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Usualmente sigues una rutina antes de dormir, una que aprendiste de tu madre pero que con el tiempo se ha ido perdiendo gracias a la universidad y las salidas con amigas los fines de semana, pero cada vez que puedes y te sientes cómoda lo haces.
Sacas tu cepillo para el pelo de cerdas suaves y naturales que encontraste barato en la feria, te peinas sin apuros, cuidas tu piel con cremas y tocas cada una de las telas que te regaló tu abuela unos días antes de fallecer, estaban dentro de una caja de madera con un símbolo de gato muy elegante. Cada que tocaba esas telas recordabas a tu abuela y su tierna voz que usaba al hablarte, aunque ya habían pasado meses desde que dejó este mundo el dolor no se iba del todo, sabías que ese dolor estaría ahí por siempre.
Esta noche seguiste esa rutina pero esta vez ese gato te llamó la atención, ¿siempre fue así de llamativo? Era curioso ya que nunca habías mirado con detenimiento a ese gato dorado tallado en la caja, en dos trozos de tela de seda habían gatos bordados; uno de color grisáceo en la seda azul y otro casi todo blanco con manchas amarillas en la seda roja. Eran tus favoritas sin dudarlo, únicas y con textura casi que te derretía al tocarlo.
Al terminar con todo y guardar muy bien la caja te acostaste a quedar profundamente dormida, es muy difícil que tengas sueños pero cuando sucede suelen ser sobre tu abuela y tú charlando como cuando eras una niña. Esta noche fue una excepción.
Estabas sentada fuera de una librería que queda cerca del centro de la cuidad, toda tu atención se dirije a un gato gris que te maúlla desde frente de la calle, ¿Ese gato no es el mismo de la tela? inmediatamente quisiste acercarte a él para ver qué es lo que quería pero cuando das unos cuantos pasos esta criatura comienza a caminar como si quisiera ser perseguida, no dudaste en hacerle caso. Mientras lo seguías te diste cuenta que traía un collar del mismo color que ese pedazo de tela de tu abuela, debía ser una señal del universo, o simplemente te estás volviendo loca y es un sueño muy extraño común en la gente.
Te das cuenta que estás a la entrada de la feria artesanal que se realizaban todos los miércoles, todas las semanas sin falta estabas ahí para ver qué tesoro encontrabas. El gato se dio cuenta que no le tomabas atención así que se frotó contra tu pierna, quisiste acariciarlo pero este te dio una mordida en la mano y corrió dentro de esta feria, no querías perder a tu guía así que corriste tras de él, pero fue en vano. Cuando te paras a plantear sobre qué es lo que acaba de pasar una señora de muy avanzada edad te llama tu atención.
- No debiste querer tocarlo, solo él puede tocarte cuando quiere.
No estabas entendiendo nada así que ladeaste tu cabeza para más información pero la anciana sólo puso los ojos en blanco y te dio la espalda para quedarse mirando fijamente un cuadro de un gato casi completamente blanco si no fuera por sus manchas rubias.
- Hey, ese es el otro gato bordado, es muy bonito. Lo quiero cuidar se ve bastante cariñoso e inocente.
- Es más que bonito o el simple gato bordado.- Tu nombre sale de su boca de forma lenta y clara, casi como si quisiera que te des cuenta que ella te conoce. - ¿No tienes curiosidad?- Repentinamente se da vuelta a mirarte directamente a los ojos para bajar la mirada lentamente hasta su mesa llena de anillos y cadenas, algunos hilos y agujas que no pintan nada en medio de tanta joyería bonita pero estaban puestas como si fuera alguno importante o que se vende bastante, estaba bien instalada en esa larga y concurrida feria. - Vuelve, me lo pidió tu abuela, dice que ya es momento que tu vida tenga la felicidad que mereces.
- Espere, ¿conoce a mi abuela? ¿Es amiga suya? ¿Es usted un fantasma? ¿Puede decirle algunas cosas que no pude decirle?
