Work Text:
Esto es tan aburrido. Oh, hasta que llegas. ¿Tienes idea de lo descortés que es dejar esperar a alguien? Grosero. Por un segundo creí que no tendrías las agallas necesarias. Me equivoqué. Quizás debí darte más crédito, ¿no? Ah, ya veo. Descuida. Todos actúan como tu. ¡Oh, no te avergüences! No eres el primero y, seguramente, no el último que tenga cara de tlacuache pateado. Sin ofender. A menos que prefieras algún otro animal o término. Ummm...delicado. En fin, tranquilo. Iremos un paso a la vez. ¿Te parece? No es fácil adaptarse a un cambio de esta magnitud. Hay algunos que les toma más tiempo. Y no es algo malo. Sino curioso. ¿Confundido? Es normal. Sería raro si no lo estuvieras.
Veamos, ¿que puedo hacer para facilitarte esto? Con algunos solo tuve que darles un poco de espacio. Oh, esos amantes de la soledad. No hay duda que eran ratones de biblioteca, la mayoría de ellos. Algunos tuve, literal, que recurrir a pinches diagramas. Incluso tuve que hacer dibujos. ¡Yo! ¿Te imaginas? ¿No? ¿Qué pasó? Yo también puedo ser alguien creativo. Pruebas. ¡¿Es enserio?! ¡Criatura de poca fe! Bien. Esto requiere medidas drásticas. Veamos. No he vivido milenios sin aprender un truco o dos. Y no creas que serás mi primer fracaso. ¡Juro por la madre de todos los quesos que lograre mi cometido! Créeme, no eres una causa perdida. ¿Que? Si, gran cosa. Todos cometen errores. No es nada de otro mundo. En fin, como te iba diciendo, cada quien tiene lo suyo. Lidian con esto a su manera. Yo solo...se podría decir que soy un especie de guía. Si, lo sé. ¡Oh, por dios! ¡Jajajaja! ¡Tu rostro! ¡Ojalá tuviera un espejo para mostrarte tu rostro! Jamás había visto una expresión tan épica como la tuya. ¡Eh! ¡Cálmate! Solo bromeaba contigo. Ya sabes, para romper el hielo y eso. Bueno, ya en serio, quizás una charla sea lo indicado contigo para que no pierdas la cordura. No es como si el riesgo que suceda sea de un sesenta por ciento si estas bajo mi guía...oh mierda, ¿lo dije en voz alta? ¿¡Ups!? Ni modo. Descuida. Te irá bien. Creo.
Ahora, recuerda que, viendo que estas aquí, ya sabes de lo que hablo, cualquiera puede llegar a perder sus bienes materiales, familia e incluso la propia vida, a causa de la gente o de la vida misma. Pero hay dos cosas que jamás te podrán quitar. Tus recuerdos y la esperanza. Así que aférrate a ambos porque, si no prestas atención, se irán borrando. Ya sabes, como los lentes o las ventanas cuando se empañan. Una verdadera lata. Por eso nunca te rindas con esos dos. Es lo mejor que puedes hacer en momentos de desconsuelo. Sigues sin creerme. Vaya novedad. Oh, no te hagas el chistoso. Reconozco el sarcasmo. Soy más viejo que el mundo. Sino fuera por mi terroncito, quien vendrá después, sería el más antiguo. Si, eso está mejor. Bien, no pasa nada. Te compartiré una historia de dos almas que se conocieron en la infancia. Obligados a crecer a paso veloz debido a una estúpida guerra, deseos inmundos. Separados por el destino y, llámalo suerte o desdicha, encontrándose una vez más en las faldas del abismo. Sino hubiera estado al pendiente de ese par habría dado por hecho que buscaban la muerte. No es como si esta fuera tan difícil de encontrar. Después de todo, siempre vigila.
¿Oh, que sucede? ¿Mucha información? No me hagas reír. Te aseguro que esto no es nada diferente con lo que sucede alrededor del mundo. Bueno, hablando de esta historia, déjenme contarles acerca de ellos. Quizás los conociste. ¿No? Esta bien. Ya lo harás. Al final, todos terminan en el mismo lugar. Claro, siempre y cuando hayas sido un “alma agradable”, en tu caso...seguro lo fuiste. ¿O tienes algo que ocultar? Descuida, solo bromeaba. Si, te falta más barrio chico. Por si no entendiste el término, a menos que si y solo me estás haciendo hablar de más, quiero decir que te falta añadir un poco de carácter. Es un alivio saber que no eres un niño mimado. De tan solo encontrarme a otro podría vomitar. Quizás. El último que tuve...era un felpudo. Tierno, si. Que si tenía buenas intenciones, quizás. Pero le faltaban pantalones y mucho barrio.
