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Esperen, no, ¿qué?, ¿Cuándo es qué su bebé ya no eran “su bebé”? Porque no estaba entendido -o admitiendo- que ya habían pasado diecisiete años desde que su primogénito nació, ¿cuánto tiempo pasó desde que su Jamie dejó de ser ese niño tierno que venía corriendo a sus brazos porque se había lastimado o tenido una pesadilla? ¿Cuánto tiempo paso desde que él o Harry le contaban un cuento para que pudiera dormir? ¿Cuánto tiempo paso desde que aún podía él o Harry cargar a su bebé? ¡¿Cuándo carajo creció su bebé que no se dio cuenta?! Aún recordaba cuando un Jamie de cinco años venía hacia él y le decía que siempre iba a ser su bebé y nunca nadie lo separaría de él o de Harry.
Pero, ahora, estaba aquí rompiendo su promesa, enfrente de él y Harry para informarles que tendría una cita el sábado con nada más y nada menos que Edwards -Teddy- Lupin, quien por cierto resultaba ser hijo de su tío Sirius Black -que por pláticas con su madre y tía Andy sabía como fue su tío Sirius en su juventud- y Remus Lupin, y ahora temía que su pequeño Jamie sólo fuera una diversión más en la lista de ese muchacho ya que podría ser igual que Sirius en su juventud -aunque en el fondo sabía esperaba que no fuera así-.
–¿Edwards? ¿Estas hablando del Edwards qué tú y yo conoces?– Pregunto con cierto tono de desconcierto Harry a su hijo.
–Sí papá.– Respondió con fastidio su Jamie. –Sólo quería avisarles para que no se preocuparan por mí.
–Pero… Aguarda un segundo James Sirius.– Ok, ahora su esposo estaba molesto por el tono de voz que usó su hijo con él. –¿Cómo es eso de que nos estas “avisando”? ¿De cuándo aquí tú te mandas jovencito?– Su hijo debía responder de una manera ingeniosa -casi como un Slytherin aunque su hijo sea un Gryffindor- si es que quería obtener el permiso de sus padres.
–Nunca dije que yo mandaba sobre mí, papá, sólo que creía que no debería pedir permiso en esta ocasión, ya que ambos relativamente conocen a Teddy y a sus padres, y tu papá– dijo mirando hacia Harry. –Creo recordar que Teddy es tu ahijado ¿no? Así que asumí que sabrías cómo es él y confiarías en él.
–Yo… sí, pero… bueno… Yo…– Bien, ahora su esposo se descompuso. Veinticinco años juntos y veinte viviendo juntos para que su esposo aún no sepa cómo refutar contra una respuesta Slytherin. –No importa, sea quien sea, debes pedirnos permiso a ambos. Así sea el hijo perdido de Dumbledore, tienes que pedir permiso jovencito.– Bueno, después de todo su esposo si había aprendido algunos rasgos Slytherin.
–Bien, lo siento padres. ¿Puedo salir el sábado con Teddy?
Ahora o nunca, iba a negarle esa salida a su bebé y a decirle las razones por las cuales ningún tipo le robaría a su niño.
-Absolutamente…
–Claro Jamie.– Si las miradas matarán den por hecho que Harry ya estaría muerto. –¿Verdad Draco?– Hace unos segundos le cuestionaba a su hijo su forma de pedir permiso -creyendo que solo era una excusa porque al igual que él no quería que su bebé saliera con ese muchacho, iluso de su parte- y ahora con una sonrisa sincera le daba permiso a su hijo y le preguntaba a él si estaba de acuerdo. Harry dormiría en la habitación de invitados por un tiempo indefinido.
–¿Papá?
Fácil y podía decir que no, que él no estaba para nada de acuerdo en esa supuesta cita del sábado, pero si lo hacía, él quedaría como el papá aburrido y malo, y Potter como el papá cool y bueno. ¡Y eso sí que no!
–Absolutamente sí Jamie, ¡claro que puedes ir a esa cita el sábado!– Ok, creo que soné algo forzado o eso creía por las miradas que su esposo e hijo le daban. Pero rápido su hijo cambió su cara y ahora tenía una de felicidad y corría hacía los brazos de sus padres.
–¡Gracias, gracias, gracias! ¡Los amo mucho!– Su hijo puso su brazo derecho sobre el cuello de Harry y en cambio el izquierdo estaba sobre su cuello, mientras de manera simultánea daba besos en las mejillas de sus padres.
¡Bendito Merlín! En este abrazo no veía a su hijo adolescente de diecisiete años, no, veía a su hijo de cinco años.
¡Debió decir que no!
¡No!
Todo es culpa de Harry, sí el estúpido del cararajada hubiese dicho que no él hubiera dicho también no y no podría hacer nada porque su padre ya había dicho que no y ambos debían poner el orden y así él habría quedado como el papá cool y bueno.
–¡Bien! Ahora iré a arriba a ayudar a Cissy con unos hechizos que se le dificultan.
–¡Claro hijo!– Su hijo estaba fuera de la vista de sus padres. Un pellizco en el brazo de Harry tal vez lo haga reaccionar.
–¡Auch! ¡Oye! ¿Por qué fue eso?– Era mucho pedir que su esposo reaccionará.
–¡¿Por qué aceptaste que Jamie tuviera esa cita con Teddy?!
–Bueno, él mismo lo dijo, conozco al muchacho y… ¡Oye! Pero tú también aceptaste esa cita.– Le recordó lo obvio su marido.
–¡Claro qué acepté! No me ibas a dejar ver como el papá aburrido y malo.– Le apuntaba con su dedo índice y decía lo obvio de la situación pero el moreno solo susurraba “¿papá aburrido y malo?” –¡Harry! ¡Concéntrate en lo importante!– Regañaba al ojiverde mientras le chasqueaba los dedos enfrente de su cara.
–¿Lo cuál es…?– En ocasiones se preguntaba como es que se enamoró de él y le dio ¡cinco malditos hijos!
–¡La cita de James y Teddy!
–Entiendo esa parte Draco, lo que no logró entender es el problema. Conozco a Teddy y él a mí, y sabe que…
–Es hijo de Sirius Black.– A ver si con esto su esposo entendía.
¡Bingo!
–No creo que… pero… si pero… ¡Merlín y Morgana qué he hecho!
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Bien, si quería que no lastimaran el corazón de su dulce e inocente niño sabía que necesitaba pedir refuerzos y que mejor que sus amigos y quizás a los de Harry -aunque solo quería a la chica Granger porque era lista y hacia que volteara menos los ojos por sus comentarios a diferencia de su pelirrojo marido.-
–Creí que Harry fue quien nos llamó.– Sí, era casi pedir un milagro para que la comadreja Granger-Weasley no viniera acompañando a su esposa.
–Creí que Draco sólo nos llamó a nosotros.– Ahora su amigo Blaise fue quien cuestionó algo diferente que la comadreja.
–¿Qué podemos hacer por ti, Draco?– Pregunto su amiga pelinegra.
–Jamie tiene una cita.
