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Category:
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Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 1 of beautiful disaster
Stats:
Published:
2021-03-19
Completed:
2021-03-19
Words:
13,364
Chapters:
2/2
Comments:
30
Kudos:
100
Bookmarks:
11
Hits:
1,754

beautiful disaster

Summary:

Fue entonces cuando, con el corazón en la garganta entendió que sus mundos eran diferentes, que los ideales que los separaban jamás podrían conciliarse, porque Eren era un dios de la guerra, su naturaleza era bélica y aunque eso era parte de lo que le había atraído en un principio, ahora Armin se daba cuenta que era algo que no podía sostenerse. Y aquel descubrimiento le llenaba el alma de amargura.

(Modern AU en el que Armin, un chico de bachillerato muy soft al que le gusta vestir de rosa y usar accesorios, se enamora de un Eren gótico y anarquista que padece TLP).

Notes:

Hace mucho que no escribía un fic y creo que aún más que no escribía en español, pero hace poco me dio por dibujar este AU solo por la estética y poco a poco me fui llenando de headcanons que tenía que soltar de alguna forma u otra y pues esto nació ;;

También quiero aclarar que incluiré los dibujos como referencia visual para que se den una idea de como se ven los personajes, aunque las viñetas ya no tengan mucho que ver jeje

Arte hecho por mí btw 💖

Anyways espero les gusteeee y si es así lxs animo a dejar un comentario :'D 💖💖

PD. El título lo tomé de una cancion de Kelly Clarkson que se llama igual, se las recomiendo sobre todo porque así me imagino que Armin piensa de Eren en este AU :3

Chapter Text

 

 

 

“¡Armin!”

El aludido sonrió y saludó mientras Jean se le acercaba y lo rodeaba con un brazo. Un nuevo ciclo escolar comenzaba, el penúltimo del bachillerato, y Armin estaba dispuesto a aprovecharlo al máximo. Apenas en los últimos meses del ciclo escolar pasado finalmente había salido del clóset y comenzado a vestirse como siempre había deseado. No había sido algo fácil, sin embargo lo había logrado gracias al apoyo incondicional de sus amigos. A decir verdad, había tenido miedo al confesárselos, especialmente porque se conocían desee pequeños y porque en la pequeña ciudad de Trost los secretos se dispersaban de inmediato. Pero ellos lo tomaron muy bien, casi como si ya lo supieran, y le ayudaron a Armin a tomar más confianza en sí mismo. Ahora que un nuevo periodo comenzaba, ya no tenía más temor de ser él mismo. Le encantaba vestirse de colores pastel y usar lindos accesorios en las manos y el cabello. Las chicas usualmente le ayudaban a escogerlos, y cuando los chicos vieron su cambio de look por primera vez, lo tomaron como si fuera lo más natural del mundo, lo cual le ayudó a sentirse más cómodo y adaptarse pronto a su nueva apariencia.

Él no era el único que había cambiado. Sus amigos comenzaban a crecer, también. A consecuencia de esto la mayoría de ellos habían comenzado a salir entre ellos —Sasha y Connie, Ymir e Historia, Bertolt y Annie, etcétera. Estaba Jean y sus novias que no duraban mucho más de tres citas, también. Y aunque las parejas usualmente trataban de hacerlo sentir incluido, la verdad es que a veces se sentía terriblemente solo.

Jean comenzó a comentarle las novedades de las vacaciones de verano (Armin no sabía cómo lo hacía pero de una forma u otra Jean siempre sabía todo lo que pasaba en la ciudad) antes de preguntarle por su primera clase. Armin revisó su horario.

“Biología en el 106,” le dijo. “¿Vamos juntos?”

Jean hizo una mueca. “Nah, tengo Literatura en el 302. Pero tenemos Cálculo juntos después del primer receso, ya revisé.”

“Menos mal,” respondió Armin. Jean asintió y después pareció recordar algo. “¡Ah, por cierto! ¿Ya viste a los nuevos? Son muy raros, pero la chica… Uff. Va a ser mi próxima novia, vas a ver. Ésta si va a durar más de tres citas,” afirmó convencido. Armin rio.

“No, no los he visto.”

“Son como góticos o algo así. Según son hermanos pero no se parecen en nada, creo son adoptados o algo así escuché. El tipo da miedo, tiene cara de psicópata. Aunque supongo que no me sorprende, escuché que vienen de la ciudad, allá todos están locos.”

“¿De Marley?” preguntó Armin. Jean asintió. Marley era la ciudad más grande del país y era famosa por su ritmo de vida acelerado y su carácter cosmopolita.

“Pfft, no puede ser tan malo,” respondió el rubio con una risita. Jean se encogió de hombros.

“En fin, te dejo, amigo. Nos vemos luego, voy a clase.”

“Adiós Jean,” se despidió Armin.

Al entrar al aula se percató de que quizá era por ser el primer día, pero casi todos los asientos ya estaban ocupados. Buscó por alguna cara conocida y se encontró con Sasha y Connie que lo saludaron alegres desde sus asientos (por desgracia, y como era de esperarse, estaban sentados juntos). Sasha le sonrió a forma de disculpa y Connie se encogió de hombros. Armin sonrió incómodo y continuó con su búsqueda visual por algún asiento libre —y entonces lo vio por primera vez.

