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Era San Valentín y lo único que quería Jin Ling era chillar alto y fuerte.
Mandar a la mierda a todos los que, de una forma u otra, le estaban acorralando para darle un regalo o pedirle una cita. No es que le molestara ser popular, normalmente lo llevaba más o menos bien. En otro periodo del año simplemente podía ignorar los cuchicheos y las miradas de soslayo, cosa que en este momento no podía hacer ni aunque quisiera. La sutileza no era su fuerte y para no quedar como un borde (de mierda, según su amigo Lan Jingyi) solo podía esconderse lo más que pudiera.
Menos mal que la gente cercana a él lo entendían, y uno de ellos en concreto siempre estaba a su lado para apoyarle y desviar la atención de los demás hacia él mismo. Porque Lan Sizhui era tan popular o más que él, solo con una sonrisa podía conseguir que le hicieran caso sin chistar.
Siendo sinceros, Jin Ling le chistaba un poco, pero al final siempre cedía, como los demás.
Lan Jingyi (chillón, insoportable, pero un buen chico a pesar de todo), siempre le decía que debería darle vergüenza el esconderse detrás de los pantalones de Sizhui, y acto seguido se llevaba un puñetazo (más o menos amistoso) en el brazo. Pero nadie podía resistirse a la manera tan educada que Sizhui tenía de pedir favores, o simplemente de mandar a los demás al carajo, con la elegancia de que siempre le caracterizaba. Y nunca quedaba mal, que era lo mejor de todo.
Todos los años podía contar con Lan Sizhui para que le sacara las castañas del fuego, y este no iba a ser distinto, a pesar de que hacía tres años que había empezado la facultad y Jin Ling estaba a punto de terminar el instituto. El aura distinguida de Sizhui se potenciaba con el hecho de que estaba a punto de acabar la carrera: era guapo, elegante y casi médico.
No es que Jin Ling le tuviera envidia, pero sonaba mejor que “guapete (o menos guapo que Sizhui), cabreado y panoli que se tiene que hacer cargo del negocio familiar”.
El frío le dio en la cara nada más salir del edificio, casi inmediatamente pudo ver el vaho que salía de su boca. Nadie le estaba esperando, al parecer estaban distraídos mirando al otro lado de la calle, donde Lan Sizhui estaba apoyado en un bonito coche blanco (y eléctrico, respetuoso con la naturaleza como también lo eran todos los miembros de su familia). Jin Ling pudo taparse la parte inferior del rostro con la bufanda y, dando un rodeo para salir por la salida trasera, pasó totalmente desapercibido. Sizhui pudo percatarse de ello, así que después de saludar a todos los que le estaban observand desde la puerta (o más bien haciéndole el repaso de su vida), subió a su coche para desaparecer por el mismo camino que Jin Ling había tomado.
No pasaron más que un par de minutos cuando el vehículo se paró al lado de Jin Ling, así que el chico lo rodeó para sentarse en el lado del conductor. Cerró la puerta con fuerza una vez se puso cómodo.
– Menos mal que has aparecido, pensaba que no iba a sobrevivir al día de hoy –los saludos no eran el fuerte de Jin Ling, pero a su amigo nunca le parecía importarle. Se conocían desde niños (porque el padre adoptivo de Sizhui era uno de sus múltiples tíos), así que había cosas que simplemente se perdonaban. Sus quejas y malas palabras siempre eran respondidas con una pequeña risa divertida. Jingyi simplemente no podía entender qué había de gracioso en ser un desagradable, aunque Ouyang Zizhen le contestaba diciendo que ese tipo de actitud tenía su aquel para ligar con éxito.
Jin Ling no estaba demasiado interesado en eso, si era sincero. Más bien sus intenciones iban por todo lo contrario.
–No podía dejar que pasaras el mal rato de siempre –el siempre atento Sizhui le habló con su habitual calma –. Pero creo que esta vez no tenías a tanta gente alrededor, ¿O me lo ha parecido a mi?
Jin Ling levantó una ceja, porque tenía razón. El primer San Valentín en el instituto se movía entre una turba que no le dejaba ni respirar, en cambio este año pudo escaquearse sin problemas. Si que era cierto que recibió muchos regalos y confesiones, pero no fue tan terrible en realidad, solo molesto.
–Creo que por fin se han dado cuenta de que no estoy interesado.
–O quizás han pensado que no tienen nada que hacer si yo voy a recogerte todos los años a la puerta del instituto.
–Anda ya, payaso –Jin Ling le dio uno de sus bien conocidos golpes con el codo, y Sizhui simplemente se rió un poco avergonzado. No era normal en él hacer ese tipo de bromas, más del estilo de Zizhen, Romeo por naturaleza–. Aunque mira, si es así tampoco me importaría que lo pensaran porque no estoy interesado en nadie.
–¿En nadie? –la pregunta venía cargada de un gran interés. No era muy habitual que Sizhui se preocupara por los temas del corazón, pero a lo mejor hoy por ser el día que era se sentía más inclinado hacia el cotilleo. Jin Ling carraspeó antes de contestar.
–Bueno, a decir verdad no me importaría salir con alguien de tanto en tanto, pero no es que esté realmente interesado en tener pareja ahora mismo. Si alguien me gusta lo suficiente no me importaría intentarlo. Solo hacer cosas juntos y ver cómo va la cosa, ¿sabes lo que quiero decir?