Hablando de barrio y eso, fue algo que nunca les faltó. Al menos al principio. Recuerdo que se conocieron durante el invierno. Ella se había perdido. La culpa la tuvo un gato negro. ¡Oh, cielos! No me veas a mi. No tuve nada que ver. Eh, un poco. Como sea. Desde ese momento fueron inseparables. Incluso se pusieron apodos. El de ella era menos empalagoso. “Melodía”, así o más cursi. ¿Que? Detesto la cursilería. Me quita el apetito. Te decía, parecían dos gotas de agua. Alegando que serían amigos por toda la eternidad. Claro. Amigos para siempre. Como no. Al menos eso se quejaba la joven al contemplar el lugar vacío de su “mejor amigo”. Solían venir al parque frente a su casa todos los días a las cinco de la tarde. Incluso cuando la guerra se volvió más cruda. Cuando uno debía hacer lo impensable. Si, habían reducido el tiempo que podían pasar fuera. No importaba.
Era la única manera de saber que estaban a salvo. No habían líneas telefónicas, fue lo primero en irse. No tenían radio, así que no era una opción. El temor de no saber del otro era mayor a estar bajo la mirada de la muerte. Tampoco es como si fueran temerarios. No, al contrario. Eran meticulosos. Nunca hacían algo sin ver todo el panorama. Sobre todo con las bombas, los disparos, los gritos, etcétera. Era un caos-no es que me queje de eso, al contrario. Amo el caos. Es como una parte de mi-completo. No fue hasta, el tercer mes, cuando se escucharon los rumores que cerrarían la ciudad hasta terminado el conflicto, que sucedió. No fue culpa del chico. Lo sabe. Su madre tomó la decisión por él. Tampoco le guardó rencor, la entiende. Juleka era una buena amiga, sino me equivoco, fue la primera amiga que tuvo. Mierda. Por esas razones los considero bebés. Chico, si la vida te jode, ¿qué haces? ¿Llorar? Oh, por favor. Te levantas y sigues con tu patética existencia. Aunque debo darle crédito a coletitas, siempre tenía una sonrisa en su rostro. Incluso cuando se desató el infierno. La guerra. Honestamente nunca entenderé eso de los humanos. ¿Que tiene de especial estarse matando a tiros? ¿Para que? ¿Tierras, dinero y falsas relaciones? ¡Oh, por todo los quesos! ¡Maduren de una vez!
En fin, sigamos con la historia. Tenían alrededor de doce cuando se separaron. Créeme. Aún me duelen los tímpanos de escuchar sus lloriqueos. Como sea. Seguí a ambos. Puedo asegurarte que a ninguno les fue bien. Si, él logró tener una mejor vida lejos de los cañones. Las balas perdías y el llanto lastimero a media noche. Básicamente tuvo una vida ordinaria. Aburrido. Prefiero el caos. Quizás por eso le preste más atención a coletas. Esa chica podría haber sido mi hija. Si pudiera concebir, ¿me entiendes? Detalles, detalles. La opinión de los demás me tiene sin cuidado. Te decía, coletas era como un imán del caos. Solo imagínalo. Su ciudad se vio envuelta en una guerra durante años. Casi ocho. Su hogar quedó hecho cenizas debido a los incendios causados por las bombas. Su padre murió de un disparo al corazón, todo por unos pocos suministros que consiguieron. Pasó tres noches llorando.