Sentado ahí, en primera fila, estaba un chico de cabello largo y castaño encorvado sobre una libreta. Llevaba unos audífonos grandes y negros, como el resto de su ropa: una chaqueta de cuero, pantalones ajustados y rasgados y unas botas enormes de cuero. Cadenas, muchas cadenas, también. Se veía muy metido en lo que fuera que estuviera dibujando mientras escuchaba música. Nadie se había sentado a su lado, ya que parecía que no le había bastado con tener un aura intimidante de por sí, el tipo había puesto un cráneo (bastante realista) sobre la mesa. Era como si a propósito quisiera apartar a las personas.

Armin pasó saliva —ya no era tan tímido como solía serlo, pero en algunas ocasiones todavía era algo que le costaba dominar—; pero se aventuró. Extendió su mano con una perfecta manicura (cortesía de Sasha) y la sacudió en el campo visual del muchacho para llamar su atención. El joven se quitó los audífonos y alzó la vista. Tenía unos ojos preciosos, grandes y expresivos que se fijaron en Armin. Por si fuera poco, estaban perfectamente maquillados y delineados de negro, como si su mirada no resaltara de por sí.

“Hola,” Armin saludó, ligeramente cohibido. “¿Puedo sentarme aquí?”

El chico examinó a Armin y le dirigió una sonrisa que, en el mejor de los casos, era bastante cínica. Armin se dijo a sí mismo que no se dejaría intimidar. Supuso que el chico tenía algo de razón al mirarlo de esa forma; después de todo a simple vista lucían como perfectos opuestos.

“Si quieres,” respondió, contrario a su reacción burlona. Armin se resistió a poner los ojos en blanco. Por supuesto que no quería, mas no había otra opción.

A pesar de la actitud insolente del joven, Armin optó por ser amable. No era fácil ser nuevo, suponía.

(Aunque el joven no parecía colaborar mucho con su actitud).

“Soy Armin Arlert,” se presentó. “¿Y tú?”

“Eren Yeager,” respondió el otro, volviendo a sus asuntos. Armin decidió perseverar a pesar de que el joven no parecía muy interesado en hacer conversación.

“Hmm, ¿qué tal Trost? Sé que no es tan grande como Marley, pero—”

Eren levantó la cabeza, interesado. “¿Cómo sabes que vengo de Marley?”

“Ah,” Armin se sonrojó. “Lo escuché por ahí. No hay muchas novedades aquí así que usualmente esas cosas son tema de conversación,” respondió avergonzado. Eren volvió a hacer una mueca burlona.

“Así que estuviste hablando sobre mí.”

“Eh, ¡sobre los dos!” respondió Armin con tal de defenderse un poco, a pesar de que sabía que debía lucir ridículo con sus mejillas sonrosadas. Eren solo soltó una risita.

“Vale. Solo decía,” contestó. Armin inspiró profundamente. La profesora aún no llegaba y comenzaba a asentarse entre ellos un incómodo silencio. Sintió ganas de levantarse a platicar con Sasha y Connie mientras comenzaba la clase pero no se atrevió a hacerlo, suponiendo que se vería muy grosero.

“¿De dónde sacaste ese cráneo?” preguntó lo primero que se le vino a la mente con tal de hacer un poco de plática. Eren volvió a mirarlo fijamente — había algo en su mirada que le daba escalofríos.

“Lo desenterré del cementerio,” respondió. Armin enarcó las cejas, ¿era alguna clase de broma? Aunque el chico estaba demasiado serio como para estar bromeando. Armin no sabía cómo reaccionar.

“Ah,” dijo, a falta de mejor respuesta. Decidió ignorarlo. “¿Sabías que la vértebra que sostiene al cráneo se llama Atlas? Debido al titán de la mitología griega, el que sostenía al mundo. Es curioso porque hay leyendas de que el cementerio de Trost hay restos de algunos antepasados muy muy lejanos, desde hace dos mil años o más, a los que llamaban así, titanes. Claro, estas son solo teorías pero...” Armin volvió a sonrojarse al darse cuenta de que en sus intentos por ser amable había comenzado a divagar y acababa de exponerse como el nerd que era frente al chico nuevo, que no paraba de verle con esos ojos verdes y penetrantes. “Lo siento, seguro no te importa,” se interrumpió Armin, bajando la mirada.

“No, es interesante,” respondió Eren. Cuando Armin lo miró de nuevo no estaba sonriendo, pero había algo diferente en su expresión, algo ligeramente más cálido. “Entonces, ¿crees que haya restos de titanes en el cementerio de aquí?”

Armin sonrió, aliviado. “Tal vez. Quizá si excavas un poco más profundo la próxima vez te encuentres uno.”

Eren rio por lo bajo, suave y gutural. El sonido hizo que Armin se estremeciera. “Quizá,” respondió.

Fueron interrumpidos cuando llegó la profesora Hange.

 


 

No hablaron el resto de la clase. Eren parecía muy metido en sus asuntos y Armin trataba de prestar atención. Al sonar el timbre que marcaba el final y antes de que pudiera despedirse o preguntarle algo más a Eren; Sasha y Connie lo abordaron repentinamente, preguntándole cuál era su siguiente clase y tal. Cuando Armin se percató, Eren ya se había ido.

