Work Text:
“Chifuyu… supongo que…todavía debe estar pensando en Baji”
Las palabras se repetían su cabeza, como si fuese un disco rallado que no tuviera solución y lo peor de todo es que le dolía porque podía perfectamente escuchar la voz de Mikey en vez de la de Takemichi.
Había ido a la reunión con total emoción y entusiasmo, quería ver a sus amigos y poder sentirse feliz un rato junto a ellos, tal como en los viejos tiempos, e incluso aunque faltaran personas, las podía sentir a su alrededor. Fue por eso que cuando la carta fue leída en voz alta, lo que podía escuchar era únicamente a Mikey dando los clásicos discursos que solía dar.
Habría esperado que dijera cualquier cosa sobre él. Sobre que era un fiel seguidor, un demente, o quizá que ni lo nombrara porque no era de eso la carta, pero el corazón se le cayó en pedazos cuando su nombre apareció a tan solo unas palabras de diferencias con el de Baji.
Pero, ¿dónde estaba la mentira?
Incluso mientras caminaba a paso pesado su mente y su corazón estaban junto a Keisuke. A veces podía sentir que le llamaba desde el más allá. Que le hablaba. Que estaba a su lado y lo guiaba.
Y claro, lo guió hasta su tumba.
Se posicionó junto a la lápida. Mirándola como si fuera la primera vez que la veía en toda la semana aunque eso era una gran mentira. Y sería otra mentira más si dijera que no sabía porqué estaba ahí en esa ocasión.
Después de dudar por unos segundos se inclinó hasta la parte que tenía tierra. Nadie nunca intentaría hacer eso en un cementerio porque claramente se vería mal, lo más probable es que cualquiera que lo viera pensaría que estaba intentando desenterrar sus huesos o quizá una clase de droga, pero no era ninguna de ella. Lo que sacó de la tierra fue una pequeña caja, apenas lo suficientemente grande para que se metieran sólo unas cuantas cosas dentro.
No dudó en abrirla, siento recibido por una foto de Baji en plena juventud que le hizo sonreír de forma leve, quizá porque él estaba sonriendo y siempre lograba contagiarlo.
No había más que sólo dos cosas en la caja y una de ellas era la foto. La otra era una carta.
— Espero no hayas pensado que te dejé afuera de la actividad, eh. —Murmuró a la nada. — Yo también quería hacer una caja del tiempo contigo, quiero creer que dejaste también una carta aunque no haya podido verla.
Se acomodó frente a la tumba, poniendo su espalda recta como si estuviera a punto de dar un discurso importante.
— Más te vale escucharme, ¿entiendes?
Sabía que no iba a tener una respuesta, por lo que simplemente carraspeo, abriendo el sobre en donde escondía un par de hojas que con cuidado desdobló por lo viejo que se notaba el papel.
Su letra era algo caótica, pero entendía lo suficiente como para empezar a leer.
“Querido yo del futuro:
La verdad es que escribo esto con la esperanza de no volver a leerlo, porque eso significa que nuevamente estoy volviendo a ti y no puedo dejarte ir. Si el contenido de esta carta se queda en el olvido significa que finalmente dejé de pensar en ti y asumo eso como una victoria para mí.
Ahora, si estoy leyendo esto… significa que no he avanzado mucho.
La primera parte va a ser para mi yo del futuro. Para el Matsuno de doce años desde hoy.
¿Cómo estás? ¿Cómo están yendo las cosas ahora que ya no hay un Toman? ¿Estás perdido o encontraste algo que te haga lo suficientemente feliz?
Sinceramente estoy asustado de lo que me vaya a encontrar en un futuro porque ahora que supuestamente Takemichi se fue no tengo seguridad alguna que estaré todavía en un futuro.
No te sientas mal si estás leyendo esto, por favor, actualmente no me veo dejando ir a Baji y asumo que tú sientes lo mismo y eso no es malo, ¿sabes? Después de todo, lo que llegamos a sentir fue intenso.
Pero si lees esto únicamente para tener alguna clase de cierre, me alegro por ti.
