. Ella había fallado, pero ellos seguían en sus pedestales, sobresaliendo y triunfando en todo lo que hicieran, capturando el ojo público como los herederos perfectos.

"Está bien, estoy saliendo de casa. ¿Recuerdas el ejercicio que practicamos la última vez? ¿Puedes intentarlo por mí?" De alguna manera logró producir un sonido afirmativo, y Wen Qing continuó hablando.

"Bien, contemos, uno... dos... tres... cuatro..."

Jiang Yanli se mantuvo en las sombras hasta que ya no pudo esconderse, la prensa y la sociedad siguiendo su sombra como si realmente les importara.

Todos buscaban en ella ese rastro del éxito de sus hermanos y sus padres. Esa pequeña parte que estaba segura, no existía, o era demasiado pequeña como para valer.

Inhaló profundamente, y al oír que la contraria comenzaba a contar nuevamente, puso su mayor esfuerzo para contener los espasmos de su cuerpo y detener las lágrimas, aunque no pudo llegar al número acordado, siete.

"Lento, lento, está bien. Vamos una vez más, ¿sí? Lo estás haciendo bien."

Si bien había fallado anteriormente, esta era la primera vez que llegaba a los oídos de la prensa. Podía imaginarlos desde ya, detallando los gritos sobresaliendo de la oficina y las pequeñas notas hablando sobre como era totalmente diferente a su familia. Así, solo podía empeorar las cosas.

Al instante siguiente, una Wen Qing con sus pantalones blancos de pijama y una camiseta de alguna banda de rock que usaba para dormir desde que se conocieron, entró al cubículo. Arrodillada entre sus piernas, dejando leves caricias sobre sus muslos, le regaló una pequeña sonrisa.

"Hey, hey, estás bien, mírame, estoy aquí." Las ojeras marcaban la falta de sueño en su rostro, pero aún así levantó una de sus manos para secar las lágrimas de Yanli. "¿Vamos a casa?"

Un firme asentimiento, y aún pisando inestable, salieron del edificio. La vuelta a casa se basó en sus manos entrelazadas, canciones de jazz a volúmen bajo y los sollozos disminuyendo su intensidad. Wen Qing no la presionó a hablar, dedicándose a conducir y apretar su mano ligeramente en cada luz roja.

En la calidez del departamento compartido, Yanli definitivamente se sentía mejor que minutos atrás, aunque no podía sacar del todo aquel sentimiento de angustia de su pecho.

¿Mamá se habrá enterado? Seguro salió en las noticias.

La puerta de entrada se abrió nuevamente, y Wen Qing había regresado, una bolsa de la tienda de sushi frente al edificio donde viven en la mano izquierda, y una bolsa llena de dulces en la derecha. Antes de notarlo, la menor se encontró envuelta en los brazos de Yanli, y solo sonrió.

Con cierta dificultad, ambas caminaron hacia la cocina, Wen Qing dejó las bolsas sobre la mesada. Entre pequeños tropiezos, aunque en silencio, lograron sacar lo justo y necesario para su almuerzo.

En otro momento, cuando Wen Qing bajara sus manos hasta la parte trasera de sus muslos y la levantara entre sus brazos, Yanli probablemente habría reído histéricamente, pidiéndole que la bajara, pero ese no era el caso hoy. Ignorando el creciente ardor en la punta de su nariz y las esquinas de sus ojos, se dejó cargar, abrazando sin querer soltar, y le permitió a la contraria llevarla hasta un taburete.

Apreció que Wen Qing no intentara separarse luego de asegurarse que estaba sentada correctamente, y que en cambio la abrazara de vuelta, permitiéndole más tiempo escondida allí en su hombro.

Esto había tomado un poco de tiempo en ser aprendido, entre intento y fracaso, pero finalmente llegaron a un entendimiento mutuo, su relación fluyendo más cómodamente a partir de ese punto.

Los malos días no eran frecuentes, aún así, fueron suficientes como para establecer tanto una rutina, como las acciones permitidas y las no tan bienvenidas entre ambas.

"¿Te molestaría quedarnos un segundo más así?" preguntó en voz baja, y recibió una caricia en su espalda.

¿Era posible creer que podría ignorar todo lo demás, si tan solo Wen Qing la abrazaba de esta manera por el resto de su vida?

Lo creía, realmente lo hacía, pero no podría averiguar qué tan verídico era su pensamiento, ya que tenían una cena que las esperaba, y el mundo allá afuera de su abrazo seguía su curso normalmente.

Apretó delicadamente a la contraria, indicando que se sentía lista para separarse, y los brazos a su alrededor se aflojaron de manera perezosa. Wen Qing se acomodó sobre el taburete restante a su lado, y sirvió en silencio las porciones de cada una.

No necesitaban muchas palabras, ambas estaban cansadas, y sabían cómo se sentía la otra. Nada era relevante, más que el sushi en sus platos y sus manos entrelazadas por debajo de la mesa.

Las horas pasaron, los platos quedaron sucios sobre la mesa y Jiang Yanli se durmió. De costado en el sillón, con sus piernas sobre las de Wen Qing, y su cabeza sobre el hombro ajeno, dejaba escapar inaudibles suspiros.