Ahora era su madre quien salía por las noches, esperando tener mejor oportunidad. Un año después perdió una pierna. Obligándola a quedarse en el sótano donde se refugiaban. Se vio obligada salir entre los escombros por comida o cualquier cosa que pudiera ser útil. Incluso llegó a robarle a otros, ¿que? ¿En serio piensas juzgarla? ¿Que harías si estuvieras en su lugar? Te lo pondré de esta manera. Has perdido a un padre. Tu madre está malherida, dejándote la responsa de traer suministros por la noche, ya que durante el día los soldados serán y mayor enemigo. Encuentras escombros por doquier. Cuerpos en diferentes grados de descomposición, revisas los que están en mejor estado, podrías encontrar algo de valor. Uno nunca sabe. A cualquier señal de peligro te escabulles en las sombras. En cuanto estas seguro continúas tu búsqueda. ¿Habrá pasado una hora? ¿Dos? No importa. Sigues buscando. Apenas conseguiste un par de fósforos y cigarrillos. No fumas pero reconoces su valor monetario. Ves un par de tiendas. Respiras antes de encaminarte a una. Tienes una pistola. No estás indefenso. Revisas primero todo el lugar. Ni una esquina escapa de tu vista.
-¿Esto tiene algo que ver conmigo? ¿Por qué no cuentas detalles más románticos?-
-¡No me interrumpas o te hago cataclismo!-
-Gruñón...-
-Como sea...las partes “dulces”, asqueroso, te las contará alguien más. Cielos, juro que cada día se vuelven más desesperados. Ahora, ¿en que estaba?-
Ah, si. No puedes llevarte todo. Frunces el ceño y priorizas. ¿Comida? Les quedan tres latas y un poco de carne. Aun no has atrapado más ratas. Guardas todos los enlatados. ¿Dulces? Puedes guardar un puñado en los bolsillos de tu gastado pantalón. ¿Ropa? Podrías usar una chaqueta. La tuya...ha visto mejores días. Tú madre necesitará guantes y un nuevo pantalón. ¿Madera? Demasiado peso. Puedes volver mañana o, si te arriesgas, haces un segundo viaje. Haces sonar tu mochila. Maldices al saber que apenas podrás manejar el peso. Aun así agarras el puñado de medicina, cinco jarabes y un poco de tempra. El resto lo escondes. Lo has decidido. Un segundo viaje vale la pena. En cuanto regresas, sabes que te queda poco tiempo, está por amanecer. Agarras que quedo, por suerte entro casi todo, solo un trozo de madera que tendrás que llevar a mano. El invierno está a la vuelta de la esquina. Tu corazón late con prisa. Hay alguien cerca. Por instinto llevas una mano a tu arma. Justo a tiempo. Hay un hombre arrastrando una mochila. Jadea al verte. Ves como trata de sacar un rifle. No dudas. Le disparaste. No te mueves hasta saber que esta muerto. Bien, era él o tu. Compruebas la mochila. ¡Vaya botín! Exclamas. Adentro hay vendas, medicinas, algunas balas, un hacha y un puñado de comida enlatada. Casi maldices al ver una foto. Al parecer su familia. ¿Ahora entiendes? Coletitas tuvo un infierno como vida y siguió adelante. Eso es lo maravilloso del caos. No importa cuanto te lance sino como lo combates. Uno se adapta chico. Uno siempre se adapta. No olvides eso.
Tampoco todo fue malo. Llegó a ver algunos de sus antiguos compañeros de clase. Intercambiaban entre ellos. Ya sabes, una lata de comida por un puñado de hojas de tabaco o hierbas. ¡Cielos, no! Cómo crees. Ya te dije, ella hacía cigarros de estas plantas a cambio de materiales o suministros. ¿Curioso? Bien, uno de sus compañeros le enseño a cambio de ayudarlo a reparar sus ventanas. Favor por favor. ¿Que? Nada es gratis en la vida chico, eso deberías saberlo. ¿Ah? ¿Qué pasó con el chico? Si que eres curioso. Me agradas. Si, se volvieron a ver. Un año antes de finalizar la guerra el chico regresó. Oh, si. Escapó de casa. Si, si. Dejó una nota explicándole a su madre sus motivos. Iría por ella aún si le costaba su vida. Agallas. Respeto eso.
¿Quien diría que tenía los huevos, eh? ¡Ay, mi estómago! Esos dos parecían peces fuera del agua al verse después de años...¡que te pasa! Yo también puedo ser afectuoso...ya verás. Cuando se reencontraron fue como si los mundos colapsaran. Una sacudida colosal repleta de emociones. Ya sabes, como cuando encuentras esa parte olvidada. Cuando vuelves a ser un todo. ¡Ja! ¡En tu cara! Te dije que también puedo ser “afectuoso”, a mi manera. ¿Que? No soy un desalmado como otros. Una vez llegue a toparme con un hombre con un genio de mil demonios. Oh, como lo deteste. Créeme. Por mi se hubiera ido al carajo. Lamentablemente tenía un deber y me vi obligado a “hacerle entender sus errores”, no fue nada fácil. Oh, ganas no me faltaron de cataclizarlo. Volverlo polvo. Desaparecerlo. Ya sabes, esas cosas. Bueno, tuvieron sus “momentos” de felicidad. Incluso ayudaron a terminar la guerra. ¡Oh, el caos entre esos dos fue maravilloso! ¿Me creerías si te digo que asaltaron un camión militar y repartieron todo entre los hospitales que aún funcionaban? Eran los robin hoods del momento.