Armin suspiró. Se sentía como un idiota después de su primera interacción.

 


 

“Ese chico Yeager es muy extraño,” se quejaba Jean a la hora del almuerzo en la cafetería. “Mira que llevar ese cráneo consigo a todos lados… dime tú si no ha de estar mal de la cabeza.”

“Si está tan mal de la cabeza, ¿por qué te sentaste con él en Ciencias de la Salud?” inquirió Connie.

“¡Hey! Ya te dije, su hermana es muy linda. Quería ver si podía sacarle algo sobre ella pero fue inútil, muy apenas habló en toda la clase. Aunque logré sacarle su número con la excusa de pasarle los apuntes porque quizá eso me ayude a acercarme a ella, ¿y saben cómo se atrevió a registrarme? ¡Como “Cara de caballo”! ¡En mi cara! A ver si sigue diciendo eso cuando seamos cuñados—”

“Ay Jean, no va a ser tu novia, está muy fuera de tu liga. Además también es gótica, no sabía que te gustaba eso,” intervino Sasha.

“Cuando se trata de chicas me gusta de todo.”

“Es una lástima que tú no le gustes a nadie, cara de caballo,” se burló Ymir. Armin se rio.

“No te muevas,” le recriminó Annie en voz baja mientras retocaba sus uñas con el esmalte rosado que Historia les había prestado.

“Perdón,” susurró Armin. Historia cepillaba su cabello y miraba cómo le quedaban unos broches nuevos que había comprado. Era una broma reciente, como desde que Armin había cambiado su estilo era como la Barbie de las chicas del grupo, un muñeco viviente para estilizar. Armin no se quejaba —al contrario, le gustaba ser consentido por ellas.

Después de un buen rato de conversación y risas, Jean hizo un gesto con la cabeza para indicarle a Armin que se fueran juntos a la siguiente clase. Les tocaba Cálculo; y mientras caminaba junto a Jean, Armin se percató de que al otro extremo de la cafetería, sentado junto a una chica linda y vestida de negro también, Eren los miraba fijamente con una expresión que Armin no logró descifrar.

 


 

Pasaron dos días hasta que Armin volvió a tener Biología con Eren. Había tratado de no pensar mucho en él, pero no ayudaba que las veces que lo veía de lejos en los pasillos de la escuela siempre se topaba con su mirada penetrante. Sinceramente, lo ponía un poco de los nervios.

Armin respiró profundamente al entrar al aula y sonrió levemente al encontrarse con Eren ya ahí. Se sentó a su lado. Eren no hizo ningún gesto por reconocerlo.

“Hola,” saludó Armin a pesar de todo.

“Hola,” respondió Eren, acomodándose en su silla. Armin trató de pensar en algo que comentar pero al ver a Eren ponerse los audífonos y sacar su celular, se rindió con un suspiro.

Creo que no le caigo bien, pensó. Y estaba bien. No es que tuviera un particular interés por el joven, pero todavía era un poco inseguro y aquello no ayudaba.

Eren estuvo mandando mensajes de texto toda la clase, ocultando el móvil debajo de la mesa cuando llegó la profesora. Y cuando sonó el timbre, desapareció tan rápido como la vez pasada.

Ni hablar, pensó Armin. No podía agradarle a todo el mundo. Solo desearía haber llegado un poco más temprano para conseguir asiento junto a alguien que no lo ignorara la mayoría del tiempo.

Se dirigió a su casillero para sacar sus libros para la siguiente clase, cuando fue interceptado por un muy alterado Jean.

“¡Armin!” exclamó, tomándolo del hombro. “¿Hay algo que no me hayas contado?”

Armin parpadeó. “¿Eh?”

“¿Estás saliendo con el nuevo? ¿El tipo ese gótico que da miedo?”

“¡¿Eh?! ¡Claro que no!” refutó Armin “¿De dónde sacaste eso?”

Jean sacó su teléfono del bolsillo. “¡Dice que eres lindo!” soltó, mostrándole una conversación. Armin enarcó las cejas, sorprendido, y después tomó el móvil en sus manos. La conversación era reciente, apenas de hace una hora — durante la clase de Biología.

 

Cuñado 

oye cara de caballo

 

Yo

Que no me digas así

Que quieres

 

Cuñado

te llevas con el chavo ese rubio no? el q es algo nerd

 

Yo

Te refieres a Armin?

Si, por?

 

Cuñado

curiosidad

es algo lindo

 

Armin estaba seguro de que nunca había gritado tan fuerte. “¡¿QUEEEEEÉ?!” vociferó, rojo hasta las orejas.

 

 


 

El resto del día no pudo evitar pasárselo en las nubes. Para Jean aquello había sido extremadamente gracioso, ver a Armin tan distraído por una vez en su vida. No obstante, al cabo de un rato se volvió tedioso.

“Dijo que era lindo,” Armin musitó por milésima vez durante el almuerzo. Sus demás amigos solo lo miraron con ternura, a excepción de Jean, quien puso los ojos en blanco.

“También dijo que eras un nerd,” lo provocó.