Quiero pensar en varias opciones posible, no voy a encasillarme con un futuro porque eso se va construyendo a medida que vaya creciendo. Me hubiera gustado que Baji creciera junto a nosotros.
Yo del futuro. ¿Lo sigues extrañando como yo? ¿Sigue doliendo?
Quiero preguntarte muchas cosas pero tengo demasiado miedo de saber las respuestas.
Todavía hay noches en las que cierro los ojos y veo a Baji muriendo en mis brazos. Lo veo recostado en mí y sonriendo. Lo escucho. Lo veo. Y… lloro. Cuando nadie me está viendo lloro a su recuerdo. Lloro porque lo extraño tanto que parece que nunca voy a dejar de sentirme herido por algo que nunca fue su culpa.
Lo seguí por tantos años que ahora que no tengo a mi capitán, ¿qué soy?
Aunque claro, a él no le gustaría eso. Y tampoco me gustaría que lo sepa, de seguro frente a él me haría el fuerte porque no me gustaba preocuparlo o que me considerara débil. Siempre quise demostrarle que era el más fuerte de todos y que podía confiar en mí por eso.
Por eso digo… si no vuelves a leerme, es bueno. Y si vuelves, es entendible.
Ahora.
Baji Keisuke.
Incluso cuando apenas pasó un tiempo de tu muerte sigo pensando en ti. Siento que me escuchas y me lees a pesar de que no estés directamente a mi lado, o quizá es lo que quiero pensar porque una parte mía se rehúse a dejarte ir así como así.
No sé lo que sienta mi yo del futuro con respecto a ti, pero yo todavía te sigo queriendo…
Bueno.
Te sigo amando.
Y te sigo recordando, y no sólo tu muerte. Que hayas muerto en mis brazos sí es algo que se me repite constantemente, pero no es lo único que mantengo conmigo.
Mantengo conmigo las carreras que nosotros dos solíamos hacer cuando nadie más nos veía. Los secretos que nos contamos cuando creíamos que no nos escuchaban y las miradas que nos dábamos y que sinceramente me hacían sentir la persona más feliz del mundo.
Los últimos meses no fueron para nada fáciles, hasta diría que un poco confusos. Pero yo no hago referencia a la historia que fue escrita hace poco, sino a la nuestra que está oculta y enterrada en nuestros corazones.
Nuestra historia, llena de risas y de lágrimas. De peleas y de reconciliaciones. De abrazos y de besos que se robaron mis últimos pensamientos y mis ganas de amar a alguien más.
La verdad es que dudo que vuelva a amar a alguien porque cada vez que siento un poco de felicidad, aunque sea mínima, mi corazón se va contigo. Cuando sonrío una parte de mí lo hace por ti.
Es raro, supongo. Debe ser porque no conocí la felicidad hasta que me encontré contigo de casualidad.
Toda mi vida fue una lucha de apariencias, y lo primero que tú me enseñaste fue que no debía dejarme llevar por ellas. Y lo segundo, fue a sonreír de verdad.
Cuando se trataba de ti todo era simple, a pesar de las apariencias que intentaba obtener siempre terminaba siendo yo mismo bajo tu mando y me quejaría de ello, pero sé que fue lo que más me unió a ti.
Me gustaba creer que nadie sabía lo nuestro y que nadie se daba cuenta de las veces que mi mano se rozaba con la tuya y las peleas tuyas se hacían mías. Quería creer que todos eran tan ciegos como fantaseaba. Pero por la forma en que todos me cuidan tan a fondo cuando se trata de nombrarte me hace darme cuenta de que todos saben lo que significas.
Si hubiera sido yo el que hubiera muerto… ¿habrían hecho lo mismo por ti?
¿Habrías hecho estas mismas cosas por mí? Prefiero no saber, aunque los dos sabemos que si hubiera tenido que ser yo en vez de ti el que debía morir, no lo habría dudado ni dos segundos.
No quería una vida a tu lado eternamente. Sólo te quería a ti vivo.
A veces me dejo fantasear. Me gusta imaginarme en un futuro donde las cosas habrían salido bien y hubieras tenido de ver todo lo que Toman se convirtió, me hubiera encantado hablarte sobre las nuevas cosas que hice en estos últimos días y a veces pienso que seguramente en 12 años también querría decírtelo.