–¡Qué bueno!– Ánimo Pansy. –¿Qué mal?– Cambio de opinión su amiga al ver la mirada que le lanzó.
Y antes de que él explicará porque era malo lo de la cita de su hijo, iba llegando justo a tiempo el causante de que esa cita fuera posible.
Harry.
–¡Ya llegué am… ¿Qué está… ¿Es en serio Draco?
–¿Es en serio qué, Auror Potter?– Resaltó la palabra “qué” y usó ese sobrenombre en tono de burla y molestia, y para nada en tono picaron que usa en algunas -siempre- ocasiones a puerta cerrada en su recámara.
–¡Es sólo una cita! No es como que saldrá con un delincuente amor o peor aún ¡con un el hijo de algún condenado a Azkabán!
–Aguarden un segundo, ¿con quién tendrá la cita Jamie?– Pregunto una curiosa Granger.
–Con mi ahijado. Teddy.
–¿Hablas de Teddy Lupin-Black?
–Sólo es Lupin ¿si? Y respondiendo a tu pregunta Parkinson, sí, hablo de ese mismo muchacho.– Antes de que su esposo se explayará más en su respuesta los amigos de Harry silbaron, pero un silbido que parecía que expresaba “pobre chico” y no precisamente el “pobre chico” era el muchacho Lupin.
–¿Qué? ¿Qué significa ese “silbido”?
–Nada.
–Weasley.– Amenazó el rubio.
–Bueno… yo… Creo que deberías cuestionar a Blaise y Parkinson, James es ahijado de ambos, y no los notó preocupados por él. Divorciados o no, siguen siendo su ahijado.– ¡Bien! El pelirrojo logró que su atención ahora fuera sobre el morocho y la pelinegra.
–¡Ey!
–¿Algo qué deseas compartir Zabini?– Ahora también su esposo era partícipe del cuestionamiento hacia sus amigos de la infancia y al parecer tenía ese mismo tono de voz que usaba cuando estaba en su papel del Auror Potter -y no sólo lo usaba en el trabajo-.
–¡Ey! ¡No es como que Pansy y yo fuimos los que silbamos!– A este paso no llegarían a obtener una respuesta rápida.
–¡Suficiente!– Sentenció en un regaño. –Les doy ¡cinco jodimos segundos! Para que se expliquen el porqué de sus “silbidos”.– Silencio. –Uno.– Silencio otra vez –dos– más silencio –tres…
–Es un idiota.
–Explícate comadreja.
–Verás, hurón, el chico invitó a salir a mi sobrina, Victorie, la hija de Bill y Fleur, fue hace años, pero lo que sé es por parte de mi mamá, y es que al regresar de su cita, Victorie maldijo al chico, y no me refiero sólo en palabras sino que lo hechizo.
–Un momento Ron, ¿estás seguro de lo que dices?
–Bueno...
–¡Ves lo que provocaste Potter! ¡Ahora mi bebé tendrá una pésima cita! O…
–Relájate Draco, no es como por una mala cita con una chica ya será igual que con Jamie.– Razonó su amigo. –Bueno… Yo digo.– Se encogió de hombros y se hundió más en el sillón después de recibir la mira asesina marca “Draco Malfoy”.
–Blaise tiene razón Draco.– Trató de apoyar la chica de cabello tupido.
–¡No los traje para que vinieran a “convencerme” de que esa cita saldrá bien!– Hizo un puchero al ver que todos se iban en su contra y parecían ser “Pro-Potter”.
–¿Entonces para qué?– Cuestionó Pansy. –Tranquilo Draco, sé como te sientes, yo también me altere un poco cuando Matteo tuvo su primera cita y entre Blaise y yo logramos…
Bufo Blaise.
–¡Ah no Pans! Logré tranquilizarte solo porque hechice todas las salidas de la mansión para evitar que espiaras y arruinaras la cita de nuestro hijo.
–¡Cómo sea! Mira Draco, sé de un modo para que te tranquilices sobre esta cita.
–¡No necesito tranquilizarme Parkinson!
–Igual te lo diré. Recuerda tu primera cita con el cuatrojos.–
–Bueno…
–Creo que Pansy tiene razón, Draco, quizás recordar un poco tu primera cita con Harry te dé la idea de que así será la de James con Teddy.– Concordó la chica Gryffindor.
–¡Exacto! Mira, siéntate– apunto hacia el lado izquierdo del sofá donde ella estaba sentada y lo invitaba a que se acomodará a su lado, acto seguido haciéndolo y su amiga continuó diciendo: –Respira, y recuerda…
–No creo que sea una buena idea.
–¡Cállate cuatrojos!– Amenazó la chica, había logrado tranquilizar al rubio y ahora este Auror idiota ¿le decía que era mala idea? ¡Jodete! –Como decía, respira, y cuéntanos cómo fue tu primera cita con tu estúpido esposo.
–Bueno… Estábamos en sexto año…
¡Tranquilízate Draco! Es solo una cita y es solamente con Potter, sí, tendrías una cita con un chico al que por cierto nunca se llevaron bien, pero ambos crecieron y es el momento de madurar ¿no? Y además no es como que fuera tu primera cita y tampoco era como que en esta cita terminará en que perdieras tu virginidad que aunque había salido con varios chicos con ninguno lo había hecho, y no era porque creyera en las estupideces de las tradiciones sangre puras -que tanto el marido y la mujer debían ser virgen hasta el matrimonio, ridículo-, es sólo que él lo veía más de un modo romántico. Sí, llámenlo Hufflepuff, pero no deseaba terminar haciéndolo con cualquier imbécil.
Como sea, volviendo con su cita con Potter, ahora sólo estaba esperando en las puertas del Gran Comedor a que llegará el azabache y así demostrar que esta cita con Potter no sería muy diferente a las otras que ha tenido.
–Ajá, sexto año y ¿qué pasó después cariño?
–… Harry me llevó a Hogsmeade de ahí fuimos a Honeydukes, entramos, en ese momento no supe como es que él sabía cuales eran mis chocolates favoritos– sonrío como bobo al recordar ese acto ridículo y muy romántico de su Harry –pero él simplemente llegó con una caja de ellos y me dijo…
–Ten.
–¿Pero…
–Sé que estos chocolates te encantarán.– Sonrió con dulzura Potter.
–¿Y cómo sabes que me encantarán? ¿Qué tal si soy alérgico a ellos?
–Sé que no eres alérgicos a ellos, he visto en el Gran Comedor cuando llega correo para ti que tus padres siempre te dan esa marca de chocolates.
–¿Así qué me espías?– Alzo una ceja mientras se burlaba del moreno.
–No… Yo… Lo que sucede es que… ¿Quieres la verdad?– Con una mirada y la ceja alzada dio a entender que continuará. –Una vez a los doce años noté los chocolates que te enviaron, y nunca los había probado antes así que le dije a mi madre si me los podía enviar y fue una mala idea. Fueron los peores chocolates que he probado en mi vida.
–¡¿Qué?! ¡Cómo te atreves! Son los mejores del mundo ¡del mundo Potter!– Decidió burlarse un poco de él.
