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Cheer up! [Eremin AU]

Summary:

Armin se convierte en jugador de rugby luego de haber sido intimidado en la escuela, toda su vida gira entorno al deporte y su ingreso a la universidad, hasta que Eren Yeager aparece en uno de los juegos.

Chapter 1: Cheer up, Armin!

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Armin creció siendo molestado por los niños a su alrededor, por supuesto que no existía una verdadera buena razón para ello, no más allá de que era la presa más fácil, y estos sabían perfectamente que no intentaría delatarlos ante nadie. Era huérfano, sus padres murieron en uno de sus viajes por trabajo, así que ahora vivía solo con su abuelo. Aunque solo tenía nueve años, era consciente de que no podía llenar de preocupaciones a su pobre abuelo, así que escondía lo mejor que podía todos sus problemas en la escuela.

El tiempo pasó, los otros niños seguían burlándose de él y obligándolo a hacer sus recados, cuando cumplió once años se quedó a mitad de camino entre la escuela y su casa, pensando que ya no quería pasar por esto.

¿Cómo podía cambiar su situación? Los otros eran más grandes, Armin seguía siendo escuálido y bajito, además de tener nula experiencia con la experiencia. Ellos lo tenían más como esclavo que como saco de boxeo, pero ya habían dejado en claro que si tentaba a su paciencia, no dudarían en golpearlo en grupo.

Ese día se escondió en la gradería del campo de fútbol durante el receso, porque decidió que dejaría de gastar dinero en ellos, y también que todavía no podía decírselo a la cara, no sin terminar en la enfermería después. Los vio a lo lejos, mirando hacia todas partes, seguro buscando a su chico de los recados.

Los siguientes días, podía sentir las miradas de sus acosadores en todas las clases, pero estos nunca hicieron algo frente a los maestros para no ponerse en evidencia. Sabía que tarde o temprano tendría que enfrentarlos, y todavía no era capaz de reunir toda la valentía necesaria para plantarse y decirles que era hora de parar.

Era viernes por la tarde, la clase de educación física había terminado, y con ella la semana escolar llegó a su fin. Armin estaba sudado, con los músculos entumecidos, y solo deseaba llegar a casa para poder tomar una ducha e ir a dormir.

Lo interceptaron en el vestidor. El pánico se apoderó de su cuerpo de inmediato.

— ¿Quién te crees para ignorarnos todo este tiempo?

Quien hacía de líder se le acercó, era una cabeza y media más alto, su construcción física también lo superaba. Armin solo pudo mirar hacia el pecho de su compañero, sin atreverse a levantar la cabeza.

—Ayer extrañé mis pasteles de calabaza, sabes. Cuando me volteé para pedirte que me los trajeras, no estabas ahí —le decía, mientras iba acercándose, y Armin solo podía retroceder con antelación al posible golpe que le esperaba—. Fue muy frustrante.

—Yo... Ya no puedo seguir comprándoles comida —intenta vencer al miedo, pero su voz sigue sonando vacilante.

— ¡¿Ah?! —Pega un salto ante el grito.

—Mi abuelo me da el dinero suficiente para mi almuerzo, pero si sigo gastando todo en ustedes no queda nada para mí.

La mano posada en su hombro provocó que se callara de inmediato, esta parecía imponer más fuerza en el apretón cada vez.

—No te veía tan egoísta, Arlet, ¿cómo reaccionaría tu abuelo si le contamos sobre esto?

—Tal vez se muere de un infarto —Otro de los chicos del séquito se atreve a hablar, solo para reír con malicia—. Así se queda solo de una vez.

Que una frase involucre a su abuelo y a una próxima muerte era demasiado para Armin, el miedo se mezcló con tristeza y enojo, empujó la mano en su hombro con violencia, pero antes de poder enfocar sus ojos en el idiota que habló, una cachetada llegó primero. La piel en la mejilla del rubio se sentía caliente.

—No quiero seguir sirviéndoles —vuelve a hablar, a pesar de que eso implicaría más que solo una cachetada—. Estamos grandes, pueden comprar su propia comida.

Lo había visto en películas, y algunos vídeos de internet, si adopta una posición escondiendo sus partes vitales, solo tendría unos moretones en lugares que podría esconder con ropa. Solo debía asegurarse de cubrir su rostro, suficiente con la cachetada.