Me gustaría que tú también me contaras cosas.
Sé que hago muchas preguntas, pero entiende que soy un adolescente lleno de interrogaciones todavía…
¿Me extrañas? ¿Piensas en mí? No quiero preguntarte por Toman porque estoy seguro de que a ellos siempre los vas a llevar donde sea que estés. Pero yo no era del todo tu amigo. No te conocía hace tantos años y tampoco estuve a tu lado todo el tiempo, así que, ¿me quieres aún? Dime, ¿me abrazarías una vez más?
Yo aún te quiero, y aunque mi yo del futuro no lo haga, yo no lo dejaré de hacer. Mi corazón se quedó contigo. Cuídalo.
Voy a terminar aquí porque no tengo más que decir. Esto es como un saludo antes de continuar con las cosas que debo hacer. Y si estás por ahí, visítame algún día, te prometo que no voy a echarte.
Dejo una foto tuya porque no quiero olvidarte, espero no te moleste.
¡Nos vemos!
Con amor, Chifuyu.”
Terminó de leer la carta con un poco más de dificultad que le hubiera gustado admitir. Decir esas cosas en voz alta habiendo pasado tantos años desde que las escribió se sentía extraño, pero a pesar de que había olvidado la mayoría de ellos, no se sentía mal.
No supo qué hacer por unos segundos. Toda la energía que acumuló durante el día se le fue quitada en menos de diez minutos y lo único que podía sentir realmente eran las lágrimas bajar por sus mejillas.
Pero aún así, sonrió.
Sonrió como lo hacía cuando Baji estaba a su lado. Y lo estaba, o al menos lo estaba su tumba.
— Qué ingenuo mi yo del pasado si cree que doce años eran lo que necesitaba para recuperar el corazón que te di, ¿sabes? —Habló en voz alta. — No importa lo que escuchaste antes, Keisuke, no importan las dudas o las probabilidades, porque yo sigo queriéndote a pesar de que no estés.
Estaba acostumbrándose a hablar solo, y era claro que lo haría sabiendo que mínimo una vez por semana se encontraba en ese lugar, hablando de los avances y de los problemas que tenía. A pesar de la falta de respuesta, podía sentir la compañía que necesitaba y era lo único que podía pedir.
Pero en ese día en específico decidió callarse, sólo quería disfrutar del silencio por unos minutos mientras que pensaba en todo lo que había pasado durante sus últimos años de vida.
No supo cuánto rato estuvo sentado ahí, aunque en cierto punto tuvo una clase de deja vú donde él y Baji se sentaban a las afuera de su edificio, mirando a las personas pasar y creyendo estar disfrutando, pero siempre alertas por si algo pasaba. Nunca tuvieron una verdadera paz, y quizá eso fue lo que más disfrutó Chifuyu de los pocos minutos que estuvo al lado de la tumba antes de levantarse.
— Será mejor que me vaya, pero volveré pronto.
No se tomaba el tiempo de decir grandes despedidas, se rehusaba a ello si sabía que iba a volver.
— Nos vemos, Baji.
Era lo único que tenía que decir mientras caminaba en dirección a la salida, pasando por entremedio de las lápidas que solía rezarles para que cuidaran a su ser amado.
Quería pensar que todo lo había hecho para bien.
Una brisa le llegó justo cuando estaba saliendo del cementerio, y sonrió porque se sintió exactamente de la misma forma que lo hacían los besos de Keisuke en su nuca cuando estaban lo suficientemente enfrascados en su propio mundo.
— Nos vemos, Chifuyu.
Se despidió Baji desde la entrada del cementerio, sabiendo que no iba a pasar mucho tiempo antes de que volviera a verlo.
Y aunque a veces se sentía culpable porque tampoco era capaz de devolverle su corazón, otra parte le decía que estaba feliz de saber que seguía yendo a verlo.
Si tan sólo pudiera hablarle una última vez. Si pudiera verlo una más. O si él pudiera notar su presencia le diría las últimas palabras que no logró salir en aquel día de su muerte.
— Yo te amo.