–Sí, sí. Mejor vayamos a pagar por esas asquerosidades.
–¡Te odio!– Ahora lo recordaba muy bien.
–¿Pero qué?– Exclamaron el trío de oro.
–¡Por tú culpa ya no puedo comer más de ellos!
–¿Mi culpa?
–¡Sí! Cuando me embarace de Albus los aborrecí tanto que hoy en día no puedo siquiera olerlos.
–Cielo…
–¡Cielo nada, Parkinson!...
¿Quién lo diría? Lo que va de la cita no ha ido tan mal. Potter ha sido lindo y sobre todo le compró más de una caja de sus chocolates favoritos y ahora estaban en las Tres Escobas esperando por sus cervezas de mantequilla y un aperitivo, por lo tanto Harry le contaba una travesura -según él la llamaba “travesía”- que hizo con sus amigos en tercer año.
–Gaudeamus igitur iuvenes dum sumus.
–¿Qué?
–Significa “así pues, gocemos mientras seamos jóvenes”
–Eso lo sé Potter.– Rodó los ojos por decir lo obvio. –A lo que voy es que ¿Cómo sabes…
–¿Latín? ¿Qué? ¿Por ser un mestizo no puedo simplemente haber estudiado por mí mismo latín?
–Yo no…– Ahora Potter estaba riendo, ¿se estaba burlando de él?
–Bromeo Malfoy, ¿qué, ya olvidaste mi nombre? Soy Harry James Potter– resaltó mucho la pronunciación de su apellido, claro, ya lo había pillado, los Potter eran purasangre y era obvio que sangre pura o no fuera el cararajada su padre debió enseñarle algunas tradiciones.
–¿Sabes qué? No, no me estoy divirtiendo en esta cita.– Bien, dos podían jugar.
–Pansy, ¡esto no me está ayudando! En realidad ahora no sólo estoy molesto con Harry por aceptar esa cita de Jamie sino también al recordar lo idiota que fue en nuestra primera cita.
–¡Oh vamos hurón!
–¡Tu comadreja…
–Ya Draco, no creo que fue tan mala su primera cita, sino ¿por qué aceptaste tener una segunda cita con él?
–O mejor dicho Blaise ¿cómo es que aceptaste casarte y tener a su descendencia?– Apoyo la pelinegra a su exmarido.
–Bue… Fue porque…
Estaba totalmente perdido, pero de manera metafórica, y es que los labios de Potter que iban bajando de su lóbulo hacia su cuello no lo hacían consciente de en dónde estaba, se supone que hace unos minutos estaba molesto con este idiota por burlarse de él y ahora estaban devorándose.
–Potter…– Gimio el rubio al sentir como el azabache movió sus manos de su cintura hacia su trasero como estas comenzaron a masajearlo y aunque ambos estaban totalmente vestidos sentía como los dedos de Potter sujetaban y tocaban muy bien sus posaderas.
¡Merlín! Ya no podía aguantar más. Necesitaba con urgencia que Potter lo tocará pero que lo tocará más piel contra piel.
–Bájate los pantalones y bóxer.– No preguntó el porqué -ni le interesaba- él solamente obedeció y así lo hizo, acto seguido el Gryffindor hizo lo mismo. Dejando ver una polla muy erecta y como esta al igual que la suya estaba comenzando a gotear de pre semen.
–¡Salazar!
–Me gustaría que mejor dijeras mi nombre.
Potter agarro su maldita erección y la junto con la de él, podía sentir como con su mano izquierda frotaba ambas pollas pero también sintió como se le dificultaba manejar esta maniobra un poco -quizás acostumbrado a solo tener en su mano un miembro y no dos- dicho así decidió darle “una mano”, comenzando así ambos con sus manos y pollas juntas a masturbarse y disfrutar del momento.
Volviéndose a devorarse a besos y enredando sus lenguas provocando que sus gemidos fueran un poco callados pero no por eso tan silenciosos.
Pero pareciera que Potter ya se cansó de mantener sus labios contra los suyos, porque ahora estaba besando y mordisqueando su cuello, estaba completamente seguro que eso dejaría marca y la verdad poco le importaba. No pudo aguantar más y soltó su mano de su miembro para poner ambos brazos sobre el cuello de Potter, y el azabache ni se molestó o pareció incómodo ya que al fin pudo sostener ambas pollas con su mano.
–Creo que…
–S… sí… yo… yo tam…
Ambos podían sentir como estaban apunto de llegar a su orgasmo y no creían aguantar más.
–¡Harry!
–¡Draco!
Algo inusual, pero ambos llegaron al orgasmo al mismo tiempo, ambos gritaron sus nombres -y no apellidos-, viendo como su corrida quedó en su estómago mezclada con la de Harry y viceversa, pero ante todo ambos sintieron que esto no había terminado ahí, y no pensaban precisamente de este momento excitante sino de algo más.
–¡Parkinson! ¡Esto fue una mala idea!– Grito un furioso y sonrojado Draco.
–Sí, la verdad también lo creo yo.– Concordó su amiga rendida soltando un suspiro.
–¡Potter, nuestro hijo hará lo mismo que tú y yo hicimos en la casa de los gritos!
–¿Qué hicieron ahí?
–No creo que lo quieras saber Ron.– Quiso evitar un trauma más a su amigo de la vida el azabache.
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¡Merlín! La cita de su hijo estaba a tres días de ser y aún no lograba tranquilizarse, después del estúpido ejercicio de Pansy se había alterado aún más. No quería que su bebé se ilusionara y después saliera lastimado, pero estaba la cuestión de Teddy, conocía al muchacho desde que le cambiaban los pañales y aunque no quería admitirlo en voz alta -con Harry- sabía que Teddy era un buen chico pero también sabía que podías fingir enfrente de los adultos ser una blanca paloma y con tus amigos o demás desconocidos mostraban quien eras en realidad -sí no lo sabré yo-.
¡Suficiente! Era mejor dejar de esconderse en su oficina de su hogar y mejor buscar algo con que más distraerse.
Podía ir a ver que hacia Albus, no, seguro el chico estaba haciendo sus cosas de “déjame solo papá”, quizás con Scorpius, tampoco, sabía que este era muy apegado a Al, quizás Cissy, ella no era tan apegada con su gemelo y creía que las cosas que hacía Al eran estúpidas e infantiles, no, quizás salió con Rose y claro que su hija iba a preferir pasar el rato con su amiga que con su padre, Lily, ella no lo correría o le diría “ya estoy grande para jugar contigo papá” ella aún era su niña, su pequeña y dulce Lily de cinco años, sí quizás pasar el rato con su niña podía distraerlo un poco.
–Amo Draco señor.
–¿Mmm?– ¿Cuánto tiempo tenía Bimmy ahí? Como sea. –¿Qué?– No estaba de humor ni para tratar con respeto a su elfo.
–El amo Harry desea que vaya al jardín. El amo señor Harry dice que tiene una sorpresa para el amo Draco señor.