“Al menos no me dijo cara de caballo,” respondió Armin, aún en las nubes mientras Jean se sonrojaba y los demás se echaban a reír.

 

 


 

Pasaron un par de semanas que se sintieron eternas. A pesar de lo que Eren le había dicho a Jean, se mostraba distante y a veces hasta monótono cuando Armin trataba de sacarle conversación. De no haber sido por los mensajes estaría convencido de que no le caía bien, aunque la parte racional de su cerebro le decía que tal vez su apariencia intimidante ocultaba a un muchacho inseguro.

De cualquier manera, Armin se había decidido a acabar con eso de una buena vez e invitarlo a salir.

“Oye—”

“Armin—” comenzó Eren al mismo tiempo, una vez que había terminado la clase. Eren enarcó las cejas y Armin soltó una risita.

“Tú primero,” dijo con nerviosismo.

“¿Tienes planes el viernes en la noche?”

El estómago de Armin dio un vuelco. “Oh…”

Eren pasó saliva. Era la primera vez que Armin lo notaba francamente nervioso.

“Sí, bueno, es que mi banda tiene un toquín esa noche y quería saber si querías venir… Si te interesa, claro.”

“¿Tienes una banda?” preguntó Armin, fascinado. “¿Cómo se llaman?”

“Sí, eh… No te vayas a burlar… The Yeagerists.”

Armin enarcó una ceja. “¿The Yeagerists?”

Eren rió. “Te dije que no te burlaras, vale. Yo no le puse el nombre, fueron Floch y Reiner los que lo escogieron—”

“Si tú lo dices,” se mofó Armin amistosamente. “Ahí estaré. ¿Dónde es?”

“Pásame tu número para enviarte la ubicación ese día.”

 


 

La espera fue lenta y tortuosa, pero el viernes por fin llegó. Armin invitó a sus amigos al bar pero al final solo Jean, Sasha y Connie pudieron ir. Llegaron una media hora antes y ya había gente en el establecimiento. Tan pronto Jean vio a Mikasa, la hermana de Eren, se escabulló entre la pequeña multitud para hablar con ella. Ella los invitó a sentarse en su mesa, en primera fila. Armin no prestó mucha atención a la cháchara precedente al concierto, distraído por mariposas en su estómago. De todas maneras no se perdió de mucho: básicamente, Jean tratando de impresionar a la gótica y Sasha y Connie echándole carrilla. A pesar de las quejas de Jean, Mikasa sonrió varias veces, lo cual hizo que valiera la pena.

El concierto comenzó. Armin no se había percatado de que estaba apretando los puños sobre la mesa hasta que Mikasa tocó una de sus manos con suavidad. “Relájate, no son los primeros,” le susurró con una sonrisa cómplice. Armin se ruborizó.

Al cabo de unas cuantas canciones y de dos o tres bandas, Eren apareció en el escenario con el resto de su banda. El corazón de Armin dio un vuelco en su pecho cuando el moreno saludó al público, que respondieron con voces animadas ante su energía. Y entonces comenzaron de lleno con el show.

La música resonó fuerte e intensa. Eren tomó el micrófono en sus manos y comenzó a cantar suavemente para pronto romper a gritos y sonidos guturales que Armin muy apenas comprendía. Sus amigos intercambiaron miradas de desconcierto, pero Armin estaba demasiado absorto por la figura de Eren en el escenario. Aquella no era el tipo de música que escuchaba, para nada, pero había quedado hipnotizado por el magnetismo de Eren, quien daba todo de sí en el escenario. Era obvio que, fuera lo que estuviera diciendo le llegaba al corazón y estaba dispuesto a dejarlo todo ahí. Y, de pronto, los ojos de Eren se toparon con los de Armin y sonrió la misma sonrisa arrogante que le había mostrado el primer día. El corazón de Armin saltó en su pecho y se sintió sonrojarse hasta las orejas cuando Jean le dio un codazo. Eren rompió el contacto visual al sacudir su perfecta cabellera castaña hacia delante y hacia atrás y siguió con la canción como si nada, pavoneándose aún más ahora que sabía que tenía los ojos del rubio sobre él. Y sin duda, Armin no le quitó la vista de encima por el resto de las canciones. Tocaron unas cuatro o cinco y después le cedieron al micrófono a otros chicos. Armin salió de su trance cuando Eren se le perdió detrás de bambalinas y no fue hasta entonces se percató que le zumbaban los oídos.

“Tierra llamando a Armin,” escuchó a alguno de sus amigos decir mientras los demás soltaban risitas.

“Ahorita regreso,” respondió, ignorando el comentario anterior y los consiguientes a manera de burla porque era demasiado obvio a donde iba.

Atrás del escenario vio al resto de los chicos de la banda conversando en el pasillo y recogiendo sus cosas. Se acercó a preguntarle por Eren a uno de ellos, un rubio alto y musculoso que tocaba la batería.

“Ah, está en el camerino. Él es el que siempre se tarda más.”

Armin agradeció con una sonrisa sincera. Tocó la puerta.

“¿Quién?”

“Armin.”

“Oh. Hola,” Eren le abrió la puerta y Armin contuvo un jadeo al verlo así, despeinado y con una fina capa de sudor cubriendo su cuerpo. Su maquillaje incluso estaba un poco desgastado; pero de alguna forma lucía bien así, como si esa personalidad indómita al fin combinara con su apariencia.

