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—¿Y qué crees que dirán los peces debajo del agua? —la pregunta de Jimin lo sacó de sus pensamientos, pero Jungkook continuó haciendo flexiones al tiempo que le daba vueltas a su pregunta.
—No lo sé —respondió.
Su voz salía ya entrecortada por el esfuerzo después de varias series en las que su descanso se limitaba a mantenerse veinte segundos en plancha. El sudor comenzaba a recorrerle la espalda por debajo de la camiseta y sobre la frente, resbalando hasta casi llegar a la punta de su nariz.
—¿Crees que tendrán idiomas diferentes como nosotros? —preguntó después—. ¿O crees que estarán demasiado ocupados intentando que no se los coman?
—Pero entonces tendrían alguna señal, ¿no? Para escapar —intentó explicarse—. Además, si los pequeños están ocupados intentando que no se los coman… Los grandes no tendrían ese problema.
—A los grandes los pescan…
La frase de Jimin llegó a sus oídos con un tono triste que no se esperaba.
Hacía apenas un par de meses que Jimin ya no comía ningún tipo de carne o pescado, y pocos días antes pensaba incluso en dejar de comer otros derivados. Kook, Tae y Namjoon lo habían animado a ello desde que Jimin les comentó su preocupación y sus intención de adoptar el veganismo como forma de vida, no solo a la hora de comer.
“Es una forma de vivir tan buena como cualquier otra” le había animado Namjoon.
“De hecho es mejor, porque es lo que te hace feliz a ti” Tae, como siempre, animaba a Jimin a hacer todo lo que lo hiciese feliz, y el resto de los compañeros de piso lo habían animado a que, si era lo que de verdad quería hacer que, al menos, lo intentase.
Todos en aquella casa sabían que a Jimin le encantaban los animales, y que detestaba hacerles cualquier daño al punto incluso de tener que ayudarlo a pagar el veterinario de los dos gatos que rescató de la calle a principios de año, y que ahora rondaban por el piso molestando al gato de Yoongi.
Después de los últimos veinte segundos retomó la última tanda de quince flexiones, y conforme el rostro de Jimin se acercaba al suyo cada vez que bajaba, Jungkook podía atisbar un sonrojo bajo sus ojos que Jimin llevaba un rato intentando contener.
—¿Y qué idioma crees que hablan? Porque estoy seguro de que no nos han oído hablar nunca —volvió a hablar Jimin después, debajo de él.
Kook pudo sentir cómo cambiaba sus piernas de posición, intentando no molestarlo pero sin poder evitar buscar el roce entre ellos. La tela de los pantalones de Jimin le llegó a hacer cosquillas sobre la piel de sus muslos.
—Supongo que cada especie tendrá su propio idioma, ¿no crees? —preguntó.
A veces Jungkook bajaba tanto que podía sentir cómo la respiración de Jimin se volvía nerviosa por la cercanía entre ambos. Aquel simple gesto hacía que sintiese las mariposas revolotear en su estómago una y otra vez.
No estaba seguro de en qué momento Jimin decidió que era buena idea ponerse debajo de él cada vez que tenía que hacer ejercicio. Probablemente mucho después de comenzar a pedirle que le pusiese un poco de peso sobre la espalda para complicar sus flexiones y averiguar hasta dónde daba la fuerza de sus brazos.
A Jungkook le había costado un tiempo que no supusiese demasiada distracción que su novio se pusiese debajo de él poniendo caras raras o incluso haciéndole cosquillas para ver hasta qué punto aguantaba.
A veces incluso acariciando sus brazos con las manos hasta que estas llegaban a su rostro y repasaban sus labios en busca de un beso que Jungkook no podía resistirse a darle.
—¿Crees que habrá alguna que sea elitista? Igual que hacen con los pobres delfines en cada película de animación —la voz de Jimin se volvía más o menos nerviosa dependiendo de la pregunta y de la cercanía de Kook entre subida y bajada.
—Me sabe mal por ellos. Solo porque son los preferidos de mucha gente…
—Sí. Ya los ponen como los preferidos del profe. Como si fuesen a creerse mejor que los demás —Jimin se encogió un poco sobre sí mismo, y Kook volvió a sentir el roce de sus pantalones sobre su piel.
—Como si eso fuese a pasar. Estoy seguro de que los humanos somos los únicos que nos creemos mejores que los demás.