¿Una sorpresa? Si Harry cree que lo calmará con algo de sexo, esta muy equivocado el idiota.
–Gracias Bimmy, en seguida iré.– Acto seguido su elfina desapareció con “poof”.
Bien, vayamos a ver que “sorpresa” preparo Harry para él. Llegando a la puerta que daba hacia el jardín logró divisar a su esposo.
–Escucha Potter, ni aunque me vengas a decir que intentemos terminar la otra mitad de las posiciones del libro “Sexo fantástico y mágico” harás que olvide…
–¡¿La mitad?! ¿Explícame cómo está eso Draco?
–¡Padre! ¿Madre?– ¡No puede ser! –¿Qué hacen aquí?
–¿Así recibes a tus padres dragón?– Regaño su madre.
–Se nota que estar casado con Potter afecto tus modales.– Exclamó con falsa indignación su padre.
–Cuida tus palabras Malfoy.– ¡Godric! Su suegro también estaba ahí.
–¿Qué? Yo solo resalto lo obvio.
–Mira Malfoy, puede que este ya este mayor, pero aún sé usar perfectamente mi varita y mi entrenamiento como Auror aún no se olvida.
–Papá, por favor, para.– Trato Harry de apaciguar la típica pelea entre ambos padres.
–Pero hijo…
–Nada papá.
–¡Ja! ¿Acaso tu hijo te tiene que controlar Potter?– Se burló Lucius de Potter mayor y éste estaba dispuesto a responder hasta que Draco habló también.
–Basta ustedes dos. ¿Harry que se supone qué es esto? ¿Qué hacen mis papás y tu padre aquí?
–Bueno, pensé que ellos te podían ayudar con la cuestión de Jamie y…
–¿James? ¿Qué pasa con mi nieto?– Interrumpió y pregunto una preocupada Narcissa.
–¿Sobre qué me puede ayudar ellos?– Susurro para que sus padres y suegro no los escucharan.
–Draco.– Regañó su padre por el secretismo de esté.
–Ya sabes… En cuestión del ¿amor juvenil?– También susurro su esposo.
–Harry.– Ahora era el padre del azabache quien exigía respuestas.
–¿En serio Harry? En qué me pueden ayudar una pareja de casados que ni siquiera se aman y solo se casaron por seguir con la pureza de sangre y solo se ven como amigos.– Decido dejar de secretar con Harry y alzó la voz, señalando lo obvio de la situación. Apuntando hacia sus padres después de lo que dijo de ellos por lo cual los acusados y señalados lo vieron mal. –Y luego un hombre de sesenta y tantos años divorciado que lleva soltero desde que tú estabas en pañales y que además cada novia que se consigue es cada vez más joven que él o peor aún ¡que tú!
–¡Ey!– Ambos Potter se quejaron y antes de que el ojigris siguiera quejándose de la no tan brillante idea de su marido una nueva voz lo interrumpió.
–¿Y qué tal de parte de una mujer divorciada pero– resaltó en la palabra “pero” –que aún así decidió darle una nueva oportunidad al amor y lleva casi cuarenta años con el mismo hombre?
–¡Lils!– Se volteó para poder ver si en verdad era ella quien estaba atrás. –¡Oh, padrino!
–¿Eso son los modales qué te enseñaron tus padres, Draco? ¿Hablar mal de las personas a sus espaldas?– Regaño su padrino hacia él.
–Pero yo…
–¿Pero tú qué, Draco?– Caló Snape.
–¿Cómo está eso de que te sientes mal y muy preocupado por una situación, Draco?– Su bendita y linda suegra decidió dar por terminado el reclamo de su padrino hacia él.
–Bueno, yo…– ¡Genial! Ahora actuaba como un Gryffindor.
–Lo que sucede madre, es que Jamie tendrá una cita.– Su esposo decidió ayudarlo un poco con las palabras.
–¡Ese es mi muchacho!– Felicitó con salvajismo James padre.
–Por supuesto, digno de un Malfoy.– Concordó con elegancia Lucius.
–Con Teddy Lupin.– Decidió bajar los ánimos de ambos abuelos orgullosos.
–¿Pero qué?– Cuestionaron ambos abuelos orgullosos que ahora estaban desconcertados.
–¿Qué tiene eso de malo?– Cuestionaron ambas mujeres.
–Lily, es hijo de Sirius.– Contestó a la pregunta de su exesposa.
–¡Oh por favor James! Eso es ridículo. No porque Sirius fue un idiota y mujeriego en su adolescencia quiere decir que su hijo es igual.– Bufo Lucius. –Además todos decían lo mismo sobre ti, y mira, ahora tal vez estemos divorciados pero nos llevamos muy bien y tenemos un maravilloso hijo y no creo que Harry sea igual a ti ¿o sí?
–No, pero…
–Pero nada James y también va para ti Lucius.– Regaño la mujer rubia.
–Sí, puede que sea como Harry y Draco.– ¡Otra vez comparándolos a ellos con Jamie y Teddy! Que no entienden que su relación con Harry no fue y no es para nada ¡inocente!
–¿A qué te refieres mamá?– Su esposo le robó la pregunta pero igual deseaba saber la respuesta.
–¿Qué no recuerdan? En mi boda con Sev, cariño…
¡Aburrido! Su mamá le había prometido que habría muchos juegos y elfos para divertirse en la fiesta de su padrino, y lo único que veía era una pista de baile, bocadillos, los cuales tenía prohibido agarrar -como si pudiera ¡tenía seis años! Aún no era lo suficientemente alto para alcanzarlos- y muchos, ¡muchos adultos! Quería regresar a la mansión ¡ya! Sabía que no podía hacer una rabieta enfrente de sus padres porque sino estos lo castigarían y además un buen Malfoy no hace rabietas enfrente de mucha gente, es mejor a puerta cerrada.
–Dragón, ¿puedes venir, por favor?– Le habló su madre.
–Claro mami.– Sabía que debía llamarla “madre” pero a él le gustaba más decirle así y a su madre no le molestaba para nada.
Después de sostener la mano de su madre ésta lo llevó a una parte del jardín que estaba un poco alejado de la fiesta y todo el alboroto de esta. Ahora su madre lo llevaba hacía donde se encontraba su padre, su padrino y una mujer pelirroja con unos bonitos ojos verdes la cual vestía un bello y sencillo vestido rosa claro -el que por cierto hacía resaltar más su color de piel-, además creo que está misma mujer es la que su padrino hace unos segundos había unido su magia y vida hasta su último aliento.
–… Así que tu padrino quiere presentártelos.– ¿Eh? Su madre le había dicho algo todo este momento y lo peor es que no escuchó ni una sola palabra de lo que dijo, y ahora su padre lo estaba viendo con una cara molesta y de reproche por su falta de modales.
–Ven Draco.– Su padrino decidió ayudarlo un poco por el próximo regaño de su padre y mejor extendió su brazo hacia él y con las señales que mandaba pedía que tomara su mano la cual decidió tomar, acto seguido su padrino se arrodilló enfrente de él. –¿Sabes qué eres mi ahijado favorito?– Bufo el pequeño ojiplateado.
