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Recién habían terminado de cenar y, como es habitual, ambos se dirigían a sus respectivas habitaciones a conciliar el sueño, era de madrugada y tenían que volver a trabajar al día siguiente. Sin embargo, el azabache le propuso algo diferente al fotógrafo.
—¿Por qué no dormimos juntos desde hoy? —miró despreocupado al rubio, el cual hizo una mueca de cansancio.
—¿Puede ser mañana? Estoy agotado, pensaba sólo dormir, tengo una sesión de fotos temprano en la mañana.
—No me refería a «acostarnos» —le tomó desde atrás por las caderas, abrazándolo—. Hace bastante que no puedo estar contigo, el trabajo me está consumiendo… Quédate conmigo.
—Voy, voy —se giró y le besó con ternura—, servirás de calefactor —sonrió, desde hace meses no había podido tener un día normal y anhelaba pasar el rato con el mayor.
Al llegar al cuarto, ambos se acomodaron instantáneamente; lo único que querían era descansar. No tardaron mucho en ponerse en su posición habitual: Akihito de lado a Asami, con su cabeza en su hombro, medio abrazándolo, y con un brazo del azabache rodeándole. Estaban cómodos con la presencia del uno y el otro. Entonces, surgió: ¿Cómo habían podido sobrellevar la ausencia del otro? ¿Cómo era posible que hubiesen pasado meses sin comunicación y con la incertidumbre del futuro? ¿Cómo era posible siquiera que siguiesen vivos?
—Te extrañé —Asami besó su cabeza, adormilado—, estuve haciendo todo lo posible para acabar rápido, quería volverte a ver.
—Estaba tan asustado —declaró Akihito—, tenía tanto miedo de que nunca volvieras o que te pasase algo allá afuera. Las pesadillas y la angustia de verte morir me perseguían todo el día —dijo mientras se acurrucaba más al lado del azabache.
—Perdón por hacerte pasar por esto —se giró, para quedar frente a frente con Akihito—, perdón por involucrarte en estas cosas, prometo que no volverá a pasar; te protegeré con mi vida —había hecho una promesa, acariciando el pálido rostro de su amado, iluminados sólo por la leve luz de Luna quien se colaba por las cortinas.
—No es tu culpa, Ryu… —le miró fijamente, lleno de amor y compasión—. Si pudiese hacer algo por mi cuenta… Esto no estaría tan mal y podría haber sido un apoyo mayor.
—¿Se convertirá en una batalla de perdones entonces? —dijo, riéndose suavemente.
—Tonto, hablo en serio —le dio un leve golpecito con el brazo y sonrió, «al menos eso consiguió levantarle el ánimo», pensó Ryuichi—. Pero ya no sirve de nada lamentarse… Ya pasó todo.
—Estamos bien, sanos y con el caso resuelto, juntos… —acercó más al rubio y le abrazó, dándole un beso en la frente, le había extrañado tanto —, mañana es un nuevo día, ¿no?
—No sé si decir mañana si son cerca de las cuatro de la madrugada —se burló hacia el mayor.
Y así, ambos lograron conciliar el sueño. Aquí dejaban atrás la inseguridad y las dudas, quedando sólo el amor y admiración que se tenían el uno por el otro. Todo lo malo quedaba en el pasado y se abría el camino a lo bueno, el mañana les esperaba radiante a un nuevo despertar y a nuevos momentos que reforzarían aquel lazo que se ató desde el primer día que enfocó aquel visor.