Mientras ellos se acercaban con las manos hechas puños, se hizo un ovillo en el suelo del vestidor, rogando que se cansaran rápido.

Alguien más gritó luego de un par de minutos, pero para Armin había parecido una eternidad. No era del grupo que lo apaleaba, era extraño, provenía de la puerta.

— ¿Qué creen que están haciendo? ¡¿Acaso ustedes piensan limpiar la maldita sangre del suelo?!

Un hombre delgado, con traje de conserje y una escoba en la mano los miraba con disgusto. Era pequeño, no mucho más alto que ellos, pero de todas formas desprendía un aura que los obligó a separarse de Armin. Incluso este tembló un poco en su posición.

—Más vale que se vayan antes de que saque la mierda de sus traseros con mi escoba —La levantó, sonando demasiado serio para que sea una simple amenaza.

Una vez el grupo de chicos se retiró, Armin notó que además de sentir el sabor de su sangre en la boca, también tenía lágrimas en las mejillas. Volvió a bajar la cabeza cuando el conserje lo miró fijo.

—No simplemente dejes que te golpeen, se les hará costumbre, y a ti también —regaña, pero su voz no suena tan severa como cuando se dirigió a los otros—. No pareces un idiota con mierda en la cabeza, la próxima vez huye si no puedes defenderte.

La vergüenza se apodera del cuerpo del niño, quien se sorbe la nariz apretando los puños contra el suelo. Ese hombre tenía razón, debió correr, se entregó como si nada a los golpes. Fue tan idiota.

—Ahh, desagradable. Vete de una vez, a menos de que vayas a limpiar tu desastre de mocos por ti mismo.

Bueno, para sorpresa del conserje, Armin se quedó a ayudarlo a limpiar. No pasó por alto los pequeños gestos de dolor al moverse brusco, después de todo acababa de recibir una paliza, pero de todas formas decidió quedarse. Encontró eso en parte noble, y en parte estúpido.

—Lamento haber causado problemas, señor Ackerman.

El otro chasquea la lengua —Vete a casa, niño.

Mientras veía al rubio irse medio cojeando, sujetando uno de sus brazos contra su cuerpo, Levi sintió el enojo llenar su ser. Había escuchado parte de lo que esos chicos le decían mientras lo golpeaban, y era obvio que Armin nunca mencionó algo al respecto a sus profesores, ni a su familia.

A la mierda, no pudo estamparles la escoba en los traseros de esos mocosos de mierda, pero todavía podía mencionar algo al respecto con el director Smith.

Miró la cámara frente a los vestuarios y sonrió un poco.

Que Armin había sido acosado por ese grupo de idiotas era un hecho, un equipo de profesores y coordinadores llevaron a cabo la investigación; los propios compañeros confesaron notar esa relación abusiva, no eran amigos de Armin como intentaban mostrar, pero nunca dijeron algo porque daban miedo. El director se disculpó personalmente con Armin y su abuelo sobre lo sucedido, estos claramente tuvieron una seria conversación respecto a esconder cosas de tal magnitud.

—Ya no quiero ser débil, abuelo —le confesó esa noche, mientras estaban sentados en el sofá, frente a la televisión encendida con el volumen más bajo. Ambos estaban llorando un poco—. No quiero ser una carga para los demás, si el señor Ackerman no me hubiera casi obligado a hablar, seguro todo habría seguido igual.

—No eres una carga, mi niño. Te cuido porque te amo, y el señor Ackerman te ayudó porque quiso, porque consideró que lo necesitabas —Puso una de sus manos en el hombro de su nieto, con la tristeza desgarrándole el alma al pensar en todo lo que había pasado y no lo notó—. Tampoco eres débil, soportaste tanto para no preocupar a tu viejo abuelo, ¿no es así? Claro que podrías ser más fuerte, pero todavía eres un niño, te queda mucho tiempo para ello.

Siguiendo las recomendaciones de la escuela, Armin comenzó a ir con una psicóloga, quien fue de gran ayuda para recoger su pobre autoestima desparramada en el suelo, tras tanta humillación. Esta lo animó a buscar un pasatiempo, aunque ya se dedicaba a leer libros con mucho gusto, tal vez algo más ya que repetía una y otra vez que no quería seguir siendo débil.