–Soy tu único ahijado– Resaltó la palabra “único”.
–Tienes razón jovencito.– Felicito el pelinegro por la inteligencia del rubio. –Pero ¿también sabes que no solo te veo como un ahijado sino como un hijo para mí?– Su pequeña boca hizo una “o” por lo dicho por su padrino, bueno, aunque él también lo veía como un padre, amaba a su verdadero padre pero a veces él no entendía algunas cosas o situaciones que le molestaban como lo hacía Sev. –Así es Draco, por eso quiero presentarte a unas personas que son y serán importante en mi vida.
Acto seguida mi padrino se levantó y tomó la mano de la bonita mujer pelirroja para después la pelirroja estirar su mano hacia atrás y mostrar a un niño que parecía de su misma edad, aunque no estaba totalmente seguro ya que el niño era más bajo que él.
–Draco, ella es Lily. Mi esposa.– ¡Eso lo sabía! Entendía que la unión de hace una hora de su padrino con la linda mujer era una unión de matrimonio -o eso le había explicado su padre durante la ceremonia-.
–¡Hola Draco! Es un gusto conocer a una de las personas queridas por Sev.– La linda mujer estaba arrodillada enfrente de él y sin importarle si eso arruinaba su bello vestido. –Por no decir que su favorita.– Susurro la mujer a su oído mientras le hacía cosquillas en el cuello y haciendo imposible el no soltar una risa.
–¡Hola Lily!– Bien, la linda mujer pelirroja le gustaba.
–Draco.– Su padrino pedía su atención a él otra vez. –Éste de aquí es Harry.– Puso al niño enfrente de él y su padrino. –Es el hijo de Lily, y por lo tanto… Bueno…
–Sev es el padrastro de Harry.– Ayudó a terminar la oración Lily a su esposo.
–¿Harry no tiene papá?
–¡Draco!– Sus padres ahora le estaban regañando ¿por qué? Si Sev iba a ser el nuevo papá de Harry significa que no tenía papá ¿no?
–¡Sí tengo papá! ¡Su nombre es James! ¡Y él me quiere mucho!– Hablo después de todo este tipo el azabache.
–Claro que sí mi amor.– Consoló Lily a su hijo. –Draco, Harry tiene a su papá, sólo que ahora como Severus y yo nos casamos, Sev aceptó en también ser una figura paterna para Harry. ¿Lo entiendes corazón?– Explicó con dulzura la linda pelirroja.
–¡Sí!– A él no lo iban a tratar de niño tonto, claro que sabía a lo que se referiría Lily. –Mucho gusto mi nombre es Draco Lucius Malfoy.– Saludo y estiro su mano para que el ojiverde la tomará, él cual tardó en hacerlo.
–Soy Harry… Harry James Potter.– Al fin tomó su mano pero ahora ese niño le lanzaba una mirada un tanto incómoda y ¿analítica? –¿Tienes alguna enfermedad?
–¡Harry!– Ahora Lily y Severus regañaban al moreno.
–¿Qué? ¿Por qué dices?
–Bueno, mi mamá dice que cuando yo me enfermó me pongo muy pálido y blanco de la piel, y tú estás justo de ese color.– Respondió con simpleza como si la pregunta fuera que color era su favorito y él solo respondiera “rojo”.
–Pues yo veo que tienes un nido de pájaros por cabello y no por eso digo que eso es tu cabello.– Contraatacó molesto y cruzándose de brazos el rubio. Y pareciera que a Ha… Potter no le gustó porque ahora su cara estaba roja por la vergüenza e ira.
Y así de simple sucedió, Potter y él comenzaron a “odiarse”, diciéndose insultos pequeños y llevando que en su ingreso a Hogwarts hasta su segundo año se molestaran, después vieron que era ridículo esa pelea entre ambos y decidieron ignorarse lo que restaba de años en el colegio.
O hasta que Po… Harry lo invitará a salir y a él haya aceptado para que al final tuvieran más de una cita, comenzando una relación para posteriormente enamorarse y terminar casados y formando una bella familia.
–… A pesar de que tú y Harry no se llevaron bien, al principio, lograron superar esas diferencias entre ustedes y mírate y mira a Harry ahora.– Señaló su suegra entre él y Harry.
–Así es dragón, además que recuerde Teddy y James siempre se llevaron bien, no creo que mi sobrino sea un tipo desconsiderado.– Aporto su madre.
Quizás ambas mujeres tenían razón y en realidad los que estaban hablando por él eran sus preocupaciones.
–Entiendo como te sientes cielo. Cuando Harry comenzó a tener citas también sentí que me estaban quitando a mi bebé, incluso me debatía entre sentir celos o no contigo.
–¿Conmigo? Pero ¿por qué?– ¿Qué? ¿Cómo era eso posible? Si Lily y él se conocían desde que el era un infante.
–Draco.– Ahora su padrino hablaba. –Aunque te conocía Lily de pequeño entiende que salías con su hijo y conocerte o no ella experimentó lo que se llaman “celos paternos”. Igual yo los experimenté contigo.
–¿Creías qué te robaría a Harry?
–No, creía que Harry te robaba de mi lado. Te lo dije cuando tenías seis años, te veo y eres como un hijo para mí, y conocía muy bien a Potter.– Diciendo esto último mientras miraba a su esposo. –Y a diferencia de Lilly o el idiota de James, supe ver y tener un mejor panorama en como sería una relación entre tú y Harry. Y créeme en todos mis escenarios ambos terminaban separados pero como buenos amigos. Pero, ¿sabes? Me equivoqué. Y ahora mirate y míralo. Ambos están casados y quien diría que viendo por su mirada están más enamorados que la primera cita que tuvieron.– Diciendo esto último tomo la mano de su esposa mientras procedía a besarle el dorso de su mano y la miraba con ojos de amor y ella correspondía esa misma mirada.
Su padrino tenía razón, puede que a veces su esposo lo exasperaba, y para que mentir, él también lo hacía con él, pero a pesar de eso, ambos seguían igual o más enamorados después de esa primera cita.
–Así es cielo, aunque yo también tuve mis dudas con su repentino interés amoroso, tenía miedo y envidia hacia ti, pero fue más difícil porque te quería demasiado y te conocía así que temía que si su relación salía mal no sabría como actuar.
Lily tenía algo de razón en eso, esa también eran unas de sus preocupaciones, aunque no las admitía, si su hijo comenzaba una relación con Teddy no sabría que hacer si algo salía mal, ya que su deber como padre era estar de su lado y apoyar a Jamie pero Teddy también era un chico muy importante y al cual quería mucho.
–Bueno… Tal vez tengas… Tal vez tengan razón.– Coincidió en la lógica de su madre, suegra y padrino.
–Pues yo creo que deberías cuidar bien a mi nieto Draco.– Señalo su padre.
–¡Oh vamos Lucius! Puede que hace unos minutos estaba de tu lado pero tal vez las damas y Quejicus tengan razón. Además el amor juvenil es lindo.
