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La chaqueta

Summary:

Steve ama las chaquetas de Billy

Notes:

Steve jamás estuvo con Nancy

Work Text:

Billy Hargrove tiene un montón de chaquetas, le encantan, son su complemento preferido junto a sus pendientes, cada vez que puede se compra una nueva, y jamás sale sin una, aunque al final no se la ponga, allí está, en su coche. Tiene una chaqueta vaquera que le encanta usar en el instituto, porque es cómoda y ligera pero aún así guay, tiene una chaqueta de cuero marrón que le queda algo grande y que le gusta usar cuando se pone elegante, tiene su chaqueta roja de socorrista que rara vez usa en la piscina pero que siempre lleva fuera y tiene una chaqueta de cuero negra para cuando quiere verse sexy. Realmente tiene más, como la chaqueta del equipo de baloncesto del instituto, o la del equipo de béisbol de California, una de pana beige, una de lino verde.... y su colección sigue creciendo porque la gente le regala muchas chaquetas.

Pero su preferida es la negra, si la de cuero negra, porque es la favorita de Steve, su novio. La primera vez que se la vio puesta fue en Halloween, el rubio llevaba esa chaqueta y nada más en su torso, dejando sus abdominales al aire cubiertos por una capa de sudor y cerveza, aquella noche se acercó peligrosamente a Harrignton, tenían una pequeña disputa por el puesto de Rey del Instituto, pero el moreno acarició la chaqueta y sonrió.

-Bonita prenda, Hargrove

Y sin más se fue. Por alguna razón, lejos de molestarse, Billy sintió cómo su piel se erizaba y su corazón bombeaba como loco, le gustó la sensación, así que comenzó a usar esa chaqueta más de lo planeado, ya que sólo la guardaba para ocasiones especiales.

La primera vez que Steve le halagó por usarla, pues antes solamente había alabado la prenda, fue a la semana siguiente, cuando Billy apareció con unos vaqueros muy estrechos, una camisa blanca con los cuatro primeros botones abiertos y la chaqueta, aparcó enfrente de Steve, como siempre, y bajó muy lentamente recreándose mientras sacaba su cigarro, el moreno estaba enfrente de él repasando unos apuntes encima de su capó, obviamente le estaba prestando más atención a él que a nada.

-¿Vas a intentar superar el examen de matemáticas seduciendo a la profesora o qué?

Billy sonrió de lado antes de levantar la vista, Steve le miraba de una forma extraña, pero era extremadamente agradable.

-¿Crees que podría conseguirlo?

Steve recogió sus apuntes, tomó su mochila echándola sobre un hombro, se acercó con un par de zancadas y acarició la chaqueta como aquella vez, aunque uno de sus dedos rozó el pecho descubierto de Billy "sin querer".

-Creo que tu cuerpo con esta chaqueta podría conseguir hasta el fin de la Guerra Fría

Miró levemente el cuello expuesto de Billy, sonrió de lado y se marchó, el rubio le siguió con la mirada y menos mal que lo hizo, Steve giró el rostro levemente y le guiñó un ojo, Billy tuvo que hacerse una paja rápida en los baños antes de entrar.

La primera vez que Steve "tuvo" la chaqueta fue un día de lluvia, era la última semana del invierno, ya comenzaba la primavera, y eso en Hawkins significaba lluvias rápidas y repentinas. Por raro que parezca, Steve había sido castigado y estaba en detención, fue por dormirse en clase y encima enfadarse porque el profesor le despertó, y aunque parezca aún más raro, Billy llevó a Max a casa y volvió al instituto porque era incapaz de marcharse sin ver al moreno, ya era un ritual, se encontraban en el aparcamiento a la salida, se miraban fijamente, se sonreían de forma pícara y se marchaban, y el rubio no podía pasar el resto del día sin ello. Así que allí estaba, apoyado en la puerta de salida, fumando un cigarro cuando la lluvia comenzó, Steve salió pocos minutos después, lo escuchó maldecir.

-¿No tienes paraguas, princesa?

Steve sonrió sin girar, sabía perfectamente quién era.

-¿Lo tienes tú?