- Niña, basta eres molesta. - Suspira fuertemente intentando mantener la calma. Ni siquiera has hablado tanto para molestarla así, debe estar pasándola mal. - Tu abuela ya sabe todo lo que quieres que sepa, no hay necesidad que le diga. Hoy es miércoles así que tendrás que venir temprano apenas despiertes, tus clases son en la tarde, no hay excusas.- La anciana se inclina sobre su mesón y te toma la mano, ve con cuidado tu herida hecha por el gato.- Bien hecho Dori.- Y sin ningún aviso presiona la herida en tus dedos haciéndote gritar del dolor.
Abres los ojos con lágrimas y un fuerte dolor en los dedos. Se sintió todo tan real. Tus mejillas y orejas estaban empapadas gracias a las palabras de esa señora, sentiste que en serio tu abuela escuchaba cada cosa que le decías en tu mente antes de dormir mientras veías su caja.
Cuando te diste cuenta de lo que estabas haciendo ya estabas en la entrada de la misma feria de tus sueños, se veía todo muy igual, estaba vez tus piernas temblaban de ansiedad y nerviosismo.
Buscaste por todas partes a esa señora y su puesto pero no la lograste ubicar, con tus esperanzas en el suelo decidiste una vez más caminar por todos esos puestos cuando en cierto punto tus dedos comenzaron a doler demasiado, no habían herida abierta pero se sentía como si incluso sagraran. Mirando a tu alrededor no encontrabas a la anciana ni a su puesto pero podías sentir que esa era una clara señal de que estabas cerca o al menos de que lo encontraste. Cuando repentinamente ves una cola amarilla y rayada debajo de un mesón, tu vista inmediatamente tomó atención a lo que este puesto estaba vendiendo y te diste cuenta que era uno lleno de hilos y agujas, pero tu atención se concentró en una sola cosa.
Era de esos negros tan profundos que casi no reflejaba luz en ella, su textura parecía ser de una seda de buena calidad y tenía un bordado especial. El gato dorado estaba en esa tela brillando, era el mismo símbolo de gato que estaba en la caja de tu abuela, pero este trozo de tela pareciera haber sido cortado ya que era más chico comparado a los otros dos que tenías en casa, sin embargo el ex dueño de esa pieza parece haber cocido muy bien las terminaciones porque casi no se notaba haber sido dividido.
Dudaste unos segundos en tocarlo ya que no se encontraba la persona a cargo del puesto, pero tu curiosidad te ganó y no solo tocaste ese trozo, sino que el olor que desprendía era muy fuerte y agradable, ¿cómo no lo sentiste desde donde estabas parada?
De la nada un niño de pelo oscuro se asoma por debajo del mesón, te sorprende tanto que retrocedes y ahogas un grito. -Niño no deberías asustar así a la gente, imagínate que tengo un problema a al corazón y me muero acá mismo.
- Señora tiene razón, ya parece tener edad como para tener ese tipo de problemas a la salud.
- ¿Disculpa? Oye no-
Fuiste interrumpida por las manos de ese mocoso arrebatando la seda de tus manos. - Debes pagar antes de tocar así las cosas.
- Perdón creí que debía asegurarme del buen estado de las cosas antes de comprarlas. Pero ya lo hice así que, ¿cuánto cuesta?
-Para ti sería 20 dólares.
- Oye, prefiero hablar con el adulto encargado de este lugar.
- Karen, me lo designaron a mí así que o pagas o te largas que espantas a los clientes.
Suspiraste pesadamente antes de pagarle a ese crío, que mala educación les dan a estos niños de hoy.- Gracias, mocoso.
Te das vuelta para regresar a tu casa y así poder preparate a tus clases pero una voz diferente a la del niño suena detrás de ti.- No fue nada, linda.- Extrañada giras sobre tus pies para darte cuenta que solo el niño de antes te estaba mirando con una sonrisa. Eso sorprendentemente no es lo más extraño que te ha ocurrido hoy.
Al llegar a casa dejaste la tela sobre tu escritorio para que en la noche al hacer tu rutina nocturna la guardes como corresponde, tu día transcurrió normal pero el sueño te empezó a ganar antes de lo común, para cuando ya estabas terminando tu cena tus ojos se cerraban solos por lo que al llegar a tu habitación solo pudiste poner a duras penas tu pijama y acostarte cómodamente, solo recuerdas que lo últimp que sentiste tes de caer en el sueño fue el olor de ese trozo de tela negro.