Oh, cálmate. Ya te dije que robar era la mejor opción que tenía uno para sobrevivir. Los que se rehusaron a hacerlo...bueno, digamos que duermen con los peces. ¿Me entiendes, no? Como te decía, desde que volvieron a encontrarse se volvieron un equipo imparable. Si, estaba mal. Si, sus manos se mancharon de sangre pero, créeme, esos militares se lo buscaron. Despreciables. Si supieras lo que yo se pensarías igual. Quien sabe, en cuanto recuerdes todo lo hagas. Oh, por poco lo olvidaba. Hubo un evento...unos días antes de finalizado el conflicto. Los niños empezaron a desaparecer. No hubo necesidad de discutirlo. Ambos buscaron a los niños. ¿Eh? Ah, si. Los encontraron. Quizás deba omitir esta parte... Supongo que he terminado. ¡Hey! ¿¡A donde crees que vas ingrato!? No, yo soy quien se va. He visto que contarte solo la parte salada no será suficiente. Y no pienso estresarme. Eso me quita el apetito. ¡Yo, sin apetito! ¡Inconcebible! Solo quédate aquí, ella no tardará en llegar. ¿Eh? ¿Mi nombre? ¡Oh, dios! Eres más lento de lo que creí. Quizás cuando escuches la parte acaramelada de mi terroncito de azúcar se te prenda esa cosa viscosa que tienes por cerebro. Luego nos vemos, esperemos que no sea tan pronto. Por tu bien o no respondo. En fin, ¡hasta nunca renacuajo musical!
**********
¿Sigues cuerdo? Me alegro. Con la explicación de ese malhablado amante del queso me sorprende que sigas aquí. ¿Aún no sabes quienes somos? Umm...quizás si te confundió. Está bien. Estoy segura que añadiendo las partes románticas te ayudará a comprender todo. No por nada uno necesita todas las piezas para armar un rompecabezas, ¿no es así? Te aseguro que, en cuanto juntes toda la historia, sabrás, no solo el por qué estás aquí, sino nuestros nombres y el de aquellos a quienes amas. Para empezar, el chico tenía, y tiene, un corazón de oro. Nunca albergó malos sentimientos. Si, sintió tristeza y dolor. Más siguió adelante. Nunca fue bueno con las palabras. Esa era una de las razones por las cuales la mayoría de los niños lo señalaba. Un bicho raro le decían. Hey, está bien. Eso nunca le afecto. ¿Has escuchado el dicho que “lo que no te mata te hace más fuerte”, no? Bueno, eso se aplica a él. Uno de mis mejores insectos. ¿Eh? Ah, no, no es eso. Insecto es mi apodo cariño para algunos de ustedes. Así como él les decía gatitos o gatitas. Si, la coletas sería una de sus favoritas. Oh, si. A veces lo molestaba diciéndole que la haría mi insecto. En fin, no te contaré todo ya que el glotón te traumo a su manera. Solo contaré algunos detalles que pueden ser importantes.
En la escuela tenían una maestra de ciencias. Estricta. Pero les enseño todo lo posible. Verás, ella tenía un don para anticipar el peligro. Quería que estuvieran preparados para lo inesperado. Y si, en el caso de ella funciono. El chico, por el contrario, tuvo una vida más tranquila. Ya que, como te dijo el amante del queso, logró estar lejos de la guerra. Hasta que regreso. ¿Por qué? Una palabra. Amor. No podía de pensar en su mejor amiga. ¿Estaría bien? ¿Comía lo suficiente? Si, se torturaba día y noche pensando en su destino. Por eso, apenas cumplió los dieciocho, se enlistó en el ejército. Escapando en cuanto estuvo seguro de la localización de su amiga. Lo cual le tomo cerca de un mes. Persistente y valiente. Oh, fue tan hermoso su reencuentro. Lo siento. Aún no supero esa imagen. Ambos sollozaron envueltos en un profundo abrazo. No dejaban de tocar sus rostros. Temían estar en un sueño. Un hermoso sueños del cual no querían despertar. Desde ese día nunca volvieron a separarse. Ni siquiera cuando el conflicto acabó y debían ver qué rumbo tomar. No. Ya habían decidido.