Le sonrió. “Pasa. Ya estaba recogiendo mis cosas, ya voy,” explicó al cerrar la puerta y acomodarse frente al espejo, recogiendo su cabello húmedo en un moño cuidadosamente despeinado. Armin se sentó en una silla que se encontró por ahí, observando a Eren peinarse. Eren lo miró a través del espejo. “¿Qué te pareció?”

Armin levantó las cejas, sonrojándose. No había prestado mucha atención a la música que digamos.

“Uh… estuvo bien. Me pareció… interesante.”

Eren rio, jovial. “Lo odiaste,” afirmó con certeza.

Armin sintió el rubor de sus mejillas incrementarse.

“¡N-no! No es eso, simplemente no es mi tipo de música. Pero me pareció un buen show.”

“Hmm,” Eren volteó a verlo de frente, al fin. “¿No te gusta el metal?”

Armin sonrió mientras se encogía de hombros, suponiendo que eso decía más que mil palabras y no queriendo ofender a Eren y el tipo de música que creaba. Eren al menos no lo tomó a mal — solo devolvió el gesto.

“Bueno, al menos me alegra que te haya gustado el show.”

“Fue bastante bueno,” aseguró Armin de manera coqueta. “¿Tú escribiste las canciones?”

Eren parpadeó perplejo, como si no esperara esa pregunta. “Sí. Yo las compuse, y los demás chicos aportaron con la música. Usualmente lo hacemos así. ¿A poco te fijaste en las letras y todo?”

Armin se encogió de hombros. “Bueno, no exactamente. A veces no entendía muy bien, sobre todo cuando hacías la voz gutural. ¿No te duele la garganta?”

Eren rio suavemente. “No. No tiene por qué, si lo haces con la técnica correcta.”

“Oh.”

“Sí.”

Alguien tocó la puerta. “Eren, ya salte, hay otros que necesitan el camerino,” dijo del otro lado de la puerta.

“Ya voy, Floch,” respondió Eren. Después masculló algo inteligible mientras buscaba algo entre sus cosas. Al encontrarlo se lo entregó a Armin: era un USB.

“Ahí vienen las canciones con letra y todo,” explicó. Sus mejillas se volvieron carmesí. “Por si quieres escucharlas de nuevo. Te haría una playlist, pero todavía no las subimos a Spotify.”

Armin contempló el regalo y sonrió con ternura.

“Gracias. Y gracias por asegurarme el futuro también. Ahora ya tengo algo que vender cuando te vuelvas famoso,” bromeó.

“¡Hey!” se rio Eren. “Espera, ¿en serio crees que me volveré famoso?”

“¡Claro que sí! Eres apasionado y determinado, estoy seguro de que cualquier cosa que te propongas la cumplirás.”

“Armin,” susurró Eren, algo avergonzado y cautivado. A pesar de la seguridad que proyectaba, no estaba acostumbrado a recibir halagos debido a su fachada intimidante. Armin lo miró con una sonrisa tímida y Eren pasó saliva, inclinándose hacia enfrente, a punto de cerrar los ojos y tocar sus labios cuando—

“¡Eren! ¡Ya vámonos!”

Ambos pegaron un respingo y se separaron como si se hubieran electrocutado. Eren carraspeó, recogiendo sus cosas con nerviosismo.

“¡Que ya voy!” rugió molesto. Armin contuvo una risita al ver como la vergüenza entorpecía sus movimientos.

“Lo siento,” se disculpó Eren, volteando a verlo de nuevo una vez que ya tenía todas sus cosas en su mochila. Armin se encogió de hombros.

“No pasa nada.”

Eren asintió, liderando el camino hacia la puerta. No obstante, cuando pasó al lado de Armin, este lo tomó por la muñeca y lo atrajo hacia sí impulsivamente, dejando un efímero beso en sus labios.

“¡A-Armin!” profirió Eren cuando el contacto terminó, rojo hasta las orejas. Armin rió y pinchó una de sus mejillas.

“Te ves lindo cuando te sonrojas,” le dijo. Los ojos de Eren casi se salen de sus órbitas y su bochorno se incrementó profusamente cuando Armin posó otro besito en sus labios, lo tomó por la mano y lo jaló fuera del camerino ya que él estaba demasiado atolondrado para reaccionar.

 


 

 

Estar con Eren se volvió mucho más natural después de aquel beso. Era como si el joven lo único que necesitaba era un empujoncito de la persona correcta para abrirse totalmente. A pesar de sus aparentes personalidades opuestas, habían entablado una hermosa e intensa relación. Hablaban todo el rato tanto de sus sueños e inquietudes como también de trivialidades del día a día. A Eren le gustaba escuchar a Armin hablar de las cosas que sabía, de los libros que leía, incluso que le leyera sus pasajes favoritos algunas veces. Armin lo escuchaba hablar de música y de política y aunque en esto último tenían opiniones algo diferentes, la diplomacia de Armin siempre lograba que no cayeran en disputas. Era como si hubieran sido amigos desde hacía muchos años. Poco a poco comenzaron a pasar todo el tiempo juntos e inconscientemente de alguna forma u otra siempre buscaban el tacto del otro, ya fuera buscando tomarse de las manos, o bien recargándose en el hombro del otro, poniendo la mano de uno en el muslo del otro cuando estaban sentados, quizá rodearse por la espalda cuando iban caminando. Incluso cuando había alguna barrera física o espacio que lo separara, continuamente se buscaban con la mirada, como si pudieran comunicarse con tan solo verse a los ojos.