–Por supuesto, habló el experto en amor juvenil ¿no? Dime, ¿tu nueva novia ahora estudia en Hogwarts?
–Tú, maldito hijo de…– Potter abuelo estaba listo para lanzar un insulto hacia Malfoy abuelo pero recordó algo mejor con que molestarlo. –Al menos unos de mis cinco nietos lleva mi nombre.
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Ok, no sabía quién estaba más nervioso si él o Harry, ya que la semana pasó rápido y ya era sábado, lo que quería decir, hoy a las diecinueve horas sería la cita de su hijo. Había pasado una semana muy ajetreada, para él, ya que entre las visitas de sus amigos y la de sus padres y suegros, no tuvo mucho tiempo en relajarse, pero había algo mal o raro, desde que Jamie pidió permiso para dicha cita, no volvió a hablar sobre el tema y la mayoría del tiempo se la pasaba encerrado en su habitación con Matt o en alguna de sus hermanos o hermanas para ayudarles en cualquier cosa.
–Harry.
–¿Si?– Ambos decidieron esperar en la sala principal para cuando su hijo se fuera pudieran ver en que condiciones Teddy se llevaría y a dónde irían en su cita.
–¿No te parece que…– Ni si quiera pudo terminar su pregunta ya que la red floo de su oficina sonó y con ello avisando la llegada de algún invitado que ni él ni Harry -por la mirada de desconcierto que esté le lanzó- esperaban. Y antes siquiera de hablarle a su elfina para que checara quien había llegado hicieron acto de presencia Pansy, Blaise y Matt.
–¡Hola tío Draco! ¡Hola tío Harry! Disculpen las molestias pero James me pidió que viniera y… ¡Adiós!– Bien, pareciera que ni el hijo de sus dos amigos sabía porque decidieron venir con él y al parecer ni siquiera quería dar explicaciones porque después de saludar y explicar el porqué de su visita huyó fuera de la sala y fue escaleras arriba hacia la habitación de Jamie.
–¿Y bien?– Cuestionó un rubio de brazos cruzados.
–¿Qué? ¿Acaso no pueden venir tus mejores amigos a ver cómo estás?– Se burló la pelinegra.
–Esa ni tú la crees Parkinson.– ¡Pero, ¿qué?! Antes de que su amiga le respondiera con la verdad otra vez se escuchó el sonido de la red floo de su oficina pero ahora quiénes venían era el matrimonio Granger-Weasley.
–¿Hermione? ¿Ron? ¿Qué hacen aquí?– Bueno, parecía que su esposo no los había invitado tampoco a ellos el día de hoy.
–¡Ey compañero! ¡Qué formas son esas de recibirnos!– Reclamo el pelirrojo a su Harry.
–Son las formas en que recibimos a aquellos que se invitan a nuestra casa sin invitación previa.– Señalo lo último viendo primero a los amigos de su esposo seguido por los suyos.
–¿Qué? ¿Ahora tengo que sacar una cita previa para venir a verte?– Cuestionó su amigo.
–Sabes a lo que me refiero Zabini. Y deja de cambiarme el tema y mejor respondan a nuestra pregunta ¿qué hacen…– ¡¿Pero qué?! Hoy era el día de “vengan a visitar a los Potter-Malfoy” porque otra vez se escuchó el sonido de la red floo y por lo que pudo escuchar a varias personas al mismo tiempo lanzaron sus polvos y dijeron en diferente lugar que deseaban llegar a su casa. –¡Ahora qué!
¡Perfecto! Ya solo faltaba que llegara la maldita reina de Inglaterra a su casa porque ahora estaban ahí sus padres, suegros y su padrino.
–¡Suficiente!– Y sin más y menos el rubio se fue a su oficina para cerrar el acceso por red floo a cualquier otro invitado inesperado a su hogar. Regresando a la sala de estar y preguntar ahora sí qué significa todo esto. –¿Y bien? ¿Quién me va a decir qué demonios está pasando aquí?
–¿Cómo qué, qué está pasando? ¡Hoy es la cita de nuestro primer nieto!– Que miedo, su madre y suegra dijeron eso al mismo tiempo.
–¿Y?– Olvidado lo anterior, aún no comprendía sus visitas inesperadas.
–Tenemos que ver si Teddy es o no un buen muchacho para James.– Declaró su padre de manera tranquila.
–¡Claro qué lo será!– Anuncio con entusiasmo su suegro y con mecanismo Harry.
–¿Ustedes también vinieron por eso?– Preguntó viendo hacia sus amigos y los de Harry.
–¡Claro Draco! Después de que Ron me contará lo que pasó con la cita de Victorie no quiero que a mi sobrino le suceda lo mismo.– Declaró la chica Gryffindor.
–¿Qué paso con esa chica y Teddy?– Preguntó con curiosidad su madre.
¡Esto tenía que ser un broma! Aquellos que le dijeron que se relajará y diera un voto de fe hacia Teddy estaban ahora aquí para confirmar si sus palabras estaban en lo correcto y ahora sólo hicieron que volviera a sentir celos e inseguridad sobre esta cita.
–O tal vez podemos ir a la habitación de James y así no sospech… ¿mamá? ¿Papá? ¿Qué hacen aquí?– Preguntó una Rose curiosa y asustada al ver tantos adultos en la sala de su amiga-prima.
–¿Abuelos?
–Queríamos saber si necesitabas algo cariño.– Respondió con dulzura y mentira Hermione a su hija.
–¡Mentiras!– Acusó el rubio a la castaña.
–¿Vinieron por la cita de James con Teddy?– Preguntó sin rodeos la Potter-Malfoy rubia.
–¡Oh! ¿Por qué?– Sí, en definitivamente esa niña es de la comadreja.
–Porque quieren ver si Teddy es un buen partido para nuestro querido hermano mayor.– Ahora aparecían en la habitación sus dos hijos.
–¿Y ustedes en dónde estaban? Se supone que estaban castigados.– Cuestiono el ojiverde a sus dos hijos.
–Eso no importa papá, lo que importa es saber si Teddy es bueno o no.– Intentó zafarse del problema el joven ojiverde.
–¡Oh vamos! Todos nosotros– señaló sólo entre los adolescentes la rubia –conocemos o hemos convivido con Teddy así que yo creo que sí es un buen partido para James.
–Vaya, tu hija llegó más rápido a esa conclusión que tú.– Bromeo su amiga con el rubio padre.
–Un momento… ¿Están aquí para arruinar la cita de James? ¡Me apuntó!
–Scorpius ¡no! Nadie está aquí para arruinar la cita de su hermano.– Sentenció Harry.
–Igual parece que ni a James le interesa mucho esa cita.– Concluyo Draco ya que recordó lo poco que su hijo no habló sobre el tema en casa.
–¿Qué?– Preguntó burlón Albus y acto seguido él y todos los adolescentes que estaban en la sala se comenzaron a reír llegando después su pequeña Lily y creyendo que estaban jugando a algo la pequeña pelirroja comenzó a reírse sin saber el porqué.