Si. Se casaron en menos de un mes. No querían perder tiempo. Quizás una consecuencia de vivir en tiempos de guerra era el temor por el mañana. Preferían vivir cada día como si fuera él último. Así que hicieron lo mejor que podían hacer, casarse inmediatamente. Una boda sencilla. Un par de amigos que lograron resistir hasta el cese del fuego. Alix, Ivan, Marc y Max. El resto...bueno, ya te imaginarás. Oh, aún puedo sentir el corazón desconsolado de Ivan. El también estaba enamorado solo...no tuvo tanta suerte, pero sigue adelante. Sus respectivas madres casi se soltaron a llorar. Sus pequeños habían dejado el nido. Quizás demasiado pronto. No por nada la guerra te obliga a madurar con prisa. En su primer aniversario se fueron a un viaje a su ciudad de origen. Recordando su pasado. Cenando bajo la luz de la luna. Él tocando su guitarra. Compartiendo sus sentimientos. Ella recargada en su pecho, sus manos acariciando su estómago. Mellizos. Tendrían dos hermosos bebés. Al niño lo nombraron Tommy. En honor de su difunto abuelo. La niña...
-Jules...en honor a...-
-Parece que la memoria ha vuelto. Me alegro-
-¿Como salgo de aquí?-
-Solo abre los ojos Lu...-
************
La luces nublan tu visión. Parpadeas dos veces hasta sentirte cómodo. Estas vivo. Los latidos de tu corazón son una prueba irrefutable. ¡En verdad lo estás! Lágrimas de felicidad caen por tus mejillas. Todo está bien...no...algo falta. Algo importante. No, no es un algo. Es un alguien. Pero, ¿quien? De la nada la imagen de una joven con el cabello y ojos azules surge en tu mente. Seguida de una armoniosa voz...un llanto y gritos de dolor. Una mano extraña se posa en tu hombro...
-Tranquilo, tómalo con calma joven-te dice con una mezcla de calma y preocupación-Estás en un hospital. Soy la doctora Stern. ¿Recuerdas tu nombre?-
-Yo...si...recuerdo todo...¡Mari! ¿¡Donde está Mari!? ¡¿Donde está mi melodía?!-
-¡Eh, calmado! Todo está bien. Voltea-lentamente giras la cabeza. Un suspiro escapa de tus labios al verla. Está ahí. ¿Como es que no se despertó? Te preguntas al verla a escasos centímetros de ti-Bueno, iré a comunicarme con tú madre. No tardo-
Asientes distraído. Lo único que te importa es verla. Casi dejas salir un pequeño grito cuando la vez despertar. Solloza mientras te abraza con fervor. Sin dudarlo devuelves el gesto con todas tus fuerzas. Casi dos años en coma. Dos años sin sentirte tan vivo como ahora. Tu corazón se retuerce de emoción al ver como nunca te abandono. Sin duda siempre fue tu melodía y tu siempre fuiste su luz. Nunca fuiste muy a fin de creer que en las segundas oportunidades o la existencia de lo sobrenatural, pero aquí estas. Junto a la persona que amas. Todo debido a dos seres tan antiguos como la vida misma. Ahora entiendes quienes eran. Los conociste. Ambos los conocieron durante la guerra. Agradecido, miras por la ventana y, con un hilo de voz, susurras:
-Gracias Plagg...gracias Tikki...-
**********
¡Ja! Ves terroncito de mi alma. Te dije que sería queso comido. Oh, está bien. Si, quizás me pase un poco con el pobre. ¡Ves, te dije que saldría bien! Bueno, ya vámonos. Tengo hambre y no pienso atender a otro a menos que esté a reventar de mi amado camembert.
Plagg, te amo, lo sabes. Pero en este momento...¡oh, ahora si te lo buscaste! ¡Ni siquiera lo intentes...sólo espera que te atrape gato glotón y no sentirás nada por los próximos cien años! ¡Eh! Quédate quieto!
