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Billy sintió el calor de la sangre en su mejilla y el sabor del hierro en su boca, alzó la mirada para ver el rostro colérico de su padre, quien cerró el puño para golpearle una vez más, Max lloraba asustada en una esquina, Susan abrazándola, su padre no paraba de gritarle sobre no ser un marica, un asqueroso chupa pollas y demás chorradas, todo porque había llegado a casa en el coche de Steve, él le había repetido una y otra vez que la batería de su Camaro había muerto, que Steve era un compañero de clase, que era hermano de uno de los amigos de Max, aquello era mentira pero sonaría muy raro decirle que Steve era mejor amigo de críos 5 años menor que él, aún así su padre insistía en que no le mintiera, en que había visto cómo le sonreía, cómo le tocaba, cómo le miraba, y en aquello también se equivocaba, Billy se aseguraba mucho de que no se notara cuan enamorado estaba de Steve.
-¡No quiero verte jamás cerca de él! ¡Mi hijo no es un asqueroso maricón!
Le golpeaba una y otra vez, su labio y ceja ya estaban rotos, tenía moretones en su mejilla, su cuello estaba rojo de cuando lo estranguló, le dolía la espalda por empujarlo contra la pared, su pelo también dolía por los brutales tirones, tenía la vista algo nublada y la respiración agitada, pero podía ver que su padre estaba dispuesto a darle un golpe más. Sin embargo, nunca llegó.
La puerta de su casa, la cual parecía haberse quedado sin cerrar por el violento recibimiento de su padre, se abrió de par en par dejando ver a un joven de figura delgada aunque fuerte, cabello castaño perfectamente colocado, unos dulces ojos chocolate e impecable piel nívea, pero todo aquello se vio ensombrecido por la expresión de rabia que reinaba en el rostro de Steve Harrington. El joven los alcanzó en un par de zancadas, a Billy no le extraño con aquellas largas piernas, atrapó el puño de su padre retorciendo su muñeca con fuerza, el hombre se quejó por el dolor, lo alejó de Billy estampándolo contra la pared contraria, lo levantó por el cuello, Susan quedó expectante pero no hizo nada por impedirlo, Max dejó de llorar con fuerza para sorber su nariz.
-Steve -sollozó la pelirroja
-Tranquila, Max, esto se ha terminado -le habló suavemente a la menor antes de mirar de nuevo al hombre frente a él -Escúcheme bien, bastardo, no me importa que tan malo piense usted que es su hijo, jamás se le debe poner la mano encima a un hijo, menos aún con la brutalidad con la que lo hace usted; esta vez voy a perdonarle su asquerosa existencia por el amor que tengo hacia Max y por el respeto que le debo a su esposa, pero si fuera por mí, le sacaría las entrañas con mis propias manos. De la cárcel se sale, señor Hargrove, del cementerio no
Steve soltó la camisa del hombre y este cayó al suelo tomando aire bruscamente, el chico se alejó de él para aproximarse al rubio en el suelo, se agachó a su lado y tocó su rostro para llamar su atención, a Billy le costó enfocar pero supo que era Steve por la luz que inundaba sus ojos.
-¿Estás bien?
-Soy duro de roer, ya lo sabes, Harrington
El moreno ayudó al contrario a levantarse con mucho cuidado y lentitud, manteniéndole apoyado contra la pared, le quitó un poco de la sangre del rostro y retiró los mechones que habían caído delante de sus ojos.
-Billy vendrá conmigo, voy a llevármelo ahora mismo y volveré a por sus cosas en cuanto usted no esté, él ya es mayor de edad así que es libre de vivir donde quiera
-¡No se....
-¡No le estoy pidiendo permiso! -gritó Steve más fuerte incluso que Neil -¡Billy vendrá conmigo y no se habla más!¡No quiero verle cerca de mi casa, ni del colegio, ni de ningún lugar en el que él esté! ¡Le juro que le haré la vida imposible como se atreva siquiera a mirarle!
-¡No puedes! -gritó Neil Hargrove furioso abalanzándose contra él
Pero Steve no fue golpeado, evitó el puñetazo y lo devolvió, Neil tocó su estómago adolorido, Steve golpeó su mejilla tumbándolo de una sola vez, él era más fuerte de lo que se podía apreciar y por los suyos lo era aún más, además de que Billy le había enseñado un par de cosas.
-Tiene usted suerte de que Billy sea su hijo -escupió Steve con furia contenida -Él es demasiado bueno como para devolverle sus golpes, pero yo no, recuérdelo, ya le he dicho que lo meteré bajo tierra a la mínima que haga
Steve se alejó de él y tomó a Billy por la cintura, pasando este un brazo sobre sus hombros, el rubio aún se mantenía.
-Max, si pasa algo, contigo o con tu madre, llámame -dijo Steve mirando a la pelirroja, quien asintió limpiando sus ojos -Te juro que cuidaré de él, pequeña, va a estar como el rey que es, y puedes venir cuando quieras, mi casa es tu casa, ¿sí?
-Sí -musitó Max
-Se lo advierto por última vez, señor Hargrove, mi familia dispone de los mejores abogados de Hawkins y de Indiana, y ni tengo que decirle que el jefe de policía es íntimo amigo mío, es más, es como si fuera mi padre, como se atreva a mover una ceja contra Billy, Max o la señora Hargrove, le meteré en el Corredor de la Muerte
Neil miró a Steve furioso pero no dijo nada, el castaño se dio por explicado y salió de la casa sosteniendo a Billy, quien caminaba a duras penas, le ayudó a entrar en el coche, cerró con seguro y arrancó el motor, condujo sin decir nada y con las manos blancas de tanto apretar el volante, pero a los pocos kilómetros, cuando se había alejado del bario, paró el coche bajo la sombra de un árbol y respiró, Billy le miraba atento, no se había dado cuenta de que Steve había estado conteniendo la respiración todo este tiempo.
-¿He estado bien? -suspiró Steve
-Has estado genial, casi me meo en los pantalones, das miedo cuando te enfadas
-Nancy dice que es porque no lo hago casi nunca, así que acumulo furia y cuando salto, boom, apocalipsis
Billy rió suavemente porque le dolía el costado, Steve se giró hacia él y acarició su rostro, su cuello, su pecho, su costado, a cada herida descubierta sus ojos se humedecían, hasta que al final no pudo retener las lágrimas.
-Ey, ey, princesa, no llores -susurró Billy acariciando su mejilla -Estoy bien, ahora estoy bien, has rescatado a este monstruo, menuda princesa más estúpida
Steve rió un segundo contra la mano de Billy.
-Te equivocas, no eres ningún monstruo, te hicieron ser uno que es muy distinto
-¿Si? ¿Y si solamente lo parezco, que soy en realidad, Harrington?
Steve alzó un poco el rostro viendo a Billy a los ojos, aquellos ojos azules que solamente podían ser una ventana al cielo, y se acercó dejando un beso sobre sus labios más suave que el roce del aire, pero que alteró el corazón de ambos.
-Un rey, Hargrove, un rey -musitó -Y la reina siempre protege al rey, Billy, el ajedrez no se inventó esa regla porque sí
Billy sonrió a pesar del dolor de labios y mandíbula, porque así era estar con Steve Harrington, se le olvidan todos sus males, se solucionaban todos sus problemas, se esfumaba todo su dolor.
-Larga vida a mi reina