Armin también había ayudado a Eren a integrarse a su círculo de amigos y con ello a Mikasa también, quien a su vez se había vuelto buena amiga del joven rubio. Jean era probablemente el más agradecido por esto y aprovechaba cada oportunidad que tenía para hablar con la chica gótica, y aunque nadie lo creía en un inicio, cada vez parecía más que realmente tenía posibilidades con la muchacha.

No obstante, a pesar de que aparentemente las cosas iban viento en popa, había un par de cosas que inquietaban a Armin. A veces Eren cambiaba de ánimo con increíble facilidad y podía llegar a ser tan volátil que explotaba a la menor provocación. Cuando esto pasaba, llegaba a ser tremendamente extremista y terco, al grado de que casi había llegado a los puños con Jean en un par de veces por opiniones opuestas, de no haber sido porque Armin y Mikasa intervenían antes de que se desatara todo. También había otras veces cuando Eren faltaba a clases sin dar explicación alguna, y al siguiente día a veces aparecía con heridas y moretones. Cuando Armin le preguntaba al respecto, Eren se tornaba esquivo y misterioso.

Pero lo que más le preocupaba de todo eran las letras que escribía para sus canciones. Siempre se las mostraba a Armin — eran pasionales, intensas y profundas. Eren tenía una forma de escribir en la que sus palabras te llegaban justo a las entrañas. Tocaba temas como la libertad y la angustia interna, el sentir que no perteneces a ningún lugar y que la carga sobre tus hombros es demasiado para ti. Y esto último era lo que más le inquietaba.

“¿Te gustó la canción que te mandé? Esta vez gran parte del ritmo fue idea de Louise, ¿qué opinas?” preguntó Eren al otro lado de la línea durante una de sus usuales conversaciones nocturnas por teléfono. Era particularmente densa, más de lo usual, y Armin se mordió el labio. 

“No es el tipo de música que me gusta oír, pero está bien. Creo que combina muy bien con la letra que me pasaste el otro día.”

“¡¿Verdad que sí?!” exclamó Eren, emocionado. “¡Creo que es lo más pesado que hemos hecho!” dijo con orgullo. Armin sonrió.

“¿De verdad te gusta esa música?” preguntó. Una de las cosas que más le gustaban a Eren de Armin era que cuando hacía ese tipo de preguntas nunca eran para juzgar. De hecho, admiraba que el rubio siempre lo hacía con la intención de comprender mejor al otro, no importaba qué tan diferente fuera de él.

“Sí. No sé por qué, si te soy honesto, yo sé que no es lo más común, pero hay algo con lo que conecto. Además, es jodidamente liberador simplemente gritar lo que sientes en un escenario. No sé… tendrías que vivirlo,” suspiró con una sonrisa pícara. “¿Por qué, no me crees?”

“Solo trato de entenderlo,” Armin reafirmó lo que Eren ya sabía pero le gustaba escuchar.

“Hm. ¿Pensaste que era una fachada o algo así?”

Armin se encogió de hombros. “Al principio sí,” respondió con sinceridad. “Sobre todo con eso de que el primer día llevaste un cráneo a la escuela del estudio de tu papá y diciendo que lo habías desenterrado. Pensé que solo querías espantar a la gente o que pensaran que eras cool o algo parecido.”

“Oye no —espera, ¿cómo supiste que el cráneo era del estudio de Grisha?”

Armin puso los ojos en blanco. “Pfft, Eren, he estado en tu casa muchas veces. Hemos hecho tarea ahí. No creas que no me di cuenta que la primera vez que fui, su esqueleto anatómico tenía mal puesta la cabeza.”

“¡¿Cómo dia— por qué no me dijiste que sabías?!” exclamó Eren, avergonzado. Armin no pudo evitar soltar una risita.

“Quería conocerte mejor primero, saber qué tipo de persona eras.”

“Qué vergüenza,” admitió Eren. Suspiró. “Ah, en fin. ¿Podrías pasarme tus apuntes mañana? No voy a ir a la escuela.”

“¿Otra vez? ¿Por qué?”

“Tengo un compromiso.”

“¿A dónde vas a ir?”

“Hm. No creo que te interese—”

“Eren,” dijo Armin con firmeza. “¿A dónde vas? Quiero saber. Me preocupa cuando haces esto, ¿por qué nunca quieres decirme?”

Eren sabía que ese momento llegaría tarde o temprano, y también sabía que por la inflexión del tono de voz de Armin, esta vez no lo dejaría ir. Exhaló derrotado.

“Está bien, te diré, pero no puedes decirle a Mikasa. Estaría sobre de mí y no me dejaría en paz.”

“Lo prometo.”

“Voy a protestas,” confesó Eren. Armin enarcó las cejas, sorprendido.