–¿Qué es gracioso?– Preguntó con inocencia la niña a sus hermanos, hermana y prima.
–Lo gracioso aquí mi pequeña princesa es que papá acaba de decir que a James no le interesa Teddy.– Respondió Cissy a su pequeña y única hermana.
–¡Ah!
–¿Por qué crees que a James no le interesa esta cita papá?
–Sí, es como decir que Albus ya no le interesa hacer bromas en Hogwarts– se burló Cissy de su hermano mayor. –Incluso creo que ya tiene cansado a Matt por no hablar de otra cosa que de su cita.
–¿Cómo es eso? Esta vez estoy de acuerdo con su papá. James nunca habló o dijo algo sobre su cita en toda esta semana.
–¡Ah! Eso es porque ustedes son sus padres.– Razonó Rose.
–Explícate Rose.– Exigió la madre de la chica.
–Tía Mione, no hay mucho que explicar. Es un adolescente y los adolescentes no les contamos todo a nuestros padres.– Resaltó la palabra “todo” Scorpius.
–¿Por qué? ¿No le tienen confianza a ellos?– Preguntó una inocente Lily adulta.
–No creo que sea eso querida.– Consoló Snape a su esposa.
–No es eso abuela. Es sólo que sí yo le cuento algo a mis papás sé que lo primero que harán será regañarme y su respuesta no es la que yo espero que me den.– Explicó Cissy a todos.
–Eso es muy irrespetuoso de su parte jóvenes.– Regañó el abuelo Lucius a los adolescentes.
–¡Por favor abuelo! Como si no hubieras hecho lo mismo con tu padre.
–¡Albus, no le hables así a tu abuelo!
–Pero tiene razón tío Harry o ¿tú le contabas todo a tus padres?
–Eso no es el tema que estamos tratando.– ¡Bien Harry! Desvía la atención de ti. –Hablamos de James y su cita.
–¡Exacto! James no les ha contando nada sobre que piensa de esta cita porque tal vez no les agradará lo que le digan.
–¿Pues qué piensa que diremos o qué?– ¿Cómo? Ahora su bebé ya no confiaba en él. –¡Jamás crezcas mi amor!– Abrazo a su pequeña a lo cual Lily solo se rió y escondió su carita en el cuello de su papá.
–Tal vez James creía que no les agradaría que igual hablará con ustedes sobre su ahijado.– Bueno, punto a favor para su hijo. –Además de que es raro contarle a tus padres sobre el chico del que estás enamorado desde los doce años y quien también son padrinos de dicho chico.
–Un momento Cissy, ¿cómo qué enamorado desde los doce?
–Tenía mis sospechas sobre eso.– Blaise razonó en ese punto.
–¿Cómo qué tus sospechas?
–¿No te diste cuenta de ello, Draco?– Preguntó confundida su amiga. –Siempre se veía que Jamie tenía interés en ese muchacho.
–¿Qué? ¿Cuándo?– Cuestionó un celoso Harry. –Tal vez sólo veía a Teddy como un hermano mayor.
–¿Y por qué aceptó salir con él en plan romántico, si sólo “lo ve como un hermano”?– Se burló su padre y sucumbiendo por una risa de su amigo pelirrojo.
–No sé papá… Quizás...
–Amo Harry señor, la familia Lupin están en el jardín esperando poder pasar.
–¿En el jardín? ¿Por qué no entran por red… Hazlos pasar.– ¡Aleluya! Hoy era la cita y justo en este momento se iba a llevar, ojalá todo salga bien pero no tan bien porque su bebé aún no estaba listo para tener pareja.
Pasando unos minutos la elfina anunció la llegada dentro de la casa de la familia Lupin y de ello entraron tres hombres en la sala de estar. Uno con el cabello negro y que le llegaba por sobre los hombros, quien tenía una sonrisa coqueta y agradable, y poseía unos ojos plateados como la mayoría de los descendientes Black lo tenían, venía acompañado de dos rubios aunque uno tenía el cabello corto y el otro lo llevaba largo como su padre azabache, el rubio mayor tenía algunas cicatrices en la cara -debido al poco tiempo que estudió como Auror, un hombre lobo lo atacó, que afortunadamente sólo dejó en él las cicatrices en su rostro y no una difícil licantropía- y en cambio el joven ahora por la presencia de todos aquellos adultos su cabello cambio a un color violeta y llevaba en sus manos una caja de ¿chocolates?
–Aah… Ho… h… hola padrino y tío Draco.– Saludó nervioso el muchacho ojimiel.
–¡Ey! ¡James, Lily, Quejicus, prima Cissy… ¿y todos los demás?– En cambio el azabache saludo de manera desconcertante. –¿Había una fiesta familiar y no nos invitaron?
–No, no la había.– Declaró molesto el Draco. –Bimmy.
–Si amo Draco.– Apareció la elfina en dicha sala llena.
–Avisa a James que Teddy ya llegó.– Con un simple “si amo” la elfina se fue.
–¡Teddy!– Corrió una entusiasmada Lily Luna hacia los brazos del metaformago.
–¡Hola lindura!– Correspondió el abrazo de la niña mientras decidía cargarla entre sus brazos y su cabello volvía a ser rubio y no violeta.
–¿Son para mí?– Preguntó con “inocencia” la ojiplateada apuntando hacia los chocolates que había entregado el rubio a su padre azabache para poder cargar a la niña.
–No princesa, lo siento, son para James.
–¡Ah! ¡Quiero ir con papi, ahora!– Haciendo un disimulado berrinche la pelirroja comenzó a retorcerse en los brazos de Teddy mientras estiraba sus bracitos hacia Draco. A lo que el joven la bajo de sus brazos y la niña sin preámbulos corrió a los brazos de su papi. –¡Quiero dulces, papi!– Exigió Lily a su padre dicho antojo y Harry -y porque no decir los demás- notaron a ver una versión en femenino y pelirroja de Draco con su hija.
–En unos momentos mi amor.– Beso la cabecita de su hija para que no hiciera más grande su berrinche.
–No darle un chocolate a Lily, ¡uff! Eso no te ayuda en tus puntos para ganarte a la familia de tu futuro novio.– Se burló Albus de su futuro cuñado y provocando que el color violeta volviera a Teddy mientras Harry hacía una mueca ante lo dicho por su hijo.
–¡Cállate Albus!– Y así, con ese regaño, James hizo acto de presencia en la sala de estar. Dejando a todos sorprendidos por la vestimenta que traía, no malinterpretan, es sólo que esos jeans de mezclilla rotos, botas de combate negras, el cabello desordenado y además una chaqueta vieja de cuero negra hacían un gran contraste como iba vestido el joven Lupin, ya que él se decidió por unos pantalones ajustados negros y que le llegaban un tanto alto del talón junto con unos zapatos de punta igualmente negros y una camiseta azul marino.
–¿Esta usando mi delineador?– Cuestionó Cissy.
–¿Esta usando mi chaqueta de cuero?
–Por favor Harry, ya ni entras en ella.– Lo calmó su esposo rubio. –Además de que engordaste después de los veinte.– Ahora se burlaba.