Incapaz de oírlos, Wen Qing se enfocaba en sentirlos. Minúsculas corrientes de aire cruzando sus clavículas, finos dedos acariciando la piel de su cintura en medio de la inconsciencia.

Yanli no era una persona que escupiría todo lo que la tiene afligida al momento en que hubiera oídos para escucharla, y Wen Qing estaba bien con eso. Estaba bien con solo abrazarla y demostrarle que estaba allí. Lo comprendía. Quizá luego lo diría, quizá no, de cualquier manera iba a respetar esa decisión.

El hecho de que recurría a ella cada vez que no se sentía lo suficientemente bien demostraba que confiaba en Wen Qing y en su relación. Confiaba en que podría apoyarse en ella para afrontar lo que viniera después.

Momentos así mantenían su corazón cálido, y se sentía reconfortante en cierta manera. Era un sentimiento que le recordaba vagamente a su primer beso. Fue efímero, más que cualquier otra cosa, pero fue demasiado. Efímero, demasiado, y confusamente reconfortante.

En medio de un impulso, Jiang Yanli se había lanzado sobre su amiga, pero en realidad no sabía qué hacer, por lo que salió corriendo inmediatamente. Y en ese mismo sillón, tres años atrás, Wen Qing seguiría contemplando el techo, incapaz de asimilarlo.

¿Fue real? Ahora estaba segura de que sí, fue totalmente real.

Otro instante que venía a su mente podría ser su primera cita. La oficial, no la fallida; esa incluía a Jiang Wanyin, Wei Wuxian y Wen Ning en algún punto en el medio, por lo que, aunque no le molestara la presencia de ninguno, no estaba dispuesta a tomarla como su primera cita.

Esa primera cita oficial no fue realmente planeada. Jiang Yanli apareció en su puerta en plena madrugada, a las cuatro veintisiete, específicamente. En su mochila un par de mantas, galletas y pequeñas cosas dulces preparadas por ella misma, y una invitación a la terraza de su propio edificio.

"¿En qué otro momento podría ser? Es la hora perfecta." sonrió de una manera tan dulce, dos semanas después de su primer beso, y le robó el segundo.

Wen Qing aún estaba algo perdida debido al sueño, y no reaccionó en absoluto. La abrazó, y por poco se quedó dormida nuevamente. "Sabes que con gusto aceptaría volver a la cama y usarte de almohada, ¿cierto?" La joven, aún en la entrada del departamento, rió por lo bajo y asintió. "Entonces explícame por qué estoy aceptando en vez de ir a dormir."

"Mn, tal vez porque te gusto mucho." Se había sonrojado, lo sabía, y Yanli había besado sus mejillas y nariz sin meditarlo demasiado. De la mano, la arrastró por las escaleras, y se encargó de arreglar las mantas sobre unos pequeños sillones y la comida para ambas.

Wen Qing jamás, jamás, podría olvidar sus ojos llenos de estrellas, mientras le contaba detalladamente las aventuras de aquel recién llegado cachorro, explorando los rincones del refugio en el que Yanli trabajaba. Adoraba oírla hablar de las cosas que disfrutaba y la hacían sentir plena.

Jiang Yanli podía ser la viva imagen de la euforia cuando no estaba frente a las cámaras.

En algún punto de su entusiasmado relato, entre sus pequeñas pausas para admirar la sonrisa de Wen Qing mientras la observaba, se quedó dormida. Su compañera de madrugadas simplemente se estiró, tomó las mantas restantes en la mochila y con cuidado intentó envolverla en ellas, la noche era algo fría y Yanli era bastante propensa a ganar un resfriado.

Volvió a acomodarse en su sillón correspondiente y simplemente apreció el amanecer llegar lentamente a espaldas de la joven.

La Jiang Yanli del presente, envuelta no en mantas, si no en sus brazos, se removió perezosamente. Presionó sus labios rosados sobre el hombro de Wen Qing, y apretó su abrazo sobre la cintura de la mujer.

"¿Despertaste?" susurró, su pulgar reanudando el trazado de formas incoherentes sobre las caderas ajenas.

"No del todo." una pequeña risa ahogada en el cuello de Wen Qing fue suficiente para acelerar un poco más su corazón.

"Dormiste unas... cuatro horas, ¿quieres comer algo, o dormimos un poco más?" Yanli pareció pensarlo, aunque la menor sabía lo que estaba haciendo; desde que las palabras fueron pronunciadas, ella ya había tomado una decisión.

"Solo... vayamos a la cama. ¿Vemos una película?"

Por hoy podían hacer caso omiso al mundo exterior, a los llamados incesantes de Madame Yu, a los exámenes reprobados, a los proyectos rechazados agresivamente y a la estúpida prensa.

No era la opción más sensata, probablemente Yu Ziyuan gritaría por unas tres horas cuando Yanli volviera a pisar esa casa. Aquel proyecto seguiría sin ser corregido, y las llamadas perdidas no se podían recuperar, ¿o sí?

Pero al menos el pequeño cachorro del refugio seguía creciendo en un lugar seguro, y tanto Wen Qing como Jiang Yanli, seguían durmiendo en los brazos de la otra.