“¿Protestas de qué?”

“De lo que sea. De lo que es justo. La de mañana es para exigir un replanteamiento de la economía del país para actuar contra el cambio climático. No podemos seguir actuando en un sistema que está acabando con nuestro planeta.”

“¿Y es por eso que a veces regresas con moretones?”

Eren hizo una mueca. “Bueno, son protestas pacíficas, o al menos esa es la intención; pero hay veces donde no te dejan otra opción más que defenderte,” se justificó, ligeramente enfadado. “¿Por qué, no estás de acuerdo?”

“No es eso,” explicó Armin. “A decir verdad, estoy aliviado. Entiendo que son cosas que pueden pasar y si te soy sincero, me imaginé cosas peores. Pensé que te ibas a pelear por ahí con bravucones o algo así.”

Eren soltó una carcajada amarga. “Oh no. Pero créeme que si lo hacía cuando era más pequeño.”

“No lo dudo.” Armin suspiró. “Eren, no tenías que ocultarme esto. Sé que te importan este tipo de cosas, y te apoyo.”

“Lo siento,” exhaló el moreno, aliviado; “es que no sabía cómo ibas a reaccionar. Oye, pero entonces, ¿te gustaría venir?”

“¡¿Eh?! Bueno—”

“No pasa nada. Te lo prometo.”

Armin tenía curiosidad, y la verdad es que eran cosas que también le importaban. Admiraba a Eren por ser capaz de tomar acción.

“Está bien. ¿Vienes por mí?”

 


 

Al siguiente día, Eren llegó a su casa y se fueron de ahí por la mañana. Se reunieron con la banda de Eren y terminaron de hacer unas pancartas antes de ir al lugar donde comenzaría la marcha. Antes de salir, Eren deslizó un bote de gas pimienta en la mano de Armin. Este último lo miró con incredulidad.

“Pensé que habías dicho que sería pacífico.”

“Por si acaso,” replicó Eren. Armin no añadió nada más.

La marcha comenzó normal. Era una multitud relativamente grande y Eren tomó la mano de Armin para no perderse. Armin se percató de que Eren había dicho la verdad. Le asombró la capacidad del joven de liderar a la gente, vociferando sus ideales mientras la multitud lo seguía, repitiendo y respondiendo a lo que exigía.

Todo marchó según lo esperado, al menos hasta llegar a su destino, el ayuntamiento de la ciudad. Estaba rodeado por policías que se habían preparado para la manifestación. Armin se percató de que Eren se molestó al ver esto, ya que apretó su mano más de lo necesario antes de dejarlo ir. Se plantó frente a los policías y demandó que el gobernador saliera a escucharlos, incitando cada vez más a la multitud que comenzaba a enardecerse y a acercarse más y más. Los policías tampoco se quedaron inmóviles y comenzaron a empujar de una manera brusca. Armin cada vez se quedaba más atrás entre los empujones y le era difícil discernir el causante de que el ambiente poco a poco se volviera hostil, pero la gota que derramó el vaso fue en el momento en que escuchó un alarido más fuerte y desesperado que el resto. Volteó hacia donde provenía el sonido y se percató de que era Floch, quien al igual que Eren se le había plantado cara a cara a uno de los policías y exigía que los dejaran pasar a gritos y empujones. El policía en cuestión lucía más joven que el resto y daba la impresión de ser un chico nervioso. Floch lo empujó una vez más, queriendo tirarlo, y el tipo se defendió e intentó pegarle un porrazo. Todo pasó tan rápido que Armin muy apenas se dio cuenta. Eren, igual de volátil que Floch, perdió la calma y se acercó a zancadas a defender a su amigo, abalanzándose sobre el policía y moliéndolo a palos. El tipo alzó los brazos para evitarlo, pero aquello solo parecía enfurecer a Eren más y más. Armin trataba de abrirse paso para detenerlo y cuando estaba muy cerca, vio como Floch le pasó la porra que había soltado el policía cuando Eren lo atacó. Eren alzó la porra, con las facciones deformadas por la ira y—

Armin soltó un bramido, abalanzándose sobre Eren. El impacto no fue suficiente para sacarlo de balance, pero si logró que se quedara frío, inmóvil. Volteó a mirarlo con ojos asustados, pálido, mas era demasiado tarde, o quizá Armin simplemente no se había dado cuenta por reparar únicamente en Eren pero los policías ya comenzaban a aprehender a los manifestantes. Uno de ellos, aprovechando la distracción de ambos jóvenes, los apresó antes de que pudieran escapar. Eren intentó resistirse como un animal cautivo, pero bastó que Armin murmurara su nombre para percatarse que era inútil.

Los llevaron a la comisaría junto con el resto de la gente que no había alcanzado a escapar. “Lo siento,” se disculpó Eren durante el camino una y otra vez, con los ojos llorosos. “No creí que llegara a tanto.”

Armin no respondió. A decir verdad, todavía estaba en shock. No tanto por la protesta ni por lo que pasaría — seguramente nada, los dejarían ir en un par de horas o algo así. Lo que aún no podía asimilar era la actitud tan diferente de Eren, el pensar en qué habría hecho si Armin no hubiera intervenido y hubiera cedido ante sus impulsos.