Se hizo el silencio mientras esperaban a que el semáforo se pusiera en verde. Jin Ling se acurrucó en el asiento, con su cara justo en la trayectoria del aire acondicionado. Al poco tiempo se pusieron en marcha de nuevo, y eso no le ayudó en quitarse la modorra de encima.
Bostezó.
–He estado pensando –¿desde cuándo Sizhui tenía ese tono tan suave? Más aún de lo normal, esta vez parecía un susurro casi inaudible, extraño pero relajante –. En realidad no estoy seguro de cómo proponértelo, me da mucha vergüenza hacerlo.
Aparcó en un lado de la calle, y se giró para mirar a Jin Ling a los ojos. Era una pena que éste no pudiera ni siquiera levantar los párpados lo suficiente para observar su expresión angustiada.
–¿No vamos a casa? –musitó, casi en sueños. La voz de Sizhui siempre tenía un efecto relajante en él, así que sumado al calor de la calefacción y la comodidad del asiento, Jin Ling se sentía casi como en una nube.
–No, hoy quiero hacer algo distinto – entonces Jin Ling levantó la vista, y pudo darse cuenta de lo nervioso que parecía Sizhui, algo bastante raro en él. Tenía las orejas rojas, jugaba con las mangas del jersey –. Me gustaría invitarte al cine. Sin Jingyi ni Zizhen, quiero decir, los dos solos.
–Ah, bien. Vale.
La cara de Sizhui se convirtió en un poema. Nunca le había visto con los ojos tan abiertos, incluso podía jurar que se le había escapado de entre los labios una pequeña exclamación de sorpresa.
–¿De verdad? – preguntó, como tanteando el terreno. Jin Ling soltó una suave carcajada, aún medio dormido.
–De verdad, me apetece. ¿Tan raro es? Me gusta pasar tiempo contigo y hace mil que no salimos juntos. Y si invitas tú, mejor que mejor –sonrió –. Además, a ver si me despejo un poco, estoy agotado de las clases y evitar a gente todo el día, me vendrá bien alguna distracción.
De alguna manera, las reacciones de Lan Sizhui no eran las que Jin Ling esperaba. Parecía que estaba alucinando, como si no se esperara una respuesta positiva a algo tan simple. El coche seguía en marcha, pero siendo eléctrico Jin Ling no sabía cuanto podía aguantar así, siempre tenía miedo de que les dejara tirados y tuvieran que buscar un enchufe para cargarlo, o algo así.
Al parecer todo el tiempo que estuvo ensimismado le dio un poco de cancha a Sizhui a recuperarse de lo que fuera que le pasara. Aún seguía sonrojado pero sonreía un poco más.
–Es que verás, no llevo pensando en esto mucho tiempo, solo desde hace unos cuantos meses. Por la diferencia de edad, sobre todo, nos llevamos casi cuatro años y eso puede ser una traba importante –¿Tanta tontería para salir los dos solos? Su seriedad a veces era extrema –. Pero creo que puede funcionar, ¿sabes? Intentaré darte tu espacio y tiempo, te lo prometo –y encima hablaba como si su amistad no hubiera funcionado hasta ese momento.
–Sizhui, no creo que sea tan terrible todo lo que cuentas, somos muy buenos amigos y tu me gustas más que Jingyi –contestó Jin Ling y se ganó una enorme sonrisa por parte de su amigo.
–No esperaba menos. Tu también me gustas más que Jingyi, por eso te estoy pidiendo… lo que te estoy pidiendo.
–Me está empezando a dar pena, vamos a adoptarle para que no se sienta mal –Sizhui volvió a reír, y Jin Ling se sintió poderoso –. De todas formas te preocupas por cualquier cosa, ¿no nos conocemos de siempre?
–Creo que precisamente era por eso –respondió Sizhui, sujetando con fuerza el volante –. Nos conocemos tanto, que en realidad no sabía cómo ibas a reaccionar a mi proposición. Pero he sentido algunos cambios y… llámame loco, pero tenía que arriesgarme.
–Loco, te lo tomas todo demasiado en serio. Venga, ahora vamos al cine que si no a tu coche se le van a acabar las pilas.
–No nos va a dejar tirados en la carretera, Jin Ling.
–Por si acaso.
Jin Ling cerró los ojos una vez que el coche se puso en marcha de nuevo, y cuando pararon en otro semáforo sintió que algo le rozaba la mejilla. Al abrirlos, Sizhui le miraba con un brillo especial, su sonrojo se había extendido por todo el rostro y su sonrisa cerrada le daba todo el cariño del mundo.
Por un momento un pensamiento fugaz le pasó por la mente, pero lo desechó en el momento. Al fin y al cabo, Sizhui era así con todos sus amigos, incluso con Zizhen, a pesar de haber entrado al grupo más tarde.
–No te quedes dormido o me dará pena despertarte cuando lleguemos a los multicines.
–Vale, vale –Jin Ling se quejó, poniéndose recto para evitar quedarse traspuesto de nuevo. Estiró los brazos hacia delante como lo haría un gato.
Ese catorce de febrero, sin sospecharlo, había marcado una fecha clave en el calendario.