Que haya elegido meterse al equipo de rugby puso a todos en guardia; de todos los deportes existentes, no esperaban que eligiera ese. Pero Armin se había quedado tercamente con la idea de que tenía que ser más fuerte, más grande, y la imagen de los jugadores de rugby iban con su imaginación al respecto.

¿Y si encontraba con tipos de la misma calaña? Ese era el temor de su abuelo cuando se acercaron el primer día, buscando al entrenador Shadis, el director Smith había hablado con él para que considerara entrenar a Armin. Le informó que estaría en el equipo de novatos, y que tendría que esforzarse en trabajar su cuerpo para que fuera apto para el rugby, y el rubio solo aceptó todo con emoción.

Estaba tan dispuesto a añadir esto a su nueva rutina, que nadie tenía el corazón para decirle que no.

Una sensación de incertidumbre llenó el estómago del señor Arlet cuando un chico más grande se acercó a Armin. Su cabello era dorado, con una contextura musculosa, pero tenía una expresión amable; esperaba que realmente fuera así.

— ¡Hola! ¿Eres nuevo? Soy Zeke, ayudo al entrenador con los nuevos.

Al inicio tímido, Armin se presentó y permitió que el mayor lo ayudara a calentar, escuchando atento a sus explicaciones con respecto al juego. Zeke no se burló cuando le dijo que le gustaría tomar notas, solo esperó paciente a buscara su cuaderno, y ambos se sentaron a un lado durante un buen rato, solo hablando.

Armin no sabía que hacer amigos era tan fácil, una vez logró hacerse con uno, decidió que no quería detenerse allí.

Reiner y Berthold fueron los siguientes, un par que parecían ser mucho mayores que el rubio, pero en realidad tenían su edad. No tardaron en volverse buenos amigos, entrenando seguido, ayudando al inexperto Arlet a pulir sus habilidades.

Seis años después, estaban en su último año de preparatoria, buscando y eligiendo universidades, teniendo pocos juegos en su lista antes de lanzarse a la liga universitaria. Armin estaba mucho más alto, su yo escuálido y retraído quedó atrás, ahora era un carismático chico estrella, con muchas propuestas de distintas universidades para recibir una beca deportiva. Sus amigos lo tachan de rompecorazones, por haber rechazado a unas cuantas personas, pero es que por dentro, a veces, sigue siendo muy temeroso para lanzarse.

Tuvo dos parejas durante el colegio, lindas relaciones, solo que muy cortas, Armin se enfocaba más en su carrera deportiva y sus perfectas notas del colegio. Realmente, no existía nada más en este mundo, ni siquiera era consciente de su alrededor la mayoría del tiempo. En especial los últimos tiempos, que solo pensaba en dónde ir a estudiar sin abandonar a su abuelo.

Y entonces, por alguna razón, se encontró ignorando su propio mundo por estar mirando a alguien al otro lado de la cancha. Traía una falda con los colores del equipo, con un short oscuro y apretado debajo; el top con el nombre del colegio impreso dejaba a la vista su abdomen con piel que parecía ser dorada. Era un cuerpo muy atlético, y en conjunto con sus cejas gruesas y ojos intimidantes, lograron capturar a Armin lo suficiente como para que fuera tacleado en pleno calentamiento.

Su espalda golpeó el suelo, escuchó a Reiner reírse sobre él, burlándose por haberse embobado con el chico animador. Ni siquiera tuvo tiempo para ser consciente de su cara caliente y roja, tenía que sacarse de la cabeza al chico y enfocarse en el juego.

De todas formas sus ojos, traicioneros, se dirigieron a este de vez en cuando. ¿Desde cuándo estaba allí? ¿Todo este tiempo ha formado parte de las animadoras en cada juego? ¿Cómo no lo había visto antes?

Cuando se tropezó en el entretiempo por estar dedicándole otra mirada, podría jurar que el chico sonrió complacido.

Notes:

El plan es que sean tres partes lol Ojalá termine la tercera pronto, ya tengo la segunda hecha uwu
Sé que es un cliché, pero vi un fanart con la esta temática y me encantó.