El solo pensarlo le daba escalofríos.

El camino a la comisaría fue eterno. Armin trató de pensar en qué hacer para salir de ello más pronto, mejor. Todo con tal de no pensar en lo de Eren. Por lo tanto, cuando les dijeron que tenían derecho a llamar a alguien para informarles de la situación, Armin ya sabía exactamente qué hacer.

“Ve tú primero en lo que yo pienso a quién llamaré,” le había dicho Eren.

Él no respondió. Hizo lo que tenía que hacer con una compostura impresionante. Cuando regresó a donde lo esperaba Eren, se sentó a su lado, a pesar de que todavía se sentía perturbado por lo que acababa de presenciar en la manifestación. Eren intentó preguntarle cómo estaba, a quien había llamado, pero Armin no era capaz ni de mirarlo a los ojos, mucho menos de hablar con él. Sentía que apenas lo hiciera perdería la calma, y no era el momento. Tendría que esperar a llegar a su casa para desahogarse.

Eren suspiró ante la falta de respuestas. “Tendré que llamar a Mikasa,” dijo derrotado, pero Armin solo lo tomó por la muñeca y lo obligó a sentarse de nuevo.

“Espera,” le indicó. Eren lo miró confundido pero no insistió, percibiendo que no era el momento.

El tiempo que esperaron pareció eterno, y aunque Armin podía ver en el reloj de la comisaría que solamente fue alrededor de una hora, fueron los minutos más tortuosos de su vida, pero al fin…

“¿Llamaste a Jean?” cuestionó Eren al ver entrar al susodicho a la comisaría. No estaba solo. Jean escaneó con la mirada hasta encontrarlos y se los señaló a la señora que lo acompañaba, una mujer elegante y propia. Eren jadeó al reconocerla.

“¿Es la secretaria del gobernador?”

“Es la mamá de Jean,” Armin añadió. Eren enarcó una ceja, mas no dijo nada y se dedicó a escuchar como la mujer chantajeaba al hombre para que los liberara, según órdenes del gobernador. Armin estaba pálido del miedo, la vergüenza, y la incertidumbre respecto a la posible reacción de Eren —sabía que le disgustaba utilizar esos recursos. Sin embargo y para su sorpresa, Eren fue sensato como raras veces lo era y no hizo comentario alguno.

Los liberaron sin mucho más que decir. Al salir el sol fue enceguecedor, alto en la mitad del cielo.

“¿Están bien?” preguntó la mujer. Ambos asintieron.

“Gracias por la ayuda, y perdón por la molestia. Estamos— estoy muy avergonzado.”

La mujer sonrió cortésmente y acarició el cabello de Armin. “Está bien, yo también fui joven. Lo entiendo, solo… no lo hagan una costumbre, ¿vale?”

Armin volvió a asentir, cabizbajo y con un nudo en la garganta. No podía articular nada más.

“Bueno, tengo que irme. Te veré después del trabajo, Jeanbo,” se dirigió a su hijo, plantándole un beso en la frente aunque Jean trató de esquivarla.

“¡Mamá!” se quejó avergonzado, y quizá Armin le hubiera echado un poco de carrilla si estuviera de mejor humor. La madre de Jean, por el contrario, rio suavemente ante la reacción de su hijo.

“Pueden regresar a la escuela en transporte público, ¿verdad? Los llevaría, pero hay mucho tráfico y en verdad tengo que volver al trabajo.”

“Está bien, no se preocupe,” contestó Armin con diplomacia. La mujer se despidió y se fue en su carro bien cuidado, al tiempo que Jean volteaba a inspeccionar a sus amigos. Era obvio que algo malo había pasado y se sentía una inusual y palpable distancia entre ambos.

“Oigan, ¿vamos a regresar a la escuela?”

“Quiero irme a casa,” dijo Armin con firmeza. Jean pareció sorprendido, pero lo vio en tal estado que no insistió.

Eren se encogió de hombros. “Sí, creo que yo también iré a casa,” dijo, percibiendo que Armin necesitaba tiempo a solas. “Nos vemos mañana,” añadió, extendiendo la mano para tocar el hombro de Armin, pero cuando este retrocedió ligeramente, Eren optó por no hacerlo.

“Sí, hasta mañana,” dijo Jean, escrutando a Armin.

“Hasta mañana,” repitió el rubio en voz débil. Eren se marchó y cuando se hubo ido, Armin y Jean echaron a andar en dirección opuesta.

“Armin, ¿qué pasó? ¿Estás bien?”

“No quiero hablar de eso,” masculló el aludido.

“Pero—”

“Jean. Por favor, no ahora.”

Jean suspiró. “Está bien, pero Armin… tus manos no dejan de temblar.”

Armin al fin cayó en cuenta de aquello, y sin poder controlarse más, echó a llorar, dejando escapar el miedo y la angustia que había estado conteniendo todo ese rato. Jean lo rodeó con sus brazos con firmeza y sin decir nada, hasta que Armin se hubo calmado. Entonces lo acompañó a casa y Armin le agradeció por todo. Cuando se hubo hallado solo en su cuarto volvió a echar a llorar.

Eren lo llamó varias veces toda la tarde. Armin nunca respondió el teléfono.