Billy se alejó de la pared, sujetó el cigarrillo entre sus labios, y se quitó la chaqueta con la misma agresividad que aquella noche en casa de los Byers, Steve le seguía con la mirada atentamente, el rubio se acercó y cubrió la cabeza del moreno con la prenda, sus rostros estaban tan cerca que sus alientos podrían haberse entremezclado si se hubieran atrevido a respirar, Steve sonrió de forma dulce, Billy no pudo evitar expulsar el humo de su cigarro en un suspiro, aquel chico era demasiado hermoso, se había fijado desde el primer día y ya no había podido quitarle los ojos de encima. Steve extendió sus brazos para que Billy no se mojara, aquel gesto hizo gracia al menor, y sin decir nada más comenzaron a caminar hacia el aparcamiento con plena sincronía, fueron al coche de Steve sin siquiera acordarlo, y allí se quedaron; el moreno sujetando la chaqueta que cubría a ambos, Billy aprisionando su cuerpo entre el coche y él, el mayor alzó la mirada y capturó sus ojos azules, el rubio tiró el cigarrillo sin importarle que no estuviera terminado, parecían estar sumidos en un hechizo, en su propio mundo bajo la chaqueta. Steve miró levemente los labios de Billy, siempre habían captado tanto su atención, eran carnosos y se veían suaves, perfectamente delineados, su labio superior con ese arco de cupido tan prominente, enmarcados tan perfectamente por aquel fino y cuidado bigote, Steve soñaba con esos labios; lo que no sabía es que Billy también, sus labios tan amplios y rellenitos, invitaban a morderlos, ese color tan rojizo que los hacía perfectos, cómo se curvaban cuando sonreía, cómo se movían cuando hablaba, con esa silueta tan delicada. Sin darse cuenta se fueron acercando más y más, con los ojos fijos el uno en los labios del otro, sus respiraciones suaves, el contacto fue delicado, se acariciaban la boca, duró un segundo y entonces se miraron, el permiso y la invitación en los ojos de ambos, y de repente Billy sujetó el cuello de Steve, y Steve dejó caer la chaqueta sobre sus cabezas mientras sus dedos se hundían en el pelo de Billy, y cerraron los ojos queriendo sentir solamente con sus labios, y sus bocas se unieron con fuerza, besándose, lamiéndose, mordiéndose, el beso fue más húmedo que la lluvia que los empapaba y más caliente que el mes de agosto, dejó a ambos sin aliento, tuvieron que separarse por el fallo inminente de sus cerebros sin oxígeno, pero ninguno soltó al otro, Billy acarició la nariz de Steve con la suya, el moreno suspiró, ya estaba todo dicho. El mayor soltó la chaqueta y entró a su coche, sonrió de manera feliz y avergonzada, Billy le devolvió la sonrisa alejándose un poco para que no le salpicase, Steve se marchó del aparcamiento y Billy se quedó allí bendiciendo la chaqueta.

La primera vez que Steve usó su chaqueta fue un par de semana después. Ninguno de los dos dijo nada cuando se vieron al día siguiente, simplemente se sonrieron como estúpidos, Steve se acercaba todas las mañanas a hablar con él y todos los días a la salida, y Billy se sentaba a su lado en el comedor para hablar, y a cada rato que podían se escapaban a la escalera de incendios para besarse. Siempre con deseo, con hambre, como si los labios del contrario fueran insoportablemente necesarios para subsistir, y así lo sentían. Pero jamás habían pasado de los besos ni habían hablado de ser nada en concreto, no hasta ese día que Steve subió a su Camaro sin más y comenzó a hablar con Max como si nada, Billy le miró por el retrovisor sonriendo divertido.

-¿Necesita una vuelta, princesa?

-Creo que es obvio, señor Hargrove

Max rió levemente, ella sospechaba algo, la manera en que su hermano miraba al moreno era algo especial y ella lo veía, así que le divertía su coqueteo indiscreto encubierto. Billy llevó a Max a casa y luego fue a casa de Steve, pero el moreno le dijo que girase en un camino del bosque, el rubio no entendía nada pero le hizo caso, siguió sus indicaciones hasta un descampado en mitad del bosque, lleno de hierba verde y flores nacientes, con el sol atravesando idílicamente las ramas de los árboles.

-Ven aquí

Billy le miró extrañado pero pasó entre los asientos a la parte de atrás, Steve hundió sus dedos en el cabello rubio y capturó su boca, le besó hambriento como siempre, Billy se mantuvo ahí medio apoyado en cuclillas, sobre el moreno, quien separó sus piernas para que pudiera pegarse más, y sus manos bajaron por su cuello comenzando a retirar la chaqueta, Billy supo entonces qué quería.

-¿En serio? -sonrió divertido -¿Aquí?

-Sí, aquí, en mi sitio favorito en el asiento trasero de tu coche

Y Billy se dejó desnudar sin decir nada más, cuando estuvo en ropa interior Steve le empujó al asiento, el rubio se acomodó, Steve se subió encima de él desnudándose a sí mismo, aunque Billy le ayudó hasta que estuvo en las mismas condiciones que él, se miraron un segundo.

-Quieres, ¿no? -musitó Steve de repente

-Sólo si después serás mío -respondió Billy acariciando su cadera -Completamente mío

Steve sonrió, mordió el labio inferior de Billy, su mano tomó la chaqueta del suelo del Camaro y la deslizó por sus brazos, quitó su ropa interior y la del rubio, le acarició y levantó levemente, jugó consigo mismo dejando que acariciase su parte trasera, y entonces le dejó entrar, con los ojos cerrados y tomando a puñados el cabello dorado, gimió en su oído.

-Siempre lo he sido

Billy no pudo evitar pensar que no había nada más hermoso que Steve desnudo, con su chaqueta de cuero negro como única prenda, encima de él, montándole de forma deliciosa, en el asiento trasero de su Camaro, en un descampado en mitad del bosque, mientras él acariciaba su cadera.

Desde entonces la chaqueta fue extraoficialmente de Steve. El moreno la sacaba de su armario cuando iba a su casa para ponérsela, cuando se tumbaban desnudos en la cama se la ponía también, lo hicieron muchas veces con Steve llevándola puesta, y cada día Billy la llevaba al instituto, dejaba que el moreno se acercase y besara su cuello, entonces se la quitaba y Steve se la ponía, el mayor aspiraba su olor un segundo y besaba a Billy de forma brutal, al principio los miraban, parecía que en cualquier momento alguno decidiría devorar de verdad la otro, pero después de dos semanas se acostumbraron, y entonces Billy entrelazaba sus dedos con los de Steve y entraban al instituto de la mano, con Steve vistiendo la chaqueta de cuero negro que estaba impregnada con el olor de Billy y que cada día era más suya que del rubio.

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