—Los humanos y el gato de Yoongi.
—Pero bueno, eso ha sido desde siempre… Ese gato va a su rollo.
—Como Yoongi. Seguro que aprendió de él —en el fondo del salón, Yoongi les chistó para que se callasen antes de salir del salón en dirección a la cocina vajilla en mano, lo que les sacó a ambos una risilla juguetona.
Hoseok todavía estaba en la mesa junto con Jin, terminando de comer antes de que cada uno volviese a su estudio, sin que nadie les hiciese caso a ellos dos y más centrados en las últimas noticias sobre un pequeño accidente de coche que había estado colapsando el acceso al centro durante toda la mañana. Por suerte, sin heridos.
—¿Y tú qué crees? —esa vez fue Jungkook quien preguntó.
El ceño de Jimin se arrugó ligeramente y sus labios se apretaron entre sí cuando intentó procesar la pregunta repentina y no la llegó a entender.
—¿Qué creo? ¿De qué? —contestó con otra pregunta.
—Qué cómo crees que hablan los peces —replicó en medio de una risilla que casi lo hace perder el equilibrio en una de sus manos.
Jimin se pensó la respuesta durante unos largos segundos. Su mirada se apartó de la de Jungkook, perdiéndose en una de las paredes e incluso se llevó una de las manos al mentón antes de volver a apretar los labios entre sí, igual que si fuese un pequeño patito. El pelo rubio de Jimin solo hizo la imagen mental mucho más real.
—Pues… —murmuró Jimin antes de intentar imitar el sonido de un montón de burbujas con los labios.
El gesto infantil y su risa se contagiaron rápidamente a Kook, consiguiendo que este perdiese el equilibrio y cayese sobre el cuerpo del mayor entre risas.
—Idiota que eres… —murmuró, todavía riendo, antes de rodear el cuerpo de Jimin con los brazos—. Eres un crío —lo picó un poco más—. Infantil. Uno aquí intentando
—Pero bueno, así me quieres —sonrió, buscando un beso con los ojos cerrados que pronto encontró, cuando Jungkook acercó su rostro sin dudar.
Las piernas que antes estaban en la separación de las de Kook en lo que este hacía flexiones (para evitar perder el equilibrio), ahora rebuscaban liberarse del peso del mayor para intentar rodearlo y pegarlo más hacia su cuerpo.
—Eso es cierto, patito —susurró Jungkook cuando cortó el beso. Su respiración y la contraria estaban un poco más
—Entonces no te quejes —Jimin apretó los labios una vez más e hinchó los mofletes.
—¿Cuándo me he quejado yo de algo que has hecho? —preguntó con una sonrisa. Jungkook pronto hizo fuerza con su cuerpo para que ambos terminasen tumbados de lado sobre el suelo y no dejar todo su peso sobre el cuerpo de Jimin.
También pasó su brazo bajo la cabeza de Jimin para que estuviese un poco más cómodo.
A Jimin no le importó la ligera capa de sudor que cubría cada centímetro de la piel de Kook cuando apoyó su cabeza sobre este.
—Me has llamado infantil.
—Eso no es quejarse.
—Pero… —torció un poco la mueca, hasta que se convirtió en un puchero.
—¿Quieres que lo retire? ¿Cómo voy a hacerlo si me miras con un puchero como ese?
—Pero soy el mayor.
—Eso no te hace menos infantil —sus ojos se cerraron y su rostro se acercó al contrario lo justo para dejarle un beso más íntimo que los anteriores. La mano que tenía libre recorriendo el cuerpo contrario desde la altura de la cadera hasta la cintura y vuelta hacia abajo, a veces caminando con los dedos. Que Jimin no dejase el puchero solo lo hizo sonreír más ampliamente, hasta que finalmente le ganó—. Está bien, patito. No eres infantil.
La sonrisa de Jimin al escuchar aquellas palabras casi cerró sus ojos, y Jungkook sintió cómo su corazón se derretía poco a poco al verlo a tan poca distancia.
—Deberíamos arreglarnos para ir a clase —dijo Jimin después, buscando la mano que Kook todavía tenía en su cadera y entrelazando sus dedos con los contrarios.
—Deberíamos.
Ambos pasaron un rato más en el suelo, hasta que Namjoon asomó la cabeza por la puerta del salón y avisó a todos de que si no se arreglaban pronto iban a llegar tarde a la universidad.