–¡Eso fue por el entrenamiento de Auror! Y no estoy gordo, sólo adquirí más masa muscular.– Se justificó un ruborizado Harry.
–Sí, eso es engordar. Y nunca dije que me molestará eso.– Pudo continuar coqueteando con su marido sino fuera por el hecho de que su hijo corrió a los brazos de Teddy y no les gustaba a él -y Harry- hacía donde iban las manos de su ahijado sobre su hijo. –¡Ey!– Antes de continuar su recorrido esas manos sobre el cuerpo puro de su bebé Teddy las apartó después de esa exclamación. –Bien, puedes irte ahora. Pero debes estar aquí a las nueve.
–¡Papá!
–Bien.– Rodó los ojos. –A las once. Ni un minuto más ni uno menos. ¿Entendido?
–¡Claro tío Draco! ¿Algo más?
–Cuídalo.– Sentenció con una orden Harry a Lupin joven.
–¡Por supuesto padrino!– Respondió con total sinceridad. –Toma, estos son para ti.– Quitando los chocolates de la mano de su padre y entregándolos a su verdadero dueño. –Recordé que estos eran tus favoritas.
–¿Cómo lo supiste?– Ahora James tenía un lindo sonrojo en su rostro por ese detalle tan lindo.
–Pues… Notaba que siempre te enviaban esos chocolates en Hogwarts y…
–Harry.– No le estaba gustando como se iba manejando esa conversación.
–¡Anda muchachos! ¡Váyanse antes de que la anoche sea más vieja!– Corrió Lily adulta ambos jóvenes mientras Cissy adulta ayudaba a empujarlos hacia fuera.
–¿Abuelas?– James notó ahora la presencia de todos los que estaban en su casa, podía preguntar que hacían allí, pero su abuela tenía razón, la noche aún era joven y disfrutaría esta cita que había esperado por ella en años. –¿Vamos Teddy?
–Claro, Jamie.– Tomando con ello su mano. –¿Adivina?
–¿Qué?
–Mi padre me dejó usar su moto, así que nos iremos en ella.
–¡¿Qué?!– Preguntó un asustado Draco el cual fue ignorado ya que su hijo fue jalado llevándoselo hacía donde se encontraba dicho transporte.
–¡Ah!– Suspiró un feliz Sirius. –El amor joven ¿no es lindo? ¿Verdad James, amigo?– Ni sus amigos respetaban por sus relaciones al pobre Potter abuelo y sólo provocaba que los presentes en la sala se burlaran de él.
–Sirius, querido.– Fingió regañar a su marido Remus.
–¿Qué? Además, eso me recuerda de las de cosas que hicimos en esa moto ¿o no querido?– Sonrió coqueto hacia el rubio.
–¡Harry!
–¡Padrino!
–¡Sirius!
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Habían pasado las horas y todas aquellas visitas inesperadas en su casa y de aclarar algunas cosas -como la supuesta cita de Teddy con Victorie, que en realidad resultó ser que Teddy había engañado a Victorie para tener una cita de amigos pero en realidad al final resultó ser que Victorie no tendría una cita con el joven Lupin sino con el chico que le gustaba, y aunque ella tuvo una buena cita igual se molestó con su amigo y fue por eso que al final de su cita hechizo por eso a su amigo, por haberla engañado de ese modo-, todos se fueron y ahora era sólo esperar a que su hijo llegará, que eso sería dentro de unos veinte minutos.
–¿Creo que después de todo te equivocaste dragón?– Ambos estaban en el sofá abrazados mientras el azabache acariciaba y de vez en cuando besa la cabeza, ojos, nariz o boca de su esposo.
–¿Por qué?
–Sobre que Teddy era un mal muchacho.
–No creía que lo fuera.– Ni él se la creía. –Bueno, no tanto.– Aceptó darle una victoria a su marido. –Es sólo que… No puedo creerlo– alzando una ceja el moreno para que el rubio se explicará sobre eso. –No puedo creer que mis hijos ya están creciendo.
–Bueno, eso es parte de la vida.
–¡Lo sé! ¡Maldición, ya lo sé Potter! Pero… Un sinónimo de que un hijo o hija crezca es que dejaran de necesitarte, ya viste con lo que dijeron los muchachos hoy sobre no contarle “todo” a tus padres… Y…
–¿Y?
–Cuando Jamie nos pidió el permiso para la cita.– Su marido le lanzó una mirada que decía “¿pidió?” –Bueno, cuando nos comentó y luego pidió el permiso– continuo la burla con Harry –yo no vi a Jamie… O bueno, no vi al Jamie de diecisiete años sino a mi Jamie de cinco años que corría hacía mis brazos en busca de ayuda, consejos o protección Harry… Vi a ese Jamie…– Su esposo ahora le lanza una mirada burlona. –¡No te rías Harry! Entiende, ese niño y los otros cuatro estuvieron dentro de mí, y aunque el cordón fue cortado el día que nació… yo aún lo siento unido a mí… después me sentí mal, ya que en ese momento pensé rápido y mi mente vio a Teddy como un intruso que intentaba robarse a mi bebé… ¿Sueno como un ridículo, no?– Bufo el rubio.
–No, no suenas como un ridículo dragón– Beso su nariz. –Yo igual sentí lo mismo, aunque me sentía también mal conmigo mismo por pensar así de Teddy, ¿ya sabes? Él es mi ahijado y lo conozco desde que era un bebé pero también está el hecho de que Jamie es mi bebé… O bueno, ya un joven adolescente pero… Creo que a esto se refería mamá con los ¿celos de padres?
–Sí, creo que son estos.– Antes de continuar en su plática se escuchó el sonido de una moto cerca del jardín que en unos segundos la puerta principal de la casa fue abierta por un par de jóvenes sonrientes y sonrojados. –Bien hecho joven Lupin, cumplió su palabra y trajo a mi hijo a la hora acordada.– Felicitó ahora un Draco parado y con los brazos cruzados.
–¡Claro tío! También quise pasar para despedirme de ustedes y que vieran que traje a un James sano y salvo. Adiós padrino, tío Draco.– Se despidió con una leve inclinación el metaformago. –Adiós Jamie.– Con este último se inclinó para darle un beso en los labios al joven Potter-Malfoy a lo cual el otro no puso resistencia alguna y disfruto del beso, separándose al momento de escuchar un leve carraspeo por parte de Harry. –Sí, ¡adiós!– Se volvió a despedir el rubio de los tres Potter-Malfoy.
Quedando por unos leves minutos en silencio el lugar hasta que el rubio preguntó algo importante y de lo que más le carcomía sobre esa cita.
–¿Te divertiste amor?
–¿Qué si me divertí? ¡Fue la mejor cita de toda mi maldita vida!– Corrió a abrazar a su padre rubio, el cual ni torpe ni perezoso le correspondió y ahora podía decir que no solo veía a su Jamie de cinco años sino también al de diecisiete y no podía estar más feliz.
–Me alegro bebé.
