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Hay tantas palabras dentro de mi corazón.

Summary:

Adrien no cree que merezca esta segunda oportunidad, porque si hay alguien infinitamente desagradecido seguramente es él. Porque nadie debe puede ser tan idiota en su vida para darse cuenta que una emperatriz es más que una posición de poder.

Chloé fue muchas cosas.

Y no fue capaz de ver ninguna, hasta que murió a manos de su padre.

Chapter 1: Prologo.

Chapter Text

 

No hay porque endulzar su propia incompetencia, es un ser humano egoísta y condenadamente ingenuo. No hay palabras para abarcar todo el odio a sí mismo que tiene en este momento. 

 

Aquí, llegar viendo a su difunta esposa y compañera, en el medio de un montón de nobles que no entienden ni la mitad de las cosas se siente impotente. Chloé, la madre de su hija, amiga de la infancia, compañera en diferentes cosas, hija del Duque Bourgeois, Emperatriz de París. Ella... ella está muerta. 

 

Trago el nudo doloroso que se forma en su garganta sabiendo que es visto por todo el Reino. No sabe cuánto tiempo podrá aguantar estar frente a ella. Sola en vida y sola en muerte, todo por su culpa. 

 

Chloé fue buena Emperatriz, se puede ver en todos los que tiran flores al ataúd abierto que pasa por el centro del Reino. Cayendo en su pelo, ropa y cuerpo. No es el único que llora, a pesar de que Adrien no pueda llorar frente a todos. La emperatriz fue buena en su trabajo, cumpliendo dónde debe, muchas veces sin el deber de hacerlo, arreglando problemas donde él falla. 

 

Se podría decir que ambos fueron buenos en su deber como Reyes de París. 

 

Sin embargo, Adrien arruinó lo que los unía como Chloé Burgeois y Adrien Agreste. Lo arruino cuando eran adolescentes, lo arruino cuando se casaron, lo arruino cuando nació su hija, arruinó todos los años de matrimonio. 

 

— Chico, esto no es tu culpa.— susurro Plagg, se esconde en su capa imperial. 

 

Lleva desde que se enteraron de la noticia sin decir nada, solo una constante mirada analítica. Es sorprendente que haya pasado tanto tiempo sin decir nada, considerando que es muy charlatán. 

 

Chico , pensó con cierta amargura. Podrá tener casi 27 años pero siempre se sintió como un adolescente. 

 

— ¿Cómo está Zoé? — dijo manteniendo la mirada sobre el ataque. Incluso desde la entrada del castillo es capaz de ver el cabello rubio de Chloé, siempre brillante. 

 

Plagg miro en la misma dirección. — Con la Dama de compañía. 

 

—Sabrina. — dijo innecesariamente, ya están llegando donde él. — se negó a despedirse delante de todos. 

 

—No la culpable. — fue lo último que dijo Plagg antes de esconderse mejor. 

 

Todo quedó en silencio cuando los caballeros que la traen pararon frente suyo, bajo los últimos escalones con la firmeza falsa en sus pasos. Es la primera vez que la ve desde la noticia, la confirmación a sus temores. 

 

Con un vestido igual de blanco que en su boda, flores entre las manos entrelazadas sobre su estómago, el cabello suelto — oh, lo odiaría si se enterara. — ondulado entre las flores que cayeron sobre ella, la corona de la Emperatriz aún sobre su cabeza, párpados cerrados que ya no se abrirá — no podrá volver a ver esos ojos increíblemente celestes. —, un maquillaje más suave del habitual y un pecho que no sube y baja. 

 

Es Chloé.

 

Puede reconocerla por muchos detalles que otros pasarían por alto. Detalles que guardará en su memoria hasta el último de sus días. 

 

Con cierta dificultad sujeta su mano, un peso muerto, llevándose el anillo de bodas a sus labios. Su respiración tartamudeo, como quisiera arreglar todo lo que pasó entre ellos. Adrien más que nadie vio el cambio que tuvo, pasando de una niña noble mimada a una Emperatriz que todos amaban y aun así no hizo nada para arreglar las cosas. 

 

Oh, su gente está expresando su lamento con más fuerza. Muchas madres limpian sus propias lágrimas junto a las de sus hijos, hombres bajando su sombrero en forma de respeto niños, aferrándose a sus padres. 

 

Solo los nobles se mantienen como sanguijuelas, un respeto falso en sus ojos cerrados, esposas escondiendo sus caras tras sus pañuelos — una en específico es tan mala en ocultar su sonrisa, Lila Rossi .— y los únicos sinceros son los que Adrien se aseguro de mantenerlos a su lado.

 

Apoyo la mano de Chloé en su frente como última y más sincera muestra de afecto antes de acomodarla, parpadeo una cuantas veces para recuperar la visión. Todo esto era para confirmar si la Emperatriz realmente está muerta, se supone que tendría que decirlo con palabras pero ya se delato a si mismo. No hacian falta las palabras. 

 

—Gente del Reino de París. — hablo, es irónico como su voz suena fuerte cuando Adrien se siente pequeño. — La Emperatriz, Chloé Bourgeois de Agreste, a muerta. 

 

Chloé fue muchas cosas. 

 

Y no fue capaz de ver ninguna, hasta que murió a manos de su padre.